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27 septiembre 2012

Unas horas en Bruselas: trajes grises / Transpoesie / músculos fatigados.

Bruselas resumida a color:







Bruselas resumida en b/n:








Apuntes desde mi cuaderno oscuro.
(Barcelona-Bruselas-Bruselas-Barcelona 25-27 septiembre. Transpoesie, etc). 

Me emociono mirando hacia abajo
y lo que miro podría ser cualquier cosa
cualquier sitio
trozos verdes
marrones, más trozos verdes,
marrones, más trozos verdes
más, marrones:
ese es el lugar del que hablo,
¿lo ves?
La gran nube de Europa en el punto exacto.

***
Viene a recibirnos un cuervo pero todos aplauden. El símbolo era el gato, no el cuervo. ¿Quién decide el símbolo de la mala suerte? ¿Por qué la garra y no el pico? No sé. Ignoro la temperatura. Parece roja. Luego gris.

***
Gonzalo me cuenta cosas. Muchas cosas. Gonzalo es generoso y habla de Bolaño. Pronuncia escritores que no conozco. Tomate, mozzarella, bière blanche. La ciudad me trata bien en la noche. Aquí no hay cucarachas. ¿Te imaginas que las traigo en la maleta? ¿Te imaginas la plaga creciendo? Nuestra plaga conquistando Europa. Te echo de menos. Bebo cerveza del minibar. En las noticias hablan de España. Mi país arde. Este hotel parece un prostíbulo. Tengo sueño.

***
Todo tarda en despertar pero he encontrado la cafetería que me gustó en 2007, hay hombres más alegres aquí. Mucho más alegres que los del barrio donde duermo, barrio de trajes, barrio gris, mis botas marrones pisando el barrio gris, hombres grises, grisicitudes que miran, me miran, grisérrimos, limpios, tristes, cómo engullen, dinero, dinero, dinero. El centro tarda en despertar, me levanté a las 6:30. Ahora estoy aquí y he comprado libros viejos.

***
El hilo musical del metro a las 12: Rasputin de Boney M. Muy loco. 

***
La tele estaba tomando imágenes en el metro para mostrar a los ciudadanos de Bruselas su nuevo sistema de vigilancia o qué sé yo. La tele me pide que sonría como una buena ciudadana. Que enseñe mi ticket. Yo lo enseño. Soy una buena ciudadana.

***
Tengo que comer sola y me pierdo. Dos horas. Barrios residenciales. Abren las ventanas, catálogos de Ikea, ni un alma. Luego Merode, tiendas, más tiendas, trato de comer cerca del hotel. Un hombre de traje acaba de decir a la camarera que él me paga la cerveza. Ríe con sus compañeros. Es feo. Me bebo la cerveza. Como sola. Ya llueve. Odio este barrio.

***
Mi cabeza.

***
Las iglesias tienen forma de escarabajo. Llueve sólo dentro de los árboles. Fuera no. Extraño. No hay niños. No hay.

***
Siesta.

***
Siesta corta, no puedo hablar contigo, quiero hablar contigo, quiero contarte lo que me ha pasado en el restaurante. Te echo de menos.

***
Instituto Cervantes y luego la inauguración de Transpoesie en Botanique. Conozco al poeta de Rumanía. Se llama Radu Vancu. Bebo agua con gas.

***
Passa Porta es una especie de cápsula temporal maravillosa. Muchísimo público (muy joven), muchísimos libros, conversaciones interesantes, hablamos de Europa. No nos gusta Europa. O sí. No lo sé. No lo sabemos. Radu Vancu, Onno Kosters, Gueorgui Konstantinov, Mevlut Ceylan, Eric Piette y Xóchil A. Schutz. Me interesan especialmente las voces de Radu, Onno y Xóchil. Con los dos últimos tengo la oportunidad de hablar en el bar: los temas de David Foster Wallace, la traducción, la crisis, Ingeborg Bachmann y las generaciones salen a la mesa. Luego más cerveza y risas con Margarita y sus amigos. Por la noche todo cambia. Hay gente borracha. Hay música que sale de las alcantarillas. Quiero ir a una fiesta pero tengo que madrugar. Hablo de política con Sarah. Son las dos de la madrugada. No he cenado. 

