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17 diciembre 2012

Fin del mundo y libros: 12 de 2012.

Se acerca el fin del mundo, que diga, el fin del año, y como siempre Internet se llena de listas de libros, películas, personajes o momentos que marcaron los últimos meses. A mí me encantan las listas, ya lo sabéis. Y aunque aún estamos a día 17, me veo obligada a redactarla muy pronto: durante las próximas semanas me esperan cientos de obligaciones familiares, laborales y académicas. (En efecto, el fin del mundo).

En junio ya hice alguna aproximación a aquellas lecturas que más me habían gustado. Pero al fin os dejo la lista definitiva de mis 12 de 2012. Una lista que, por otro lado, casi todos os podríais imaginar:

1. Aprender a rezar en la era de la técnica, de Gonçalo M. Tavares (Literatura Mondadori) 
/también aquí/
2. La jungla, de Upton Sinclair (Capitán Swing)
/también aquí/
3. Nada. Retrato de un insomne, de Blake Butler (Alpha Decay) 
/también aquí, aquí y aquí/
4. Noches azules, de Joan Didion (Literatura Mondadori)
/también aquí/
5. Ismene, de Yanis Ritsos (Acantilado) 
/también aquí/
6. Memphis Underground, de Stewart Home (Alpha Decay) 
/también aquí y aquí/
7. Fresy cool, de Antonio J. Rodríguez (Literatura Mondadori)
/también aquí, y aquí, y aquí y aquí y aquí y aquí, hehehe/
8. El jardín colgante, de Javier Calvo (Seix Barral)
/también aquí/
9. Lo solo del animal, de Olvido García Valdés (Tusquets)
10. Lolita secreta, Anónimo (Melusina)
11. El encantador. Nabokov y la felicidad, de Lila Azam (Duomo)
12. El sueño de Visnu, de David Meza (El Gaviero Ediciones)

Por último quisiera añadir que aunque 2012 ha traído estos libracos a nuestras mesas de novedades, este año también ha sido muy especial para mí por el descubrimiento y lectura incesantes de cuatro poetas ahora fundamentales en mi biblioteca, en mi vida y en mi imaginario. Hablo, por supuesto de Ted Hughes, de Birgitta Trotzig, de Anne Carson y de Ingeborg Bachmann. Ellos me han ayudado a re-descubrir el género. A reinterpretarlo. A escribirlo...

Y bueno.
El fin del mundo ya puede llegar. 
Aquí lo espero entre libros.
Muchas gracias.

26 febrero 2012

Me gusta mucho cuando Javier Calvo se pone asqueroso.


Quien haya leído a Javier Calvo sabrá que es un tipo asqueroso, y no como persona -no, no, que como persona es un amor- sino como creador de historias, escenarios y sobre todo de personajes. Yo no he leído toda su obra pero quizá sí la cantidad de libros suficiente (Risas enlatadas, Mundo maravilloso, Corona de flores y El jardín colgante) como para poder hacer esta afirmación... porque sus personajes son repulsivos, de ahí que nos resulten entrañables, de ahí que los amemos y los odiemos, o que queramos saberlo todo sobre ellos. Quien haya leído El jardín colgante (Seix Barral, 2012) de Javier Calvo sabrá que este sea posiblemente su mejor libro por bastantes motivos, pero, sobre todo, por uno en especial: aquí el autor explota ese lado más asqueroso y terrible de su literatura. Ese que tanto nos gusta. Ese que le identifica. Ese que es capaz de crear personajes inolvidables: Sara Arta (mi nueva musa), Teo Barbosa (ídolo para las nenas con vísceras punk) y Arístides Lao (patético, astuto y abrazable)... entre otros.

La historia de El jardín colgante comienza lentamente, como si Calvo tantease el terreno. Al principio uno no no sabe con qué va a encontrarse y sin embargo sabe que le va a esperar una buena. ¿Qué es esto? ¿Una simple novela policíaca? ¿Un rollo extraño sobre la Transición en donde de pronto aparece un meteorito sin sentido? ¿Una radiografía de la Barcelona de finales de los 70 -tan parecida y oscura como la que ya nos retrató en Corona de flores-? ¿Un retrato sobre el nacimiento del punk? ¿Qué es esto? Pero conforme avanza la tensión es cada vez mayor y una tremenda violencia aflora inundándolo todo. Pero no es esta la violencia que se nos prometía. Aquí el terrorismo es sólo una excusa que se utiliza para esconder el verdadera crueldad: aquella que implican las relaciones y reacciones humanas (el miedo, la lealtad, el silencio, la mentira, los celos, la incomprensión). Y es en este momento en donde uno se da cuenta que los personajes de Javier Calvo no son tan asquerosos ni tan repulsivos como parecían. Los pobres son sólo marionetas de un sistema que les empuja a la locura. Los pobres personajes de Javier Calvo son tan humanos como cualquiera de nosotros: sus heridas superficiales les duelen tanto como las mentales. Su mayor temor: que nadie se apiade de ellos.

