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01 septiembre 2012

El origen de las cosas: Vulva.

Hace un tiempo Patricio Pron me habló de este libro que tengo entre manos: Vulva. La revelación del sexo invisible, de Mithu M. Sanyal, y que apareció en febrero traducido por él mismo para la editorial Anagrama. Ya me interesó mucho tras su comentario y entonces me hice con él a principios de este año. Sin embargo no he podido comenzar a leerlo hasta ahora. Me impresiona mucho el comienzo del ensayo, y también hacia dónde creo que me dirige. Me apasiona, también, que el origen de este libro sea sacar a la luz "lo desconocido" (de nuestro sexo) y que al mismo tiempo esté formado por historias, mitologías y fábulas exquisitas a propósito de él (o ella, como sea). Hasta hace muy poco, dice Sanyal, no sabíamos nada de este órgano sexual, pero la historia está plagada de imágenes y cuentecillos que nos lo desvelan pudorosamente. Aún me quedan muchas páginas pero ya encuentro este libro esencial y exquisito: un reclamo sobre qué tenemos, cómo nos lo han/hemos ocultado y qué magias oscuras y hermosas lo rodean. 

Sin embargo la vulva no sólo cura sino que incluso puede detener la desgracia antes de que ésta se produzca. En Japón existe una leyenda que narra cómo dos mujeres perseguidas por demonios intentan escapar en una barca de remos pese a que los demonios son más rápidos; en el último instante se les aparece una diosa y les aconseja descubrir sus órganos genitales. Al ver que ambas dudan, la diosa les muestra el suyo y éstas la imitan, de forma que los demonios, aullando de risa, renuncian a la cacería.
M. M. S. 

22 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy cool: tercera parte.




[...]
LM: Fresy cool es una novela de campus a lo Patricio Pron o Roberto Bolaño, pero también es una sátira sobre el Hombre de Letras Moderno, una enorme crítica literaria –hacia la narrativa contemporánea-, una burla contra los poetas, contra el asqueroso estado del periodismo en nuestro país, sobre el horror de la Universidad… una primera novela sobre la primera novela, una guía del Buen Moderno pero también una crítica feroz a la hipocresía de la Modernezzz y de la Moda, y, también, un retrato sobre lo que es crecer –la superación de la adolescencia- o, como diría DFW: el “Mundo Adulto”. Nos hablas de todas estas cosas. De todos estos temas ¿cuál crees que impactará, preferirá o tratará el lector de tu novela? Ah. Y algo muy importante. ¿Quién crees que será el lector de tu novela? ¿Tienes en mente a un lector tipo? ¿Determinado por qué edad? ¿Te interesan los lectores de tu edad? ¿Escribes para ellos?

AJR: A mí me da que imaginarse a un lector tipo implica, supongo que sin quererlo, sostener cierta actitud sectaria, sesgada y equivocadamente parcial de lo que es la experiencia de lectura; si de antemano uno sospecha que mezclando equis ingredientes atraerá a un predeterminado perfil psicológico, entonces se revela como alguien que desde el principio restringe sus posibilidades de disfrutar el texto. O dicho de otra manera: me da la sensación de que si alguien tratase de establecer un perfil a partir de aquellas lecturas que me gustan y aquellas otras que he detestado, en ese caso encontraría un carácter preocupantemente esquizofrénico, inestable y neurótico; y quiero creer que la patología no es sólo mía. Más allá de todo eso, pienso que si hay una virtud über alles en una primera novela, ésa es la sinceridad, precisamente porque nunca se te ocurre pensar en términos de: “eh, esto va a pasar por la cadena de la industria del libro, igual hay que mimar más al lector”. 


LM: La juventud, ahhhh diviiino tesssoro de precariedaddd y mal gusssto. ¿Te consideras “escritor joven”? ¿Te consideras parecido a tus contemporáneos? ¿Es que tienes contemporáneos? ¿Qué compartes con Aixa de la Cruz, con Tao Lin, con Miguel Espigado, con Julio Fuertes, con Ben Brooks, con Ernesto Castro, con Unai Velasco, CONMIGO? ¿Hace falta compartir algo? ¿Hace falta reivindicar algo?  No sabría comparar Fresy con nada. Quizá un poco de Javier Calvo por aquí, otro tanto de Eloy Fernández porta por allá y otro de Foster Wallace y Bolaño como guinda. Pero nada tan descarado como para decir que te pareces Mucho a ellos. ¿Crees que la crítica te va a dar muchas leches? ¿Crees que vas a joder a muchos lectores? ¿Crees que vas a animar a que más jóvenes escriban o publiquen? ¿Cómo asumes tu publicación en un sello como Mondadori? ¿Es un puto sueño? O bien, la confirmación de que estamos VIEJOS y de que los círculos se cierran, pues ¿no eres tú uno de esos muchos lectores que desde hace siete años para acá se vienen formando exclusivamente en su catálogo? Qué bonito esto último. Qué curioso ¿no?

AJR: La pregunta atrae un par de monolitos que en gran medida articulan la prensa cultural pero también la universidad: novedad y generaciones. Es inevitable que cada nueva hornada de autores venga condicionada por una coyuntura sociocultural anterior a la de sus predecesores, pero esto mismo puede aplicarse a los autores como voces independientes. Ya he comentado en alguna ocasión que lo generacional y lo nuevo no me interesan mucho; no creo en ello; apenas concibo estos conceptos como reclamos publicitarios para críticos y periodistas, aunque también para académicos. Y de igual manera que no se me pasaría por la cabeza ir descartando individuos en función de su (redoble de tambores)novedad u originalidad —y por extensión: de ellos no espero que vayan por delante de mi tiempo, sino que me permitan de algún modo interactuar—, así me sucede con los textos. Ante todo me inclino a leerlos como individualidades o sujetos independientes, con sus demonios, sus referentes, sus gustos y su personalidad propia. Nunca me he planteado un enunciado del tipo: “voy a escribir algo nuevo, algo generacional”; me limito a hablar de las cosas que me gustan, que coincidirán con y diferirán de los fetiches de mis contemporáneos y no contemporáneos.
Sobre autores de mi edad, no sé si es que hemos escarmentado del tratamiento mediático que se le ha dado a los que llegaron antes que nosotros, y por eso, tal vez, nos esforzamos bastante en atildar las diferencias antes que los parecidos, pero lo cierto es que no hay conciencia grupal más allá de los lazos de amistad. Me gusta el trabajo de alguna gente que has mencionado arriba, y muchos de ellos son amigos míos, pero me gusta aún más que mi relación con ellos ante todo se base en el debate. Nos lo pasamos bien así. Supongo que habrá quien crea que aquí sólo hay un festival del amor recíproco, pero no.
Sobre Mondadori: sí, es verdad, qué voy a decir. Una parte muy importante de mis lecturas contemporáneas se deben a su catálogo.

LM: Ahora algo un poco más suave. Háblanos de música y de cine. Háblanos de tus influencias, pero no sólo literarias, de hecho las literarias dejémoslas a un lado. Háblanos de rap, de electrónica, de skate, de comida turca, de qué te inspira y qué te obsesiona a la hora de escribir.

