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19 diciembre 2015

Mis libros preferidos de 2015.


Como cada año hago un balance de mis libros preferidos publicados en 2015, y me doy cuenta de que son muchos, y también de que la mayoría los he leído por trabajo. Pero cuando el trabajo es placer, poco importa que se llame trabajo. 

Poesía
1. The collected poems of Chika Sagawa, de Chika Sagawa (Canarium Books)
2. El libro de la danza, de Gonçalo M. Tavares (Kriller71 Ediciones)
3. Eso, de Inger Christensen (Sexto Piso)
4. Beat Attitude, las mujeres de la Generación Beat, ed. de Annalisa Marí (Bartleby)
5. La edad de merecer,de Berta García Faet (La Bella Varsovia)

Narrativa
1. Sumisión, de Michel Houellebecq (Anagrama)
2. La débil mental, de Ariana Harwicz (Mardulce)
3. El cielo oblicuo,de Belén García Abia (Errata Naturae)
4. The Motion, de Lucy K. Shaw (421 Atlanta)
5. Modelos animales,de Aixa de la Cruz (Salto de página)

No ficción
1. La mujer de pie,de Chantal Maillard (Galaxia Gutenberg)
2. Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés (Siruela)
3. De pronto mi cuerpo,de Eve Ensler (Capitán Swing)
4. Maternidadessubversivas, de María Llopis (Txalaparta)
5. La llamada perdida, de Gabriela Wiener (Malpaso)

Cómic e ilustrados
1. Cruzando el bosque, de Emily Carroll (Sapristi)
2. Buenas noches,Punpun, de Inio Asano (Norma)
3. El niño que dibujaba sirenas, de Javier Sobrino y Carole Hénaff (La Fragatina)
4. Rosalie Blum, de Camille Jourdy (La Cúpula)
5. El diario gatuno de Junji Ito, de Junji Ito (Tomodomo)

Mirando estos libros de 2015 me doy cuenta de dos cosas: de que la mayoría son mujeres, y de que este año he leído más ensayo, crónica y cómic que nunca, aunque también tengo algo abandonada la novela. 

Una cosa de la que no me quiero olvidar es de algunos libros de El Gaviero Ediciones que aprecio muchísimo y que si no hubiera tenido el placer de editar seguramente habría incluido en la lista: Post coño, de Gabby Bess y Siamesa, de María Ramos. 

Por último quiero agradecer a Milky Way Ediciones y a Ediciones de oriente y el mediterráneo su increíble trabajo (creo que me he dejado el sueldo en estas editoriales, definitivamente). Libros como La chica a la orilla del mar, de Inio Asano, o como Nuevo nacimiento, de Forugh Frarrojzad han sido mis lecturas más preciadas, aunque pertenezcan a catálogos de otros años. 

Gracias a todos por seguirme por aquí, o a diario en mis artículos de PlayGround o en otras redes sociales que lleno cada día con mis tontadas.

Qué ganas de 2016. Van a pasar cosas emocionantes. Estoy segura.



(Por cierto, hoy colaboro en Babelia haciendo una micro-reseña 
de La mujer de pie, de Chantal Maillard, para su lista de mejores libros del año.

02 octubre 2013

¿Mi generación no quiere ser mamá?

Aleksandra Waliszewska
La semana pasada PlayGround editó un "especial maternidad" en donde César Rendueles nos deslumbró a todos con su entrañable columna "Cinco razones por las que la paternidad se parece a una resaca memorable", y la periodista Sara Brito entrevistó a Carolina del Olmo, con motivo de la publicación de  su ensayo ¿Dónde está mi tribu? Por mi parte, colaboré con un texto doble en el que abordo la problemática (o la negativa) de ser mamá a los veinte años, y elaboro una pequeña lista de cinco títulos que me parecen esenciales para la biblioteca de toda mamá o aspirante. 

Así que si os apetece leerlo, podéis hacerlo aquí: 


Seguimos.

28 enero 2011

Pensamientos estériles: pajarracos muerden.