En El jardín colgante no hay buenos ni malos. No es una novela histórica, no es una novela política, no es una novela policíaca ni mucho menos fantástica. En El jardín colgante lo que importa es La Identidad, y el autor no deja de preguntarse por ella sin desvelar o descubrir en ningún momento a dónde pertenecemos. Calvo destruye España. Calvo destruye la violencia. Calvo destruye las relaciones. Calvo destruye el amor. De este modo la tarea del lector es elegir cuál es su bando, quién es su amigo, o de quién ha de sentir piedad.

Misticismo, empalamientos, drogas, alcohol, punk, vísceras, huevos fritos, puzles, una isla vacía, unos ojos pintados de negro, una mañana blanca y nevada, una vagina desgarrada, un bar Texas (demasiado parecido a nuestro Manchester), una cárcel femenina, un cuchillo de queso y un pezón... esos son algunos de los tags o conceptos que tras la lectura se me amontonan en el estómago. Esas son las imágenes que recreo y las que el autor me regala. Por eso recomiendo su lectura, porque os hará pasar un mal rato como sólo las buenas novelas los hacen pasar. 

Javier Calvo es un tipo asqueroso y por eso lo amo. Dejaos llevar por sus babas. Por sus piel blanca y blanda. Por la oscurísima poesía de su jardín.  

13 febrero 2012

El blanco. El blanco. El blanco.


No hay más que luz blanca cuando Teo Barbosa abre los ojos. Un estallido blanco. El amanecer pirenaico que lo invade todo. Un mundo blanco. Y en medio de ese mundo una silueta negra. 
Javier Calvo

26 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy cool: última parte.



[...]


LM: ¿Y el amor? ¿Cuánto amor hay en esta novela?

AJR: Se me ocurre que una de las líneas narrativas de la novela pasa por el trayecto que media entre que los protagonistas se conocen y el punto final de la ficción, donde naturalmente se encuentran en un lugar muy distinto. Veo ahí un desarrollo como de juego de arcade (otros dirán que el juego de la relación es más bien un rol), en donde, a mi juicio, todos los problemas o retos que se les plantean a los protagonistas tienen un origen sociocultural, así hablemos de celos, espacios compartidos, vacilaciones, infidelidades o hasta de paternidad. En ese sentido siempre me ha interesado desmontar la construcción de subjetividades en función de la cultura que uno consume, ya hablemos desde el discurso neorromántico o del liberal; y cómo ésta te enseña, las más de las veces mal, a relacionarte con el otro. 

LM: ¿Y el sexo? ¿Y la sexualidad?

AJR: Imagino que se trata de un subtema derivado del anterior. Todo es cultural. 

LM: Y… ya casi para terminar me gustaría que nos contaras un poco por qué eres tan gracioso. Yo me he reído muchísimo leyéndote. Siempre me río mucho contigo, en general, por eso TE AMO, entre otras cosas. Háhá. ¿Crees que hace falta más humor en nuestra literatura? ¿Por qué crees que los literatos son tan serios? ¿A quién le copias los chistes? ¿Con qué escritores te has reído últimamente?

AJR: En España hay una serie de autores con los que me he reído muchísimo: desde los cervantes, quevedos, mateosalemanes o poncelas a contemporáneos como Calvo, Fernández Porta o Mal-herido. Pero es verdad que, en líneas generales, y al menos en cuanto a literatura contemporánea se refiere, da la sensación de que no tenemos mucho que hacer con británicos o estadounidenses. Por lo que a mí respecta, imagino que debe ser una cuestión de tono, y que cada autor encuentra cierta predisposición a la comedia o la tragedia. Muchas veces intento decirme: “venga ya, vamos a ponernos serios”, pero al final acabo aburriéndome. Prefiero la sátira y la comedia. Y me gustan los escritores cachondos (imagino que aquí se encuentra parte de mi rechazo a la poesía como género: pues ellos parecen ser aún más serios que los novelistas). Y por ello, y siendo como es la risa un asunto especialmente delicado, siempre me pone de muy buen humor que alguien considere divertido algún texto mío. Casi me atrevería a decir que la capacidad de hacer reír al lector es uno de los éxitos que más valoro en un autor.  En cuanto al último libro con el que me carcajeé: una colección de ensayos de Kevin Smith.

