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22 noviembre 2016

Buganvillas en el jardín del hospital pediátrico.


cuando dijeron mira qué pollo tan lindo
no me imaginaba esto
el pitido de tu bronquio ardoroso
tu pelo sudado o que tocarte fuera
como pelar un huevo recién hervido
entre mimo y escozor
entre esmero y cuánto quema
en la cama contigua del hospital pediátrico
el vecinito dice no quiero que sea de noche
tu pelo liso tu bronquio liso tu sangre
excelente ya
cuando alabaron qué pollo tan bueno
imaginaba un pío quejica
y no esta dulzura con la que miras
las manos flacas de la enfermera
con el pie rojo punzado
con la máscara darth vader humeante
con la sonrisa de no saber qué es angustia
pollín herido todo templanza

28 agosto 2016

Baño en el lago de Sloterpark.

tú sabes muy bien que los poemas siempre tienen razón
Niels Frank

quería que la primera vez que vieras el mar fuera en el sur
más concretamente en el cabo de gata
y más concretamente aún en el arrecife de las sirenas
o en aquella cala hecha de escombros
entre las salinas y la fabriquilla
donde una vez en primavera tuve que lanzar rosas al azul
quería eso y fui egoísta
porque en vez de celebrar tu cuerpo en la arena
de cualquier playa divertida
yo quise llevarte a la de un recuerdo íntimo
mirarte vivo allí donde miré la muerte
y bautizar aquel encuentro
como una casualidad artificial pero memorable
sin embargo
el destino quiso que tus ojos se toparan en agosto
con el agua extranjera del mar del norte
y con el barro de los canales holandeses donde los patos
baten sus alas levantando las mismas gotas
que salpiqué sobre tu tripa
el último día de vacaciones en sloterpark
fue allí donde descubrí que el arrecife
es un lugar que sólo existe en mi cabeza
una imagen hecha de sal y espuma
que lo inunda todo y se parece a tu mirada
da igual la cantidad de veces
que te hubiera imaginado en el mar de los deseos
creo que lo que me libera del miedo y de la muerte
es verte vivo en todos y cada uno de mis paisajes





Ámsterdam, agosto de 2016
después de Volendam y Sloterpark

08 julio 2016

¿Te habrá cambiado mucho la vida, no?


cosas que han cambiado:
por ejemplo las peleas con papá son en silencio
por ejemplo si me masturbo después me lavo
las manos con jabón muy fuerte
froto muy fuerte si me masturbo y si me lavo
froto muy fuerte mis manos y mi conciencia
por ejemplo no hay tiempo para cocinar
como pan con aceite y un poco de gomasio
por ejemplo mi estómago es distinto
no tolero lo que tú no toleras
y mi cuerpo se resiste a adelgazar
por ejemplo los poemas los escribo por las noches
por ejemplo los escribo a escondidas por las noches
por ejemplo me importa la política
o tu futuro
o desear otro país
por ejemplo con ojeras también me veo linda
por ejemplo ahora sé qué significa muselina
pelele
dudú
por ejemplo tengo miedo a olvidar el carmín en la boca
marcar tu frente con mis labios
ensuciarte de rojo para siempre
por ejemplo nunca había amado de este modo
por ejemplo a veces me arrepiento
por ejemplo ya no quiero que los gatos duerman
en la cama
por ejemplo no me acuerdo de las cosas que han cambiado
creo que la vida siempre ha sido así
veloz y peligrosa
lenta y este ruido
brillante cuando estoy a vuestro lado

15 abril 2016

Una semana de vida.


No eres humano. Tus orejas pequeños milímetros pequeños pequeños cómo van a ser humanas. No es humana tu manera de respirar. O ese corazón agitado que nació de un corte en el vientre. Corte que no es humano. No es humana esta manera de nacer. Esta manera de mecer. Esta manera de querer milímetro a milímetro, miniatura a miniatura, piel a piel-pequeña entre mis pechos. Me dijeron que eras persona, pero eres pez. U oso. O perro relamiéndose los dedos al sol. No eres humano ni persona: eres ictericia, pezonera, ombligo negro y pinza, ojos indecisos que me miran con asombro. No eres humano: sólo eres hueso baba. Hueso suave. Hueso enamorado de llanto y calor. 


11 marzo 2016

Diario de una baja médica (2).


Día 5.
Hablo el idioma de los gatos. No el que se maúlla sino el que se acaricia. Hablo el idioma de los fetos, mis dedos contra el botón salido de este ombligo que una vez cicatrizó hace 25 años dejando una marca con forma de estrella. Hablo el idioma de los fetos sí, de los que están sin estar porque la piel los cubre. Presiono y acaricio como a un gatito y la pierna de mi hijo responde al impulso. Hablo el idioma de los gatos, el idioma de los fetos, el idioma de los muertos: me dirijo con las manos a mamá, le recuerdo que hace dos años estábamos muriendo y estábamos cuidando. ¿Te gustaba la papilla, mamá? ¿Te gustaba la morfina? Hablo sola y hablo con ellos: lo gatos, el feto, la madre que no. Le digo a mamá que ahora yo soy madre, ¿sabes? Que ahora esa palabra significa otra cosa, ¿sabes? Hablo, para que hablen entre ellos. En la cama el pijama de flores, el gato expectante, la patada y la caricia, la canción favorita de mamá. Hablo el idioma de los locos, el idioma felino, el idioma amniótico, el idioma de la mami que no. Es una lengua que se aprende despacio, que se practica en sueños, que en realidad sólo sirve para decir "sí", "qué tierno", "hola" y "adiós".

08 marzo 2016

Diario de una baja médica (1).



Día 1.

