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19 octubre 2014

Hechos que no deben olvidarse.

He estado en Madrid. He estado con Los perros románticos. Poco puedo contar ahora porque mi cabeza aún está en llamas. Por eso me limito a copiar estas letras que hoy David Meza me ha recitado en el camino de Alcalá de Henares a Madrid, antes de tomar nuestro AVE de vuelta a esta ciudad con mar. Porque nada se me va a olvidar. Nada de esto se me va a olvidar. Y ahora. Vosotros. Leed: 

Hechos que no deben olvidarse

1) Imponte la tarea de escribir los poemas que jamás se hayan escrito.
2) Llena de palabras el sentimiento. Y llena de intensidad las palabras
3 Los poemas deben tener el olor del mundo y deban respirar como un ser vivo, un poema integral es siempre un operativo cultural.
4) Es necesario escribir el color azul, escribir la angustia, escribir la lucha, escribir el rectángulo, la violencia.
5) Nada reemplazará tu obra. Y nadie te reemplazará a ti.
6) Desprecia convenientemente todo lo antihistórico y escupe a la rigidez y a lo insulso.
7) Eres todo lo que supones y aun eres mucho más.
8) Ámate como amas a la audacia
9) Di la primera palabra. Y no te preocupes por la última.
10) No tienes el “no me toca” para nada.
11) Nunca serás demasiado joven para todo lo que se puede lograr.
12) Tu condición, tu edad, tu circunstancia no es una disculpa para nada.
13) Piensa como dos. Ama como tres. Y trabaja como cuatro.
14) Sé audaz pero mantente fiel a tu respiración.
15) Es posible lograr lo imposible. Hay el 100% de posibilidades.
16) Edita por lo menos una revista de poesía joven en tu vida.
17) Ten el coraje de ir a la mierda y ten el valor de regresar.
18) Si no hay un hombro donde apoyarse, apóyate en tu hombro.
19) El poema no quiere que lo saquen, el poema salir.
20) El que camina va en un solo pie. El problema es donde poner el otro. El que se detiene pone los dos pies y no es fiel a su respiración.
21) Eres indispensable como el aire.
22) Pon en dos minutos de palabras, los hechos de dos años de experiencia.
23) Evádete de tu nombre.
24) Tú siempre serás lo que se necesita.
25) Nunca se te va a terminar el amor. Prodígalo en tu mujer y bendícela, prodígalo en tu amigo y bendícelo.
26) Regálate y atrévete. Tu puedes. POESIA ES.
Juan Ramírez Ruiz

11 mayo 2013

¿Cómo sé que ya no existo?

The house smells like meat.
My hair smells like meat. 
Rachel Zucker

Intento comprender dónde estoy. Tal vez mis pensamientos no estén del todo claros en este momento. Creo que simplemente tengo que seguir pensando. 
Pensar consiste en procesar la información que reciben nuestros sentidos.
¿A quién le importa? Estoy cómodo.
¿Cómo sé que ya no existo?
Socrates Adams


(No sé si recordáis El árbol de mi ventana. Pero hoy lo miro de nuevo mientras la paz sádica, mientras la vida carne.)

16 abril 2012

El rey mató al elefante (II): una variación improvisada.

Aquí la arena muerta, aquí el cuerpo salvado:
La Mujer respira, el Hombre está de pie. 
René Char


Ecografía:

Ayer lloré con esos ojos. Imagínate una noche en la que todo es silencio y hasta las manchas de la pared laten al ritmo de tus nervios. Se te sale el corazón. Eres una escena de una película de yonquis adolescentes, de una película de aquellas guerras en las que siempre mueren los débiles. Se te sale el corazón. Nadie responde a tu voz y sólo otra voz sería suficiente. Imagínate dentro de esa noche y luego rómpelo todo. Afuera el árbol. Adentro la hilera de libros (esos cientos de lomos de colores desordenados que te ayudan a poner los pies sobre el suelo). Ponte los calcetines. Hace frío. Aquí no hay cucarachas porque no estás en tu casa. Hace frío. La calefacción huyó hace horas. Imagínate una noche caliente. Hace frío. La abuela no se va a morir. Tú no tienes cáncer. Él aún te quiere. Yo, con el frío hasta el cuello. No sabemos por qué estamos tan nerviosos. Amamos a nuestros amigos. Amamos a nuestros animales. Amamos lo que comemos: el estómago lleno de flores, lleno de fruta, lleno de semen. Amamos. Estamos lejos del hogar pero estamos -si es que eso importa. Minutos antes el Rey había matado al Elefante. El Rey había matado a las Arañas. El Rey había matado a la Mascota. ¿Has visto qué pena? Con la pólvora hasta el cuello y el brazo que levanto pienso en esas cosas, pienso en animales, en reyes, en enfermos. Con el brazo hacia las ramas: disparados, muertos.