Aunque aún faltan algunos meses para la publicación del diario Pensamientos estériles (Cangrejo Pistolero Ediciones, abril, 2011) ya tenemos la portada seleccionada. Se trata de una de las ilustraciones que Laia Arqueros ha elaborado para poner imágenes a esos versos. Pensamientos estériles nació el 1 de octubre de 2009 y se terminó de escribir el 13 de octubre de 2010. El hermoso prólogo lo escribió Gabriela Wiener y las acertadas correcciones las hizo Luis Gámez. Os copio aquí las palabras que Ibrah ha escrito para la contraportada (ya se ha convertido en Contraportadista Oficial, él escribió la de Estar enfermo y la de Poetry is not dead; la contraportada... ese género literario de tapas traseras):

En el comienzo fue un pájaro gigantesco, cuyo altorrelieve gobierna el arco que da entrada a esta necrópolis. Allí, el sendero abierto por Luna Miguel y Laia Arqueros adquiere fo-rma de clepsidra con que registrar las horas muertas —y de doble bucle, o serpiente que muerde su cola—.Pensamientos estériles: el hastío como sinónimo del cosmos, sin origen ni final. Aquí el espacio-desierto, definitivamente, se abole: «Un poema que no entienda de capítulos// marcas// señas// tiempos de espera.»). La muerte y el sexo, la poesía ad infinitum. Salvaje es el desafío del poema: descifrar el críptico, fosilizado y maligno lenguaje en el que el pensamiento se materializa cuando deviene infructuoso; tétrico, el testimonio que reúne.  Y al final, la espera: para el que ama.
Antonio J. Rodríguez

26 marzo 2010

Rodrigo Fresán: mi poeta preferido.


Ni Visor, ni Pre-Textos, ni El Gaviero: la mejor editorial de poesía es ahora Mondadori. Es cierto. Lo sé. Lo he leído. Lo he comprendido con algunos de sus últimos títulos como Nueve lunas de Gabriela Wiener, Los muertos de Jordi Carrión, y, especialmente El fondo del cielo de Rodrigo Fresán. Ejemplos de novelas que juegan con la poeticidad del lenguaje narrativo, llevada al extremo en algunos casos. Mi hermana y yo teníamos un juego. En voz alta solíamos decir: Vamos a jugar a la mamá y a la hija. Siempre éramos mamás y siempre éramos mamas de unas hijas. El mundo de la maternidad era un mundo entre mujeres solas. ¿Quién se esconde bajo este fragmento, la Wiener de Sexografías, o la Sharond Olds de Satan says? As soon as my sister and I got out of our mother's house, all we wanted to do was fuck. La figura de la hermana en Olds, en Louise Glück (a quien la propia Wiener cita), una especie de Anne Sexton igualmente enfermiza celebrando un vientre y un útero calientes. Algo parecido ocurre leyendo a Carrión. Algo en Los muertos que recuerda a Promethea (poeta, guerrera, la que vive sólo cuando la imaginamos), a cualquier poema-homenaje a Monelle: Mientras camina, se materializa una niña sobre el charco. No debe tener más de seis años. Está desnuda, y sus retinas, enloquecidas. El pelo se le moja: negro sobre el gris asfalto. Como ese poema de Juan Andrés García Román, niña Monelle, niña de la llanura: eres la niña coronada de velas que hizo de santa Lucía en la función. Luego, estabas en el peluquero. Te cortaba los mechones con cera fundida. Un ejemplo entre muchos. Su voz entre muchos versos que se esconden, que son poesía -pura- a pesar del formato, el autor o el contexto. Y es aquí donde redescubro a Fresán. El único Fresán que yo conocía, el de Mantra y la infancia. Mantra y los niños que desde el cine o la literatura aprenden el mundo que los rodea. Martín Mantra o Ezra son como el pequeño Peter Möhlendorf en Patricio Pron, o el Dylan Edbus de Lethem. Rebeldes. Listos. Precoces. Pero también otro Rodrigo Fresán el que yo ahora leo y que podría resumir en 4:56 minutos, con una sola canción Love theme from Blade Runner. Una historia de amor, la búsqueda de la belleza a través de la obsesión por otros mundos, por otros planetas y galaxias. A través de la Ciencia Ficción. ¿Qué es el cielo? ¿Cuál su fondo? ¿Y dónde? ¿Y quién nos recordará a nosotros, los que encontramos respuesta a los anticiclones, a las estrellas distantes, a las lunas altas? Te encuentres donde te encuentres, cerca o lejos, si puedes leer esto que ahora escribo, por favor, recuerda, recuérdame, recuérdanos así. Un epitafio. Poema de la muerte. Poesía que aparece desde la primera página de este libro de pasta dura: Biblia/Evasión. Su rostro, el de ella, es el resplandor que todo lo ilumina y arrastra. Estrella de la muerte sus facciones. Y entonces la muerte era lo más hermoso que me había sucedido en la vida. La muerte no era una luz al final del túnel. La muerte era el fin de todos los túneles. De nuevo me pregunto la autoría de estos versos que bien podrían compararse a los de José Ángel Valente: Debo morir. Y sin embargo, nada/ muere, porque nada/ tiene fe suficiente/ para morir. Escribe Fresán: el espacio entre este planeta y el otro planeta es lo suficientemente pequeño como para que nosotros podamos observarlos desde nuestro olvidado mundo (y recuerda al “astronauta solo, llorando” de Fangoria). O bien: La chica rara era yo y pronto comprendí que, si voy a suicidarme, no me interesa una muerte pequeña (como si de un sentimiento de Carmen Jodra en Las moras agraces se tratara). O bien: no olvides nunca. Ha llegado el momento de recordar para siempre. Míranos. O bien: Fuego amigable, me dicen. Fuego amigo. Fuego que es el mejor amigo que jamás haya tenido, amigo. Fuego, que cuando se te mete en el cuerpo te hace sentir un frío como jamás has sentido... Rodrigo Fresán es mi poeta favorito. Mi poeta que quiere ser narrador y quiere ser replicante y quiere ser astronauta. Because de sky was pink. Porque el espacio vacío es la mejor excusa para imaginar una novela, y describir el cielo es el primer propósito de cualquier hacedor de versos. The sky was pink. The poetry was punk. Rodrigo Fresán es mi poeta favorito.



