Mostrando entradas con la etiqueta Javier Moreno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Moreno. Mostrar todas las entradas

06 mayo 2012

Todo poeta es un sismógrafo.


Cadenas de Búsqueda es el nuevo poemario de Javier Moreno, publicado por El Desvelo. Creo que lo he leído casi todo de Javier. Al menos casi todo lo que ha publicado, que no es poco, tanto de poesía como de prosa y por eso también creo que puedo permitirme decir que dentro de su trayectoria este es un libro menor. Me interesa mucho su obra y me interesa mucho su persona. Y digo esto porque su obra es su persona. Quizá es que venga obsesionada del festival “Primera persona” y de tanto debate a propósito del yo, etc, pero creo que Javier Moreno construye con sus libros la idea del texto como un órgano del escritor. Cadenas de Búsqueda es un catálogo de obsesiones inconexas entre sí, o más bien conectadas por una finísima línea que nos balancea entre la idea de lo efímero de la Belleza, la desaparición de la identidad y la visibilidad de la muerte. No diría que lo que aquí leemos son poemas tanto como ocurrencias, pequeños pensamientos versificados e irónicas sentencias sobre la vida moderna. Un catálogo de obsesiones que no viene sino a completar lo que ya nos mostró el autor en Alma, la novela que publicó el año pasado en Lengua de Trapo, donde las buenas ideas y la poesía sí que latían fuerte. Casi con tanta fuerza como la que desprendía su mejor libro, en mi opinión, hasta la fecha, el genial Acabado en diamante (La Garúa, 2009) donde quizá el verso era más difícil, más incomprensible pero comprensible, más fugaz pero duradero, más como el Javier Moreno que yo quiero leer y que de vez en cuando aparece entre las páginas de Cadenas de Búsqueda, como puede ser en los poemas “Manual de pesca”, “Gimnasia pasiva” o “La tensa espera”, entre otros, en donde queda fuera lo vacío de lo anecdótico y se da pie a una reflexión poética, casi filosófica, sobre las cosas más pequeñas que rodean al ser humano, esto es, sobre las que más importan al hombre, las más intensas y las que componen, en definitiva, su mejor literatura.

05 junio 2011

Drogas (o: algunos libros del primer semestre de 2011).


19:35 pm
Me gusta hacer listas, ya lo sabéis. Hago listas para todo. Listas con las mejores canciones que me he bajado en los últimos meses. Listas con las ciudades a as que me gustaría viajar. Listas de las tiendas a las que iría si tuviera dinero para comprar ropa. Listas de mis libros: los preferidos, los favoritos del año, semestre, los olvidados, etc. Hace poco mi chico, Ibrahím B., subió a su blog una lista de tareas pendientes: la del comentario de todos esos libros que como crítico le llegan a casa y de los que es imposible hablar en los medios porque se acumulan, y se acumulan, y se acumulan... novedades editoriales que desaparecen como si nada (o en la lluvia como lágrimas) o qué sé yo. Mi lista no es una tarea pendiente, es otro juego más en el que enumero no lo mejor sino lo que más me ha gustado e todos los libros que he leído, abandonado o descubierto desde enero de 2011 hasta hoy.


0. Sylvia & Ted, de David Aceituno (Olifante).

Lo pongo en un podio celestial. Antes del 1, el 0, porque no quiero hacer trampas. Pero ocurre que, aunque fue publicado en 2009, Sylvia y Ted me parece el mejor descubrimiento de este año. Se trata, como ya conté en alguna entrada anterior, de un poemario formado por las voces de Sylvia Plath, Ted Hughes y la amante de este, que van construyendo una serie de poemas que a su vez tejen la historia real de la pareja. David Aceituno se mete en la piel de los personajes y escribe con un estilo parecido al de los protagonistas. Aceituno es el titiritero. En sus manos Sylvia se nos sincera y Ted nos cae mal. En sus manos vemos lo tristísimo de una historia que muchos desconocíamos. Olifante es una maravillosa editorial un tanto difícil de encontrar, sin embargo merece la pena acercarse a su catálogo. Si accedí a este libro fue gracias a la Feria del Libro de Soria donde me compré el ensayito (de la misma editorial) Poetas suicidas (2009) de Ricardo Fernández Moyano. Quien esté interesado en el tema del suicidio en la literatura no puede dejarlo pasar.


1. Leve sangre, de Jeannette L. Clariond (Pre-Textos).

Sin duda es el mejor poemario que he leído en mucho tiempo. Leer a Clariond es como degustar un plato finísimo y delicioso. El trato del lenguaje, del idioma (de los idiomas), de las imágenes. En Leve sangre asistimos a la pérdida de la fe, al momento de la madurez de la poeta en donde se deshace de una vez por todas de esa sangre espesa que es Dios. La Menopausia de la Fe. Por ejemplo. Un libro con el que uno sólo puede preguntarse: ¿por qué no había leído antes a esta poeta? ¿Dónde has estado todo este tiempo, Jeannette? ¿Por qué no fuiste antes la reina de mi canon poético personal?