—El bebé tiene prisa por salir. Me pregunto entonces, ¿quiere salir porque no le gusta estar dentro de mí? ¿O quiere salir porque sus ojos oscuros, demasiado cerraditos y en penumbra, desean ver el mundo? El bebé tiene prisa por salir y entonces el médico firma un papel, me dice, descansa, me dice, lee, me dice, fruta y verdura sana, me dice, azuquitar sus ojos, me dice, qué grande, me dice, percentil, me dice, el bebé tiene prisa, ¿y tú?

—Agotamiento. La palabra, quizá sea esa. O quizá sea otra. Cinco días después los dedos siguen resonando. A veces son dedos que acarician. Otras, son dedos que presionan y que ahogan. Prometí no decir nada más porque ya lo había dicho todo. Qué poderosas son las palabras. Pero qué peligrosa es la libertad y su reclamo. 



—Hablemos de Frank Underwood. (SPOILER, NO SIGÁIS LEYENDO). Os diré que por primera vez le he visto vulnerable. Aunque en realidad él siempre ha sido el personaje más vulnerable. Os diré también que no entiendo el afán de Claire por seguir ahí. De pie. Sobria como su vestido blanco. A veces es una heroína y, a veces, su blancura tan tiernas también está manchada de sangre. 

—La editorial Anagrama acaba de publicar Pétronille de Amélie Nothomb. Si leer a Beigbeder era como masticar un chicle, leer a Nothomb es como tener otra vez 13 años y estar descubriendo la literatura. A esa edad, a los 12 o 13, mi padre me regaló Estupor y temblores. Desde entonces, las ediciones de los libros de esta belga loca se acumulan en mi estantería, leerla es como una borrachera,  como una primera borrachera. En Pétronille me doy cuenta de por qué.

—Inconstante. Desordenada. Hoy me he despertado y he escrito esto. ¿Pero escribiré mañana?


24 enero 2016

Calostro.


La leche ya está aquí
pero tú todavía no.
Ha llegado esta mañana como una quemazón
manchando la tela estrellada del pijama
ironía de vía láctea
espeso calostro.
Es de un blanco turbio.
Es una isla. 
Es una mancha de cal en el pezón izquierdo
y una gotita dulce en el derecho
que ahora lamo para entender
el aroma a intimidad
que significas.

16 enero 2016

¿Queréis saber si es niño o niña?


La mariposa Ulises mide 14 centímetros.

Si el lepidóptero es macho,
la cara dorsal de sus alas brilla azul eléctrico.
Su hembra, sin embargo, es de color grisáceo
parecido a una media luna 
que resiste todavía al amanecer.

Hasta hoy, las doctoras hablaban de ti
como si fueras ese astro diminuto
al que nosotros llamábamos nuestra niña.

En la semana veinte de gestación
cuando el peligro de perderte ya es mínimo,
decides abrir tus alas de par en par
luciendo el destello que guardabas,
presumiendo de un futuro azul eléctrico. 

07 enero 2016

Eres un mamífero.


En la sangre siempre es de noche
Cristina Rivera Garza

Eso es todo lo que sé del cuerpo.
Un concierto.
Una pared hecha de grasa.
Un cordón por donde fluye el azúcar
en exceso
fluye hasta otro cuerpo del que sé
tanto como de esa flor
que se apaga en la terraza
porque es invierno.
Los pechos tiemblan
bolitas de fuego duelen
bolitas de leche vibran
en el diente amarillo del padre.
Eso es todo lo que puedo tocar.
Una voltereta.
Un hipo.
Una contracción.
Una estría en el costado
buganvilla que concede
su voz al frío.

24 noviembre 2015

Cosas que hago sola (2).


                                                                              Escenas aburridas de una baja médica

1. Jornadas de 12 horas hablando con dos gatos y un pequeño bebé que ya revolotea. Qué pensarán. Qué dirán de lo que digo. Qué loca creerán que estoy cuando les canto una canción. 

2. Hoy mi madre cumple 43 años. O cumpliría. O habría cumplido. No sé qué forma verbal se utiliza en estos casos, qué fiesta verbal para celebrarlo.

3. He tomado un té de jazmín con Blanca. Me ha regalado una mamá y un bebé oveja de hilo, unidos por un pequeño cordón rojo y umbilical.

4. Ya peso 4 kilos más. El año pasado a estas horas volaba a México. El año que viene a estas horas cuánto pesaré. 

5. En el libro rojo que leo, Maía Virginia Jaua escribe: somos la huella de una muerte, polvo y cenizas de algo que alguna vez ardió y que volverá arder. Saber eso me tranquiliza.


19 noviembre 2015

Cosas que hago sola.

*Escenas aburridas de una baja médica


Se me da muy bien regar las plantas. Limpiarme los restos del carmín de la noche anterior. Incluso si no fui a ningún lado. Incluso si me quedé aquí en la cama leyendo una web en la que explican paso a paso cómo cuidar la buganvilla durante los meses de invierno. Se me da muy bien lavar las sábanas. Tender las sábanas en la terraza a pesar del vértigo. Sueño entonces que un calcetín caerá al vacío y que mi marido se enfadará. Se me da muy bien regañar al gato. Comer quesitos. No trabajar. Lo que mejor se me da de todo es quedarme en silencio. Inconsciente. Sola. Escribir todo el dolorcito que tengo. Todo el miedo del mundo dentro y fuera de la tripa. 

