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15 noviembre 2014

Arrancaste estos dientes con un hilo.

Jessika Tarr
La semana pasada la fotógrafa Dara Scully estrenó el pequeño libro Dientes de leche, en el que un montón de poetas a las que admiro escribían sobre la infancia, lo salvaje de la mirada de los niños, y la animalidad de sus cuerpos crecientes. Daniela Camacho, Natalia Litvinova, Carmen Juan o Ruth Llana, entre otras tantas, ponían voz a esa infancia que tan atrás quedó, y a la que a veces queremos regresar, porque sólo significa refugio. Hace unos meses Scully me pidió un texto perteneciente al libro Pensamientos estériles, y yo le dije que sí. Sin embargo, un poco después, me di cuenta de que tenía que escribir algo nuevo. Últimamente he abandonado algo este blog (siento que si hablo sólo os contaré lo mismo, la misma pena, los mismos dolores, el mismo no saber), pero quiero compartir con vosotros este texto que me inspiró Dientes de leche, y que sin la oportunidad que la joven fotógrafa me brindó no habría podido ser escrito. La bonita antología digital la podéis leer aquí. Mi texto, os lo copio a continuación. 

ARRANCASTE ESTOS DIENTES CON UN HILO

no me gusta la leche
y eso no quiere decir que no sea buena
Letitia Ilea

Aprendo lo que significa sarro cuando aprendo lo que significa diente.
Mamá escondía mis incisivos entre sus tesoros,
quería que el recuerdo de la infancia mordiera al recuerdo del tiempo,
quería, quizá, que algún día yo los encontrara tan tiernos y tan brillantes
como al principio. Aprendo lo que significa basura cuando aprendo
lo que significa luto. Tiro entonces las muelas, los colmillos,
las ridículas gotas de sangre seca que aún huelen a empaste y a anestesia
en aquellas pequeñas cajas de madera que guardaba en su cajón.
Me deshago de mis dientes. Me deshago del recuerdo, lo tiro a la basura
porque lleva consigo palabras que no quiero. Aprendo que ahora el sarro
se parece demasiado a las cenizas. Mi boca. El sabor grisáceo de la
muerte. Mi boca. El sabor grisáceo de los dientes blancos. Mi boca.
Me atraganto impaciente con su leche. La bebo hasta que eructo o la bebo
hasta que lloro. Aprendo lo que significa lágrima cuando aprendo
que ella se ha marchado y que mis manos y mis ojos y mi infancia
fueron su mayor tesoro.  

06 enero 2014

La poesía posnoventista española en 15 voces.

Kendra Yee

El escritor y traductor estadounidense Jacob Steinberg me habló hace poco de lo que para él significa el posnoventismo. Como buen conocedor de la literatura argentina actual, me habló de una generación de poetas que cambió la concepción del género durante los años 90 en ese país. Para él, ese espíritu lúdico, esas ganas de conocer lo que se hacía en el mundo, esas ansias por crear editoriales pequeñas, de libros baratos que llegaran al público, etcétera, son muy parecidas a lo que según él está pasando en el mundo ahora mismo. No sólo hay que mirar la Alt Lit estadounidense para darse cuenta de que una nueva ola de autores nacidos más o menos a finales de los años 80 está creando su propio discurso, sus propios medios de publicación y difusión, y su casa, sin fronteras, gracias a Internet. Me llamó la atención este nombre “posnoventismo”, y me acordé también de todo lo que la plataforma de la 89plus está promoviendo, con artistas y escritores nacidos a partir de 1989, de la que ya os he hablado muchas veces.

Cuando miro la lista de autores de Tenían veinte años y estaban locos (la de papel, pero también la digital), me doy cuenta de que en apenas 4 años desde que la idea de este libro comenzara a gestarse, todo ha cambiado mucho, y muy rápido. Si los autores más jóvenes de la antología en papel habían nacido en 1992, ahora sólo hay que mirar un poco la blogosfera, los debates literarios en Facebook y Twitter e incluso algunas revistas para comprobar que los autores de 1990 son cada vez más numerosos, e incluso que sus nombres, a pesar de ser la mayoría poetas inéditos, han llegado a ser bastante influyentes, pues no sólo se limitan a escribir sus cositas y compartirlas en la red, sino que compran y leen libros tanto clásicos como de sus contemporáneos, escriben artículos en medios culturales online, comparten lo que les gusta, agitan el género y confían ciegamente en él.

Los 15 autores que he escogido para hacer una aproximación al “posnoventismo” español me parecen muy significativos. A todos los he conocido a través de Internet, casi todos han publicado en Estaban locos y otras antologías digitales, casi todos tienen blogs, tumblrs, twitters, instagrams y vidas activas en todas estas redes. Cuando uno de ellos comparte un libro, lo más seguro es que muchos de ellos luego se lo compren (hay un efecto libro veo libro quiero muy curioso, pienso en fenómenos como el de Joan Didion, Mascha Kaléko, Tao Lin, Ted Hughes, Anne Carson, la red se llenó de estos nombres, de pronto todos los leíamos... porque al fin y al cabo somos una comunidad).

