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15 enero 2014

A propósito de Los estómagos.

Pablo Gallo
He visto cómo te embriagas con el rico olor de los mataderos
Joyce Mansour

En enero de 2012 empecé el primer borrador del proyecto poético que continuaría La tumba del marinero, titulándolo provisionalmente (y luego definitivamente) Los estómagos. Aquí habéis podido leer muchas citas, fragmentos o reflexiones a propósito de estos temas que tanto me obsesionaban: el hambre, la digestión, el vegetarianismo, la meditación, la recaída -metástasis, qué palabra-, el gato que detectaba enfermedades, etcétera. Desde entonces se han ido publicando algunos fragmentos en la red, y lo cierto es que me gustaría compartirlos con vosotros. Algunas son primerísimas versiones (queda corregir, pulir, reorganizar) y otras son sólo aproximaciones a lo que espero que sea el texto definitivo. Será un libro muy breve, creo, en comparación con La tumba. Espero terminarlo durante este 2014. Y bueno, aquí os dejo algunos de los fragmentos:

1. La jungla, en Revista Kokoro (España, febrero 2013)

2. Despertar en Rambla del Raval (España, blog de Rai Robledo, agosto 2012)

3. Pudrición del corazón, o corazón negro y Mi padre come cordero, en Revista Ombligo (Argentina, enero 2014 -también traducidos al inglés aquí: gokiburi)


5. Cerdo, Definición del vientre y Azor común en Escrituras Indie (Argentina, diciembre 2013)

6. Hilos de sangre, en El Cultural (España, marzo 2012)


Ah. Y antes de acabar me gustaría resaltar esta ilustración de Pablo Gallo. La encontré una mañana en su muro de Facebook. Me emocionó cuando leí que se titulaba "Meditación intestinal". Le escribí entonces y le pregunté si podría publicarla algún día en mi blog. Y aceptó. Es brutal, ¿verdad?

Gracias.
Buen día y buena digestión. 

20 diciembre 2013

¿Los 10 post más leídos de 2013?

Aleksandra Waliszewska

Esto es lo que ocurre cuando hago un repaso a las estadísticas del blog:

1. Niñas desnudas. Niñas locas. Niñas rosas (marzo):

Es muy gracioso que este post sea el más leído del año. Posiblemente el tiempo pasará, y lo seguirá siendo, pues poco tiene que ver su "interés" con el contenido. Lo publiqué en marzo a raíz de la salida a la venta de la nueva edición de Poetry is not dead (2010, en la desaparecida DVD Ediciones, 2013 en La Bella Varsovia). Según Google Analytics son más de 7000 usuarios los que han entrado a mi blog desde aquel momento buscando a unas "niñas desnudad". Qué mundo loco. Cuánto pervertido. 

2. La jungla, un poema (febrero):

Aquí anuncio la publicación de mi poema La jungla (perteneciente al libro que desde hace dos años vengo escribiendo, titulado Los estómagos) en la genial revista Kokoro. También me sorprende que tenga tantas visitas y, sin duda, os lo agradezco. El título, como podéis imaginar, viene de uno de los libros más brutales que he leído en los últimos tiempos: La Jungla, de Upton Sinclair.

3. La siempre polémica Marie Calloway (enero):

Los impresores de Tryant Books se negaron a sacar este libro, por lo obsceno de sus páginas. Eso me impresionó. Pensé que seguramente si Calloway fuera un hombre no hubiera causado tantos problemas. Me compré el libro por Amazon y lo leí divertida. Al final no resultó ser nada del otro mundo, pero sí se trata de un fenómeno gracioso y considerable dentro de la Alt Lit estadounidense. Se lo recomiendo a las blogueras locas que quieren leer a otras blogueras locas.

4. Mis diez libros favoritos de 2013 (diciembre):

Este post lo publiqué hace unos días, y poco más puedo decir. Desde 2010 me he sumado a la moda de elegir mis libros preferidos del año. Desde entonces, cada enero abro un documento word en mi ordenador y voy anotando una lista de mis lecturas favoritas. Si os soy sincera, esta año me he cansado bastante de las novedades. Cosas del trabajo y de la rutina. Sin embargo, desde 2014 seguiré ahí para poder contaros cuáles son mis libros preferidos, y cuáles creo que más podrán gustaros.

5. La tumba del marinero, un libro (marzo):

Marzo fue uno de los mejores meses de este año. Una vez terminadas varias traducciones que me tuvieron enero y febrero encerrada, me mudé de piso, dejé de fumar, dejé de salir tanto para procurar tener una vida sana, empecé a cocinar, a interesarme por la meditación, a trabajar desde casa y además publiqué La tumba del marinero en La Bella Varsovia. Como sabréis, este es mi cuarto libro de poemas, aunque a mí me gusta pensar que es el segundo, ya que creo que los tres primeros pertenecen a una misma etapa que La tumba sin duda cierra. El trabajo de Elena, Alejandra y Alberto es inigualable. Y el cariño que muchos de vosotros habéis mostrado desde que salió a la luz es una pasada. Millones de gracias.

6. ¿Por qué cuando Vice, PlayGround o Disorder hablan de libros lo hacen mejor que muchas webs de literatura? (agosto):

Desencantados con los suplementos culturales y con la mayoría de webs dedicadas a la literatura que conocemos, a veces da la impresión de que los lugares en los que encontraremos artículos verdaderamente interesantes sobre libros serán revistas de moda o de tendencias. Este año PlayGround ha sido muy importante para mí, y más importante lo será a partir de 2014. Pero eso ya es otra historia.