29 octubre 2015

Hana.


no sé dónde lo leí o dónde lo imaginé
pero sé que en el mundo existen culturas
en las que un nacimiento no se produce
el día del parto sino durante el mismo
momento de la fecundación
si las cosas funcionaran de esa manera
podría decir que tú naciste una tarde de agosto
en el huso horario de japón
como una célula que se estiraba y se dividía
preparándose para ser una flor
terminó el verano y con él la noticia de que tú
verías la luz que nosotros vemos
una vez consumidos los meses del frío
no sé dónde lo decidí o dónde lo supe
pero desde entonces empecé a medir el tiempo
no según las horas que hacía desde que
ana murió sino según las horas que quedaban
para que hana comenzara a llorar
en la pantalla de la ecografía tus manos
se estiran impacientes por tocar y por sentir
la doctora dice que no sabe con certeza
pero se arriesga a felicitarnos porque
los siete centímetros de feto que guardo
podrían pertenecer a una niña
vivimos para morir morimos para vivir
no sé donde lo vi o dónde lo imaginé
pero una tarde cualquiera de agosto
una polilla gris chocó contra mi muslo
y en ese pequeño y preciso instante
tu nacías


Barcelona, 29 de octubre de 2015.

06 septiembre 2015

Estas fueron mis mejores lecturas del verano.



1. Nuevo nacimiento, de Forugh Farrojzad (Ediciones del oriente y del mediterráneo)
Cuando empecé a leer al iraní Mohsen Emadi gracias a mi amigo Jesús Carmona-Robles, me di cuenta de la influencia que Clara Janés había tenido en su difusión en nuestro idioma. Por aquellos días, me compré también El lenguaje de los pájaros, bajo la recomendación de María Mercromina, un libro fabuloso y delicado, traducido y editado también por Janés. Fui a mi biblioteca, entonces, y empecé a caer en la cuenta de que muchas de mis lecturas predilectas y también más extrañas tenían la marca y el trabajo de esta poeta, traductora y editora (Holan, Stanescu, Orten, entre otros). Fue entonces cuando me decidí a comprar o a intentar hacerme con todo el catálogo de Ediciones del oriente y del mediterráneo, y cuando, entre esos libros maravillosos, leí a Forugh Farrojzad, una poeta iraní muy importante a la que durante muchos años censuraron, por hablar de su cuerpo, de su deseo, de su mundo, con total libertad. Lo primero que me llamó la atención fue el título, después de pasar un mes de mayo horrible, en junio el verbo "nacer" se había convertido en una obsesión. Es curioso como a veces una palabra sencilla, o una recomendación de un colega que vive a miles de kilómetros de distancia puede darnos tanto. Escribí algo sobre Farrojzad aquí. 

2. La chica a la orilla del mar (1 y 2), de Inio Asano (Milky Way Ediciones)
El pasado noviembre de 2014, cuando cumplí 24 años, la poeta Lola Nieto me regaló un libro extrañísimo. Se trataba de un manga bastante distinto a lo que yo había leído hasta el momento de ese género (la mayoría cómics sobre adolescentes enamoradas, niñas mágicas o animales con poderes). Nijigahara Holograph era el título de aquel manga que en su momento me pareció una verdadera maravilla, pero que no recuperé hasta este julio, cuando, con motivo de mis vacaciones en Japón, volví a leer algunos de mis mangas. A Ibrah también le apasionó la obra de Inio Asano, así que decidimos bajar a comprarnos algunos mangas más a la tienda de cómics de nuestra calle. Nos hicimos con La chica a la orilla del mar, y nos quedamos fascinados. No era sólo el dibujo, era la narración, la expresividad de su personajes, su manera tierna y violenta al mismo tiempo de retratar la adolescencia, el amor y el sexo. Después de eso, Ibrah y yo empezamos hacernos con todos los libros de Asano, y aunque Solanin no me gustó tanto, su obra se convirtió en el descubrimiento del año. En unos meses Norma va a publicar Buenas noches, Punpun, serie de la que pude leer el primer tomo gracias a la edición francesa. Y además Asano vendrá este año al Salón del Manga. Si queréis saber más sobre él, aquí le dediqué un artículo. (Ah, por cierto, no perdáis de vista Milky Way Ediciones, porque esa editorial es una pasada, tienen muy buen gusto en la selección de títulos, pero lo mejor son sus preciosas y delicadas ediciones). 

3. Deshielo, de Maria-Mercè Marçal (Igitur)
Cotilleando en La Central, me encontré con un ensayo en catalán sobre maternidad y enfermedad en la obra de Maria-Mercè Marçal. Hasta la fecha yo sabía poco de esta autora, aunque personas como mi madre y mi abuela se hubieran cansado de recomendármela durante años. Ese ensayo, sin embargo, hizo que me curiosidad creciera, y entonces me puse a buscar algún libro suyo en castellano, pero sin éxito. Un día, sin embargo, entré con Ibrah a una librería centrada en temática LGTB que hay cerca de la redacción de PlayGround, y en su pequeña sección de poesía me topé con Deshielo, una traducción de uno de sus libros más célebres publicada por Igitur hace unos años. Deshielo me pareció brillante y doloroso, y para quienes estéis enamorados de poesía como la de Sylvia Plath, Joyce Mansour, Olga Novo o Marina Tsvetava, este libro tiene que formar parte de vuestra biblioteca. 

4. Las flores del mal (1, 2, 3, 4, 5, y 6), de Shuzo Oshimi (Norma Cómics)
De este regreso al mundo manga, una de mis mejores lecturas ha sido la serie Las flores del mal, aún incompleta en español, pero para ir descubriendo poco a poco. La clara referencia a Charles Baudelaire fue lo que me hizo comprar el primer número en Continuará (mi nueva librería preferida en Barcelona). La historia desde luego era prometedora: un chaval de instituto se obsesiona con Las flores del mal, y desde entonces su vida empieza a oscilar entre dos chicas de su clase. Una de ellas es una flor, y la otra es el puro mal. Desde entonces, lo que podía parecer una sencilla historia de colegiales con las hormonas locas, acaba convirtiéndose en una verdadera locura llena de crueldad, perversión y mucho humor. Me leí los 6 números del tirón, y evidentemente me quedé un poco pobre, pero por fortuna a Ibrah también le gustó la serie, y entonces hemos decidido compartir gastos en compras de manga. Hacía tiempo que algo no nos apasionaba tanto como ir a la librería y llevarnos un par de mangas para leer durante el fin de semana. Hace unos días me compré Cibercafé a la deriva, otra historia de Shuzo Oshimi publicada por MilkyWay Ediciones, que es otra locura enorme, pero que leeré con calma porque aún me queda mucho manga por tantear. Si tenéis curiosidad, por favor, empezad por Inio Asano y por Shuzo Oshimi. Son unos genios y están llenos de poesía. Os gustarán. 

