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17 mayo 2013

Mala sangre: un poema o un cuento.


Unas notas a propósito del fin del mundo, pertenecientes a La tumba del marinero, que podéis leer pinchando aquí gracias a la generosidad de El Boomeran(g) y, como siempre, a mis queridas editoras de La Bella Varsovia.

01 diciembre 2012

Diamante que abruma, palabra que acerca (sobre la poesía de David Meza).


Uno. El libro de David Meza que El Gaviero Ediciones acaba de publicar no es otra cosa que un cofre repleto de joyas. Algunas menos pulidas, brillantes, o fascinantes que otras. Pero todas joyas, al fin y al cabo: un cofre repleto de demasiada belleza. No soy la primera lectora que se siente abrumada por este exceso de brillo. Sin embargo este “principal problema” en la poesía de Meza, es también su “principal virtud”. Lo hablaba con los editores. Hay en el autor una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es extraño este efecto. Es  extraño y por eso nos aturde. Por eso nos deja sin aliento y así nos traga. Por eso queremos formar parte de él.

Dos. El libro de David Meza se titula El sueño de Visnu, y contiene las dos primeras partes de otras cinco que ya irán apareciendo en la misma editorial. Mi preferida hasta el momento es la primera, quizá por ese toque femenino, por esa narradora que el poeta elige para que nos cuente su vida. Su delirante y poética vida. Su vida que no es sino una crítica a un país (México), un reflejo de una tradición, y un dardo a una generación (aquella que celebra y a la que anima, aquel 1990 que tanto significado y color cobra en este texto).

Tres. Precisamente David Meza me recuerda a Roberto Bolaño. El sueño de Visnu podría ser una especie de nueva versión de Los perros románticos, o bien, el propio David Meza podría representar un retrato en carne y hueso de nuestro querido García Madero, protagonista de Los detectives salvajes. Pero esta comparación no es tanto de estilo como de espíritu. Estilísticamente hablando El sueño de Visnu guarda una voz con ecos de Juan Carlos Mestre, Leopoldo María Panero o incluso Pedro Casariego Córdoba. Su poema es el del gran aliento, con ese rasgo narrativo que ha caracterizado algunos de los grandes poemarios de nuestra quinta. Hablo de El fósforo astillado, de Juan Andrés García Román, o de Tara, de Elena Medel. Voces brutas que narran, cantan, pesan.

Cuatro. El libro de David Meza es un logro y una esperanza. Una piedra que nos llega desde el otro lado del charco -ese lado al que, a veces, poco miramos- y que empieza a llamarnos cargado de voces distintas y de juventud. Junto a la suya, me emocionan también otras poéticas. Las de Natalia Litvinova, Kevin Castro, Daniel Saldaña, Miguel Avero, Daniela Camacho, Agostina Ciccone, Lucas Ruppel, Carolina Quiñonez, Yaxkin Melchy, Karen Valladares... ¿Quizá El sueño de Visnu sea el comienzo de algo más grande? ¿Quizá no sólo la muerte de México será hermosa, sino también la muerte de América, la muerte de Europa, la muerte de toda palabra que imponga frontera? ¿Quizá es a este feliz flujo de palabras al que Meza canta en su fabuloso manifiesto? ¿Quizá...?

Cinco. Terminaré este post, entonces, con una cita. Con Esa cita. Juzgad ahora vosotros:

A las siguientes generaciones. Manifiesto.

Quiero que la muerte de México sea hermosa

Quiero que su muerte sea un acto bello e inexplicable como los pájaros

Quiero que el pasado sea un hecho maravilloso que se forja en el futuro

Quiero que mi nombre sea la vida

Quiero que América se desdoble y se muestre como un acantilado de ovnis

Quiero que mi sexo sea la vida

Quiero que la tradición literaria de las personas sea el movimiento de las cometas

Quiero que mi patria sea la vida

Quiero que los literatos suban de nuevo a los árboles y renombren cada noche las constelaciones del abecedario

Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos

Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no una postura frente a los años

Quiero que la poesía se confunda con la narrativa y la narrativa con un tratado científico y este con un nuevo sistema planetario

Quiero que mi clase social sea la vida

Quiero que los poetas tengan miedo a la inmortalidad y a la permanencia

Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso

Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque

Quiero que mi nacionalidad sea la vida

Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso

Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio

Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos

Quiero que mi edad sea la vida

Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura

Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro
(David Meza)

25 noviembre 2012

Madre de todas las flores.


tres secos golpes de alas (más pájaro que mariposa) dentro
del corazón
y luciérnagas
unas pocas y débiles luciérnagas encendiendo y apagando
sus fanalitos
por la tupida oscuridad de la cabeza
no hay aire -ni dolor- en la cerrada mansión de la durmiente

María Rosa Maldonado


Cuanto más leo sobre la enfermedad, más cuenta me doy de que es un tema del que cada vez sé menos. Cuanto más leo, más aspectos desconocidos descubro. Más lecturas pendientes acumulo... Hay tanta literatura a propósito. Hay tantas enfermedades sobre las que escribir. Hay tanto por leer. Hay tanto por saber: y, lo cierto, es que no sabemos nada.

Lo pensaba a raíz de una de mis últimas lecturas, el libro Atzavara (kriller71edicioes, 2012) de María Rosa Maldonado. Una especie del canto a la mente (¿enferma o curada?) a la medicina (¿o al veneno, o al litio?), a la enfermedad (¿o a la vida, acompañada de ella?) o a la poesía que nace de la enfermedad (¿como una flor surgiendo en tierra estéril?). Pero aquí, Atzavara de María Rosa Maldonado no es una flor. Pero aquí, Atzavara de María Rosa Maldonado son miles de flores surgiendo del lado más oscuro de nuestras vidas, pues con un lenguaje áspero y una dificilísima ordenación de los versos, los sentimientos y las referencias, consigue finalmente mecernos. Darnos la enfermedad. Darnos la flor. Darnos su propia y particular medicina.

Con todo la autora me ha recordado a una especie de Ingeborg Bachmann a la que le han robado los verbos, a una especie de Joyce Mansour sin pasillos, o a incluso a una suerte de Leopoldo María Panero, sumergido en la brevedad de un destello.

Quería contaros además que este es la segunda publicación de la joven editorial kriller71ediciones. La encontré un día en mi buzón gracias a la generosidad de su editor, Aníbal Cristobo. Hoy he puesto una cita de María Rosa Maldonado en Facebook (que ha gustado mucho, y que arriba vuelvo a copiaros) y más tarde le he dado las gracias al editor en un mensaje privado. “Me ha encantado el libro de Maria Rosa”, le dije, pensando yo en ella como en una suerte de autora secreta que el Cristobo venía de descubrir. “Me alegro”, respondió él, “es mi madre”. 

Entrañable. Pensé entonces. Y en mi me mente se reconfiguraron todos los esquemas: Enfermedad + Literatura = Familia = Enfermedad + Literatura = Sus flores. Ad infinitum.  

23 julio 2012

Pornografía del alma.

