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20 junio 2012

Antibiótico.


tu caja de anticonceptivos
donde la muerte es una idea
Agustín Fernández Mallo

Antibiótico (Visor, 2012) de Agustín Fernández Mallo es un poema en actos. Un poema largo. Épico. Una oda a la singularidad y a los recuerdos así como un homenaje al ser humano, sus enfermedades, sus orígenes y sus manías. La poesía de Agustín siempre me ha llamado la atención pero en Antibiótico el texto supera todas las expectativas. Habrá quienes sean reacios a las ideas aquí vertidas, o, más bien, a la forma en que han sido vertidas (las fórmulas, la simbología, las citas... esa pequeña forma de ilustrar cada idea, tan característica de su obra). Sin embargo desde aquí quiero defender este poema largo. Este canto a la belleza de nuestra sociedad moderna. Este escudo contra la muerte: bandeja de la esperanza.  

08 junio 2012

Resumen de los últimos días: picaduras y daños.



1. La Universidad me enseñó a ser autodidacta. Fue una gran enseñanza, sí, pero pagué demasiado. Y eso que aún quedan cuentas pendientes. No me dejan acabar. No sé acabar.
2. Mi futuro es incierto pero sé que estoy aquí.
3. No iremos al Sónar. Somos pobres y tenemos responsabilidades. Recuerdo entonces ese poema de Gertud Kolmar:
Hoy estoy enferma, sólo hoy. Mañana estoy curada.
Hoy soy pobre, sólo hoy. Mañana soy rica.
Pero un día me quedaré para siempre así, 
envuelta, tiritando de frío en un oscuro chal, la garganta tosiendo, carraspeando,
arrastraré los pies con esfuerzo y pondré las manos huesudas ante la estufa de cerámica.
Entonces seré vieja.
Mis cabellos, sombrías alas de mirlo, son grises,
mis labios, flores secas cubiertas de polvo,
y nada sabe mi cuerpo de las cascadas y saltos de las rojas fuentes de la sangre.
Muerta, quizá,
mucho antes de mi muerte. 
[...}
4. Me gustan las poetas que dicen "mis cabellos". Eso pensé mientras hacía el examen que luego suspendí. Maldita sea. Mis cabellos. Quizá porque los míos son feos. O eso pensé mientras hacía las maletas para volver a casa después de dos semanas terribles en Madrid.
5. No sé gestionar mis relaciones. No sé cocinar. No sé estudiar. No sé.
6. Hemos comprado trampas para cucarachas y miles de inciensos contra los mosquitos. En Facebook lo dije y aquí lo repito: si los insectos supieran la importancia que les otorgamos. Y todo para evitar un simple picor. A mí me comen. A mí me comen entera. Cuánto los detesto.
7. Escribí un poema largo en donde alguien me mataba.
8. Me está gustando el poemario de Agustín Fernández Mallo.
9. Releí poesía griega. Arquíloco es una suerte de Cioran antiguo y Miguel Noguera es el filósofo cuyas enseñanzas he de seguir. 
10. Ayer gastamos dos condones. Había sangre por todas partes. Pienso en el poema Period sex de Kendra Grant Malone.
11. Quiero leer otra vez a Anne Carson. A Idea Vilariño. A Olga Orozco. Pronto me llegarán sus libros. Espero. Quiero. Su sangre para mí. 
12. La antología en papel de Sangrientas saldrá pronto. Preparar este libro me ha permitido intercambiar emails con algunos de mis ídolos literarios. No quepo en mí de sangre o de felicidad.
13. Detesto la sangre.
14. Cuando todo huele a sangre.
15. Cuando todo puede hacer daño.
16. Cuando todo puede caer: el país, el trabajo, el gato desde la silla al suelo y pum. 
17. La Rambla del Raval es entera morada y eso me gusta porque el aire parece puro aunque huela a carne.
18. Detesto la carne.
19. Cuando todo sabe a verano.
20. Cuando no tenemos nada, ni siquiera tiempo, ni siquiera ganas para comenzar un viaje. 

07 junio 2012

Líquido sudor helado o dos comienzos de dos libros dos citas de sudor que caen.

Mina Milk
Asumirse como océano donde pueden acontecer grandes olas
Julieta Valero

la esperanza cóncava que se forma
al mear sobre la nieve
Agustín Fernández Mallo

Afortunado él que me tiene a mí con esta sangre dulce de vino seco y dulce me tiene a mí él soy suya y me tiene aquí. Afortunado: mi sangre dulce y que ni un mosquito más ni uno vuelva a alimentarse de su piel. Para eso sirvo. Para sudar. Para ceder la piel. Para temer el hielo...

