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19 enero 2014

Oxígeno, pero no aire.

Amar = la sensación intensa de estar en forma
Como oxígeno puro (a diferencia del aire)
Susan Sontag

Aplica tu sanidad. Tu santidad de pieles marrones. Entiende: has vuelto a la noche y en la noche te quedarás. Aplica tu indiferencia. Tu rosto rojísimo, qué vergüenza. Entiende: has vuelto al cansancio, y en el cansancio (para siempre) te quedarás. 

08 julio 2013

5 libros sobre la enfermedad que deberías tener en tu biblioteca.



Últimamente bastantes lectores me habéis escrito por privado preguntándome por el tema de la literatura y la enfermedad (a raíz de las lecturas de La tumba del marinero y también de aquel post sobre Isla Correyero y su enorme poemario Diario de una enfermera), de modo que he decidido elaborar esta mini lista con los 5 títulos que considero esenciales en mi biblioteca a propósito de este tema. Sé que faltan los libros de cabecera (que si Mann, que si Sontag, que si Galeno, que si Broyard...), pero esos ya los conocemos todos y son títulos que saltan a la vista no sólo en las mesas de novedades sino también en toda buena bibliografía. Los que aquí selecciono son mis tesoros personales. Algunos de ellos marcaron un antes y un después no sólo en mis lecturas, sino también en mi escritura (o en mi enfermedad). Aquí os los dejo. Si hacéis click en cada uno veréis la razón:

1. Estar enfermo, de Virginia Woolf
2. El libro de Monelle, de Marcel Schwob
3. El emperador de todos los males, de Siddharta Mukherjee
4. Aprender a rezar en la era de la técnica, de Gonçalo M. Tavares
5. No sé de ningún mundo mejor, de Ingeborg Bachmann


Buenas noches.

14 abril 2013

Poetas pacientes (o viceversa).

Efectivamente Ebrio de enfermedad es una joya para los amantes de este tipo de "literatura enferma". Quizá lo que más me ha gustado es esa parte en la que el autor pide al médico que introduzca la literatura en su formación e incluso en sus tratamientos. Anatole Broyard dice que todo enfermo guarda un poeta dentro, y también señala que es al médico al que le corresponde desarrollar esta faceta de su paciente. 

Decía que esta reflexión me gustó, o bueno, más bien me emocionó, porque me acordé de aquellos posts que escribí durante el último verano a propósito de lo que tenían en común Siddartha Mukherjee y el oncólogo de mi madre, ambos grandísimos lectores; y también de mi desacuerdo ante aquella sentencia de Sontag, para quien poesía y cáncer nunca podrían estar unidos. 

Puede que haya quien no esté de acuerdo con eso de que la literatura nos hace mejores personas... sin embargo yo sí soy de las que piensan que libros como este son necesarios... porque nos curan. 

Por eso quiero un médico con sensibilidad. Y eso parece un oxímoron, una contradicción en los términos. Un médico es un hombre de ciencia. Imagínese cómo sería tener por médico a Chéjov, que era médico. Imagínese tener por médico a William Carlos Williams, que era poeta, o a Walker Percy, que es novelista. Imagínese cómo sería tener por médico a Rabelais, que era médico. ¡Dos mío, vaya si podría hacer magia con él!
A. B.

12 abril 2013

La moda y la #enfermedad.

Richard Tennant Cooper
Esta mañana he recibido Ebrio de enfermedad, de Anatole Broyard y no he podido evitar comenzar a leerlo en el mismo ascensor, después de sacarlo del buzón y abrir el paquete temblorosa. Tenía mis dudas sobre si este librito confesional me enamoraría o no porque desde hace un tiempo ando saturada de lecturas que se acercan a este tema. Si bien "lo enfermo" es algo que me ha llamado la atención desde el primer momento en que comencé a buscar hacia dónde orientar mi biblioteca (y también mi escritura), en los últimos meses he sentido que las mesas de novedades de nuestro país se llenaban de este hashtag literario, conformando una especie de  canto coral o apología del dolor a veces incomprensibles. 

Por suerte, y por lo que he podido leer en la últimas horas, Ebrio de enfermedad se aleja de cualquier "moda de la lamentación" y se convierte en uno de esos libros que uno agradece tener en las manos. Si bien es cierto que fragmentos como "Hacia una literatura de la enfermedad" nos pueden resultar demasiado cercanos si ya hemos leído textos como El emperador de todos los males o clásicos del tema como La enfermedad y sus metáforas, hay en la escritura de Broyard algo profundamente hipnótico, quizá por su lirismo crudo, que nos invita a seguir leyendo aunque ya intuyamos hacia dónde puede llevarnos. 

La historia de Broyard comienza como muchas otras: Juan Gracia Armendáriz, Susan Sontag, Melanie Thernstrom... O bien: un cuerpo que contrae una enfermedad y que decide combatirla desde la Literatura, no sin antes probarla, degustarla, leerla en otros, preguntarse ¿¿¿¿por qué???? o incluso a veces amarla (lo queramos o no, es nuestra inseparable acompañante, y eso marca). La historia de Broyard, decía, comienza como cualquier otra historia, pero también está narrada como nunca. Me encanta la crudeza, la sinceridad. Aún me quedan algunas páginas para terminarlo, pero me alegro de sólo con las dos primeras y fantásticas partes todos mis reparos se hayan quedado a un lado.

