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10 mayo 2016

Marzo-Abril 2016: mis 6 lecturas preferidas.


Un virus extraño que convierte nuestros sueños en paseos infinitos por los tejados de la ciudad —paseos que, en realidad, son un pretexto para el amor—. 
Un amor por el alcohol, un amor infinito por el alcohol: no os confundáis, no hablo de Bukowski sino de las dulces borracheras de Amélie Nothomb. 
Dulzura y cariño hacia los gatos. 
O gatos muertos en un riachuelo de una aldea japonesa, donde los huérfanos piden un poco de diversión. 
¿A quién le importa un gato muerto? ¿A quién le importa un cerdo, una vaca, un ratón? 
¿Y a quién le importa una adolescente que se tira desde lo alto de un edificio? 
¿Quizá habría sobrevivido si alguien la hubiera contagiado antes con el virus de los paseantes de sueños?
Ay,
no sé.
Marzo fue el mes del peso. El peso pesado y las patadas nocturnas.
Ay,
tampoco sé.
Abril fue el mes de Ulises. Mes suave. Mes increíble. Mes mi bebé nuestro bebé el bebé.
Ay,
hace 2 meses que apenas duermo, y las lecturas se me mezclan en la cabeza, como una sinopsis delirante, enorme.
Los niños locos de Taiyo Matsumoto en Sunny (ECC), el nuevo asesinato de Amélie Nothomb en Pétronille (Anagrama), la intriga y la ternura de Zidrou en El paseo de los sueños (Norma Cómics), el respeto a todas las especies de Franz-Oliver Giesbert en Un animal es una persona (Alfaguara), el duelo ebrio de Ben Brooks en Hurra (Blackie Books) o el amor por esos seres peludos que son los gatos de Charles Bukowski en Gatos (Visor).
Ay.
Perdonad que no diga más.
Llevo tres horas tratando de escribir estas líneas.
Me tengo que ir.
Bebé me reclama. 

01 marzo 2016

Enero-Febrero 2016: mis 6 lecturas preferidas.


Dos novelas que son, en realidad, un homenaje a otros dos novelistas que me impresionan: así fueron mis lecturas —link a PlayGround va— de Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder (Anagrama) y Cada noche, cadanoche, de Lola López Mondéjar (Siruela). 



En la primera, el guapo de Frédéric narra una historia de amor espinosa que, a su parecer, configuraría el corazón oscuro y dolorido del autor de El guardián entre el centeno. Creo que lo más bruto de este libro son sus reflexiones sobre la vejez, y sobre cómo el hombre —el macho, no el hombre como ser humano en general— necesita mantener relaciones sexuales con cuerpos más jóvenes que el suyo para sentir que sobrevive.



De relaciones sexuales entre hombres mayores y chicas jóvenes también va la novela de López Mondéjar, basada en Lolita, y con un punto de vista bastante polémico de la gran obra de Vladimir Nabokov. En estas páginas lo que encontramos es a la hija imaginaria de Dolores Haze, quien decide vengarse del pedófilo que acosó y maltrató a su madre cuando esta era una adolescente. ¿Puede un tema como la pedofilia ser bello? Esa es una de las preguntas que nos come la cabeza cuando leemos Cada noche, cada noche.



Plagado de referencias literarias, también, está el libro Apuntes sobre el suicidio (Alpha Decay), un brevísimo ensayo que nos pasea por la literatura, el arte y sus suicidas, desde David Foster Wallace hasta Edouard Levé, pasando por algunas voces clásicas como la de Sylvia Plath o Albert Camus. Para los seguidores de esos autores, y también para los que encuentran en el suicidio y en la enfermedad un tema más mágico que doloroso, este libro es imprescindible.



Y de la enfermedad de la literatura, pasamos a las enfermedades reales, o quizá a las enfermedades no reales, como es el caso de las que narra Suzanne O’Sullivan en Todo está en tu cabeza. Aquí la neuróloga explica algunos casos curiosísimos de enfermedades psicosomáticas, y cómo a veces el cuerpo reacciona de manera negativa a cosas que sólo están en nuestro recuerdo, en nuestro miedo, en nuestra manera de ser. Todo está en tu cabeza —ah, esto es lo que también escribí enPlayGround— es un libro para los que no tienen miedo de mirarse el cerebro, masajeárselo. Un libro para los que saben que por muy locos que parezcan, no lo están.