LM: Después de todo esto –puedes ser sincero, llegados a este punto ya no nos está leyendo nadie- ¿estás contento con el resultado? ¿Te gusta tu novela? Y entonces, ahora… ¿qué?

AJR: Rayos. Creo que ha llegado el momento del discurso laxo.
No recuerdo literalmente la cita, pero en alguno de sus ensayos Pamuk cuenta que todo autor fantasea con su primer libro, la edición, la portada, y todo lo demás. A mí en verdad no me ha ocurrido exactamente así. Nunca he sido bibliómano. Y si sigo interesado en hacer ficción es porque para mí, lo importante en la escritura de una novela no es Ítaca, diría el proverbio, sino el camino.
Naturalmente recibir los ejemplares está muy bien, pero se trata de una felicidad de una magnitud diferente al instante en que uno pone punto final al manuscrito, acontecimiento que en este caso ocurrió alguna calurosa madrugada durante el verano de 2010. Entonces estábamos en aquel piso de Puerta de Toledo, y  pasé por un interminable mes de esprint final quemándome las pestañas frente a la luz blanca del ordenador, yéndome a dormir a las nueve o diez de la mañana y levantándome pasado el mediodía. Como te digo, es en ese momento en que te encuentras tú solo con tu documento word cerrado, terminando de revisar la última versión, donde se acaba la aventura de la novela. Eso sí que es un subidón. Y no el speed.
Dado que el libro salió de imprenta hace unas semanas y algunos amigos míos ya lo tienen, en este tiempo me he dado cuenta de que, casi inconscientemente, a toda costa he intentado evitar hablar de él. Además de que me resulta un poco autohumillante tocar el hombro de la gente para decirle, con un gesto como de Buddy Christ: “¡Hey!, ¿te moló?”, la verdad es que no sé hasta qué punto me pueden interesar las críticas. Porque supongo que tanto si los lectores la detestan, les divierte, les parece bien o mal, detectan errores o aciertos, en realidad esa sensación, supongo, sólo puede ocurrir en una proporción menor a lo que yo he experimentado en ese trayecto. Fresy Cool es un libro que he detestado horriblemente y me ha parecido una genialidad en otras ocasiones. Todo el que ha escrito una novela sabe esta sensación. Semejantes delirios de grandeza y hundimientos de ánimo hacen que uno mismo conozca todo el abanico de posibles reacciones cutáneas a la lectura de su propio texto, y alguna sombra de semejante ciclotimia, imagino, es lo que al final llegará al lector. De ahí lo que te comentaba antes sobre ese cierto desinterés (al menos de momento; quién sabe si ahora que el libro está en librerías me volveré un paranoico ante las críticas) en cuanto a las reacciones de los lectores.
Seamos sinceros. Si alguien me dice: “Fresy Cool es la leche de buena, repámpanos.”; o si por el contrario creen: “Chico: vaya papilla mala”; o incluso si optan por algún moderado término medio, pulgares arriba o abajo; yo, en mi fuero interno, no podré evitar pensar: “Por ahí ya he pasado yo.”
Y todo eso, naturalmente, mientras me distraigo pensando en proyectos por venir.
Es lo que hay. 


[FIN]

Para saber más...

22 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy cool: tercera parte.




[...]
LM: Fresy cool es una novela de campus a lo Patricio Pron o Roberto Bolaño, pero también es una sátira sobre el Hombre de Letras Moderno, una enorme crítica literaria –hacia la narrativa contemporánea-, una burla contra los poetas, contra el asqueroso estado del periodismo en nuestro país, sobre el horror de la Universidad… una primera novela sobre la primera novela, una guía del Buen Moderno pero también una crítica feroz a la hipocresía de la Modernezzz y de la Moda, y, también, un retrato sobre lo que es crecer –la superación de la adolescencia- o, como diría DFW: el “Mundo Adulto”. Nos hablas de todas estas cosas. De todos estos temas ¿cuál crees que impactará, preferirá o tratará el lector de tu novela? Ah. Y algo muy importante. ¿Quién crees que será el lector de tu novela? ¿Tienes en mente a un lector tipo? ¿Determinado por qué edad? ¿Te interesan los lectores de tu edad? ¿Escribes para ellos?