Este ha sido el año de los viajes mágicos. Rumanía en septiembre y Reino Unido en noviembre. Se quedó atrás Nueva York, pero hasta nuevo aviso, porque ya estamos organizando nuevas lecturas con Jacob Steinberg, o para presentar Vomit, espero que a lo largo de febrero. 2014 también estará, espero, lleno de viajes. Hoy mismo he tenido que rechazar uno de los proyectos que más ilusión me hacía de toda mi vida, algo relacionado con París y con la escritura. Sin embargo ahí están Estados Unidos y China en el horizonte. Sé que el trabajo merecerá la pena. Sé que los cambios merecerán la pena. Sé que los proyectos que me ilusionan saldrán adelante de una u otra manera. Este post es un reflejo de uno de esos viajes mágicos. La lectura de Museo de Cánceres (poema perteneciente a La tumba del marinero) en el 89plus Marathon de Londres, junto a Sam Riviere. Gracias por los comentarios. Y gracias por la polémica: eso siempre anima la sección de comentarios de esta casa.


Me autorregalé este libro en Sant Jordi y mereció la pena. Una historia cultural de la mierda, divertidísima y muy bien escrita. De hecho, este libro de Florian Werner es uno de mis preferidos del año. La cita, por lo que veo, causó sensación. A veces la gente llega a mi blog buscando "niñas desnudas", pero también buscando "pensar la caca". Por favor, leed a Werner.


Otra vez Marie Calloway en esta lista. Pero aquí junto a Sheila Heti (BUENAS NOTICIAS: viene en mayo al Primera Persona) y Gillian Flynn. Esta es una columna que publiqué en S Moda a propósito de la nueva "concepción del amor" en los libros de las tres autoras citadas. Colaboro en S Moda desde septiembre de 2012 y casi nunca suben las columnas a la red. Cuando tengo ocasión, las comparto aquí con vosotros. Me lo paso muy bien escribiendo para este medio, sobre todo porque llego a unos lectores completamente distintos a los que normalmente leéis este blog. A veces recibo emails de lectores de la revista que me comentan cosas en las que yo nunca me había detenido, y eso es maravilloso.

10. La escoba del sistema (enero):

Este ha sido el año de David Foster Wallace, también el de Plath y el de otros muchos autores que cumplían centenarios de tal o de cual, pero sobre todo el de David Foster Wallace. Su maravillosa biografía, su libro de ensayos inéditos, y la publicación de La escoba del sistema en Pálido Fuego han hecho que sus lectores y fans estuviéramos más que contentos. Este post no es otra cosa que un chiste. Me puse a limpiar la casa (la anterior, la de Rambla del Raval), vi el libro, y no pude evitar pedirle a Ibrah que me hiciera una foto... Y bueno. Esa es toda la gracia. 


Aquí se acaba el post. 

14 noviembre 2013

De cuando maté a Michel Houellebecq por error.


Gracias 89plus. Gracias Sam. Primero mato a Houellebecq, luego tengo un gallito, luego pronuncio mal esto y lo otro e incluso hay una lágrima. Pero aquí está la lectura. Y eso. Gracias.

15 octubre 2013

Elogio de la destrucción: post críptico a propósito de algo emocionante que aún no puedo contaros.

Sylvia y Ted vuelven a mirarme desde la pared: ¿vas a salir así?, me dicen, ¿con esa cara?, me dicen, ¿de verdad que vas a salir de aquí?, me dicen, ¡si tu sitio está con los gatos!, me dicen, ¡si tu sitio está con la escoba!, me dicen, ¡si tu sitio está con el hambre!, me dicen, y yo me sostengo el estómago y encuentro a dos voces que vienen de lejos y me recuerdan que algún día escribí un poema sobre cigarrillos y ajo, o que el Raval sigue siendo un lugar propicio para las historias de amor, o que no hace falta preocuparse de los egoístas. Me miran desde la pared: ¿con esa cara? sí con esa cara y junto a él y mira cuántos libros... Pero bueno. Ejem. Espero que no entendáis lo que digo.
Con eso me basta.

30 septiembre 2013

No hay vampiros en Transilvania, sólo perros románticos.


Cuvinte pasari cu aripi de sânge / Palabras aves con alas de sangre
Max Blecher


I
Cuando anuncié en mis redes sociales que me iba a un festival de poesía en Transilvania, todo fueron bromas a propósito de vampiros, mordeduras, y demás. Pero lo cierto es que en Transilvania no hay ni un solo vampiro… todo lo contrario: cada una de las personas de Sibiu que tuve el placer de conocer en todo caso se comportó como una extraña donante de sangre, donante de alegría, donante de literatura. No colmillos. Sí esa fuerza con la que golpeaban unas palabras que a mí me sonaban tan lejanas. Perros románticos, en resumen, todos estos poetas a los que admiré durante mi estancia. Porque sin duda fue una experiencia bolañesca de principio a fin. Una experiencia verdosa e inolvidable.