AJR: El rap. El rap es una influencia importante tanto en forma, ética y subjetividad. En forma porque por lo común se trata de un discurso, digámoslo así, anarrativo: no hay tramas ahí, sólo una sucesión de frases que encajan, lo cual, en ciertas ocasiones, es un procedimiento que me interesa: hacer avanzar la ficción sin una noción muy clara del horizonte. En cuanto a su ética, cierto tipo de rap propone, conscientemente o no,  un ideario moral (y aquí respondo a tu pregunta primera sobre Fresy Cool como novela moral) que yo suscribo; ese ideario —por lo demás, muy propio de un capitalismo en estado de gestación— pasa por: defensa del grupo primario (familia, amigos), meritocracia, trabajo, conciencia de y respeto a las jerarquías, noción del juego (ganas o pierdes, y ambas cosas hay que aceptarlas), estética del parvenu, etcétera, etcétera. Esto no tiene nada que ver con la imagen del rapero pimpín mediatizado —el mismo del que se burlaba Percival Everett en X—. En cuanto a la subjetividad, el rap me interesa por: a) los grupos y solistas de rap sueco que me gustan (y el rap sueco es un mundo aparte) me dan buen rollo; b) los grupos de rap alemán que me gustan dan un mal rollo igualmente impresionante, y ninguna expresión artística ha dado cuenta de la agresividad, la frustración y la violencia del individuo como el rap; y c) la literatura y el rap son actividades con un trasfondo muy competitivo, con la salvedad de que la literatura se esfuerza mucho en disimularlo, mientras que el rap no.  Ambas expresiones artísticas han avanzado con un transfondo similar pero con discursos diametralmente opuestos. 
El skate. Que en la portada salga un tipo haciendo skate me entusiasmaba porque, dejando a un lado las referencias a la cultura urbana que pueda haber en Fresy Cool, ser espectador de este espectáculo te devuelve a la experiencia romántica de la obra fracasada. Ahora en Barcelona me gusta sentarme en el C3Bar y ver a la gente patinar; tanto si la pirueta les sale bien como si acaban comiendo cemento, en ambos casos es un espectáculo. Y ésa fue para mí la experiencia de la escritura de Fresy Cool. A veces comía cemento y a veces—creo—la pirueta salía bien, pero siempre me divertí con ello. 

[...]

*
(Ya queda menos para el fin de la entrevista y para que puedan encontrar Fresy cool en las librerías, yeah)

05 junio 2011

Drogas (o: algunos libros del primer semestre de 2011).


19:35 pm
Me gusta hacer listas, ya lo sabéis. Hago listas para todo. Listas con las mejores canciones que me he bajado en los últimos meses. Listas con las ciudades a as que me gustaría viajar. Listas de las tiendas a las que iría si tuviera dinero para comprar ropa. Listas de mis libros: los preferidos, los favoritos del año, semestre, los olvidados, etc. Hace poco mi chico, Ibrahím B., subió a su blog una lista de tareas pendientes: la del comentario de todos esos libros que como crítico le llegan a casa y de los que es imposible hablar en los medios porque se acumulan, y se acumulan, y se acumulan... novedades editoriales que desaparecen como si nada (o en la lluvia como lágrimas) o qué sé yo. Mi lista no es una tarea pendiente, es otro juego más en el que enumero no lo mejor sino lo que más me ha gustado e todos los libros que he leído, abandonado o descubierto desde enero de 2011 hasta hoy.


0. Sylvia & Ted, de David Aceituno (Olifante).

Lo pongo en un podio celestial. Antes del 1, el 0, porque no quiero hacer trampas. Pero ocurre que, aunque fue publicado en 2009, Sylvia y Ted me parece el mejor descubrimiento de este año. Se trata, como ya conté en alguna entrada anterior, de un poemario formado por las voces de Sylvia Plath, Ted Hughes y la amante de este, que van construyendo una serie de poemas que a su vez tejen la historia real de la pareja. David Aceituno se mete en la piel de los personajes y escribe con un estilo parecido al de los protagonistas. Aceituno es el titiritero. En sus manos Sylvia se nos sincera y Ted nos cae mal. En sus manos vemos lo tristísimo de una historia que muchos desconocíamos. Olifante es una maravillosa editorial un tanto difícil de encontrar, sin embargo merece la pena acercarse a su catálogo. Si accedí a este libro fue gracias a la Feria del Libro de Soria donde me compré el ensayito (de la misma editorial) Poetas suicidas (2009) de Ricardo Fernández Moyano. Quien esté interesado en el tema del suicidio en la literatura no puede dejarlo pasar.


1. Leve sangre, de Jeannette L. Clariond (Pre-Textos).

Sin duda es el mejor poemario que he leído en mucho tiempo. Leer a Clariond es como degustar un plato finísimo y delicioso. El trato del lenguaje, del idioma (de los idiomas), de las imágenes. En Leve sangre asistimos a la pérdida de la fe, al momento de la madurez de la poeta en donde se deshace de una vez por todas de esa sangre espesa que es Dios. La Menopausia de la Fe. Por ejemplo. Un libro con el que uno sólo puede preguntarse: ¿por qué no había leído antes a esta poeta? ¿Dónde has estado todo este tiempo, Jeannette? ¿Por qué no fuiste antes la reina de mi canon poético personal?


2. El malestar al alcance de todos, de Mercedes Cebrián (DeBolsillo).

Vuelvo a hacer trampas, pero no del todo. El malestar al alcance de todos se publicó en 2004 en Caballo de Troya y no había tenido la oportunidad de leerlo, sin embargo, por fin, y con motivo de la publicación de su primera “novela” en Mondadori, La nueva taxidermia, DeBolsillo reeditó a principios de 2011 esta magnífica miscelánea de relatos y poemas de Cebrián. La nueva taxidermia me gustó, sobre todo la primera novelita que conforma el libro, sin embargo sigo pensando que El malestar al alcance de todos y sobre todo Mercado común (2006), son sus mejores textos. Me gustaría seguir leyendo a Mercedes. Me gustaría que publicara novelas y poemarios todos los días, todas las semanas: le pagaría, si pudiera, mucho, para que me entregara textos como los de El malestar al alcance de todos. Mercedes. Te necesitamos.


3. Richard Yates, de Tao Lin (Alpha Decay).

He hablado mucho te Tao Lin. Han hablado mucho de Tao Lin. He contado muchas veces cómo me enamoré de él hace cinco años, cuando leí su blog, y en 2009, cuando leí su primera novela traducida al español. Richard Yates me parece acertado porque representa muy bien a la generación a la que creo que pertenezco: las conversaciones de gmail, el new spleen de los personajes, las drogas y las pastillas para dormir, el histrionismo, la soledad del adolescente que pasa horas y horas delante de una pantalla, pero que tampoco está solo porque está conectado a Facebook pero que sí está solo, porque, joder, la pantalla no es la carne: qué pardillos somos. Y las redes sociales que ayudan al amor. Richard Yates es muy divertido. Ojalá Alpha Decay siga publicando a Tao Lin, ojalá algún editor de poesía se decida a publicar sus libros, porque son mucho mejores que su narrativa. Ojalá os acerquéis a Eeee eeee eeee (El tercer nombre, 2009) una novela mucho más delirante, parecida a un capítulo cachondo de Padre de familia o Los Simpson. A tope. De Alpha Decay, en este 2011, me ha gustado leer Padres ausentes, de Pablo Muñoz (mi querido Alvy Singer, divertido y sensato) y Thomas Pynchon, un escritor sin orificios de Rubén G. Martín. La apuesta por la juventud de esta editorial no es un truco de marketing, por la modernez o algo así de cutre. Se trata de una apuesta por el futuro. Y yo confío.


