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04 agosto 2011

(3x1) Quinta entrega: entrevista a Constantino Molina, Judit del Río y Cristina Fernández Recasens.

Donde algunos necesitan párrafos extensos otros dicen: no sé. Donde otros escriben: no creo, otros recuerdan, comparten cada palabra... Por eso hoy traigo a otros tres autores: Constantino Molina (Albacete), Judit del Río (Segovia) y Cristina Fernández Recasens (Blanes). Constantino no ha publicado aún su obra pero ha ganado varios premios en su comunidad. Su libro inédito Están ustedes algo equivocados respecto a los poetas está plagado de ironía y brillantez y de este poemario hemos seleccionado los poemas para Tenían veinte años y estaban locos. Judit es otra autora inédita y muy joven, bloguera y fanzinera, estudia Historia del Arte en Madrid y es punk. Cristina es autora de Aprender a dibujar el viento, publicado hace año y pico gracias a un premio en cataluña. Su libro es uno de los mejores que he leído de poesía contemporánea en mucho tiempo, todo un descubrimiento. Es un placer contar con ellos, en el libro, y con sus respuestas: aquí.

*Para algunos de vosotros Tenían veinte años y estaban locos será vuestra primera publicación en papel. ¿Qué supone este hecho en vuestros planes como creadores?

Constantino Molina: Para mí ha sido una sorpresa. Lo cierto es que los cuatro poemas que entran en la antología pertenecen a un libro escrito hace unos cinco años, un pequeño pecado de juventud sin editar, titulado Están ustedes algo equivocados respecto a los poetas, que empecé a mover este año por curiosidad y que me está sorprendiendo por la reacción, bastante positiva, de quienes lo han leído. Para nada entraba en mis planes que se publicaran estos poemas ya que desde que empecé a escribir de nuevo, hace un par de años, ando por otro camino en lo que a estilo se refiere. No quiero decir que me arrepienta del libro, de hecho lo sigo alimentado de vez en cuando con nuevos poemas, pero he leído mucho más desde entonces y han pasado unos cuantos años. Es mi cajón de sastre particular, algo paralelo a lo que realmente estoy trabajando y a lo que dedico más tiempo y atención. Me parece que los poemas han encontrado su espacio en esta antología, aunque -quizás- no su tiempo. Estoy expectante.

Judit del Río: Quizá una cierta presión. Es como si ya no pudiera dejar de escribir, aunque tenga un secarral en la cabeza y ninguna gana. Se pasa rápido, a dios gracias.

Cristina Fernández Recasens: Esta antología no será mi primera publicación en papel. Pero bueno, igualmente me hace ilusión. Aunque no altera para nada mis planes. Ellos dependen de otros factores. Incluyendo incluso el metereológico.

Judit del Río

*¿Publicar en papel -en antologías, revistas, plaquettes o libros propios- es una obsesión o un fin en esta época reinada por lo digital? ¿Tenéis proyectos de publicación entre manos? ¿Os presentáis a premios? ¿Rechazáis la idea de publicar un libro pronto?

Constantino Molina: No suelo leer en digital. No es lo mismo sentarse a leer frente a la pantalla del ordenador que hacerlo frente a un libro en la terraza de casa e ir pasando las hojas y marcar la esquina de esa página donde hay algo que quieres recordar. También es cierto que el e-book, actualmente, tiene muy buenas prestaciones, incluso algunas ventajas a la hora de subrayar y tal, pero está claro que todo lector tiene esa parte fetichista con los libros que le hace gastarse una pasta cada mes.
La gran ventaja de lo digital respecto al papel es la difusión. Internet hace posible que se pueda difundir la obra de un autor de una manera impensable cuando nosotros nacimos, lo malo es que en tal torrente de información hay que tamizar mucho, en la red entra de todo. La edición en papel es más selectiva, aunque concretamente en poseía creo que la parte de enchufe y amiguismo también es muy importante a la hora de publicar y premiar…
Ahora trabajo en un libro recién empezado y con el que estoy disfrutando y aprendiendo mucho. Cuando esté terminado ya se verá, porque va para largo, no escribo, ni me marco un ritmo con vistas a la publicación.
Respecto a los premios, me he presentado en dos ocasiones. En el último año y medio me he presentado dos veces al Certamen Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha, en la primera de 2010 quedé seleccionado y, en la segunda de 2011, me dieron el primer premio. Siempre son un incentivo, si no eres conocido es la única forma de publicar y para ser sinceros: la remuneración económica y el reconocimiento nunca vienen mal.

Judit del Río: Claro que el papel es obsesión: valoro mucho la estética del libro, el formato cuidado y bien pensado; en este sentido me interesa mucho la labor editorial. Tenerlos es un coleccionismo funcional: me gusta comprarlos, acumularlos, trasladarlos adonde voy. Tengo algo con relativa cohesión en proceso, pero no creo que vea la luz. Quiero retrasar lo más posible el error de publicar algo absolutamente prescindible y tópico. Nunca me he presentado a un premio, pero podría planteármelo: dan pasta. No me creo esa historia de ganar renombre por ganar uno. No me creo esa historia de ganar renombre.

Cristina Fernández Recasens: Yo en ese sentido no me he integrado mucho en el reino de lo digital. Mayoritariamente sigo leyendo en papel. Ahora no tengo ningún proyecto de publicación entre manos. Después de Aprender a dibujar el viento he escrito Radical, un libro de poemas en catalán, lo he mandado a concursos pero no ha ganado ningún premio ni tampoco nadie se ha animado a publicarlo. Y no, no rechazo la idea de publicar.

*Unos tenéis blog y otros sois más activos en Facebook, Twitter y Tumblr. ¿Qué os han dado las estas plataformas en lo que a vuestra trayectoria y aprendizaje se refiere?

Constantino Molina: Sólo tengo Facebook, del resto no practico. Lo que me ha dado es estar en contacto con gente que de otro modo no me hubiera sido posible. Lo que me ha quitado son demasiadas horas que podría haber dedicado a otra cosa como la lectura, buscar níscalos o esfarajar las viñas (para contento de mis progenitores).