5. En un principio era el hambre, de Chantal Maillard (Fondo de Cultura Económica)
No sé qué decir de Maillard que no sepáis vosotros o que no os haya dicho en otras ocasiones. En un principio era el hambre es una fantástica selección de su poesía y de sus diarios en donde el lector que no hay tenido la suerte de acceder a toda su obra podrá darse cuenta de los tesoros que Maillard escondía por ahí. Sus diarios, mucho menos conocidos que su poesía, son lo que más me ha gustado siempre de ella, porque son muy brutos y muy inteligentes, y a menudo me parecen más puros y completos que sus poemarios. Con Chantal Maillard me pasa algo curioso, y es que hace algunos años no me gustaba nada o casi nada, creo que, entre otras cosas, porque no la entendía. Cuando conocí sus diarios empecé a comprenderla, y fue precisamente la lectura de esos libros lo que me llevó a terminar apreciando su poesía. Por eso os recomiendo En un principio era el hambre, porque os ayudará a ver a Maillard desde todos sus ángulos, que son muchos, y complejos, y perfectos. Este mes también saldrá a la luz en Galaxia Gutemberg su diario La mujer de pie. Cuando lo tenga en mis manos, se convertirá en el libro número 20 que tendré de ella en mi biblioteca. ¿Y os podéis creer que por unas cosas u otras nunca la he visto recitar en directo? Espero de verdad que mi suerte cambie pronto...

01 septiembre 2015

¿Por qué debería darnos miedo hablar de la maternidad?

Utagawa Kuniyoshi

Ayer publiqué un artículo en PlayGround sobre por qué mis amigas no quieren ser mamás, aunque, en verdad, de lo que trataba aquel texto no era exactamente de la no-maternidad, sino más bien de lo difícil que es respetar y entender las opciones que las demás mujeres toman con respecto a su cuerpo, a su futuro y a su manera de relacionarse con las demás.

Después de que el texto saliera en las redes de la revista no dejaron de llover comentarios positivos, y otros muy negativos en la línea de lo que me esperaba mientras lo escribía. Muchas usuarias y lectoras se quejaron de que había “muchos artículos sobre la no-maternidad” pero ninguno sobre lo difícil que es ser madre joven, o madre a los cuarenta, o madre en ciertos países, o madre soltera, o incluso sobre el hecho de no poder ser madre.

De nuevo, la tesis del artículo quedaba comprobada en esos comentarios. Cuando yo escribo o cuando muchas de nosotras escribimos sobre este tipo de temas, lo hacemos para vencer ciertos tabúes, y no para causar confrontaciones. Sin embargo, es curioso que se trate como se trate, todo lo relacionado con el cuerpo de la mujer siempre da miedo y respeto, porque nunca sabes cuándo podrás estar haciendo daño a alguien.

Cuando meses atrás escribí sobre lo que significa ser madre a los veinte años, madres que lo son a los cuarenta se sintieron insultadas. Cuando un poco antes redacté una columna sobre mi aborto espontáneo y lo horrible de la experiencia, mujeres que habían abortado porque querían o lo necesitaban, se sintieron insultadas porque lo suyo, aunque deliberado, también era doloroso.

De todo esto, lo único que saco en claro es que es dificilísimo hablar de un aspecto de la mujer, sin silenciar otro. Es imposible escribir sobre algo tan íntimo, sin incomodar a las lectoras, aunque ese no sea el propósito de quien redacta. Incluso a mí, que jamás me ha incomodado dar la cara o hablar de mis experiencias, a veces me entra un miedo terrible a decir quién soy, o cómo me siento, no ya sólo al público sino a mis amigos más cercanos.  

Por todas estas cosas me da pena cuando alguien se burla o se queja de la obsesión de muchas escritoras por hablar de temas como el sexo, la maternidad, la crianza, la menstruación o cualquier otro tema femenino. ¿Cómo no iban a hacerlo, si aún quedan tantas polémicas, tantos asuntos delicados por resolver, tanto por aprender de quien tenemos al lado y piensa distinto que nosotras?

Me gustaría deshacerme de ese temor, y quiero hacerlo artículo a artículo, y aprendiendo de otras chicas, de los emails que me envían, de las conversaciones que mujeres que no conozco inician conmigo sólo para buscar reconocimiento y cariño.

¿Por qué parece que estemos tan vacías de esas dos cosas?

¿Por qué yo misma, por ejemplo, siento pudor de hablar con libertad de mi embarazo?

Ya lo sé: es el miedo.

El miedo a que otra vez vuelva a salir mal, o el miedo a decepcionar a mi familia si algo no va bien, o el miedo a que aún sea demasiado pronto, o el miedo a los comentarios de ánimo teñidos de pena, o el miedo a no disfrutar de mi propio cuerpo y de mis propias náuseas, hasta que los médicos no hayan certificado que mi segundo bebé sí nacerá, y que lo hará completamente sano.

Necesito hablar, y necesito compartir, y como muchos y muchas de vosotros me habéis pedido una selección de lo que he escrito a propósito de la maternidad, sus claros y sus sombras, he recuperado 6 artículos que desde 2013 vengo redactando en PlayGround, y que nacen de mi preocupación por este tema.

¿Mi generación no quiere ser mamá? Recomendación de algunas lecturas sobre la maternidad, desde Carolina del Olmo a Sylvia Plath pasando por Gabriela Wiener.