II
Lo primero que veo de Sibiu es un trozo verde de tierra. El avión está a punto de aterrizar. Son las cuatro de la tarde y no he comido en todo el día. En el bolso guardo un par de libros, entre ellos Cuerpo transparente, de Max Blecher, aquel que Nerea me regaló meses atrás durante la presentación de La tumba del marinero en Pamplona. Agarro nerviosa el pequeño poemario y leo al azar algunas palabras en rumano: Mâinile tale pe capul meu ca doua pe un singur mormânt. (Tus manos en mi cabeza como dos piedras en una sola tumba), y entonces el avión cruza el cielo limpísimo de Sibiu, y el trozo verde de tierra se ve salpicado por ganado de muelas doloridas y tejados de ojos inquietantes. Vlad y Catalina me esperan en el aeropuerto. En aquel momento yo aún no sabía que cuatro días después me despediría de ellos casi llorando de tanta pena que me produciría pensar que quién sabe… quién sabe cuándo volveremos a vernos. Catalina (que nació en 1995 y me hace sentir una señora muy mayor a su lado) me prometerá entonces una visita en primavera. Salimos del aeropuerto y me llevan al hotel. El verde se sucede en la ventana y Blecher resuena en mi cabeza. Más tarde llegaría Radu. Más tarde conocería a Andrea (Italia). A Emilian (Moldavia) y su mujer. A Tara (EEUU). A Roland (Hungría). Etcétera.


III
Radu es probablemente una de las mejores personas de este planeta. No hay nadie más generoso que él. Desde que lo conocí el año pasado en otro festival de poesía en Bruselas no hemos parado de escribirnos o recomendarnos lecturas. Conmigo es extremadamente amable y por alguna razón que no llego a comprender del todo (y que no sé cómo agradecer) no ha dejado de apoyar mi poesía, dándola a conocer en varias revistas, antologías o recitales de Rumanía. Radu es una especie de hermano mayor. Un genio de la literatura. Un buen amigo.


IV
In front of krokodil we raise our right arm
Our touch the
Place where our heart used to be
Vlad Pojoga


V
La primera mañana desayuno muchas cosas con chocolate. Son las nueve y consulto el correo, atiendo algunos asuntos del trabajo y me doy la ducha más larga del mundo. Roland se acerca a mi habitación para pedirme pasta de dientes. Al principio no le entiendo, mi inglés es horrible. Escribo un mensaje a Catalina para ver si Vlad y ella pueden recogerme en el hotel y mostrarme la ciudad. Cuando bajo, me encuentro con Andrea, el poeta italiano que vive en París y que resulta ser amigo de algunos autores que he leído bien, como Giorgio Vasta. La noche anterior, durante la cena, estuvimos hablando mucho de las diferencias entre la cultura española, francesa e italiana, y convenimos en que la repercusión de la poesía en esos países es bien pobre. Nada nuevo, vaya. Compartimos algunas referencias: a los dos nos encantan Bukowski y Cristophe Tarkos. Más tarde en el hotel pasaríamos un rato viendo el blog en el que colabora, uno de los más importantes de Italia: Nazione Indiana, y otras páginas de poetas cuyos nombres apunté por algún lado y ahora no encuentro. Pero la primera mañana, decía, la pasé caminando por Sibiu con Vlad Pojoga, hablando de su amor por Max Blecher y de todo el panorama actual de la poesía rumana. Vlad nació en 1993 (otro que me hace sentir más que vieja…), trabaja en una editorial (Casa Editora de Max Blecher), organiza lecturas, traduce a Palahniuk, traduce del rumano al inglés a sus propios compañeros de generación y habla un inglés perfecto. Él y Catalina son pareja desde hace tiempo, están todo el rato juntos y entre los dos publicaron la antología We fall asleep faster than we used to, en donde recopilan a varios autores de edades parecidas a las que podemos encontrar en Tenían veinte años y estaban locos. Vlad y yo tenemos sueños parecidos. Nos gusta buscar y buscar y buscar nuevos autores. Nos gusta la edición. Nos gusta ayudar a nuevas voces a darse a conocer. Nos gusta pasear en silencio, mirando las paredes y a los perros.


VI
Descanso un rato en el hotel y a eso de las dos me reencuentro con Catalina en la librería Humanitas (un lugar estupendo con una buena selección de literatura extranjera). Ella me lleva hasta una torre en la que Vlad, Andrea, Roland y Nicolae nos esperan. En la torre vemos una exposición 3D y contemplamos el “skyline” de Sibiu. De nuevo el verde asoma en el horizonte. Hay alguna nube. Abajo suena la música choni de la Octoberfest. Lo verde: tan de Sibiu. Lo choni: tan universal.

VII
Como polenta, queso y sopa de verduras. Cada vez se nos suman más poetas. Todos beben alcohol como cabrones. Especialmente el moldavo, con su cerveza negra. El moldavo de ojos azulísimos y risa de ruso.


VIII
They called me to sing for the dead
While they were playing cards
Drinking vodka and telling
Stories
Nicolae Avram


IX
Primeros recitales: Florin Irau, Andrea Anglese, Teodora Coman, Vlad Dragoi, Rita Chirian, Ioana Vintila, Tara Skurtu y Cristina Jidveianu. Las palabras en italiano, en inglés, en rumano. Ioana tiene quince años y una fuerza increíble. Dragoi presenta su primer libro del que puedo leer algunos versos en inglés e intuyo a un genial poeta que bien podría pertenecer a la Alt Lit. Tara lee un poema alucinante sobre un pájaro muerto (me encantan los poemas sobre pájaros, me encanta su poema sobre pájaros, me encantan los poetas que matan pájaros con sus palabras). Andrea me regala su libro. En la antología común leo esto y lo subrayo inmediatamente: I cannot not tell my story. I call this: autobiographical calamity. Cuando Rita sale a leer me emociono demasiado. Su poesía sobre la enfermedad, sobre los desórdenes mentales. Su manera de leer. Llevaba tanto tiempo deseando conocerla. Es tan guapa. Tan entrañable… Más tarde las cenas. Las risas. El pub (cuando llegamos suena Ramnstein “te quiero puta” y reímos). Luego la discoteca: Daniel, Nelu, Krista, Andrea, Dragoi y yo. Cantamos canciones rumanas como si realmente las conociéramos de memoria (ellos probablemente sí, Andrea y yo lo hacíamos gracias al tequila). Allí la noche es muy barata. Invito a cerveza a esos jóvenes poetas, porque ya (y para siempre) son mis amigos. A las seis de la mañana llego al hotel. Puedo hablar un poco con Ibrah por Internet. Me manda fotos de los gatos. Me echa de menos. Yo también a él.