Casi todos tienen libros escritos o por escribir, pero no parecen frustrados por que su publicación no vaya a ser inminente. Si han publicado, es en editoriales pequeñas. Si no hay webs y revistas de poesía, ellos las crean (pienso en Ciudades Esqueleto, o en Erosionados). Algunos de ellos incluso han llegado a publicar sus poemas mucho antes en el extranjero que en España, y muchos hasta saben traducirse a sí mismos, o son capaces de crear en otro idioma. No hay presión por ser una joven promesa de tal o cual editorial grande (miremos con atención y celebremos el Premio Nacional de Unai Velasco), ni por salir reseñados en El Cultural (posiblemente ni lean El Cultural), ni por querer agradar a la caspa de ahí arriba. Me parecen sencillos, y sinceros, algunos son muy buenos, a otros aún se les nota la timidez y la inocencia. Pero esto, como debatimos la semana pasada a raíz de la reseña al primerpoemario de Emily Roberts, no me parece un problema. Al contrario. ¿No es una gran ilusión? ¿No es perfecto que el género mute y que el género viva, y que el género esté en continuo movimiento?

15 voces, decía, que a mí me interesan especialmente, y con las que me ha gustado contactar y charlar para este post. Ellos son: Arturo Sánchez (Barcelona, 1990), Ruth Llana (Pola de Siero, 1990), Ángel de la Torre (Lucena, 1991), Emily Roberts (Ávila, 1991), Cristian Piné (Móstoles, 1991), Sara Torres (Gijón, 1991), Miguel Rual (Oviedo, 1992), Annie Costello (Murcia, 1992), Roger Vilanova Jou (Castelló d'Empuries, 1992), Yasmín C. Moreno (Madrid, 1993), Patricia Úbeda Sánchez (Almería, 1993), Marcos Ortiz Andrino (Madrid, 1993), Belén Benito Moreno (Toledo, 1994), Sandra Martínez (Valencia, 1995) y Rosa Berbel (Sevilla, 1997). Para que podáis leerlos y conocerlos mejor he creado este link a mi Tumblr (aquí) y este documento en ISSUU (aquí), donde encontraréis sus textos, rostros, notas biográficas y dónde seguirlos.

Qué bien comienza 2014. ¿Verdad?




(Por cierto, la artista de la imagen de arriba es Kendra Yee, 
canadiense nacida en 1996)

01 diciembre 2013

Destellos y silencio, pequeña antología de la joven poesía europea (4): Maria Borio.

François Gérard
Primero fue Sam Riviere (Reino Unido), luego David Teles Pereira (Portugal), luego Elena Medel (España) y hoy os presento a Maria Borio (1985, Italia). Borio es una de las poetas jóvenes más importantes de su país, ha publicado en múltiples revistas, blogs y antologías, una de ellas editada por Mondadori. Conocí su voz hace unos años gracias a Pablo López Carballo, quien tradujo algunos de sus versos para su blog y para Tenían veinte años y estaban locos. En esta ocasión, sin embargo, es mi amiga Ruth Llana quien se ofreció para entregarnos una versión de uno de los poemas de María Borio. Desde aquí mando mi agradecimiento primero a Pablo por el descubrimiento y después a Ruth por querer colaborar con esta pequeña antología online. 

Borio es una autora que me fascina porque con gran sencillez consigue hablar de temas dolorosos y profundos. Su imaginario está repleto de animales frágiles y de palabras que se buscan a sí mismas y se chocan, y se rompen, y se regeneran... Ruth tradujo tres de sus poemas aparecidos originalmente en una revista italiana, pero yo he elegido el más breve de todos ellos, el más conciso, y el que más me sorprendió.

Silencio, repito. Vienen destellos:


Una vez estuve apunto de morir
a la orilla de este pequeño lago.
Ahora un animal cualquiera hace el acróbata,
el agua se abre, las plantas reflejadas
relevan el peso, voluntades invisibles
se alargan.

Escondido, hay un paisaje de cemento,
una red de hierro, las esfinges entre las zarzas
-más allá la pesca, los girasoles
y mi paso sin respuesta
que libera.
Maria Borio
(traducción de Ruth Llana)

12 junio 2013

Escribir para curar (3 de 3): Laura Rosal.

Éramos hermanas porque éramos muy pocas -teníamos quince o dieciséis entonces-. Poblábamos la red en silencio con blogs de color azul y de color rosa y de color negro y azul y blanco y otra vez azul. Con Laura, Marta, Ruth y Marina compartíamos los días, la poesía diminuta y a Monelle. Éramos hermanas y luego vivimos juntas y seguíamos leyéndonos y yo perdí todos sus libros. Quizá porque También mis ojos (Cangrejo Pistolero, 2010) sea uno de los poemarios que más he regalado en los últimos años y nunca -jamás- lo tengo en mi estantería. Pero ella siempre escribe para curar y por eso a pesar de todo o de cualquier cosa o de lo que sea me reconozco en su voz que a mí también me sana: Laura Rosal. Con una libélula cierro el ciclo. Pronto más.


Et toi, qui es-tu?

Debo justificar lo que me hiere.

Soy el poeta. 
Borges


Cada vez me resulta más difícil nombrar la belleza. A mí, la que pasea entre las olas grises y se detiene a fotografiar los cuerpos amontonados. Cada vez más difícil nombrarla. A mí, la que camina sorda y muda y escribe tres poemas seguidos con la vista nublada. Con la sangre caliente.

Escribirlo en alguna parte escribirlo tatuarlo grabarlo con fuego hacer que sangre mordisquearlo pellizcarlo

Escribirlo en alguna parte
Que se quede que se guarde
Con llave, que resista que
Persista que te arroje al
Llanto que mueva la tierra
Que haga tambalearse
A cada cuerpo que sangre
Que sangre que no
Muera que te cubra con
Dulzura que te silencie
Que te proteja.
(Laura Rosal)

29 agosto 2012

Literatura y enfermedad (insisto, bueno, insisten, que diga, insistimos, que sí, que la Literatura Insiste y Enferma... eh...)