2. El malestar al alcance de todos, de Mercedes Cebrián (DeBolsillo).

Vuelvo a hacer trampas, pero no del todo. El malestar al alcance de todos se publicó en 2004 en Caballo de Troya y no había tenido la oportunidad de leerlo, sin embargo, por fin, y con motivo de la publicación de su primera “novela” en Mondadori, La nueva taxidermia, DeBolsillo reeditó a principios de 2011 esta magnífica miscelánea de relatos y poemas de Cebrián. La nueva taxidermia me gustó, sobre todo la primera novelita que conforma el libro, sin embargo sigo pensando que El malestar al alcance de todos y sobre todo Mercado común (2006), son sus mejores textos. Me gustaría seguir leyendo a Mercedes. Me gustaría que publicara novelas y poemarios todos los días, todas las semanas: le pagaría, si pudiera, mucho, para que me entregara textos como los de El malestar al alcance de todos. Mercedes. Te necesitamos.


3. Richard Yates, de Tao Lin (Alpha Decay).

He hablado mucho te Tao Lin. Han hablado mucho de Tao Lin. He contado muchas veces cómo me enamoré de él hace cinco años, cuando leí su blog, y en 2009, cuando leí su primera novela traducida al español. Richard Yates me parece acertado porque representa muy bien a la generación a la que creo que pertenezco: las conversaciones de gmail, el new spleen de los personajes, las drogas y las pastillas para dormir, el histrionismo, la soledad del adolescente que pasa horas y horas delante de una pantalla, pero que tampoco está solo porque está conectado a Facebook pero que sí está solo, porque, joder, la pantalla no es la carne: qué pardillos somos. Y las redes sociales que ayudan al amor. Richard Yates es muy divertido. Ojalá Alpha Decay siga publicando a Tao Lin, ojalá algún editor de poesía se decida a publicar sus libros, porque son mucho mejores que su narrativa. Ojalá os acerquéis a Eeee eeee eeee (El tercer nombre, 2009) una novela mucho más delirante, parecida a un capítulo cachondo de Padre de familia o Los Simpson. A tope. De Alpha Decay, en este 2011, me ha gustado leer Padres ausentes, de Pablo Muñoz (mi querido Alvy Singer, divertido y sensato) y Thomas Pynchon, un escritor sin orificios de Rubén G. Martín. La apuesta por la juventud de esta editorial no es un truco de marketing, por la modernez o algo así de cutre. Se trata de una apuesta por el futuro. Y yo confío.


4. Alma, de Javier Moreno (Lengua de Trapo).

Hace un rato intentaba leer Una belleza vulgar de Damián Tabarovsky (Caballo de Troya, 2011) y no he podido pasar de la página cuarenta y cinco. Quizá que a Ibrah no le guste nada Literatura de izquierda (Periférica, 2010) me haya influido, o quizá es que no me gusta ese libro y punto. En la contraportada alguien escribe algo sobre las novelas sin argumento. Sobre las novelas sin argumento pero con argumento. No sé. En este sentido soy mucho más fan de Alma, la última novela de Javier Moreno, que es mucho más bonita, emotiva, poética, entretenida, mucho más parecida a la última literatura francesa que me gusta: Levé, Mréjen o Tran... una de esas supuestas novelas sin argumento pero con argumento que sí, sí, sí consiguen contarte una historia a base de acumulación de información y experiencias. Muy a favor de este giro en la obra de Moreno. Soy muy fan de Acabado en diamante (La Garúa, 2009), su mejor poemario y de algunos de los textos que sube a su blog. Y no, Alma no es una copia de Levé. No sean vagos, pasen de la página cinco. Aunque si les desespera tanto como a mí Una belleza vulgar (y miren que el título me prometía) entonces, bien, les dejo marcharse. 


5. Dime qué, de David Leo García (DVD Ediciones).

Efectivamente, no podía faltar. Dime qué es el libro que más tiempo llevo esperando leer. Creo que fue en 2009, en Cosmopoética, cuando David Leo García -por aquel entonces no sabíamos que un año y medio después seríamos vecinos, amigos y miembros de la fucking crew de Puerta de Toledo, que por cierto, ay, en pocos días se acaba para siempre -no en nuestros corazones, claro, claro- me dijo que acababa de terminar el que sería su segundo libro de poemas. Ya lo anuncié aquí, y ya se lo he oído decir a muchísimas personas. Quizá junto a Elena Medel o Ben Clark, cuyo último libro, Basura (Delirio, 2011) también es genial -una sucesión de pensamientos paradójicamente limpios sobre un mundo sucio- sea uno de los mejores poetas que conozco nacidos en los años 80. Dime qué es imponente. Demasiado. Su discurso, su ironía y su saber tejer los versos. A veces David viene a casa y me dan ganas de meterle un puñetazo y decirle: ¿¡cómo cojones lo haces tan bien, cabróoonnn!? Pues eso. Top Five. Bien.