Lo que más "detesto" de Ebrio de enfermedad es las ganas de leer más y más que acaba provocando. En la mesilla avanzaba lentamente El fin de la enfermedad, de David B. Agus (Ariel, 2011), y de la estantería acabo de desempolvar dos libros en los que no puedo dejar de pensar: El sentido de la enfermedad, de Shinoda Bolen (Kairós, 2009) e Historia cultural del dolor, de Javier Moscoso (Taurus, 2011). Si os fijáis, todos están concebidos como ensayos o incluso como manuales de autoayuda y han proliferado en los últimos años. Broyard lo dice con razón: el enfermo necesita su propia literatura. Y quizá eso sea porque: su estado del alma es distinto (Woolf). 

Entonces, pienso: ahora todo me cuadra. Vivimos en una sociedad enferma donde la muerte y la degradación están siempre revoloteando sobre nuestras cabezas. Vivimos enfermos y por eso necesitamos nuestra propia Literatura... pero claro. ¿Hasta dónde la frivolidad? ¿Y la falta de pudor? ¿Y la canalización de todos nuestros dolores? ¿Hasta cuándo la #enfermedad seguirá siendo #literatura, y viceversa?

Con todo, me marcho la cama a seguir leyendo al señor Broyard. 
Que la tarde es apacible. 
Que el dolor aquí no pesa.

16 septiembre 2012

Los pasillos pacientes de Joyce Mansour.


Y volvemos a las novedades de la rentrée, esta vez con la novelita de Joyce Mansour, Islas flotantes, publicada recientemente por Periférica. Aún me quedan algunas páginas para terminarla, pero he de decir que me está gustando mucho. Aunque he leído la poesía de la autora, y tiene bastante que ver con su prosa, no me esperaba encontrar lo que estoy encontrando. De hecho, a ratos, dudaba de que me pudiera gustar. Sin embargo la cosa ya empieza bien. El azul de Niza es lo primero a lo que uno se asoma en su narración. Pero es que luego sigue genial: la observación, la lectura, la espera, la enfermedad, la vida en el hospital, la narración del cáncer y su forma de volverlo un tema profundamente lírico (recordemos que hace unos meses escribí un post a propósito de la idea de literaturizar una enfermedad que según Sontag no podía ser literaturizable -¿esta palabra existe?, no sé, bueno, da igual-, y que podéis leer aquí), algo que señala muy bien Antonio Ansón en el postfacio; pero sobre todo, lo que más llama la atención aquí es el sexo, su manera de abordar el erotismo desde una estética desagradable pero intensa. Joyce Mansour consigue hacer literatura del cáncer, pero es que también consigue volver erótico lo enfermizo. Altamente recomendables estas páginas escritas de un modo exquisito, fragmentario y oscuro. Como pequeños alientos. Como pequeños sueños. Un libro de libros destinado a venir a nuestras manos y golpearnos fuertemente y dentro.

Más arriba dije que no había acabado la novelita, pero aún así quisiera copiaros algunos pasajes que he ido subrayando -es difícil guardar el lápiz ante Islas flotantes-. Atentos: 

El hospital. El penoso desvarío del pijama, aprisionado por ambos costados entre los muros altos del dolor anónimo, se arrastra pegajoso hasta los váteres. El enfermo avanza por el pasillo junto a su enfermedad: sin composturas y, casi siempre, a trompicones.

***

Continúo avanzando. Los pasillos son las venas del hospital y cada enfermo debe zambullirse, nadar a contracorriente, zambullirse en su espuma. Por cada coágulo expulsado cuajan mil coágulos que coagulan y estallan como pompas. ¿Seré yo uno de ellos?

***

Esta noche realizo la ascensión de una alta cima: el pecho amputado de mi madre. Era de esperar. El perro sueña con peces, el pescador también sueña con peces, lo cual no implica que los peces con los que sueña el perro sean realmente peces; podrían representar el falo de un ahogado (aquél, inencontrable, de Osiris descuartizado que recorre el Nilo fecundo hasta hoy mismo), Cristo: pienso en la dimensión simbólica del pez en los comienzos del cristianismo como en un hueso mal digerido. Si el pez representa el falo del hombre, el pecho simboliza el pene. Pero el pecho amputado resulta doblemente prohibido: ¡viva la muerte del cáncer!

***

Me estoy equivocando. El erotismo en la vejez no puede ser el camino a seguir.

***

Estoy nerviosa. Me rasco. Mis uñas se llenan enseguida de briznas de carne. Diez minutos de silencio. Una puerta se abre de repente. Me toca. “El ombligo es una puerta falsa. Una puerta sellada como en una fortaleza”, susurra la enfermera para tranquilizarme.

***
Renuncio a entender la razón de mi presencia aquí. La cuestión queda en el aire. He eximido a los allegados de mi fantasma: sé que “fuera” las visitas están consideradas como un incordio desagradable. Y he dejado de tenerlas. Ya no leo. Ya no escribo. Aguardo.
Joyce Mansour  

23 agosto 2012

(...) y sus metáforas (una especie de segunda parte o reivindicación lírica).