10 retratos de una maternidad salvaje. Pequeña galería fotográfica sobre la que escribo una especie de poema-ficción, en donde apoyo una maternidad natural.


Historia íntima de la literatura a través de la vagina. Sobre no poder ser madre, a través de la novela El cielo oblicuo, de Belén García Abia.

Cómo ser madre a los veinte años. Distintas maternidades por debajo de la treintena, con motivo de la publicación de Siamesa.

Mis amigas no quieren ser madres. Una conversación con tres mujeres que, por motivos bien distintos, no quieren ser madres.


Gracias.
Para más cosas: luna.miguel@playgroundmag.net

23 agosto 2015

Lluvia de Kyoto.



si te digo la verdad la belleza del templo de oro
no me importa
esta es la ciudad de la calma la capital de la luz
en la que cada calle esconde un lugar sagrado
y cada gota de lluvia podría lavar nuestros sueños
hoy te enfadas por algún motivo simple
si te digo la verdad me gusta mucho enfadarme contigo
porque cuando me enfado contigo no me acuerdo
de las cosas que antes me ponían triste
como que mi padre vuelva a casarse
como que mi vientre se burle vacío
como que no quede dinero para ir más lejos
o como que ahora nos encontremos en un parque
donde todo es lluvia y furia
y los monjes ya no cantan por temor a ahogarse
me regalas un paraguas de 500 yenes
es transparente y se parece a los que llevan tímidas
entre sus brazos las heroínas manga de la adolescencia
el plástico nos protege de camino al ryokan
en la habitación tú cierras los ojos y yo pataleo
aún así nos hacemos fotos divertidas con kimonos
si te digo la verdad la belleza de Kyoto me hace daño
aquí todo es tan silencioso que las bicicletas
son tanques que los gatos callejeros hacen temblar
la tierra que los bebés hambrientos en carritos
despiertan el paisaje con su llanto
en los charcos polillas empapadas agonizan
la lluvia que no lava sueños
también puede ser metralla


Maruyama Koen, Kyoto, 
29 de julio de 2015

16 agosto 2015

Estanque de nenúfares en el parque Ueno.

mariposa del jardín
el bebé asombro del vuelo
él otro asombro
Kobayashi Issa



“diferencias entre polilla y mariposa”
el buscador de google me lleva a una galería
de imágenes que dan miedo
“polilla gigante Japón” tecleo otra vez
para adivinar qué es aquello que he visto
muerto entre la maleza del parque Ueno
y su lago repleto de peces naranjas
“las polillas pueden ser bonitas”
escribo desesperada en la habitación del hotel
con el aire acondicionado al máximo
y las piernas en alto mientras tú duermes
“las polillas se parecen a las mariposas”
hemos hecho el amor en silencio
tu sexo se escondía en mí como la libélula
en el nenúfar del estanque esta mañana
“para qué sirve una polilla gigante”
me pregunto y pregunto al mundo
si tocar el agua de Ueno traerá suerte
si pedalear en una barca brillante traerá cariño
si comer fideos sencillos llenará el vientre
si viajar al otro lado del mundo nos dará una lección
allí de donde vengo las polillas son diminutas
se esconden entre la ropa limpia
y sus alas recuerdan a murales de tela antiguos
“qué significa polilla”
“por qué en Tokio hay tantas polillas muertas”
“por qué he venido al otro lado del mundo”
“para qué regresar al hogar si aquí puedo ser feliz
si aquí puedo hacer el amor
si aquí los insectos son hermosos
si aquí aún no entiendo nada y mis ojos brillan”


Ueno Koen, Tokio
27 de julio de 2015 

11 agosto 2015

Templo de lágrimas en Kamakura.

mi corazón humano se lava en la playa
Shuntaro Tanikawa

hemos comido tres bolas de arroz
rellenas de huevas de salmón y semillas pequeñas
huevas y semillas son lo mismo
huevas y semillas y el sabor extraño de un alga
recubriendo la merienda
el cansancio es más grande que el hambre
venimos de caminar entre las vías
para llegar a esta playa donde mi corazón saliva
venimos de poner una vela violeta
y de poner una lágrima
y de poner una moneda a la diosa de la misericordia
qué bonito rezan en Japón
qué bonito respiran
qué bonito lloran en templos de madera
en cuevas donde los dioses tienen mil caras
en montes custodiados por un ejército de budas bebé
a los que en verano riegan con agua pura
y a los que en invierno ponen pequeñas bufandas rojas
como si acaso tuvieran frío
o como si acaso su corazón también pudiera salivar
mi marido mira a los bebés con ojos de agua
yo nado en los suspiros de las mujeres que se agachan
para cantar con esos budas por sus hijos perdidos
mi marido mira a los bebés con boca de agua
yo me toco el ombligo y pido un deseo
mi marido mira a los bebés con sexo de agua
yo miro a una polilla aplastada en la arena de Kamakura
y es la quinta que encuentro en todo el viaje
si le arrancara las alas no daría miedo
su cabeza hueva naranja
su corazón limpio océano
su forma ovalada o frágil me recuerda a ese feto
al que nosotros despedimos en el templo


Templo de Hase-dera, 
Kamakura, Kanagawa
1 de agosto de 2015

01 junio 2015

The Body Poetic II (versión española de la entrevista en The Quietus).



En los últimos días muchos me habéis escrito para pedirme la versión en español de la entrevista con Emily Berry en The Quietus (puede que no se corresponda del todo con la entrevista que se publicó al final) así que he preferido pedir permiso a Karl para colgarla aquí. ¡Gracias a todos! También aprovecho para deciros que en ese selfie dolido llevo una camiseta de Its Written, una marca de ropa literaria que mola un montón. Y también que hace poco Thomas Deslogis sacó en Fluctuat un Poème d'actu que me saca los colores. Os dejo con todo esto. Y pronto os contaré muchas cositas más. 