***
Aeropuerto. Ocho euros: cocacola y bocadillo de queso. Ahora sí que soy pobre. Y qué mal sabe. 

***
Otra vez cuadrados: 
trozos:
marrón:
gris:
me duermo:
el mar:
piloto al habla, cuenta que eso de ahí abajo es Niza. ¿Niza? ¿Eso es Niza?
distingo la silueta de la ville
duermo
los pirineos
el cielo no tiene ni una sola nube -mi país arde porque no hay nubes que lo resguarden-
-la lluvia resguarda-
-aísla- 
Barcelona,
vas a estar allí cuando llegue,
ya llego
no hay hambre
estoy

16 septiembre 2012

Los pasillos pacientes de Joyce Mansour.


Y volvemos a las novedades de la rentrée, esta vez con la novelita de Joyce Mansour, Islas flotantes, publicada recientemente por Periférica. Aún me quedan algunas páginas para terminarla, pero he de decir que me está gustando mucho. Aunque he leído la poesía de la autora, y tiene bastante que ver con su prosa, no me esperaba encontrar lo que estoy encontrando. De hecho, a ratos, dudaba de que me pudiera gustar. Sin embargo la cosa ya empieza bien. El azul de Niza es lo primero a lo que uno se asoma en su narración. Pero es que luego sigue genial: la observación, la lectura, la espera, la enfermedad, la vida en el hospital, la narración del cáncer y su forma de volverlo un tema profundamente lírico (recordemos que hace unos meses escribí un post a propósito de la idea de literaturizar una enfermedad que según Sontag no podía ser literaturizable -¿esta palabra existe?, no sé, bueno, da igual-, y que podéis leer aquí), algo que señala muy bien Antonio Ansón en el postfacio; pero sobre todo, lo que más llama la atención aquí es el sexo, su manera de abordar el erotismo desde una estética desagradable pero intensa. Joyce Mansour consigue hacer literatura del cáncer, pero es que también consigue volver erótico lo enfermizo. Altamente recomendables estas páginas escritas de un modo exquisito, fragmentario y oscuro. Como pequeños alientos. Como pequeños sueños. Un libro de libros destinado a venir a nuestras manos y golpearnos fuertemente y dentro.

Más arriba dije que no había acabado la novelita, pero aún así quisiera copiaros algunos pasajes que he ido subrayando -es difícil guardar el lápiz ante Islas flotantes-. Atentos: 

El hospital. El penoso desvarío del pijama, aprisionado por ambos costados entre los muros altos del dolor anónimo, se arrastra pegajoso hasta los váteres. El enfermo avanza por el pasillo junto a su enfermedad: sin composturas y, casi siempre, a trompicones.

***

Continúo avanzando. Los pasillos son las venas del hospital y cada enfermo debe zambullirse, nadar a contracorriente, zambullirse en su espuma. Por cada coágulo expulsado cuajan mil coágulos que coagulan y estallan como pompas. ¿Seré yo uno de ellos?

***

Esta noche realizo la ascensión de una alta cima: el pecho amputado de mi madre. Era de esperar. El perro sueña con peces, el pescador también sueña con peces, lo cual no implica que los peces con los que sueña el perro sean realmente peces; podrían representar el falo de un ahogado (aquél, inencontrable, de Osiris descuartizado que recorre el Nilo fecundo hasta hoy mismo), Cristo: pienso en la dimensión simbólica del pez en los comienzos del cristianismo como en un hueso mal digerido. Si el pez representa el falo del hombre, el pecho simboliza el pene. Pero el pecho amputado resulta doblemente prohibido: ¡viva la muerte del cáncer!

***

Me estoy equivocando. El erotismo en la vejez no puede ser el camino a seguir.

***

Estoy nerviosa. Me rasco. Mis uñas se llenan enseguida de briznas de carne. Diez minutos de silencio. Una puerta se abre de repente. Me toca. “El ombligo es una puerta falsa. Una puerta sellada como en una fortaleza”, susurra la enfermera para tranquilizarme.

***
Renuncio a entender la razón de mi presencia aquí. La cuestión queda en el aire. He eximido a los allegados de mi fantasma: sé que “fuera” las visitas están consideradas como un incordio desagradable. Y he dejado de tenerlas. Ya no leo. Ya no escribo. Aguardo.
Joyce Mansour  

22 agosto 2012

Los gorriones son las nuevas palomas, las palomas son las nuevas ratas, las ratas son mis amigas pero no así las cucarachas.