Eres sagrada
Tu orina huele mal
eres sagrada
Se te cae el hermoso pelo negro
eres sagrada
Las piernas no te sostienen
eres sagrada
Las heridas no cicatrizan
eres sagrada
Sin morfina no aguantas las llagas de la boca
eres sagrada
eres sagrada
y por eso mañana baja la fiebre
baja la fiebre azul
empieza el día de tu restitución
Jorge Riechmann

Esta es la parte número once del poema Tanto abril en octubre de Jorge Riechmann. Este poema es el rastro de la superación de "esa terapia o veneno". Quién dice que esto es terrible. Ibrah leyó el poema y exclamó "Es hermoso". Poema hermoso fotocopiado / regalado (la poesía es sagrada aquí, para nosotros, pero no para él). Él. Es la primera vez que Él lee un poema y dice "Hermoso". Quién dice que esto es terrible. Quién se atreve ahora. Si hasta Él, finalmente, reconoce la belleza en un trozo de dolor. 

17 agosto 2012

El cáncer y sus metáforas.


Esta semana he terminado dos lecturas que me han llevado mucho tiempo (muchos dolores de cabeza, muchas alucinaciones, mucha hipocondría) y de las que ya he ido poniendo algo en este blog. Se trata de El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer, de Siddharta Mukherjee, por un lado, y de La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag, por otro. Realmente la segunda lectura es un complemento de la primera para poder comprender ciertos detalles del tema. El ensayo de Sontag es una suerte de mapa literario a propósito, sobre todo, de la tuberculosis y el cáncer, y de cómo las enfermedades han acompañado a la creación a lo largo de la historia. Así pues, la vida de una enfermedad no podría entenderse sin la vida literaria que hay detrás de ella. Una tesis que también ratifica Mukherjee, pues, según sus palabras hasta un monstruo antiguo necesita un nombre. Bautizar una enfermedad es describir cierto estado de sufrimiento: un acto literario antes de ser un acto médico. El autor de El emperador de todos los males trata la obra de Susan Sontag como un verdadero manual de medicina, aun estando muy lejos de serlo, no hay capítulo en que no cite a la ensayista norteamericana aunque sea, incluso, para contradecir algunas de sus sentencias más arriesgadas. Ambos libros deberían ser bibliografía obligatoria para todos los que han sufrido, sufren o tienen cerca de ellos algún caso de esta enfermedad.

El emperador de todos los males es un libro duro y complicado aunque a la vez vierte un poco de luz ante la oscuridad de su temática. Puede que en el terreno profesional Siddhartha Mujkherjee sea seguramente un buen médico, pero es que en el terreno literario también es un gran contador de historias. Hay un respeto y una pulcritud deslumbrantes en su manera de decir las cosas y posiblemente ese respeto y pulcritud sean lo que convierte a la enfermedad relatada en un dolor mucho más leve y en un mundo mucho más accesible. El emperador de todos los males es, como bien dice el título, una biografía del cáncer, pero también una historia de su existencia, de sus metáforas, de sus víctimas y de las obsesiones de aquellos que durante años han querido combatirlo. Hay grandes nombres, inolvidables, mencionados a lo largo de libro. Hay ensayos fracasados, hay frustración, hay imágenes desgarradoras y terrible información. El emperador de todos los males, finalmente, podría resumirse como una pesada, astuta y firme declaración de guerra. Mukjerhee conoce al enemigo, y sabe que el enemigo es difícil, pero no quiere rendirse y por ello tiene que documentarlo: lo que se ha hecho, lo que queda por hacer.

Supongo que en otras circunstancias quizá no me hubiera interesado por un ensayo médico, sin embargo, como ya indiqué al principio, este libro no es sólo una historia detallada del cáncer. En él, Siddhartha Mukjerhee acerca un tema que ya hemos tratado mucho, el de la enfermedad (o la medicina) y la literatura, pero lo hace desde otro lado, lo hace no como poeta o narrador o ser sufriente, sino desde la propia enfermedad, desde ese punto intermedio en el que el médico se encuentra. Él es un espectador: mira al paciente -al escritor- y mira a la célula maligna -su obsesión-, (pues el uno no existe sin el otro y viceversa), y entonces trata de comprenderlos.