AJR: A mí me da que imaginarse a un lector tipo implica, supongo que sin quererlo, sostener cierta actitud sectaria, sesgada y equivocadamente parcial de lo que es la experiencia de lectura; si de antemano uno sospecha que mezclando equis ingredientes atraerá a un predeterminado perfil psicológico, entonces se revela como alguien que desde el principio restringe sus posibilidades de disfrutar el texto. O dicho de otra manera: me da la sensación de que si alguien tratase de establecer un perfil a partir de aquellas lecturas que me gustan y aquellas otras que he detestado, en ese caso encontraría un carácter preocupantemente esquizofrénico, inestable y neurótico; y quiero creer que la patología no es sólo mía. Más allá de todo eso, pienso que si hay una virtud über alles en una primera novela, ésa es la sinceridad, precisamente porque nunca se te ocurre pensar en términos de: “eh, esto va a pasar por la cadena de la industria del libro, igual hay que mimar más al lector”. 


LM: La juventud, ahhhh diviiino tesssoro de precariedaddd y mal gusssto. ¿Te consideras “escritor joven”? ¿Te consideras parecido a tus contemporáneos? ¿Es que tienes contemporáneos? ¿Qué compartes con Aixa de la Cruz, con Tao Lin, con Miguel Espigado, con Julio Fuertes, con Ben Brooks, con Ernesto Castro, con Unai Velasco, CONMIGO? ¿Hace falta compartir algo? ¿Hace falta reivindicar algo?  No sabría comparar Fresy con nada. Quizá un poco de Javier Calvo por aquí, otro tanto de Eloy Fernández porta por allá y otro de Foster Wallace y Bolaño como guinda. Pero nada tan descarado como para decir que te pareces Mucho a ellos. ¿Crees que la crítica te va a dar muchas leches? ¿Crees que vas a joder a muchos lectores? ¿Crees que vas a animar a que más jóvenes escriban o publiquen? ¿Cómo asumes tu publicación en un sello como Mondadori? ¿Es un puto sueño? O bien, la confirmación de que estamos VIEJOS y de que los círculos se cierran, pues ¿no eres tú uno de esos muchos lectores que desde hace siete años para acá se vienen formando exclusivamente en su catálogo? Qué bonito esto último. Qué curioso ¿no?

AJR: La pregunta atrae un par de monolitos que en gran medida articulan la prensa cultural pero también la universidad: novedad y generaciones. Es inevitable que cada nueva hornada de autores venga condicionada por una coyuntura sociocultural anterior a la de sus predecesores, pero esto mismo puede aplicarse a los autores como voces independientes. Ya he comentado en alguna ocasión que lo generacional y lo nuevo no me interesan mucho; no creo en ello; apenas concibo estos conceptos como reclamos publicitarios para críticos y periodistas, aunque también para académicos. Y de igual manera que no se me pasaría por la cabeza ir descartando individuos en función de su (redoble de tambores)novedad u originalidad —y por extensión: de ellos no espero que vayan por delante de mi tiempo, sino que me permitan de algún modo interactuar—, así me sucede con los textos. Ante todo me inclino a leerlos como individualidades o sujetos independientes, con sus demonios, sus referentes, sus gustos y su personalidad propia. Nunca me he planteado un enunciado del tipo: “voy a escribir algo nuevo, algo generacional”; me limito a hablar de las cosas que me gustan, que coincidirán con y diferirán de los fetiches de mis contemporáneos y no contemporáneos.
Sobre autores de mi edad, no sé si es que hemos escarmentado del tratamiento mediático que se le ha dado a los que llegaron antes que nosotros, y por eso, tal vez, nos esforzamos bastante en atildar las diferencias antes que los parecidos, pero lo cierto es que no hay conciencia grupal más allá de los lazos de amistad. Me gusta el trabajo de alguna gente que has mencionado arriba, y muchos de ellos son amigos míos, pero me gusta aún más que mi relación con ellos ante todo se base en el debate. Nos lo pasamos bien así. Supongo que habrá quien crea que aquí sólo hay un festival del amor recíproco, pero no.
Sobre Mondadori: sí, es verdad, qué voy a decir. Una parte muy importante de mis lecturas contemporáneas se deben a su catálogo.

LM: Ahora algo un poco más suave. Háblanos de música y de cine. Háblanos de tus influencias, pero no sólo literarias, de hecho las literarias dejémoslas a un lado. Háblanos de rap, de electrónica, de skate, de comida turca, de qué te inspira y qué te obsesiona a la hora de escribir.