O ser la gota que colma el dicho. 

17 enero 2012

Los inmortales, aquellos buenos muchachos.


Cuando mencionas a Manuel Vilas siempre sale alguien que dice “qué buen tío”. Y es que es cierto. Todo el mundo lo sabe. ¿Manuel Vilas? Este buen tío. ¿De Zaragoza, no? Más o menos. Sí. Qué buen tío. Cómo son los de Huesca. Qué bonachón el tío. Sí. Sí. Y entonces me pregunto ¿cómo es que en un mundo tan hostil como el de la literatura puede existir alguien como Vilas? Qué razón tuvo al autodenominarse Santo. Su palabra trae la paz. Su literatura: la felicidad eterna. Pues es curioso cómo al leerle uno también piensa “joder, qué buen tío”. Y así, Manuel Vilas inaugura un género literario que a pocos se les podría aplicar, a muy pocos, de hecho, La Literatura de la Buena Gente.

De Vilas sólo conocía su poesía y algunos relatos. Me gustó especialmente El cielo (DVD, 2000), el resto siempre me ha parecido una variación de los temas y de los problemas aquí anunciados, pero con la cualidad de no hacerse repetitivo ni pesado. Amor (Visor, 2010), su poesía reunida, me la leí del tirón sin rechistar. El Universo Vilas, ese del que tanto hablan sus lectores y críticos, es realmente envolvente, y más ahora que leo su última novela, Los inmortales (Alfaguara, 2012), que es una locura al tiempo que un placer. Como una especie de Kevin Smith a la española (Nueva Jersey es aquí Zaragoza, y Jay y Bob el silencioso son el propio Vilas y Mallo, o Ferré, o cualquiera de sus colegas citados);  como una especie de partida a los Sims, delirante, cuyos personajes tuvieran nombres de grandes escritores –aquellos, los héroes inmortales- y vistieran ropas del futuro, fantasmales, en ocasiones; o incluso como una especie capítulo de Futurama en donde los robots hablan de literatura y el tiempo se detiene en cualquier galaxia para que Kafka, Dante, Cervantes, Stalin o el propio Vilas puedan mantener encendidas conversaciones sobre lo estúpidos que somos los humanos, lo tontos que somos los mortales, lo ridículo (más aún) que sería nuestro planeta, en definitiva, sin los libros.

Manuel Vilas está loco,
-lo intuí ayer-,
y es buena gente,
-lo dicen todos-,
Y Los inmortales es genial,
remato yo.

08 marzo 2011

Lo que me gusta y lo que no me gusta de Agustín Fernández Mallo.

Agustín Fernández Mallo me gusta cuando deslumbra: cuando es capaz de tomar una imagen como la de la manzana mordida de Apple y spokenworizar durante largos minutos sobre quién mordió, sobre por qué mordió, sobre el color y el sabor de esa manzana de millones y millones de dólares, golden flavor, maravilla tecnológica en el estómago.

Agustín Fernández Mallo no me gusta en la universalización de su poética, post-poética. No le veo un verdadero sentido en nuestro panorama. Parece como si no conociera esa poesía realmente innovadora o arriesgada (o simplemente interesante) en su escenificación como la de María Eloy García, Maite Dono, Estíbaliz Espinosa, Javier Gato, María Salgado, Gonzalo Escarpa, y toda esa peña.

Me gusta en Remake (Alfaguara, 2011), y en Carne de píxel. 

No me gusta en Nocilla Experience, ni en Postpoesía. 

Me gusta cuando retoma a los clásicos y los reconvierte en píldoras cargadas de algo muy presente. Remake es un ejemplo de ello, y El hacedor (su cuento de apertura) un destello que me entusiasma.

No me gusta cuando se repite. No hace falta intentar innovar continuamente cuando, lo sabemos, un texto como Mutaciones (en Remake) sabe defenderse por sí solo.

Me gusta su humor: el cuento casi extraterrestre del agujero y el pan. 

No me gustan algunos de sus chistes más débiles. Como los de los últimos poemas en Remake: quizá funcionen en una conversación, en un tweet o en un blog, pero a mí, personalmente, no me pegan en la genial dinámica libro.

Me gusta cuando da su opinión. Cuando se emociona igual que yo me emociono con las cosas que pueden ser interesantes: los nuevos poemarios de alguien joven, los libros de sus cercanos, la música de Eels. 

No me gusta cuando no dice lo que piensa. Cuando no se arriesga a decir: no he leído esto, o bien, no me ha gustado esto, o bien, creo que esto podría ser mejor.