Quizá un tratamiento parecido a los que recomienda Sullivan le vendría bien al protagonista de Las flores del mal, vol 8. Este es uno de mis mangas preferidos, no sólo por la obvia referencia a Charles Baudelaire sino porque trata el tema del desasosiego adolescente de una manera bellísima, a través de la oscuridad, de la poesía, y del sexo. En este volumen, el mangaka Shuzo Oshimi nos vuelve a traer a un Kasuga enamoradizo y peligroso. Después de un volumen 7 un poco aburrido, aquí la literatura y el peligro vuelven a latir.



Y por último, sin salir de Japón, uno de los poemarios más especiales que he leído en lo que va de año: Poema a tres voces de Minase. Renga., de Socho, Sogi y Sohaku (Sexto Piso), un clásico de la poesía nipona, absolutamente delicado. Un libro que es casi un objeto o tesoro, en cuyas páginas la naturaleza, el recuerdo y la memoria brillan —perdonad la cursilería de lo que sigue— como insectos veraniegos.




Quienes seguís este blog sabéis que cada vez publico menos, y que en 2016 eliminé la sección de lecturas, porque me saturaba y porque muchas las olvidaba y otras que ponía al final las dejaba a la mitad. El trabajo y la maternidad, y algunos proyectos literarios no me dejan respirar mucho más, por eso he decidido que mensual o bimensualmente iré haciendo recuento de mis lecturas preferidas, para todos los que seguís buscando en esta página un pequeño refugio en el que descubrir cosas chulas.

(Emoji de una florecilla y emoji de un corazón)

19 diciembre 2015

Mis libros preferidos de 2015.


Como cada año hago un balance de mis libros preferidos publicados en 2015, y me doy cuenta de que son muchos, y también de que la mayoría los he leído por trabajo. Pero cuando el trabajo es placer, poco importa que se llame trabajo. 

Poesía
1. The collected poems of Chika Sagawa, de Chika Sagawa (Canarium Books)
2. El libro de la danza, de Gonçalo M. Tavares (Kriller71 Ediciones)
3. Eso, de Inger Christensen (Sexto Piso)
4. Beat Attitude, las mujeres de la Generación Beat, ed. de Annalisa Marí (Bartleby)
5. La edad de merecer,de Berta García Faet (La Bella Varsovia)

Narrativa
1. Sumisión, de Michel Houellebecq (Anagrama)
2. La débil mental, de Ariana Harwicz (Mardulce)
3. El cielo oblicuo,de Belén García Abia (Errata Naturae)
4. The Motion, de Lucy K. Shaw (421 Atlanta)
5. Modelos animales,de Aixa de la Cruz (Salto de página)

No ficción
1. La mujer de pie,de Chantal Maillard (Galaxia Gutenberg)
2. Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés (Siruela)
3. De pronto mi cuerpo,de Eve Ensler (Capitán Swing)
4. Maternidadessubversivas, de María Llopis (Txalaparta)
5. La llamada perdida, de Gabriela Wiener (Malpaso)

Cómic e ilustrados
1. Cruzando el bosque, de Emily Carroll (Sapristi)
2. Buenas noches,Punpun, de Inio Asano (Norma)
3. El niño que dibujaba sirenas, de Javier Sobrino y Carole Hénaff (La Fragatina)
4. Rosalie Blum, de Camille Jourdy (La Cúpula)
5. El diario gatuno de Junji Ito, de Junji Ito (Tomodomo)

Mirando estos libros de 2015 me doy cuenta de dos cosas: de que la mayoría son mujeres, y de que este año he leído más ensayo, crónica y cómic que nunca, aunque también tengo algo abandonada la novela. 

Una cosa de la que no me quiero olvidar es de algunos libros de El Gaviero Ediciones que aprecio muchísimo y que si no hubiera tenido el placer de editar seguramente habría incluido en la lista: Post coño, de Gabby Bess y Siamesa, de María Ramos. 

Por último quiero agradecer a Milky Way Ediciones y a Ediciones de oriente y el mediterráneo su increíble trabajo (creo que me he dejado el sueldo en estas editoriales, definitivamente). Libros como La chica a la orilla del mar, de Inio Asano, o como Nuevo nacimiento, de Forugh Frarrojzad han sido mis lecturas más preciadas, aunque pertenezcan a catálogos de otros años. 

Gracias a todos por seguirme por aquí, o a diario en mis artículos de PlayGround o en otras redes sociales que lleno cada día con mis tontadas.