Judit del Río: Tuve blog antes que memoria. Ha sido el soporte perfecto para la evolución: pasé de escribir crítica y opinión personal a lo de ahora, que no sé ni qué coño es. También ha supuesto conocer otra gente, otros estilos, otros autores: todo eso es influencia. Facebook es una pollada que te permite postear en el muro de alguien que tienes al lado en el sofá, pero también, y fundamentalmente, me sirve para no perder contacto con gente que está lejos. Viva Gmail. A Twitter acabo de volver: es mi noticiero 24/7.

Cristina Fernández Recasens: Sólo tengo un blog y lo utilizo casi como un cuaderno más, un cuaderno distinto a los otros en el sentido de que está pensado para estar expuesto a la mirada de los otros. Es un cajón desastre: cuelgo cosas que se me ocurren, canciones, fotos, un poco de todo. Creo que conserva esa cualidad casi íntima de ser un poco un cuaderno porque tampoco recibe muchas visitas. Y las demás plataformas ni las utilizo ni las conozco demasiado.


*¿Y qué relación tenéis con vuestros contemporáneos -no sólo con los jóvenes o compañeros de antología, también con otros creadores coetáneos-? ¿Cómo han influido en vuestra obra o en vuestras ambiciones?

Constantino Molina: No soy muy de parnasos y exquisiteces. De la antología no conozco a nadie personalmente. A raíz de ella he empezado a hablar escasamente con alguno de mis compañeros a través de la red social y, por lo que veo, muchos están muy preparados. Lo poco que he podido leer de algunos de ellos me está gustando.
Con otros contemporáneos de nuestro país -de diferentes edades y generaciones- desde hace poco estoy empezando a tener relación, principalmente a través de mail y móvil. De mi ciudad, Albacete, si que comparto alguna conversación literaria, extraliteraria y otras cosas con algunos de ellos.

Judit del Río: Soy mucho de clásicos: tengo una deformación profesional muy grande que me hace acercarme a la literatura en orden cronológico. De cualquier forma, ver a gente joven que publica, y que publica cosas buenas, es una maravilla. Significa que eso es posible: anima.

Cristina Fernández Recasens: Tengo muy poca relación con ellos. No creo que me hayan influenciado mucho.

Constantino Molina

*Todos procedéis de distintas ciudades en las que imagino más o menos “movimientos literarios”. ¿Hacéis recitales, performances, actuaciones? ¿Participáis en la vida “literaria” de estos lugares?

Constantino Molina: La verdad es que Albacete en los últimos años está creciendo mucho en cuanto a movimiento literario y especialmente en poesía. Hay una buena nómina de autores reconocidos que, supongo, en parte son los culpables de que esto esté ocurriendo. Poetas como Javier Lorenzo, Andrés García Cerdán, Rubén Martín, Arturo Tendero y Luís Martínez Falero están haciendo que la gente tenga el gusanillo curiosear en este mundo, a parte de que están cosechando un buen número de premios nacionales (Adonais, Ciudad de Jaén, Barcarola, Juan Ramón Jiménez, Ciudad de Pamplona, Fray Luis de León, Emilio Alarcos…) lo que le da cierto nombre a la ciudad en este aspecto. ¡Si tenemos hasta un novísimo! -Antonio Martínez Sarrión- Qué más se puede pedir. Personalmente todavía no he participado en un recital, si que he asistido como público, aunque lo de recitar tengo que practicarlo porque me temo que no tengo ni idea, y me encantaría hacerlo bien. No hay que olvidar que ese es el origen de la poesía. Ahora estoy trabajando, para aportar mi parte en este movimiento, con una revista de creación literaria que ese llamará Abril, prevista para ser publicada a principios de 2012 y que contará -además de los poetas locales- con poetas de todo el país (Mestre, Marzal, Ramón Irigoyen, Manuel Vilas, Karmelo C. Iribarren) y espero que algunos de mis compañeros de antología. También estoy trabajando en un video-poema con Luís Sánchez para un festival de poesía que se celebrará próximamente.

Judit del Río: No soporto el rollo performático. He ido a algunos recitales y siempre te llevas sorpresas, claro, pero soy más de follar. O qué.

Cristina Fernández Recasens: No demasiado.


*Algunos os conocéis, sois amigos, otros ni siquiera habíais escuchado vuestros nombres antes de saber que compartíais espacio, de hecho, hasta la publicación en octubre de Tenían veinte años y estaban locos apenas os podréis leer en la red y en el Tumblr de origen. ¿Habéis hecho algún descubrimiento cotilleando la obra de vuestro compañero de al lado?¿A quién echáis de menos en un libro de estas características?

Constantino Molina: Como ya he dicho antes no conocía a ninguno de ellos y ahora estoy empezando a hacerlo. De todos ellos sólo he podido leer Introducción a todo de Berta García Faet, que recomiendo a todos, y tengo pendiente de leer El último verano de Alberto Acerete. Tengo que ponerme al día. Echar de menos, creo que a nadie, porque entre las edades que comprende la antología sólo conozco a Elena Medel, que por razones evidentes no está en ella.

Judit del Río: Hay gente que conozco, gente que leo en la distancia y gente de la que no había oído hablar hasta el Tumblr. Me gusta el buen rollo que ha generado conocer la lista. Ya me gustaba de antes David Leo García, aunque ha sido un descubrimiento relativamente reciente. Han sido una gran sorpresa Ruth Llana y Unai velasco. Me apetece leer con calma el libro. Gente ausente: Anna Lisa Marí me encanta, pero quiero (debo) conocerla más. Y echo de menos a Julio Fuertes, claro, por el compadreo que supondría compartir página.

Cristina Fernández Recasens: La verdad es que no he cotilleado. Tendré que esperar a que se publique el libro.


*¿Cómo pensáis que será recibida vuestra voz?

Constantino Molina: La voz de los poemas que aparecerán en la antología supongo que no dejará indiferente a nadie, por razones que el lector descubrirá en los primeros versos. Sólo espero que no sean malinterpretados y se interpreten como una invitación a la reflexión metapoética sin reparos.

Judit del Río: Una más entre la barahúnda. Hay superávit literario, es normal.

Cristina Fernández Recasens: Es una incógnita.