Mi amigo Enrique siempre me descubre grandes lecturas. El último día que pasé en nuestro desierto me dejó un libro de un poeta bastante extraño -y de mirada intensa- llamado Nichita Stanescu. Unos meses antes tanto él como Ruth ya me habían descubierto la lectura de Birgitta Trotzig. Les estoy infinitamente agradecida. El poemario de Trorzig es una verdadera joya dentro de mi biblioteca, y Stanescu se está convirtiendo en otro de esos autores extraños pero inspiradores que una agradece haber leído. Del libro Once elegías (Ediciones del oriente y del mediterráneo, 2000) me interesan varias cosas que van desde la forma hasta el contenido, pasando por el estado de ánimo desde el que parecen estar escritos sus versos. La voz es afectada pero no quejumbrosa, al contrario, su testimonio es cruel, fuerte y reivindicativo. Sus dolencias -las del poema o las del poeta- son las de cualquier humano, o mejor, las de cualquier animal sintiente. No sé. Aún me quedan varias relecturas para terminar de comprender algunas de las imágenes aquí expuestas, pero como Enrique adivinó, he prestado especial atención al texto Décima elegía, cuyo vocabulario y sentido se parecen mucho a aquello que más me interesa ahora (y siempre) que es la poesía y el cuerpo y cómo hacer hablar a ese cuerpo a través de la palabra poética: su enfermedad, su digestión, su tacto, etc. A continuación os copio este extenso poema. Inspirador. Bestial. Cómo no amarlo. 

Estoy enfermo. Me duele una herida
pisoteada entre cascos de caballos huyendo.
El invisible órgano,
aquel sin nombre siendo,
el no-oído, la no-vista,
el no-olfato, el no-gusto, el no-tacto,
entre ojo y tímpano,
entre dedo y lengua,
al atardecer me han desaparecido simultáneamente.
Llega la vista, la primera; después, pausa,
no existen ojos para lo que viene;
llega el olor; después el silencio,
no hay fosas nasales para lo que viene;
después, el gusto, vibración húmeda,
después, una vez más, privación;
después, los tímpanos para los perezosos
movimientos de eclipse;
después, el tacto, el acariciar, deslizamiento
sobre una ondulación tendida,
invierno helado de los movimientos
siempre con la superficie nevada.
Pero yo estoy enfermo. Estoy enfermo
de algo entre el oído y la vista,
de una especie de ojo, una especie de oreja
no inventada por las eras.
El cuerpo rama sin hojas,
el cuerpo cervuno,
enrareciéndose en el espacio libre
conforme a las leyes sólo óseas,
indefensos me ha dejado
los suaves órganos de la esfera
entre vista y oído, entre gusto y olfato
extendiendo muros del silencio.
Estoy enfermo de muro, de muro derribado
de ojo-tímpano, de papila-olfateadora.
Me han pisoteado aéreamente
los abstractos animales,
huyendo despavoridos de abstractos cazadores
asustados por un hambre abastracta.
Y han pasado sobre el órgano no revestido
por carne y nervios, por tímpano y retina,
y a merced del vacío cósmico dejado,
y a merced de la voluntad divina.
Órgano oblicuo, órgano extenso,
órgano oculto en ideas, como los humildes rayos
en la esfera, como el hueso llamado
calcáneo en el talón de Aquiles
alcanzado por una flecha mortífera; órgano
ondeado hacia fuera
del cuerpo estrictamente marmóreo
y habituado sólo a morir.
Heme, enfermado por una herida
imaginada entre la Estrella Polar
y la estrella Canope y la estrella Arturo
y Casiopea del cielo del atardecer.
Me muero de una herida que no ha cabido
en este cuerpo mío apto para las heridas
gastadas en palabras, pagando arancel de rayos
en aduanas.
Aquí estoy, tendido sobre piedras, y gimo,
los órganos hechos trizas, el maestro,
ah, está loco porque él padece
del universo entero.
Me duele que la manzana sea manzana,
estoy enfermo de pepitas y de piedras,
de cuatro ruedas, de la lluvia menuda,
de meteoritos, de carpas de lona, de manchas.
El órgano llamado hierba me han pastado los caballos,
el órgano llamado toro me ha sido apuñalado
por el relámpago torero y por el zigurat
que tú, ruedo de arena, tienes.
El órgano Nube se me ha disuelto
en lluvias torrenciales, rápidas,
y del órgano Invierno, que te integra,
siempre me estás renegando.
Me duele el diablo y el verbo,
me duele el cobre, el euforbio,
me duele el perro, y la liebre, el ciervo,
el árbol, la tabla, el decorado.
El centro del átomo me duele,
y la costilla, la que me mantiene alejado
por el límite del cuerpo
de los restantes cuerpos y divinos.
Estoy enfermo. Me duele una herida
que me llevo sobre una bandeja
como el final de San Juan
en un baile de implacable adoración.
No sufro de lo que no se ve,
de lo que no se oye, no se paladea,
de lo que no se huele, de lo que no cabe
en el encerebramiento angosto,
esquelético de mi persona,
puesta ante la vista de aquel mundo simple,
aguantando otras muertes que las muertes
por él inventadas para que ocurran.
Estoy enfermo, no de canciones,
sino de ventanas rotas,
del número uno estoy enfermo
porque no se puede dividir
entre dos tetas, dos cejas,
dos orejas, dos talones,
dos piernas incapaces de permanecer
en su correr.
Porque no puede dividirse entre dos ojos,
dos errantes, dos uvas,
dos leones rugientes, y entre dos
mártires descansando en hogueras.  
Nichita Stanescu

13 julio 2012

"La muerte es fea...", descubriendo a Birgitta Trotzig.