Es en este punto en donde quisiera contradecir a Susan Sontag como ya lo hace Mukjerhee en su libro. Los que seguís este blog habréis visto que unas entradas más abajo he anotado una cita con la que no estoy de acuerdo. En La enfermedad y sus metáforas Susan Sontag explica enfermedades como la tuberculosis como verdaderos acontecimientos esperados por quienes la albergaban. La tuberculosis, cuenta, era la enfermedad de los escritores, de los artistas, de los literatos. Estaba asociada a la creación, al amor, a la idea de plenitud y libertad, y, quien no la tuviera o muriera de ella, quien lo la ansiara... no era nadie. Añade Sontag que ante la tuberculosis, el cáncer no es una enfermedad literaria, esto es: el cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso en la poesía; y es inimaginable estetizar esta enfermedad. Mentira, Sontag, mentira. Tú misma la has estetizado y difundido dándonos este pensamiento. Y detrás de ti otros tantos. Hay tanta poesía en el cáncer como en el cielo, incluso más, diría yo, pues el cáncer lo conocemos, lo tenemos dentro, podríamos tocarlo si quisiéramos, abrazarlo, si nos atreviéramos. Siddhartha Mukjerhee es otra prueba de ello. Buena parte de la literatura contemporánea es otra prueba de de ello. Sin ir más lejos, Matar a platón, de Chantal Maillard, donde la poeta escribe para rebelarse sin provecho a pesar de la derrota ya prevista porque no hay rebeldía que no esté justificada, ni violencia que no sea, en el fondo, inocente; o bien, aquella novela que aún no he leído y de la que no paran de llegarme referencias -me llama, me está llamando- de Fritz Zorn, Bajo el signo de marte, cuyo narrador asegura, según puedo ver en una cita que Diego Zaitegui ha subido a Facebook: el cáncer es una enfermedad del alma. Y no le falta razón, ya hace siglos que el médico Claudio Galeno asociara la depresión al cáncer, siendo ambas, para él, las dos enfermedades provenientes de la bilis negra, intrínsecamente enlazadas. Así pues, el cáncer es melancolía. Un estado oscuro del alma. Bilis lírica, cosa que Siddhartha, Chantal y Fritz ya sabían. Cosa que Sontag negó y que sólo con su negación ya contradijo.

Otra de las cosas que me ha provocado la lectura de El emperador de todos los males es una profunda tristeza asociada no a la enfermedad sino a mis ganas de saber más: desespera. Es realmente desesperante introducirse en un ensayo divulgativo sobre un tema médico y darse cuenta de que una no sabe nada. No conozco nada sobre la medicina. No sé biología, ni anatomía. No conozco mi cuerpo por dentro e incluso lo desconozco por fuera. Por eso me emociona y me sorprende aún más que una persona como Siddharta Mukherjee sea capaz de dedicar su vida tanto a sus pacientes, como a la investigación y a la literatura. El emperador de todos los males está cargado de citas literarias y de referencias a grandísimos autores y deja en evidencia a cualquiera de los que entramos allí, sin saber exactamente a qué nos enfrentábamos.

Es curiosa, pues, esta relación entre la oncología y la poesía. Si Mukherjee es lector de Willam Carlos Williams, el oncólogo que actualmente está llevando a mi madre es seguidor, lector y comprador compulsivo de poesía. Literatura y enfermedad ad infinitum, dije al principio. Los oncólogos como espectadores y críticos de otro género que tan a menudo trata el dolor. Y es que al final algunas pasiones siempre acaban por parecerse. Quién nos iba a decir a aquel oncólogo almeriense y a mí hace un tiempo que nuestras obsesiones terminarían por cruzarse. Que, quizá, entre todos nuestros deberes, tareas y trabajo habría una cosa común en nuestros fines. Con la poesía o la medicina como arma, da igual, pues en este preciso instante los dos lucharíamos por una misma cosa: curar la a ella.  

16 agosto 2012

Mi propósito hoy es el de contradecir a Susan Sontag.

El cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso en la poesía; y es inimaginable estetizar esta enfermedad.
Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas

27 julio 2012

Los temas de siempre, sus casualidades y su comprensión.



Qué casualidad. Ayer recibí dos libros que no tienen nada que ver y sí lo tienen al mismo tiempo. Uno es Matar a Platón, de Chantal Maillard, quizá el libro de poesía que menos me gusta de ella, o quizá el que menos comprendo… por eso, entre otras cosas,  me reconforta leer a Òscar Solsona en la presentación de plaquette Decir el hambre que me regaló Stalker, cuando a propósito de  la autora dice “No entender sus lecturas. Atenderlas. Atender(se)”. El segundo libro que me llegó a casa (gracias a la generosidad de Paloma Castro) es un ensayo que Taurus publicó el año pasado, El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer, de Siddartha Mukherjee, quien, según he leído por ahí, es uno de los mejores oncólogos del mundo. Este libro es una historia del cáncer fantásticamente contada. Sólo he podido leer unas pocas páginas (¡es un tocho considerable!) pero su lectura es fácil y muy poética en ciertos puntos. Al igual que muchos de los pacientes citados por Mukherjee, Chantal Maillard también pasó un difícil cáncer. Al igual que la esperanza y la ambición de Mukherjee, Chantal Maillard no se toma la enfermedad a la ligera. En Matar a Platón, y especialmente en Escribir, lo que predomina es la voluntad de quedarse. En la vida o en el papel, pero quedarse. Y es por esto precisamente que considero que los dos libros que ayer me llegaron a casa no se diferencian tanto el uno del otro. El primero será mi relectura. Y trataré de comprenderlo de una vez por todas. El segundo será mi estudio. Una herramienta de indagación más en este tema que nos rodea y que me obsesiona: literatura + enfermedad = enfermedad. Así sea. 

05 junio 2011

Drogas (o: algunos libros del primer semestre de 2011).