Tengo ingenio
donde otros tienen
un cuerpo
Ingeborg Bachmann

Hace poco mi colega Sandra Martínez y yo intercambiamos unos emails a propósito del libro No sé de ningún mundo mejor (Hiperión, 2003) de Ingeborg Bachmann... aunque no sé si deberíamos llamarlo "libro" pues se trata más bien de una suerte de ordenación deliberada de un montón de folios que en un principio ni la propia autora ni su familia querrían haber publicado. Pero ya sabemos cómo son estas cosas y cómo es nuestro infinito gusto por la pornografía del alma del escritor... ¿queda algo de Roberto Bolaño por publicar, amigos, las listas de la compra, quizá, y revisaron todos los cajones? Diarios secretos, emails, cartas, cualquier cosa. Pornografía pura del alma y la eterna discusión sobre cuál es el límite de todo aquello... pues... ¿no escribe uno para que el pensamiento perdure? ¿Entonces... está mal o está bien que un editor lo publique? ¿Es bueno o es malo que un lector acceda a los pensamientos más frágiles de sus autores preferidos? No sé. Ya no lo sé porque como lectora soy la primera en querer "saberlo todo". Por eso, a pesar de algunas cosas que explicaré a continuación, creo que No sé de ningún mundo mejor es una curiosa obra a tener en cuenta por todo lo que un lector de Bachmann e incluso un lector habitual de poesía puede obtener de sus páginas.

Este libro, decía, no es un poemario acabado sino una recopilación de textos fallidos, a medias, sin corregir, plagados de imágenes repetidas hasta la saciedad por la autora, para llegar, al fin, al perfecto verso. Imagino este "libro" y en mi mente aparece una habitación ¿de hospital? con cientos de poemas escritos a máquina esparcidos por el suelo. En estos textos se percibe a una Ingeborg mucho más pesimista que en otros poemarios, mucho más seca, directa, descuidada e incluso masculina. El tema que recorre todos sus textos es el de la soledad y la enfermedad. La poeta aquí es consciente de que está sola y moribunda y de que sólo puede confiar en esos seres blancos que la rodean -las enfermeras-. Se siente sin familia, se siente sin amigos, se siente completamente desamparada y borracha ¿os podéis creer que llegados a este punto la voz de nuestra misteriosa y dulce Ingeborg se convierte en la de una especie de Bukowski con vagina -o sin ella- tan solo un poco más delicado? Así es. La autora de No sé de ningún mundo mejor es una poeta sucia, vagabunda, una mente brillante encerrada en la desesperación de la antesala de la muerte, con el cuerpo lleno de heridas y de medicamentos. 

La fragilidad del poeta es curiosa. De la fragilidad de los poetas nacen verdaderas joyas. La fragilidad de Ingeborg Bachmann se desvela en sus obsesiones y repeticiones. Sin ir más lejos, el poema "Suave y quedo" es uno de los más repetidos del libro, y es aquí donde percibimos la impotencia de la autora: se pasa páginas y páginas intentando introducir esta simple expresión "suave y quedo" y no parece conseguirlo nunca... sin embargo, al lector cada vez le arropa más, cada vez le importa más adivinar dónde caerá "suave y quedo", qué es "suave y quedo", cuándo volverá a aparecer y por qué a nuestra heroína poética le hace tanto daño. La fragilidad de esta poeta es tan curiosa y reiterativa como aquella que poetas como Leopoldo María Panero desprenden. Frágiles y enfermos, sus voluntades sintonizan con las de quien nos los lee. Frágiles y enfermos, y vuelvo a Bolaño, o a Plath, por ejemplo, autores que de lo mental infectan lo corporal y viceversa. 

Pero Ingeborg no pretende dar pena. Ella quiere explicarse a sí misma ante la muerte. Quiere contarse a sí misma sus miedos y sus errores porque su aliento es el de la desesperanza. Enferma, en una cama de hospital, sabe que va a irse pero no sabe cuándo. Y es tan terrible la espera, se dice. Es tan reconfortante y extraña la luz blanca... Ingeborg no pretende dar pena porque los poemas que aquí encontramos no tienen otro lector que la muerte y ella. Por eso ha de ser fuerte. Por eso son tan bestiales y suculentos estos textos pornográficamente exhibidos ante nuestros ojos. Los que no quiso mostrar y sin embargo escribió para que voyeurs como nosotros también nos estremeciéramos... y eso es bueno... o... o no... Ya qué más da. 

22 febrero 2012

Poesía última de amor y enfermedad.


Cuando creíamos que lo sabíamos todo sobre Lois Pereiro, la editorial Libros del Silencio reedita Poesía última de amor y enfermedad, los últimos poemas escritos por este fantástico, oscuro y enigmático autor. Cuando creíamos que todo lo habíamos degustado, sus enfermos textos irrumpen nuevamente suponiendo un punto y seguido en su obra (aquí hay eclecticismo, amor suicida, cuerpo débil, impúdica vena) al tiempo que una cima poética, pues, a mi juicio este librito incluye algunos de sus mejores y más importantes versos, no sólo por la temática sino también por la forma, la pulsión, la sensación de dejadez, la muerte. Ese es el tema, La Muerte. La muerte que lo inunda todo desde cualquier experiencia posible: placer o dolor, poco importa porque ella está detrás, porque ella es el fin y porque ella es la causa de que estos versos lleguen al papel y a los sentidos. Cuando creíamos que ya nos habían arrancado la piel, llega Lois Pereiro, breve y agresivo, como una suerte de Panero o Casariego en sus mejores momentos. Así, Poesía última del amor y la enfermedad abre el año poético con una voz y un gusto difíciles de superar. 

17 febrero 2012

La Biblia de Monelle.




one day you see a strange little girl look at you

one day you see a strange little girl feeling blue

The Stranglers


Si me preguntaran por los nombres más grandes de la Literatura no dudaría en responder. Diría tres. Sólo tres. Dos de ellos serían reconocidos por todos, y el tercero (a mi juicio el más importante) les sonaría un tanto anónimo, quizá, por la ausencia de apellido, quizá, porque quien lo porta se denomina a sí misma “la que no tiene nombre”. No me refiero a tres grandes autores ni a tres grandes libros, sino a tres grandes protagonistas, heroínas, prostitutas y nínfulas: Dolores Haze, Alicia Liddell y Monelle. Hay en sus tres nombres una sobredosis de eles que provoca entre repulsión y ternura, una sobredosis de azúcar y éxtasis: Lolita-Liddell-Monelle. Hay en sus tres cuerpecitos el rastro de otros tres cuerpos oscuros y enormes: Nabokov, Carroll, Schwob.

De estas tres nínfulas, decía, Monelle podría ser a primera vista la más desconocida. Sin embargo Monelle también es la más amada, las más deseada, la más parecida a una bruja capaz de conceder todos los deseos del lector y de los hombres; o a una princesita de cuento de los hermanos Grimm, pues como en Las doce princesas bailarinas Monelle tiene once hermanas que la acompañan a lo largo de las siguientes páginas, hermanas tontas y sangrientas, princesas ingenuas y decepcionadas, amigas silenciosas y crueles... o bien, la ramera mágica del primer amor: ella es el desengaño y la pasión que nunca perece, como una huella de sangre de un beso infiel, como una voz bíblica, pesada, y el triste recuerdo de su decepción. Si según Borges los lectores y seguidores de Marcel Schwob constituyen pequeñas comunidades secretas (sin ir más lejos, él era devoto de su toda obra), los amantes de Monelle podrían ser los sacerdotes de esas extrañas sectas en las que la prosa oscura y la poesía macabra del autor sustituyen el Pan y el Vino, y en donde los iniciados deben recitar cada mañana los versículos de la primera sección, Palabras de Monelle, como si de Hombres-libro en Fahrenheit 451 se trataran.