***

Mi primer contacto con tu trabajo fue viéndote leer tu “Museo de Cánceres” en la sala Serpentine, en el maratón de 89plus en 2013. No hablo español, pero tu lectura fue tan poderosa que no me importó. Era como escuchar un hechizo, lo sentí de verdad. ¿Cómo de importante es para ti el acto físico de leer tus poemas en voz alta, ya sea en público o en privado?
La poesía para mí siempre ha tenido algo de corporal. Si escribo, es porque recibo el impulso de escribir. Porque mi cuerpo tiene que escribir, y escribirse, y con ello mostrarse a los demás. Agradezco mucho tus palabras sobre aquella lectura de hace un par de años en Londres. Lo cierto es que yo estaba cómoda y al tiempo nerviosa. Allí todo el mundo hablaba inglés, un idioma en el que yo no me desenvuelvo con facilidad salvo cuando leo, en la intimidad. Salir al escenario y leer un poema largo en español podría haber sido extraño para quienes me rodeaban, pero lo cierto es que sentí el calor de los espectadores. Museo de Cánceres es un poema que necesita calor para sobrevivir. Mi poesía, en general, necesita calor. Por eso necesito que las vísceras, el amor y la sensación de encantamiento de la que hablas esté presente. Es una manera de desnudarse a uno mismo, y con ello, desnudar al mundo.

Escribes mucho sobre el cuerpo —el cuerpo dolorido. No parece que sientas miedo a las cosas horribles. En uno de tus poemas dices: “de la poesía espero maldad, exijo asco, invoco enfermedad” En el poema “Padre”, hablas de una pareja intentando tener hijos sin éxito (“padre mete su polla en la vagina enferma”); tu nuevo libro (cuya portada es genial) se titula Los estómagos. En nuestra sociedad parece que siempre sentimos vergüenza hacia nuestros cuerpos, especialmente por aquellos que están enfermos. Parece que en todos estos poemas tú renuncies a esa vergüenza. ¿Cómo ves la relación entre poesía y cuerpo? ¿Puede hacer más fácil habitar un cuerpo?
A esto es a lo que me refería en la respuesta anterior. Creo que la poesía que más me interesa es aquella que nace de lo visceral, por eso una de mis poetas preferidas es la surrealista Joyce Mansour y por eso mis poemas favoritos de Ted Hughes son aquellos en los que el correctísimo y limpísimo poeta es capaz de mancharse las manos de sangre y de realidad. Un buen texto literario, en mi opinión, es aquel que mueve cuerpos, que provoca reacciones. Por eso me obsesiona tanto esta dualidad, y por eso en mi propia poesía intento que la piel, los órganos, los huesos y los sentimientos sean tan visibles. En este sentido, he aprendido mucho de poetas como Chantal Maillard, Nichita Stanescu, René Char, Alejandra Pizarnik e incluso Diane di Prima, que por fin acaba de ser parcialmente traducida al español, y cuyo libro Loba creo que representa parte de esta poesía que tanto necesito leer.


Es interesante cómo se te ha relacionado con la Alt Lit, a pesar de que el típico poema de esta corriente se caracterice por un distanciamiento físico y emocional. Una estudiada falta de afecto. Sin embargo tu trabajo parece muy emocional. ¿Cómo ha impactado en tu trabajo pertenecer a este movimiento (si puede calificarse como tal) ya sean en el terreno de la escritura, o de la amistad, o de las oportunidades?

Empecé a leer a Tao Lin cuando tenía 15 años. En aquella época, más o menos 2006, creo que aún no existía el término Alt Lit, y si existía yo no lo leí hasta años más tarde. De Tao me interesó principalmente su frescura, y su manera distinta de entender la literatura. En esos días yo vivía en Niza, Francia, donde estudiaba un bachillerato literario bastante estricto cuyo programa de estudios estaba lleno de clásicos de la literatura francesa. Lo cierto es que compaginar la vida de la literatura de Internet con la de mis estudios fue sanísimo y divertidísimo, ¿qué tenían que ver Victor Hugo y aquel poeta norteamericano que blogueaba en mi pantalla del portátil? Todo, y nada. Y eso era hermoso. Para mí la Alt Lit es eso: emoción, juventud, apoyo, política, visceralidad, humor, autocrítica, futuro, una burla a los sistemas editoriales de siempre, una nueva manera de comunicarse, y, sobre todo, amistad. Es curioso que a pesar de los escándalos machistas y de los problemas y envidias surgidos entre estos escritores que conforman la Alt Lit. lo que ha quedado para todos es lo más importante: la literatura. Voces distintas, brutales y heroicas son las que siguen a la cabeza de todo esto. En el mundo hispano tenemos un espacio de comunicación parecido, muy inspirado en el espíritu de la Alt Lit, se llama “Los perros románticos” y es un grupo de Facebook propulsado por Didier Andrés Castro y Kevin Castro que sirve de exposición para que gente joven de Perú, Colombia, Chile, Argentina, México, España, Venezuela, Ecuador… se pongan en comunicación y debatan sobre poesía y sobre mil temas más. Creo que al final lo más importante de la Alt Lit o de Los Perros Románticos, o de cualquiera de estas etiquetas, es que sirven como espacios para que las nuevas voces se sientan apoyadas, en un mundo en el que las nuevas ideas, normalmente, no son aceptadas. Y para responderte (después de todo este rollo, ¡lo siento!) a mí personalmente conocer todas estas cosas me ha dado vida, confianza, y la certeza de que no todo está perdido. De que la palabra está viva, y de que siempre estaré acompañada.