19:35 pm
Me gusta hacer listas, ya lo sabéis. Hago listas para todo. Listas con las mejores canciones que me he bajado en los últimos meses. Listas con las ciudades a as que me gustaría viajar. Listas de las tiendas a las que iría si tuviera dinero para comprar ropa. Listas de mis libros: los preferidos, los favoritos del año, semestre, los olvidados, etc. Hace poco mi chico, Ibrahím B., subió a su blog una lista de tareas pendientes: la del comentario de todos esos libros que como crítico le llegan a casa y de los que es imposible hablar en los medios porque se acumulan, y se acumulan, y se acumulan... novedades editoriales que desaparecen como si nada (o en la lluvia como lágrimas) o qué sé yo. Mi lista no es una tarea pendiente, es otro juego más en el que enumero no lo mejor sino lo que más me ha gustado e todos los libros que he leído, abandonado o descubierto desde enero de 2011 hasta hoy.


0. Sylvia & Ted, de David Aceituno (Olifante).

Lo pongo en un podio celestial. Antes del 1, el 0, porque no quiero hacer trampas. Pero ocurre que, aunque fue publicado en 2009, Sylvia y Ted me parece el mejor descubrimiento de este año. Se trata, como ya conté en alguna entrada anterior, de un poemario formado por las voces de Sylvia Plath, Ted Hughes y la amante de este, que van construyendo una serie de poemas que a su vez tejen la historia real de la pareja. David Aceituno se mete en la piel de los personajes y escribe con un estilo parecido al de los protagonistas. Aceituno es el titiritero. En sus manos Sylvia se nos sincera y Ted nos cae mal. En sus manos vemos lo tristísimo de una historia que muchos desconocíamos. Olifante es una maravillosa editorial un tanto difícil de encontrar, sin embargo merece la pena acercarse a su catálogo. Si accedí a este libro fue gracias a la Feria del Libro de Soria donde me compré el ensayito (de la misma editorial) Poetas suicidas (2009) de Ricardo Fernández Moyano. Quien esté interesado en el tema del suicidio en la literatura no puede dejarlo pasar.


1. Leve sangre, de Jeannette L. Clariond (Pre-Textos).

Sin duda es el mejor poemario que he leído en mucho tiempo. Leer a Clariond es como degustar un plato finísimo y delicioso. El trato del lenguaje, del idioma (de los idiomas), de las imágenes. En Leve sangre asistimos a la pérdida de la fe, al momento de la madurez de la poeta en donde se deshace de una vez por todas de esa sangre espesa que es Dios. La Menopausia de la Fe. Por ejemplo. Un libro con el que uno sólo puede preguntarse: ¿por qué no había leído antes a esta poeta? ¿Dónde has estado todo este tiempo, Jeannette? ¿Por qué no fuiste antes la reina de mi canon poético personal?


2. El malestar al alcance de todos, de Mercedes Cebrián (DeBolsillo).

Vuelvo a hacer trampas, pero no del todo. El malestar al alcance de todos se publicó en 2004 en Caballo de Troya y no había tenido la oportunidad de leerlo, sin embargo, por fin, y con motivo de la publicación de su primera “novela” en Mondadori, La nueva taxidermia, DeBolsillo reeditó a principios de 2011 esta magnífica miscelánea de relatos y poemas de Cebrián. La nueva taxidermia me gustó, sobre todo la primera novelita que conforma el libro, sin embargo sigo pensando que El malestar al alcance de todos y sobre todo Mercado común (2006), son sus mejores textos. Me gustaría seguir leyendo a Mercedes. Me gustaría que publicara novelas y poemarios todos los días, todas las semanas: le pagaría, si pudiera, mucho, para que me entregara textos como los de El malestar al alcance de todos. Mercedes. Te necesitamos.


3. Richard Yates, de Tao Lin (Alpha Decay).

He hablado mucho te Tao Lin. Han hablado mucho de Tao Lin. He contado muchas veces cómo me enamoré de él hace cinco años, cuando leí su blog, y en 2009, cuando leí su primera novela traducida al español. Richard Yates me parece acertado porque representa muy bien a la generación a la que creo que pertenezco: las conversaciones de gmail, el new spleen de los personajes, las drogas y las pastillas para dormir, el histrionismo, la soledad del adolescente que pasa horas y horas delante de una pantalla, pero que tampoco está solo porque está conectado a Facebook pero que sí está solo, porque, joder, la pantalla no es la carne: qué pardillos somos. Y las redes sociales que ayudan al amor. Richard Yates es muy divertido. Ojalá Alpha Decay siga publicando a Tao Lin, ojalá algún editor de poesía se decida a publicar sus libros, porque son mucho mejores que su narrativa. Ojalá os acerquéis a Eeee eeee eeee (El tercer nombre, 2009) una novela mucho más delirante, parecida a un capítulo cachondo de Padre de familia o Los Simpson. A tope. De Alpha Decay, en este 2011, me ha gustado leer Padres ausentes, de Pablo Muñoz (mi querido Alvy Singer, divertido y sensato) y Thomas Pynchon, un escritor sin orificios de Rubén G. Martín. La apuesta por la juventud de esta editorial no es un truco de marketing, por la modernez o algo así de cutre. Se trata de una apuesta por el futuro. Y yo confío.


