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23 noviembre 2012

La llegada del minotauro.

Bromeamos: Varou-fáker. Le digo ¿Puedes poner cara como de "le tengo muchas ganas a este libro"? La pone. Primero leí a Yannis y ahora a Yanis. En último encuentro algo extrañamente poético. Algo difícil. Muchas metáforas. Introducción. Sorpresa. Necesidad. Una cita. 

El filósofo alemán Schopenhauer nos reprendió a nosotras, las humanas modernas, por engañarnos creyendo que nuestras creencias y acciones están sometidas a nuestra conciencia. Nietzsche coincidió con él al sugerir que todas las cosas en las que creemos, en cualquier momento dado, no reflejan más verdad que la del poder de otro sobre nosotras. Marx metió a la economía en la estampa, reprendiéndonos por ignorar la realidad de que nuestros pensamientos han sido secuestrados por el capital y su ansia acumuladora. Por supuesto, aunque sigue su propia y férrea lógica, el capital evoluciona inconscientemente. Nadie diseñó el capitalismo y nadie puede civilizarlo ahora que va a toda máquina.
Tras evolucionar sencillamente, sin consentimiento de nadie, nos liberó rápidamente de formas más primitivas de organización social y económica. Generó máquinas e instrumentos (materiales y financieros) que nos permitieron apoderarnos del planeta. Nos permitió imaginar un futuro sin pobreza, donde nuestras vidas ya no están a merced de una naturaleza hostil. Pero, al mismo tiempo, al igual que la naturaleza produjo a Mozart y al sida usando el mismo mecanismo indiscriminado, también el capital produjo fuerzas catastróficas con tendencia a provocar discordia, desigualdad, guerra a escala industrial, degradación ambiental y, por supuesto, crisis financieras. De un tirón, generaba —sin ton ni son— riqueza y crisis, desarrollo y privación, progreso y atraso.
¿Podría ser entonces que el crash de 2008 no fuese más que nuestra oportunidad periódica para darnos cuenta de hasta dónde hemos permitido que nuestra voluntad esté subyugada al capital? ¿Acaso fue una sacudida que debía despertarnos a la realidad de que el capital se ha convertido en una «fuerza a la que debemos someternos», en un poder que desarrolla «una energía cosmopolita, universal que quiebra cualquier límite y cualquier vínculo y se presenta como la única política, la única universalidad, el único límite y el único vínculo»?
Yanis Varoufakis

28 septiembre 2012

Por qué y para qué escribir nuestro diario.

*
Hace un par de años se publicó uno de mis libros preferidos sobre la enfermedad, o uno de mis libros preferidos escritos por un narrador español actual, o uno de mis libros preferidos, así, en general, o de mis diarios preferidos -ya no sé-. Hablo de Diario del hombre pálido de Juan Gracia Armendáriz, publicado por Demipage, hermoso en forma y contenido, y altamente recomendable para los que quieran recibir una lección de... tantísimas cosas: descripción, gestión de las emociones -o de la intimidad-, o simplemente de lucidez. Hace menos tiempo, tan sólo unas semanas, salió a la luz lo que podríamos considerar la segunda parte de este diario (que en realidad es la tercera parte de un proyecto más ambicioso). Se titula Piel roja, y se puede leer de manera independiente a Diario del hombre pálido. Yo os recomiendo que leáis ambos, pues, aunque el último me ha gustado mucho, sigo prefiriendo aquel Diario.

Piel roja también me ha interesado bastante, decía, especialmente por algunas de las reflexiones que en él  han sido vertidas: sobre la paternidad, sobre las relaciones familiares, sobre los escritores que se mueren, sobre la literatura e Internet, sobre Philip Roth, sobre él mismo, sobre el dolor, y, claro, sobre la piel. De entre todas ellas he querido recuperar una cita de la primera parte que me ha parecido una suerte de síntesis de su poética y una definición perfecta de lo que para es para mí el impulso a la escritura. 
Atentos: 

Día ciento ochenta y uno

Afirma Nietzche que el enfermo tiene el alma más sana que el sano. No estoy tan seguro de ello. El enfermo perenne se enfrenta a sus límites emocionales con más frecuencia que el sano. Pero ese trato con las fronteras corporales no deriva necesariamente en un alma sana, ni siquiera en cierta higiene mental. Más bien suele ocurrir lo contrario. La fortaleza que uno creía poseer se tambalea. Aunque el enemigo sea un viejo conocido. Tal vez, por ese trato continuo con la enfermedad uno acaba desconociéndola, salvo los signos que anuncian el desembarco del dolor. Al enfermo lo gana el mal humor, la acedía, cierta desesperación sorda que no siempre consigue guardarse para sí. Puedo resultar insoportable. La piel no se endurece con el tiempo, sino que muy al contrario la corteza emocional se reblandece como la piel translúcida de una culebra. El enfermo muda de piel, pero debajo de la misma no hay escamas renovadas sino una capa cada vez más fina y sensible al abatimiento. Quienes rodean al enfermo, a su modo, también enferman. Se trata de un mudo marchitamiento del que el enfermo no siempre es consciente, ensimismado en su permanente auscultamiento. El enfermo está a solas con su dolencia, nadie puede traspasar esa frontera. Por eso, a veces, llora. Sólo me impongo una condición: siempre se llora a solas. El modo en que cada paciente aborda el hecho de su enfermedad es tan distinto como las facciones de cada enfermo. Salvador Dalí encabeza su libro 'Diario de un genio' con una cita de Montaigne: “Existe más diferencia entre un hombre y otro hombre que entre animales de diferente especie”. Dalí toma las palabras de Montaigne para subrayar su supuesta superioridad intelectual y artística. Aplicada la cita a los pacientes de una sala de hemodiálisis la frase recupera su sentido original. En ese espacio blanco caben todas las variables de las emociones: la desesperación, la ira, la resignación, el humor, el estoicismo. A veces las emociones se desbordan o son anegadas por un silencio abrumado o se esfuman en una verborrea que exime cualquier intento de autocompasión. Nuestras risas son buenos modales con los demonios. Este diario me limpia por dentro: antes que la reflexión, la simple narración de hechos es un desinfectante, como el azufre que se utilizaba para desalojar a los lobos de sus guaridas.
Juan Gracia Armendáriz





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* 
Una de las cosas que más me llama la atención de JGA es esta fotografía suya. Aquí se le ve feliz. Muy feliz al contrario de lo que pudiera parecer tras haberle leído o tras haber escuchado algo a propósito de su obra, y es esa sonrisa la que inunda finalmente los dos libros que aquí he citado: una sonrisa esperanzadora ante el dolor...como su literatura. 