Poesía que es un Yo y que es una Sociedad. Poesía que es una crítica a ese Yo, a esa Sociedad. Descubrí esta poesía, la de Birgitta Trotzig gracias a la recomendación de mis amigos Ruth Llana y Enrique Morales hace unos meses en Baeza. Acababa de leer algunos de mis textos de Los estómagos a propósito de los animales y el vegetarianismo y entonces Enrique me dijo mira este poema. Había en ese poema un Yo y una Sociedad. Un Yo y un Mundo... pues ese Mundo que la poeta Trotzig retrata es el que cruelmente habitamos y nos habita. Trotzig es brutal sin ser desagradable. Política, poesía, sangre, luz... todo envuelto de una tensión que en ocasiones me recuerda al Valente más desgarrador e incluso -y perdonad si me equivoco, pero podría dar resultado para describirla- a un cruce entre Ingeborg Bachmann, Chantal Maillard  (en sus diarios) y Gotfried Benn... algo así. Tengo que continuar leyéndola y sé que seguiré sacando cosas buenas de su lectura. Gracias,  Enrique, Ruth, y muchas. 

12 julio 2012

En realidad detesto a los pájaros.



--- Es esta una antología de plumas griposas Dono Callejón Novo Gorría que admiro y hermanas Ramos Martínez Llana entre otras compañeras de sexo raza pluma Roberts Benegas Camacho Albizuri Mejer Manrique algunas sangrantes otras Tapia dice que somos gracias. ---
Hijas del pájaro de fuego (Fin de viaje, 2012)

22 abril 2012

Ninguna voz es la mía (III): cáncer de helechos.

Poetas y amigos en blanco y negro.











Poetas y amigos en color.










Antonio Alías, Marisol Salanova, Javier Castro, Carlos González Fuertes, Eric Lluent, Gema Malta, Unai Velasco, Carlota Moseguí, Sandra Martínez, Antonio J. Rodríguez, Alberto Guirao, Javier Gato, Julio Fuertes, Enrique Morales, Ruth Llana, Laura Rosal, David Leo García, Matías Candeira, Marina Ramón-Borja, Sara R. Gallardo, Diego Moya, Ernesto Castro, et moi. 

Dándolo todo en Baeza. 

09 abril 2012

No somos una generación (III): “Ninguna voz es la mía”.


Betty Blue
No sé cuántos meses hace que no veo a algunos de mis amigos y compañeros de batalla Laura Rosal, David Leo García, Antonio J. Alías, Marina Ramón-Borja, Javier Gato, Sara R. Gallardo, Alberto Guirao o Ruth Llana, entre otros (a Ernesto Castro no lo menciono, que le vi el martes pasado, y a Unai lo veo casi cada día danzando con sus rizos), pero esa distancia temporal producida por una (cara) distancia espacial y la falta de transporte (barato) que nos una... se acortará muchísimo e inevitablemente la semana próxima (20 y 21 de abril) en un lugar llamado BAEZA gracias a la gestión de AJAlías y en celebración del autor del verso que da nombre al evento y a la segunda parte del título de este post. Antonio Machado y Baeza (1912-2012) Cien años de un encuentro. Aquí participaremos los ya citados LR, DLG, MRB, JG, RLL, AG, UV, EC, SRG et moi en un recital doble viernes tarde y sábadomorning (el organizador fue cruel al pretender que los de la segunda tanda no muramos el sábadomorning). Además confirman asistencia gentes como Antonio J. Rodríguez, Julio Fuertes, Marisol Salanova, Judir del Río, Marga López Morales, Eric Lluent... para darle a todo un toque más hardcore y divertido, y, de este modo, invocar entre todos a la pequeña LEONOR, a la que tanto amamos.

Os aviso de esto porque ahora que Cosmopoética ha dejado de lado el aspecto más joven y fresco del festival (la pérdida de Cosmo es una tragedia absoluta), me siento obligada a invitaros a venir como si de un nuevo festival se tratara. Sé que no somos el SÓNAR. Sé que no somos una generación y que ni siquiera esa voz es la nuestra pero prometemos pasarlo bien en Baeza y rezar con vosotros en esta misa poética y machadiana... Que sí. Pues eso.  On fire. 

+Info:

17 febrero 2012

La Biblia de Monelle.




one day you see a strange little girl look at you

one day you see a strange little girl feeling blue

The Stranglers


Si me preguntaran por los nombres más grandes de la Literatura no dudaría en responder. Diría tres. Sólo tres. Dos de ellos serían reconocidos por todos, y el tercero (a mi juicio el más importante) les sonaría un tanto anónimo, quizá, por la ausencia de apellido, quizá, porque quien lo porta se denomina a sí misma “la que no tiene nombre”. No me refiero a tres grandes autores ni a tres grandes libros, sino a tres grandes protagonistas, heroínas, prostitutas y nínfulas: Dolores Haze, Alicia Liddell y Monelle. Hay en sus tres nombres una sobredosis de eles que provoca entre repulsión y ternura, una sobredosis de azúcar y éxtasis: Lolita-Liddell-Monelle. Hay en sus tres cuerpecitos el rastro de otros tres cuerpos oscuros y enormes: Nabokov, Carroll, Schwob.