Qué ganas de 2016. Van a pasar cosas emocionantes. Estoy segura.



(Por cierto, hoy colaboro en Babelia haciendo una micro-reseña 
de La mujer de pie, de Chantal Maillard, para su lista de mejores libros del año.

28 diciembre 2013

De juventud, primeros libros y otras bestias.

Teníamos
caballos blancos para destruir
caballos rojos para el miedo
azules para el frío
verdes para el arrepentimiento
y tan solo un par de horas
hasta amanecer.
Emily Roberts

Los poetas jóvenes españoles que más me interesan son aquellos que con sus primeros libros (o incluso plaquettes, o incluso blogs) logran conquistas. La conquista de una temática, la conquista de una estética, la conquista de un discurso, la conquista de una voz... Se suele decir que no podemos pedir mucho a un primer libro (y menos si la edad con la que el autor lo publicó se comprende entre los 18 y los 25 años), pero yo creo que sí. Que debemos hacerlo. Es nuestra obligación como lectores de poesía y también, incluso, como compañeros de obsesión.

Desde la publicación de Tenían veinte años y estaban locos hasta la fecha han pasado muchas cosas. Han salido a la luz muchos libros y antologías de autores nacidos entre 1980 y 1995, y se ha establecido una plataforma muy interesante y variada de interesados en el género. De los aparecidos en la antología, me han interesado especialmente los caminos que han tomado firmas como las de Unai Velasco, Berta García Faet, Alberto Acerete, David Leo García y Ruth Llana. Sus voces sólidas han construido libros con una forma y contenido muy especiales. De quienes por distintos motivos no aparecieron en aquel libro, mis favoritos son Elena Medel, Layla Martínez, Elise Plain, y Pablo Fidalgo Lareo, pues al igual que los citados anteriormente, me parece que logran diferenciarse del resto, y proponer unas estéticas reconocibles y potentes.

Siempre me pregunto cómo sería aquella inocente y juvenil antología si tuviéramos que configurarla ahora mismo. Qué nombres seguirían aquí. Qué nombres desaparecerían (por el simple hecho de que en pocos años han dejado de escribir o se han dedicado a otros campos). Qué nuevas propuestas han nacido (se me ocurren voces que me asombran, como las de Guillermo Morales Sillas, Ángela Segovia, Arturo Sánchez, C.L. Andrada; voces que me prometen, como las de Sandra Martínez, Aitor Francos, Cristian Piné, Sara Torres, Rosa Berbel; o voces que normalmente me han sido más ajenas pero que encuentro interesantes y representativas, como las de Jorge Heras, Adriana Bañares). Siempre me pregunto cómo habría sido la selección ahora, decía. Ahora que mi gusto quizá esté más definido. Ahora que el panorama es más amplio y creciente. Ahora que muchos seguimos teniendo veinte años, pero nos sentimos menos locos y más cansados.

Es muy difícil conquistar algo. Es muy difícil que un primer libro (o una plaquette, o un blog) conquiste algo. Pero si os he contado todo este rollo previo es porque creo que en Animal de huida, la joven escritora Emily Roberts ha alcanzado algo bueno. Emily Roberts nació en Ávila en 1991. Ha publicado varios relatos y poemas en antologías, revistas y demás. Conmigo ha colaborado en varios proyectos, como Tenían veinte años y estaban locos, la versión digital de Sangrantes y la traducción de Kendra Grant Malone en Vomit. Hace poco publicó su primera novelita, que no me gustó demasiado porque se le veían las costuras, y me pareció un tanto cursi. Luego leí relatos suyos inéditos y sí me molaron más. Siempre he pensado que es muy buena lectora (Alice Munro, Juan Benet, Anne Carson, Andrés Barba, Dorothea Lasky...), y que si se dejara llevar un poco más (su literatura me parecía escrita para complacer al profesor de un taller de escritura) sus textos lograrían ser más interesantes.

En cuanto a la poesía de Emily Roberts, tres cuartos de lo mismo. Desde el principio he visto algo ahí que me llamaba a leerla y a apoyarla, pero también me parecía que en ocasiones se movía por modas, e incluso hace años llegué a mandarle un email algo crítico para aconsejarle (como lectora) que dejara de imitar lo que en ese momento hacían otras tantas blogueras. Creo que los referentes nunca han de ser tan cercanos. Que las conquistas han de ser propias. De nuevo, si se dejara llevar, lograría algo más interesante, tanto para ella misma, como para quienes la leemos.