4. Alma, de Javier Moreno (Lengua de Trapo).

Hace un rato intentaba leer Una belleza vulgar de Damián Tabarovsky (Caballo de Troya, 2011) y no he podido pasar de la página cuarenta y cinco. Quizá que a Ibrah no le guste nada Literatura de izquierda (Periférica, 2010) me haya influido, o quizá es que no me gusta ese libro y punto. En la contraportada alguien escribe algo sobre las novelas sin argumento. Sobre las novelas sin argumento pero con argumento. No sé. En este sentido soy mucho más fan de Alma, la última novela de Javier Moreno, que es mucho más bonita, emotiva, poética, entretenida, mucho más parecida a la última literatura francesa que me gusta: Levé, Mréjen o Tran... una de esas supuestas novelas sin argumento pero con argumento que sí, sí, sí consiguen contarte una historia a base de acumulación de información y experiencias. Muy a favor de este giro en la obra de Moreno. Soy muy fan de Acabado en diamante (La Garúa, 2009), su mejor poemario y de algunos de los textos que sube a su blog. Y no, Alma no es una copia de Levé. No sean vagos, pasen de la página cinco. Aunque si les desespera tanto como a mí Una belleza vulgar (y miren que el título me prometía) entonces, bien, les dejo marcharse. 


5. Dime qué, de David Leo García (DVD Ediciones).

Efectivamente, no podía faltar. Dime qué es el libro que más tiempo llevo esperando leer. Creo que fue en 2009, en Cosmopoética, cuando David Leo García -por aquel entonces no sabíamos que un año y medio después seríamos vecinos, amigos y miembros de la fucking crew de Puerta de Toledo, que por cierto, ay, en pocos días se acaba para siempre -no en nuestros corazones, claro, claro- me dijo que acababa de terminar el que sería su segundo libro de poemas. Ya lo anuncié aquí, y ya se lo he oído decir a muchísimas personas. Quizá junto a Elena Medel o Ben Clark, cuyo último libro, Basura (Delirio, 2011) también es genial -una sucesión de pensamientos paradójicamente limpios sobre un mundo sucio- sea uno de los mejores poetas que conozco nacidos en los años 80. Dime qué es imponente. Demasiado. Su discurso, su ironía y su saber tejer los versos. A veces David viene a casa y me dan ganas de meterle un puñetazo y decirle: ¿¡cómo cojones lo haces tan bien, cabróoonnn!? Pues eso. Top Five. Bien.


6. Confesiones a Alá, de Saphia Azzeddine (Demipage).

Una novela muy cruda. Muy bruta. Hay quien se queja de la brutalidad de la colección de textos femeninos de la editorial Melusina pero a veces creo que la brutalidad occidental es mucho menos bruta que la oriental. Confesiones a Alá es el testimonio de una mujer oprimida en el Magreb. Una mujer que intenta escapar de su propio infierno y que tiene una condena casi mayor que la de ser mujer: ser hermosa, ser libre, ser lista y tener ganas de vivir. Sapha Azzeddine es toda una celebridad en Francia. Fue mujer de un famoso actor y cada vez se ha ido haciendo más popular con sus novelas. No me extraña. Gran apuesta la de Demipage. Ojalá hubiera tenido más prensa y se hubiera hablado más de esta obra muy personal pero a la vez muy política. Me gustan las mujeres fuertes. Y, por supuesto, amo a Azzeddine. Creo que en el catálogo de Demipage las mujeres están cobrando cada vez más fuerza: dentro de poco van a sacar una antología de mujeres bastante interesante (no sólo por las participantes sino por el formato epistolar del libro) y hace unos meses salió a la luz otro libro extraño pero especial: Mis ceniceros, de Florence Delay. Me gusta especialmente este lado experimental que está explotando Demipage. Háganme caso. Demipage no es ñoña. Demipage mola.


7. Renacida, de Susan Sontag (Mondadori).

Es curioso. Muchos de los libros que menciono en este post los he reseñado para 330ml y están esperando en la cola de publicaciones. Es un placer hablar de lo que a una le gusta. Y Renacida es un diario juvenil muy interesante para quienes comienzan a leer o a descubrir el mundo de la literatura (Renacida también supone una importante guía de lecturas) y también para los admiradores de esta gran autora. Los miedos en la adolescencia, lo prepotentes, soñadores, ingenuos y tiernos que podemos llegar a ser en nuestros primeros años como lectores o escritores. Susan Sontag tiene mucha fuerza y es como un huracán de ánimos. Si son cotillas y les gusta conocer los pensamientos más íntimos de los grandes autores de nuestra literatura: aquí, Sontag.