4. Alma, de Javier Moreno (Lengua de Trapo).

Hace un rato intentaba leer Una belleza vulgar de Damián Tabarovsky (Caballo de Troya, 2011) y no he podido pasar de la página cuarenta y cinco. Quizá que a Ibrah no le guste nada Literatura de izquierda (Periférica, 2010) me haya influido, o quizá es que no me gusta ese libro y punto. En la contraportada alguien escribe algo sobre las novelas sin argumento. Sobre las novelas sin argumento pero con argumento. No sé. En este sentido soy mucho más fan de Alma, la última novela de Javier Moreno, que es mucho más bonita, emotiva, poética, entretenida, mucho más parecida a la última literatura francesa que me gusta: Levé, Mréjen o Tran... una de esas supuestas novelas sin argumento pero con argumento que sí, sí, sí consiguen contarte una historia a base de acumulación de información y experiencias. Muy a favor de este giro en la obra de Moreno. Soy muy fan de Acabado en diamante (La Garúa, 2009), su mejor poemario y de algunos de los textos que sube a su blog. Y no, Alma no es una copia de Levé. No sean vagos, pasen de la página cinco. Aunque si les desespera tanto como a mí Una belleza vulgar (y miren que el título me prometía) entonces, bien, les dejo marcharse. 


5. Dime qué, de David Leo García (DVD Ediciones).

Efectivamente, no podía faltar. Dime qué es el libro que más tiempo llevo esperando leer. Creo que fue en 2009, en Cosmopoética, cuando David Leo García -por aquel entonces no sabíamos que un año y medio después seríamos vecinos, amigos y miembros de la fucking crew de Puerta de Toledo, que por cierto, ay, en pocos días se acaba para siempre -no en nuestros corazones, claro, claro- me dijo que acababa de terminar el que sería su segundo libro de poemas. Ya lo anuncié aquí, y ya se lo he oído decir a muchísimas personas. Quizá junto a Elena Medel o Ben Clark, cuyo último libro, Basura (Delirio, 2011) también es genial -una sucesión de pensamientos paradójicamente limpios sobre un mundo sucio- sea uno de los mejores poetas que conozco nacidos en los años 80. Dime qué es imponente. Demasiado. Su discurso, su ironía y su saber tejer los versos. A veces David viene a casa y me dan ganas de meterle un puñetazo y decirle: ¿¡cómo cojones lo haces tan bien, cabróoonnn!? Pues eso. Top Five. Bien.


6. Confesiones a Alá, de Saphia Azzeddine (Demipage).

Una novela muy cruda. Muy bruta. Hay quien se queja de la brutalidad de la colección de textos femeninos de la editorial Melusina pero a veces creo que la brutalidad occidental es mucho menos bruta que la oriental. Confesiones a Alá es el testimonio de una mujer oprimida en el Magreb. Una mujer que intenta escapar de su propio infierno y que tiene una condena casi mayor que la de ser mujer: ser hermosa, ser libre, ser lista y tener ganas de vivir. Sapha Azzeddine es toda una celebridad en Francia. Fue mujer de un famoso actor y cada vez se ha ido haciendo más popular con sus novelas. No me extraña. Gran apuesta la de Demipage. Ojalá hubiera tenido más prensa y se hubiera hablado más de esta obra muy personal pero a la vez muy política. Me gustan las mujeres fuertes. Y, por supuesto, amo a Azzeddine. Creo que en el catálogo de Demipage las mujeres están cobrando cada vez más fuerza: dentro de poco van a sacar una antología de mujeres bastante interesante (no sólo por las participantes sino por el formato epistolar del libro) y hace unos meses salió a la luz otro libro extraño pero especial: Mis ceniceros, de Florence Delay. Me gusta especialmente este lado experimental que está explotando Demipage. Háganme caso. Demipage no es ñoña. Demipage mola.


7. Renacida, de Susan Sontag (Mondadori).

Es curioso. Muchos de los libros que menciono en este post los he reseñado para 330ml y están esperando en la cola de publicaciones. Es un placer hablar de lo que a una le gusta. Y Renacida es un diario juvenil muy interesante para quienes comienzan a leer o a descubrir el mundo de la literatura (Renacida también supone una importante guía de lecturas) y también para los admiradores de esta gran autora. Los miedos en la adolescencia, lo prepotentes, soñadores, ingenuos y tiernos que podemos llegar a ser en nuestros primeros años como lectores o escritores. Susan Sontag tiene mucha fuerza y es como un huracán de ánimos. Si son cotillas y les gusta conocer los pensamientos más íntimos de los grandes autores de nuestra literatura: aquí, Sontag.


7. El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron (Mondadori).

Pron es Pron. Y Pron, en este libro, no es tan Pron quizá porque a ratos lo es demasiado. Quiero decir. Para quien lo conozca personalmente y se haya leído su última novelita sabrá que la primera y las últimas partes del libro son Pron en estado puro, en una conversación cualquiera de domingo comiendo churros con chocolate y contándonos sus batallitas, cual abuelo joven y gracioso. Me gusta ese lado confesional, al principio divertido y al final muy tierno para con su familia y la historia de sus padres. Los hijos son los detectives de los padres: esa es la idea. Por eso Pron articula el libro mediante una historia familiar que le toca investigar. Un poco de política, otro tanto de biografía, otro de intriga y otro de humor: la mezcla perfecta, dirán. Por eso Ibrah bromeaba con lo de Pron y el Nobel. Pero eso no es lo que importa. Lo que a mí me importa es la repercusión que está teniendo el libro. Ya se sabe: al tercer libro, los críticos tienen derecho a machacarte. Y yo no creo que El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia sea un desacierto y no estoy de acuerdo con sus críticos más feroces. Tampoco creo que sea el mejor Pron, aunque podría haberlo sido. Sé (y lo sé porque lo he leído en Una puta mierda, en El comienzo de la primavera y en sus relatos) que el muy hijo de puta se guarda un as en la manga. Que está haciendo cosas grandes: aunque quizá lo que como lectora espero es su futura Gran Novela.... y que lo que a muchos les pone nerviosos es que le salgan las cosas tan bien, o que le vayan tan bien como aparenta. Quizá Mondadori haya publicado -y vaya a publicar- novelas mucho mejores, novedosas o atrevidas: Enard, Lethem, Gopegui, Cantavella, Foster Wallace, Olmos... De momento, en este Top 10 Luna-Love, Pron ha encontrado su sitio.


9. Fronteras del lenguaje. Antología 2005-2011, de Uljana Wolf (La Bella Varsovia).

Ha sido muy difícil elegir un título de entre todas las novedades de La Bella Varsovia, pero sin duda Uljana Wolf (Berlín, 1979) es una de las publicaciones más importantes de su catálogo, por ser la primera traducción de la editorial (la traducción es quizá su punto más débil, del libro, digo) y, sobre todo, por traer a España, de la mano también de Cosmopoética, a una de las nuevas voces de la poesía alemana. Es genial que de una maldita vez empiece a publicarse poesía europea de autores jóvenes para poder saber qué se está haciendo más allá de la frontera, joder. Uljana es joven, precisa, me recuerda a una especie de Ana Gorría pero más ruda. La Bella Varsovia no tiene aún distribución nacional, pero si les interesa el libro puede encontrarse fácilmente en Arrebato Libros (Madrid). Decía que era difícil decidirse por un libro de poesía de La Bella Varsovia porque en estos meses han publicado algunos muy recomendables: Introducción a todo, de Berta García Faet; Odio, de David Refoyo o El futuro es un bosque que ya ardió en alguna parte, de Juan Bello. Como anuncié, en septiembre aparecerá la antología en papel de Tenían veinte años y estaban locos, con 26 autores nacidos entre 1984 y 1992. Cuando la Feria del Libro de Madrid termine os enseñaremos la portada y la lista definitiva de los autores. Esto marcha. Gracias.