AJR: El rap. El rap es una influencia importante tanto en forma, ética y subjetividad. En forma porque por lo común se trata de un discurso, digámoslo así, anarrativo: no hay tramas ahí, sólo una sucesión de frases que encajan, lo cual, en ciertas ocasiones, es un procedimiento que me interesa: hacer avanzar la ficción sin una noción muy clara del horizonte. En cuanto a su ética, cierto tipo de rap propone, conscientemente o no,  un ideario moral (y aquí respondo a tu pregunta primera sobre Fresy Cool como novela moral) que yo suscribo; ese ideario —por lo demás, muy propio de un capitalismo en estado de gestación— pasa por: defensa del grupo primario (familia, amigos), meritocracia, trabajo, conciencia de y respeto a las jerarquías, noción del juego (ganas o pierdes, y ambas cosas hay que aceptarlas), estética del parvenu, etcétera, etcétera. Esto no tiene nada que ver con la imagen del rapero pimpín mediatizado —el mismo del que se burlaba Percival Everett en X—. En cuanto a la subjetividad, el rap me interesa por: a) los grupos y solistas de rap sueco que me gustan (y el rap sueco es un mundo aparte) me dan buen rollo; b) los grupos de rap alemán que me gustan dan un mal rollo igualmente impresionante, y ninguna expresión artística ha dado cuenta de la agresividad, la frustración y la violencia del individuo como el rap; y c) la literatura y el rap son actividades con un trasfondo muy competitivo, con la salvedad de que la literatura se esfuerza mucho en disimularlo, mientras que el rap no.  Ambas expresiones artísticas han avanzado con un transfondo similar pero con discursos diametralmente opuestos. 
El skate. Que en la portada salga un tipo haciendo skate me entusiasmaba porque, dejando a un lado las referencias a la cultura urbana que pueda haber en Fresy Cool, ser espectador de este espectáculo te devuelve a la experiencia romántica de la obra fracasada. Ahora en Barcelona me gusta sentarme en el C3Bar y ver a la gente patinar; tanto si la pirueta les sale bien como si acaban comiendo cemento, en ambos casos es un espectáculo. Y ésa fue para mí la experiencia de la escritura de Fresy Cool. A veces comía cemento y a veces—creo—la pirueta salía bien, pero siempre me divertí con ello. 

[...]

*
(Ya queda menos para el fin de la entrevista y para que puedan encontrar Fresy cool en las librerías, yeah)

12 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy Cool: segunda parte.


[...]

LM: Vale, vamos a divertirnos un poco. Te voy a decir una serie de nombres o situaciones y tú me vas a contar qué tienen que ver con tu novela y por qué, ¿preparado(s)?

AJR:
-Javier Calvo: Bueno, es el mejor narrador español nacido en los setenta, con la trayectoria más solida del panorama. Hay algún guiño a Corona de flores por ahí.
  
-Looptroop: El mejor grupo de rap en Europa. Suelen sonar aquí. .

-Luna Miguel: Si la narratología situase alguna instancia por encima del autor, en el caso de Fresy Coolsería ella. Ya tú sabes.
  
-David Foster Wallace: Sólo hay dos cosas que me interesa tomar de él como narrador: su virtusiosismo estilístico y la psicología de sus personajes. Aunque bueno, estas son sus mayores virtudes, así que sí, en cierta forma es importante.

 -The Secret Society: La mejor banda de Madrid. Grande Pepo. 

-Instituto: “La peña de la clase entonces se reía de mí, y ahora yo vivo, y ellos tienen que sobrevivir, con un jefe, un curro y horarios fool, yo duermo hasta que se me hincha la cara como a Hulk; esta es la mierda, observa: mi estilo es underground pero más publico que Clinton y su asunto con la yerba”, Toteking. Era broma.

-Depeche Mode: Personal Jesus es un motivo importante en la novela.

-Esperanza Aguirre: Partido Pop.

-Popy Blasco: El blog más divertido para estar al tanto de lo que pasa en Madrizentro. Muchas veces, escribiendo con la intención de captar el Madrid de época pensaba en su bitácora como la principal competencia. 

-Zombie Kids: Una institución cultural.

-Barthes: relación de amor odio. Pero los Fragmentos del discurso amoroso fueron una piedra fundacional de la novela.

-Los anónimos de un blog: Me encantan los trolls. Su discurso está muy presente en ambas partes de la novela. Estoy de su parte. A mi manera, claro.

-Jersey de cuello vuelto: el uniforme del hombre de letras. El grado cero de la indumentaria intelectual. No puede faltar en el armario de ningún lector versado.

-Monogamia: Activista pro.