Cristina Fernández Recasens (retratada por Aitor Roger)

*¿Os da miedo la repercusión, la crítica, el comentario?

Constantino Molina: Tengo curiosidad. Desearía que, por ejemplo, Carlos Bousoño pudiera leerlos y me diera su opinión.

Judit del Río: No, por dios, que venga: crítica sincera, hiriente, anónima si fuere necesario.

Cristina Fernández Recasens: No, para nada. No tengo miedo a eso. No veo porqué debería tenerlo. Si se producen repercusiones, críticas o comentarios mejor que mejor. Para mi es una muy buena señal.


*Los lectores y vosotros mismos veréis la diversidad que hay en el libro, pero también apreciaréis que muchos tocáis temas comunes o tenéis influencias parecidas. Ya sé que es difícil... pero ¿cómo definiríais la poesía que hacéis? ¿Y cuáles son vuestras influencias, no sólo literarias, sino en general?

Constantino Molina: Creo que la mejor forma de definir un tipo de poesía es leyéndola, todo lo que se pueda decir de un poema está en el poema mismo. No soy muy de definiciones y poéticas porque al final siempre te quedas con la sensación de que no se corresponde del todo. Prefiero que lo hagan otros. Pero si tengo que definir el tipo de poesía que compone el libro del que provienen esos poemas, (y por hacer una aproximación a los lectores, ya que todavía no los pueden leer) diría que son una mezcla de metapoesía descarada, culturalista, divertida y llana -sin dejar de lado la hondura y la honestidad- con ruralismo. Los temas supongo que serán comunes en principio, pero el tratamiento será diferente en cada uno de nosotros. En mi caso, creo que la originalidad está en abordar los temas comunes desde una visión rural y sin complejos. Puede parecer una barbaridad mezclar en un mismo libro a personajes como Carlos V, Lorca, Dylan Thomas, Malcom Lowry, Roman Jakobson, San Juan de la Cruz, C. M de la Condamine, Nietzsche o Lucrecio con pastores, guardias civiles, el borracho del pueblo, una verbena o el joven agricultor con su coche tunning, pero esa fue la idea del libro y, cuanto menos, resulta interesante y divertida.
La naturaleza tiene un papel importante en mi poesía, entiendo que la poesía siempre ha tenido algo de subversión. Hoy día con tanto pensamiento atomizado que no lleva a nada, volver la vista a la naturaleza me parece de lo más subversivo.
En cuanto a influencias prefiero hablar de preferencias. En general la poesía que me gusta es la que se basa en la idea y la que a su vez es idea gracias a la palabra y la metáfora. La simple sinergia entre palabra e idea. Lo que viene siendo la poesía de toda la vida, vamos. Hace poco vi en una entrevista a Pere Gimferrer decir “La poesía es ante todo palabra e imagen, no idea” y claro, tratándose de un ilustre académico ya no sé qué pensar… pero la poesía puramente surrealista, dadá, de ismos y sin idea no es mi preferida. Está claro que las tonterías más gordas en literatura se han escrito en el género de poesía y alucino con los manifiestos de cincuenta páginas para justificar un poema. Si tengo que dar nombres sobre mis preferencias diré, en lo nacional: Eloy Sánchez Rosillo, Juan Antonio González Iglesias, Miguel Ángel Velasco, Andrés García Cerdán, (su último libro, titulado Carmina, es el que más me he disfrutado y más me ha emocionado de los que he leído en este último año y que saldrá próximamente publicado) Ramón Irigoyen, Guillermo Carnero a partir de El verano inglés, Julio Martínez Mesanza, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Ángel González, Cernuda, Juan Ramón y de los ya clásicos me quedo con Villamediana, Ausias March y Quevedo. De poesía internacional y clásicos: Trakl, Borges, Vallejo, Girondo, los poetas ingleses del siglo XVII (J.Donne, G.Herbert, A. Marvell), Leopardi, Auden, Henri Cole, Seamus Heaney, Baudelaire, Catulo, Horacio, Marcial, Juan de la Cruz… En novela estoy enganchado a Vila-Matas. Celine, Houellebecq, Dostoievsky y Proust han sido mis novelistas preferidos para lecturas de invierno y Melville o Jan Potocki de verano. En mi adolescencia me leí todo H. Hesse.
En cine disfruto especialmente con Buñuel. En cuanto a música soy bastante ecléctico, me pueden emocionar de diferente manera aunque al mismo nivel Camarón, Charles Mingus, Edith Piaf o Radiohead, aunque reconozco que mi preferencia es el rock independiente y en ese estilo he escuchado cosas buenísimas como StandStill (Viva la guerra me parece uno de los mejores discos de rock en castellano), PJ Harvey, Surfin´Bichos, Radiohead o Ratolines.

Judit del Río: Yo escribo de la enfermedad, del dolor, de la muerte, de la familia, del asco, de sexo. Un exorcismo feo y seco de lo que me preocupa ahora. Eso es el origen. No sé escribir de cosas que no me pasan. Mi imaginación es nula.

Cristina Fernández Recasens: Sí que es difícil. No sabría definir la poesía que hago ni cuales son mis influencias. Supongo que eso lo ven mejor los demás.


*¿A qué poeta os parecéis? ¿A qué poeta os gustaría pareceros? ¿A qué poeta dirán que os parecéis?

Constantino Molina: No sabe, no contesta.

Judit del Río: Hay Pizarnik y su eterna frustración por querer hacer y no verse capaz. Hay Lorca y la opinión sobre la sangre española: soez, necia y vertida. Miguel Hernández y su honradez son mi religión.
Me han dicho muchas veces que me escribo como Bukowski. Hombre: lean más a Bukowski. Se lo merece.

Cristina Fernández Recasens: Así de entrada yo creo que no me parezco a nadie. Quizás es que yo no soy capaz de verlo. Y no me gustaría parecerme a ningún otro poeta. No porque tenga nada en contra de ellos, al contrario.


*¿Por qué, después de todo esto, consideráis que estáis locos?