Sin embargo, Animal de huida me ha parecido un paso firme. Al contrario que otras poetas nacidas de la blogosfera y cuyas propuestas, por el momento, no me parecen nada originales (copias de copias, bosques demasiado cursis, enfermedades demasiado fingidas, pizarniks y plaths demasiado evidentes, sexos muy loquetes), Emily Roberts ha logrado dar un paso más allá, y con ese paso, varias conquistas. Si bien el estilo aún es despreocupado con la forma y muy cercano a la escritura automática de un blog, temáticamente ha hecho suyos la ternura de la infancia, la literatura como forma de amar y, sobre todo, el hecho de sentirse extranjero. En Animal de huida, el poeta no tiene hogar, porque todos los hogares son posibles. No tiene madre, porque todas las madres son posibles. No tiene amante, porque todos los amantes son posibles. Emily Roberts es sinónimo de transporte. Su poesía es la poesía del viaje y de la ciudad abandonada.

Un primer libro de poemas con sabor a primer libro de poemas, su interior contiene cuatro íes que lo delatan: inocencia, infancia, indagación, inquietud, pero también está repleto de versos muy bellos (Me encontró en la selva. Quería trazar un mapa. Quería domar una fiera. Llevármela a casa. Me encontró aprendiendo cómo acariciar), reflexiones ingeniosas (Ahora el amor es un género/ de serie B/ que me invento/ cuando no puedo estar contigo), grandes verdades (El resultado de haber leído solo fue/ sed/ e insatisfacción) y anotaciones tremendas (Imagina morir si lo dices en voz alta).

Animal de huida es ese tránsito, esa espina que hay que quitarse para seguir creciendo. Para seguir escribiendo más y mejor. La primera parte es Holanda, y está compuesta por una sucesión de poemas que nos llevan desde el nacimiento del poeta (o bestia) hasta el momento en el que este se da cuenta de que después de tantos años “queriendo ser libre”, el mundo que ahora se presenta ante sus ojos es extenso y terrible. Sólo contando rasguños, penas y fracasos, sólo superándolos, el poeta o bestia logrará cruzar la frontera entre lo cálido de su pasado y el frío presente. Después de Holanda, viene un pequeño apartado titulado Ritos. Desafortunadamente este apartado rompe con el ritmo de las anteriores sesenta páginas, es redundante en la temática y contiene poemas algo ñoños. Pienso que estos cinco poemas de Ritos sobran y que el libro habría acabado de una manera brillante con los versos de la página 59: Y cuando el animal quedó libre, dejó de correr. 

Es mi obligación como lectora de poesía y compañera de obsesión decir todas estas cosas, las buenas y las malas, del primer libro de poemas de Emily Roberts, aunque siempre es complicado hablar de la obra de un contemporáneo. Sobre todo cuando tiene tu edad, cuando los dos os veis en la misma situación, cuando los dos tratáis de hacer lo mejor con vuestras respectivas letras... Me hace mucha ilusión que Emily haya publicado este libro, y sobre todo me hace ilusión pensar en qué podrá escribir después de Animal de huida. Una vez hechas las primeras conquistas creo que es más difícil equivocarse, o dar pasos en falso. 

Hace unos días escribí un post para Barcelonés en el que recomendaba algunos debuts literarios de este año. Sin duda, el de Emily Roberts está en esta lista de bonitas sorpresas. Así que si tú eres lector de poesía y quieres saber qué fue de Tenían veinte años y estaban locos, o cuáles son las voces que están emergiendo poco a poco en nuestro panorama, cómprate Animal de huida, y cómprate Ellos son mejores, y cómprate En este lugar, y cómprate El libro de la crueldad, y cómprate 72 demonios, y cómprate Pan para la princesa, y cómprate La educación física, y cómprate, cómprate, por favor, compra y lee poesía. 

11 diciembre 2013

Mis diez libros favoritos de 2013, y algo más.