LM: Fresy cool trata muchos temas, pero hay dos que me llaman especialmente la atención dadas las circunstancias sociales actuales. Son los temas de política y religión. Hay algo premonitorio en tus palabras, incluso, pues a pesar de estar escrita hace más de un año tu novela ya presentaba un apocalíptico escenario político centrado sobre todo en Madrizentro. Estudiantes que se manifiestan (me los imagino ahora en Juventud sin futuro), presidentas corruptas (la política de chchs secos que se vierte sobre nuestra capital), e incluso Dios, paseándose extraño ante nuestros ojos incrédulos. Háblanos de todo esto. Dinos en qué se basa tu compromiso.
AJR: Religión. Soy un agnóstico con ciertas inclinaciones creyentes cartesianas/ unamunianas, aunque no rinda culto a ninguna religión. Mismamente, la crítica literaria, la hermenéutica, es una actualización de la interpretación de textos sagrados, y el acto de lectura me recuerda a cualquier grupo de feligreses reuniéndose para comentar textos sagrados. Hablar de libros exige cierto depósito de fe. Los lectores de ficción estamos todo el tiempo hablando de personajes y hechos intangibles, pero existentes, reales; el absurdo de esta situación puede llevar al mismo desconcierto con que un ateo atiende a las costumbres del creyente. ¡Pero si Dios no existe! Bueno, tampoco la ficción, y ahí seguimos rindiendo culto a la literatura. Al mismo tiempo, la ficción y la interpretación literaria sirven para otorgar cierto sentido a nuestras vidas, como la religión. Por todo esto me parece una actualización contemporánea de la fe, y en cierto modo es una postura que quise verter en la segunda parte del libro a partir de ciertas configuraciones narratológicas. Ya, ya me imagino las caras de horror de los lectores ante estas declaraciones, pero es en lo que creo…

Política. Efectivamente, ha sido una mala casualidad que ese Madrizentro regido por el Partido Pop y rancias lideresas políticas que aparece en la novela se haya hecho aún más realidad; ojala no hubiese sido así. De todos modos, y sin perder de vista que ante todo Fresy Cool es una sátira del hombre de letras, en esa segunda parte de la novela, que es donde más se atilda la presencia de la política, una pregunta más o menos constante es la importancia de salvar a la orquesta si el Titanic se hunde, es decir, qué papel ha de jugar la cultura en una ciudad distópica donde la empresa privada ha fagocitado la universidad, y si realmente es ético preocuparse por ello. En la primera parte, en cambio, la absoluta ausencia de interés hacia la política la representa Pleonasmo Chief, un consumidor cultural obsesivo que se jacta de su ética al actuar siguiendo cierto imperativo categórico (“si todo el mundo se comportase como yo, el mundo iría estupendamente”). Con el tiempo hemos comprobado que tal actitud no funcionaba…

LM: Esta visión apocalíptica de Madrizentro ya la mostramos juntos en Exhumación (de hecho, una duda que no sé si podrás responderme es por qué Exhumación no forma parte de este libro, si tanto tiene que ver, ¿o no lo tiene?), pero a lo que iba, esta visión apocalíptica se encuentra sobre todo en la segunda parte de la novela, una parte en la que también abundan las drogas, no sólo como tema, también como “voluntad”, quiero decir, en ocasiones uno puede pensar que ciertas imágenes sólo han podido ser descritas por alguien que escribió colocado de cualquier cosa tan explosiva como un tazón repleto de café y Coca Cola con Red Bull. ¿A cuántas pulsaciones escribe Antonio J. Rodríguez? ¿Qué clase de música infernal escucha Antonio J. Rodríguez? ¿Cuántas veces hace el amor Antonio J. Rodríguez, con las pupilas dilatadas por los excitantes, después de una jornada de escritura? ¿Y cuánto tiene que ver esto en ese mundo fantástico, casi de ciencia ficción que parece ser mostrado poco a poco en Fresy cool?

AJR: Si alguien cree que ésta es otra novela à la Bret Ellis con jóvenes ultraenrollados que se drogan mucho, se equivoca. O al menos las drogas suelen aparecer ligadas a discursos bastante patéticos y penosos por parte de los personajes que hablan de ellas. Hace poco estuve dándole muchas vueltas sobre su presencia en nuestro tiempo a partir de un comentario de Koestler en sus Reflexiones sobre la pena de muerte, cuando habla del Caso M'Naghten. Es en 1843 cuando se dice aquello de que: «todo hombre que se presume sano y además posee un grado suficiente de razón, es responsable de sus crímenes, hasta demostrar lo contrario; y que para establecer una defensa, se debía demostrar claramente que, en el momento del delito, el acusado era afectado por un defecto de la razón, enfermedad de la mente, que no le permitía conocer la naturaleza y la calidad del delito que estaba haciendo, o, si lo sabía, que él no sabía que lo que estaba haciendo, estaba mal». Si a mitad del XIX la locura ya puede eximir de responsabilidades, en nuestro tiempo se me ocurre que gran parte de la gente que conozco, o toma drogas, o han tomado drogas, o toman medicamentos recetados por algún psiquiatra, o los han tomado. O sea, a menudo vivimos rodeados de individuos que parecen robots químicos antes que personas. Algo tenemos que estar haciendo mal para haber acabado así, ¿no? 
Y sí, suelo escribir con cafeína. Casi siempre escribo por las noches, después de cenar, ya sin muchas fuerzas, y esa es la única manera de poder mantenerme hasta pasada la medianoche. Y así me va, amaneciendo hecho basura cada dos por tres… No mola. 