Lo llamaremos La Biblia de Monelle, o como apuntó Ariel Dilon en el prólogo de la edición argentina: El evangelio de la inocencia y la piedad. Versículos, aforismos, nihilismo y anarquía en un texto apócrifo que se encuentra entre la voz de Zaratustra y la del Principito (aunque sólo si éste hubiera leído a Baudelaire, Rimbaud o Dostoievsky antes de salir de su asteroide B-612). Aquí cada cuento de la segunda sección, Las hermanas de Monelle, es comparable a los librillos contenidos en la Biblia cuyos personajes son casi siempre castigados para demostrar una moraleja divina, siendo en este caso la propia Monelle su máximo Dios, pues, en la tercera sección del libro es ella la que guía a los niños vestidos de blanco, con sus túnicas y sus pies negruzcos y descalzos: ¿quién no se dejaría llevar por esta diminuta paladina? ¿Eh? ¿Quién? Si como Diosa también nos miente, también nos seduce con inverosímiles historias y esperanzas: ella es la vendedora de lamparitas de aceite, y al igual que La pequeña cerillera de Christian Andersen, cada luz que enciende para nosotros no es más que un destello de ficción que poco a poco nos conduce hasta la muerte.

Un reino blanco. Un reino que no entiende de reyes porque sólo entiende de Monelle. Esta es la tierra baldía pero luminosa hasta donde “La Que No Tiene Nombre” nos ha empujado. Esta, la comunidad secreta a la que algunos de nuestros contemporáneos también han jurado (con sangre) pertenecer:

De entre el sudor, la oscuridad, el miedo,
el temblor sordo de la vida,
su dura confusión, su almacenar sombrío
surgió aquella niña, aquel rostro que busco
aquel recuerdo triste y esta luz que rescata
una tarde de 1850
aquella niña
y en la habitación vacía
(y ya era tarde)
yo cojo el azul
para ti
aguja que excava la carne que ya no siente
y ya era tarde
pero bajo la noche practicaron su arte.
Leopoldo María Panero


Se llama Louise. Es frágil, menuda y enfermiza,
silenciosa y abyecta. Casi no se la ve.
Sólo hay terror y angustia en los inmensos ojos
que le invaden la cara, dignos de Lillian Gish.
Luis Alberto de Cuenca


Un árbol te observa hacerte mujer desde el centro del universo. Y todo lo que tú quieres es su savia. Apoyarás los labios, como una profecía, en su corteza sangrienta y vieja. Renunciarás al cuerpo que amasaste con arcilla en tu ceguera.

Esa que veo en el mar, se va a transformar en atardecer.

Pero un día llegó por fin; tú, cara desfigurada, me dijiste: «olvídame, y te seré devuelta.»
Ruth Llana

Si me preguntaran por el nombre más importante de la Literatura, lo sé, dudaría en responder, porque habría olvidado su tormentoso apodo. Su difícil disciplina. Su destrucción o su amor. Su enseñanza y su Evangelio desaparecido.

Si me preguntaran por Ella... no lo pensaría dos veces...

Pero olvidadla.

Y volverá a ser nuestra.



***
Mi prólogo para El libro de Monelle, Demipage, 2012 ...la semana próxima en librerías.

04 agosto 2011

(3x1) Quinta entrega: entrevista a Constantino Molina, Judit del Río y Cristina Fernández Recasens.

Donde algunos necesitan párrafos extensos otros dicen: no sé. Donde otros escriben: no creo, otros recuerdan, comparten cada palabra... Por eso hoy traigo a otros tres autores: Constantino Molina (Albacete), Judit del Río (Segovia) y Cristina Fernández Recasens (Blanes). Constantino no ha publicado aún su obra pero ha ganado varios premios en su comunidad. Su libro inédito Están ustedes algo equivocados respecto a los poetas está plagado de ironía y brillantez y de este poemario hemos seleccionado los poemas para Tenían veinte años y estaban locos. Judit es otra autora inédita y muy joven, bloguera y fanzinera, estudia Historia del Arte en Madrid y es punk. Cristina es autora de Aprender a dibujar el viento, publicado hace año y pico gracias a un premio en cataluña. Su libro es uno de los mejores que he leído de poesía contemporánea en mucho tiempo, todo un descubrimiento. Es un placer contar con ellos, en el libro, y con sus respuestas: aquí.

*Para algunos de vosotros Tenían veinte años y estaban locos será vuestra primera publicación en papel. ¿Qué supone este hecho en vuestros planes como creadores?

Constantino Molina: Para mí ha sido una sorpresa. Lo cierto es que los cuatro poemas que entran en la antología pertenecen a un libro escrito hace unos cinco años, un pequeño pecado de juventud sin editar, titulado Están ustedes algo equivocados respecto a los poetas, que empecé a mover este año por curiosidad y que me está sorprendiendo por la reacción, bastante positiva, de quienes lo han leído. Para nada entraba en mis planes que se publicaran estos poemas ya que desde que empecé a escribir de nuevo, hace un par de años, ando por otro camino en lo que a estilo se refiere. No quiero decir que me arrepienta del libro, de hecho lo sigo alimentado de vez en cuando con nuevos poemas, pero he leído mucho más desde entonces y han pasado unos cuantos años. Es mi cajón de sastre particular, algo paralelo a lo que realmente estoy trabajando y a lo que dedico más tiempo y atención. Me parece que los poemas han encontrado su espacio en esta antología, aunque -quizás- no su tiempo. Estoy expectante.

Judit del Río: Quizá una cierta presión. Es como si ya no pudiera dejar de escribir, aunque tenga un secarral en la cabeza y ninguna gana. Se pasa rápido, a dios gracias.

Cristina Fernández Recasens: Esta antología no será mi primera publicación en papel. Pero bueno, igualmente me hace ilusión. Aunque no altera para nada mis planes. Ellos dependen de otros factores. Incluyendo incluso el metereológico.

Judit del Río

*¿Publicar en papel -en antologías, revistas, plaquettes o libros propios- es una obsesión o un fin en esta época reinada por lo digital? ¿Tenéis proyectos de publicación entre manos? ¿Os presentáis a premios? ¿Rechazáis la idea de publicar un libro pronto?

Constantino Molina: No suelo leer en digital. No es lo mismo sentarse a leer frente a la pantalla del ordenador que hacerlo frente a un libro en la terraza de casa e ir pasando las hojas y marcar la esquina de esa página donde hay algo que quieres recordar. También es cierto que el e-book, actualmente, tiene muy buenas prestaciones, incluso algunas ventajas a la hora de subrayar y tal, pero está claro que todo lector tiene esa parte fetichista con los libros que le hace gastarse una pasta cada mes.
La gran ventaja de lo digital respecto al papel es la difusión. Internet hace posible que se pueda difundir la obra de un autor de una manera impensable cuando nosotros nacimos, lo malo es que en tal torrente de información hay que tamizar mucho, en la red entra de todo. La edición en papel es más selectiva, aunque concretamente en poseía creo que la parte de enchufe y amiguismo también es muy importante a la hora de publicar y premiar…
Ahora trabajo en un libro recién empezado y con el que estoy disfrutando y aprendiendo mucho. Cuando esté terminado ya se verá, porque va para largo, no escribo, ni me marco un ritmo con vistas a la publicación.
Respecto a los premios, me he presentado en dos ocasiones. En el último año y medio me he presentado dos veces al Certamen Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha, en la primera de 2010 quedé seleccionado y, en la segunda de 2011, me dieron el primer premio. Siempre son un incentivo, si no eres conocido es la única forma de publicar y para ser sinceros: la remuneración económica y el reconocimiento nunca vienen mal.