Una pregunta con respecto a la anterior. Siempre estás refiriéndote a otros poetas, ya sea vivos o muertos, en tus poemas. ¿Te parece importante formar parte de una comunidad?
Esto es algo curioso que he hecho a menudo en mi poesía o en mi blog. Creo que es simplemente una muestra de gratitud. Para escribir hay que leer, y yo intento leer mucho. A veces leer me inspira más que la propia vida, y necesariamente tengo que dar cuenta de quiénes son esas personas que me han inspirado. Por eso encuentro necesario hablar de mis referentes en muchos poemas. En Los estómagos, por ejemplo, aparece bastantes veces citada la familia Hughes-Plath, porque pasé casi un año de mi vida leyéndolos a ellos y sobre ellos, hasta que sentí que los conocía más que a mis propios padres. Para resumir: si la poesía es corporal, la poesía tiene que ser necesariamente personal. Por eso necesito nombres, personas, poetas y citas rodeándome en todo momento.

He leído algunos de tus poemas más recientes, como el de “El arrecife de las sirenas”, como tus poemas del duelo; me ha llegado mucho este texto, e incluso yo misma he intentado acercarme al tema de la muerte y del dolor, temas que no suelen ser tratados por los escritores más jóvenes. ¿Qué supone para ti escribir sobre estas cosas? ¿Lo ves como una parte encesaria del proceso del duelo? ¿O es una elección deliberada abordar dales temas? ¿Es una poesía catártica?
Aquí nos topamos otra vez con el cuerpo, Emily. En verdad a mí no me gustaría hablar de la muerte, pero es que la muerte ha venido a mi casa en los últimos años, para llevarse corazones a los que amo. El arrecife de las sirenas era más bien una especie de introducción al libro que ahora estoy escribiendo (y que lleva como título, también, El Arrecife de las Sirenas) y que quiero que sea un punto y seguido en mi anterior creación, y en mi anterior vida teñida de enfermedad y de muerte. Ahora me apetece hablar de felicidad, de celebración. Estoy harta de la tristeza. Creo que es hora de apartarla de nuestros caminos. Ojalá lo consiga… porque como dices, con temas tan difíciles lo catártico es una falsedad. Por mucho que yo escriba: nadie me va a devolver lo que he perdido. Aunque hay una cita del poeta Reinaldo Arenas que me sobrevuela la mente al respecto: “ya no tenemos mar, pero tenemos voz para inventarlo”.

¿De dónde vienen tus poemas? Es decir, cuando empiezas a escribir un poema, ¿cómo es la experiencia? ¿Cuál es la historia que te cuentas a ti misma para escribir un poema? ¿Tienes alguna inspiración particular y confesable?
Como decía antes, para escribir necesito leer. Sin otros poetas no podría ser poeta. Muchas veces estoy en silencio hasta que de pronto un libro me despierta todas las conexiones del cerebro y entonces todo lo que guardé dentro de mí comienza a brillar y me empuja a sentarme y escribir, y escribir, y escribir. Me gusta escribir primero en mi cuaderno y luego en el ordenador. Necesito escuchar música y necesito leerlo en voz alta muchas veces. A veces escribo mucho, me paso meses seguidos escribiendo. Otras veces no saco ni una palabra. Ahora, por ejemplo, me siento bloqueada. Estoy esperando atenta a que llegue mi momento para decir todo lo que sé que tengo que decirme a mí, y a vosotros. Cuando ese momento llega, es, y perdón por la comparación, como correrse. Por fin alcanzas esa sensación de rapidez y creatividad que llevabas tanto tiempo esperando.

El único libro que se puede encontrar tuyo en inglés se titula Bluebird and Other Tattoos. ¿Los poemas son como tatuajes para ti? ¿Hay alguna conexión entre tus poemas y tus tatuajes? En las notas que tomaste en tu viaje a Nueva York y que fueron publicadas en Electic Cerealdices que “tatuarnos es innecesario. Para qué grabar en nuestra piel lo que ya está dentro de nosotros. Para qué grabar esas palabras si las conocemos de memoria. ¿Las cosas necesitan ser necesarias? ¿La poesía también es innecesaria?
Igual que la poesía, el mundo del tatuaje es para mí una obsesión. Mi último tatuaje me lo hizo Letizia Ruggirello en febrero de 2015, y es un verso del joven poeta mexicano Jesús Carmona Robles: “el poema sangra”. No quiero volver al tema de cuerpo-poesía, porque ya voy a parecer más pesada aún (hehe), pero creo que hay una enorme relación entre estas dos cosas. Pintarse la piel es tan necesario e innecesario como tatuarse. Al fin y al cabo, ambas cosas son marcas imborrables en la vida y en el mundo. No podría vivir sin ellas.


Sé que tienes un Tumblr de sirenas, y también un tatuaje. Háblame de las sirenas. 
Aunque tengo un poco abandonado este tumblr, quisiera recuperarlo pronto. Como decía, estoy escribiendo desde mayo de 2014 el que será mi próximo libro, El arrecife de las sirenas. Yo vivo en Barcelona, y nací en Madrid, pero la mayor parte de mi vida la viví en el sur de España, en una ciudad pequeña y desértica pero muy marinera, Almería. Allí hay un sitio muy especial para mí, que se llama El arrecife de las sirenas. Está junto al faro, y es una zona rocosa donde antes se creía que había sirenas. Muy cerca hay una pequeña playa muy bonita donde el año pasado mi padre y yo lanzamos las cenizas de mi madre. Lo llamamos el pequeño Cartago, porque ella era historiadora y era fanática del pueblo fenicio. Cuando vi a mi padre adentrándose en las olas para dejar las cenizas, pensé que mi madre se convertiría en sirena. Por eso me la tatué convertida en sirena, estratégicamente en el brazo, en un lugar donde pase lo que pase puedo abrazarla, mirarla, e incluso darle un beso en la cara. Desde entonces me obsesionan las sirenas, y he procurado leerlo todo sobre ellas, incluso si el libro que escribo no tiene tanto que ver con lo mitológico. Qué más puedo decirte sobre sirenas que tú no sepas, Emily. Creo que son un referente hermoso y extraño, cuya forma y sentido ha cambiado a lo largo de la historia y de la literatura. Hoy quiero pensar en ellas como voces del pasado, que nos ayudan a los demás a afrontar el futuro.