6. Confesiones a Alá, de Saphia Azzeddine (Demipage).

Una novela muy cruda. Muy bruta. Hay quien se queja de la brutalidad de la colección de textos femeninos de la editorial Melusina pero a veces creo que la brutalidad occidental es mucho menos bruta que la oriental. Confesiones a Alá es el testimonio de una mujer oprimida en el Magreb. Una mujer que intenta escapar de su propio infierno y que tiene una condena casi mayor que la de ser mujer: ser hermosa, ser libre, ser lista y tener ganas de vivir. Sapha Azzeddine es toda una celebridad en Francia. Fue mujer de un famoso actor y cada vez se ha ido haciendo más popular con sus novelas. No me extraña. Gran apuesta la de Demipage. Ojalá hubiera tenido más prensa y se hubiera hablado más de esta obra muy personal pero a la vez muy política. Me gustan las mujeres fuertes. Y, por supuesto, amo a Azzeddine. Creo que en el catálogo de Demipage las mujeres están cobrando cada vez más fuerza: dentro de poco van a sacar una antología de mujeres bastante interesante (no sólo por las participantes sino por el formato epistolar del libro) y hace unos meses salió a la luz otro libro extraño pero especial: Mis ceniceros, de Florence Delay. Me gusta especialmente este lado experimental que está explotando Demipage. Háganme caso. Demipage no es ñoña. Demipage mola.


7. Renacida, de Susan Sontag (Mondadori).

Es curioso. Muchos de los libros que menciono en este post los he reseñado para 330ml y están esperando en la cola de publicaciones. Es un placer hablar de lo que a una le gusta. Y Renacida es un diario juvenil muy interesante para quienes comienzan a leer o a descubrir el mundo de la literatura (Renacida también supone una importante guía de lecturas) y también para los admiradores de esta gran autora. Los miedos en la adolescencia, lo prepotentes, soñadores, ingenuos y tiernos que podemos llegar a ser en nuestros primeros años como lectores o escritores. Susan Sontag tiene mucha fuerza y es como un huracán de ánimos. Si son cotillas y les gusta conocer los pensamientos más íntimos de los grandes autores de nuestra literatura: aquí, Sontag.


7. El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, de Patricio Pron (Mondadori).

Pron es Pron. Y Pron, en este libro, no es tan Pron quizá porque a ratos lo es demasiado. Quiero decir. Para quien lo conozca personalmente y se haya leído su última novelita sabrá que la primera y las últimas partes del libro son Pron en estado puro, en una conversación cualquiera de domingo comiendo churros con chocolate y contándonos sus batallitas, cual abuelo joven y gracioso. Me gusta ese lado confesional, al principio divertido y al final muy tierno para con su familia y la historia de sus padres. Los hijos son los detectives de los padres: esa es la idea. Por eso Pron articula el libro mediante una historia familiar que le toca investigar. Un poco de política, otro tanto de biografía, otro de intriga y otro de humor: la mezcla perfecta, dirán. Por eso Ibrah bromeaba con lo de Pron y el Nobel. Pero eso no es lo que importa. Lo que a mí me importa es la repercusión que está teniendo el libro. Ya se sabe: al tercer libro, los críticos tienen derecho a machacarte. Y yo no creo que El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia sea un desacierto y no estoy de acuerdo con sus críticos más feroces. Tampoco creo que sea el mejor Pron, aunque podría haberlo sido. Sé (y lo sé porque lo he leído en Una puta mierda, en El comienzo de la primavera y en sus relatos) que el muy hijo de puta se guarda un as en la manga. Que está haciendo cosas grandes: aunque quizá lo que como lectora espero es su futura Gran Novela.... y que lo que a muchos les pone nerviosos es que le salgan las cosas tan bien, o que le vayan tan bien como aparenta. Quizá Mondadori haya publicado -y vaya a publicar- novelas mucho mejores, novedosas o atrevidas: Enard, Lethem, Gopegui, Cantavella, Foster Wallace, Olmos... De momento, en este Top 10 Luna-Love, Pron ha encontrado su sitio.


9. Fronteras del lenguaje. Antología 2005-2011, de Uljana Wolf (La Bella Varsovia).

Ha sido muy difícil elegir un título de entre todas las novedades de La Bella Varsovia, pero sin duda Uljana Wolf (Berlín, 1979) es una de las publicaciones más importantes de su catálogo, por ser la primera traducción de la editorial (la traducción es quizá su punto más débil, del libro, digo) y, sobre todo, por traer a España, de la mano también de Cosmopoética, a una de las nuevas voces de la poesía alemana. Es genial que de una maldita vez empiece a publicarse poesía europea de autores jóvenes para poder saber qué se está haciendo más allá de la frontera, joder. Uljana es joven, precisa, me recuerda a una especie de Ana Gorría pero más ruda. La Bella Varsovia no tiene aún distribución nacional, pero si les interesa el libro puede encontrarse fácilmente en Arrebato Libros (Madrid). Decía que era difícil decidirse por un libro de poesía de La Bella Varsovia porque en estos meses han publicado algunos muy recomendables: Introducción a todo, de Berta García Faet; Odio, de David Refoyo o El futuro es un bosque que ya ardió en alguna parte, de Juan Bello. Como anuncié, en septiembre aparecerá la antología en papel de Tenían veinte años y estaban locos, con 26 autores nacidos entre 1984 y 1992. Cuando la Feria del Libro de Madrid termine os enseñaremos la portada y la lista definitiva de los autores. Esto marcha. Gracias.