Judit del Río: Claro que el papel es obsesión: valoro mucho la estética del libro, el formato cuidado y bien pensado; en este sentido me interesa mucho la labor editorial. Tenerlos es un coleccionismo funcional: me gusta comprarlos, acumularlos, trasladarlos adonde voy. Tengo algo con relativa cohesión en proceso, pero no creo que vea la luz. Quiero retrasar lo más posible el error de publicar algo absolutamente prescindible y tópico. Nunca me he presentado a un premio, pero podría planteármelo: dan pasta. No me creo esa historia de ganar renombre por ganar uno. No me creo esa historia de ganar renombre.

Cristina Fernández Recasens: Yo en ese sentido no me he integrado mucho en el reino de lo digital. Mayoritariamente sigo leyendo en papel. Ahora no tengo ningún proyecto de publicación entre manos. Después de Aprender a dibujar el viento he escrito Radical, un libro de poemas en catalán, lo he mandado a concursos pero no ha ganado ningún premio ni tampoco nadie se ha animado a publicarlo. Y no, no rechazo la idea de publicar.

*Unos tenéis blog y otros sois más activos en Facebook, Twitter y Tumblr. ¿Qué os han dado las estas plataformas en lo que a vuestra trayectoria y aprendizaje se refiere?

Constantino Molina: Sólo tengo Facebook, del resto no practico. Lo que me ha dado es estar en contacto con gente que de otro modo no me hubiera sido posible. Lo que me ha quitado son demasiadas horas que podría haber dedicado a otra cosa como la lectura, buscar níscalos o esfarajar las viñas (para contento de mis progenitores).

Judit del Río: Tuve blog antes que memoria. Ha sido el soporte perfecto para la evolución: pasé de escribir crítica y opinión personal a lo de ahora, que no sé ni qué coño es. También ha supuesto conocer otra gente, otros estilos, otros autores: todo eso es influencia. Facebook es una pollada que te permite postear en el muro de alguien que tienes al lado en el sofá, pero también, y fundamentalmente, me sirve para no perder contacto con gente que está lejos. Viva Gmail. A Twitter acabo de volver: es mi noticiero 24/7.

Cristina Fernández Recasens: Sólo tengo un blog y lo utilizo casi como un cuaderno más, un cuaderno distinto a los otros en el sentido de que está pensado para estar expuesto a la mirada de los otros. Es un cajón desastre: cuelgo cosas que se me ocurren, canciones, fotos, un poco de todo. Creo que conserva esa cualidad casi íntima de ser un poco un cuaderno porque tampoco recibe muchas visitas. Y las demás plataformas ni las utilizo ni las conozco demasiado.


*¿Y qué relación tenéis con vuestros contemporáneos -no sólo con los jóvenes o compañeros de antología, también con otros creadores coetáneos-? ¿Cómo han influido en vuestra obra o en vuestras ambiciones?

Constantino Molina: No soy muy de parnasos y exquisiteces. De la antología no conozco a nadie personalmente. A raíz de ella he empezado a hablar escasamente con alguno de mis compañeros a través de la red social y, por lo que veo, muchos están muy preparados. Lo poco que he podido leer de algunos de ellos me está gustando.
Con otros contemporáneos de nuestro país -de diferentes edades y generaciones- desde hace poco estoy empezando a tener relación, principalmente a través de mail y móvil. De mi ciudad, Albacete, si que comparto alguna conversación literaria, extraliteraria y otras cosas con algunos de ellos.

Judit del Río: Soy mucho de clásicos: tengo una deformación profesional muy grande que me hace acercarme a la literatura en orden cronológico. De cualquier forma, ver a gente joven que publica, y que publica cosas buenas, es una maravilla. Significa que eso es posible: anima.

Cristina Fernández Recasens: Tengo muy poca relación con ellos. No creo que me hayan influenciado mucho.

Constantino Molina

*Todos procedéis de distintas ciudades en las que imagino más o menos “movimientos literarios”. ¿Hacéis recitales, performances, actuaciones? ¿Participáis en la vida “literaria” de estos lugares?

Constantino Molina: La verdad es que Albacete en los últimos años está creciendo mucho en cuanto a movimiento literario y especialmente en poesía. Hay una buena nómina de autores reconocidos que, supongo, en parte son los culpables de que esto esté ocurriendo. Poetas como Javier Lorenzo, Andrés García Cerdán, Rubén Martín, Arturo Tendero y Luís Martínez Falero están haciendo que la gente tenga el gusanillo curiosear en este mundo, a parte de que están cosechando un buen número de premios nacionales (Adonais, Ciudad de Jaén, Barcarola, Juan Ramón Jiménez, Ciudad de Pamplona, Fray Luis de León, Emilio Alarcos…) lo que le da cierto nombre a la ciudad en este aspecto. ¡Si tenemos hasta un novísimo! -Antonio Martínez Sarrión- Qué más se puede pedir. Personalmente todavía no he participado en un recital, si que he asistido como público, aunque lo de recitar tengo que practicarlo porque me temo que no tengo ni idea, y me encantaría hacerlo bien. No hay que olvidar que ese es el origen de la poesía. Ahora estoy trabajando, para aportar mi parte en este movimiento, con una revista de creación literaria que ese llamará Abril, prevista para ser publicada a principios de 2012 y que contará -además de los poetas locales- con poetas de todo el país (Mestre, Marzal, Ramón Irigoyen, Manuel Vilas, Karmelo C. Iribarren) y espero que algunos de mis compañeros de antología. También estoy trabajando en un video-poema con Luís Sánchez para un festival de poesía que se celebrará próximamente.

Judit del Río: No soporto el rollo performático. He ido a algunos recitales y siempre te llevas sorpresas, claro, pero soy más de follar. O qué.

Cristina Fernández Recasens: No demasiado.


*Algunos os conocéis, sois amigos, otros ni siquiera habíais escuchado vuestros nombres antes de saber que compartíais espacio, de hecho, hasta la publicación en octubre de Tenían veinte años y estaban locos apenas os podréis leer en la red y en el Tumblr de origen. ¿Habéis hecho algún descubrimiento cotilleando la obra de vuestro compañero de al lado?¿A quién echáis de menos en un libro de estas características?

Constantino Molina: Como ya he dicho antes no conocía a ninguno de ellos y ahora estoy empezando a hacerlo. De todos ellos sólo he podido leer Introducción a todo de Berta García Faet, que recomiendo a todos, y tengo pendiente de leer El último verano de Alberto Acerete. Tengo que ponerme al día. Echar de menos, creo que a nadie, porque entre las edades que comprende la antología sólo conozco a Elena Medel, que por razones evidentes no está en ella.

Judit del Río: Hay gente que conozco, gente que leo en la distancia y gente de la que no había oído hablar hasta el Tumblr. Me gusta el buen rollo que ha generado conocer la lista. Ya me gustaba de antes David Leo García, aunque ha sido un descubrimiento relativamente reciente. Han sido una gran sorpresa Ruth Llana y Unai velasco. Me apetece leer con calma el libro. Gente ausente: Anna Lisa Marí me encanta, pero quiero (debo) conocerla más. Y echo de menos a Julio Fuertes, claro, por el compadreo que supondría compartir página.

Cristina Fernández Recasens: La verdad es que no he cotilleado. Tendré que esperar a que se publique el libro.