10. Ultraviolencia, de Miguel Noguera (Blackie Books).

A mí no me gustaba demasiado Miguel Noguera hasta que lo vi hace poco en la presentación de su libro. De hecho, ahora mismo creo que sólo me gusta él. Sólo sus expresiones. Su humor. Su “narrativa”. Él me hace reír. Cristo mal. Ultraviolencia es un catálogo de ingenio, de risas, de genialidad. Me enganché a Blackie Books gracias a Noguera. Mola la variedad del catálogo de la editorial. X, de Percival Everett es un libro muy bueno, a mi juicio, me gusta su prosa, y la historia. Ahora lo estoy terminando, pero tanto el libro como su autor (que actualmente está en España) nos han enamorado a todos. Tapa dura. Letras duras. Fin de la lista.


Y... bueno...

Hay algunas novedades que no están mal (o nada mal): La legendaria rebelión de los fumadores de Julio Fuertes (Papel de fumar), Obras completas de Lois Pereiro (Libros del Silencio), Contraataque de Siegfried Sasson (El Desvelo), Wendolin Kramer, de Laura Fernández (Seix Barral) o Vida de Pablo de Carlos Pardo (Periférica). Hay otros que me han decepcionado un poco como Dogos de Antonio Portela (Pre-Textos), Cuaderno de Saì Gòn, de Pablo Escribano (El Desvelo), Criaturas abisales de Marina Perezagua (Los libros del lince). Y sobre todo hay otros que no he leído y que quiero leer como La tierra nos agobia, de Jorge de Gimeno (Pre-Textos), Los enamoramientos de Javier Marías (Alfaguara), Chronic City de Jonatham Lethem (Mondadori), JOP de Jim Dodge (Capitán Swing), Lila, de Emily Roberts (Ediciones Oblicuas) o Porno Ficción de Diego Doncel (DVD). Aunque, quizá, después de tanta novedad editorial, de tantos libros que te miran desde las estanterías y te gritan y te taladran la cabeza y te vuelves loca, muy loca y se te quitan las ganas de leer pero luego quieres más libros, y vas a la Feria del Libro y ves TÓXICA de Françoise Sagan (Ático de los libros) y QUIERES MÁS, QUIERES MÁS, QUIERES LEER MÁS TENER MÁS CONSUMIR MÁS, AHHHH! Drogas. Libros. Drogas. Me gusta hacer listas. No sé por qué. Y ahora. Me voy a dormir. Ahh... Ahhhhhh... Ay. 
1:29am

17 mayo 2011

Susan Sontag renacida: viva, hermosa, ¿más?

Estoy leyendo Renacida, el primer volumen de los diarios de Susan Sontag editados por su hijo David Rieff y publicados en España por Literatura Mondadori. He seleccionado algunos fragmentos de las primeras páginas que me han "enamorado" especialmente quizá porque me siento identificada con algunos de los momentos que describe de su adolescencia, de sus primeras lecturas, su admiración a Dostoievsky y a los poetas europeos o su pequeño asco hacia Demian, -ese libro que yo odio y amo y ella odia y ama al mismo tiempo-. Aunque este año estoy bien servida de autobiografías y memorias, ayer lo dije en la presentación de Alma de Javier Moreno en Tipos Infames (Alvy Singer y sus Padres ausentes. Lolita Boch y su Ahora escribo. Julio Fuertes y La legendaria rebelión de los fumadores. Carlos Pardo y Vida de Pablo. Mercedes Cebrián y La nueva taxidermia. Patricio Pron y su El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. O el propio Javier Moreno y Alma. 2011: escritores taxidermistas de su alma, felicidad y el Yo a ultranza). Decía: aunque este año haya leído demasiadas autobiografías y memorias, hacía mucho que no leía un diario de un escritor. En los ejemplos anteriores es el propio autor el que se aventura a contarnos su vida o sus secretos, en el caso de Sontag es su hijo el que recopila fragmentos de su vida con el riesgo y con la pregunta de ¿estaría ella de acuerdo en editarlos? En cualquier caso, leer la adolescencia de una mujer a la que admiro como es Susan Sontag me ha servido para recordar ciertas cosas y ciertos sentimientos que en los últimos meses había olvidado (el trabajo, la Universidad, la precariedad, el dolor). Parece que cuando uno es "adulto" siente el dolor de manera distinta a cuando es más joven. Sontag me ayuda a Renacer: a clasificar y ordenar mis males, mis deseos, mis lecturas, mis ganas de devorar sexos, páginas y tardes apacibles de música y calor. Feliz verano. Feliz renacimiento. Feliz palabra. Continuamos:

Y ¿qué es ser joven en años y de repente ser despertada a la angustia, al apremio de la vida?

...

¿Cómo puedo ayudarme, volverme cruel?

...

Después de escribir esta última frase, la leo de nuevo y pienso en borrarla. Sin embargo, debo dejarla tal cual. Es inútil para mí consignar solo las partes de mi existencia que me satisfacen. (¡Son tan pocas de todos modos!)

...

¿Qué, me pregunto, me conduce al desorden? ¿Cómo puedo diagnosticarme a mí misma?

...

He leído la mayor parte de Los hermanos Karamazov y de pronto me siento sumamente impura.

...

¿Y qué soy ahora mientras escribo esto? Nada menos que una persona distinta.

...

Sé lo que quiero hacer con mi vida, todo esto es muy sencillo, pero en el pasado me era muy difícil saberlo. Quiero acostarme con muchas personas. Quiero vivir, aborrezco la muerte.

...

Estoy viva... Soy hermosa... ¿hay algo más?

...

Lema: "Wolle die Wandlug"- Rilke. (Desea todo cambio).

...

Así, en otra reflexión me descubro extranjera.
Ich bin allein. Estoy sola.
Susan Sontag

16 mayo 2011

Luz primaveral, saliva y gapo.

Soñé que conocía un método de adivinación: dos personas se escupen mutuamente en la boca; la transferencia del líquido es también la de sus proyectos y deseos.
Patricio Pron

11 marzo 2011

La legendaria rebelión de los fumadores, de Julio Fuertes, ese loco.


Primera foto: La legendaria rebelión de los fumadores (Papel de fumar, 2011) novelita de Julio Fuertes, ya está en su lugar, junto a la imagen de Richard Yates y el resto de mis libros de poesía, que en ocho meses han pasado de compartir estante con los libros de Mondadori de mi prometido a llenar dos estantes hermosísimos. (¿Cuánto dinero habré gastado en vosotros, infames libros caros, que ahora soy pobre y lloro con la nevera vacía, y ¡ah! há há, encima la tarjeta se me queda atrancadaenlcajeroysupuháhámadre? joder). Novelita de Julio Fuertes, decía, que es tan divertida y tan desesperante que os joderá la cabeza. Dato cotilla, muchachos, Gossip Girl al habla: ¿queréis saber los trapos sucios de un narrador, sus colegas, sus amantes, de los poetillas de Madrid y sus tontadas, de qué se cuece, qué cojones se cuece en Puerta de Toledo y en los corazones flácidos de los narradores emergentes? Pues tomen nota. Compren. Roben. Lean. Merece la pena. Y lo digo: a) porque realmente me entusiasma este relato/novela bien escrito ¡con sus fallos y todo! -pero eso se lo cuento al autor en un bar... o bueno, venga, vale: hay anécdotas y chistecillos que no entiendo, la de Nokia y todo eso, o demasiadas repeticiones, pensamientos de caca y penes que en un espacio tan reducido pueden saturar, qué sé yo, no me hagas caso, a mí me mola- b) porque es uno de mis mejores amigos, y ver nacer al hijo de un buen amigo es tan bonito como ver nacer al tuyo propio. Sábanas y sangre. Sangre nueva. Eres niño como yo.