10. Ultraviolencia, de Miguel Noguera (Blackie Books).

A mí no me gustaba demasiado Miguel Noguera hasta que lo vi hace poco en la presentación de su libro. De hecho, ahora mismo creo que sólo me gusta él. Sólo sus expresiones. Su humor. Su “narrativa”. Él me hace reír. Cristo mal. Ultraviolencia es un catálogo de ingenio, de risas, de genialidad. Me enganché a Blackie Books gracias a Noguera. Mola la variedad del catálogo de la editorial. X, de Percival Everett es un libro muy bueno, a mi juicio, me gusta su prosa, y la historia. Ahora lo estoy terminando, pero tanto el libro como su autor (que actualmente está en España) nos han enamorado a todos. Tapa dura. Letras duras. Fin de la lista.


Y... bueno...

Hay algunas novedades que no están mal (o nada mal): La legendaria rebelión de los fumadores de Julio Fuertes (Papel de fumar), Obras completas de Lois Pereiro (Libros del Silencio), Contraataque de Siegfried Sasson (El Desvelo), Wendolin Kramer, de Laura Fernández (Seix Barral) o Vida de Pablo de Carlos Pardo (Periférica). Hay otros que me han decepcionado un poco como Dogos de Antonio Portela (Pre-Textos), Cuaderno de Saì Gòn, de Pablo Escribano (El Desvelo), Criaturas abisales de Marina Perezagua (Los libros del lince). Y sobre todo hay otros que no he leído y que quiero leer como La tierra nos agobia, de Jorge de Gimeno (Pre-Textos), Los enamoramientos de Javier Marías (Alfaguara), Chronic City de Jonatham Lethem (Mondadori), JOP de Jim Dodge (Capitán Swing), Lila, de Emily Roberts (Ediciones Oblicuas) o Porno Ficción de Diego Doncel (DVD). Aunque, quizá, después de tanta novedad editorial, de tantos libros que te miran desde las estanterías y te gritan y te taladran la cabeza y te vuelves loca, muy loca y se te quitan las ganas de leer pero luego quieres más libros, y vas a la Feria del Libro y ves TÓXICA de Françoise Sagan (Ático de los libros) y QUIERES MÁS, QUIERES MÁS, QUIERES LEER MÁS TENER MÁS CONSUMIR MÁS, AHHHH! Drogas. Libros. Drogas. Me gusta hacer listas. No sé por qué. Y ahora. Me voy a dormir. Ahh... Ahhhhhh... Ay. 
1:29am

17 mayo 2011

Susan Sontag renacida: viva, hermosa, ¿más?

Estoy leyendo Renacida, el primer volumen de los diarios de Susan Sontag editados por su hijo David Rieff y publicados en España por Literatura Mondadori. He seleccionado algunos fragmentos de las primeras páginas que me han "enamorado" especialmente quizá porque me siento identificada con algunos de los momentos que describe de su adolescencia, de sus primeras lecturas, su admiración a Dostoievsky y a los poetas europeos o su pequeño asco hacia Demian, -ese libro que yo odio y amo y ella odia y ama al mismo tiempo-. Aunque este año estoy bien servida de autobiografías y memorias, ayer lo dije en la presentación de Alma de Javier Moreno en Tipos Infames (Alvy Singer y sus Padres ausentes. Lolita Boch y su Ahora escribo. Julio Fuertes y La legendaria rebelión de los fumadores. Carlos Pardo y Vida de Pablo. Mercedes Cebrián y La nueva taxidermia. Patricio Pron y su El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. O el propio Javier Moreno y Alma. 2011: escritores taxidermistas de su alma, felicidad y el Yo a ultranza). Decía: aunque este año haya leído demasiadas autobiografías y memorias, hacía mucho que no leía un diario de un escritor. En los ejemplos anteriores es el propio autor el que se aventura a contarnos su vida o sus secretos, en el caso de Sontag es su hijo el que recopila fragmentos de su vida con el riesgo y con la pregunta de ¿estaría ella de acuerdo en editarlos? En cualquier caso, leer la adolescencia de una mujer a la que admiro como es Susan Sontag me ha servido para recordar ciertas cosas y ciertos sentimientos que en los últimos meses había olvidado (el trabajo, la Universidad, la precariedad, el dolor). Parece que cuando uno es "adulto" siente el dolor de manera distinta a cuando es más joven. Sontag me ayuda a Renacer: a clasificar y ordenar mis males, mis deseos, mis lecturas, mis ganas de devorar sexos, páginas y tardes apacibles de música y calor. Feliz verano. Feliz renacimiento. Feliz palabra. Continuamos:

Y ¿qué es ser joven en años y de repente ser despertada a la angustia, al apremio de la vida?

