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09 agosto 2009

Yo no era más que el tiempo que pasaba a través de mí.*




Editoriales que unen, como Alpha Decay o Periférica. Bebidas que unen, Heineken y Zero. Dulces que unen, la gelatina y los nachos. Enséñame a leer Machado. Escucho. Enséñame a leer a Fernández Porta. Digo. En la ventana: esto no es Madriz. El árbol de siempre comienza a oscurecer. Agosto o mueres. Escucho. Lola o muerte. Miro. Y hace demasiado tiempo que no pienso en La Bola de Nieve Derretida: la Bola de Nieve que derrite el mundo, que derrite mis ojos, que me ahoga. Hace tiempo que no pienso en la Angustia. Valérie Mréjen me recuerda cómo pronunciar el corazón. Le coeur, le coeur, la pute, le coeur. En mis manos, la agria periferia me une a la escena. Y escucho el miedo.

*Annie Ernaux

30 julio 2009

Jugando al Piglia Piglia conmigo misma.

Cerdaka

Me ha parecido que la escritura debería tender a eso, a esta impresión que provoca la escena del acto sexual, a esta angustia y este estupor, a una suspensión del juicio moral.

Annie Ernaux