[CONTINUARÁ...]

23 mayo 2011

06 diciembre 2010

A quién quieres más, ¿a mamá o a papá?

Ahora que están de moda las elecciones difíciles y siguiendo con el modelo de Ibrahím Berlín y sus Mis 10 de 2010 me he decidido a escoger diez libros publicados este año. Los diez que más me han gustado o que más me han emocionado, o los que elijo porque sí, y punto. Esto es:
  1. Diario del hombre pálido, Juan Gracia Armendáriz (Demipage)
  2. Verano, J.M. Coetzee (Mondadori)
  3. Excepto yo, Fatena Al-Gurra (El Gaviero Ediciones)
  4. Me incitó el espejo, David Rosenmann (DVD Ediciones)
  5. Dublinesca, Enrique Vila-Matas (Seix Barral)
  6. Antología poética, Félix Francisco Casanova (Demipage)
  7. Los muertos, Jordi Carrión (Mondadori)
  8. Eros, Eloy Fernández Porta (Anagrama)
  9. Corona de flores, Javier Calvo (Mondadori)
  10. También mis ojos, Laura Rosal (El Cangrejo Pistolero)
Me ha costado mucho redactar esta lista porque la mayor parte de las lecturas que he hecho este año no han sido novedades, y si lo han sido, pertenecen a las hornadas de 2008 o 2009. B de Alberto Santamaría o Diario de duelo de Roland Barthes, por ejemplo, se han quedado fuera por escasos meses de diferencia. He tenido otras complicaciones a la hora de elaborarla: Javier Calvo, por ejemplo. Este año he leído Risas enlatadas y Corona de flores y prefiero mil veces Risas enlatadas. Me encanta. Me parece muy divertido y no creo que ese libro deba caer en el olvido. ¿Qué pasa con Vicente Luis Mora? Tiene duros competidores y sigo pensando que es mejor poeta que narrador. ¿Qué pasa con Patricio Pron? Aunque lo aprecio mucho como autor no pienso que El mundo sin las personas... esté a la altura de su anterior novela El comienzo de la primavera, de la cual no me puedo olvidar. Ojalá su próximo libro en Mondadori (creo que es una novela autobiográfica que se publicará a mediados de 2011) me guste tanto como El comienzo de la primavera: entonces Pron sí que será doblemente adorable. ¿Por qué tanta poesía? Porque es mi género preferido. ¿Por qué Laura Rosal? Porque También mis ojos es la ópera prima poética más fuerte del año. ¿Y por qué no está El don de Vorace? Lean los poemas de FFC y lo entenderán. ¿Qué pasa con el ensayo? Pasa que el último de Beatriz Preciado no me pareció tan bueno y que lo mejor de Melusina este año viene de la mano de Lector Mal-herido cuyo librito aún no he terminado de leer. ¿Jordi Carrión? Sí, Jordi Carrión. Mola. ¿Vila-Matas? Soy fan. ¿Y a Eloy, lo entiendes? Máh o menoh. Es duro de digerir, pero me gusta. ¿Coetzee? Buenísimo. ¿Tanta poesía? Sí, extranjera. ¿Diario del hombre pálido? La literatura de la confesión es la que más me gusta. Y es la que Armendáriz practica en este libro. Además habla de la enfermedad, de la literatura de la enfermedad, cita a Bolaño, se mete con el mundo editorial, utiliza la metáfora de una manera excelente y repugna cuando quiere ser repugnante. ¿Y ahora qué? Eso digo yo. Ahora qué. 

28 junio 2010

La fiesta portátil.