14 abril 2012

Los estómagos (resumen ilustrado de lo que me obsesiona).




Buen diente, lector, y buen estómago, ¡eso te deseo!
Friedrich Nietzsche

Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido
Pere Gimferrer

Si viera un gato muerto me moriría pensando en el cariño que se le dio.
Begoña Callejón

17 febrero 2012

La Biblia de Monelle.




one day you see a strange little girl look at you

one day you see a strange little girl feeling blue

The Stranglers


Si me preguntaran por los nombres más grandes de la Literatura no dudaría en responder. Diría tres. Sólo tres. Dos de ellos serían reconocidos por todos, y el tercero (a mi juicio el más importante) les sonaría un tanto anónimo, quizá, por la ausencia de apellido, quizá, porque quien lo porta se denomina a sí misma “la que no tiene nombre”. No me refiero a tres grandes autores ni a tres grandes libros, sino a tres grandes protagonistas, heroínas, prostitutas y nínfulas: Dolores Haze, Alicia Liddell y Monelle. Hay en sus tres nombres una sobredosis de eles que provoca entre repulsión y ternura, una sobredosis de azúcar y éxtasis: Lolita-Liddell-Monelle. Hay en sus tres cuerpecitos el rastro de otros tres cuerpos oscuros y enormes: Nabokov, Carroll, Schwob.

De estas tres nínfulas, decía, Monelle podría ser a primera vista la más desconocida. Sin embargo Monelle también es la más amada, las más deseada, la más parecida a una bruja capaz de conceder todos los deseos del lector y de los hombres; o a una princesita de cuento de los hermanos Grimm, pues como en Las doce princesas bailarinas Monelle tiene once hermanas que la acompañan a lo largo de las siguientes páginas, hermanas tontas y sangrientas, princesas ingenuas y decepcionadas, amigas silenciosas y crueles... o bien, la ramera mágica del primer amor: ella es el desengaño y la pasión que nunca perece, como una huella de sangre de un beso infiel, como una voz bíblica, pesada, y el triste recuerdo de su decepción. Si según Borges los lectores y seguidores de Marcel Schwob constituyen pequeñas comunidades secretas (sin ir más lejos, él era devoto de su toda obra), los amantes de Monelle podrían ser los sacerdotes de esas extrañas sectas en las que la prosa oscura y la poesía macabra del autor sustituyen el Pan y el Vino, y en donde los iniciados deben recitar cada mañana los versículos de la primera sección, Palabras de Monelle, como si de Hombres-libro en Fahrenheit 451 se trataran.

Lo llamaremos La Biblia de Monelle, o como apuntó Ariel Dilon en el prólogo de la edición argentina: El evangelio de la inocencia y la piedad. Versículos, aforismos, nihilismo y anarquía en un texto apócrifo que se encuentra entre la voz de Zaratustra y la del Principito (aunque sólo si éste hubiera leído a Baudelaire, Rimbaud o Dostoievsky antes de salir de su asteroide B-612). Aquí cada cuento de la segunda sección, Las hermanas de Monelle, es comparable a los librillos contenidos en la Biblia cuyos personajes son casi siempre castigados para demostrar una moraleja divina, siendo en este caso la propia Monelle su máximo Dios, pues, en la tercera sección del libro es ella la que guía a los niños vestidos de blanco, con sus túnicas y sus pies negruzcos y descalzos: ¿quién no se dejaría llevar por esta diminuta paladina? ¿Eh? ¿Quién? Si como Diosa también nos miente, también nos seduce con inverosímiles historias y esperanzas: ella es la vendedora de lamparitas de aceite, y al igual que La pequeña cerillera de Christian Andersen, cada luz que enciende para nosotros no es más que un destello de ficción que poco a poco nos conduce hasta la muerte.

Un reino blanco. Un reino que no entiende de reyes porque sólo entiende de Monelle. Esta es la tierra baldía pero luminosa hasta donde “La Que No Tiene Nombre” nos ha empujado. Esta, la comunidad secreta a la que algunos de nuestros contemporáneos también han jurado (con sangre) pertenecer:

De entre el sudor, la oscuridad, el miedo,
el temblor sordo de la vida,
su dura confusión, su almacenar sombrío
surgió aquella niña, aquel rostro que busco
aquel recuerdo triste y esta luz que rescata
una tarde de 1850
aquella niña
y en la habitación vacía
(y ya era tarde)
yo cojo el azul
para ti
aguja que excava la carne que ya no siente
y ya era tarde
pero bajo la noche practicaron su arte.
Leopoldo María Panero


Se llama Louise. Es frágil, menuda y enfermiza,
silenciosa y abyecta. Casi no se la ve.
Sólo hay terror y angustia en los inmensos ojos
que le invaden la cara, dignos de Lillian Gish.
Luis Alberto de Cuenca


Un árbol te observa hacerte mujer desde el centro del universo. Y todo lo que tú quieres es su savia. Apoyarás los labios, como una profecía, en su corteza sangrienta y vieja. Renunciarás al cuerpo que amasaste con arcilla en tu ceguera.

Esa que veo en el mar, se va a transformar en atardecer.