Aún quedan días para que acabe el año, pero yo estoy deseando cambiar de fecha desde hace mucho tiempo. 2013 ha estado lleno de buenas noticias (los viajes a Londres y Sibiu, la mejor salud de mi madre, el nacimiento de Grétel, las cenas en casa de Mai, la llegada de Yummy a casa, la publicación  y segunda edición de La tumba del marinero, el nuevo trabajo de Ibrah, el éxito de VOMIT, la participación en la nueva edición de Cartas de cumpleaños, haber dejado de fumar, lo que aprendí junto a Silvia Querini, las cervezas con Sylvia & Ted, el trabajo junto a Jacob, Jesús y Marisa, la meditación, mis libros nuevos de cocina, la publicación en China, la publicación en Argentina, Orange is the new black, la colección de botellas de vino bonitas anunciado un año lleno de noches especiales con Ibrah, con quien pronto cumpliré cinco años de relación, el nuevo tatuaje hecho por Leticia, el Oddland, etcétera). Pero también de cosas malas (la hospitalización eterna de mi abuela, la muerte de Drac, la enfermedad de Delhi, mi desencanto intermitente con el mundillo literario, la cancelación del viaje a Nueva York -hasta nuevo aviso, quizá febrero-, la confirmación de que mis manchas en la piel seguirán creciendo, y creciendo, y creciendo, haberme cortado el pelo -echo de menos la melena-, no haber pisado Madrid en seis meses, el robo en la calle Elisabeths, la falta de dinero en momentos terribles, el agobio a la hora de no poder llevar a cabo proyectos bonitos, el no haber podido casarnos todavía, el anónimo a quien tuve que denunciar a la Policía, etcétera).

Aún quedan días para que se acabe el año, decía, pero me apetece compartir ya con todos vosotros las que creo que han sido mis lecturas preferidas de entre lo publicado en 2013, no sólo en España, sino también de entre las novedades editoriales que he podido leer del extranjero. Y bien:

1. La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides (Anagrama): 
2. Poesía completa, de Anne Sexton (Linteo)
4. Taipei, de Tao Lin (Vintage)
5. Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné (Literatura Mondadori)
6. ¿Cómo debería ser una persona?, de Sheila Heti (Alpha Decay)
7. [Imperia], de Daniela Camacho (El perro y la rana)
8. La materia oscura, de Florian Werner (Tusquets)
9. La colmena, de Charles Burns (Reservoir Books)
10. Alone with other people, de Gabby Bess (CCM)

Libros, todos, repletos de amor, de dudas, de enfermedad, de vísceras, de sexo, de juventud, de lucha por la vida, de drogas, de mucho futuro. Libros que han destacado un lugar importante en mi corazón y en mi imaginario, y que me han ayudado a escribir, a tener ideas y a compartir. Aunque esos son los diez más importantes para mí, me dejo otros tantos en el tintero que no quisiera dejar de mencionar: Comí, de Martín Caparrós, Mi vida sin Julio Verne, de Sonia Fides, Virus tropical, de Power Paola, Ebrio de enfermedad, de Anatole Broyard, Así es como la pierdes, de Junot Díaz, o Mi vida querida, de Alice Munro. 

Y más allá, mucho más allá de las novedades, sé que este año no hubiera sido lo mismo sin tres libros, o más bien, tres figuras de la poesía que me han acompañado y arañado prácticamente cada día: Max Blecher (desde que Nerea me lo regalara hasta que Vlad, Catalina y Rita me lo recitaran en Sibiu), Joyce Mansour (la madre de mis estómagos) y por supuesto el gran Gary Snyder (maestro, en todos los sentidos, él me ayuda a liberar mi mente, a vaciar mi mente, a limpiar mi mente hasta que ya no queda mente, sólo aire).

Eso es todo por el momento. Gracias, Max. Gracias, Instagram. Gracias, restaurantes veganos. Gracias, Miley Cirus. Gracias, Sylvia. Gracias, lectores. Gracias, Kölch. Gracias, Walter White. 

Seguimos por aquí. 

13 noviembre 2013

Comer (2): ñom es el nuevo yummy, y otras historias.

Hace un tiempo me propuse comenzar un "diario de comida" en este blog, pero entre unas cosas y otras no pasé del primer post (pido disculpas, ay). La crítica gastronómica es un género que me queda grande por todo lo que desde aquel momento fui descubriendo, de ahí que aún no me haya animado a seguir, a pesar de que en mi Instagram o en mi cuenta de Foodspotting las imágenes y los comentarios sigan surgiendo; o incluso de que algunos de vosotros me comentarais que después de Comer (1): el tamaño satisface, descubristeis una nueva y genial hamburguesería.¿Sabéis que no he vuelto a ese sitio desde entonces?