7. El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron (Mondadori).

Pron es Pron. Y Pron, en este libro, no es tan Pron quizá porque a ratos lo es demasiado. Quiero decir. Para quien lo conozca personalmente y se haya leído su última novelita sabrá que la primera y las últimas partes del libro son Pron en estado puro, en una conversación cualquiera de domingo comiendo churros con chocolate y contándonos sus batallitas, cual abuelo joven y gracioso. Me gusta ese lado confesional, al principio divertido y al final muy tierno para con su familia y la historia de sus padres. Los hijos son los detectives de los padres: esa es la idea. Por eso Pron articula el libro mediante una historia familiar que le toca investigar. Un poco de política, otro tanto de biografía, otro de intriga y otro de humor: la mezcla perfecta, dirán. Por eso Ibrah bromeaba con lo de Pron y el Nobel. Pero eso no es lo que importa. Lo que a mí me importa es la repercusión que está teniendo el libro. Ya se sabe: al tercer libro, los críticos tienen derecho a machacarte. Y yo no creo que El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia sea un desacierto y no estoy de acuerdo con sus críticos más feroces. Tampoco creo que sea el mejor Pron, aunque podría haberlo sido. Sé (y lo sé porque lo he leído en Una puta mierda, en El comienzo de la primavera y en sus relatos) que el muy hijo de puta se guarda un as en la manga. Que está haciendo cosas grandes: aunque quizá lo que como lectora espero es su futura Gran Novela.... y que lo que a muchos les pone nerviosos es que le salgan las cosas tan bien, o que le vayan tan bien como aparenta. Quizá Mondadori haya publicado -y vaya a publicar- novelas mucho mejores, novedosas o atrevidas: Enard, Lethem, Gopegui, Cantavella, Foster Wallace, Olmos... De momento, en este Top 10 Luna-Love, Pron ha encontrado su sitio.


9. Fronteras del lenguaje. Antología 2005-2011, de Uljana Wolf (La Bella Varsovia).

Ha sido muy difícil elegir un título de entre todas las novedades de La Bella Varsovia, pero sin duda Uljana Wolf (Berlín, 1979) es una de las publicaciones más importantes de su catálogo, por ser la primera traducción de la editorial (la traducción es quizá su punto más débil, del libro, digo) y, sobre todo, por traer a España, de la mano también de Cosmopoética, a una de las nuevas voces de la poesía alemana. Es genial que de una maldita vez empiece a publicarse poesía europea de autores jóvenes para poder saber qué se está haciendo más allá de la frontera, joder. Uljana es joven, precisa, me recuerda a una especie de Ana Gorría pero más ruda. La Bella Varsovia no tiene aún distribución nacional, pero si les interesa el libro puede encontrarse fácilmente en Arrebato Libros (Madrid). Decía que era difícil decidirse por un libro de poesía de La Bella Varsovia porque en estos meses han publicado algunos muy recomendables: Introducción a todo, de Berta García Faet; Odio, de David Refoyo o El futuro es un bosque que ya ardió en alguna parte, de Juan Bello. Como anuncié, en septiembre aparecerá la antología en papel de Tenían veinte años y estaban locos, con 26 autores nacidos entre 1984 y 1992. Cuando la Feria del Libro de Madrid termine os enseñaremos la portada y la lista definitiva de los autores. Esto marcha. Gracias.


10. Ultraviolencia, de Miguel Noguera (Blackie Books).

A mí no me gustaba demasiado Miguel Noguera hasta que lo vi hace poco en la presentación de su libro. De hecho, ahora mismo creo que sólo me gusta él. Sólo sus expresiones. Su humor. Su “narrativa”. Él me hace reír. Cristo mal. Ultraviolencia es un catálogo de ingenio, de risas, de genialidad. Me enganché a Blackie Books gracias a Noguera. Mola la variedad del catálogo de la editorial. X, de Percival Everett es un libro muy bueno, a mi juicio, me gusta su prosa, y la historia. Ahora lo estoy terminando, pero tanto el libro como su autor (que actualmente está en España) nos han enamorado a todos. Tapa dura. Letras duras. Fin de la lista.


Y... bueno...

Hay algunas novedades que no están mal (o nada mal): La legendaria rebelión de los fumadores de Julio Fuertes (Papel de fumar), Obras completas de Lois Pereiro (Libros del Silencio), Contraataque de Siegfried Sasson (El Desvelo), Wendolin Kramer, de Laura Fernández (Seix Barral) o Vida de Pablo de Carlos Pardo (Periférica). Hay otros que me han decepcionado un poco como Dogos de Antonio Portela (Pre-Textos), Cuaderno de Saì Gòn, de Pablo Escribano (El Desvelo), Criaturas abisales de Marina Perezagua (Los libros del lince). Y sobre todo hay otros que no he leído y que quiero leer como La tierra nos agobia, de Jorge de Gimeno (Pre-Textos), Los enamoramientos de Javier Marías (Alfaguara), Chronic City de Jonatham Lethem (Mondadori), JOP de Jim Dodge (Capitán Swing), Lila, de Emily Roberts (Ediciones Oblicuas) o Porno Ficción de Diego Doncel (DVD). Aunque, quizá, después de tanta novedad editorial, de tantos libros que te miran desde las estanterías y te gritan y te taladran la cabeza y te vuelves loca, muy loca y se te quitan las ganas de leer pero luego quieres más libros, y vas a la Feria del Libro y ves TÓXICA de Françoise Sagan (Ático de los libros) y QUIERES MÁS, QUIERES MÁS, QUIERES LEER MÁS TENER MÁS CONSUMIR MÁS, AHHHH! Drogas. Libros. Drogas. Me gusta hacer listas. No sé por qué. Y ahora. Me voy a dormir. Ahh... Ahhhhhh... Ay. 
1:29am

17 mayo 2011

Susan Sontag renacida: viva, hermosa, ¿más?