Pero un día llegó por fin; tú, cara desfigurada, me dijiste: «olvídame, y te seré devuelta.»
Ruth Llana

Si me preguntaran por el nombre más importante de la Literatura, lo sé, dudaría en responder, porque habría olvidado su tormentoso apodo. Su difícil disciplina. Su destrucción o su amor. Su enseñanza y su Evangelio desaparecido.

Si me preguntaran por Ella... no lo pensaría dos veces...

Pero olvidadla.

Y volverá a ser nuestra.



***
Mi prólogo para El libro de Monelle, Demipage, 2012 ...la semana próxima en librerías.

04 agosto 2011

(3x1) Quinta entrega: entrevista a Constantino Molina, Judit del Río y Cristina Fernández Recasens.

Donde algunos necesitan párrafos extensos otros dicen: no sé. Donde otros escriben: no creo, otros recuerdan, comparten cada palabra... Por eso hoy traigo a otros tres autores: Constantino Molina (Albacete), Judit del Río (Segovia) y Cristina Fernández Recasens (Blanes). Constantino no ha publicado aún su obra pero ha ganado varios premios en su comunidad. Su libro inédito Están ustedes algo equivocados respecto a los poetas está plagado de ironía y brillantez y de este poemario hemos seleccionado los poemas para Tenían veinte años y estaban locos. Judit es otra autora inédita y muy joven, bloguera y fanzinera, estudia Historia del Arte en Madrid y es punk. Cristina es autora de Aprender a dibujar el viento, publicado hace año y pico gracias a un premio en cataluña. Su libro es uno de los mejores que he leído de poesía contemporánea en mucho tiempo, todo un descubrimiento. Es un placer contar con ellos, en el libro, y con sus respuestas: aquí.

*Para algunos de vosotros Tenían veinte años y estaban locos será vuestra primera publicación en papel. ¿Qué supone este hecho en vuestros planes como creadores?

Constantino Molina: Para mí ha sido una sorpresa. Lo cierto es que los cuatro poemas que entran en la antología pertenecen a un libro escrito hace unos cinco años, un pequeño pecado de juventud sin editar, titulado Están ustedes algo equivocados respecto a los poetas, que empecé a mover este año por curiosidad y que me está sorprendiendo por la reacción, bastante positiva, de quienes lo han leído. Para nada entraba en mis planes que se publicaran estos poemas ya que desde que empecé a escribir de nuevo, hace un par de años, ando por otro camino en lo que a estilo se refiere. No quiero decir que me arrepienta del libro, de hecho lo sigo alimentado de vez en cuando con nuevos poemas, pero he leído mucho más desde entonces y han pasado unos cuantos años. Es mi cajón de sastre particular, algo paralelo a lo que realmente estoy trabajando y a lo que dedico más tiempo y atención. Me parece que los poemas han encontrado su espacio en esta antología, aunque -quizás- no su tiempo. Estoy expectante.

Judit del Río: Quizá una cierta presión. Es como si ya no pudiera dejar de escribir, aunque tenga un secarral en la cabeza y ninguna gana. Se pasa rápido, a dios gracias.

Cristina Fernández Recasens: Esta antología no será mi primera publicación en papel. Pero bueno, igualmente me hace ilusión. Aunque no altera para nada mis planes. Ellos dependen de otros factores. Incluyendo incluso el metereológico.

Judit del Río

*¿Publicar en papel -en antologías, revistas, plaquettes o libros propios- es una obsesión o un fin en esta época reinada por lo digital? ¿Tenéis proyectos de publicación entre manos? ¿Os presentáis a premios? ¿Rechazáis la idea de publicar un libro pronto?

Constantino Molina: No suelo leer en digital. No es lo mismo sentarse a leer frente a la pantalla del ordenador que hacerlo frente a un libro en la terraza de casa e ir pasando las hojas y marcar la esquina de esa página donde hay algo que quieres recordar. También es cierto que el e-book, actualmente, tiene muy buenas prestaciones, incluso algunas ventajas a la hora de subrayar y tal, pero está claro que todo lector tiene esa parte fetichista con los libros que le hace gastarse una pasta cada mes.
La gran ventaja de lo digital respecto al papel es la difusión. Internet hace posible que se pueda difundir la obra de un autor de una manera impensable cuando nosotros nacimos, lo malo es que en tal torrente de información hay que tamizar mucho, en la red entra de todo. La edición en papel es más selectiva, aunque concretamente en poseía creo que la parte de enchufe y amiguismo también es muy importante a la hora de publicar y premiar…
Ahora trabajo en un libro recién empezado y con el que estoy disfrutando y aprendiendo mucho. Cuando esté terminado ya se verá, porque va para largo, no escribo, ni me marco un ritmo con vistas a la publicación.
Respecto a los premios, me he presentado en dos ocasiones. En el último año y medio me he presentado dos veces al Certamen Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha, en la primera de 2010 quedé seleccionado y, en la segunda de 2011, me dieron el primer premio. Siempre son un incentivo, si no eres conocido es la única forma de publicar y para ser sinceros: la remuneración económica y el reconocimiento nunca vienen mal.

Judit del Río: Claro que el papel es obsesión: valoro mucho la estética del libro, el formato cuidado y bien pensado; en este sentido me interesa mucho la labor editorial. Tenerlos es un coleccionismo funcional: me gusta comprarlos, acumularlos, trasladarlos adonde voy. Tengo algo con relativa cohesión en proceso, pero no creo que vea la luz. Quiero retrasar lo más posible el error de publicar algo absolutamente prescindible y tópico. Nunca me he presentado a un premio, pero podría planteármelo: dan pasta. No me creo esa historia de ganar renombre por ganar uno. No me creo esa historia de ganar renombre.

Cristina Fernández Recasens: Yo en ese sentido no me he integrado mucho en el reino de lo digital. Mayoritariamente sigo leyendo en papel. Ahora no tengo ningún proyecto de publicación entre manos. Después de Aprender a dibujar el viento he escrito Radical, un libro de poemas en catalán, lo he mandado a concursos pero no ha ganado ningún premio ni tampoco nadie se ha animado a publicarlo. Y no, no rechazo la idea de publicar.