De estas tres nínfulas, decía, Monelle podría ser a primera vista la más desconocida. Sin embargo Monelle también es la más amada, las más deseada, la más parecida a una bruja capaz de conceder todos los deseos del lector y de los hombres; o a una princesita de cuento de los hermanos Grimm, pues como en Las doce princesas bailarinas Monelle tiene once hermanas que la acompañan a lo largo de las siguientes páginas, hermanas tontas y sangrientas, princesas ingenuas y decepcionadas, amigas silenciosas y crueles... o bien, la ramera mágica del primer amor: ella es el desengaño y la pasión que nunca perece, como una huella de sangre de un beso infiel, como una voz bíblica, pesada, y el triste recuerdo de su decepción. Si según Borges los lectores y seguidores de Marcel Schwob constituyen pequeñas comunidades secretas (sin ir más lejos, él era devoto de su toda obra), los amantes de Monelle podrían ser los sacerdotes de esas extrañas sectas en las que la prosa oscura y la poesía macabra del autor sustituyen el Pan y el Vino, y en donde los iniciados deben recitar cada mañana los versículos de la primera sección, Palabras de Monelle, como si de Hombres-libro en Fahrenheit 451 se trataran.

Lo llamaremos La Biblia de Monelle, o como apuntó Ariel Dilon en el prólogo de la edición argentina: El evangelio de la inocencia y la piedad. Versículos, aforismos, nihilismo y anarquía en un texto apócrifo que se encuentra entre la voz de Zaratustra y la del Principito (aunque sólo si éste hubiera leído a Baudelaire, Rimbaud o Dostoievsky antes de salir de su asteroide B-612). Aquí cada cuento de la segunda sección, Las hermanas de Monelle, es comparable a los librillos contenidos en la Biblia cuyos personajes son casi siempre castigados para demostrar una moraleja divina, siendo en este caso la propia Monelle su máximo Dios, pues, en la tercera sección del libro es ella la que guía a los niños vestidos de blanco, con sus túnicas y sus pies negruzcos y descalzos: ¿quién no se dejaría llevar por esta diminuta paladina? ¿Eh? ¿Quién? Si como Diosa también nos miente, también nos seduce con inverosímiles historias y esperanzas: ella es la vendedora de lamparitas de aceite, y al igual que La pequeña cerillera de Christian Andersen, cada luz que enciende para nosotros no es más que un destello de ficción que poco a poco nos conduce hasta la muerte.

Un reino blanco. Un reino que no entiende de reyes porque sólo entiende de Monelle. Esta es la tierra baldía pero luminosa hasta donde “La Que No Tiene Nombre” nos ha empujado. Esta, la comunidad secreta a la que algunos de nuestros contemporáneos también han jurado (con sangre) pertenecer:

De entre el sudor, la oscuridad, el miedo,
el temblor sordo de la vida,
su dura confusión, su almacenar sombrío
surgió aquella niña, aquel rostro que busco
aquel recuerdo triste y esta luz que rescata
una tarde de 1850
aquella niña
y en la habitación vacía
(y ya era tarde)
yo cojo el azul
para ti
aguja que excava la carne que ya no siente
y ya era tarde
pero bajo la noche practicaron su arte.
Leopoldo María Panero


Se llama Louise. Es frágil, menuda y enfermiza,
silenciosa y abyecta. Casi no se la ve.
Sólo hay terror y angustia en los inmensos ojos
que le invaden la cara, dignos de Lillian Gish.
Luis Alberto de Cuenca


Un árbol te observa hacerte mujer desde el centro del universo. Y todo lo que tú quieres es su savia. Apoyarás los labios, como una profecía, en su corteza sangrienta y vieja. Renunciarás al cuerpo que amasaste con arcilla en tu ceguera.

Esa que veo en el mar, se va a transformar en atardecer.

Pero un día llegó por fin; tú, cara desfigurada, me dijiste: «olvídame, y te seré devuelta.»
Ruth Llana

Si me preguntaran por el nombre más importante de la Literatura, lo sé, dudaría en responder, porque habría olvidado su tormentoso apodo. Su difícil disciplina. Su destrucción o su amor. Su enseñanza y su Evangelio desaparecido.

Si me preguntaran por Ella... no lo pensaría dos veces...

Pero olvidadla.

Y volverá a ser nuestra.



***
Mi prólogo para El libro de Monelle, Demipage, 2012 ...la semana próxima en librerías.

30 agosto 2011

(3x1) Última entrega: entrevista a Marina Ramón-Borja, Odile L'Autremonde y Raúl E. Narbón.

Betty Blue
Llega la última entrega de las entrevistas a jóvenes autores a propósito de Tenían veinte años y estaban locos (La Bella Varsovia, 2011), que tiene fecha de salida el 26 de septiembre, es decir YA. Han sido unas semanas divertidas y amenas en las que hemos podido conocer los secretos, miedos y rarezas de algunos de los autores más jóvenes del panorama literario español. No tenía previsto acabar en la octava entrega, pero hay tres autores que no han querido o podido estar con nosotros en estas entrevistas o conversaciones de 3x1. Sin embargo, aquí están Marina Ramón-Borja (Almería), Odile L'Autremonde (Madrid) y Raúl E. Narbón (Valencia). Marina ha sido bloguera durante mucho tiempo. Su blog era un diario magnífico de poesía, citas y fotografías potentes. Ha publicado en varias antologías y revistas y ha recitado en algunos festivales. Es autora de una plaquette y es pintora y bailarina. Odile es estudiante de filología, activista del 15-M y poeta. Es, junto a Miguel Rual, una de nuestras autoras más jóvenes, además de musa de algunos creadores de nuestro tiempo. Raúl, en la biografía que nos mandó para la antología en papel sólo dijo "Raúl E. Narbón. Valencia 1987. Todos los poemas son inéditos." Pero os diré que también es cantante de uno de los grupos "guapos" que he escuchado últimamente, Gypsy Casino, junto a Julio Fuertes. Ninguno de los tres tiene libro publicado pero eso no es lo que más les importa. Son listos, son hermosos, escriben bien y saben lo que quieren. Aquí dejo sus respuestas y aquí me despido hasta mediados de septiembre, cuando el libro esté por fin en nuestras manos: gracias, besos y locura. 