He aquí una historia sin sentido. Mi profesora de latín del Lycée Masséna nos obligó a aprendernos aquel célebre poema de Catulo en latín y en francés, ya que mi nivel de ambas lenguas era dudoso, me lo aprendí también en español y se los recité los tres de una vez, y desde entonces no lo he olvidado. Creo que mi -pequeña- obsesión por las aves viene de ese momento. Recité tantas veces ese petit moineau, ese passer mortuus est, ese el gorrión de mi amada ha muerto, que no me quedó otro remedio. Ya había un poco de pájaro azul en el corazón de Bukowski en mi mente y un poco (más aún) de pájaro de papel en el pecho de Aleixandre. La suma de alas durante tanto tiempo me fue haciendo cortocircuito hasta que me di cuenta -creo que ya lo conté antes- de que en realidad yo detestaba los pájaros. No me gustaban tanto como animales sino como figuras a las que buscar entre las letras de otros -aplicándolas a mis propias letras desde el culto a ese mito que entre Catulo, Aleixandre y Bukowski me fui creyendo. En realidad -insisto- odio a los pájaros. Cuando vi la debilidad de aquel vencejo torpe que Cecilia cuidaba en Capileira, sentí más asco. Más tarde llegué a la ciudad e imaginé a los gorriones como nuevas palomas/ratas. ¿Cómo podía hablar así Catulo del passer domesticus, pájaro completamente normal y anodino? ¿Cómo ha podido fascinarnos tanto ese bicho enclenque? Lo odio tanto como lo amé y lo amo tanto como sé que lo odio. No hay remedio. Y todo esto lo cuento sólo por una suerte de coincidencias que os parecerán estúpidas pero que para mí guardan cierto sentido. En primer lugar, el otro día en la montaña algunos detestaron al gato salvaje que en la puerta de aquella casa se había zampado a un petirrojo "se merece morir". En segundo lugar, ayer leí un poema de Hugo Claus a propósito del hambre, la guerra, el odio a los nazis y los banquetes de gorriones (de nuevo pájaros vulgares y prescindibles). En tercer lugar, hoy he cocinado pollo. No era para mí -ya hace muchos meses que dejé de comer carne- sino para mi padre. Mi padre que odia a los gatos y ama a los petirrojos. Mi padre que me regaló el libro de Hugo Claus hace muchos años -al volver de Niza, curiosamente-. Qué bien has cocinado el pollo -me dice él. Quizá porque se me dan bien la muerte. Quizá sea eso... o quizá sea el curry. Ya no sé. Pero tampoco me importa.

Los domingos comemos gorriones.
Y entre semana aprendemos 
a hacer nudos para luego,
cuando cojamos a todos los nazis
y los colguemos.
Hugo Claus  

10 agosto 2011

El libro de Monelle.

Foto de Juan Guerrero
El libro de Monelle.
Editorial: Demipage.
Septiembre 2011.


Hace unos meses llamé a David Villanueva, editor de Demipage y le dije que tenía muchas ganas de re-traducir El libro de Monelle, pues como muchos de vosotros sabéis es uno de mis libros preferidos, escrito por uno de mis autores preferidos y protagonizado por mi mejor heroína, la niña Monelle. David me dijo: a tope, y nos pusimos manos a la obra. Quien haya seguido este blog desde 2006 conocerá mi obsesión con este texto. Quien lo haya seguido desde los últimos meses sabrá de mi insomnio, Reino Blanco, el trabajo secreto, hilando en mi mano y en las cejas las palabras de un decadentista loco de, en aquel entonces, 23 años, llamado Marcel. Los tags podrían ser: Reino Blanco, Die young stay pretty, Nice la pute, Anillos dorados, Thomas el impostor, Niebla. Young Bride. O qué. 


18 diciembre 2010

Mis otros 10, de 1990 a 2010: la vida pasa más rápido de lo que una quiere y el amor sigue siendo extraño al recordarlo.



*Advertencia: muchos de vosotros
ya habéis leído esto que enlazo;  este texto
podría considerarse una ampliación
llena de contradicciones y  tonterías.

Me gusta hacer listas. Siempre, a final de año, hago listas. Cuando tenía doce años hacía las listas de los chicos más guapos con los que me quería enrollar en 2003. O la lista de mis discos de música preferidos, siempre encabezadas por los Red Hot Chili Peppers. Cuando vivía con mis padres en Almería, con la familia Gioanni en Niza o con mi abuela en Alcalá de Henares mis estanterías siempre se dividían por listas. Una balda para mis libros preferidos (que podía sufrir modificaciones según fuera leyendo libros mejores) y otra para el resto de los libros, ordenados, también por editorial. Soy muy maniática. Sí. Por eso he decidido hacer otra lista; cumpliéndose veinte años y pocos días de mi nacimiento voy hacer una lista de los mejores libros que he leído entre 1990 y 2010. Y cuando digo mejores me refiero a los que más me han influido, gustado o cambiado en mi trayectoria de lectora o autora. Comenzamos:

1. Lobito aprende a ser malo, Ian Whybrow, SM (El Barco de Vapor, Colección Azul). Este es posiblemente uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Creo que mis padre me lo compraron en la Picasso en mi primer año en Almería. Lo leí en 1996 o en 1997, no recuerdo. Lo llevé conmigo mucho tiempo. Me reí tanto, disfruté tanto, lo amé tanto. Las historias que le ocurrían a Lobito eran geniales y la forma de contar las aventuras (era una novela epistolar) me pareció muy original en ese momento, pues hasta entonces sólo había leído libros infantiles tontos y sin sentido (o eso me parecía a mí). Lobito mola. Lo recomiendo.

2. Rimas de luna, Antonio Ródenas y Asun Balzola (ilustradora), SM (El Barco de Vapor, Colección Piratas). Rimas de luna es mi primer libro de poemas. Me lo regalaron, no recuerdo quién, posiblemente por su nombre. Era un libro para Luna, ¡cómo no! Recitaba sus poemillas de amor por todas partes. Era cursi. Muy cursi. Era genial.

3. Todo Mafalda, Quino, Lumen. Mafalda era mi Biblia. Lo fue durante años. De los 8 a los 12 cada noche procuraba leer una viñeta. Muchas me las sé de memoria. Yo quería ser Mafalda. Quería ser una niña lista y divertida. Más lista que mis padres. Preocupada por el mundo y la política, etc. De los 8 a los 12 leí muchas cosas. El guardián entre el centeno, El lazarillo de Tormes, Don Quijote de La Mancha, La voz dormida, algún libro de política, algún libro de poesía que no me gustó, algún libro de Ángel Guache... Mafalda era mejor que todo aquello. Mucho mejor. Mafalda era mi Biblia.


4. La senda del perdedor, Charles Bukowski, Anagrama. Mi padre me regaló este libro de Bukowski a los 11 años. Creo que me veía como una especie de niña perdida: acababa de empezar en instituto y me juntaba con niñas calorras, Adriana y Laura, a las que quería mucho. Sin embargo ella salían, se enrollaban con chicos y fumaban. Parece que el remedio contra aquel miedo (el de convertirme en una fumeta pasota y cutre) pasaba por leer a Bukowski. Así fue. Me encerré en mi cuarto, me leí todos los libros de Bukowski, Kerouac, Burroughs, Ginsberg, Céline, Baudelaire y Roger Wolfe que pude y hasta los 13 no hice otra cosa. No salí. No besé a chicos. No fumé. Bukowski fue mi iniciador. Mi protector. Mi mayor y mejor influencia y amante. Gracias a él empecé a devorar libros de verdad. Todos los días, a todas horas. Cambié de amigos, conocí a Naira, a Xío, a Jacinto. Me hice medio punk. Llevaba chapitas y escuchaba Rancid y Eskorbuto. Besé a un par de chicos. Empecé a escribir.

5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama. He perdido mi edición de Lolita. Bueno, no la he perdido, la tiene mi primer novio (o segundo, o tercero, según la versión), Jacinto. Era una edición de Anagrama. La primera edición en España. El libro me lo regaló un amigo del que yo estaba enamorada. Un amigo treinta y siete años mayor. Nunca me gustó Lolita. Por eso esa edición se la regalé un año después, con quince, a mi novio Jacinto. Quería que él la guardara. Que él escondiera mi pasado. Mi yo-Lolita enterrado para siempre en la playa de Almería. En aquel tiempo leí mucho a Amélie Nothomb, pues sus novelas también hablaban de niñas mágicas, niñas lolitas, niñas adolescentes y hermosas. Lisa Dierbeck, Lewis Carroll, Bernard Schlink, Jeffrey Eugenides... e incluso algunos de los poemas de Cernuda empapaban mi cuerpo y mi cabeza. Mano de viejo mancha al cuerpo juvenil si intenta acariciarlo. Yo estaba muy enamorada y empecé a escribir mis primeros poemas. Abeja Maya, Sangre, Tu coche rojo (huiremos a Nepal en nuestro coche rojo...). Leonor y Machado como ejemplo a seguir. Lolita Lolita, Lolita. Y el poema, decía, Abeja Maya (noviembre de 2004, a mis trece años y tres días antes de cumplir catorce, muy enamorada de Él):