*Unos tenéis blog y otros sois más activos en Facebook, Twitter y Tumblr. ¿Qué os han dado las estas plataformas en lo que a vuestra trayectoria y aprendizaje se refiere?

Constantino Molina: Sólo tengo Facebook, del resto no practico. Lo que me ha dado es estar en contacto con gente que de otro modo no me hubiera sido posible. Lo que me ha quitado son demasiadas horas que podría haber dedicado a otra cosa como la lectura, buscar níscalos o esfarajar las viñas (para contento de mis progenitores).

Judit del Río: Tuve blog antes que memoria. Ha sido el soporte perfecto para la evolución: pasé de escribir crítica y opinión personal a lo de ahora, que no sé ni qué coño es. También ha supuesto conocer otra gente, otros estilos, otros autores: todo eso es influencia. Facebook es una pollada que te permite postear en el muro de alguien que tienes al lado en el sofá, pero también, y fundamentalmente, me sirve para no perder contacto con gente que está lejos. Viva Gmail. A Twitter acabo de volver: es mi noticiero 24/7.

Cristina Fernández Recasens: Sólo tengo un blog y lo utilizo casi como un cuaderno más, un cuaderno distinto a los otros en el sentido de que está pensado para estar expuesto a la mirada de los otros. Es un cajón desastre: cuelgo cosas que se me ocurren, canciones, fotos, un poco de todo. Creo que conserva esa cualidad casi íntima de ser un poco un cuaderno porque tampoco recibe muchas visitas. Y las demás plataformas ni las utilizo ni las conozco demasiado.


*¿Y qué relación tenéis con vuestros contemporáneos -no sólo con los jóvenes o compañeros de antología, también con otros creadores coetáneos-? ¿Cómo han influido en vuestra obra o en vuestras ambiciones?

Constantino Molina: No soy muy de parnasos y exquisiteces. De la antología no conozco a nadie personalmente. A raíz de ella he empezado a hablar escasamente con alguno de mis compañeros a través de la red social y, por lo que veo, muchos están muy preparados. Lo poco que he podido leer de algunos de ellos me está gustando.
Con otros contemporáneos de nuestro país -de diferentes edades y generaciones- desde hace poco estoy empezando a tener relación, principalmente a través de mail y móvil. De mi ciudad, Albacete, si que comparto alguna conversación literaria, extraliteraria y otras cosas con algunos de ellos.

Judit del Río: Soy mucho de clásicos: tengo una deformación profesional muy grande que me hace acercarme a la literatura en orden cronológico. De cualquier forma, ver a gente joven que publica, y que publica cosas buenas, es una maravilla. Significa que eso es posible: anima.

Cristina Fernández Recasens: Tengo muy poca relación con ellos. No creo que me hayan influenciado mucho.

Constantino Molina

*Todos procedéis de distintas ciudades en las que imagino más o menos “movimientos literarios”. ¿Hacéis recitales, performances, actuaciones? ¿Participáis en la vida “literaria” de estos lugares?

Constantino Molina: La verdad es que Albacete en los últimos años está creciendo mucho en cuanto a movimiento literario y especialmente en poesía. Hay una buena nómina de autores reconocidos que, supongo, en parte son los culpables de que esto esté ocurriendo. Poetas como Javier Lorenzo, Andrés García Cerdán, Rubén Martín, Arturo Tendero y Luís Martínez Falero están haciendo que la gente tenga el gusanillo curiosear en este mundo, a parte de que están cosechando un buen número de premios nacionales (Adonais, Ciudad de Jaén, Barcarola, Juan Ramón Jiménez, Ciudad de Pamplona, Fray Luis de León, Emilio Alarcos…) lo que le da cierto nombre a la ciudad en este aspecto. ¡Si tenemos hasta un novísimo! -Antonio Martínez Sarrión- Qué más se puede pedir. Personalmente todavía no he participado en un recital, si que he asistido como público, aunque lo de recitar tengo que practicarlo porque me temo que no tengo ni idea, y me encantaría hacerlo bien. No hay que olvidar que ese es el origen de la poesía. Ahora estoy trabajando, para aportar mi parte en este movimiento, con una revista de creación literaria que ese llamará Abril, prevista para ser publicada a principios de 2012 y que contará -además de los poetas locales- con poetas de todo el país (Mestre, Marzal, Ramón Irigoyen, Manuel Vilas, Karmelo C. Iribarren) y espero que algunos de mis compañeros de antología. También estoy trabajando en un video-poema con Luís Sánchez para un festival de poesía que se celebrará próximamente.

Judit del Río: No soporto el rollo performático. He ido a algunos recitales y siempre te llevas sorpresas, claro, pero soy más de follar. O qué.

Cristina Fernández Recasens: No demasiado.


*Algunos os conocéis, sois amigos, otros ni siquiera habíais escuchado vuestros nombres antes de saber que compartíais espacio, de hecho, hasta la publicación en octubre de Tenían veinte años y estaban locos apenas os podréis leer en la red y en el Tumblr de origen. ¿Habéis hecho algún descubrimiento cotilleando la obra de vuestro compañero de al lado?¿A quién echáis de menos en un libro de estas características?

Constantino Molina: Como ya he dicho antes no conocía a ninguno de ellos y ahora estoy empezando a hacerlo. De todos ellos sólo he podido leer Introducción a todo de Berta García Faet, que recomiendo a todos, y tengo pendiente de leer El último verano de Alberto Acerete. Tengo que ponerme al día. Echar de menos, creo que a nadie, porque entre las edades que comprende la antología sólo conozco a Elena Medel, que por razones evidentes no está en ella.

Judit del Río: Hay gente que conozco, gente que leo en la distancia y gente de la que no había oído hablar hasta el Tumblr. Me gusta el buen rollo que ha generado conocer la lista. Ya me gustaba de antes David Leo García, aunque ha sido un descubrimiento relativamente reciente. Han sido una gran sorpresa Ruth Llana y Unai velasco. Me apetece leer con calma el libro. Gente ausente: Anna Lisa Marí me encanta, pero quiero (debo) conocerla más. Y echo de menos a Julio Fuertes, claro, por el compadreo que supondría compartir página.