...

¿Cómo puedo ayudarme, volverme cruel?

...

Después de escribir esta última frase, la leo de nuevo y pienso en borrarla. Sin embargo, debo dejarla tal cual. Es inútil para mí consignar solo las partes de mi existencia que me satisfacen. (¡Son tan pocas de todos modos!)

...

¿Qué, me pregunto, me conduce al desorden? ¿Cómo puedo diagnosticarme a mí misma?

...

He leído la mayor parte de Los hermanos Karamazov y de pronto me siento sumamente impura.

...

¿Y qué soy ahora mientras escribo esto? Nada menos que una persona distinta.

...

Sé lo que quiero hacer con mi vida, todo esto es muy sencillo, pero en el pasado me era muy difícil saberlo. Quiero acostarme con muchas personas. Quiero vivir, aborrezco la muerte.

...

Estoy viva... Soy hermosa... ¿hay algo más?

...

Lema: "Wolle die Wandlug"- Rilke. (Desea todo cambio).

...

Así, en otra reflexión me descubro extranjera.
Ich bin allein. Estoy sola.
Susan Sontag

27 junio 2010

Como no me devuelvas el libro te mato.


Los libros de poesía española actual que me gustan son, digamos, algunos. Los que me han influido. Los que leí para crecer. Los que leí como principiante (que soy). Los que leí desde 2003 hasta hoy, e hicieron gran trabajo aquímuydentro son, digamos, algunos-muchos más. El otro día, mientras hacía como que estudiaba Derecho pinté mis apuntes con esos títulos de poemarios cuyos autores, creo, siguen vivos, siguen escribiendo -o no-, publicando -o no- ¿vivos, o no? No pretendo hacer ninguna antología personal (para eso ya está aquel texto de Poetry is not dead sobre los cuatro poetas más guapos de nuestro país -sepan que una tiene el gusto raro-). Tampoco pretendo dictar sentencia. Sólo revisar el pasado, eso que me gusta tanto. Comparar gustos. Épocas. Comprender qué autores. Qué influencias. Qué no influencias pero sí desvelo. Algunos de los autores a los que cito son amigos. Otros no son nadie (en mi vida, digo). Otros lo son todo y apenas crucé cuatro palabras. De todos merecen la pena, digamos, algunos. He procurado ordenarlos por fechas de lectura, no las recuerdo muy bien pero creo que fue así. Hay años, como 2007 o 2008, en los que apenas me acuerdo de qué leí, será porque no me interesó nada, porque no me gustó nada... no sé.
2003
Cinco años de cama, Roger Wolfe
Mi primer bikini, Elena Medel
Tenía doce años y empezaba a leer. Roger Wolfe era uno de los autores heredados de mi padre. Si te gustó Bukowski, te gustará él, dijo. Aunque a mí eso de la poesía aún no me convencía. Qué ascazo. Sin embargo allí estaba aquella chica. Elena, firmando libros blancos en mi ciudad. Me dedicó uno. Pues gracias. No lo toqué en meses. Luego volví a abrirlo. Jo-der. Qué divertido. Qué emocionante. ¿Dónde puedo conseguir más de esto? Me enamoré y vino la Generación del 27. Y Brines. Y esas cosas que ya no leo. Pero Jo-der. ¡Yo también quiero escribir!
2004
Bella durmiente, Miriam Reyes
Las moras agraces, Carmen Jodra
Híbrida, Leyla Ouf
Me gustaba leer a mujeres. Me llamaban más la atención porque eran más cercanas a mí y a mi circunstancia. Soñaba con hacer el amor y ahí estaban los poemas de Miriam Reyes. Soñaba con ser Lolita y ahí estaban los poemas de Leyla Ouf. Soñaba con ser suicida, acabar con todo, era medio punk y compré mi primer vinilo... ahí estaban (y siguen estando) los poemas de Carmen Jodra. En 2004 ya había escrito mi primer poemario Cuaderno nepalí. La primera versión llevaba citas de Antonio Machado, de Fangoria y de Depeche Mode. Tenía novio. Mi novio tenía pulseras de pinchos. Las pulseras de pinchos tenían gotas de calimocho.
2005
Frágil, Javier Rodíguez Marcos
Las máscaras, Antonio Lucas
Araña, Ana Gorría
Empecé a leer muchísima poesía, a publicar en sitos (lejanos a la revista literaria de mis padres). Ana Gorría se convirtió en mi hermana de sangre. Hemofílicas poetas y umbilicales. Su libro me llevó a la brevedad, comencé a mirar dentro de mí. Dejé la anécdota a un lado. Sucumbí algo. Profundo, entiendo. E hice el amor por primera vez (no con Ana, claro), sino con el chico de las pulseras de pinchos. Clip, clip, ay. Clap clap, umm. Clupa clupa, bang. Conocí a Antonio Lucas en un recital de mi ciudad. Me regaló su libro. Era (casi) la primera vez que un hombre mayor que yo me regalaba un libro. Además era el suyo. ¡Su libro! El de aquel tipo guapo. ¡Guapo! Vestido de naranja, me enamoré. Volví a soñar con hacer el amor, esta vez con él. Aquel poeta vestido de naranja. ¡Era periodista! ¡Lo que yo quería ser en el futuro! Cuánto echo de menos aquella sensación. Cuánto aprecié aquel libro. Aquella máscara diminuta y lunar. Pero yo era Frágil. Muy frágil. Tanto como para no despreciar el magnífico libro de Javier Rodrígez Marcos. Él me ayudó a escribir otro tipo de poesía. Uní anécdota y telaraña. Descubrí que un poeta podía hablar de su propia poesía. Descubrí que hablar de poesía era lo más difícil y hermoso. Cuerpo frágil y cerré la segunda versión de mi primer poemario: Cuaderno nepalí.
2006
Urbi et orbi, David Leo García
¿Estás seguro de que no nos siguen?, Antonio Portela
Me presenté a un premio que no gané. Yo tenía quince años. No pasa nada, eres joven, puta luna, eres joven putalunaeresjoven. Sin embargo aquel premio lo ganó alguien apenas dos años mayor que yo. David Leo García. (Qué chico guapo). (Qué bien escribe). (Me declaré fan). Compré su libro y lo llevé como estandarte durante mucho tiempo. Busqué su messenger. Nos hicimos amigos. Y en septiembre seremos vecinos. Le aprecio muchísimo. También aprecio a Antonio Portela: sobre todo por ser el único poeta que conozco que ha citado a Ana Curra, a Alaska y a Suede en un mismo poemario. Quizá haya ecos de su poesía en Exhumación. Quizá sea uno de los poetas más interesantes y ya nadie se acuerde. Bendito premio Andalucía Joven 2003. San Antonio. Después de Roma ¿dónde estás? Te espero con el Spotify a toda leche con la esperanza de volver a bailarte. (Pulse la letra morada y conozca la verdad).
