1. "Todos conocéis la historia de la otra mujer" es el título de un poema de Anne Sexton. La otra es ella. O la otra es otra. O ser la otra es ser una misma. Reconocerse no en los ojos. Reconocerse en el agujero caliente: todos conocéis la historia del otro agujero (se me ocurre).
2. Pero no hay más hombre para mí... dice Kolmar. Todos se han hundido a mi paso, como un riachuelo que la tierra se bebió.
3. El poema de Tsvétaieva. ¿Os he hablado de ese poema? Sí, os he hablado. Ese poema es quizá El poema. No lo sé. Quizá. Quizá por él me dejo llevar. Quizá este poema conforme el 100% de mi educación sentimental. No sé. Este es El poema:
¿Cómo te va la vida con otra?
Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo. ¿Cuándo -¿pronto?- por un puente seguro se alejó de ti el recuerdo
de mí, una isla que flota?
(En el cielo, no en el agua.) Almas. No amantes,
sino hermanas son nuestras almas.
¿Cómo te va junto a una simple mujer? ¿Sin divinidad alguna? Tras haber derrocado a tu reina (tú mismo privado del trono),
¿cómo vives?, ¿te preocupas?,
¿te enfadas? ¿Cómo estás allevantarte? Con ésa que te ha atado al cuello
su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va,
pobrecito mío? "-Estoy harto de convulsiones, de dolor: voy a agenciarme un hogar." ¿Cómo te va con cualquiera,
a ti, que fuiste elegido por mí?
¿Es la comida más comestible?
y si te cansa, mala suerte.
¿Cómo puedes vivir con un idolillo, tú, digno antes del Sinaí?
¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros? ¿Una extranjera, costilla de tu pecho?
¿ La vergüenza, ese azote de Zeus,
aún no te ha herido la frente?
¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano? Y las musas, ¿te llaman aún a veces? Y la dicha,
¿se hace ver? ¿Alguna vez? ¿Y esa llaga inmortal -la conciencia- qué, mi pobre?
¿Cómo vives con un producto
del mercado? ¿Pesa mucho?
Tras el mármol de Carrara,
¿cómo te va con una prótesis de yeso?
Del mismo bloque tallamos a Dios, para romperIo acto seguido.
¿ Va bien una cienmilésima,
para ti, que conociste a Lilit?
¿ Estás ya harto de esa mercadería novedosa? Cansado de mi magia, ¿cómo te va con una mujer terrestre que carece de sextos
sentidos?
Venga, con franqueza, ¿sois felices? ¿No? ¿Cómo se vive en un abismo sin profundidad amor mío? Cuesta, ¿verdad?
¿Te cuesta tanto como a mí con otro?
4. Un momento... un momento, que voy a respirar...
5. "La otra" es un poema de Sylvia Plath. El otro día me pasó que abrí su Poesía completa y allí lo encontré. Pero es que abrí el libro por otra página y había "otra". Pero es que siempre. Siempre. Por cualquier página había "otra". ¿Su yo atormentado? ¿La amante de Ted? ¿Su fantasma? ¿La otra es Sylvia Plath? Cuántos fantasmas.
6. Pienso en los poemas sobre los celos de Amalia Bautista, evocan crueldad.
7. Pienso en un género que no es otra cosa sino El género. (Existe El género, El poema, existe todo eso...).
8. No es cursi la poesía femenina. Los nombres que cito son tópicos sí. Pero no es tópica la poesía femenina si es que existe y si es que es femenina. No las leemos porque sean suicidas. Odio la superficialidad de los ojos que a veces las miran.
9. Los celos son un tema recurrente en la literatura pero hace dos días leí a Anne Carson. La belleza del marido (Lumen, 2003) posiblemente sea uno de los libros más desgarradores que he leído en bastante tiempo. Esa manera de mezclar lo narrativo y lo lírico, ese modo de entrelazar conversación y pensamiento, esa frialdad a la hora de describir los sentimientos. Los celos pueden provocar resentimiento. No me gusta la poesía excesivamente resentida o quejumbrosa (la creo ridícula), tampoco que gusta la poesía de amor incondicional (el amor pacta condiciones). Por eso asumo La belleza del marido como una parte más de esta pequeña antología que voy creando en mi mente. Por eso me solidarizo con el dolor de lo que leo y me congelo con la pulcritud de la autora a la hora de hablar de sexo. Pensar en "la otra" como una igual. Pensar en "el marido" como una pieza que se desprende inevitablemente. El marido es un niño. El marido es un niño que se va de casa cuando ya ha aprendido suficiente (lo suficiente como para abandonar a una por otra, etc). Carson es una simple espectadora de su propia historia. Sabe medir las distancias. Su educación sentimental es una buena educación sentimental. Sus entrañas recuerdan a las de Marina. Su "tentativa de celos" es mínima. Madura. Suficiente.
10. Los maridos son como las sirenas clásicas. Los maridos son como el canto de las sirenas. Los maridos son, bajo el agua, la belleza de las sirenas. Los maridos son bellos y por eso los amamos, dice Anne Carson. Y además nos aconseja, contra todo pronóstico, algo casi imposible. (¿Por qué no intentarlo?). Nos dice:
Este es mi consejo,
retén.
Retén la belleza.