Cristina Fernández Recasens: La verdad es que no he cotilleado. Tendré que esperar a que se publique el libro.


*¿Cómo pensáis que será recibida vuestra voz?

Constantino Molina: La voz de los poemas que aparecerán en la antología supongo que no dejará indiferente a nadie, por razones que el lector descubrirá en los primeros versos. Sólo espero que no sean malinterpretados y se interpreten como una invitación a la reflexión metapoética sin reparos.

Judit del Río: Una más entre la barahúnda. Hay superávit literario, es normal.

Cristina Fernández Recasens: Es una incógnita.

Cristina Fernández Recasens (retratada por Aitor Roger)

*¿Os da miedo la repercusión, la crítica, el comentario?

Constantino Molina: Tengo curiosidad. Desearía que, por ejemplo, Carlos Bousoño pudiera leerlos y me diera su opinión.

Judit del Río: No, por dios, que venga: crítica sincera, hiriente, anónima si fuere necesario.

Cristina Fernández Recasens: No, para nada. No tengo miedo a eso. No veo porqué debería tenerlo. Si se producen repercusiones, críticas o comentarios mejor que mejor. Para mi es una muy buena señal.


*Los lectores y vosotros mismos veréis la diversidad que hay en el libro, pero también apreciaréis que muchos tocáis temas comunes o tenéis influencias parecidas. Ya sé que es difícil... pero ¿cómo definiríais la poesía que hacéis? ¿Y cuáles son vuestras influencias, no sólo literarias, sino en general?

Constantino Molina: Creo que la mejor forma de definir un tipo de poesía es leyéndola, todo lo que se pueda decir de un poema está en el poema mismo. No soy muy de definiciones y poéticas porque al final siempre te quedas con la sensación de que no se corresponde del todo. Prefiero que lo hagan otros. Pero si tengo que definir el tipo de poesía que compone el libro del que provienen esos poemas, (y por hacer una aproximación a los lectores, ya que todavía no los pueden leer) diría que son una mezcla de metapoesía descarada, culturalista, divertida y llana -sin dejar de lado la hondura y la honestidad- con ruralismo. Los temas supongo que serán comunes en principio, pero el tratamiento será diferente en cada uno de nosotros. En mi caso, creo que la originalidad está en abordar los temas comunes desde una visión rural y sin complejos. Puede parecer una barbaridad mezclar en un mismo libro a personajes como Carlos V, Lorca, Dylan Thomas, Malcom Lowry, Roman Jakobson, San Juan de la Cruz, C. M de la Condamine, Nietzsche o Lucrecio con pastores, guardias civiles, el borracho del pueblo, una verbena o el joven agricultor con su coche tunning, pero esa fue la idea del libro y, cuanto menos, resulta interesante y divertida.
La naturaleza tiene un papel importante en mi poesía, entiendo que la poesía siempre ha tenido algo de subversión. Hoy día con tanto pensamiento atomizado que no lleva a nada, volver la vista a la naturaleza me parece de lo más subversivo.
En cuanto a influencias prefiero hablar de preferencias. En general la poesía que me gusta es la que se basa en la idea y la que a su vez es idea gracias a la palabra y la metáfora. La simple sinergia entre palabra e idea. Lo que viene siendo la poesía de toda la vida, vamos. Hace poco vi en una entrevista a Pere Gimferrer decir “La poesía es ante todo palabra e imagen, no idea” y claro, tratándose de un ilustre académico ya no sé qué pensar… pero la poesía puramente surrealista, dadá, de ismos y sin idea no es mi preferida. Está claro que las tonterías más gordas en literatura se han escrito en el género de poesía y alucino con los manifiestos de cincuenta páginas para justificar un poema. Si tengo que dar nombres sobre mis preferencias diré, en lo nacional: Eloy Sánchez Rosillo, Juan Antonio González Iglesias, Miguel Ángel Velasco, Andrés García Cerdán, (su último libro, titulado Carmina, es el que más me he disfrutado y más me ha emocionado de los que he leído en este último año y que saldrá próximamente publicado) Ramón Irigoyen, Guillermo Carnero a partir de El verano inglés, Julio Martínez Mesanza, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Ángel González, Cernuda, Juan Ramón y de los ya clásicos me quedo con Villamediana, Ausias March y Quevedo. De poesía internacional y clásicos: Trakl, Borges, Vallejo, Girondo, los poetas ingleses del siglo XVII (J.Donne, G.Herbert, A. Marvell), Leopardi, Auden, Henri Cole, Seamus Heaney, Baudelaire, Catulo, Horacio, Marcial, Juan de la Cruz… En novela estoy enganchado a Vila-Matas. Celine, Houellebecq, Dostoievsky y Proust han sido mis novelistas preferidos para lecturas de invierno y Melville o Jan Potocki de verano. En mi adolescencia me leí todo H. Hesse.
En cine disfruto especialmente con Buñuel. En cuanto a música soy bastante ecléctico, me pueden emocionar de diferente manera aunque al mismo nivel Camarón, Charles Mingus, Edith Piaf o Radiohead, aunque reconozco que mi preferencia es el rock independiente y en ese estilo he escuchado cosas buenísimas como StandStill (Viva la guerra me parece uno de los mejores discos de rock en castellano), PJ Harvey, Surfin´Bichos, Radiohead o Ratolines.

Judit del Río: Yo escribo de la enfermedad, del dolor, de la muerte, de la familia, del asco, de sexo. Un exorcismo feo y seco de lo que me preocupa ahora. Eso es el origen. No sé escribir de cosas que no me pasan. Mi imaginación es nula.

Cristina Fernández Recasens: Sí que es difícil. No sabría definir la poesía que hago ni cuales son mis influencias. Supongo que eso lo ven mejor los demás.