*¿Cómo pensáis que será recibida vuestra voz?

Constantino Molina: La voz de los poemas que aparecerán en la antología supongo que no dejará indiferente a nadie, por razones que el lector descubrirá en los primeros versos. Sólo espero que no sean malinterpretados y se interpreten como una invitación a la reflexión metapoética sin reparos.

Judit del Río: Una más entre la barahúnda. Hay superávit literario, es normal.

Cristina Fernández Recasens: Es una incógnita.

Cristina Fernández Recasens (retratada por Aitor Roger)

*¿Os da miedo la repercusión, la crítica, el comentario?

Constantino Molina: Tengo curiosidad. Desearía que, por ejemplo, Carlos Bousoño pudiera leerlos y me diera su opinión.

Judit del Río: No, por dios, que venga: crítica sincera, hiriente, anónima si fuere necesario.

Cristina Fernández Recasens: No, para nada. No tengo miedo a eso. No veo porqué debería tenerlo. Si se producen repercusiones, críticas o comentarios mejor que mejor. Para mi es una muy buena señal.


*Los lectores y vosotros mismos veréis la diversidad que hay en el libro, pero también apreciaréis que muchos tocáis temas comunes o tenéis influencias parecidas. Ya sé que es difícil... pero ¿cómo definiríais la poesía que hacéis? ¿Y cuáles son vuestras influencias, no sólo literarias, sino en general?

Constantino Molina: Creo que la mejor forma de definir un tipo de poesía es leyéndola, todo lo que se pueda decir de un poema está en el poema mismo. No soy muy de definiciones y poéticas porque al final siempre te quedas con la sensación de que no se corresponde del todo. Prefiero que lo hagan otros. Pero si tengo que definir el tipo de poesía que compone el libro del que provienen esos poemas, (y por hacer una aproximación a los lectores, ya que todavía no los pueden leer) diría que son una mezcla de metapoesía descarada, culturalista, divertida y llana -sin dejar de lado la hondura y la honestidad- con ruralismo. Los temas supongo que serán comunes en principio, pero el tratamiento será diferente en cada uno de nosotros. En mi caso, creo que la originalidad está en abordar los temas comunes desde una visión rural y sin complejos. Puede parecer una barbaridad mezclar en un mismo libro a personajes como Carlos V, Lorca, Dylan Thomas, Malcom Lowry, Roman Jakobson, San Juan de la Cruz, C. M de la Condamine, Nietzsche o Lucrecio con pastores, guardias civiles, el borracho del pueblo, una verbena o el joven agricultor con su coche tunning, pero esa fue la idea del libro y, cuanto menos, resulta interesante y divertida.
La naturaleza tiene un papel importante en mi poesía, entiendo que la poesía siempre ha tenido algo de subversión. Hoy día con tanto pensamiento atomizado que no lleva a nada, volver la vista a la naturaleza me parece de lo más subversivo.
En cuanto a influencias prefiero hablar de preferencias. En general la poesía que me gusta es la que se basa en la idea y la que a su vez es idea gracias a la palabra y la metáfora. La simple sinergia entre palabra e idea. Lo que viene siendo la poesía de toda la vida, vamos. Hace poco vi en una entrevista a Pere Gimferrer decir “La poesía es ante todo palabra e imagen, no idea” y claro, tratándose de un ilustre académico ya no sé qué pensar… pero la poesía puramente surrealista, dadá, de ismos y sin idea no es mi preferida. Está claro que las tonterías más gordas en literatura se han escrito en el género de poesía y alucino con los manifiestos de cincuenta páginas para justificar un poema. Si tengo que dar nombres sobre mis preferencias diré, en lo nacional: Eloy Sánchez Rosillo, Juan Antonio González Iglesias, Miguel Ángel Velasco, Andrés García Cerdán, (su último libro, titulado Carmina, es el que más me he disfrutado y más me ha emocionado de los que he leído en este último año y que saldrá próximamente publicado) Ramón Irigoyen, Guillermo Carnero a partir de El verano inglés, Julio Martínez Mesanza, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Ángel González, Cernuda, Juan Ramón y de los ya clásicos me quedo con Villamediana, Ausias March y Quevedo. De poesía internacional y clásicos: Trakl, Borges, Vallejo, Girondo, los poetas ingleses del siglo XVII (J.Donne, G.Herbert, A. Marvell), Leopardi, Auden, Henri Cole, Seamus Heaney, Baudelaire, Catulo, Horacio, Marcial, Juan de la Cruz… En novela estoy enganchado a Vila-Matas. Celine, Houellebecq, Dostoievsky y Proust han sido mis novelistas preferidos para lecturas de invierno y Melville o Jan Potocki de verano. En mi adolescencia me leí todo H. Hesse.
En cine disfruto especialmente con Buñuel. En cuanto a música soy bastante ecléctico, me pueden emocionar de diferente manera aunque al mismo nivel Camarón, Charles Mingus, Edith Piaf o Radiohead, aunque reconozco que mi preferencia es el rock independiente y en ese estilo he escuchado cosas buenísimas como StandStill (Viva la guerra me parece uno de los mejores discos de rock en castellano), PJ Harvey, Surfin´Bichos, Radiohead o Ratolines.

Judit del Río: Yo escribo de la enfermedad, del dolor, de la muerte, de la familia, del asco, de sexo. Un exorcismo feo y seco de lo que me preocupa ahora. Eso es el origen. No sé escribir de cosas que no me pasan. Mi imaginación es nula.

Cristina Fernández Recasens: Sí que es difícil. No sabría definir la poesía que hago ni cuales son mis influencias. Supongo que eso lo ven mejor los demás.


*¿A qué poeta os parecéis? ¿A qué poeta os gustaría pareceros? ¿A qué poeta dirán que os parecéis?

Constantino Molina: No sabe, no contesta.

Judit del Río: Hay Pizarnik y su eterna frustración por querer hacer y no verse capaz. Hay Lorca y la opinión sobre la sangre española: soez, necia y vertida. Miguel Hernández y su honradez son mi religión.
Me han dicho muchas veces que me escribo como Bukowski. Hombre: lean más a Bukowski. Se lo merece.

Cristina Fernández Recasens: Así de entrada yo creo que no me parezco a nadie. Quizás es que yo no soy capaz de verlo. Y no me gustaría parecerme a ningún otro poeta. No porque tenga nada en contra de ellos, al contrario.


*¿Por qué, después de todo esto, consideráis que estáis locos?

Constantino Molina: Lo de que estamos locos puede quedar muy bien, pero no pienso en la poesía como un lugar de excentricidades, por suerte los poetas de sombrero y bastón pasaron a mejor época -aunque quede algún despistado. Creo que la poesía exige serenidad, trabajo y aprendizaje continuo. Lo de ser un poeta loco realmente debe ser una putada, no creo que Leopoldo M. Panero sea muy feliz.

Judit del Río: Quién dijo qué. Los locos son ellos.

Cristina Fernández Recasens: Yo no creo estar loca. Como mucho diría que quizás lo estuve en algún momento. Pero ahora mismo no, definitivamente no. De hecho es Luna quien nos ha llamado locos a todos nosotros. Creo que nos debe una explicación.

28 julio 2011

(3x1) Segunda entrega: entrevista a Eba Reiro, Miguel Rual y Enrique Morales.