En las últimas semanas, sin embargo, he vuelto a escribir bastante a propósito de la comida que como, de la que no como, de la que me gusta o no me gusta comer y de la que os recomiendo. También he leído mucho. Y he cocinado mucho. Y he hablado con verdaderos profesionales del tema, que me han ayudado a entender mejor la verdadera dimensión de los alimentos y sus sabores. Libros como Saber comer, de Michael Pollan (Debate), o Gastropoesía, editado por La Bella Varsovia. Libros de Martín Caparrós, de Mónica Escudero, de Mikel López Iturriaga... Con todo, hace dos sábados publiqué en S Moda una columna (puede leerse aquí) a propósito de las "sectas de la comida", un texto sobre aquellas veces en las que nos volvemos un poco locos al elegir nuestras dietas; y hoy, en PlayGround, firmo un artículo bastante largo en el que trato este tema y muchos más. Aquí os dejo los primeros párrafos, y os invito, si os apetece, a leerlo:

***
Regla uno: 
Comer comida
Michael Pollan

Comer mola
Todo comienza en 2006. Cory Kennedy, la entonces musa adolescente de Cobra Snake, pulsa el play de su discman y el tema “Keep Your Hands of my Girl” de Good Charlote aparece en el YouTube mal grabado de Nylon Mag. Cory mueve la cabeza, el pelo, los hombros y la mandíbula. Cory mola mucho porque baila mientras come; come mientras baila; se retuerce de placer mientras arrastra algo que parece salsa, o hummus, o qué se yo, con un trozo de pita tostada. A decir por el aspecto del plato, cualquiera lo consideraría asqueroso, pero su esfuerzo por regalarnos hipnóticos movimientos punk con la boca llena acaba por hacernos desear cualquiera de los productos que pudiera haber en su bandeja.

Todo empieza en esa época, porque nosotros, como Kennedy, tenemos quince o veinte años, y aprendemos entonces que la comida es una cosa guay, divertida y puramente estética que definirá nuestra manera de ver el mundo. O lo que es más importante, la manera en que el mundo nos verá a nosotros: mucho cuidado a partir de ahora con qué elegimos en el comedor. Mucha atención a cómo mordemos la manzana, el plátano, el pico del pan… Practicamos con nuestras pequeñas cámaras digitales tan de Carrefour 2005 la manera en que dentro de seis años subiremos a Instagram las fotos de nuestros menús. La comida, intuimos, lo es todo. Nos da la vida. Nos construye.

10 septiembre 2013

Lara Moreno: «El amor se deteriora, pero sólo porque nosotros nos deterioramos.»

Algunas cosas quedan
seguimos siendo jóvenes para según qué nostalgias
Lara Moreno

Hoy he pasado unas horas con Lara Moreno, vieja conocida con la que he compartido fiestas madrileñas, tardes de presentación en la capital, e incluso dulces mojitos cabogateros en un chiringuito alejado del mundo. Tan alejado del mundo como ese escenario que ahora ella retrata en Por si se va la luz, su primera novela, publicada recientemente en Lumen, una historia sobre cómo sobrevivir a lo terrible del mundo y, sobre todo, cómo sobrevivir a nosotros mismos. Hemos hablado de sangre y de sudor (su lenguaje es poético y sórdido a la vez), de generaciones literarias (esos escritores que están en boca de todos, y esos otros, que viven aislados), de su amor por Virginia Woolf (sin Las olas, me dice, Por si se va la luz hubiera sido imposible de concebir), de lo que significa para nosotras el amor (ese hilo extraño, también, que une a dos de sus protagonistas), o incluso de dar biberones... Para los que no la conozcáis, os recomiendo seguir su pista. Todo lo que irradia es lúcido y encantador. 

08 agosto 2013

¿Por qué cuando Vice, Playground o Disorder se ponen a hablar de libros lo hacen mejor que las webs de literatura?