*Para algunos de vosotros Tenían veinte años y estaban locos será vuestra primera publicación en papel. ¿Qué supone este hecho en vuestros planes como creadores?

Marina Ramón-Borja: No es la primera vez, pero como si lo fuera. Mi primera publicación en papel fue en la antología Cangrejos al Sol (Cangrejo Pistolero, 2010) y en marzo de 2011 me editaron una plaquette con motivo de mi recital en Los Banderines del Zaguán. Esta vez el motivo es distinto, es un proyecto de gran envergadura, no solo la publicación de la antología y el blog, me refiero sobre todo al trabajo y esfuerzo que hay detrás. Es un proyecto que aporta una visión de lo que es parte de la poesía española actual, una catapulta para nuestra metralla, puag. Por todo ello estar incluida desde un principio en este núcleo de jóvenes poetas a los que llamas locos es un enorme placer, porque yo no me consideraba poeta, aun sigo sin hacerlo y mira dónde me has metido (risas). Dejando a un lado la pésima chanza…será un paso más, firme y serio, para cada uno de nosotros, para algunos quizá una bien querida responsabilidad.

Odile L’Autremonde: La habitación imborrable de mi voz, dentro de un edificio lleno de poetas.

Raúl E. Narbón: En realidad me cuesta hablar de mis planes como creador porque en principio no asumo completamente una imagen de mí mismo como tal, como poeta en este caso; me parece un título de envergadura. Pero dejando a un lado esta reticencia un poco boba, creo que no altera mis planes; seguiré haciendo cosas según me lo pidan los ánimos, si es que eso significa algo. Además, la publicación de unos pocos poemas en esta bonita antología no creo que suponga un compromiso fuerte con el hecho de publicar, por lo que en mi opinión no cambia mucho las cosas.   


Raúl E. Narbón
*¿Publicar en papel -en antologías, revistas, plaquettes o libros propios- es una obsesión o un fin en esta época reinada por lo digital? ¿Tenéis proyectos de publicación entre manos? ¿Os presentáis a premios? ¿Rechazáis la idea de publicar un libro pronto?

Marina Ramón-Borja: Hasta ahora mis publicaciones han sido a pequeña escala, quiero decir, he participado en una antología, en algunos blogs y revistas y publicado una plaquette, a veces tengo la sensación de haber ido demasiado rápido. Para mí no es una obsesión el hecho de publicar, ya sea en papel o en formato digital, ya que por mi forma de trabajar me interesa más el proceso de la obra que la propia obra. Me gusta pulir cada cosa que hago y sí me obsesiono con su perfección, cuando ya no puedo sacar más lo dejo como inacabado. Si algún día publico lo que tengo en mente será porque Julio me habrá zarandeado la cabeza y me habrá dicho: “Eh, chilling, todo va a ir bien” y porque estaré completamente a gusto con su contenido, no quiero maldecir mi primer libro, aunque acabaré haciéndolo.

Qué podría decir ahora de presentarme a premios…


Odile L’Autremonde: Es cierto que el momento en que vivimos parece inocularnos una urgencia imperiosa por publicar. Pero de momento, yo me mantengo en el cuarto oscuro, trabajando en mi poesía. Espero terminar pronto un poemario que se lleva gestando varios meses y después, quién sabe. Quizá lo queme. Es broma.

Raúl E. Narbón: Publicar en papel es una alegría. Yo soy de esos pesados romanticones que gustan de oler libros y encontrar ediciones boniquetas, con papel y cubierta tal. La de la antología, por cierto, me encanta. Por otra parte, no tengo ningún proyecto definido ahora mismo, los poemas van sumándose, a ritmos diferentes según qué temporadas, pero jamás tengo la sensación de estar convencido con ellos, ni siquiera con los que van a ser ahora publicados, así que lo más seguro es que no publique nada en tiempo ni me presente a ningún premio. Que soy un cobardica, más que nada, esa es la verdad. 
*Unos tenéis blog y otros sois más activos en Facebook, Twitter y Tumblr. ¿Qué os han dado las estas plataformas en lo que a vuestra trayectoria y aprendizaje se refiere?

Marina Ramón-Borja: Utilicé varias plataformas y finalmente acabé eliminando algunas y abandonando otras, es sabido por todos que es una buena forma de dar a conocer tu trabajo y de conocer el de otros, es una enorme biblioteca digital. No descarto la idea de volver. Ahora solo utilizo Facebook como herramienta para estar en contacto con amigos, familiares o conocidos y seguir su trayectoria.

Odile L’Autremonde: Hace un año que mantengo un blog cada vez más en desuso por lo trotamundos que estoy hecha. Este espacio es para mí una herramienta de trabajo. Normalmente, suelo pulir los poemas que publico y, en fin, los que me convencen los guardo. A través del blog he conocido a bastante gente con la que he compartido buenos momentos y también me ha abierto la puerta a oportunidades como ésta.

Raúl E. Narbón: Ná de ná. 
*¿Y qué relación tenéis con vuestros contemporáneos -no sólo con los jóvenes o compañeros de antología, también con otros creadores coetáneos-? ¿Cómo han influido en vuestra obra o en vuestras ambiciones?

Marina Ramón-Borja: Personalmente conozco a pocos de los compañeros que aparecen en esta antología y de los que tengo el gusto de conocer, así como de otros creadores, puedo decir que son personas sabias (algunos a su corta edad) y comprometidas con lo que hacen, de las que aprendo día a día, ya sea directa o indirectamente.