15 abril 2012

El rey mató al elefante.


Betty Blue
Yo, con la sombra hasta el cuello.
Olga Orozco


Introducción estomacal:

Yo, con la sombra al cuello y el tratamiento expandiéndose por encima de la cicatriz. Tú, echando de menos la mirada del humano: sólo hay pelos de gato pero has limpiado la casa, me dices, has limpiado la casa para no sentirte solo entre tanto resto que no es mío, que es tuyo, que ni siquiera es tuyo, que es pelo de gato porque sólo hay pelos de gato desde que la ciudad desapareciera del marco de la ventanilla. Yo, con la sangre hasta el cuello. El dolor de un bulto hinchado que no nos deja respirar y por eso asusta. Tienes que ir al médico, la perra de los vecinos se llama Luna, ¿has pedido cita? ¿Te sigue doliendo? A veces es mejor salir. A veces es mejor esperar la llegada de ese coche azul lleno de poetas y lleno de drogas. O para qué los poetas. Para qué las drogas si esta que lamo no quita esto que temo. No elimina. No sana. Entramos entonces al hogar y algunos se rieron de nosotros porque no comíamos carne. Minutos antes el Rey había matado al Elefante. El Rey había matado al Tigre. El Rey había matado al Búfalo. El Rey había matado a las Libélulas pero nosotros también éramos monstruos porque no comíamos carne. Con la sombra hasta el cuello y los animales muertos. Disparados. Muertos. Disparados. Muertos. En casa de la abuela no huele a nada. Me ha mirado y me ha dicho qué guapa estás pero sólo tiene un ojo. Le quitaron un pecho y ahora no tiene ojo. Le quitaron grasa y ahora sólo tiene grasa. Le quitaron la vida o se la quitó ella sola “veo una gran mancha negra que se endurece con el tiempo”. Colores que endurecen, pienso. Pigmentos complicados los de la vejez ¿has visto? ¿Has visto como hay que cuidarse para que no te pase lo que a mí? Y tiene bolsas de sangre detrás del globo ocular, me cuenta, bolsas diminutas como las que hilan los camellos de la Rambla, verdes o azuladas, trozos de basura que son sus ojos. ¿Has visto qué pena? Con la pólvora hasta el cuello y el brazo que levanto pienso en esas cosas, pienso en animales, en reyes, en enfermos. Con el brazo hacia las ramas: disparados, muertos.

14 abril 2012

Los estómagos (resumen ilustrado de lo que me obsesiona).




Buen diente, lector, y buen estómago, ¡eso te deseo!
Friedrich Nietzsche

Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido
Pere Gimferrer

Si viera un gato muerto me moriría pensando en el cariño que se le dio.
Begoña Callejón

22 agosto 2011

Masturbación: última noche en Madriz.