X
Along the spine
Slips the blade of scissors
The black curves
The ligaments snap
Never the skull
Andrei C. Serban


XI
El sábado por la mañana consigo reunir los trozos de mi cerebro que perdí la noche anterior. Desayuno. Me ducho. Segunda tanda de recitales a las 11 de la mañana: Andrei Bodiu, Roland Orcsik, Daniel Coman, Stefan Manasia, Martin Woodside, Sinzania Sipos, Andrei C. Serban, Krista Szocs. Después pausa para la comida. Visita al museo. Tocar a los gatos gordos que viven en el museo. Comer queso (más queso, sólo queso). Paseo con Catalina (me casaría con ella). Conversación sobre vampiros (sí, que no hay vampiros en Transilvania, joder). Sus ojos son intensos. Me habla de sus proyectos de novela. Vuelta a la librería. Aurel Pantea. Luna Miguel. Catalina Stanislav. Nicolae Avram. Romulus Bucur. Vlad Pojoga. Ioan Serbu. Emilian Galaicu-Paun. Rita lee mis poemas en rumano y lo hace mejor que yo en español. El festival termina y todos estamos absolutamente satisfechos. Felices. Compro muchos libros. Muchos libros. Muchos libros. Vuelta al hotel a recoger los trozos de mi alma que el cansancio me quitó. Otra ducha. Tiritas. Me pongo guapa. Es hora de cenar.


XII
If i die i’ll let you eat
Me if you die you’ll
Let me eat you yes
Vlad Dragoi


XIII
Para un vegetariano es un poco difícil salir del país. Esto lo sabe Ibrah, que hace un mes estuvo en Kosovo y le fue tan difícil encontrar algo sin carne. Como cosas con queso por cuarta vez consecutiva. Bebo mucho vino blanco. He hecho bien al sentarme junto a Radu porque la noche, a pesar del cansancio, promete demasiado. Demasiado perra y demasiado romántica. Hablamos de libros. Hablamos de Bolaño. Hablamos de belleza… y de pronto… hablamos de pollas. ¿Qué? Roland y Tara empiezan a escribir insultos en húngaro y a traducirlos al inglés. La libreta de Tara, cuyo título es “Romania. Book”, se acaba convirtiendo en una especie de “Biblia para hacer amigos en el extranjero”. Curiosamente son los insultos croatas los que ganan por encima de todas las cosas. Florin dibuja una polla. El cuaderno florece de sexos. Pienso entonces en García Madero, y en Los detectives salvajes. Pienso en lo salvajes que estamos siendo esta noche entre vodka, vino y cava. Somos salvajes y reímos como salvajes. Qué amistad tan extraña nos une esta noche. Y jugamos al mejor juego del mundo jamás imaginado. (Un juego, me cuentan, que ya es tradición entre los literatos rumanos). Radu dice: “tenéis que imaginar un cuadro, ¿sí?. Un cuadro en el que aparecen dos hombres dándose por culo. Ahora tenéis que pensar en vuestros libros favoritos. ¿Vale? Cualquiera de los títulos que elijáis le irá como anillo al dedo –lol-, a ese hipotético cuadro. Veréis”. Efectivamente: Furor y misterio ¡hahaha!, Música de cañerías ¡hahaha!, Indignaos, ¡hahaha!, Cien años de soledad ¡hahaha!, Una temporada en el infierno ¡hahaha! Salvajes como perros terminamos la noche bailando de nuevo. Me quedan pocas horas para abandonar la ciudad verde de ojos en los tejados. El tequila termina de destrozarme. En la habitación, de madrugada, me doy la tercera ducha del día. Soy una perra romántica aullando en soledad.


XIV
Maybe solitude
Has eventually distended
The empty romos among synapses
“We must examine our pain”
Rita Chirian



XV
Radu Vancu: hermano, amigo
Catalina Stanislav: ojos azulísimos, cándidos
Vlad Pojoga: inteligencia, juventud
Rita Chirian: la admiro tanto
Andrea Inglese: elegancia
Roland Orcsik: alegría
Emilian Galaicu-Paun: literatura europea
Nicolae Avram: jazz
Stefan Manasia: canibalismo
Vlad Dragoi: Depeche Mode
Tara Skurtu: corazón
Martin Woodside: belleza californiana
Florin Iaru: alcohol
Ioana Vintila: el futuro
…


XVI
Con una resaca infinita me encuentro en medio del campo. No sé cómo he llegado allí. Quizá en el coche de Rita. Martin, Vlad, Catalina y yo miramos los ponis y los perros vagabundos. Aquello era un palacio. Mi men te es tá en o tro la do to do es muy muy muy muy verde. En el coche suena Radiohead como un himno. Un gran himno al bosque verde que nos rodea.
Mi men te.
Mi es tó ma go.
Mi do lor.
Mi ver de.
Medicina.
Comida china.
Me llevan al aeropuerto y siento que me mareo.
Abajo lo verde.
El ganado ya no nos salpica.
Las turbulencias me envenenan de miedo.
Abajo mis amigos. Los perros románticos.
Jamás vampiros.
Yo los vi bajo la luz del día y todos resplandecían.
Por un momento, por un solo momento la existencia del mundo se detiene.