Abeja Maya

Correr.
Correr por las calles dándome igual lo que piensen.
-que más quieren, soy una niña,
al menos que de me dejen estos tres últimos días para disfrutar…-
Hoy corro, salto, río
(como una loca)
como el águila que vuela en libertad.
Cruzo el paso de cebras de puntillas y con cuidado
recordando mis años de bailarina.
Plectrude y su mirada.
Oh! qué insolencia, mira a esa chica.
-Perdóneme señora, pero soy una niña,
déjeme soñar,
tres días no son mucho.
No guardo las composturas, no.
Soy una nota de piano, comptine d’un autre été.
Sin preocupaciones, pero con cabeza,
porque tú y yo sabemos cuáles son las consecuencias,
y no quiero escribir a ciegas.
…Demasiada literatura beat en los bolsillos,
demasiadas paredes,
demasiados disfraces…
Hoy soy una niña con jersey de rayas amarillas,
hoy mis ojos son más azules que nunca, mirando al océano
mientras una voz susurra: en la profundidad
de lo insondable estoy…
Cuánta razón,
susurros de otro mundo,
ideas que vienen y van,
poemas compartidos.
Y nervios, como dice el gran Charles:
Cristo bailando folk-rock en mi pecho,
ritmos rápidos y lentos,
según mi distancia hasta el cuello de tu camisa.
¿Temes que alguien endulce tu vida más de lo necesario?
Empalagoso té de coco,
empalagosa colonia de moras,
hipoglucémicas muñecas rapadas al cero.
Y otra vez la calle,
la señora,
la farola,
la niña del jersey de rayas.
Quiero ser niña.
Quiero volar.
No quiero pasar mis últimos días de abeja
entre fracciones sin resolver.
Odio la miel.
De fondo, 
Sarah Vaughan,
y me quedan tres días.

(Almería, 3 de noviembre, 2004)

Lolita se resume en este texto: las letras de Fangoria intercaladas. Yann Tiersen. Las referencias a mis seis años de bailarina y su relación con el personaje de Plectrude en Amélie Nothomb, Sarah Vaughan en la radio de la habitación de mis padres. La diabetes aún reciente en mis venas. Tres días antes de cumplir catorce años. La literatura beat. Las referencias al cuello de la camisa de aquel hombre al que yo amaba. Aún virgen. Muy virgen e ingenua. Muy puta Lolita.


6. 99 poemas José Ángel Valente, Alianza. En 2005 empezó mi fiebre Valentiana. Incluso gané un premio (el de La sombra del membrillo) con un poema dedicado a Valente. Valente vivió en Almería y según mis padres hemos coincidido con él en más de un evento en la ciudad. Me cago en dios, pensé. ¿Qué coño estaba haciendo yo a los 6 años que no leía a Valente? Puto Lobito, puto Barco de Vapor. Si a esa edad yo hubiera conocido a Valente podría haberle dicho: señor José Ángel. No tiene ni idea de cuánto me gustan sus poemas. ¿Sabe que sé recitar Serán ceniza de memoria? Mire: cruzo un desierto y su secreta desolaciónsinnombreelcorazóntienelasequedaddelapiedraylossestallidos... nocturnosdesumateriaodesunadahayunaluzremotasinembargoyséquenoestoysolo... aunquedespuésdetantoytantonohayaniunpensamientocapazcontralamuertenoestoysolo...
tocoestamanoalfinquecompartemividayenellameconfirmoytientocuantoamololevantohaciaelcielo... yaunqueseacenicaloproclamo,CENIZA,aunqueseacenizacuantotengohastaahora. Cuanto se me ha tendido, a modo de esperanza. Y entonces el pobre José Ángel Valente hubiera dicho: llevaos de aquí a esta niña repelente, por favor. Y yo sería feliz. Muy feliz. Si al menos pudiera recordar su voz. Si al menos pudiera recordar ese recital de El Aula de Poesía de Almería en el que se supone que yo vi su rostro, sus gafas gruesas, sus manos de poeta... empezó una larga carrera. Una dura carrera Valentiana. Empezó mi desolación sin nombre. Y el desierto.