*¿A qué poeta os parecéis? ¿A qué poeta os gustaría pareceros? ¿A qué poeta dirán que os parecéis?

Constantino Molina: No sabe, no contesta.

Judit del Río: Hay Pizarnik y su eterna frustración por querer hacer y no verse capaz. Hay Lorca y la opinión sobre la sangre española: soez, necia y vertida. Miguel Hernández y su honradez son mi religión.
Me han dicho muchas veces que me escribo como Bukowski. Hombre: lean más a Bukowski. Se lo merece.

Cristina Fernández Recasens: Así de entrada yo creo que no me parezco a nadie. Quizás es que yo no soy capaz de verlo. Y no me gustaría parecerme a ningún otro poeta. No porque tenga nada en contra de ellos, al contrario.


*¿Por qué, después de todo esto, consideráis que estáis locos?

Constantino Molina: Lo de que estamos locos puede quedar muy bien, pero no pienso en la poesía como un lugar de excentricidades, por suerte los poetas de sombrero y bastón pasaron a mejor época -aunque quede algún despistado. Creo que la poesía exige serenidad, trabajo y aprendizaje continuo. Lo de ser un poeta loco realmente debe ser una putada, no creo que Leopoldo M. Panero sea muy feliz.

Judit del Río: Quién dijo qué. Los locos son ellos.

Cristina Fernández Recasens: Yo no creo estar loca. Como mucho diría que quizás lo estuve en algún momento. Pero ahora mismo no, definitivamente no. De hecho es Luna quien nos ha llamado locos a todos nosotros. Creo que nos debe una explicación.

18 diciembre 2010

Mis otros 10, de 1990 a 2010: la vida pasa más rápido de lo que una quiere y el amor sigue siendo extraño al recordarlo.



*Advertencia: muchos de vosotros
ya habéis leído esto que enlazo;  este texto
podría considerarse una ampliación
llena de contradicciones y  tonterías.

Me gusta hacer listas. Siempre, a final de año, hago listas. Cuando tenía doce años hacía las listas de los chicos más guapos con los que me quería enrollar en 2003. O la lista de mis discos de música preferidos, siempre encabezadas por los Red Hot Chili Peppers. Cuando vivía con mis padres en Almería, con la familia Gioanni en Niza o con mi abuela en Alcalá de Henares mis estanterías siempre se dividían por listas. Una balda para mis libros preferidos (que podía sufrir modificaciones según fuera leyendo libros mejores) y otra para el resto de los libros, ordenados, también por editorial. Soy muy maniática. Sí. Por eso he decidido hacer otra lista; cumpliéndose veinte años y pocos días de mi nacimiento voy hacer una lista de los mejores libros que he leído entre 1990 y 2010. Y cuando digo mejores me refiero a los que más me han influido, gustado o cambiado en mi trayectoria de lectora o autora. Comenzamos:

1. Lobito aprende a ser malo, Ian Whybrow, SM (El Barco de Vapor, Colección Azul). Este es posiblemente uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Creo que mis padre me lo compraron en la Picasso en mi primer año en Almería. Lo leí en 1996 o en 1997, no recuerdo. Lo llevé conmigo mucho tiempo. Me reí tanto, disfruté tanto, lo amé tanto. Las historias que le ocurrían a Lobito eran geniales y la forma de contar las aventuras (era una novela epistolar) me pareció muy original en ese momento, pues hasta entonces sólo había leído libros infantiles tontos y sin sentido (o eso me parecía a mí). Lobito mola. Lo recomiendo.

2. Rimas de luna, Antonio Ródenas y Asun Balzola (ilustradora), SM (El Barco de Vapor, Colección Piratas). Rimas de luna es mi primer libro de poemas. Me lo regalaron, no recuerdo quién, posiblemente por su nombre. Era un libro para Luna, ¡cómo no! Recitaba sus poemillas de amor por todas partes. Era cursi. Muy cursi. Era genial.

3. Todo Mafalda, Quino, Lumen. Mafalda era mi Biblia. Lo fue durante años. De los 8 a los 12 cada noche procuraba leer una viñeta. Muchas me las sé de memoria. Yo quería ser Mafalda. Quería ser una niña lista y divertida. Más lista que mis padres. Preocupada por el mundo y la política, etc. De los 8 a los 12 leí muchas cosas. El guardián entre el centeno, El lazarillo de Tormes, Don Quijote de La Mancha, La voz dormida, algún libro de política, algún libro de poesía que no me gustó, algún libro de Ángel Guache... Mafalda era mejor que todo aquello. Mucho mejor. Mafalda era mi Biblia.


4. La senda del perdedor, Charles Bukowski, Anagrama. Mi padre me regaló este libro de Bukowski a los 11 años. Creo que me veía como una especie de niña perdida: acababa de empezar en instituto y me juntaba con niñas calorras, Adriana y Laura, a las que quería mucho. Sin embargo ella salían, se enrollaban con chicos y fumaban. Parece que el remedio contra aquel miedo (el de convertirme en una fumeta pasota y cutre) pasaba por leer a Bukowski. Así fue. Me encerré en mi cuarto, me leí todos los libros de Bukowski, Kerouac, Burroughs, Ginsberg, Céline, Baudelaire y Roger Wolfe que pude y hasta los 13 no hice otra cosa. No salí. No besé a chicos. No fumé. Bukowski fue mi iniciador. Mi protector. Mi mayor y mejor influencia y amante. Gracias a él empecé a devorar libros de verdad. Todos los días, a todas horas. Cambié de amigos, conocí a Naira, a Xío, a Jacinto. Me hice medio punk. Llevaba chapitas y escuchaba Rancid y Eskorbuto. Besé a un par de chicos. Empecé a escribir.