05 marzo 2010

Autoclick en el EP3.


De las narrativas cross-media de Vicente Luis Mora al "archivo" de "capítulos descartados" de punkjournalism.com, de Robert Juan Cantavella. O el spoken word en Fernández Porta; las sesiones de dj de Kiko Amat; las entradas en Google de laegosurfer Llucia Ramis; el blog/querido diario/poemario abierto de Luna Miguel —"Soy quien soy gracias a blogger.com"—; los booktrailers de Agustín Fernández Mallo; la zona de descargas de textos de la nueva web de Javier Calvo; la novela 2.0 de Enrique Rubio; el disfraz de zombi de Manel Loureiro, y la camiseta de "Soy un cornudo" de Valeriano Campillos. Todo vale siempre y cuando escribas un buen libro.
Gabriela Wiener

15 noviembre 2009

Red moon: me obsesionan los espejos.





Bla bla bla vla. Mi ordenador carece de letra eñe y tengo que hacer malabarismos con el teclado cada vez que quiero escribir una. Una sola Eñe. Una. Ayer. Y Luego. En el centro de la Letra vimos a Wiener, víctima de cierto machismo soso, entre columnas pornófilas, místicas, oscuras. Luego bla bla drunk. El dorado es un truco de magia, me dije. Y luego eso de las pizzas a medias, y Coralie Clément con bragas pequeñas. Y luego JC. Y luego tu beso en la puerta del Pantera, esperando una lista interminable de hígados cool. Y luego: o antes, ya no recuerdo, ese realismo diabético de la literatura. Y la risa de Unos y de Otros. Y luego: hablas raro. Y antes: son las ocho de la mañana, llevo 24 horas con el mismo vestido, con el mismo olor, con el mismo cansancio adherido a los párpados. Lambrusco. Tercio Caro. Tercio Malo. Estamos donde tenemos que estar no sólo porque lo diga Tom Wolfe: estamos donde los libros dejan de ser materia, donde los piercings no son distintos a los cuerpos, donde los tatuajes devienen género literario. Pero casi no he dormido.