En esta ocasión el trío de poetas que responde a la entrevista (cuya estructura es la misma que la del post anterior) está formado por autores inéditos: Eba Reiro (Ourense), Miguel Rual (Oviedo) y Enrique Morales (Almería). Eba estudia alemán y escribe, pinta, canta... Miguel es uno de los poetas más jóvenes de la antología, acaba de cumplir 19 años y es estudiante de medicina. Enrique escribe poesía y teatro. Es autodidacta y toca el saxofón. Irónicos y atrevidos en sus respuestas, verán:

*Para algunos de vosotros Tenían veinte años y estaban locos será vuestra primera publicación en papel. ¿Qué supone este hecho en vuestros planes como creadores?

Eba Reiro: Espero que salir publicada en papel no afecte en "mi plan como creadora", si es que se puede decir que tengo alguno. Es algo bonito de contar y que evidentemente me hace ilusión, pero no va a suponer ningún conformismo o algo así. Todo lo contrario: seguramente me animará a trabajar y aplicarme más en lo que hago.

Miguel Rual: Supone un maravilloso primer paso, un excelente acercamiento al mundo editorial. Pero sobre todo es un gran impulso, un chute de energía para seguir haciendo algo me apasiona, escribir. Es ilusión en estado puro, entusiasmo máximo, es saberte reconocido. También creo que supone cierta responsabilidad, sobre todo con uno mismo.

Enrique Morales: No sabría que decir. Me gusta el proyecto e imagino que debería sentir algún tipo de satisfacción, pero lo cierto es que cada vez me apetece menos publicar; los planes se desdibujan. Sé que dentro de unos meses, quizá menos, aborreceré esos poemas (lo cual me convierte en un abominable hipócrita literario). Pero en fin, debo sentir algún tipo de satisfacción cuando esos poemas están ahí.
Algún tipo.
Mis planes actuales están más enfocados, pragmáticamente hablando, al teatro.

Miguel Rual

*¿Publicar en papel -en antologías, revistas, plaquettes o libros propios- es una obsesión o un fin en esta época reinada por lo digital? ¿Tenéis proyectos de publicación entre manos? ¿Os presentáis a premios? ¿Rechazáis la idea de publicar un libro pronto?

Eba Reiro: El debate de los medios por los cuales se transmite la cultura no me interesa, es algo que se va adoptando por aceptación popular según sea más cómodo, rápido, útil, etc. y que no merece la pena darle muchas vueltas al tema, pues con el tiempo esas cosas se van viendo. Yo me siento cómoda con cualquiera de ellos y no pongo a ninguno por encima del otro, en plan piramidal. Me centro más en lo que leo y no en dónde y cómo lo leo. No sé cómo lo verán los demás, supongo que habrá de todo y en esas opiniones entrará gente que sí vea el papel como el culmen de lo digital, pero no es mi caso.
Más que proyectos de publicación tengo proyectos de creación, que se publiquen es otro cantar.
De momento, además de los típicos concursos de colegio, no me he implicado mucho con ese tema. Quizás debería. 

Al contrario

Miguel Rual: Mi verdadera obsesión es el proceso creativo en sí, el seguir escribiendo y ser capaz de evolucionar. El verdadero fin es la obra, esté o no publicada. No rechazo la idea de publicar un libro pronto, me encantaría y tampoco pienso que sea negativo. Pero tampoco me obsesiono, si surge algo, genial. Si no, a seguir escribiendo. Creo que antes de publicar se necesita mucha reflexión y autocrítica.

Me gusta la idea del libro material porque disfruto mucho con ellos entre las manos, un goce sensorial extremo, me gusta olerlos, acariciarlos, poseerlos, mi mayor gasto mensual también se va en ellos, mirarlos y ordenarlos en mi estantería, soy un poco fetichista con los libros. No lo he dicho, pero también me gusta leerlos.

También me gusta mucho dibujar y sería genial poder intervenir en las páginas de mi libro, sería toda una experiencia, como lo hago con mis manuscritos, dibujo, corto, pego…



Enrique Morales: Hace unos dos años tenia cierta urgencia. Ahora no. Escribo mucho y conservo poco. Excesivamente poco. Intento, desde octubre, dar forma a una suerte de poemario (en esencia, como proyecto causa sui), que hoy día solo existe estructural y conceptualmente.
No descarto la idea de una posible publicación en un futuro, pero por ahora, considero que no alcanzo el límite de calidad que me auto-impongo para esa posible publicación.


*Unos tenéis blog y otros sois más activos en Facebook, Twitter y Tumblr. ¿Qué os han dado las estas plataformas en lo que a vuestra trayectoria y aprendizaje se refiere?

Eba Reiro: Con Facebook empecé teniendo una relación de amor-odio, pero al final sucumbí totalmente. Cualquier persona que lo utilice proactivamente sabe de lo que hablo, es algo que va más allá del escaparate de fotos de noches de borrachera. Es el medio de la instantaneidad e hipertextualidad. ¿Cómo no podría eso ser enriquecedor? Y claro, también es una manera tan buena como otra cualquiera para perder el tiempo.

Miguel Rual: Yo tengo un blog desde hace unos meses, me gusta y quisiera dedicarle más tiempo. Me encanta poder fusionar imagen y palabra y compartir fragmentos de otros autores que me influyen o que me gustan. Lo que me ha permitido el blog es centrarme en una estética. No todo lo que escribo encajaría con lo que ahora es el blog. De hecho, salvo un par de excepciones, no escribo algo y luego lo cuelgo. Lo escribo expresamente para ese post.

Facebook tengo y lo uso bastante, como red social me ha permitido contactar con un montón de gente que comparte intereses, con muchos compañeros de antología y con poetas de todo el mundo. Twitter lo uso muy poco y Tumblr no tengo, aunque le estoy muy agradecido, sin él, no estaría en Tenían veinte años y estaban locos.

Enrique Morales: No me interesan. Tampoco tendría tiempo para hacer un uso real de esas plataformas. Únicamente tengo blog y cada vez lo actualizo con menos frecuencia. No ha sido un instrumento ni mucho menos esencial para mí, pero es cierto que ha supuesto la formalización de un laboratorio apropiado para organizar determinadas ideas, moldearlas y ver, cuando ha existido interacción, como el Otro ha aprehendido esas cuestionables luminarias. No obstante, resulta evidente que los juicios involucrados en la mecánica blog contienen, la mayor parte de las veces, tan solo una mínima fracción de compromiso (tanto en lo que se da en llamar realidad, como en la realidad literaria y cultural de lo exhibido. En especial por mi parte), sin embargo, mantengo que, como pacíficamente se suele decir, ha supuesto una plataforma de aprendizaje y pseudoexposición a tener en cuenta.


*¿Y qué relación tenéis con vuestros contemporáneos -no sólo con los jóvenes o compañeros de antología, también con otros creadores coetáneos-? ¿Cómo han influido en vuestra obra o en vuestras ambiciones?

Eba Reiro: Por afinidad suelo fijarme más en las personas que desarrollan alguna actividad creativa. Cuando encuentro gente así suelo sentir una especie de complicidad, me siento a gusto. Claro que en mi círculo de amigos hay algunos que tienen grupos de música, filman cortos o pintan, pero hay otros a los que nada de eso les interesa. Supongo que el que haya gente así entre mis amigos me influye, pues me anima a ir constantemente a conciertos, exposiciones, etc., y en las charlas siempre intercambias nuevos descubrimientos de artistas, libros, blogs, o cotilleos así. Con eso estoy aprendiendo constantemente, lo cual evidentemente utilizo después para crear.