5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama. He perdido mi edición de Lolita. Bueno, no la he perdido, la tiene mi primer novio (o segundo, o tercero, según la versión), Jacinto. Era una edición de Anagrama. La primera edición en España. El libro me lo regaló un amigo del que yo estaba enamorada. Un amigo treinta y siete años mayor. Nunca me gustó Lolita. Por eso esa edición se la regalé un año después, con quince, a mi novio Jacinto. Quería que él la guardara. Que él escondiera mi pasado. Mi yo-Lolita enterrado para siempre en la playa de Almería. En aquel tiempo leí mucho a Amélie Nothomb, pues sus novelas también hablaban de niñas mágicas, niñas lolitas, niñas adolescentes y hermosas. Lisa Dierbeck, Lewis Carroll, Bernard Schlink, Jeffrey Eugenides... e incluso algunos de los poemas de Cernuda empapaban mi cuerpo y mi cabeza. Mano de viejo mancha al cuerpo juvenil si intenta acariciarlo. Yo estaba muy enamorada y empecé a escribir mis primeros poemas. Abeja Maya, Sangre, Tu coche rojo (huiremos a Nepal en nuestro coche rojo...). Leonor y Machado como ejemplo a seguir. Lolita Lolita, Lolita. Y el poema, decía, Abeja Maya (noviembre de 2004, a mis trece años y tres días antes de cumplir catorce, muy enamorada de Él):

Abeja Maya

Correr.
Correr por las calles dándome igual lo que piensen.
-que más quieren, soy una niña,
al menos que de me dejen estos tres últimos días para disfrutar…-
Hoy corro, salto, río
(como una loca)
como el águila que vuela en libertad.
Cruzo el paso de cebras de puntillas y con cuidado
recordando mis años de bailarina.
Plectrude y su mirada.
Oh! qué insolencia, mira a esa chica.
-Perdóneme señora, pero soy una niña,
déjeme soñar,
tres días no son mucho.
No guardo las composturas, no.
Soy una nota de piano, comptine d’un autre été.
Sin preocupaciones, pero con cabeza,
porque tú y yo sabemos cuáles son las consecuencias,
y no quiero escribir a ciegas.
…Demasiada literatura beat en los bolsillos,
demasiadas paredes,
demasiados disfraces…
Hoy soy una niña con jersey de rayas amarillas,
hoy mis ojos son más azules que nunca, mirando al océano
mientras una voz susurra: en la profundidad
de lo insondable estoy…
Cuánta razón,
susurros de otro mundo,
ideas que vienen y van,
poemas compartidos.
Y nervios, como dice el gran Charles:
Cristo bailando folk-rock en mi pecho,
ritmos rápidos y lentos,
según mi distancia hasta el cuello de tu camisa.
¿Temes que alguien endulce tu vida más de lo necesario?
Empalagoso té de coco,
empalagosa colonia de moras,
hipoglucémicas muñecas rapadas al cero.
Y otra vez la calle,
la señora,
la farola,
la niña del jersey de rayas.
Quiero ser niña.
Quiero volar.
No quiero pasar mis últimos días de abeja
entre fracciones sin resolver.
Odio la miel.
De fondo, 
Sarah Vaughan,
y me quedan tres días.

(Almería, 3 de noviembre, 2004)

Lolita se resume en este texto: las letras de Fangoria intercaladas. Yann Tiersen. Las referencias a mis seis años de bailarina y su relación con el personaje de Plectrude en Amélie Nothomb, Sarah Vaughan en la radio de la habitación de mis padres. La diabetes aún reciente en mis venas. Tres días antes de cumplir catorce años. La literatura beat. Las referencias al cuello de la camisa de aquel hombre al que yo amaba. Aún virgen. Muy virgen e ingenua. Muy puta Lolita.


6. 99 poemas José Ángel Valente, Alianza. En 2005 empezó mi fiebre Valentiana. Incluso gané un premio (el de La sombra del membrillo) con un poema dedicado a Valente. Valente vivió en Almería y según mis padres hemos coincidido con él en más de un evento en la ciudad. Me cago en dios, pensé. ¿Qué coño estaba haciendo yo a los 6 años que no leía a Valente? Puto Lobito, puto Barco de Vapor. Si a esa edad yo hubiera conocido a Valente podría haberle dicho: señor José Ángel. No tiene ni idea de cuánto me gustan sus poemas. ¿Sabe que sé recitar Serán ceniza de memoria? Mire: cruzo un desierto y su secreta desolaciónsinnombreelcorazóntienelasequedaddelapiedraylossestallidos... nocturnosdesumateriaodesunadahayunaluzremotasinembargoyséquenoestoysolo... aunquedespuésdetantoytantonohayaniunpensamientocapazcontralamuertenoestoysolo...
tocoestamanoalfinquecompartemividayenellameconfirmoytientocuantoamololevantohaciaelcielo... yaunqueseacenicaloproclamo,CENIZA,aunqueseacenizacuantotengohastaahora. Cuanto se me ha tendido, a modo de esperanza. Y entonces el pobre José Ángel Valente hubiera dicho: llevaos de aquí a esta niña repelente, por favor. Y yo sería feliz. Muy feliz. Si al menos pudiera recordar su voz. Si al menos pudiera recordar ese recital de El Aula de Poesía de Almería en el que se supone que yo vi su rostro, sus gafas gruesas, sus manos de poeta... empezó una larga carrera. Una dura carrera Valentiana. Empezó mi desolación sin nombre. Y el desierto.