Últimamente me aburro mucho, y no porque esté de vacaciones (que no lo estoy, o sí, sí... ya no lo sé) sino porque todo lo que leo sobre libros y "cultura" me hace bostezas infinitamente. Sin embargo, aquí os dejo unos links de algunas publicaciones que sí me alegran los días de calor, porque cuando hablan de literatura lo hacen sin corsé, con gracia, y con mucha sangre:

-Semana de la Literatura en Vice.es: ver y leer a Power Paola, Samanta Schweblin, Javier Salas y todo lo que nos prometen para la semana próxima. Qué ganas tengo. 
-Ficción rara en Playground: aquel mes de la poesía que convertimos en el mes de la ficción más rara y divertida del planeta.
-Joven & Alocada en Disorder.cl: una revista que he descubierto recientemente en donde la gente de Alt Lit o valores como Camila Gutiérrez se pasean libremente. Un lugar perfecto, además, para aprender jerga chilena.
-Los artículos de Blake Butler en Vice.com: desde sus reseñas de hamburguesas hasta sus columnas literarias, una maravilla.
-Sheila Heti en Thought Catalog: dando valiosas lecciones sobre la (no) vida nocturna.
-Las recomendaciones en The L Magazine: todos y cada uno de estos libros resultan atractivos.
-Y por último, las listas estúpidas de Flavorwire: como esta de fotos de señores barbudos que podrían ser Ernest Hemingway.

Bien. 
Seguimos. 

31 julio 2013

Alone with Gabby Bess... o bien: puedo llorar viendo porno.


***

No me toméis por una loca cuando diga que este verso: «Hahaha, am I alone here?» es el que mejor resume el fantástico primer libro de Gabby Bess, porque es cierto. Durante todas las páginas que componen Alone with other people, la autora consigue lanzar al mundo una risa sana, inteligente y reivindicativa. Una risa sobre la fortaleza de la mujer, de la juventud y de la poesía. Cuando Gabby dice hahaha, despliega también ante nuestros ojos una serie de textos que encuentran primero la belleza de lo cotidiano, más tarde lo universal de su intimidad y por último (y lo más importante) esa sensación de que con este libro nunca, jamás, volveremos a sentirnos solos.  

26 julio 2013

Seal of approval: mis libros preferidos del primer semestre de 2013 y por qué deberíais leerlos.



Se acaba julio y parece que los lectores, los adictos y los coleccionistas de libros ya tenemos todos nuestros sentidos puestos en lo que será la alocada y nerviosa rentrée. Los grandes títulos del horizonte me llevan entonces a acordarme y a querer ordenar aquellos más me han gustado hasta la fecha, publicados dentro y fuera de España, y que más abajo señalo (el orden es aleatorio), reivindico y recomiendo:

-La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides (Anagrama), por ser un retrato fiel del amor post-universitario, de las relaciones complicadísimas y de la locura. La mejor novela del año hasta la fecha.
-Un cuarto propio, de Virginia Woolf (Lumen), por ser una edición tan cuidada de uno de esos libros que a todos nos "cambiaron la vida".
-Poesía completa, de Anne Sexton (Linteo), por ser la primera vez que podemos leer a Anne Sexton de principio a fin. Una batalla ganada. Un volumen esencial en toda biblioteca.
-Así es como la pierdes, de Junot Díaz (Literatura Mondadori), por ser tan divertida, cruda y real. Por ser tan masculina y al mismo tiempo tan crítica con la masculinidad más desagradable.
-Como el ciervo huiste, de Iago Fernández (Delirio), por ser Iago Fernández el único narrador interesante, potente y prometedor nacido a partir de 1990 en este país. 
-Taipei, de Tao Lin (Vintage), por ser la mejor novela de uno de los autores más importantes de mi generación a nivel internacional.
-Todo ajeno, de Natalia Litvinova (Vaso Roto), por ser la gota que colma el vaso de la belleza poética que genera la autora. Y porque la fuerza de su voz ya es un hecho más allá de sus fronteras. 
-Una rubia imponente, de Dorothy Parker (Nórdica), por ser el libro que nos enseñó a ser mujeres más fuertes y más listas. Y porque la edición de Nórdica es una pasada.
-Alone with other people, de Gabby Bess (CCM), por ser una de las autoras que más me interesan del panorama de la Alt Lit. Su poesía es diferente, madura, feminista, social. 
-Virus tropical, de Power Paola (Reservoir Books), por ser tan real, tan loca. Gracias a ella afiancé mi interés por el cómic.
-La materia oscura, de Florian Werner (Tusquets), por ser uno de los ensayos más divertidos e instructivos (sí, sobre la mierda) que he leído en mi vida. 
-Cómo debería ser una persona, de Sheila Heti (Alpha Decay), por ser una lección de amistad, un artefacto narrativo tan original y una confirmación de la autora como uno de los valores más atractivos de la narrativa en inglés. 

***