Me gusta cuando no se preocupa por las críticas feroces de Patricio Pron, Martín Lopez Vega y otros escritores.

Me gusta cuando Alberto Olmos o Javier Moreno celebran su poesía.

Me gusta su poesía.

No me gusta tanto su narrativa.

Me gusta su poesía el 90% de las veces.

No me gusta su poesía en Remake. Eso ya lo he dicho.

Me gusta ver qué reacciones causan sus textos, sus ventas, sus camisetas divertidas, sus converses, sus entrevistas, su fama, en definitiva, en la gente, en los anónimos, en todos aquellos que parecen odiarle. Me gusta, decía, porque siento que él hace lo que quiere, lo que le gusta, sin altas pretensiones, sin creerse el mejor, sólo por diversión, y eso es admirable.

No me gusta en qué se ha convertido porque al leer Remake, aunque me mole, siento que escriba lo que escriba nunca va a ir más allá.

A veces me gusta esa idea de "no ir más allá" porque la tomo en su buen sentido: cualquier cosa escrita por Agustín Fernández Mallo ya llevará inevitablemente su marca. Conseguir una voz y una marca propia es muy, muy difícil. Él lo ha hecho. Pase lo que pase con su literatura: ahí tendremos uno de sus grandes logros. Su voz.

A veces no me gusta que la gente se ría de él. Que lo desprecien. ¿Por qué? Cuánta envidia.

Me gusta porque sabe aceptar críticas. Porque es uno de los escritores más educados y buenagente que conozco.

No me gusta que en ocasiones pase por alto cierta poesía más conservadora, clásica o de la experiencia cuando lo que él hace, si no tenemos en cuenta la forma y sí el contenido, también podría ser clásico, conservador o de la experiencia.

Me gusta, siguiendo con el punto anterior, su manera de reformular lo clásico: Agustín Fernández Mallo no habla de otra cosa más allá del amor, de las obsesiones del escritor y de la extrañeza ante este mundo raro en el que vivimos. 

No me gusta su fuerte obsesión por las nuevas tecnologías cuando estas, hace unos años, podrían resultar radicales y novedosas en la literatura. Hoy no. Ya no. Hoy resulta cansino.

Me gusta que muchas de las veces sepa superarlo, como en ese poema de la manzana de Apple. Tan hermoso. Tan acertado.

No me gusta lo estático de sus spoken.

Me gustan sus spoken: la música, su modo de leer.

En definitiva, Agustín Fernández Mallo me gusta. Es un tío legal, como dirían en la tele, en alguna serie de Antena 3. Me gusta porque me entretiene. Porque aunque tenga cosas más flojas: no está mal. Porque se nota que escribe desde el cariño. Desde las ganas de ser  buen Hacedor. Y de, además, Hacerlo bien. 

05 marzo 2010

Autoclick en el EP3.


De las narrativas cross-media de Vicente Luis Mora al "archivo" de "capítulos descartados" de punkjournalism.com, de Robert Juan Cantavella. O el spoken word en Fernández Porta; las sesiones de dj de Kiko Amat; las entradas en Google de laegosurfer Llucia Ramis; el blog/querido diario/poemario abierto de Luna Miguel —"Soy quien soy gracias a blogger.com"—; los booktrailers de Agustín Fernández Mallo; la zona de descargas de textos de la nueva web de Javier Calvo; la novela 2.0 de Enrique Rubio; el disfraz de zombi de Manel Loureiro, y la camiseta de "Soy un cornudo" de Valeriano Campillos. Todo vale siempre y cuando escribas un buen libro.
Gabriela Wiener

24 noviembre 2009

Mi novio es un zombie (reiniciando al monstruo).


Mi novio es un zombi
es un muerto viviente
que volvió del otro mundo
para estar conmigo,
mi vida ya tiene sentido.
Alaska
El viernes y sábado (27 y 28 de noviembre). Auditorio de La Casa Encendida:
Germán Sierra. Vicente Luis Mora.
Manuel Vilas. Jordi Carrión.
Agustín Fernández Mallo. Óscar Gual. Robert Juan-Cantavella.
Mercedes Cebrián. Doménico Chiappe. Eloy Fernández Porta.
Jordi Costa. Juan Francisco Ferré.

04 septiembre 2008

Remember.

Valente escribía a mano sobre fotografías que representan un paisaje. El autor de esta pintada escribe sobre la materia misma del paisaje. Vamos a suponer que es el mismo Valente, resucitado cual Lázaro, quien llevó a cabo esa pintada.
Agustín Fernández Mallo
http://www.alfaguara.santillana.es/blogs/elhombre/2/blog-post/130/valente-2-poemas-por-no-poner-200/