7.  El libro de Monelle, Marcel Schwob, Hiperión. 2006 y 2007 fueron mi Niza. Nueve meses pasé en la ciudad de la Costa Azul y allí tuve un amante francés y judío que me trató muy mal. Recuerdo que en aquel tiempo yo leía poetas franceses que me aburrían mucho. También leí clásicos que nos obligaban a comprender en el maravilloso Lycée Masséna donde estudiaba. Escuchaba My Dying Bride y Noir Désir. Me hubiera gustado hacerme gótica pero la ropa de H&M era más barata. Antes de ir a Niza mi madre me dejó El libro de Monelle. Menudo descubrimiento, pensé. Menudo puto libro, joder. En Niza lo pasé muy mal y si sobreviví fue gracias a ese libro. Compré una copia en francés y se la regalé a Thomas en diciembre de 2006. Se la regalé un día antes de que nos despidiéramos para siempre (él tenía novia y ahora, por Facebook, sé que van a ser padres). Le regalé una edición preciosa de Le livre de Monelle un día antes de quedarme sin él para siempre. Y entonces nació Síntomas y nacieron la mayor parte de los poemas que este año he publicado en Estar enfermo. Nació Sin-Thomas. Ese juego de palabras estúpido. Esa plaquette. Ese libro estúpido de mis dieciséis años. Leer Monelle me sirvió para deshacerme de Lolita. Lolita era una tonta-pop al lado de la sabia y preciosa Monelle. ¿Quién quiere ser Lolita existiendo Monelle? Cambié mi cuenta de correo de los diez años lunaticams@hotmail.com por lunamonelle@... cambié mi fotolog Luna Haze, por Luna Monelle. Cambié mi vida entera. Mi corazón entero. Ya no era la chica que amaba a los hombres mayores. Ya no era la tontita que escribía sobre abejas y caramelos. ¿Quién era ahora? Aún no lo sabía. ¿Y qué más da? La literatura, entonces, cambió para siempre.

8.  Así habló Zaratustra, Nietzsche, Alianza. En Almería, mucho después, conocí a Pablo el Oxidao. La literatura sólo me ha servido para enamorarme, ahora que lo pienso. Gracias a Pablo escribí muchos poemas. Muchísimos. Gracias a Pablo leí mucha poesía. Mucha filosofía. Recuerdo la lectura que hice de Así habló Zaratustra. Empezábamos a salir y me dejó el libro. No lo leí hasta la navidad, en Madrid. Fue un descubrimiento equiparable al de Monelle, la verdad. Nunca había leído una prosa parecida. Una prosa poética tan pura. Tan fuerte. Un poema largo que se extendía durante tantísimas páginas. Depuré mi poesía hasta tal punto que a los diecisiete sólo escribía aforismos. Trataba de sonar solemne. Trataba de transmitir esa fuerza de Nietzsche. Nunca lo conseguí, claro. Nunca. Devolví el libro a Pablo. Nos quisimos mucho durante mucho tiempo. Todo era poesía. Todo era poesía, y entonces, llegó la prosa. No la de Nietzsche. Llegó la prosa de verdad y todo cambió una vez más.

9. La extracción de la piedra de la locura y otros poemas, Visor Poesía. 2008 fue el año de las poetas muertas. En noviembre cumplí dieciocho años pero ya vivía en Madrid y ya conocía a Ibrahím Berlín. Pablo me regaló a Pizarnik. Quizá ese momento fuera lo último bonito que Pablo y yo vivimos. Esa extraña navidad en la que leí a Alejandra. Un amor acabó. Otro empezó, sin embargo. Ibrahím me dijo: lee a Bolaño. Pizarnik me dijo: lee a las poetas muertas. Y entonces el viento susurraba fragmentos de Foster Wallace y versos de Plath. Y el suicidio bailaba continuamente en mi cabeza. Y Anne Sexton, y Blanca Varela, y Louise Glück, y Anais Nin, y Virginia Woolf. Y escribí, escribí mucho. Los poemas de Alejandra Pizarnik me hicieron sentir muy femenina. Me hicieron sentir que la locura es como un pájaro. Me hicieron comprender mejor las letras de Lhasa. Volví a querer ser Monelle.

10. Los detectives salvajes, Roberto Bolaño, Anagrama. Querido Ibrah: mañana, domingo, es nuestro aniversario (no el oficial) (no el conocido) (sólo el nuestro: secreto y puro) (aquel beso y aquellas drogas y aquella cama en la que en silencio follamos). Querido Ibrah: antes de Foster Wallace tú también eras poeta. Escribías poemas raros rapeados, recuerdo. Y entonces me recordabas a García Madero. García Madero es uno de mis personajes preferidos de la ficción de este mundo. García Madero es una especie de Pleonasmo Chief de otro planeta. Un Pleonasmo aventurero, incómodo, rabioso. Querodo Ibrahím. Mañana se cumplen los dos años de nuestra relación. Todo empezó con Bolaño. A la mierda Wallace. A la mierda, te digo. Porque Lola Font sólo hay una y es esta, que te habla y te adora. La prosa y la poesía de Bolaño son emocionantes. Siempre que escribo pienso en él. Siempre que pienso en la literatura pienso en él. Y en esta lista de 10 libros magníficos él estaría el primero, siempre, porque es brutal.