19 octubre 2009

Escribir tu sonido.

El ruido de ese músculo es casi la primera manifestación humana. Alguna vez, nosotros también, fuimos apenas un pálpito. Sólo mucho después nos volvimos más grandes que nuestros corazones.

Gabriela Wiener

18 octubre 2009

Barcelona, Madrid, Berlín (pleonasmic year, la receta).

Carolee Schneemann
Barcelona parecía un buen lugar para dos periodistas ingenuos con aspiraciones literarias que creían en las posibilidades de sus curriculums…
Gabriela Wiener


Perrito caliente. Pollo asado. Kebap cuatro euros cincuenta. KitKatchino. Fajitas. Pasta con tomate y queso. Pastel de año nuevo frito. Tallarines con setas. Pan chino de bambú. Pan chino con pepitas. Bola de sésamo. Oreo. Tostadas de mermelada. Churros. Porras. Café. Mucho café. Barrita energética. Lasaña. Canelones. Filetes con salsa y setas. Donut. ChocoLunas. Gelatina de fresa. Mantecados de Fondón. Y cosas. Y muchas más cosas que son nuestros estómagos.

24 septiembre 2009

Voy de rojo y vivo con mi abuela.



No tengo un espíritu crítico. Y mucho menos espíritu económico. En la Universidad me pido un sándwich y una cerveza. Me fumaría las clases. Me las fumaría todas. Y todo. Me lo fumaría todo. Porque las tardes son soporíferas y el árbol de la ventana me hace señas: cuélgate de mis ramas, cuélgate de mis hojas, niña buena, pésima poeta, cuélgate de mis garras. Me encierro en el cuarto. Los periódicos de agosto amontonados. Ayer casi los tiro sin darme cuenta. Pienso en Público. Me divierte pensar en los ladridos. Me divierte. Es lo más divertido. Los ladridos que trajeron otros ladridos. Pero que dieron también poemas. Insultos y poemas. Lo más divertido. Los periódicos amontonados. Los libros de la biblioteca, amontonados. Y la ropa vieja. Y la nueva. Arrugada. Muy sucia. Las tazas de café y los apuntes. Los planes: quiero irme a vivir a México. A Oaxaca con Tryno Maldonado. Al DF como el viaje de Fresán (sólo me quedan cien páginas, los viajes Cercanías o los viajes literarios. Tiempo recuperado). Los planes: quiero irme a vivir a Barcelona. Con Wiener y la polla de Spiderman. Con Alpha Decay, para matar. Con Laia. Con Satán. Quiero vivir en Madriz. Quiero que Él me invite a minis de papas barbacoa. Quiero vías lácteas. Quiero sus páginas pleonásmicas. Me las fumaría. Me las comería todas. Árbol de la ventana, y tú que miras. A E. no le gustan mis poemas. Víctor me pregunta por Foster Wallace. Mm S., desaparecida, aparecida, Liz Norton secreta. El último disco de Death Cab For Cutie me recuerda a Francia. Sí, yo viví allí. Yo era de esas. De esas que se iban y no querían volver. De esas que volvían y se querían suicidar. De esas que si ahora regresaran se suicidarían. A E. no le gusta mi poema de Quimera. A E. no le gusta ninguno de mis poemas. A mí no me gusta ningún poema. Ni uno sólo. Quizá aquel de la luz de Javier Moreno. O aquel otro de las mujeres inmortales en la familia de Elena Medel. También me gusta abrir la ventana y escupir a los gatos, pintarle los pelos de la nariz al osito de peluche marica, follar ebria. A la hora de la siesta releo cosas. Todo lleva carne. Valente. Poemas de amor. Luego los apuntes de economía: no tengo espíritu, no tengo alma. El lobo grande se comerá a una niña. La abuela está sentada en el sofá del salón. Mis primas ya se han ido. ‘Te voy a dedicar el post’. ‘Oh. ¿De qué va?’ ‘De cosas’. Y el árbol me llama: cuélgate de mis telarañas. Sé mía. Caperucita.