2007
¿?
Este año comenzó en Niza y acabó en Almería. No recuerdo ni un sólo poemario que me llamara la atención suficiente. Quizá en esta época me nutrí más de otros que no fueran mis contemporáneos. Valente, por ejemplo. Eliot. En Lousie Glück. Roger Wolfe, otra vez. Ese hombre alto y oscuro. Escribí Mundo fantasma. Escribí Síntomas. Tuve no sé cuántos amantes con pinta de maricas franceses, italianos o afrancesados. Y otros que no os diré. Y otros que ya he olvidado. Y otros.
2008
Así procede el pájaro, Juan Antonio Bernier
Tampoco tengo grandes recuerdos de 2008. Mucha prosa, creo. Muchísima prosa. Kundera por encima de todo. Genet, Roberto Bolaño, Dostoyevski. Reconocer a las poetas suicidas. Plath, Sexton, Pizarnik. Y entre pájaros y jaulas recordé a Bernier. ¡Aún no había leído a Bernier! La brevedad naranja de su libro se hace inmensa en mi estantería. Algo delicado. Boceto de lo próximo. Para nada diminuto o de principiante como en aquella antología se dijera.
2009
Circus girl, Maite Dono
Acabado en diamante, Javier Moreno
Echado a perder, Carlos Pardo
Construcción, Vicente Luis Mora
Todo lleva carne, Peio H. Riaño
Este año fue el más interesante. También el más productivo. Escribí mucho y leí más. Sobre todo narrativa. Todo lo que no sabía de Bolaño, de Foster Wallace, de Lethem, de Fresán. Leí ensayo, leí a Eloy Fernández Porta, a Virginie Despentes, a Preciado. Y mucha, muchísima poesía. De mi obsesión por las Punk-Femmes adoré a Maite Dono. Quizá mi poeta preferida. Performer y cantante. Mi máximo referente hoy. Por su lenguaje y su expresión. Me arrodillo, siempre, me arrodillo. También lenguaje y expresión es lo que me gusta de Javier Moreno o Vicente Luis Mora. Acabado en diamante por su relación con la poesía de José Ángel Valente o aquella de Ana Gorría que hace años ya me interesaba. Javier Moreno y Vicente Luis Mora fueron dos ejemplos de lectura con los que comprendí que el Universo es una shit. Quiero decir. Comprendí que la poesía da asco y que los círculos de amistades, las rivalidades y toda esa mierda era un coñazo. Nunca había leído a Vicente. Es más. Sin haberlo leído lo odiaba. ¿Por qué? Por los prejuicios que siempre nos contagian los demás. ¿Qué me importa que a nosequién le caiga mal? ¿Qué me importan la Nocilla o los laureles si el poemario es tan bueno? Puede que Construcción no ejerciera ninguna influencia sobre mis textos pero sí significó una lectura amable, entretenida, hermosa: y es algo muy difícil en la poesía eso de entretener. Luego hay libros de los que todo el mundo habla y que a mí no me gustan. Sin embargo Carlos Pardo ganó mil puntos con Echado a perder: los lugares comunes que a mí me emocionan, las claves que me interesan, lo críptico de alguna imagen, a veces, por evidente que parezca, lo bien escrito... Es curioso que deje pasar en esta lista poemarios como El fósforo astillado de Juan Andrés García Román o incluso a David González, Mercedes Cebrián, Javier Gato, Luis Darío, Agustín Fernández Mallo, etc. He leído sus obras y me han interesado pero quizá no han supuesto un cambio, un golpe, un milagro dentro de mí, como sí lo han hecho los otros mencionados. Es curioso también que incluya en esta lista lo que en principio se considera una novela. Y no cito a Peio H. Riaño porque sea mi jefe y colega. Ni porque sea él el que me consiguió esta mañana un pase para el preestreno de Toy Story 3 (hihihi). Nada de eso. Lo cito por lo importante que fue la lectura de Todo lleva carne, sea poesía, a ratos, o no lo sea, a otros ratos, en la escritura de mis columnas de verano en Público así como en los poemas de Poetry is not dead. La denuncia. La frase-cuchilla. La narratividad del verso... Si incluyo aquí a Peio como referencia, tendría que hablar también de J. G Ballard o de Fréderic Beigbeder, por ejemplo, pero de ese tema ya he hablado en otros textos. Y aquí se habla sólo de poesía. ¿O qué?
2010
También mis ojos, Laura Rosal
En 2010 he leído a Sergio Gaspar, Cristian Alcaraz, Mariano Peyrou, Jordi Doce... he releído a Roger Wolfe, a Chantal Maillard o a Raúl Quinto. En 2010 sólo elijo, de momento, a Laura Rosal. Laura es mi amiga. Si hay suerte será mi compañera de piso el curso próximo. Me gusta emborracharme con ella y decir cosas guarras. A veces nos hacemos fotos enseñando las bragas o lloramos con las mismas canciones. A veces la odio y a veces la quiero muchísimo. Su primer libro nació de la mano del mío. Por eso siento la necesidad de volver a nombrarla. Compartimos más que edad y sexo. Compartimos referentes y formas, y enlaces de blogs, y, como siempre he dicho, es una de las promesas (junto a Marina Ramón-Borja, Enrique Morales, Ruth Llana o Álvaro Guijarro) y será reconocida en no mucho tiempo, si no lo es ya.
¿Y ahora qué?
Los libros de poesía son así. Abrazables. Desechables. Esputables. Meables. Mordibles. Adorables. Feos. Cortos. Pesados como metales. Inocentes. Nunca únicos. Siempre sustituibles. Fáciles de almacenar. Caros. Pero estos son los míos y no os los voy a dejar porque sé que los perderíais. Pues, ¿a quién le importa un libro de poesía? Sólo al dueño que lo ha sabido apreciar. Al que no lo ha sabido leer. Al que ha subrayado o puesto esa marquita que indica destello absoluto. Al que lo echaría a la hoguera. Al que simplemente lo envidia. ¡Joopé! Eso quisiera haberlo escrito yo.