Constantino Molina: Lo de que estamos locos puede quedar muy bien, pero no pienso en la poesía como un lugar de excentricidades, por suerte los poetas de sombrero y bastón pasaron a mejor época -aunque quede algún despistado. Creo que la poesía exige serenidad, trabajo y aprendizaje continuo. Lo de ser un poeta loco realmente debe ser una putada, no creo que Leopoldo M. Panero sea muy feliz.

Judit del Río: Quién dijo qué. Los locos son ellos.

Cristina Fernández Recasens: Yo no creo estar loca. Como mucho diría que quizás lo estuve en algún momento. Pero ahora mismo no, definitivamente no. De hecho es Luna quien nos ha llamado locos a todos nosotros. Creo que nos debe una explicación.

10 enero 2011

Tags: pegatinas, sailor moon, antonio machado, tercero de la eso, la polla records, lolitas zorronas y tesoros piratas... ¡ay! qué catorce años con tol' pavo ahí.




Mano de viejo mancha al cuerpo juvenil
si intenta acariciarlo
Luis Cernuda

Catorce. Catorce poemas que escribí a los catorce años. Una auto edición parecida a aquella de El Final (por cierto, reviso los comentarios del post "el final", de 2007, y veo una de las primeras firmas que me dejaba Ibrah, hihihá) o a aquella otra de Mundo Fantasma (este es de 2008) Mis primeros poemas, decía. El origen de tantas cosas. Con algunos amigos juego al intercambio (no, no lo vendo, lo intercambio por collares de pájaros, libros, chapitas, cuadernos, cualquier cosa, se negocia). De la primera edición sólo quedan 3 ejemplares. Los otros los he cambiado por perfumes de vainilla, un libro de una autora sevillana, un cuaderno, una invitación al cine... Hagan sus ofertas. (Absténganse obscenos: que turco y mástil no me falta).

18 diciembre 2010

Mis otros 10, de 1990 a 2010: la vida pasa más rápido de lo que una quiere y el amor sigue siendo extraño al recordarlo.



*Advertencia: muchos de vosotros
ya habéis leído esto que enlazo;  este texto
podría considerarse una ampliación
llena de contradicciones y  tonterías.

Me gusta hacer listas. Siempre, a final de año, hago listas. Cuando tenía doce años hacía las listas de los chicos más guapos con los que me quería enrollar en 2003. O la lista de mis discos de música preferidos, siempre encabezadas por los Red Hot Chili Peppers. Cuando vivía con mis padres en Almería, con la familia Gioanni en Niza o con mi abuela en Alcalá de Henares mis estanterías siempre se dividían por listas. Una balda para mis libros preferidos (que podía sufrir modificaciones según fuera leyendo libros mejores) y otra para el resto de los libros, ordenados, también por editorial. Soy muy maniática. Sí. Por eso he decidido hacer otra lista; cumpliéndose veinte años y pocos días de mi nacimiento voy hacer una lista de los mejores libros que he leído entre 1990 y 2010. Y cuando digo mejores me refiero a los que más me han influido, gustado o cambiado en mi trayectoria de lectora o autora. Comenzamos:

1. Lobito aprende a ser malo, Ian Whybrow, SM (El Barco de Vapor, Colección Azul). Este es posiblemente uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Creo que mis padre me lo compraron en la Picasso en mi primer año en Almería. Lo leí en 1996 o en 1997, no recuerdo. Lo llevé conmigo mucho tiempo. Me reí tanto, disfruté tanto, lo amé tanto. Las historias que le ocurrían a Lobito eran geniales y la forma de contar las aventuras (era una novela epistolar) me pareció muy original en ese momento, pues hasta entonces sólo había leído libros infantiles tontos y sin sentido (o eso me parecía a mí). Lobito mola. Lo recomiendo.

2. Rimas de luna, Antonio Ródenas y Asun Balzola (ilustradora), SM (El Barco de Vapor, Colección Piratas). Rimas de luna es mi primer libro de poemas. Me lo regalaron, no recuerdo quién, posiblemente por su nombre. Era un libro para Luna, ¡cómo no! Recitaba sus poemillas de amor por todas partes. Era cursi. Muy cursi. Era genial.

3. Todo Mafalda, Quino, Lumen. Mafalda era mi Biblia. Lo fue durante años. De los 8 a los 12 cada noche procuraba leer una viñeta. Muchas me las sé de memoria. Yo quería ser Mafalda. Quería ser una niña lista y divertida. Más lista que mis padres. Preocupada por el mundo y la política, etc. De los 8 a los 12 leí muchas cosas. El guardián entre el centeno, El lazarillo de Tormes, Don Quijote de La Mancha, La voz dormida, algún libro de política, algún libro de poesía que no me gustó, algún libro de Ángel Guache... Mafalda era mejor que todo aquello. Mucho mejor. Mafalda era mi Biblia.


4. La senda del perdedor, Charles Bukowski, Anagrama. Mi padre me regaló este libro de Bukowski a los 11 años. Creo que me veía como una especie de niña perdida: acababa de empezar en instituto y me juntaba con niñas calorras, Adriana y Laura, a las que quería mucho. Sin embargo ella salían, se enrollaban con chicos y fumaban. Parece que el remedio contra aquel miedo (el de convertirme en una fumeta pasota y cutre) pasaba por leer a Bukowski. Así fue. Me encerré en mi cuarto, me leí todos los libros de Bukowski, Kerouac, Burroughs, Ginsberg, Céline, Baudelaire y Roger Wolfe que pude y hasta los 13 no hice otra cosa. No salí. No besé a chicos. No fumé. Bukowski fue mi iniciador. Mi protector. Mi mayor y mejor influencia y amante. Gracias a él empecé a devorar libros de verdad. Todos los días, a todas horas. Cambié de amigos, conocí a Naira, a Xío, a Jacinto. Me hice medio punk. Llevaba chapitas y escuchaba Rancid y Eskorbuto. Besé a un par de chicos. Empecé a escribir.