A Bolaño lo leí en 2009 y desde entonces, en 2010, nada me ha impresionado tanto. Quizá La niña del pelo raro de Foster Wallace, Circus girl, de Maite Dono (en El Gaviero Ediciones), ese poemario que conozco desde que sólo era un manuscrito encuadernado en el almacén de mis padres, o incluso la poesía maravillosa de Dorothea Lasky, el gran descubrimiento de este verano. El año que viene sale a la luz la novela de mi novio. Y sé que también será un antes y un después en mi vida. Su prosa (hasta hoy) ha sido polémica y su forma de pensar pocos la comparten. En su novela soy una de las protagonistas y esto para mí, después de todo lo que os he contado, supondrá convertirme en parte de lo que amo, es decir, en parte de un libro, en parte del papel, en parte de un personaje femenino, hermoso y fuerte que no me merezco. Pero de Fresy Cool ya os hablaré en otra ocasión. Quizá cuando en 2030, si sigo viva, escriba la lista de mis libros preferidos entre 2010 a 2030. Y así de maniática soy. Y por eso hago listas en Spotify. Por eso hago listas de la compra. Listas de nombres para futuros hijos. Listas de cosas inútiles. Listas como poemas. Poemas como listas. Por eso escribo y por eso leo, porque estoy enamorada y si estoy enamorada no me siento tan sola. Creo.

Suena: ay.

09 mayo 2010

Querido diario (o cuatro años de blog).

Querido diario:

La guerra acaba de terminar en el mundo.
Acaba de comenzar en mi vida.
Lesley Arfin

Llevo desde ayer encerrada en este cuarto. Creo que es domingo. Llueve en mi ventana. El árbol se mueve. Suena Jolene, de Dolly Parton. Hay gente a la que le molesta que no escriba ni una sola coma. Me da igual. Hay gente que copia mis textos secretos. Hay madres que se cuelan en mi armario y leen este diario. Creen comprenderlo. Qué más da. En mi mesa el manual de Instituciones del Derecho. Trato de ingerir una dosis de Cocacola Light, otra de Risketos y otra de Justicia. En mi mesa, el último número de Quimera, el rotulador amarillo eléctrico con el que subrayo todo aquello que no entiendo. En mi mesa Rosalgin pronto, crema Nivea, otra lata vacía y unos folios en blanco. En mi mesa, todo eso y el libro de Lesley Arfin, Querido diario, recordándome que el tiempo pasa y que ya no tengo quince años. Mi foto, mi cara mojada y triste al lado de la de Félix Francisco Casanova: dentro de seis meses cumplirás veinte años. [Fea sucia tonta, que vas a los bares después de la guerra]. Tu cara, prologando las desgracias de Arfin. Prologando su mirada inocentemente punk. Se acaba la canción. Vuelvo a Spotify y pincho otra vez. Jolene, jolene... Abro Hotmail, mi chico me dice que una hora me llamará. Abro mi blog, tengo un comentario de Humbert Humbert. Abro mi blog. Lo vuelvo a abrir. Domingo nueve de mayo. Hace tres días mi blog cumplió cuatro años. Recuerdo. Lo empecé a los quince, meses antes de irme a vivir a Niza. Terminaba cuarto de ESO y empezaba a publicar mis poemas en revistas on-line. Revistas pequeñas de las que nadie se acuerda. [Silencio. Repeat. Jolene, Jolene...] Era pequeña. Me parecía demasiado a lo que no soy ahora. Quería ser una especie de Lesley Arfin con aires de Valente. Quería ser una especie de Bukowski con aires de Nothomb. Quería, querido diario, encontrar a alguien, de entre todos los que habitaban esta maldita Red, que entendiera lo que decía y me escuchara. Eso. Eso. Así. Pero tenía quince años. Pero tenía quince años infieles y hacía el amor con cualquiera que me dedicara un grafitti feo en alguna de las calles sucias de Nice La Pute. Jolene, ¿Jolene?.En mi mesa Lesley Arfin me recuerda que tampoco tuve amigas. Y que no hace falta irse muy lejos para encontrar literatura. De hecho, querido, queridísimo diario. La cita que aquí dejo la escribió la propia Arfin con apenas 12 años. Su joven entraña. Su pequeña entraña drogadicta. Su pequeño sufrimiento que era un mundo. Lluvioso. Qué más da. Y las comas. Y la infancia. Y este blog. Y este diario. Y esta cara triste sobre mi escritorio. Y este cuerpo viejo. Joder. ¿Qué mas dan?