Miguel Rual: Salvo con algunos escritores de la antología, algunos americanos y los compañeros de Mil Novecientos Violeta, no mantengo contacto con otros creadores. Nos llevamos bastante bien, compartimos nuestros proyectos. Hasta hace bien poco entre mis amigos era el único “loco” que escribía poesía.

Enrique Morales: Mínima. Mis referencias no están en mis coetáneos. No me encandila especialmente el brillo asfixiante del moho, pero todavía no he encontrado en ellos eso que llama Pizarnik amado espacio de revelaciones. Reconozco que debo y quiero ahondar más en quienes aún respiran a mi mismo ritmo.

Eba Reiro (retratada por Ágata Gavilán)

*Todos procedéis de distintas ciudades en las que imagino más o menos “movimientos literarios”. ¿Hacéis recitales, performances, actuaciones? ¿Participáis en la vida “literaria” de estos lugares?

Eba Reiro: Soy de Ourense y de esta ciudad han salido muchos escritores muy buenos, pero en la actualidad, respecto a poesía o creación literaria, poca cosa se mueve. En Santiago, que es donde estudio, hay algo más de movimiento, pero de momento con lo que he visto no he sentido mucha afinidad, y tampoco he visto mucho. Cuando llegué a la facultad de filología el primer año me sorprendió que no hubiera ningún grupo de personas ya formado para hacer cosas de ese tipo. Para mí fue una decepción, llegaba a la capital de Galicia esperando que eso fuese un hervidero de movimientos literarios. Pero no. O es que no me he sabido mover, oye. El segundo año intenté organizar unos recitales con un chico que había organizado varios en Argentina y Chile, pero no nos convenció el material que vimos y al final se quedó en nada. Este año voy a empezar el tercer curso y si descubro algo interesante bienvenido sea.

Miguel Rual: Oviedo es una ciudad pequeña. Se vive muy bien, pero la oferta cultural, es aún más pequeña. A veces, algún colectivo como Lata de Zinc organiza algo. Supongo que vida “literaria” la habrá, pero la desconozco. Hace poco unos amigos nos juntamos para hacer una especie de grupo de escritores jóvenes que bautizamos como Mil Novecientos Violeta (tomado de un poema de David Meza, también en Tenían veinte). Hicimos un recital a principios de verano y ahora estamos trabajando en un fanzine, de color violeta, claro.

Enrique Morales: Sí. Recité unas cuantas veces en Almería, también en Sevilla, el año que viví allí. Ahora mismo no sé cual va a ser mi ciudad. Habito el limbo a la espera.

*Algunos os conocéis, sois amigos, otros ni siquiera habíais escuchado vuestros nombres antes de saber que compartíais espacio, de hecho, hasta la publicación en octubre de Tenían veinte años y estaban locos apenas os podréis leer en la red y en el Tumblr de origen. ¿Habéis hecho algún descubrimiento cotilleando la obra de vuestro compañero de al lado?¿A quién echáis de menos en un libro de estas características?

Eba Reiro: Me sonaban los nombres de la mayoría. Había leído Los idiomas comunes de Laura Casielles, el banderín del zaguán de Marina Ramón-Borja, Tránsito de Álvaro Guijarro, También mis ojos de Laura Rosal... He leído cosas de Odile L'autremonde y Miguel Rual por blogs. De Ernesto Castro no he leído poesía pero sí otras cosillas. Hace tiempo que quiero conseguir el Introducción a todo de Berta García Faet y Lila de Emily Roberts. Espero hacer un buen descubrimiento con los demás y seguir haciéndolo con los que ya he nombrado. Echo de menos a todos los escritores internacionales que se han quedado fuera. El primer nombre que se me ocurre es Yaxkin Melchy. También Natalia Litvinova, Amanda Jayne, Steve Roggenbuck.

Miguel Rual: Muchos descubrimientos: españoles como Cristian Alcaraz, Odile L’Autremonde, Emily Roberts, Eba Reiro, Sara R. Gallardo… Hispanoamericanos como David Meza, Yax-Kin Melchy o Natalia Litvinova. Americanos como Kendra Grant Mallone, Jacob Steinberg,… ¿A los que más echo de menos?, a Litvinova y a Meza, pero no son españoles.

Enrique Morales: En un principio, seguí con interés el proyecto, pero este año he ido abandonando todo aquello, que de algún modo, podría estar siguiendo (especialmente en el campo de la poesía). Reconozco que tras la inquietud inicial, no he hecho descubrimientos; reconozco que acababa leyendo la participación de quien ya conocía, de aquellos de quienes había oído hablar o de los autores extranjeros. Dedicaré a la antología impresa la atención merecida.


*¿Cómo pensáis que será recibida vuestra voz?

Eba Reiro: Espero que haya opiniones. Con eso me basta para empezar.

Miguel Rual: Principalmente escribo por una necesidad propia de descarga, de disfrute, con un tremendo egoísmo. Somos mi voz y yo. Sin que suene duro, decir que nunca me paro a pensar en el lector, ni en cómo será recibido un poema o un texto. Aún así, deseo que sea recibida con fuerza, espero que despierte algún tipo de emoción relativamente intensa, para bien o para mal, pero que no deje indiferente. Sin embargo, pienso que en un espacio tan reducido no es posible llegar a conocer esa voz, es más como una provocación.

Enrique Morales: Lo ignoro.

Enrique Morales (retratado por Laura Rosal)

*¿Os da miedo la repercusión, la crítica, el comentario?

Eba Reiro: En absoluto. Miedo cero. De las críticas se aprovecha todo, como del cerdo. No tienen ni que ser constructivas: de eso ya me encargo yo.

Miguel Rual: Miedo no. Me gusta, me produce una cierta inquietud placentera, como cuando estás viendo un thriller. Si se publica, es algo con lo que hay que contar.

Enrique Morales: No, es esencial.


*Los lectores y vosotros mismos veréis la diversidad que hay en el libro, pero también apreciaréis que muchos tocáis temas comunes o tenéis influencias parecidas. Ya sé que es difícil... pero ¿cómo definiríais la poesía que hacéis? ¿Y cuáles son vuestras influencias, no sólo literarias, sino en general?

Eba Reiro: No creo que definirme sea muy beneficioso para mí: si lo hiciese correría el riesgo de condicionarme a mí misma, ser esclava de esa definición. Pretendo seguir creando como hasta ahora, con lo que me gusta en el momento. No quiero crear intentando seguir un estilo que me haya otorgado en algún delirio de grandeza. Me gusta la literatura, el cine, la música, la pintura, la ilustración, el diseño, la fotografía, la cocina, el cómic, ver videos chorras en youtube, series por megavideo, de vez en cuando enamorarme e intento vivir de la manera más divertida posible. Eso algo me influye. También adoro esta corriente de creadores anónimos de páginas de facebook lunáticas y/o surrealistas. Ah, y ver documentales, los del Punset, los de física cuántica y astronomía, los de sociología, los que ponen en la dos. De ahí han salido muchas poesías. Dios bendiga la intermedialidad.