14 septiembre 2013

Cinco cosas que quiero deciros y una cita.

Aleksandra Waliszewska
Alicia no puede estar en el poema, dice ella, porque
Es sólo una metáfora de la infancia
Y un poema ya es una metáfora
Así que tendríamos sólo una metáfora
Dentro de una metáfora. ¿Lo ven?
Mary Jo Bang

Uno. Los gatos. Los gatos tienen cicatrices. Los gatos tienen cicatrices y voz de niña: por eso me asustan. Hay un gato en cada uno de nosotros. A mí me caben tres en el estómago, y giran, y giran, con esas uñas crueles. Los gatos. Los gatos beben leche antigua. Comen proteínas. Me dejan dormir.

Dos. Después de tantos libros (Siddhartha Mukherjee, David Foster Wallace, Anatole Broyard) compartidos -casi leídos al mismo tiempo-. De tantos espacios comunes (eh, acabo de estar en el C3Bar, eh, acabo de pasar por esa misma calle, eh, acabo de ver a tu hermano I, que es con quien trabaja mi novio I, eh, eh, cuándo una mañana o una noche). De tantos sí, me gusta, el gato, la cámara, la foto de aquella casa. De tanto, por fin conozco a M. Y tomo cerveza con I, M y M. Y me quemo la piel porque el sol de septiembre es tan tonto. Y hablo feliz. Y siento la esperanza.

Tres. Acompaño a otra Miau a la tienda de tatuajes. En noviembre hará tres años desde mi última tinta/piel. De verdad que lo echo de menos. De verdad que lo necesito.

Cuatro. Jacob perfila los poemas mientras Jesús ultima la portada. Todo preparado para laedición estadounidense de La tumba del marinero. Todo preparado y perfecto para que las vísceras retumben en otro idioma. Sibiu en el horizonte. Londres en el horizonte. Nueva York en el horizonte. La poesía es una especie de agencia de viajes. Me sorprendo al imaginar tantos aviones.

Cinco. Salir corriendo. Salir corriendo. Te han robado un bien ¿preciado? Salir corriendo.  

30 agosto 2013

Hace cinco años se suicidó nuestro escritor favorito (o una aproximación a nuestra historia a través de David Foster Wallace).


Hace cinco septiembres se suicidó nuestro escritor favorito, aunque aún yo no sabía que aquel hombre robusto, difícil y colgado sería nuestro escritor favorito, de hecho, ni siquiera lo es, pero desde septiembre de 2008 hasta la fecha su nombre estuvo (y perdón por lo cursi de la frase) tan presente en nuestras vidas como la misma palabra amor.

Nuestra primera cita (documentada, más o menos, entre las páginas 115 y 122 de Fresy cool) tuvo lugar justo veinte días después de que David Foster Wallace decidiera ahorcarse. Así, cuando al fin nos encontramos (y después de haber cruzado unos cuantos emails y llamadas formales de Alcalá de Henares a Puerta de Toledo) una de las primeras cosas que me dijiste fue: ¡Qué pena lo de Wallace!, y yo: ¿qué pena lo de quién? Por aquel entonces mi altar literario estaba conformado por una lista de poetas que probablemente tú detestabas: José Ángel Valente, Charles Bukowski, Catulo, etc. Cuando mencionaste el nombre de David Foster Wallace yo jamás lo había escuchado, y cuando continuaste hablando de su fantástica prosa, de sus magníficas y ideas y de su gran importancia, yo no hice otra cosa que aburrirme (y avergonzarme), pues apenas me interesaba todo aquello que me contabas durante nuestro primer y extraño encuentro en el centro de Madriz.

Era octubre de 2008, yo aún tenía 17 años y muchos pájaros en la cabeza, y sin embargo la curiosidad me picó. La curiosidad por ti, y la curiosidad por David Foster Wallace. Comenzamos entonces a quedar cada semana. Comenzamos a enamorarnos (un poquito) el uno del el otro. Comenzamos a leer lo que el otro leía. Y comenzó a apasionarme lo que a ti te apasionaba... pero tuvimos que esperar a febrero o marzo de 2009 hasta que yo me atreviera a leer a aquel autor. DFW me daba mucho miedo porque sabía que comprender su prosa me resultaría complicado. Tú hablabas y hablabas y hablabas de él (e incluso tu narrativa, con la que más o menos por aquel entonces empezaste a jugar, se parecía muchísimo a todo lo que de DFW me contabas) y yo no quería ser menos. Me atreví primero con La niña del pelo raro y Extinción (me fliparon porque eran distintos a todo lo que había leído hasta la fecha). Con el tiempo lo demás. Lo que ya sabes. Lo que he ido contando en este blog a través de unos 64 post que ahora selecciono, te recuerdo y celebro:

  1. La primera vez que hablé de él y dije que me abrumaba. Leer a DFW era como tener una hiperglucemia, de ahí la referencia a sus Delitos! (Aquí)
  2. Cuando estaba triste, me hacía fotos en el baño y recuperaba sus citas más tremendas. (Aquí)
  3. Me obsesioné con el “rostro expresivo”, marca que luego aparecería tantas veces en el blog, en mis poemas e incluso en Exhumación (Aquí)
  4. El verano en Retamar, durante el cual casi termino La broma infinita de una sentada. Era horrible llevarse ese libro a la playa. (Aquí)
  5. Te compré Oblivion en Munich. (Aquí)
  6. Cuando te agradecí todas las nuevas lecturas que me habías enseñado (Aquí)
  7. “Toda mi vida he sido un fraude”, esa frase de DFW que te tatuaste en aquella tarde maravillosa de tinta y sangre (Aquí)
  8. Una montaña entera con sus libros, si los juntásemos a los que ahora guardamos, sería el doble de alta. ¡Tenemos hasta tres ejemplares de La broma infinita! (Aquí)
  9. Empecé a trabajar en Random House Mondadori también durante un septiembre (hace ya dos años de eso) y me traje este librazo de la oficina. Tú ya lo habías leído en inglés. (Aquí)
  10. También te hice una entrevista, y charlamos sobre él (Aquí)
  11. Hice un chiste con “La escoba” de su sistema (Aquí)
  12. Su nombre apareció en La tumba del marinero. Y le otorgué un cáncer. (Aquí)
Por todas estas cosas me da mucha rabia cuando dices que ya no te gusta David Foster Wallace, o que ya estás cansado de él. Porque sin sus libros no seríamos lo que somos. Porque sin él la historia sería distinta... no sé. Es posible que exagere. De hecho ayer me reí mucho cuando por la noche, en la cama, yo leía la biografía de DFW que Debate acaba de editar (Todas las historias de amor son historias de fantasmas, de DT Max) y tú apareciste en la habitación con tres poemarios de Lorca, Rilke y Catulo. Hace cinco años habrías sido tú el pesado de la biografía y yo la pesada de los poetas clásicos. Hace cinco años, cuando a él le quedaban pocos días para acabar con su vida, y a nosotros un mes para conocernos. Casualidades así me hacen muy feliz y hasta me dan miedo. Pero qué te voy a contar si todas las historias de amor son...

En fin.

Qué cosas. 

11 agosto 2013

«No me creas capaz de vencer a la muerte.»



Todo lo que no se come hace bien a la salud.

*

Para Littré panser es lo mismo que penser, porque si se quiere panser (medicar, curar), en primer lugar hay que pensarlo. Luego, como decía Paré, es Dios quien cura.

*

En el punto culminante de sus arrebatos oratorios Hitler eyaculaba; era el momento en que la Muchedumbre estaba más estrechamente subyugada a él. Se cumplía así una cópula monstruosa, un incesto no previsto por los códigos sagrados. La Muchedumbre fecundada, encinta de demonios que tardan poco tiempo en salir de su barriga. Así se explica cómo un solo hombre puede ser padre de tanto mal.

*

Es mejor morir vaciándose que llenándose, y mejor de hambre que de indigestión.

*

Mamzer be-nid-dah (Concebido en el Menstruo) es una enorme injuria judía. Aseguran los talmudistas que el mamzer be-nid-dah está destinado al vicio y a la enfermedad, borracho, loco, epiléptico, asesino, cretino. Nada puede salvarlo. ¿Pero quién demonios ha sido mamzer be-nid-dah?

*

Si un niño maltrata a un animal, aunque éste sea grande, hay que pegarle, porque el más fuerte y el más malo es él.

*

Las partes que encierran más olor son aquellas en las que se contiene más alma. El ojo, que carece de olor, es espejo, no alma. Añadir perfumes al cuerpo es añadir alma o fingir que se tiene, si ésta falta. Los olores demasiado fuertes se nos han hecho desagradables, porque el exceso de alma es tanto más intolerable a medida que la civilización reprime y frena la animalidad natural.

*

Horacio tenía mala vista (lippus), Virgilio digería mal (crudus). (Pero esto tampoco quiere decir que Horacio tuviera buen estómago). Dice Hermann Broch (Der Tod des Vergil) que Virgilio moribundo era una Planta Vidente; su estropeado estómago se había esfumado. Convertirse en planta es más hermoso que exhalar en la muerte olor de santidad.

*

El cerdo, máquina de carne (Corriere della Sera). Sólo cinco kilogramos por barba en Italia; cuarenta en Alemania. ¡Ánimo! Desarrollad las mandíbulas. Cerdo para carne. El que usa esas expresiones, el periódico que las tolera, es divulgador de lo obsceno, de la obscenidad como mal agüero. Esa pobre carne ofendida se vengará.

*

Una amiga enferma de cáncer nos cuenta lo que es quedarse sola ante una máquina que irradia sobre su pecho el Cobalto 60. Es una máquina que habla: un zumbido extraño que a veces se alza, a veces cesa. En un aislamiento completo, con una puerta pesadísima a la espalda, surge ese compañero ambiguo, que se sabe mortífero, rehuido y temido por todos, que contigo debiera siempre mostrarse lleno de benevolencia y, a cambio de dinero, curarte. ¿Pero qué lengua habla ese monstruo? ¿Qué advertencias murmura? ¿Qué cuenta? Tal vez habla de otros que han pasado por allí, y que han muerto, y te recomienda que no te hagas ilusiones, honestamente te ruega: «No me creas capaz de vencer a la muerte.»

*

Lo sagrado da miedo. Pero también su ausencia, también el mundo desacralizado, sin reglas, sin prohibiciones. Libres, no podemos existir. Hay que elegir aquello que más consuele.

*

Alimentada con sangre de esquizofrénico, la araña teje telas enloquecidas. (Nicolas Bercel, Araignées schizophrènes, en La Presse Médicale, mayo de 1957). La civilización humana dominante es hoy un gigante esquizofrénico que inocula su sangre, metódicamente, a toda naturaleza viviente; y la araña Tierra fabrica desesperadas y cada vez más frágiles las telas sobre las que apoyamos nuestros pies de hierro, nuestros pies de locos homicidas.