5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama. He perdido mi edición de Lolita. Bueno, no la he perdido, la tiene mi primer novio (o segundo, o tercero, según la versión), Jacinto. Era una edición de Anagrama. La primera edición en España. El libro me lo regaló un amigo del que yo estaba enamorada. Un amigo treinta y siete años mayor. Nunca me gustó Lolita. Por eso esa edición se la regalé un año después, con quince, a mi novio Jacinto. Quería que él la guardara. Que él escondiera mi pasado. Mi yo-Lolita enterrado para siempre en la playa de Almería. En aquel tiempo leí mucho a Amélie Nothomb, pues sus novelas también hablaban de niñas mágicas, niñas lolitas, niñas adolescentes y hermosas. Lisa Dierbeck, Lewis Carroll, Bernard Schlink, Jeffrey Eugenides... e incluso algunos de los poemas de Cernuda empapaban mi cuerpo y mi cabeza. Mano de viejo mancha al cuerpo juvenil si intenta acariciarlo. Yo estaba muy enamorada y empecé a escribir mis primeros poemas. Abeja Maya, Sangre, Tu coche rojo (huiremos a Nepal en nuestro coche rojo...). Leonor y Machado como ejemplo a seguir. Lolita Lolita, Lolita. Y el poema, decía, Abeja Maya (noviembre de 2004, a mis trece años y tres días antes de cumplir catorce, muy enamorada de Él):

Abeja Maya

Correr.
Correr por las calles dándome igual lo que piensen.
-que más quieren, soy una niña,
al menos que de me dejen estos tres últimos días para disfrutar…-
Hoy corro, salto, río
(como una loca)
como el águila que vuela en libertad.
Cruzo el paso de cebras de puntillas y con cuidado
recordando mis años de bailarina.
Plectrude y su mirada.
Oh! qué insolencia, mira a esa chica.
-Perdóneme señora, pero soy una niña,
déjeme soñar,
tres días no son mucho.
No guardo las composturas, no.
Soy una nota de piano, comptine d’un autre été.
Sin preocupaciones, pero con cabeza,
porque tú y yo sabemos cuáles son las consecuencias,
y no quiero escribir a ciegas.
…Demasiada literatura beat en los bolsillos,
demasiadas paredes,
demasiados disfraces…
Hoy soy una niña con jersey de rayas amarillas,
hoy mis ojos son más azules que nunca, mirando al océano
mientras una voz susurra: en la profundidad
de lo insondable estoy…
Cuánta razón,
susurros de otro mundo,
ideas que vienen y van,
poemas compartidos.
Y nervios, como dice el gran Charles:
Cristo bailando folk-rock en mi pecho,
ritmos rápidos y lentos,
según mi distancia hasta el cuello de tu camisa.
¿Temes que alguien endulce tu vida más de lo necesario?
Empalagoso té de coco,
empalagosa colonia de moras,
hipoglucémicas muñecas rapadas al cero.
Y otra vez la calle,
la señora,
la farola,
la niña del jersey de rayas.
Quiero ser niña.
Quiero volar.
No quiero pasar mis últimos días de abeja
entre fracciones sin resolver.
Odio la miel.
De fondo, 
Sarah Vaughan,
y me quedan tres días.

(Almería, 3 de noviembre, 2004)

Lolita se resume en este texto: las letras de Fangoria intercaladas. Yann Tiersen. Las referencias a mis seis años de bailarina y su relación con el personaje de Plectrude en Amélie Nothomb, Sarah Vaughan en la radio de la habitación de mis padres. La diabetes aún reciente en mis venas. Tres días antes de cumplir catorce años. La literatura beat. Las referencias al cuello de la camisa de aquel hombre al que yo amaba. Aún virgen. Muy virgen e ingenua. Muy puta Lolita.


6. 99 poemas José Ángel Valente, Alianza. En 2005 empezó mi fiebre Valentiana. Incluso gané un premio (el de La sombra del membrillo) con un poema dedicado a Valente. Valente vivió en Almería y según mis padres hemos coincidido con él en más de un evento en la ciudad. Me cago en dios, pensé. ¿Qué coño estaba haciendo yo a los 6 años que no leía a Valente? Puto Lobito, puto Barco de Vapor. Si a esa edad yo hubiera conocido a Valente podría haberle dicho: señor José Ángel. No tiene ni idea de cuánto me gustan sus poemas. ¿Sabe que sé recitar Serán ceniza de memoria? Mire: cruzo un desierto y su secreta desolaciónsinnombreelcorazóntienelasequedaddelapiedraylossestallidos... nocturnosdesumateriaodesunadahayunaluzremotasinembargoyséquenoestoysolo... aunquedespuésdetantoytantonohayaniunpensamientocapazcontralamuertenoestoysolo...
tocoestamanoalfinquecompartemividayenellameconfirmoytientocuantoamololevantohaciaelcielo... yaunqueseacenicaloproclamo,CENIZA,aunqueseacenizacuantotengohastaahora. Cuanto se me ha tendido, a modo de esperanza. Y entonces el pobre José Ángel Valente hubiera dicho: llevaos de aquí a esta niña repelente, por favor. Y yo sería feliz. Muy feliz. Si al menos pudiera recordar su voz. Si al menos pudiera recordar ese recital de El Aula de Poesía de Almería en el que se supone que yo vi su rostro, sus gafas gruesas, sus manos de poeta... empezó una larga carrera. Una dura carrera Valentiana. Empezó mi desolación sin nombre. Y el desierto.