-Lo odio. Odio todo lo que hay en este museo. Ojalá pudiera explicar por qué. Todo está muerto. Somos momias.
-Corta el rollo. -Ruby tuerce el labio-. Lo que pasa es que todo es una puta mierda. Lo era entonces y lo es ahora. Me limpio el culo con toda esta mierda prerrafaelita. No sabéis la suerte que tenéis en España de no tener prerrafaelitas. Me cago en los prerrafaelitas y en el puto William Blake.
Javier Calvo
Lesbianas o no: parejas de chicas que molan. Enid y Rebeca, de Daniel Clowes. Margarita (Jenny) y Ruby, de Javier Calvo. Faye y Julie, de David Foster Wallace... parejas que nos ayudaron a perfilar a nuestras Djuna y Amanda, pues ellas no son más que una repetición de ese modelo: chica blanda y chica dura, chica masculina y chica femenina, chica punk y chica pija, chica nerd y chica bonita. Ayer terminaba el segundo relato de Calvo incluido en Risas enlatadas. Las protagonistas me recordaron a las de Ghost World, pero también a las de La niña del pelo raro (por ellas mi obsesión lésbico-ficticia). Las chicas de Calvo me invitaron a ser su amiga, la de ellas. A comprarme botas militares y a fumar canutos delgados mientras pisaba hojas secas sobre la acera con cara de mala leche. Las chicas de Calvo podrían tener la tez blanca. Podrían ser perfectamente como aquella otra que aparece en el vídeo de The Straglers. Strange little girl, where are you going? Además las chicas de Calvo viven en Londres y estoy segura de que si se rapan la cabeza llevarán tatuado en el cráneo el mismo dibujo que la niña del vídeo (ese corazón extraño que me quiero tatuar en el costado). Es la marca que todas las de su raza portan. Que todas las chicas extrañas, nunca tristes, portan. Todas las chicas que molan: las que viajan en autobús a ninguna parte, sin miedo y de la mano, sin miedo, de la mano, sin miedo a ninguna parte.

18 junio 2010

Habitación doble.

(retrato de Carlos Maiques)

Cuando digo "pensamiento" lo que quiero decir es que oigo voces dentro de mí y que no estoy loca. Voces que me aconsejan, que me disuaden, que me discuten, que me ordenan, que me callan, que simplemente comentan o que a veces -éstas son peliagudas- dicen cosas sin sentido, o sin sentido aparente, al menos. Tengo la sensación de estar no sólo habitada, sino bulliciosamente -a veces belicosamente- manejada, por otros. Lo que me aparta de la locura es que tengo cierta conciencia de a quién pertenece cada voz, de dónde procede, y desde dónde habla.
Luis Magrinyà

14 junio 2010

29 abril 2010

Diario desierto (2): Corona de flores.


Ayer recité junto a Raúl Quinto, Juanma Gil y Begoña Callejón. Leí contra-poéticas. Abracé sus versos. Leí, con ellos, para los demás, con voz rasgada. Hoy fui al Vértice. Empecé Corona de flores, de Javier Calvo. Rasgada (otra vez). Enferma (otra vez). Bebí dos tés morunos, mientras tanto. Hielo. Vértice. Hielo. Durante dos horas. Llegó Xío, mi mejor amiga, cuando yo rascaba la página 190. Otro té. Paseo por el barrio de las hierbas. Amiga. Casa. Y ahora llega Ibrah, justo ahora, a esta casa que ya no es mía. Fotografío las heridas de mis piernas. Heridas que son crímenes. Pequeños crímenes. Niñas tristes, y hermosas.

07 abril 2010

Exhumación (V): le petit livre.


[...]En una línea mucho menos descarnada, y mucho menos sobria, pero también invocando una sensualidad en estado de trance, el relato Exhumación (Alpha Decay) de Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez construye un Madrid entre la distopía y la sátira para narrar un episodio teofánico con ecos de la Promethea de Alan Moore y de la club lit de principios de los 90. Amanda y Djuna, amantes de apolineidad vagamente vestal, visitan el submundo de la discoteca Rostro expresivo, donde los autores exploran pirotécnicamente el origen ritualístico pagano de la fiesta e invocan al mismo Mefistófeles para desvelar la teofanía que subyace al texto. Magia negra, juegos verbales, cyberpunk y un verdadero festival de alusiones son las coordenadas del debut en la narrativa de estos autores del que por su brevedad me da pudor extenderme más, pero que me sume en un estado de rabia expectante por sus próximas publicaciones.
Javier Calvo, en su blog.

05 marzo 2010

Autoclick en el EP3.


De las narrativas cross-media de Vicente Luis Mora al "archivo" de "capítulos descartados" de punkjournalism.com, de Robert Juan Cantavella. O el spoken word en Fernández Porta; las sesiones de dj de Kiko Amat; las entradas en Google de laegosurfer Llucia Ramis; el blog/querido diario/poemario abierto de Luna Miguel —"Soy quien soy gracias a blogger.com"—; los booktrailers de Agustín Fernández Mallo; la zona de descargas de textos de la nueva web de Javier Calvo; la novela 2.0 de Enrique Rubio; el disfraz de zombi de Manel Loureiro, y la camiseta de "Soy un cornudo" de Valeriano Campillos. Todo vale siempre y cuando escribas un buen libro.
Gabriela Wiener