7.  El libro de Monelle, Marcel Schwob, Hiperión. 2006 y 2007 fueron mi Niza. Nueve meses pasé en la ciudad de la Costa Azul y allí tuve un amante francés y judío que me trató muy mal. Recuerdo que en aquel tiempo yo leía poetas franceses que me aburrían mucho. También leí clásicos que nos obligaban a comprender en el maravilloso Lycée Masséna donde estudiaba. Escuchaba My Dying Bride y Noir Désir. Me hubiera gustado hacerme gótica pero la ropa de H&M era más barata. Antes de ir a Niza mi madre me dejó El libro de Monelle. Menudo descubrimiento, pensé. Menudo puto libro, joder. En Niza lo pasé muy mal y si sobreviví fue gracias a ese libro. Compré una copia en francés y se la regalé a Thomas en diciembre de 2006. Se la regalé un día antes de que nos despidiéramos para siempre (él tenía novia y ahora, por Facebook, sé que van a ser padres). Le regalé una edición preciosa de Le livre de Monelle un día antes de quedarme sin él para siempre. Y entonces nació Síntomas y nacieron la mayor parte de los poemas que este año he publicado en Estar enfermo. Nació Sin-Thomas. Ese juego de palabras estúpido. Esa plaquette. Ese libro estúpido de mis dieciséis años. Leer Monelle me sirvió para deshacerme de Lolita. Lolita era una tonta-pop al lado de la sabia y preciosa Monelle. ¿Quién quiere ser Lolita existiendo Monelle? Cambié mi cuenta de correo de los diez años lunaticams@hotmail.com por lunamonelle@... cambié mi fotolog Luna Haze, por Luna Monelle. Cambié mi vida entera. Mi corazón entero. Ya no era la chica que amaba a los hombres mayores. Ya no era la tontita que escribía sobre abejas y caramelos. ¿Quién era ahora? Aún no lo sabía. ¿Y qué más da? La literatura, entonces, cambió para siempre.

8.  Así habló Zaratustra, Nietzsche, Alianza. En Almería, mucho después, conocí a Pablo el Oxidao. La literatura sólo me ha servido para enamorarme, ahora que lo pienso. Gracias a Pablo escribí muchos poemas. Muchísimos. Gracias a Pablo leí mucha poesía. Mucha filosofía. Recuerdo la lectura que hice de Así habló Zaratustra. Empezábamos a salir y me dejó el libro. No lo leí hasta la navidad, en Madrid. Fue un descubrimiento equiparable al de Monelle, la verdad. Nunca había leído una prosa parecida. Una prosa poética tan pura. Tan fuerte. Un poema largo que se extendía durante tantísimas páginas. Depuré mi poesía hasta tal punto que a los diecisiete sólo escribía aforismos. Trataba de sonar solemne. Trataba de transmitir esa fuerza de Nietzsche. Nunca lo conseguí, claro. Nunca. Devolví el libro a Pablo. Nos quisimos mucho durante mucho tiempo. Todo era poesía. Todo era poesía, y entonces, llegó la prosa. No la de Nietzsche. Llegó la prosa de verdad y todo cambió una vez más.

9. La extracción de la piedra de la locura y otros poemas, Visor Poesía. 2008 fue el año de las poetas muertas. En noviembre cumplí dieciocho años pero ya vivía en Madrid y ya conocía a Ibrahím Berlín. Pablo me regaló a Pizarnik. Quizá ese momento fuera lo último bonito que Pablo y yo vivimos. Esa extraña navidad en la que leí a Alejandra. Un amor acabó. Otro empezó, sin embargo. Ibrahím me dijo: lee a Bolaño. Pizarnik me dijo: lee a las poetas muertas. Y entonces el viento susurraba fragmentos de Foster Wallace y versos de Plath. Y el suicidio bailaba continuamente en mi cabeza. Y Anne Sexton, y Blanca Varela, y Louise Glück, y Anais Nin, y Virginia Woolf. Y escribí, escribí mucho. Los poemas de Alejandra Pizarnik me hicieron sentir muy femenina. Me hicieron sentir que la locura es como un pájaro. Me hicieron comprender mejor las letras de Lhasa. Volví a querer ser Monelle.

10. Los detectives salvajes, Roberto Bolaño, Anagrama. Querido Ibrah: mañana, domingo, es nuestro aniversario (no el oficial) (no el conocido) (sólo el nuestro: secreto y puro) (aquel beso y aquellas drogas y aquella cama en la que en silencio follamos). Querido Ibrah: antes de Foster Wallace tú también eras poeta. Escribías poemas raros rapeados, recuerdo. Y entonces me recordabas a García Madero. García Madero es uno de mis personajes preferidos de la ficción de este mundo. García Madero es una especie de Pleonasmo Chief de otro planeta. Un Pleonasmo aventurero, incómodo, rabioso. Querodo Ibrahím. Mañana se cumplen los dos años de nuestra relación. Todo empezó con Bolaño. A la mierda Wallace. A la mierda, te digo. Porque Lola Font sólo hay una y es esta, que te habla y te adora. La prosa y la poesía de Bolaño son emocionantes. Siempre que escribo pienso en él. Siempre que pienso en la literatura pienso en él. Y en esta lista de 10 libros magníficos él estaría el primero, siempre, porque es brutal.

A Bolaño lo leí en 2009 y desde entonces, en 2010, nada me ha impresionado tanto. Quizá La niña del pelo raro de Foster Wallace, Circus girl, de Maite Dono (en El Gaviero Ediciones), ese poemario que conozco desde que sólo era un manuscrito encuadernado en el almacén de mis padres, o incluso la poesía maravillosa de Dorothea Lasky, el gran descubrimiento de este verano. El año que viene sale a la luz la novela de mi novio. Y sé que también será un antes y un después en mi vida. Su prosa (hasta hoy) ha sido polémica y su forma de pensar pocos la comparten. En su novela soy una de las protagonistas y esto para mí, después de todo lo que os he contado, supondrá convertirme en parte de lo que amo, es decir, en parte de un libro, en parte del papel, en parte de un personaje femenino, hermoso y fuerte que no me merezco. Pero de Fresy Cool ya os hablaré en otra ocasión. Quizá cuando en 2030, si sigo viva, escriba la lista de mis libros preferidos entre 2010 a 2030. Y así de maniática soy. Y por eso hago listas en Spotify. Por eso hago listas de la compra. Listas de nombres para futuros hijos. Listas de cosas inútiles. Listas como poemas. Poemas como listas. Por eso escribo y por eso leo, porque estoy enamorada y si estoy enamorada no me siento tan sola. Creo.

Suena: ay.