*

Los productos farmacéuticos para perros y gatos tendrían que experimentarse antes en el hombre, metido en perreras hechas a tal efecto.

*

Defecando se puede pensar en la vida y en la muerte, comiendo se puede pensar en todo, pero muy mal, en el coito no se puede y no se debe pensar en nada. Es vaciamiento místico. Pero para todos.

*

Según un macrobiótico la masticación refuerza los órganos sexuales, porque están conectados (doctrina oriental) con los músculos de la mandíbula. Se puede juzgar, en los masticadores voraces y apresurados, el grado de impotencia. La conexión es más que posible, tratándose de una única hambre.

*

Los hombres alimentaban la sospecha, y la esperanza, de que las mujeres fueran inmortales. Con un esfuerzo heroico, han conseguido que el parto dejara de asesinarlas. Ello ha hecho a las mujeres sicut Deae, y el desecamiento del viejo cenagal de los males ginecológicos es un paso todavía mayor hacia la inmortalidad femenina. En el futuro las mujeres vivirán dos o tres mil años, el hombre volverá a vivir treinta o cuarenta, y sólo las hembras tendrán alguna posibilidad de ver morir a su madre.
Guido Ceronetti




*Gracias a Helena B. por recomendarme 
El silencio del cuerpo (Acantilado), 
libro al que pertenecen estas 16 citas

19 julio 2013

Cuaderno de mar y víscera.










Todas las imágenes pertenecen al cuaderno de mi amigo Jesús Bosqued, y son de un proyecto (obviamente relacionado con La tumba del marinero) que tenemos entre manos. Desde que el libro salió han aparecido algunas reseñas y comentarios preciosos y amables. Creo que las páginas del cuaderno de Jesús son una de las mejores lecturas que se hayan podido hacer. Resumen a la perfección esos poemas de mar. Miles de millones de gracias. 

01 julio 2013

Tumbas, pajarracos, anclas y otras noticias.


Aquí viene un post informativo, breve y lleno de links:

1. En las últimas semanas se han publicado algunas entrevistas que me han hecho en varios medios y que quiero compartir con vosotros. La primera es la de Pliego Suelto, y en ella hablamos, sobre todo, de la creación en Internet (ver aquí). La segunda es la de Cadillac, una revista Italiana en la que me preguntan por el estado de la poesía más joven en España y en el mundo (ver aquí). La tercera y última es la de Tender Journal, una revista inglesa sobre creación hecha por mujeres, en la que charlamos sobre poesía y mujeres, sobre poesía y sobreexposición en las redes y sobre Bluebird and Other Tattoos (ver aquí). Millones de gracias.

2. Precisamente de Bluebird and Other Tattos se publicó una reseña el otro día en I AM ALT LIT (ver aquí). Una reseña que me hizo mucha ilusión porque sigo este Tumblr desde hace tiempo y en él he leído las reseñas de algunos de mis libros preferidos de los jóvenes autores norteamericanos. Millones de gracias, otra vez.

3. Hoy estoy feliz porque a lo largo del día entró a imprenta la segunda edición de La tumba del marinero  y también la antología de poesía norteamericana que El Gaviero y yo (y todos los geniales traductores) llevamos casi tres años preparando: Vomit. Pronto os mostraremos la portada, y algún poema, y veréis qué genial ha quedado. De La tumba del marinero tengo más buenas noticias, pero aún no puedo contarlas. El otro día lo presentamos en la librería Cálamo de Zaragoza, con Alberto y con Vilas, y fue precioso.Así que millones de gracias, otra y otra vez. 

4. Aquí (en este link) recomiendo algunas de mis lecturas del mes de junio. No os perdáis a Fleur Jaeggy hablando de Marcel Schwob. Ni a Judith Schalansky dando lecciones sobre cómo sobrevivir.

5. Creo que eso es todo. Ah. La de la foto soy yo antes de cortarme el pelo, en un pantallazo del iPhone llevado a Instagram. La foto original me la hizo Mai Love, que este viernes estrena exposición de fotografía en el Inusual Project del Raval. Habrá chicas desnudas y cerveza. Y será divertido.

Ahora sí. 
Eso es todo.

20 junio 2013

Dos libros que no me cambiaron la vida pero que sí removieron mis entrañas.


I. Cuerpo transparente, de Max Blecher

A principios de junio estuve presentando La tumba del marinero en Pamplona, en el marco del festival Letrajoven 2013. Es una sensación muy extraña esa de ir a un lugar en donde no conoces nada (y prácticamente a nadie), pero del que vuelves llena de cosas fantásticas. Después del recital y de la cena con los simpáticos chicos del club de lectura, llamé a Roberto Valencia (con el que ya había coincidido en un par de ocasiones) quien me estaba esperando en algún bar del centro (ya no recuerdo nombres, sólo tercios de cerveza y canciones) con un par de amigos y Nerea (la mejor librera del norte, según cuentan, y yo lo confirmo).  La noche fue divertidísima (me columpié con Valencia, canté Shoud I Stay Or Should I Go, aguanté hasta las tantas en un antro oscuro, hablando de cosas muy íntimas con N.), pero lo mejor y más entrañable de todo fue el regalo que ella me puso en las manos. Se trataba de un libro diminuto. Seguro que lo conoces, dijo. Pues no, para nada, dije. Entonces sé que te va a encantar, dijo. Y tuvo razón. Guardé entonces el pequeño libro en mi bolso y lo saqué para leer al día siguiente, en el tren de vuelta, aún resacosa. No sé si fue por el dolor de cabeza. Por el mareo. Por el paisaje gris. Por el silencio... pero cada verso que leía iba cavando muy hondo dentro de mí, y entonces, a cada poco, tenía que apartarlo. Guardarlo. Olvidarme hasta un rato después. Demasiada belleza e intensidad en esas páginas, por otro lado, tan breves. ¿Y cómo puede un libro tan diminuto convertirse en un artefacto tan demoledor? Leo en el prólogo que además este es el único poemario de Max Blecher. Que murió joven tras una larga enfermedad y que su estética surrealista se acerca (e incluso supera) a las poéticas más famosas de entre sus contemporáneos. Personalmente, cuando lo leo, me recuerda a René Char y a Joyce Mansour. Y quizá no tenga nada que ver con ellos, o sí, pero sus obsesiones con la víscera, el sueño y lo animal me resultan muy cercanas. Leo en el prólogo, también, que a diferencia de otros Blecher no ve la enfermedad sólo como un tema literario más -no describe únicamente sus síntomas externos- sino que la siente como una vivencia diaria. Como Mansour, de nuevo. Como Char, de nuevo. Como Stanescu, de nuevo. Como la poesía que continuamente ansío y colecciono.