Segunda foto: compro cuatro libros a Elisa Fuenzalida en la barra de La Tabacalera. Cada libro me cuesta cinco euros. Elisa es la editora. Me cae bien. Tiene algo que enamora mucho en su forma de hablar. Le digo que soy la agente de Julio Fuertes, aunque sólo por un finde. Nos vamos a Almería, a presentar el libro en Almería. Nos vamos Julio, Marina, Ibrah y yo. Uno de mis sueños es alquilar un coche y patear el desierto y las playas con mis amigos. Qué ganas tengo. La presentación de La legendaria rebelión de los fumadores es el día 18 a las 8 y cuidado con las rimas. Librería Picasso. Almerienses, os quiero allí. Así que compro los cuatro libros y me gasto los 20 euros que llevaba en la cartera. Un libro para mí, otro libro para Laura (me debes 5 euros), otro para Pron y otro para Olmos. Cuando Laura publicó También mis ojos (Cangrejo pistolero, 2010) tampoco compré un  ejemplar solo. Me gusta apoyar a mis amigos. Me gusta comprar los libros de mis amigos, aunque me lo regalen, suelo comprarlo. Sergio Gaspar siempre dice que hay que comprar libros. Que sí, que sí, que yo lo hago. Y entonces me quedo sin mis 20 euros en la cartera y trato de sacar dinero y el cajero retiene mi tarjeta y todo es un desastre en mi vida porque llevo todo el día llorando: la independencia es terrible, buscar trabajo es terrible, trabajar es terrible, ir a la universidad es terrible, que no te den una sola beca es terrible. Qué más da. Aguanto. Lo hago para estar en Madrid. Para estar con Ibrah. Para estar con Ibrah. Para estar con Ibrah porque aunque haga ruidos con los dientes mientras duerme... ya no sabría dormir sola. Dormir sola. Eso sí es terrible. Eso es lo peor que me podría pasar. Eso y morder una tela. Odio morder la tela porque me rechinan los dientes. Dormir sola y que te rechinen los dientes es lo peor. Lo peor. Pero el tema de la tarjeta solucionado, eso sí, me quedé sin batería en el móvil y la tarde fue mucho más complicada. Conseguí quedar con Laura, que me hizo fotos para la tapa y biografía de Pensamientos estériles. El libro estará listo en un par de semanas o tres. Qué nervios. Ya os contaré. Emoción. Intriga. Dolor de barriga. (Leo en Facebook mientras escribo esto). Después de la sesión de fotos Laura y yo intentamos ir al Delic, pero tenían "averías" y no nos dejaron pasar. Optamos por comprar los cigarros que fuma Julio para hacernos una foto-homenaje. (Lo que no os he contado es que a esas alturas Julio aún estaba en Valencia, posiblemente en el aeropuerto, después de una semana sin vernos y sin haber podido tocar aún su primer libro). La foto nos la tomó Chema Rubio, un poeta de Madrid que nos reconoció por la calle en pleno momento adolescente, sentadas en un banco (en un banco-cajero como el que se tragó mi tarjeta, no en un banco-aquí me siento) y se ofreció amablemente a tomar la instantánea. Qué majo, Chema. Me despedí de Laura con un abrazo de hermana y me fui a Chueca a visitar a David Villanueva (editor de Demipage), que me invitó a una cerveza y me presentó a su mujer y a su hija. Una familia muy chula y envidiable. Hablamos de libros y de que se van a Francia a un congreso de editores muy importante. Fue breve el encuentro. Antes de volver al metro compré fruta (fresas, un kilo cuya mitad me he comido mientras veía Torrente 3 en la tele) y espárragos de esos verdes que sí tolera my lover. Una vez en casa (ya eran casi las diez) Ibrah ya había cenado, Laura había salido y yo me calenté una crema de verduras y me comí ese medio kilo de fresas. La peli se estaba acabando cuando por fin, el homenajeado Julio Fuertes llamó a nuestra puerta. ¿Sí? Pregunto. YÍ-A. Responde. (No podría ser otro). Nos abrazamos, le doy su libro, abraza a Ibra, contamos cosas, nos reímos, se fuma unos cigarros, vemos el final de The Ring, comentamos su novela, la edición, la ilusión y esas cosas, se bebe un vaso de agua y se va. Y ahora estoy aquí. Releyendo La legendaria rebelión de los fumadores. Esperando más días así. Tristes al principio y muy bonitos al final. Ibrah duerme a mi lado. Está muy guapo. Julio creo que está conectado a Facebook. En cuanto le de a publicar le pasaré el enlace de este post por Gmail Chat. Las cosas parecen más emocionantes de lo que son, a las tres de la mañana. Me duelen los ojos. ¿Queda Dormidina? Y os preguntaréis por qué he pasado la tarde despendolada y no he ido a clase. ¿Eh? Maldita universidad. Esa ya es otra historia. XoXo. Gossip Girl. 

08 marzo 2011

Lo que me gusta y lo que no me gusta de Agustín Fernández Mallo.

Agustín Fernández Mallo me gusta cuando deslumbra: cuando es capaz de tomar una imagen como la de la manzana mordida de Apple y spokenworizar durante largos minutos sobre quién mordió, sobre por qué mordió, sobre el color y el sabor de esa manzana de millones y millones de dólares, golden flavor, maravilla tecnológica en el estómago.

Agustín Fernández Mallo no me gusta en la universalización de su poética, post-poética. No le veo un verdadero sentido en nuestro panorama. Parece como si no conociera esa poesía realmente innovadora o arriesgada (o simplemente interesante) en su escenificación como la de María Eloy García, Maite Dono, Estíbaliz Espinosa, Javier Gato, María Salgado, Gonzalo Escarpa, y toda esa peña.

Me gusta en Remake (Alfaguara, 2011), y en Carne de píxel. 

No me gusta en Nocilla Experience, ni en Postpoesía. 

Me gusta cuando retoma a los clásicos y los reconvierte en píldoras cargadas de algo muy presente. Remake es un ejemplo de ello, y El hacedor (su cuento de apertura) un destello que me entusiasma.

No me gusta cuando se repite. No hace falta intentar innovar continuamente cuando, lo sabemos, un texto como Mutaciones (en Remake) sabe defenderse por sí solo.

Me gusta su humor: el cuento casi extraterrestre del agujero y el pan. 

No me gustan algunos de sus chistes más débiles. Como los de los últimos poemas en Remake: quizá funcionen en una conversación, en un tweet o en un blog, pero a mí, personalmente, no me pegan en la genial dinámica libro.

Me gusta cuando da su opinión. Cuando se emociona igual que yo me emociono con las cosas que pueden ser interesantes: los nuevos poemarios de alguien joven, los libros de sus cercanos, la música de Eels. 

No me gusta cuando no dice lo que piensa. Cuando no se arriesga a decir: no he leído esto, o bien, no me ha gustado esto, o bien, creo que esto podría ser mejor.