¿Qué andas leyendo ahora?
Acabo de terminar la terrible memoria de Eve Ensler, que ha sido recientemente traducida al español. También he leído un cómic sobre maternidad de Agustina Guerrero, y estoy metida en varios libros de poesía, como Fantasy, de Ben Fama, Eso, de Inger Christensen y Haz lo que te pido, de Miriam Reyes.

El trabajo de todos cambia con el tiempo, y tus poemas más recientes parecen más extensos, más cercanos a la prosa poética que tus primeros poemas. ¿Es el cambio de estilo algo que has hecho conscientemente? ¿Cuál es tu relación con la forma?
Creo que ahora necesito más espacio para decir todo lo que quiero decir. También ha influido en mí la lectura reciente de algunos poetas latinoamericanos como David Meza, Raúl Zurita, Roberto Bolaño, Vicente Huidobro, Mario Santiago Papasquiaro… cuya escritura es muy larga, extensa, prosaica y torrencial. Hay una gran diferencia entre la literatura hecha en España y la que podemos encontrar en América Latina. Después de leer a tanto europeo y anglosajón, estoy tratando de empaparme de una cultura tan cercana a la mía, y a la vez tan poco accesible, hasta ahora, gracias a Internet… Pero como digo, la longitud es una cosa puramente de necesidad. Si escribo más largo es porque mi voz necesita extenderse un poco más.


Pareces prolífica. Has publicado cinco libros de poesía a la edad de 24 años, trabajas como periodista, ¿cómo diferencias ambos tipos de escritura? ¿Crees que son completamente diferentes y les das espacios distintos? ¿Hay épocas en las que no puedas escribir poesía?
Trabajo en PlayGround Magazine desde hace tiempo, y he colaborado con varios medios de España y América Latina (S Moda, Nylon Español, Tierra Adentro, Jot Down…). Si antes decía que para escribir poesía necesito leer, también añadiría que para ser escritora necesito escribir sobre los demás. Me interesa mucho mezclar mis pasiones y llevarlas al extremo. Por eso creo que la creatividad que me requiere escribir ciertos artículos se parece mucho al proceso creativo de escribir un poema, con la salvedad de que una cosa me da de comer…y la otra no. He estado unos días de baja por enfermedad, y lo cierto es que he echado de menos no poder trabajar. Creo que escribir es una necesidad, me da igual el género. Lo necesito.

Sé que has dado lecturas en Londres y en Nueva York ¿en algún sitio más? ¿Cómo es la escena poética de Barcelona? ¿En qué se diferencia de la de otros sitios? ¿A qué poetas españoles deberíamos nosotros, los lectores de lengua inglesa, comenzar a leer?
Lo digo de broma, pero es cierto: la poesía es mi agencia de viajes. Desde 2009 he dado lecturas en Rusia, Marruecos, Rumanía, México, Bélgica... y también en las dos ciudades que citas. Me considero muy, muy, muy afortunada de que personas de festivales o centros de arte extranjeros quieran colaborar conmigo. De todos esos sitios he traído muchos amigos, especialmente de Rumanía y México, donde la gente es humilde, maravillosa y mucho más esperanzada. Me gustaría poder seguir viajando pero mi trabajo no siempre me lo permite. No he aprendido tanto en mi vida como cuando he viajado. Insisto: me siento muy afortunada. En cuanto a mis compañeros, creo que hay voces brutales en España. Si me centro en los más jóvenes, diría que Elena Medel, Berta García Faet, Unai Velasco, Layla Martínez, Arturo Sánchez y Óscar García Sierra son de mis favoritos. Si extendemos edades, yo no entendería la poesía sin José Ángel Valente, Chantal Maillard, Maite Dono, Juan Carlos Mestre o Julieta Valero. En cuanto a clásicos: Vicente Aleixandre es mi preferido.

En uno de los poemas de Bluebird dices, “acabaré haciendo cualquier cosa menos poesía”, ¿qué es lo que te interesa para el futuro?
Periodismo, gestión cultural, edición, vida, maternidad, viajes, lecturas… pero a quién voy a mentir… la poesía siempre estará ahí. 

31 mayo 2015

Esto es lo primero que escribo completamente desnuda.


María Melero
Duele el dolor, te amo. 
Duele, duele. Te amo.
Duele la tierra o uña,
espejo en que estas letras se reflejan.
Vicente Aleixandre

Sé que llega el verano porque bajo la manta mis pies descalzos chocan contra tus pies descalzos y todo es suave. El corazón que hubo en mi vientre fue corazón y no latía, fue vida y no latía, fue nuestro mejor sueño. Hoy me despierto descalza y es casi verano, bajo la manta me rozo contra mí, me restriego contra mí, ya llevo más de quince días sangrando. Sé que llega el verano y hasta que llega escribo desnuda, porque desnudos es como hacemos a los bebés, y así siento cariño, y así estoy contenta, y así todo es más suave. 


09 mayo 2015

Esperar, acunar, esperar, despedir, esperar, sangrar, esperar, aquí.


Basquiat
El bebé duerme en su cuna negra.
Sus sucios dientes destacan entre sus labios cortados
Le meces.
La habitación está tranquila a pesar del perro moribundo
Las ventanas bien cerradas para retener mejor la noche
Esperas.
El bebé se despierta de sus sueños torturados
La muerte, tierna nodriza, le aguarda
Y tú, madrecita, te regocijas.
Joyce Mansour