*La foto es de un cartel que pegué por toda Niza
en noviembre de 2006.
Era el día de mi 16 cumpleaños.
La imagen es una variación de una fotografía
tomada en el cementerio judío.

28 marzo 2010

Estar enfermo (VI): oleum infirmorum.

Betty Blue
Ojo por ojo, gato por gato, y sorprendida (y agradecida) de encontrar aquí esta reseña de Javier a propósito del brevísimo Estar enfermo. Con un recorrido no sólo literario, sino sentimental, y vital, y crítico pero cierto en muchos puntos. Sevilla actualidad (hate Giralda TV): un huequito entre vírgenes y santas. Entre torrijas y saetas: nuestra enfermedad:

20 mayo 2009

Better Version Of Me.

una imagen muy antigua *nov 2006
--> -->
So I had to break the window
Fiona Apple

Pero puedo saberme en otro cuerpo. Y rechazar el poema.


12 julio 2008

Marquesas no lloran.


Mme. de Saint-Ange -Pasemos, pues, a mi tocador. Allí estaremos más cómodas. He avisado a la servidumbre, puedes estar segura de que no se les ocurrirá interrumpirnos. (Pasan al tocador con los brazos entrelazados.)
Marqués de Sade

Soirée sadique avec El Bohemio, Inés, Valentine con botas et moi.
Celebrando la llegada de la hermana de Niza,
marquesa de la Costa Azul.

18 junio 2007

Fragmento de un final.


Si yo fuera luna, sabría dónde ponerme.
D.H. Lawrence.



Almería o Niza, poco importa la ciudad sin su habitante. Yo soy habitante, ciudadana, inquilina o extranjera; mi papel consiste en residir aquí, hablando mi lengua y la de los otros, y dibujar con palabras o imágenes las sensaciones que la urbe transmite. En una ciudad puedes odiar, amar, en una ciudad puedes sentirte indiferente y al mismo tiempo formar parte hasta de las aceras. Las ciudades son todas iguales y hay que huir de ellas, irse o morir, irse es morir un poco, cantarían Stereo Total, porque es bueno dejar siempre una a tus espaldas para descubrir lejos otras experiencias, quizá las mismas, o parecidas, pero siempre con el encanto de encontrarte en otro escenario. A veces, la experiencia puede llevarte a afirmar lo que ya conocías, lo decía Javier Rodríguez Marcos en Frágil, hay Cosmopolitas que se sienten desgraciados en todas partes (...)

22 diciembre 2006

VACANCES DE NOEL


Un jour pour aller en espagne.
Ya no queda nada para volver.
Au revoir au revoir nice la pute.
Nissa la bella.
Niza.

13 diciembre 2006

YOUTH



Because you have the most marvellous youth,

and youth is the one thing worth having.

(O. Wilde)

01 diciembre 2006

ENJOY THE SILENCE


Sólo aguanté una semana de silencio,
aún quedan tres para volver a casa,
tengo unas ganas enormes de subir
a la gavia y de comer peluches.

26 noviembre 2006

MONELLE 2


Monelle se tut et me regarda :
Je suis sortie de la nuit, dit-elle, et je rentrerai dans la nuit. Car, moi aussi, je suis une petite prostituée.
Et Monelle dit encore :
J’ai pitié de toi, j’ai pitié de toi, mon aimé.
Cependant je rentrerai dans la nuit ; car il est nécessaire que tu me perdes, avant de me retrouver. Et si tu me retrouves, je t’échapperai encore.
Car je suis celle qui est seule.
Et Monelle dit encore :
Parce que je suis seule, tu me donneras le nom de Monelle. Mais tu songeras que j’ai tous les autres noms. Et je suis celle-ci et celle-là, et celle qui n’a pas de nom. Et je te conduirai parmi mes sœurs, qui sont moi-même, et semblables à des prostituées sans intelligence ; Et tu les verras tourmentées d’égoïsme et de volupté et de cruauté et d’orgueil et de patience et de pitié, ne s’étant point encore trouvées ;Et tu les verras aller se chercher au loin ; Et tu me trouveras toi-même et je me trouverai moi-même ; et tu me perdras et je me perdrai. Car je suis celle qui est perdue sitôt trouvée.