Me gusta cuando no se preocupa por las críticas feroces de Patricio Pron, Martín Lopez Vega y otros escritores.

Me gusta cuando Alberto Olmos o Javier Moreno celebran su poesía.

Me gusta su poesía.

No me gusta tanto su narrativa.

Me gusta su poesía el 90% de las veces.

No me gusta su poesía en Remake. Eso ya lo he dicho.

Me gusta ver qué reacciones causan sus textos, sus ventas, sus camisetas divertidas, sus converses, sus entrevistas, su fama, en definitiva, en la gente, en los anónimos, en todos aquellos que parecen odiarle. Me gusta, decía, porque siento que él hace lo que quiere, lo que le gusta, sin altas pretensiones, sin creerse el mejor, sólo por diversión, y eso es admirable.

No me gusta en qué se ha convertido porque al leer Remake, aunque me mole, siento que escriba lo que escriba nunca va a ir más allá.

A veces me gusta esa idea de "no ir más allá" porque la tomo en su buen sentido: cualquier cosa escrita por Agustín Fernández Mallo ya llevará inevitablemente su marca. Conseguir una voz y una marca propia es muy, muy difícil. Él lo ha hecho. Pase lo que pase con su literatura: ahí tendremos uno de sus grandes logros. Su voz.

A veces no me gusta que la gente se ría de él. Que lo desprecien. ¿Por qué? Cuánta envidia.

Me gusta porque sabe aceptar críticas. Porque es uno de los escritores más educados y buenagente que conozco.

No me gusta que en ocasiones pase por alto cierta poesía más conservadora, clásica o de la experiencia cuando lo que él hace, si no tenemos en cuenta la forma y sí el contenido, también podría ser clásico, conservador o de la experiencia.

Me gusta, siguiendo con el punto anterior, su manera de reformular lo clásico: Agustín Fernández Mallo no habla de otra cosa más allá del amor, de las obsesiones del escritor y de la extrañeza ante este mundo raro en el que vivimos. 

No me gusta su fuerte obsesión por las nuevas tecnologías cuando estas, hace unos años, podrían resultar radicales y novedosas en la literatura. Hoy no. Ya no. Hoy resulta cansino.

Me gusta que muchas de las veces sepa superarlo, como en ese poema de la manzana de Apple. Tan hermoso. Tan acertado.

No me gusta lo estático de sus spoken.

Me gustan sus spoken: la música, su modo de leer.

En definitiva, Agustín Fernández Mallo me gusta. Es un tío legal, como dirían en la tele, en alguna serie de Antena 3. Me gusta porque me entretiene. Porque aunque tenga cosas más flojas: no está mal. Porque se nota que escribe desde el cariño. Desde las ganas de ser  buen Hacedor. Y de, además, Hacerlo bien. 

06 diciembre 2010

A quién quieres más, ¿a mamá o a papá?

Ahora que están de moda las elecciones difíciles y siguiendo con el modelo de Ibrahím Berlín y sus Mis 10 de 2010 me he decidido a escoger diez libros publicados este año. Los diez que más me han gustado o que más me han emocionado, o los que elijo porque sí, y punto. Esto es:
  1. Diario del hombre pálido, Juan Gracia Armendáriz (Demipage)
  2. Verano, J.M. Coetzee (Mondadori)
  3. Excepto yo, Fatena Al-Gurra (El Gaviero Ediciones)
  4. Me incitó el espejo, David Rosenmann (DVD Ediciones)
  5. Dublinesca, Enrique Vila-Matas (Seix Barral)
  6. Antología poética, Félix Francisco Casanova (Demipage)
  7. Los muertos, Jordi Carrión (Mondadori)
  8. Eros, Eloy Fernández Porta (Anagrama)
  9. Corona de flores, Javier Calvo (Mondadori)
  10. También mis ojos, Laura Rosal (El Cangrejo Pistolero)
Me ha costado mucho redactar esta lista porque la mayor parte de las lecturas que he hecho este año no han sido novedades, y si lo han sido, pertenecen a las hornadas de 2008 o 2009. B de Alberto Santamaría o Diario de duelo de Roland Barthes, por ejemplo, se han quedado fuera por escasos meses de diferencia. He tenido otras complicaciones a la hora de elaborarla: Javier Calvo, por ejemplo. Este año he leído Risas enlatadas y Corona de flores y prefiero mil veces Risas enlatadas. Me encanta. Me parece muy divertido y no creo que ese libro deba caer en el olvido. ¿Qué pasa con Vicente Luis Mora? Tiene duros competidores y sigo pensando que es mejor poeta que narrador. ¿Qué pasa con Patricio Pron? Aunque lo aprecio mucho como autor no pienso que El mundo sin las personas... esté a la altura de su anterior novela El comienzo de la primavera, de la cual no me puedo olvidar. Ojalá su próximo libro en Mondadori (creo que es una novela autobiográfica que se publicará a mediados de 2011) me guste tanto como El comienzo de la primavera: entonces Pron sí que será doblemente adorable. ¿Por qué tanta poesía? Porque es mi género preferido. ¿Por qué Laura Rosal? Porque También mis ojos es la ópera prima poética más fuerte del año. ¿Y por qué no está El don de Vorace? Lean los poemas de FFC y lo entenderán. ¿Qué pasa con el ensayo? Pasa que el último de Beatriz Preciado no me pareció tan bueno y que lo mejor de Melusina este año viene de la mano de Lector Mal-herido cuyo librito aún no he terminado de leer. ¿Jordi Carrión? Sí, Jordi Carrión. Mola. ¿Vila-Matas? Soy fan. ¿Y a Eloy, lo entiendes? Máh o menoh. Es duro de digerir, pero me gusta. ¿Coetzee? Buenísimo. ¿Tanta poesía? Sí, extranjera. ¿Diario del hombre pálido? La literatura de la confesión es la que más me gusta. Y es la que Armendáriz practica en este libro. Además habla de la enfermedad, de la literatura de la enfermedad, cita a Bolaño, se mete con el mundo editorial, utiliza la metáfora de una manera excelente y repugna cuando quiere ser repugnante. ¿Y ahora qué? Eso digo yo. Ahora qué. 

17 noviembre 2010

No voy a salir de aquí (o breve resumen de Todo Lo Que Pasó).

Ayer estuvimos en casa de Julio Fuertes viendo vídeos de Youtube hasta las tantas. Perros que hablan. Tropezones en las escaleras mecánicas. Hostias como panes. Me gusta ver esos vídeos, es muy relajante. Me gusta ver esos vídeos tomando cerveza porque me recuerda a mis quince años. Prométeme que a los cuarenta seguiremos haciendo esto, Ibrah.Prométeme que nunca envejeceremos. Llevaba una semana terrible. La resaca de Gijón, las 24 horas con Micah P. Hinson, la Universidad Desierta. No voy a contar nada sobre Gijón. Para eso ya están algunos de nuestros bloggers que lo han hecho con mucho cariño. Alberto Olmos, Popy Blasco, Raúl Minchinela, Dadanoias, María Llopis, Reinohueco, Laura Pérez... o las fotos de Laura Rosal. También hay un hilo en el Focoforo y alguna nota de prensa macabra. No voy a contar nada, decía, porque creo que ya está todo contado y porque ahora toca hablar de otras cosas. El libro de Micah sobre el escritorio. Las botas militares que me compré. La presentación de Poetry is not dead, mañana, a las 8 en Arrebato Libros (con unas palabras de Patricio Pron y música de Julio). El tatuaje del pájaro azul. Etc.
Además, hoy, en la web de DVD han colgado el texto de presentación de Poetry en Almería escrito por Raúl Quinto y acompañado de un par de magníficas imágenes de Betty Blue. Estoy en la biblioteca. Con Ibrah. Esperando que pase la tarde (con miles de textos por escribir). Estoy en la biblioteca. Con ganas de fumar. De escribir. De comerme una palmerita. De hacer cualquier otra cosa. Estoy cansada. No voy a salir de aquí.