Tus manos en el piano como dos caballos
De cascos de mármol
Tus manos en las vértebras como dos caballos
De cascos rosados
Tus manos en el azul como dos pájaros
De alas de seda
Tus manos en mi cabeza
Como dos piedras en una sola tumba
Max Blecher



II. Diario de una enfermera, de Isla Correyero

Cuando llegué a Atocha escuché algo terrible por la megafonía: Talgo con destino a Almería, vía seis. Cuando el loquendo anunció tal cosa me entraron unas ganas tremendas de subirme al tren y de ir a visitar a mis padres, así que decidí sacar unos billetes para el día siguiente y dar así una sorpresa a Ana Gaviera, que, sin saberlo, me esperaba en un pequeño restaurante de La Fabriquilla, rodeada por la sierra de Ágata y por el aire. Durante el trayecto y la estancia, yo llevaba Cuerpo transparente en mi bolso y lo leía de cuando en cuando, entre horas de estudio, entre paseos o comidas con mis padres, entre la lectura de Raúl Zurita (otro que abarcó mis pocos días en el desierto, pero que no me enamoró como esperaba... bueno, sí, aún tengo en mente una montaña de mar y otra de margaritas), etcétera. El penúltimo día que pasé con ellos descubrí por casualidad que en la estantería que se encuentra frente a la habitación en la que he vivido tanto tiempo, había otro librito (este un poco más extenso y alargado) del que alguien me había hablado en Facebook precisamente cuando subí algunas citas de la poesía de Joyce Mansour a mi blog. Se trataba de Diario de una enfermera, de Isla Correyero. Un libro que siempre había estado ahí, repito, pero que yo jamás había visto. No sabía que teníais este libro, mamá, dije. Hay tantas cosas que no sabemos que tenemos..., contestó. Lo abrí por la primerísima página y me emocioné mucho ante la idea de tener ante mis ojos el que podría ser uno de mis próximos libros preferidos sí o sí. Y así fue. Le pedí a Ana que me lo dejara y me vi llenando la maleta con las voces impresionantes de Blecher y Correyero. Entusiasmada por acabar el examen que me esperaba en Madrid, por terminar el Sónar que me esperaba en Barcelona y por poder regresar de nuevo a esta mesa, a estos libros, a estas enfermedades. Si en Cuerpo transparente encontré las similitudes citadas más arriba, con Diario de una enfermera no pude dejar de pensar en Mansour (esta vez en Islas flotantes), así como en Tóxica de Françoise Sagan o incluso en algunos momentos de la prosa de Zurn. Una literatura, la de Correyero, no construida desde la enfermedad sino desde los largos y enigmáticos pasillos de un hospital. Aquí la poeta ve la cara de los enfermos, pero también la de los doctores y la de la propia muerte. Otro libro más que se convierte en bibliografía obligatoria y que a los que rondáis este blog os interesará sin duda.

Porque los mejores libros, creo, no son los que nos cambian la vida, sino los que atentan de lleno contra nuestras entrañas.

He visto el dibujo de la enfermedad y el ramo verde de su rigurosa manifestación, pero no sé en quién está encerrada.
Hay un velo dichoso en la sonrisa de los sanos que se vuelve oscuro en un momento y algo empieza a caer, a perseguirnos, a limitar el punto de la parte herida.
De pronto, el corazón, el hígado, la sangre, el útero, la piel, el áspero ronquido de la voz, la pierna, los riñones, la cabeza.
¿De dónde viene el débil silencio que aparece rodeando la dulce anatomía de un destino humano?
Caemos a la terrible enfermedad sin aviso soberano de una luz.
¿De qué impasible órgano imperfecto nos llega la primera noticia de la muerte?
¿A quién le tocará la sombra fría de esa interrogación que crece y crece?
¿Cuándo es la hora fatal de los cuchillos?
¿Dónde se acercarán con su acidez?
¿A quién las placas veloces de la desesperanza?
¡Oh desvalido cuerpo, carne, qué poderosa y cierta es la infinita enfermedad, y qué ajenos huimos!
Isla Correyero

16 junio 2013

Más allá de la quietud (II): los virus que cruzan el océano.






Primero lo cruzaron  por correo electrónico. Después entraron a una imprenta. Después salieron. Después volvieron a cruzarlo en un sobre grande. Después llegaron a mis manos. Mutados. Crueles. Hambrientos. De vuelta. Gracias.