7.  El libro de Monelle, Marcel Schwob, Hiperión. 2006 y 2007 fueron mi Niza. Nueve meses pasé en la ciudad de la Costa Azul y allí tuve un amante francés y judío que me trató muy mal. Recuerdo que en aquel tiempo yo leía poetas franceses que me aburrían mucho. También leí clásicos que nos obligaban a comprender en el maravilloso Lycée Masséna donde estudiaba. Escuchaba My Dying Bride y Noir Désir. Me hubiera gustado hacerme gótica pero la ropa de H&M era más barata. Antes de ir a Niza mi madre me dejó El libro de Monelle. Menudo descubrimiento, pensé. Menudo puto libro, joder. En Niza lo pasé muy mal y si sobreviví fue gracias a ese libro. Compré una copia en francés y se la regalé a Thomas en diciembre de 2006. Se la regalé un día antes de que nos despidiéramos para siempre (él tenía novia y ahora, por Facebook, sé que van a ser padres). Le regalé una edición preciosa de Le livre de Monelle un día antes de quedarme sin él para siempre. Y entonces nació Síntomas y nacieron la mayor parte de los poemas que este año he publicado en Estar enfermo. Nació Sin-Thomas. Ese juego de palabras estúpido. Esa plaquette. Ese libro estúpido de mis dieciséis años. Leer Monelle me sirvió para deshacerme de Lolita. Lolita era una tonta-pop al lado de la sabia y preciosa Monelle. ¿Quién quiere ser Lolita existiendo Monelle? Cambié mi cuenta de correo de los diez años lunaticams@hotmail.com por lunamonelle@... cambié mi fotolog Luna Haze, por Luna Monelle. Cambié mi vida entera. Mi corazón entero. Ya no era la chica que amaba a los hombres mayores. Ya no era la tontita que escribía sobre abejas y caramelos. ¿Quién era ahora? Aún no lo sabía. ¿Y qué más da? La literatura, entonces, cambió para siempre.

8.  Así habló Zaratustra, Nietzsche, Alianza. En Almería, mucho después, conocí a Pablo el Oxidao. La literatura sólo me ha servido para enamorarme, ahora que lo pienso. Gracias a Pablo escribí muchos poemas. Muchísimos. Gracias a Pablo leí mucha poesía. Mucha filosofía. Recuerdo la lectura que hice de Así habló Zaratustra. Empezábamos a salir y me dejó el libro. No lo leí hasta la navidad, en Madrid. Fue un descubrimiento equiparable al de Monelle, la verdad. Nunca había leído una prosa parecida. Una prosa poética tan pura. Tan fuerte. Un poema largo que se extendía durante tantísimas páginas. Depuré mi poesía hasta tal punto que a los diecisiete sólo escribía aforismos. Trataba de sonar solemne. Trataba de transmitir esa fuerza de Nietzsche. Nunca lo conseguí, claro. Nunca. Devolví el libro a Pablo. Nos quisimos mucho durante mucho tiempo. Todo era poesía. Todo era poesía, y entonces, llegó la prosa. No la de Nietzsche. Llegó la prosa de verdad y todo cambió una vez más.

9. La extracción de la piedra de la locura y otros poemas, Visor Poesía. 2008 fue el año de las poetas muertas. En noviembre cumplí dieciocho años pero ya vivía en Madrid y ya conocía a Ibrahím Berlín. Pablo me regaló a Pizarnik. Quizá ese momento fuera lo último bonito que Pablo y yo vivimos. Esa extraña navidad en la que leí a Alejandra. Un amor acabó. Otro empezó, sin embargo. Ibrahím me dijo: lee a Bolaño. Pizarnik me dijo: lee a las poetas muertas. Y entonces el viento susurraba fragmentos de Foster Wallace y versos de Plath. Y el suicidio bailaba continuamente en mi cabeza. Y Anne Sexton, y Blanca Varela, y Louise Glück, y Anais Nin, y Virginia Woolf. Y escribí, escribí mucho. Los poemas de Alejandra Pizarnik me hicieron sentir muy femenina. Me hicieron sentir que la locura es como un pájaro. Me hicieron comprender mejor las letras de Lhasa. Volví a querer ser Monelle.

10. Los detectives salvajes, Roberto Bolaño, Anagrama. Querido Ibrah: mañana, domingo, es nuestro aniversario (no el oficial) (no el conocido) (sólo el nuestro: secreto y puro) (aquel beso y aquellas drogas y aquella cama en la que en silencio follamos). Querido Ibrah: antes de Foster Wallace tú también eras poeta. Escribías poemas raros rapeados, recuerdo. Y entonces me recordabas a García Madero. García Madero es uno de mis personajes preferidos de la ficción de este mundo. García Madero es una especie de Pleonasmo Chief de otro planeta. Un Pleonasmo aventurero, incómodo, rabioso. Querodo Ibrahím. Mañana se cumplen los dos años de nuestra relación. Todo empezó con Bolaño. A la mierda Wallace. A la mierda, te digo. Porque Lola Font sólo hay una y es esta, que te habla y te adora. La prosa y la poesía de Bolaño son emocionantes. Siempre que escribo pienso en él. Siempre que pienso en la literatura pienso en él. Y en esta lista de 10 libros magníficos él estaría el primero, siempre, porque es brutal.

A Bolaño lo leí en 2009 y desde entonces, en 2010, nada me ha impresionado tanto. Quizá La niña del pelo raro de Foster Wallace, Circus girl, de Maite Dono (en El Gaviero Ediciones), ese poemario que conozco desde que sólo era un manuscrito encuadernado en el almacén de mis padres, o incluso la poesía maravillosa de Dorothea Lasky, el gran descubrimiento de este verano. El año que viene sale a la luz la novela de mi novio. Y sé que también será un antes y un después en mi vida. Su prosa (hasta hoy) ha sido polémica y su forma de pensar pocos la comparten. En su novela soy una de las protagonistas y esto para mí, después de todo lo que os he contado, supondrá convertirme en parte de lo que amo, es decir, en parte de un libro, en parte del papel, en parte de un personaje femenino, hermoso y fuerte que no me merezco. Pero de Fresy Cool ya os hablaré en otra ocasión. Quizá cuando en 2030, si sigo viva, escriba la lista de mis libros preferidos entre 2010 a 2030. Y así de maniática soy. Y por eso hago listas en Spotify. Por eso hago listas de la compra. Listas de nombres para futuros hijos. Listas de cosas inútiles. Listas como poemas. Poemas como listas. Por eso escribo y por eso leo, porque estoy enamorada y si estoy enamorada no me siento tan sola. Creo.

Suena: ay.

28 junio 2010

Shemale: todos queremos ser quien se despide.