Lo más emocionante de la madrugada es este momento. Me voy y el mundo entero está a mi alcance. Aquí mis libros. Aquí mis maletas -vida en archivo zip, quizá cuarenta kilos, quizá todo más leve-. Aquí mi ordenador. Aquí mi pornografía. Aquí mis dedos. Debajo el pijama. Las bolas chinas. La botella de agua. Aquí el miedo a los mosquitos. El árbol en la ventana. La enumeración, una vez más. La estéril soledad. Los versos que te copian. Los que tú quieres copiar. Lo más emocionante sucede en este momento. Tengo dos libros a mi lado. Los leo y los voy alternando. Pájaros de fuego, de Anaïs Nin y Husos, de Chantal Maillard. Los leo pero no enteros porque el segundo lo tengo reciente y el primero lo conozco bien de épocas pasadas (aquí la abuela manda e Internet debe cortarse a determinada hora, adiós módem, adiós sexo, adiós soledad estéril y pornográfica). Conozco bien Pájaros de fuego, cada relato y cada embestida descrita, pues en Complutum es imposible saciar ese deseo que a veces, en la noche, llega y quema. Lo más emocionante, decía, es esto. Este momento en el que leo Husos y vomito. Este momento en el que leo Pájaros de fuego y me excito. Enfermedad y sexo, cáncer y caricias, vísceras negras y penes erectos, tumores en el ano y lametones en el coño, sangre y semen, Maillard y Nin. Por cada cuento erótico diez páginas de enfermedades y agujas hasta que de pronto las dos lecturas se convierten en una y ya no sabes qué provoca más placer si el dolor o el orgasmo o si acaso son lo mismo; si esta es mi forma de combatir el miedo. Combatir el sexo. Follar el amor. Hacer el escupitajo. Menuda manera. Menuda ficción defectuosa. Pájaros de hilo. Husos de fuego. Mañana vuelvo con él. Mañana se acabó esta locura. Mañana estaré al fin en nuestra cama de Barcelona. Y ahora, si me disculpáis. Última noche. 

14 agosto 2011

Sometimes my heart pushes my ribs too.





Esta semana, aún no sé qué día: me voy, me voy. Al diablo voy. Pendientes: Pombo, Kennedy, Ajmátova. Dentro: mi columpio asesinándote. Fuera: las gafas redondas. Las ojeras. Aquí se duerme bien porque no hay coches, solo hay flores: recordad que estoy en el parque de los yonkis. Otra vez. Aquí nací: otra vez. Esta semana me voy a Barcelona. Me acuerdo de Almería y de Niza. Me acuerdo de la Puerta de Toledo Crew. No estoy sufriendo. No soy tan triste. Últimamente la poesía y la blogosfera me recuerda a algún tipo de competición: a ver quién está más triste. A ver a quién le duele más la menstruación. A ver quién da más pena. A ver quién se parece más a Plath o a Pizarnik. No me quejo. Yo me incluyo. Hace unos días terminé de escribir Sailor's Grave, mi cuarto poemario, sobre el cáncer y las drogas, sobre la independencia y el adiós a los padres. Sobre la familia enferma: fatuum y genética están aquí. Y luego leo Sometimes my heart pushes my ribs de Ellen Kennedy y sé que todo es una tontería. Porque la literatura, en general, se convierte en un A ver quién es más... En la estantería todos mis autores sufren. Desde Foster Wallace a Paul Celan. ¿Sabéis una cosa? Que os den. No pienso llevarme más de dos o tres libros a mi nueva casa. No pienso llevarme nada a mi nueva casa. Pienso llegar desnuda. Enseñaros el culo. Mi abuela me ha comprado un poncho para cuando haga frío. Pero pienso pasar frío. Enseñaros el vientre. Enseñaros los mocos. Vosotros: libros pesados. Vosotros: poemas sobre el maldito dolor. Que os den. Me voy, me voy, diablearé. Un santo soy.

09 mayo 2010

Querido diario (o cuatro años de blog).

Querido diario:

La guerra acaba de terminar en el mundo.
Acaba de comenzar en mi vida.
Lesley Arfin