03 marzo 2010

Plastic eye (o el nacimiento de Presspectiva).

De la mano de Israel Paredes llega Presspectiva. Una revista de arte, crítica, poesía, cine, ensayo... en la que caben muchas voces. Muchos iris. Ojos. Tacto. Con nombres que para mí son familiares como el de Jordi Corominas o el de Javier Moreno. También he hecho descubrimientos hermosos como el de Leticia Vera o Juan Carlos Parra. Este número cuenta además con un dossier dedicado a la narrativa norteamericana en donde Ibrahím (o Antonio J. Rodríguez, bla bla, como prefieran) nos acerca a la paradoja del superyó en David Foster Wallace. Mi colaboración de este número se llama Tengo frío y está dentro de la sección Plastic Eye con la que pretendo participar en cada número: versos y fotografías de viajes o de ciudades, a modo de diario. A modo de iris. De Ojos. De Corazón Plástico.

24 noviembre 2009

Mi novio es un zombie (reiniciando al monstruo).


Mi novio es un zombi
es un muerto viviente
que volvió del otro mundo
para estar conmigo,
mi vida ya tiene sentido.
Alaska
El viernes y sábado (27 y 28 de noviembre). Auditorio de La Casa Encendida:
Germán Sierra. Vicente Luis Mora.
Manuel Vilas. Jordi Carrión.
Agustín Fernández Mallo. Óscar Gual. Robert Juan-Cantavella.
Mercedes Cebrián. Doménico Chiappe. Eloy Fernández Porta.
Jordi Costa. Juan Francisco Ferré.

24 septiembre 2009

Voy de rojo y vivo con mi abuela.