Todas queremos ser Lolita. Todos queremos ser el que se despide. Porque Luis Cernuda era más elegante que Humbert Humbert y los pájaros mojados me acompañan esta noche. Esta última noche. ¿Te acuerdas del poema Nocte una? Última aquí sin mí y sin ti. Conmigo sintigo cosin... consiento los pellizcos esta última noche. Belladona y Nacho Vidal y un travesti ciego soplado vuvuzelas celestiales. Esa es mi despedida de soltera. Esa es mi fiesta sorpresa. Esta noche. Y toca David Kitay. Y las paredes huelen a violetas y aloe. Al perfume. Al jabón de la abuela. Todos quisimos ser alguien. ¿Te acuerdas de aquella gota de semen endureciendo mis pestañas? Todos queremos. Todos queremos salir de aquí. Todos los que alguna vez morimos buscando la belleza de una vida distinta.

27 junio 2010

Como no me devuelvas el libro te mato.


Los libros de poesía española actual que me gustan son, digamos, algunos. Los que me han influido. Los que leí para crecer. Los que leí como principiante (que soy). Los que leí desde 2003 hasta hoy, e hicieron gran trabajo aquímuydentro son, digamos, algunos-muchos más. El otro día, mientras hacía como que estudiaba Derecho pinté mis apuntes con esos títulos de poemarios cuyos autores, creo, siguen vivos, siguen escribiendo -o no-, publicando -o no- ¿vivos, o no? No pretendo hacer ninguna antología personal (para eso ya está aquel texto de Poetry is not dead sobre los cuatro poetas más guapos de nuestro país -sepan que una tiene el gusto raro-). Tampoco pretendo dictar sentencia. Sólo revisar el pasado, eso que me gusta tanto. Comparar gustos. Épocas. Comprender qué autores. Qué influencias. Qué no influencias pero sí desvelo. Algunos de los autores a los que cito son amigos. Otros no son nadie (en mi vida, digo). Otros lo son todo y apenas crucé cuatro palabras. De todos merecen la pena, digamos, algunos. He procurado ordenarlos por fechas de lectura, no las recuerdo muy bien pero creo que fue así. Hay años, como 2007 o 2008, en los que apenas me acuerdo de qué leí, será porque no me interesó nada, porque no me gustó nada... no sé.
2003
Cinco años de cama, Roger Wolfe
Mi primer bikini, Elena Medel
Tenía doce años y empezaba a leer. Roger Wolfe era uno de los autores heredados de mi padre. Si te gustó Bukowski, te gustará él, dijo. Aunque a mí eso de la poesía aún no me convencía. Qué ascazo. Sin embargo allí estaba aquella chica. Elena, firmando libros blancos en mi ciudad. Me dedicó uno. Pues gracias. No lo toqué en meses. Luego volví a abrirlo. Jo-der. Qué divertido. Qué emocionante. ¿Dónde puedo conseguir más de esto? Me enamoré y vino la Generación del 27. Y Brines. Y esas cosas que ya no leo. Pero Jo-der. ¡Yo también quiero escribir!
2004
Bella durmiente, Miriam Reyes
Las moras agraces, Carmen Jodra
Híbrida, Leyla Ouf
Me gustaba leer a mujeres. Me llamaban más la atención porque eran más cercanas a mí y a mi circunstancia. Soñaba con hacer el amor y ahí estaban los poemas de Miriam Reyes. Soñaba con ser Lolita y ahí estaban los poemas de Leyla Ouf. Soñaba con ser suicida, acabar con todo, era medio punk y compré mi primer vinilo... ahí estaban (y siguen estando) los poemas de Carmen Jodra. En 2004 ya había escrito mi primer poemario Cuaderno nepalí. La primera versión llevaba citas de Antonio Machado, de Fangoria y de Depeche Mode. Tenía novio. Mi novio tenía pulseras de pinchos. Las pulseras de pinchos tenían gotas de calimocho.
2005
Frágil, Javier Rodíguez Marcos
Las máscaras, Antonio Lucas
Araña, Ana Gorría
Empecé a leer muchísima poesía, a publicar en sitos (lejanos a la revista literaria de mis padres). Ana Gorría se convirtió en mi hermana de sangre. Hemofílicas poetas y umbilicales. Su libro me llevó a la brevedad, comencé a mirar dentro de mí. Dejé la anécdota a un lado. Sucumbí algo. Profundo, entiendo. E hice el amor por primera vez (no con Ana, claro), sino con el chico de las pulseras de pinchos. Clip, clip, ay. Clap clap, umm. Clupa clupa, bang. Conocí a Antonio Lucas en un recital de mi ciudad. Me regaló su libro. Era (casi) la primera vez que un hombre mayor que yo me regalaba un libro. Además era el suyo. ¡Su libro! El de aquel tipo guapo. ¡Guapo! Vestido de naranja, me enamoré. Volví a soñar con hacer el amor, esta vez con él. Aquel poeta vestido de naranja. ¡Era periodista! ¡Lo que yo quería ser en el futuro! Cuánto echo de menos aquella sensación. Cuánto aprecié aquel libro. Aquella máscara diminuta y lunar. Pero yo era Frágil. Muy frágil. Tanto como para no despreciar el magnífico libro de Javier Rodrígez Marcos. Él me ayudó a escribir otro tipo de poesía. Uní anécdota y telaraña. Descubrí que un poeta podía hablar de su propia poesía. Descubrí que hablar de poesía era lo más difícil y hermoso. Cuerpo frágil y cerré la segunda versión de mi primer poemario: Cuaderno nepalí.
2006
Urbi et orbi, David Leo García
¿Estás seguro de que no nos siguen?, Antonio Portela
Me presenté a un premio que no gané. Yo tenía quince años. No pasa nada, eres joven, puta luna, eres joven putalunaeresjoven. Sin embargo aquel premio lo ganó alguien apenas dos años mayor que yo. David Leo García. (Qué chico guapo). (Qué bien escribe). (Me declaré fan). Compré su libro y lo llevé como estandarte durante mucho tiempo. Busqué su messenger. Nos hicimos amigos. Y en septiembre seremos vecinos. Le aprecio muchísimo. También aprecio a Antonio Portela: sobre todo por ser el único poeta que conozco que ha citado a Ana Curra, a Alaska y a Suede en un mismo poemario. Quizá haya ecos de su poesía en Exhumación. Quizá sea uno de los poetas más interesantes y ya nadie se acuerde. Bendito premio Andalucía Joven 2003. San Antonio. Después de Roma ¿dónde estás? Te espero con el Spotify a toda leche con la esperanza de volver a bailarte. (Pulse la letra morada y conozca la verdad).