Llevo desde ayer encerrada en este cuarto. Creo que es domingo. Llueve en mi ventana. El árbol se mueve. Suena Jolene, de Dolly Parton. Hay gente a la que le molesta que no escriba ni una sola coma. Me da igual. Hay gente que copia mis textos secretos. Hay madres que se cuelan en mi armario y leen este diario. Creen comprenderlo. Qué más da. En mi mesa el manual de Instituciones del Derecho. Trato de ingerir una dosis de Cocacola Light, otra de Risketos y otra de Justicia. En mi mesa, el último número de Quimera, el rotulador amarillo eléctrico con el que subrayo todo aquello que no entiendo. En mi mesa Rosalgin pronto, crema Nivea, otra lata vacía y unos folios en blanco. En mi mesa, todo eso y el libro de Lesley Arfin, Querido diario, recordándome que el tiempo pasa y que ya no tengo quince años. Mi foto, mi cara mojada y triste al lado de la de Félix Francisco Casanova: dentro de seis meses cumplirás veinte años. [Fea sucia tonta, que vas a los bares después de la guerra]. Tu cara, prologando las desgracias de Arfin. Prologando su mirada inocentemente punk. Se acaba la canción. Vuelvo a Spotify y pincho otra vez. Jolene, jolene... Abro Hotmail, mi chico me dice que una hora me llamará. Abro mi blog, tengo un comentario de Humbert Humbert. Abro mi blog. Lo vuelvo a abrir. Domingo nueve de mayo. Hace tres días mi blog cumplió cuatro años. Recuerdo. Lo empecé a los quince, meses antes de irme a vivir a Niza. Terminaba cuarto de ESO y empezaba a publicar mis poemas en revistas on-line. Revistas pequeñas de las que nadie se acuerda. [Silencio. Repeat. Jolene, Jolene...] Era pequeña. Me parecía demasiado a lo que no soy ahora. Quería ser una especie de Lesley Arfin con aires de Valente. Quería ser una especie de Bukowski con aires de Nothomb. Quería, querido diario, encontrar a alguien, de entre todos los que habitaban esta maldita Red, que entendiera lo que decía y me escuchara. Eso. Eso. Así. Pero tenía quince años. Pero tenía quince años infieles y hacía el amor con cualquiera que me dedicara un grafitti feo en alguna de las calles sucias de Nice La Pute. Jolene, ¿Jolene?.En mi mesa Lesley Arfin me recuerda que tampoco tuve amigas. Y que no hace falta irse muy lejos para encontrar literatura. De hecho, querido, queridísimo diario. La cita que aquí dejo la escribió la propia Arfin con apenas 12 años. Su joven entraña. Su pequeña entraña drogadicta. Su pequeño sufrimiento que era un mundo. Lluvioso. Qué más da. Y las comas. Y la infancia. Y este blog. Y este diario. Y esta cara triste sobre mi escritorio. Y este cuerpo viejo. Joder. ¿Qué mas dan?

*La foto es de un cartel que pegué por toda Niza
en noviembre de 2006.
Era el día de mi 16 cumpleaños.
La imagen es una variación de una fotografía
tomada en el cementerio judío.

08 marzo 2010

Sobre unas ruinas encontradas.


Miro los árboles. Miro el árbol. Miro los árboles. Miro el árbol. Me mareo pensando que encuentro las ruinas (perfectas). No son ruinas si son perfectas. Las ruinas bajo el árbol de mi ventana. La perfección de un verso o una piedra. Dos mil diez es el año de los poemarios perdidos. El año de la edad azul: sí canta el pájaro.
Sí canta el pájaro.
Sí,
canta.
El árbol.

24 enero 2010

Tardes de blanco papel (anodine dimanche).


Ordeno los últimos datos académicos que debo memorizar mientras ordeno también los besos y los miedos que se asoman a mi ventana. Estoy sola, pienso. Estoy sola en esta casa enorme y me preparo la merienda roja y me preparo para el miedo. Tengo miedo, digo. Tengo miedo, grito. Tengo miedo de estar sola aquí. De la cama vacía. De la colcha de leopardo muerto. Tengo miedo y grito Pizarnik. Pizarnik, ahuyentando las sombras, me devuelve a mí. Y qué sería de mí sin su piedra de la locura. Qué sería ahora de mí, si con el miedo no viniera ella a rescatarme. ¿Existiría el miedo sin Pizarnik? ¿Existiría Pizarnik sin el miedo? ¿Existiría yo sin el vacío dulce de la poesía? Muerdo la manzana roja. La manzana diamante. Muerdo con rabia y leo Tiempos muertos de Roger Wolfe. Lobita que aprende a ser mala. Muerdo la manzana: que no símbolo religioso. La manzana ya no es lo que era. La manzana es fruta-asco, mamá dice que me la coma. Miam. Té chino sin azúcar y escupo. (Vuelve, abuelita, vuelve a casa y cómprame magdalenitas). Soy un hombre ido a pedazos, leo. Y leo también mi propia voz en el borde del teclado: Miedo, Pizarnik, Exhumación, Hambre. Apago la luz. Odio cuando comienza a anochecer tan pronto. Ya no grito. Tampoco leo. Me tumbo. No veo nada.

04 enero 2010

Pregúntale al I Ching quién eres.