No tengo un espíritu crítico. Y mucho menos espíritu económico. En la Universidad me pido un sándwich y una cerveza. Me fumaría las clases. Me las fumaría todas. Y todo. Me lo fumaría todo. Porque las tardes son soporíferas y el árbol de la ventana me hace señas: cuélgate de mis ramas, cuélgate de mis hojas, niña buena, pésima poeta, cuélgate de mis garras. Me encierro en el cuarto. Los periódicos de agosto amontonados. Ayer casi los tiro sin darme cuenta. Pienso en Público. Me divierte pensar en los ladridos. Me divierte. Es lo más divertido. Los ladridos que trajeron otros ladridos. Pero que dieron también poemas. Insultos y poemas. Lo más divertido. Los periódicos amontonados. Los libros de la biblioteca, amontonados. Y la ropa vieja. Y la nueva. Arrugada. Muy sucia. Las tazas de café y los apuntes. Los planes: quiero irme a vivir a México. A Oaxaca con Tryno Maldonado. Al DF como el viaje de Fresán (sólo me quedan cien páginas, los viajes Cercanías o los viajes literarios. Tiempo recuperado). Los planes: quiero irme a vivir a Barcelona. Con Wiener y la polla de Spiderman. Con Alpha Decay, para matar. Con Laia. Con Satán. Quiero vivir en Madriz. Quiero que Él me invite a minis de papas barbacoa. Quiero vías lácteas. Quiero sus páginas pleonásmicas. Me las fumaría. Me las comería todas. Árbol de la ventana, y tú que miras. A E. no le gustan mis poemas. Víctor me pregunta por Foster Wallace. Mm S., desaparecida, aparecida, Liz Norton secreta. El último disco de Death Cab For Cutie me recuerda a Francia. Sí, yo viví allí. Yo era de esas. De esas que se iban y no querían volver. De esas que volvían y se querían suicidar. De esas que si ahora regresaran se suicidarían. A E. no le gusta mi poema de Quimera. A E. no le gusta ninguno de mis poemas. A mí no me gusta ningún poema. Ni uno sólo. Quizá aquel de la luz de Javier Moreno. O aquel otro de las mujeres inmortales en la familia de Elena Medel. También me gusta abrir la ventana y escupir a los gatos, pintarle los pelos de la nariz al osito de peluche marica, follar ebria. A la hora de la siesta releo cosas. Todo lleva carne. Valente. Poemas de amor. Luego los apuntes de economía: no tengo espíritu, no tengo alma. El lobo grande se comerá a una niña. La abuela está sentada en el sofá del salón. Mis primas ya se han ido. ‘Te voy a dedicar el post’. ‘Oh. ¿De qué va?’ ‘De cosas’. Y el árbol me llama: cuélgate de mis telarañas. Sé mía. Caperucita.

05 julio 2009

Homenaje a las uñas de Deleuze.


Javier Moreno nos descubrió las inquietantes uñas (enormes, asquerosas, pinchudas) de Gilles Deleuze. Fue durante una agradable cena en el piso pleonásmico cuando se nos ocurrió este homenaje a Javi, por el descubrimiento, y sobre todo al solitario cortaúñas de Deleuze.

Vivan los conos matutano.

17 mayo 2009

No son poemas de amor.


Ramón Casas

Otra cosa es admitir que ningún ser lleva en sí
el principio de su existencia

De ahí la necesidad del lienzo
Javier Moreno

02 abril 2009

(600 Km. y 900 palabras de amor).


Abril es el mes más cruel. Criando sueños
en el desierto, mezclando hierbas
con hachís dorado, removiendo
las mentiras del alma.

22 marzo 2009

Nude.


Todos desapareceremos, aunque sean distintos
los modos de marchitarse

Javier Moreno

Finge que me crees cuando te digo que he plagiado al silencio. Que he vuelto a nombrar lo que temía: miedo crece, luna no, El Sol. El sol infecto de mi ventana. Un sol anciano e inútil. Miente. Miente sobre la Marea. Hay cinco pájaros arrastrándose en una ola. La vieja esfera no los quema. Pájaros sin amor. Pájaros como hienas. Finge que sus plumas tuvieron lugar en aquel Antro.

07 febrero 2009

12. Santas Formas.

Seré breve: redacto el texto número 12 al mismo tiempo que muerdo una manzana roja, brillante cual diamante, hiperbólicamente exquisita…
Ayer Hautor e Ibrahím B. se presentaron por sorpresa en Alcalá de Henares para tomar café. Fuimos al Continental y hablamos hasta que el horario de Cercanías nos lo permitiera. Como era muy tarde, de vuelta a la estación, les guié por un atajo oscuro. Expliqué que algunas de las calles eran nuevas. Antes, no sé por qué, estaban tapiadas. La última, la más estrecha, aún conservaba charcos de las lluvias de hacía dos días. Hasta aquel momento nunca me fijé en el nombre la calle: Las Santas Formas. Hautor, Ibrahím y yo opinamos que ese título era digno de de poemario. Llegamos a la estación. Nos despedimos. Volví a casa en autobús.
Esta mañana releo los poemas de Hautor mientras desayuno. Recuerdo, pasando páginas, las sombras extrañas de nuestros cuerpos sobre los muros de Las Santas Formas. El libro se titula Acabado en diamante. ¿Y qué forma más santa que la de una piedra preciosa, la de una manzana, la de una sombra descosida? Pasa, escribe, está oscuro. Pero qué hay sin oscuridad.