Odile L’Autremonde: No he leído tanto a mis coetáneos como para que verdaderamente me hayan influido. Pero sí me ha supuesto un empujón ver que somos muchos los que acogemos el grito de la poesía en nuestras bocas.

Raúl E. Narbón: Conozco a algunos poetas de mi generación. Algunos son amigos muy íntimos, gente a la que quiero mucho, es decir, mi relación con ellos es más personal que “profesional”, como habitualmente sucede en las generaciones de poetas. No sé de qué modo exacto han influido en mí ni con cuánta intensidad, pero que eso está ahí y que es un ingrediente del puchero, de eso no me cabe duda. 
*Todos procedéis de distintas ciudades en las que imagino más o menos “movimientos literarios”. ¿Hacéis recitales, performances, actuaciones? ¿Participáis en la vida “literaria” de estos lugares?

Marina Ramón-Borja: He vivido en Almería y en Granada pero fue hace dos años coincidiendo con mi traslado a Sevilla cuando comencé a tener vida literaria activa, allí he participado en algunos recitales de Las Noches del Cangrejo y en el III Festival Internacional de Poesía de Sevilla, en marzo me invitaron a recitar en Los Banderines del Zaguán en Almería. Suelo recitar con música en directo, en Sevilla me acompañaba Vicio (Fernando Bazán) y en Almería Dani León y Mr. Cósmico, buenos músicos estos, concretamos a última hora lo que íbamos a hacer, minutos antes de salir al escenario. En los recitales me gusta improvisar, darle libertad e importancia al que me acompaña y dejarme llevar, tejer poco a poco sin saber de qué color será la madeja. Y así hago, al igual que cuando bailo me separo del público, del mundo, es una sensación muy extraña y bonita, por eso me gusta hacerlo pocas veces.

Odile L’Autremonde: En general sí, me he criado en el escenario y es algo casi instintivo. Recuerdo que la primera vez que recité en público fue en el Bukowski y a partir de ahí, he frecuentado Los Diablos Azules y varios locales de Lavapiés.

Raúl E. Narbón: Participé hace unos años, ¡oh, años mozos! Ahora nada de eso, sólo me hago pelo de poeta y me paseo por ahí para que la gente crea que me dedico a esto. Trabajo menos y mercadotécnicamente hablando me cunde más. Bromita. 


Odile L'Autremonde
*Algunos os conocéis, sois amigos, otros ni siquiera habíais escuchado vuestros nombres antes de saber que compartíais espacio, de hecho, hasta la publicación en octubre de Tenían veinte años y estaban locos apenas os podréis leer en la red y en el Tumblr de origen. ¿Habéis hecho algún descubrimiento cotilleando la obra de vuestro compañero de al lado?¿A quién echáis de menos en un libro de estas características?

Marina Ramón-Borja: De los que conozco de la antología me gustaría resaltar a Raúl E. Narbón, me fascina, lo poco que he podido leer de él es muy potente, directamente proporcional a cómo es estar con él una tarde; David Leo García es caso aparte, todo el mundo lo sabe, comenzar (ya joven y loco) tu primer libro con un Antes que nada es empezar muy fuerte ¡La vírgen! Y Ruth Llana, quien atraviesa y deja herida limpia, me muero por conocerla, pero la muerte llegará demasiado tarde y para entonces ya estaremos tomando té en la Ciudad Púrpura (HÁ).

Odile L’Autremonde: Conocía previamente a bastantes de los participantes. Poetas a los que he leído, con los que he bebido vino y charlado hasta el amanecer.
Mis descubrimientos hasta la fecha han sido: Bárbara Butragueño, María Bautista,  Ruth Llana, Miguel Rual, Sara R.Gallardo y Natalia Litvinova. Pero en fin, cuando tenga el libro en mis manos les dedicaré todo el tiempo que se merecen.
Me hubiese gustado que ellos también pudieran haber estado: Miguel Retana, Karel Bofill Bahamonde, Juan Bello, María Sánchez, Ana Castro y Clara Marañón. Creo que tienen una grandísima fuerza como poetas.

Raúl E. Narbón: Conozco a una de las antologadas y es un encanto de mil besos en la frente. Quitando esto, si te soy sincero, no he cotilleado seriamente el contenido de la antología. Echo de menos algún nombre, que no diré para hacerme el interesante, que es lo que llevo haciendo toda la entrevista. Proyectarse: esa cosa. Lo siento, divago un poco: astronauta, lentejas, Do Re Mi. Defenestrar. 
*¿Cómo pensáis que será recibida vuestra voz?

Marina Ramón-Borja: Supongo que como cuando vas a ver una obra de ballet, con la diferencia de que aquí no hay solistas ni primeros bailarines, todos somos Cuerpo de baile, aunque la trayectoria de algunos sea más amplia. Habrá quien guste más y quien pase desapercibido.

Odile L’Autremonde: Como se perciben una sucesión de sueños bajo los mismos párpados. Uno entre tantos.