Pregunto al I Ching por el destino de mi esmalte de uñas. No me dice nada. Tiro las monedas y no hay cara o cruz. Invoco sus palabras, y vuelve a darme de lado. Qué falta de respeto, pienso, yo, que te suplico una respuesta breve, que sólo quiero saber qué poemas escribiré mañana con esta uñas, con estos dedos puntiagudos, con este esmalte seco y rojo (porque a veces es más importante el estado viscoso del propio corazón que su color casi pálido). Veo los síntomas de mis dieciséis años. Escucho las canciones que tú y yo susurramos. Observo el parpadeo del módem. Sigue lloviendo invierno, ahí fuera.

25 diciembre 2009

Guagüís.

Algunas semanas más tarde, mientras hacemos como que hacemos el amor, ella me dirá: «Tú me necesitas porque estás obsesionado.»
Antonio J. Rodríguez
Llueve tantísimo. Miro la ventana y tengo sed. No bebo agua sin embargo, porque si una sola gota tocara mi lengua me inundaría de líquido transparente. Como una muerta. Me hundiría de lágrima inmensa. Llueve en el parque de los Yonquis. Y hay vagabundos respirando. Hay perros peludos engañados por el barro, semejantes a los dioses, perros con hocicos rasgados. Rasurados: mis labios rotos, pelados con marca de amor y de violencia. Pubis blanco en donde tú ahora duermes. Como un vagabundo. Como una muerta. Como esa lluvia fría que ahora me acompaña.

07 diciembre 2009

Diario de viaje: del sol al frío.

Moscú. Viernes 11 de diciembre.

Recital literario: “Encuentro ruso-español de jóvenes poetas”.

Este primer encuentro pretende establecer un diálogo entre creadores de España y Rusia menores de 35 años. Intervendrán, por parte española, Ignacio Cartagena, Luna Miguel, José Martínez Ros y Antonio Mochon. Fruto de esta iniciativa será un libro que recogerá varios de sus poemas traducidos al ruso.

Además de la mesa redonda, que se celebrará en la sede del Instituto Cervantes a las 19 horas, habrá una clase magistral, una lectura poética y una conferencia en diversos lugares de la ciudad.

Organizado por el Instituto Cervantes de Moscú con la colaboración de la Embajada de España en Rusia y la Fundación Stella Artis (Moscú).


(Sin casa preparo la maleta un poema impreso en piel de leopardo el pájaro el gorrión tu árbol es sólo tuyo no quisiera morir en el frío echarte de menos baby baby baby).

09 noviembre 2009

Heartsrevolution: o Por qué te caigo mal.


A) Esa es la niña mona (la niña que se cree mona), la niña que leyó unos cuantos libros, la niña que escuchó unas cuantas canciones, la niña, en definitiva, que chupó unas cuantas pollas. O bien: La chica de los editores. La chica de los redactores jefe. La chica espantapájaros, monstruo, asesino del arte. La chica -lo que en realidad es. Una pequeña mema, una pequeña guarra; la mayor de las estulticias unida a la mayor depravación. En la chica se aúnan toda la abyección del golfo y del colegial. (Baudelaire)
B) La imagen que uno da de sí mismo. La imagen que no quiere dar. La imagen que se le escapa: mira mi foto y mira lo que me rodea. Mira mis versos y mira los que me rodean. Mira mi mundo y en qué se parece al tuyo. Y qué es lo que falla. Y. Por. Qué. Tanto. Punto. Y. Seguido. Porque dudo porque no es rápido. Porque dudo y me paro y toso el Flumil y los jodidos mocos. Y soy tímida, lo eres y me detengo y esa es la escritura que ahora necesito.
C) La imagen: Neo2 vs. Quimera. VICE vs. Pre-Textos. Lesley Arfin vs. Virginia Woolf. O, por qué no, tú misma vs. tú misma, en versiones lomolíticas, polaroidianas enfrentadas a esas horas de lectura en el Cercanías, a esas otras de Biblioteca, a las gafas y el chándal en casa (como en Karekano, recuerdo), a las metaficciones de la cafetería (no me preguntéis por qué), a las interminables tardes de los martes intentando escribir un texto público mientras me muerdo las uñas –de los pies-. Tanto da…
D) Ibrahim. Ah. Ibrahim. Ay Ay. Ibrahim. Él lo sabe. El secreto: lo sabe. Los domingos a las doce de la noche todo está cerrado en esta ciudad de mer-de. Los Domingos Poeticofestivos, Ay, Las Resacas, Ay, El A***, Ay Ay.
E) Sobre el público (minúscula) que uno crea, que uno se crea, que a uno le crean. Sobre un público desconocido que a uno le imponen, que uno se impone, que apenas conoce. Sobre esto o aquello que el público (minúscula) dice. Sobre el abanico de miradas que uno recibe: las que se dejan aconsejar por las citas, las que se quieren involucrar, las que se reconocen dans les images, las que te odian. Sobre ese rebaño de ojos que no sé digerir ni agradecer.
F) L_ _ _.
G) En la mesa los apuntes de economía. Futuro próximo el temblor de manos. Futuro lejano, pensando a largo plazo (courier, eh!), en definitiva sí: mañana, mañana de mañana, dentro de equis tiempo, sí, blabla. Glup. Que el árbol de la ventana, niña mona, niña tonta, pierda sus hojas mil veces más.