Estoy leyendo Renacida, el primer volumen de los diarios de Susan Sontag editados por su hijo David Rieff y publicados en España por Literatura Mondadori. He seleccionado algunos fragmentos de las primeras páginas que me han "enamorado" especialmente quizá porque me siento identificada con algunos de los momentos que describe de su adolescencia, de sus primeras lecturas, su admiración a Dostoievsky y a los poetas europeos o su pequeño asco hacia Demian, -ese libro que yo odio y amo y ella odia y ama al mismo tiempo-. Aunque este año estoy bien servida de autobiografías y memorias, ayer lo dije en la presentación de Alma de Javier Moreno en Tipos Infames (Alvy Singer y sus Padres ausentes. Lolita Boch y su Ahora escribo. Julio Fuertes y La legendaria rebelión de los fumadores. Carlos Pardo y Vida de Pablo. Mercedes Cebrián y La nueva taxidermia. Patricio Pron y su El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. O el propio Javier Moreno y Alma. 2011: escritores taxidermistas de su alma, felicidad y el Yo a ultranza). Decía: aunque este año haya leído demasiadas autobiografías y memorias, hacía mucho que no leía un diario de un escritor. En los ejemplos anteriores es el propio autor el que se aventura a contarnos su vida o sus secretos, en el caso de Sontag es su hijo el que recopila fragmentos de su vida con el riesgo y con la pregunta de ¿estaría ella de acuerdo en editarlos? En cualquier caso, leer la adolescencia de una mujer a la que admiro como es Susan Sontag me ha servido para recordar ciertas cosas y ciertos sentimientos que en los últimos meses había olvidado (el trabajo, la Universidad, la precariedad, el dolor). Parece que cuando uno es "adulto" siente el dolor de manera distinta a cuando es más joven. Sontag me ayuda a Renacer: a clasificar y ordenar mis males, mis deseos, mis lecturas, mis ganas de devorar sexos, páginas y tardes apacibles de música y calor. Feliz verano. Feliz renacimiento. Feliz palabra. Continuamos:

Y ¿qué es ser joven en años y de repente ser despertada a la angustia, al apremio de la vida?

...

¿Cómo puedo ayudarme, volverme cruel?

...

Después de escribir esta última frase, la leo de nuevo y pienso en borrarla. Sin embargo, debo dejarla tal cual. Es inútil para mí consignar solo las partes de mi existencia que me satisfacen. (¡Son tan pocas de todos modos!)

...

¿Qué, me pregunto, me conduce al desorden? ¿Cómo puedo diagnosticarme a mí misma?

...

He leído la mayor parte de Los hermanos Karamazov y de pronto me siento sumamente impura.

...

¿Y qué soy ahora mientras escribo esto? Nada menos que una persona distinta.

...

Sé lo que quiero hacer con mi vida, todo esto es muy sencillo, pero en el pasado me era muy difícil saberlo. Quiero acostarme con muchas personas. Quiero vivir, aborrezco la muerte.

...

Estoy viva... Soy hermosa... ¿hay algo más?

...

Lema: "Wolle die Wandlug"- Rilke. (Desea todo cambio).

...

Así, en otra reflexión me descubro extranjera.
Ich bin allein. Estoy sola.
Susan Sontag

13 agosto 2009

Camino de Munich.


Esta chica tiene todo lo que yo odio. Leo. Este mundo tiene todo lo que yo odio. Pienso. Por eso me voy de la Ciudad, para respirar un poco. Llevo a Fante y a la Sontag en el bolsillo. Llevo los versos de Riechmann pegados a las muñecas: lo más urgente, poesía con valor de uso, lo más nefasto, poesía sin valor para el cambio. Treinta grados. La chaqueta atada a la cintura: esta noche el frío alemán, el acento extraño, la lejanía. Me acercaré y me alejaré como Monelle. Nada me retiene aquí salvo lo único. Algo me retiene: lo que echaré de menos.

29 julio 2009

Mi vestido se parece a los Libros del Asteroide.


Hablar de la tripa de Roberto Bolaño en la cama. Hacer el amor con cicatrices tontas y heridas de guerra: hoy me peleé con las mil palabras, hoy me enfrenté a las doscientas páginas, hoy Susan Sontag y Jane Kayne me llamaron puta (a ti lo que te gusta es que te den fuerte en la cara, que te den tortazos, y te saquen los puños). Confundir Kawasaki con Iwasaki (háztelo mirar, dice AJM). Jugar sola al Piglia Piglia. Hacer chistes malos con nombres de poetas que no me gustan, de novelistas que me enamoran, de poetas y poetas que no me gustan. Leer a Sarah Kane en Stalker City. Llegué al final de este relato terrible y repugnante contando por un sentido aprisionado en un cadáver ajeno y abultado por el espíritu maligno de una mayoría moral. Ya hace mucho tiempo que estoy muerta. Y escribir, nerviosa, los artículos que Él me pidió. Nerviosa. Nerviosa. Nerviosa. Porque o Ladro o Muero. Y de tanto hablar de la Tripa de Bolaño en tu cama, me quedé sin voz. Y de tanto gritar. Me quedé sin tripa. Y de tanta muerte. Me mordí la lengua.