Raúl E. Narbón: No lo digo por molerme a piedras, ni por humildad o autocrítica (ese estorbo), ni por falsa humildad (Belcebú), pero creo muy posible que, con toda justicia, sea duramente interpretada. Creo que no hago la poesía que me gustaría hacer, no soy exactamente lo que escribo. Siento en ocasiones que mis poemas reflejan a un yo con batín a cuadros y pantuflas, un poco serio o algo retórico, no siempre veraz en la transmisión al papel, al poema. Tampoco me parecería un desatino castigable con un tiro en el pecho que a alguien le gustara. Estos poemas serán bien y mal recibidos.
Los que se inclinen por la primera opción serán, lo más seguro, gente increíble, potenciales talentos e incluso algún genio, personas amables que ayudan a los bastones de los ancianos a cruzar la acera, un poco despistados, pero ¡ay! con su encanto y sus pequeñas historias, y el aroma del café y esos pequeños momentos, etc. Sobre los segundos no me voy a pronunciar. Bromita. 
*¿Os da miedo la repercusión, la crítica, el comentario?

Marina Ramón-Borja: No. “Trabajo para todos”, se lee en una pintada.

Odile L’Autremonde:  Ojalá lleguen críticas constructivas. Pero miedo a las destructivas, nunca.

Raúl E. Narbón:  A veces bastante, pero siempre nada. 


Marina Ramón-Borja
*Los lectores y vosotros mismos veréis la diversidad que hay en el libro, pero también apreciaréis que muchos tocáis temas comunes o tenéis influencias parecidas. Ya sé que es difícil... pero ¿cómo definiríais la poesía que hacéis? ¿Y cuáles son vuestras influencias, no sólo literarias, sino en general?

Marina Ramón-Borja: Mi camino como escritora no es tan largo, antes que poeta soy bailarina, voy de puntillas como bien dijiste una vez, y esto cada vez se acentúa más ya que el respeto que siento por la literatura está resultando ser el mismo que siento por la danza, y esto es bueno, muy bueno, porque ambos me apasionan como lo hace la música o el arte. Desde que empecé a bailar he trabajado mi cuerpo día tras día, quiero que con la literatura sea lo mismo, un trabajo constante y diario. Puedo hablar de las influencias que tengo de las distintas ramas del arte que practico: catálogos de artistas plásticos, los clásicos y no tan clásicos, como Marina Abramovic, Louise Bourgeois o Ana Mendieta, Joseph Beuys, Bill Viola o las Guerrilla Girls, entre otros, así como los manifiestos de los movimientos artísticos. La música también es un referente que predomina, escucho mucho flamenco y música clásica desde que empecé a bailar pero me chifla el blues, el Rock and roll, el grunge y el stoner (Por Buda, iba al conservatorio de danza con pulseras y collares de pinchos). De mis influencias literarias quiero nombrar entre otros a Dámaso Alonso, Hijos de la ira fue el primer libro que leí de poesía hace muchos años en la biblioteca del pueblo donde vivía, a José Ángel Valente, al que vuelvo una y otra vez o Miguel de Unamuno y su nívola Niebla fue también de lo primero que leí por azar y propia elección, y una lista de número infinito que aumenta: Miguel Hernández, Góngora, Aleixandre, Rimbaud, Cela, Virgine Despentes, Simone de Beauvoir, Mallarmé, Jack Kerouac, Truman Capote, Anaïs Nin, Shakespeare, Cortázar…

Odile L’Autremonde: Busco el disparo de pólvora mojada, la cama vacía y el tacón roto. Pero también me interesa mucho ahondar en la sociedad, los rostros ajenos, el grito anudado y el puño escondido en el bolsillo.
En cuanto a influencias, podría nombrar la voz de Lhasa, los poemas de Éluard, Lorca, Aleixandre, Pizarnik, Prevert, Desnos y Bachmann (entre muchos otros), la prosa de Pessoa y de Bolaño, la música de Satie, Django Reindhardt y Madredeus,  las 6 de la mañana en el metro de Madrid, la ausencia de límites y el vértigo a la caída.

Raúl E. Narbón: La poesía que hago es un intento de estar más cerca de algo mío que no sé que es, un intento de decírmelo. Salvando la imprecisión que conllevan las comparaciones, diré que es algo parecido a lo que se da cuando hablamos con alguien y nos dicen algo con unas palabras con las que sentimos comprender a la perfección. Podría entenderse como una especie de rigor en el describir lo que observamos, y un querer verlo hermoso. Verdad y belleza, dicen, ¿no? Quizá otro día te respondería algo muy distinto, así que no te fíes mucho de lo que digo.
En cuanto a las influencias, pienso que si alguien quiere ser o se dice poeta, no puede limitarlas a la poesía y a las diversas artes, ni a la cultura en general. Estar vivo y tener los ojos muy abiertos es el trabajo del poeta. Las influencias llegan de todos lados y se reproducen en uno de un modo distinto a cómo son en realidad. Porque, digamos, yo soy diferente a una manzana, y no tengo la obligación de respetarla. Además, cómo decía X, hasta la forma o las líneas de mi mano me configuran, y si uno es poeta y escribe, no puede renunciar a esta influencia, no puede escapar de sí mismo. 
*¿A qué poeta os parecéis? ¿A qué poeta os gustaría pareceros? ¿A qué poeta dirán que os parecéis?

Marina Ramón-Borja: No lo sé. Ahí están las influencias.

Odile L’Autremonde: No sé, no sé. No sé si quiero saberlo...

Raúl E. Narbón: Tener algunas de las virtudes de Valente, Edgar Lee Masters, Robert Lowell o Lorca, entre otros, no estaría mal, pero, remitiéndome a la respuesta anterior, yo no tengo sus manos. Ni ellos las mías. No sé, por otra parte, a quién me parezco ni a quién dirán que me parezco.
*¿Por qué, después de todo esto, consideráis que estáis locos?

Marina Ramón-Borja: ...

Odile L’Autremonde: Porque, citando a Batania, nuestros caballos no mueren por falta de viento.

Raúl E. Narbón:  Porque verf barrabum qué espuma. Y por la risa.