27 octubre 2009

“Tengo un coño pegado a la cara”.


a) Fóllame (o Lo que subrayé de Teoría King Kong de Virginie Despentes mientras me rascaba las picaduras):
Cuando te vuelves una chica pública, te dan palos por todos lados, de manera muy particular. Pero no hay que quejarse porque está mal visto. Hay que tener buen humor, tomárselo con distancia y tener un buen par de cojones para aguantarlo. Todas esas discusiones para saber si yo tenía derecho no a decir lo que decía. Una mujer. Mi sexo. Mi cuerpo. En todos los artículos, más bien de forma amable, por cierto. No, no se describe a un autor como se describe a una mujer. Nadie cree necesario decir que Houellebecq es guapo. De ser una mujer, y si a un número igual de hombres les hubieram gustado sus libros, habrían escrito sobre él que era guapa. O fea. Pero habríamos sabido lo que piensan sobre el tema. Y habrían intentado, en nueve de cada diez artículos, cantarle las cuarenta y explicarle, en detalle, por qué este hombre era tan desgraciado sexualmente. Le habrían dicho que era culpa suya, que no hacía las cosas correctamente, que no podía quejarse de nada. Y de paso, se hubieran reído de él: pero has visto qué cara tienes. Habrían sido extraordinariamente violentos con él, si, como mujer, hubiera dicho sobre el sexo y el amor con los hombres lo que él dice sobre el sexo y el amor con las mujeres. Con el mismo talento no hubiera habido el mismo trato. No querer a las mujeres, cuando se es hombre, es una actitud. No querer a los hombres cuando se es mujer, es una patología.
b) Ladro y muero:
El próximo jueves, en principio, comienzan a publicarse mis nuevas columnas para Público bajo el título de Mundo Fantasma. No confundir con la Zona Fantasma de Javier Marías (“Yo leo El País Semanal”). M. F. es un homenaje a Daniel Clowes y a las botas de Enid. No será el Diario Adolescente que sacamos el pasado verano pero intentará mantener una línea como la que viene viéndose durante el último mes en el blog del periódico. Mundo Fantasma fue título de uno de mis primeros poemarios (esos que se quedan en el cajón porque son una jodida mierda, esos de los que una se avergüenza, esos que con los años se hacen más polvorientos, y huelen a 50% piruleta, 50% muerte). Mundo Fantasma es una pintada en mi carpeta. Es un tatuaje rechazado, sustituido por el infinito. Mundo Fantasma es un recuerdo a los versos otoñales de Ángel González. Es una patada en los cojones a quienes leen esto y me tachan de P, M, o J. Mundo Fantasma es una estética monelliana. Un vómito a los que dicen: Já. Un acorde de la cabeza rapada. Un sarri-sarri en el centro de la pista del instituto (cuando mis tíos eran jóvenes y me llevaban con ellos a los saraos punk). Mundo Fantasma es mi trabajo. Es sólo un trabajo. Es una angustia. Un miedo a la tecla. Un silencio. Un punto de vista. Una vista hacia un punto lejano. Una voz que (se) me apaga.
c) Retardomodernidad: viva el mongo-way.
Leo un foro y sólo veo a ‘modernos’ meterse con ‘modernos’ por creer que éstos se creen más ‘modernos’. Ser moderno no está de moda. Ser retrasado sí. Cada día somos más, córtatela ya papá, canta Siniestro Total. Cada día somos más, cada día más. Pues somos retardomodernos y por eso nos odiamos.
d) Poetry is not dead:
Terminar un poemario es como abrirse en canal con las tijeras de cortarse las uñas. Los cortaúñas me recuerdan a la escena de La Broma Infinita –ese libro que no se vuela en la playa y que sirve para aplastar medusas- o bien –ese libro que aún no he terminado- o bien –ey chicos, el viernes día seis es mi cumple, venga, que sólo os cuesta treinta pavos regalármela-. Una escena, decía, en la que Hal Incandenza se corta las uñas de los pies mientras habla por teléfono. Hal Incandenza me recuerda al poeta García Madero y no sé muy bien por qué. Quizá por ser Rimbauds pornográficos. Por estar muy buenos. Porque quiero ser como ellos. Porque no lo soy. Terminar un poemario es comenzar otro. Comenzar un poemario y titularlo como el anterior (añadiendo Vol. II al final del enunciado) es como pisarle la cola a un gato. O masturbarse sin ganas. O saber que aún te quedan diez años de vida estéril. Porque mis poemas son pensamientos estériles. Y me da igual lo que a veces sé: estás hablando de tu vida, ególatra existencial, porque yo no hablo de mi vida, sino de lo que la rodea. En la película Party Monster (que no deja de ser otro Mundo Fantasma homosexual, drogadicto y techno) uno de los protagonistas finge escribir una novela durante todo el filme. Así. Yo también finjo escribir un poemario durante todo mi cuerpo vivo. Y releyendo a Valente en las escaleras del Edificio encontré esto: y, sin embargo, cuento mi historia, recaigo sobre mí, culpable de las mismas palabras que combato.
e) Como en el anuncio de McDo: la carne es más cercana de lo que piensas.
No he visto la serie Californication y tampoco he leído todo lo publicado sobre Bukowski. No he ido a renovar el DNI y tampoco he comido en el McDo. No he escrito el trabajo de Géneros Informativos y tampoco he leído El economista camuflado. No me he cambiado de bragas ni tampoco me he puesto perfume. No he follado hoy y tampoco lo haré mañana. No he ido nunca a Berlín y no conozco el Wurlitzer. No he comido postre y tampoco tenía hambre. No tengo ganas de escribir y sin embargo grito.
f) Animalita inexpresiva, pero enamorada.
Me preocupa no tener tiempo. Me preocupa lo que va a pasar mañana. Me preocupa irme. Me preocupa que se vaya. Me preocupa decir algo malo. Me preocupa que diga algo malo. Me preocupa no entenderle. Me preocupa que no me entienda. Me preocupa no hablar. Me preocupa que no hable. Me preocupa que se canse. Me preocupa cansarme. Me preocupan muchas cosas. Me preocupa que el árbol de mi ventana aún no esté tan amarillo como ese que me ha enseñado Peio, esta tarde, durante el paseo de Caleruega. Me preocupa que mi profesora no se ponga sujetador. Me preocupan muchas cosas. Muchas antes que nosotros porque nosotros nosotros no me preocupa nosotros nosotros todo va bien, sí, así es, todo va bien y eso me preocupa.
g) Punto.
Gé.
h) Quiero ser como Valerie Mréjen, pero yo cuando como engordo.
Utilizo esta taza desde hace un año y aún no la he limpiado. Tiene manchas de café, de yogurt líquido, de grumos de Colacao y de Nesquik (comodidad instantánea para los días impares), de té rojo, té negro, de manzanilla, tila. Tiene tila desbordante y restos de magdalena adheridos a la pared, como si yo conociera el paladar de Proust, como si yo imitara su gastronomía pomposa y sus maneras. Esta taza guarda más sabores que si tuviera mil años. Esta taza tediosa de todas las mañanas y dolores de estómago y gotas de hierba y sacarina espesa. Son las seis de la tarde y no importa qué hora sea. Leeré esto mañana y sonará distinto. Leeré seis de la tarde y será pronto. No comeré magdalenas, pero merendaré cruasanes.
i)Tengo un coño en la cara (o unos versos de Anne Sexton, y ya me voy).
Dulce peso,
en celebración de la mujer que soy
y del alma de la mujer que soy
y de la criatura central y su felicidad,
canto para ti.

26 octubre 2009

Ciudad/interior.



atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contentarme con la narración que otros me harán de ellas

Virginie Despentes