11 noviembre 2010

Hoy he sangrado.


 
 
No he deshecho la maleta de Almería y ya nos vamos a Gijón. Al I Encuentro Interestelar de Bloggers en el que desde junio LAboral (mis queridos Iván y Lucía) y yo hemos trabajado tanto. Son algunas las bajas de la lista pero todo sigue como lo planeamos. Mañana saldrá al público la web oficial, creada por Antón Feijoo-Montenegro. Sé que no voy a tener tiempo y sin embargo guardo en la mochila los libros que recientemente he adquirido. La nueva novela de Jimina Sabadú (me está gustando, mucho), la de Micah P. Hinson y el último libro de Amélie Nothomb, Une forme de vie, comprado esta misma tarde en la librería Antonio Machado donde Carlos Pardo y yo nos hemos felicitado el cumpleaños como buenos y tranquilos escorpios que somos. Hoy ha sido un día cansado. He visto a mucha gente. He ido de compras con Nadia. Me he arrancado un trocito de piel de la mano. He sangrado. He sangrado. Y luego he releído a Kendra Grant Malone mientras esperaba a Patricio. Y más tarde he cenado una hamburguesa gigante con Mauro, Borja, Julio, Ibrah y Adriana. No he deshecho la maleta pero tampoco la he hecho. Tengo la frente caliente y sólo pienso en sábanas. No sé por qué cuento esto. Así. Mi vida. Así. Fragmentos elegidos de este día. No sé. También he recibido una especie de premio y le he dejado una pequeña marca de pintalabios a Peio en la mejilla cuando nos hemos despedido, tras una rápida charla, fugaz, frente al Círculo de Bellas Artes. También he dado una calada al puro de Víctor. También. También.Y he visto a Pepo Márquez, nervioso por su concierto.Y he olvidado decir adiós a Alberto después de la presentación. No sé. No sé. No sé. He sangrado. No he deshecho y no he hecho. Pero qué es hacer. Decidme. Qué es hacer.

16 septiembre 2010

Léanme, dice el poeta infinito.

Betty Blue
Eres ignorada,
eres infinita,
como el mundo y yo.
Juan Ramón Jiménez

¿Quién nos iba a decir tras acabar el último examen de Bachiller (fuck you JRJ, fuck you Machado... ¡vete a la tapu damier Alberti!) que volveríamos a leer los poemas de instituto? ¿Te gusta Platero? Pregunta Patricio Pron. ¿Te gusta su pelo suave? Y Juan Ramón ríe desde el cielo y me manda una señal: háhá neni-luna, dile que prefieres su peinado rizado al de cualquier bicho-burro del campo con lomo aterciopelado. Quién me iba a decir que había vida después de un 6'75 en la asignatura que más detestaba. Asignatura donde treinta y seis niños granulados tenían que comentar aquel poema infinito, comentarlo, medirlo estudiarlo, y todos los leían mas nadie lo entendía. Ni yo misma sabía ignorar el mundo. Ni yo misma sabía cuánto infinito... te tenía olvidado, cielo, y no eras más que un vago existir de luz visto -sin nombre- por mis cansados ojos indolentes. Léanme. Dice el poeta muerto. Piensen en mí. Dice la adolescencia muerta. Griten cuánto nos aman a pesar de los años. Dice. Triste. El libro polvoriento. 

12 julio 2010

Estar enfermo (VIII): adorando al pulpo Paul.

Con motivo de la reciente mudanza celebramos una pequeña fiesta: baño de Saw II, salmorejo, vino barato y chuches colombianas. En las fotos faltan algunos de los invitados. Paloma y Chema, y el cubo de rubik, Elena Medel, de celebración también, porque hace unos días agotamos la primera edición de Estar enfermo, o Paul (no el pulpo) y Elena Grimaldi (no la actriz porno). A veces, cuando escribo desde este sofá (aunque el blog lo tenga más abandonado), me olvido de toda enfermedad. Al fondo veo a Ibrahím escribiendo la novela (saldrá en 2011, nervios). En la ventana las vuvuzelas de Miles Davis. Las vecinas del patio aún susurran (y se desmayan, y acaloradas bailan) por Casillas. La cisterna estropeada (vayan ustedes a saber por qué/quién). Los miles de litros de agua al día. Las entrevistas silenciosas para Público. Alejandro Cinque. Eduardo Benavente. El Cojo Manteca. Manolo el del Bombo, muerto por Burguer King. La reciente mudanza. Kidiboo de fresa. Lola Font. Pleonasmo Chief. Bob esponja. La última polaroid... Nada que interese demasiado... pues todo lo sabía de antes el Pulpo Paul.


25 junio 2010

David Foster Wallace ya estaba allí.