Miguel Rual: Mis influencias son el cuerpo, el sexo. Como estudiante de medicina uso la anatomía en cuanto puedo. La muerte, vista desde de las disecciones, adquiere un significado diferente. Me influye mucho la música, escucho sobre todo indie rock. El arte es otra gran influencia: los cuadros expresionistas de Klimt, los maravillosos desnudos de Schiele, las películas de Fritz Lang o de Man Ray, la fotografía en blanco y negro. El surrealismo me atrae en todas sus vertientes. ¿Influencias literarias? He leído más narrativa que poesía. Me fascina la literatura japonesa: Murakami Ryu, Edogawa Ranpo, Yoshimoto Banana… En poesía me apasionan Lorca y Pizarnik. Cavafis y la mitología griega. Raúl Zurita me obsesionó durante un tiempo. Ginsberg, Ajmátova, Panero, Plath… Mi poesía la definiría como un caballo ardiendo, ebrio de metáfora. Es bastante visceral y cruda. A veces es un tanto hermética y otras un tanto surrealista, muy visual.

Enrique Morales: Los integrantes de la tribu chagga (Tanzania) llevan durante toda su vida un tapón en el ano, como si, ceremonialmente, hubiesen anulado la obvia necesidad de defecar. Como si hubiesen sellado aquello que evidencia la mortalidad, y que, sin embargo, queda irónicamente incrustado en el interior del cuerpo.

Cita Ernest Becker el caso de una mujer fetichista. Esta grita desesperada a su psicoanalista: ¡Me gustaría poder sacarme esta piel! ¡Si no tuviera este estúpido cuerpo, sería tan pura por fuera como me siento por dentro!

Desconozco si esto define mi poesía, o la poesía que querría escribir, pero la definición paradisíaca (que podría, en realidad, contener tan solo una nimia parte de esta ideología) constituiría un híbrido entre esas dos situaciones: la mujer fetichista, desprovista, al fin, de su piel, de su odiosa envoltura, pero, con una diferencia no explícita en su ruego: su pureza se vería interrumpida por el tapón anal de los chagga, enquistado en su recto (que no censura, sino que evidencia la necesidad de la censura: evidencia la existencia de lo censurable aún en la soñada purgación de la fetichista)

Jonathan Swift escribió en un poema:

No me asombra haber perdido el juicio;
¡Oh!, Celia, Celia, ¡Celia caga!

Si hablamos de utilitarismo estético, es evidente que este recurso funciona en cualquier circunstancia. Me interesa más la contradicción ascética. Esos dos versos de Swift (que perfectamente podrían establecer el culmen de la alienación como recurso efectista), y que, sin embargo, funcionan (y esto es lo que me cautiva) como el absurdo híbrido que trazaba anteriormente: la fetichista y el tapón anal, aquí a la inversa. Una alternancia de ultraexposciones y ultracensuras que no dejan de ser meramente físicas. No dejan de ser ultraliterarias; meramente humanas y profundamente inhumanas en cuanto a la tradición cultural biológica.

Reconozco cuales son mis parafilias, el núcleo temático de cuanto escribo, pero en lo referente a las influencias, puedo hablar con mayor precisión de aquello que actualmente me obsesiona (aquello que revisito) y veo presente en la cimentación de mi escritura actual: las piezas para piano de Szymanowski, Alan Hovhaness, Nina Koshetz, el rudimentario folk-blues de los 20-30 (Blind Lemon Jefferson, Memphis Minnie, Blind Willie McTell...), el cine de Bela Tarr, Dreyer, El Color de las Granadas (Paradjanov), Frantisek Vlácil (especialmente Marketa Lazarova), los primeros cortos de Disney y los hermanos Fleischer, los cuadros de Anselm Kiefer, las ekpyrosis fotográficas de Pentti Sammallahti...

Probablemente existan relaciones perpetuas, como en el caso del cine, la antropología, el teatro, la filosofía, y evidentemente la poesía (Celan, Michaux, Dylan Thomas, Pizarnik, Ajmátova, Marlene NourbeSe Philip, Georg Trakl, Creeley, Ingeborg Bachmann, Blanca Varela o Maillard, Herberto Helder, Jorie Graham, Olvido García Valdés...) que estarían dentro de ese núcleo (imagino) reconocible, en textos pertenecientes a distintos lapsos de tiempo. Estos, ente otros artefactos, formarían el subsuelo prehistórico.


*¿A qué poeta os parecéis? ¿A qué poeta os gustaría pareceros? ¿A qué poeta dirán que os parecéis?

Eba Reiro: Si algún día escribo algo la mitad de bueno que los poemas de Jorge Eduardo Eielson, seré un poquico más feliz. ¿Cómo hubiera escrito poesía David Foster Wallace adulto? A veces también escribo con esa pregunta en mente, aunque no tenga ni la más remota idea de cómo contestarla. El día que sepa la respuesta me gustaría parecerme a eso.

Miguel Rual: A Miguel Rual. La verdad, no sé a quién puedo parecerme o a quien pueden decir que me parezco. Últimamente, por la temática de los últimos textos, me acerco un poco a Plath y a Pizarnik. Las obras poético-teatrales de Lorca me influyen mucho.

Enrique Morales: Hace unos meses, citaba en mi blog el siguiente fragmento, inserto en un libro de Jacinto Choza:

Algunos mitos chinos e hindúes representan al león, al dragón, al ogro, como suplicantes que acuden ante el dios que les ha creado pidiéndole víctimas a las que devorar para calmar sus ansias. El dios, como respuesta, les condena a alimentarse de ellos mismos, y entonces se dan cuenta de que son una máscara, una apariencia, un deseo insaciable y vacío de toda sustancia.

Resulta lógico que el creador, no solo el poeta, debe alimentarse, devorar, nutrirse de esas victimas, de esos otros creadores. Pero esta inevitabilidad, practicada en exceso, provoca una ubicua contrapartida: uno acaba no pareciéndose a sí mismo. No practico esa asimilación de manera consciente, no sé a quien me parezco. Asimilo, con mayor o menor éxito aquello que se aloja como un alfiler prehistórico en mi cráneo, aquello con lo que, más desde una perspectiva originaria que ulterior, me puedo identificar. Es decir, aquello en lo que me re-conozco.

Respecto a la ultima pregunta: lo desconozco. Esto suscita situaciones un tanto cómicas: a veces, el lector jura la influencia directa del autor X en el autor Y, mientras que el autor Y confiesa no haber leído nunca al autor X. Por el contrario, otra veces, el autor Y jura que el autor X es uno de los máximos exponentes en la estructuración de su escritura. El lector, sin embrago, sentencia que no existe la más mínima correspondencia entre el autor X y el autor Y.

En fin, no lo sé. Es un proceso primitivo y en lo sustancial, inconsciente. Resulta más interesante que sea el lector quien decida que objetos sobresalen entre la vorágine del torbellino.


*¿Por qué, después de todo esto, consideráis que estáis locos?

Eba Reiro: Son las cinco de la mañana y estoy contestando por email una entrevista por una antología de poesía. Estamos en julio de 2011. Qué es la cordura, señores.

Miguel Rual: Porque la poesía me sigue obsesionando y afecta al desarrollo de mi vida diaria como una enfermedad crónica de la que espero no curarme. El afectado muestra una conducta que se aparta de la normalidad de una forma determinada. Frecuentemente se manifiesta como una pérdida de control, en la que los sentimientos se muestran desinhibidamente. La conducta se desplaza fuera de lo racional y las consecuencias de los propios actos no se tienen en cuenta. Los actos pueden ser objetivamente absurdos e inútiles. (Síntomas de la locura)

Enrique Morales: 224.Son los POETAS, a quienes los hombres extraviados siguen a su vez.
225.¿No ves que siguen todas las rutas como insensatos?
226.¿Qué dicen lo que no hacen?
El corán

(Sura XXVI)