2007
¿?
Este año comenzó en Niza y acabó en Almería. No recuerdo ni un sólo poemario que me llamara la atención suficiente. Quizá en esta época me nutrí más de otros que no fueran mis contemporáneos. Valente, por ejemplo. Eliot. En Lousie Glück. Roger Wolfe, otra vez. Ese hombre alto y oscuro. Escribí Mundo fantasma. Escribí Síntomas. Tuve no sé cuántos amantes con pinta de maricas franceses, italianos o afrancesados. Y otros que no os diré. Y otros que ya he olvidado. Y otros.
2008
Así procede el pájaro, Juan Antonio Bernier
Tampoco tengo grandes recuerdos de 2008. Mucha prosa, creo. Muchísima prosa. Kundera por encima de todo. Genet, Roberto Bolaño, Dostoyevski. Reconocer a las poetas suicidas. Plath, Sexton, Pizarnik. Y entre pájaros y jaulas recordé a Bernier. ¡Aún no había leído a Bernier! La brevedad naranja de su libro se hace inmensa en mi estantería. Algo delicado. Boceto de lo próximo. Para nada diminuto o de principiante como en aquella antología se dijera.
2009
Circus girl, Maite Dono
Acabado en diamante, Javier Moreno
Echado a perder, Carlos Pardo
Construcción, Vicente Luis Mora
Todo lleva carne, Peio H. Riaño
Este año fue el más interesante. También el más productivo. Escribí mucho y leí más. Sobre todo narrativa. Todo lo que no sabía de Bolaño, de Foster Wallace, de Lethem, de Fresán. Leí ensayo, leí a Eloy Fernández Porta, a Virginie Despentes, a Preciado. Y mucha, muchísima poesía. De mi obsesión por las Punk-Femmes adoré a Maite Dono. Quizá mi poeta preferida. Performer y cantante. Mi máximo referente hoy. Por su lenguaje y su expresión. Me arrodillo, siempre, me arrodillo. También lenguaje y expresión es lo que me gusta de Javier Moreno o Vicente Luis Mora. Acabado en diamante por su relación con la poesía de José Ángel Valente o aquella de Ana Gorría que hace años ya me interesaba. Javier Moreno y Vicente Luis Mora fueron dos ejemplos de lectura con los que comprendí que el Universo es una shit. Quiero decir. Comprendí que la poesía da asco y que los círculos de amistades, las rivalidades y toda esa mierda era un coñazo. Nunca había leído a Vicente. Es más. Sin haberlo leído lo odiaba. ¿Por qué? Por los prejuicios que siempre nos contagian los demás. ¿Qué me importa que a nosequién le caiga mal? ¿Qué me importan la Nocilla o los laureles si el poemario es tan bueno? Puede que Construcción no ejerciera ninguna influencia sobre mis textos pero sí significó una lectura amable, entretenida, hermosa: y es algo muy difícil en la poesía eso de entretener. Luego hay libros de los que todo el mundo habla y que a mí no me gustan. Sin embargo Carlos Pardo ganó mil puntos con Echado a perder: los lugares comunes que a mí me emocionan, las claves que me interesan, lo críptico de alguna imagen, a veces, por evidente que parezca, lo bien escrito... Es curioso que deje pasar en esta lista poemarios como El fósforo astillado de Juan Andrés García Román o incluso a David González, Mercedes Cebrián, Javier Gato, Luis Darío, Agustín Fernández Mallo, etc. He leído sus obras y me han interesado pero quizá no han supuesto un cambio, un golpe, un milagro dentro de mí, como sí lo han hecho los otros mencionados. Es curioso también que incluya en esta lista lo que en principio se considera una novela. Y no cito a Peio H. Riaño porque sea mi jefe y colega. Ni porque sea él el que me consiguió esta mañana un pase para el preestreno de Toy Story 3 (hihihi). Nada de eso. Lo cito por lo importante que fue la lectura de Todo lleva carne, sea poesía, a ratos, o no lo sea, a otros ratos, en la escritura de mis columnas de verano en Público así como en los poemas de Poetry is not dead. La denuncia. La frase-cuchilla. La narratividad del verso... Si incluyo aquí a Peio como referencia, tendría que hablar también de J. G Ballard o de Fréderic Beigbeder, por ejemplo, pero de ese tema ya he hablado en otros textos. Y aquí se habla sólo de poesía. ¿O qué?
2010
También mis ojos, Laura Rosal
En 2010 he leído a Sergio Gaspar, Cristian Alcaraz, Mariano Peyrou, Jordi Doce... he releído a Roger Wolfe, a Chantal Maillard o a Raúl Quinto. En 2010 sólo elijo, de momento, a Laura Rosal. Laura es mi amiga. Si hay suerte será mi compañera de piso el curso próximo. Me gusta emborracharme con ella y decir cosas guarras. A veces nos hacemos fotos enseñando las bragas o lloramos con las mismas canciones. A veces la odio y a veces la quiero muchísimo. Su primer libro nació de la mano del mío. Por eso siento la necesidad de volver a nombrarla. Compartimos más que edad y sexo. Compartimos referentes y formas, y enlaces de blogs, y, como siempre he dicho, es una de las promesas (junto a Marina Ramón-Borja, Enrique Morales, Ruth Llana o Álvaro Guijarro) y será reconocida en no mucho tiempo, si no lo es ya.
¿Y ahora qué?
Los libros de poesía son así. Abrazables. Desechables. Esputables. Meables. Mordibles. Adorables. Feos. Cortos. Pesados como metales. Inocentes. Nunca únicos. Siempre sustituibles. Fáciles de almacenar. Caros. Pero estos son los míos y no os los voy a dejar porque sé que los perderíais. Pues, ¿a quién le importa un libro de poesía? Sólo al dueño que lo ha sabido apreciar. Al que no lo ha sabido leer. Al que ha subrayado o puesto esa marquita que indica destello absoluto. Al que lo echaría a la hoguera. Al que simplemente lo envidia. ¡Joopé! Eso quisiera haberlo escrito yo.