Reviso las publicaciones del año pasado. Un blog está para eso. Un blog está para la nostalgia de todo lo que ya no eres. Y a veces te alegras. Y a veces también te da asco. Hace un año estaba en Almería. Hace un año trataba de poner los pies en el suelo. Y compré La niña del pelo raro, y mi obsesión por Animalitos inexpresivos empezó a hacerse fuerte, hasta Exhumación, hasta hoy, hasta la coincidencia de ayer cuando Juan Sebastián Cárdenas nos mencionó que su antiguo blog se llamaba así, como mi obsesión, así, ayer, así. Estábamos en una de las mesas del congreso de Nuevos narradores iberoamericanos en Casa de América cuyo tema principal era la literatura en los blogs. Lo cierto es que el asunto podría resultar una estupidez, o eso pensé cuando algunos de los ponentes se empeñaron en decir que los blogs hacen daño. Que no hay literatura en los blogs. Que no es un medio sano. Que qué se yo. Lo más interesante quizá fue el debate sobre si los blogs cambiaban o no la forma de leer en las personas. Es posible, tampoco lo sé. Mis padres pusieron Internet en casa cuando yo tenía diez años. Desde entonces participaba conversaciones fragmentadas en chats y en messenger y buscaba páginas web en las que leía cosas sobre mis películas o series manga preferidas. A los trece años empecé a leer fotologs, blogs, livejournals, etc. A los catorce me hice uno. Un fotolog. Luego un blog. Luego otro, a los quince, y hasta ahora. Mi relación con la literatura fue parecida, si bien mi padre me regaló La senda del perdedor de Charles Bukowski a los once años, no empezaría a leer otras cosas (fuera de Bukowski, Salinger o Nothomb) hasta los catorce cuando ya llevaba mucho tiempo acostumbrada al formato Internet. (Era la época de Nabokov, Céline, Burroughs, Capote...) La lectura de estos últimos autores no estaba condicionada por la lectura digital. Podía pasarme una hora leyendo los textos de Rebeca Yanke en su fotolog Tribecca y luego volver al papel, sin ningún tipo de complicación lectora. Podía pasarme cientos de minutos hablando por messenger con mis amigos y luego tomar el cuaderno y probar a escribir cuentos sin faltas de ortografía o caracteres malignos y contraídos. Las quejas de Mario Cuenca Sandoval con respecto a los nuevos modos de lectura, siguiendo el ejemplo de sus alumnos de filosofía (adolescentes de bachiller), eran que ya no leemos igual. Ya no nos interesa el texto completo ni la linealidad. Buscamos las palabras clave que nos interesan como si de un buscador de palabras en Word se tratara. Creo sin embargo que la lectura diagonal existe desde siempre y que nosotros mismos la hacemos, día a día, con la prensa, con los pasajes de los libros que menos nos interesan, con nuestras propias obras, con algunos blogs (como ese tan pesado que tiene el fondo rojo y que nadie entiende), etc. Yo no defiendo el blog y lo defiendo al mismo tiempo. Sé que sin el blog no sería capaz de escribir diariamente. Sé que sin el blog no hubiera hecho esto o aquello. Y sé que me quita tiempo pero también me trae cosas nuevas. De hecho sin blog yo no hubiera conocido a Ibrahím Berlín. Sin Ibrahím Berlín no hubiera conocido a Tryno Maldonado (uno de los autores que ayer intervinieron). Sin Ibrahím, tampoco hubiera leído a Patricio Pron y él tampoco hubiera venido a mi blog, en donde yo lo citaba. No hubiera ido ayer a Casa de América ni hubiera visto a Juan Sebastián Cárdenas hablando de Animalitos inexpresivos. No me hubiera acordado del año pasado, cuando Ibrah y yo hacíamos fuerte lo que ahora es esto, esto nuestro. Ni hubiera buscado. Ni hubiera escrito. Ni nada. ¿Y qué sería de todos nosotros entonces? Miro a la estantería. Sé que cuando apague este cacharro y me vaya a Madriz para ver la última sesión del congreso de Nuevos narradores iberoamericanos cogeré el libro de David Foster Wallace y releeré ese relato magnífico. Relato que ya estaba allí. Antes de Cárdenas. Antes de Ibrah o antes de mí. Ese relato maravilloso que me recuerda las penas del verano. Penas almacenadas en un archivo oscuro de blogger.com Porque los blogs sirven para eso, en definitiva, los blogs están construidos de nostalgia, de tiempo pasado, de esa puta alegría o esa mierda que quedó tan atrás.

18 abril 2010

Imágenes cargadas desde el móvil.




Something about us. Daft punk o Roy Orbison. Dormir con el pelo enredado. La alarma. Un domingo. Leo B. Leo Diario de las especies. Leo el único poema que conozco de mi padre. Lo leo y me asusto porque se parece a mi canción favorita. Y me asusto porque se parece a Exhumación. Y me asusto por demasiadas cosas. Tormenta cósmica. Imágenes indescifrables. Domingo. You got it. Pero no es domingo. Pero no es. About us.

26 marzo 2010

Rodrigo Fresán: mi poeta preferido.


Ni Visor, ni Pre-Textos, ni El Gaviero: la mejor editorial de poesía es ahora Mondadori. Es cierto. Lo sé. Lo he leído. Lo he comprendido con algunos de sus últimos títulos como Nueve lunas de Gabriela Wiener, Los muertos de Jordi Carrión, y, especialmente El fondo del cielo de Rodrigo Fresán. Ejemplos de novelas que juegan con la poeticidad del lenguaje narrativo, llevada al extremo en algunos casos. Mi hermana y yo teníamos un juego. En voz alta solíamos decir: Vamos a jugar a la mamá y a la hija. Siempre éramos mamás y siempre éramos mamas de unas hijas. El mundo de la maternidad era un mundo entre mujeres solas. ¿Quién se esconde bajo este fragmento, la Wiener de Sexografías, o la Sharond Olds de Satan says? As soon as my sister and I got out of our mother's house, all we wanted to do was fuck. La figura de la hermana en Olds, en Louise Glück (a quien la propia Wiener cita), una especie de Anne Sexton igualmente enfermiza celebrando un vientre y un útero calientes. Algo parecido ocurre leyendo a Carrión. Algo en Los muertos que recuerda a Promethea (poeta, guerrera, la que vive sólo cuando la imaginamos), a cualquier poema-homenaje a Monelle: Mientras camina, se materializa una niña sobre el charco. No debe tener más de seis años. Está desnuda, y sus retinas, enloquecidas. El pelo se le moja: negro sobre el gris asfalto. Como ese poema de Juan Andrés García Román, niña Monelle, niña de la llanura: eres la niña coronada de velas que hizo de santa Lucía en la función. Luego, estabas en el peluquero. Te cortaba los mechones con cera fundida. Un ejemplo entre muchos. Su voz entre muchos versos que se esconden, que son poesía -pura- a pesar del formato, el autor o el contexto. Y es aquí donde redescubro a Fresán. El único Fresán que yo conocía, el de Mantra y la infancia. Mantra y los niños que desde el cine o la literatura aprenden el mundo que los rodea. Martín Mantra o Ezra son como el pequeño Peter Möhlendorf en Patricio Pron, o el Dylan Edbus de Lethem. Rebeldes. Listos. Precoces. Pero también otro Rodrigo Fresán el que yo ahora leo y que podría resumir en 4:56 minutos, con una sola canción Love theme from Blade Runner. Una historia de amor, la búsqueda de la belleza a través de la obsesión por otros mundos, por otros planetas y galaxias. A través de la Ciencia Ficción. ¿Qué es el cielo? ¿Cuál su fondo? ¿Y dónde? ¿Y quién nos recordará a nosotros, los que encontramos respuesta a los anticiclones, a las estrellas distantes, a las lunas altas? Te encuentres donde te encuentres, cerca o lejos, si puedes leer esto que ahora escribo, por favor, recuerda, recuérdame, recuérdanos así. Un epitafio. Poema de la muerte. Poesía que aparece desde la primera página de este libro de pasta dura: Biblia/Evasión. Su rostro, el de ella, es el resplandor que todo lo ilumina y arrastra. Estrella de la muerte sus facciones. Y entonces la muerte era lo más hermoso que me había sucedido en la vida. La muerte no era una luz al final del túnel. La muerte era el fin de todos los túneles. De nuevo me pregunto la autoría de estos versos que bien podrían compararse a los de José Ángel Valente: Debo morir. Y sin embargo, nada/ muere, porque nada/ tiene fe suficiente/ para morir. Escribe Fresán: el espacio entre este planeta y el otro planeta es lo suficientemente pequeño como para que nosotros podamos observarlos desde nuestro olvidado mundo (y recuerda al “astronauta solo, llorando” de Fangoria). O bien: La chica rara era yo y pronto comprendí que, si voy a suicidarme, no me interesa una muerte pequeña (como si de un sentimiento de Carmen Jodra en Las moras agraces se tratara). O bien: no olvides nunca. Ha llegado el momento de recordar para siempre. Míranos. O bien: Fuego amigable, me dicen. Fuego amigo. Fuego que es el mejor amigo que jamás haya tenido, amigo. Fuego, que cuando se te mete en el cuerpo te hace sentir un frío como jamás has sentido... Rodrigo Fresán es mi poeta favorito. Mi poeta que quiere ser narrador y quiere ser replicante y quiere ser astronauta. Because de sky was pink. Porque el espacio vacío es la mejor excusa para imaginar una novela, y describir el cielo es el primer propósito de cualquier hacedor de versos. The sky was pink. The poetry was punk. Rodrigo Fresán es mi poeta favorito.