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01 agosto 2013

5 poemas que podrían estar hablando de cocaína (o no... no... para nada).

Con todo el yeso
de los malos campos,
eras junco de amor, jazmín mojado.

Con sur y llama
de los malos cielos,
eras rumor de nieve por mi pecho. 
Federico García Lorca en Sonetos del amor oscuro (Lumen)


Fuerte, tranquila luminaria, en el límite
colocada: arriba la noche se hace exacta.
Nosotros nos derrochamos en la oscura
zozobra sobre la que se yergue tu pedestal.

Lo nuestro es: ignorar la salida
de la extraviada circunscripción interior,
tú te muestras sobre nuestros obstáculos
y los enciendes como una alta montaña.

Tu júbilo está por encima de nuestro reino,
y apenas captamos su precipitado;
como la pura noche equinoccial de primavera
estás tú dividiendo entre día y día.

¿Quién sería capaz de infundirte algo
de la mezcla que secretamente nos enturbia? 
Rainer María Rilke en Antología Poética (Colección Austral)


Preguntas, buen amigo, a qué suspiro,
qué me hace tan extremo estremecerme:
me estremezco y suspiro de pensar
que hasta Homero, con todos sus saberes,
y Ciceron estaban
tan locos como la bruma y la nieve.
W. B. Yeats, de Antologia Poética (Debolsillo)


mis pupilas negras sin ineluctables chispitas
mis pupilas grandes polen lleno de abejas
mis pupilas redondas disco rayado
mis pupilas graves sin quiebro absoluto
mis pupilas rectas sin gesto innato
mis pupilas llenas pozo bien oliente
mis pupilas coloreadas agua definida
mis pupilas sensibles rigidez de lo desconocido
mis pupilas salientes callejón preciso
mis pupilas terrestres remedos cielinos
mis pupilas oscuras piedras caídas
Alejandra Pizarnik en Poesía completa (Lumen)


Son bagazos del insomnio,
mechas carbonizadas de velas torcidas,
toque de alba
en cientos de campanarios blancos...
tibio blanco de la ventana
bajo la luna de Chernigov,
son abejas, melilotos,
polvo, tiniebla y ardor.
Anna Ajmátova en Soy vuestra voz (Hiperión)

14 marzo 2013

Museum of Cancers.

Evan Bender
Posiblemente La tumba del marinero esté saliendo de imprenta en estos momentos. O quizá aún se estén pegando los pliegos. O quizá, quién sabe, ese libro en realidad no exista. Lo que sí sé es que uno de los textos que lo componen, Museo de cánceres, ha sido publicado en la revista canadiense Shabby Doll House, gracias a la generosidad de su directora Lucy K. Shaw, así como de Evan Bender, ilustrador, y Kevin Cole, quien tradujo el poema para esta ocasión. Es un placer estar en este número de primavera con textos tan chulos como los de Sophie Collins, Jacob Steimberg, Heiko Julien, Michael Inscoe o Sarah Jean Alexander, entre otros. Museo de cánceres lo escribí hace un poco más de un año. Quizá sea uno de los últimos textos que añadí al libro. Y bueno. Aquí os copio la versión en español... 


***
Museo de Cánceres


(Por eso amputarán tus pies. Por eso sellarán tus ojos con trozos de mapas antiguos. Por eso pronunciarán tu nombre en celebración del páncreas. ¿Comprendes? Por eso el útero es más oscuro -intestino y córnea-. Por eso amputarán el rezo. ¿Comprendes?)

-Luna Miguel Santos: viva / cáncer de azúcar

-Ana Santos Payán: viva / cáncer de mamá

-Pedro Miguel Tomás: vivo /cáncer de salud

-Chus Tomás: viva /cáncer de paciencia

-Pedro Miguel: muerto / cáncer de abuelo

-Mercedes Payán: viva / cáncer de soledad

-Manolo Santos: vivo /cáncer de familia

-José Ángel Valente: muerto / cáncer de luz

-Roberto Bolaño: muerto /cáncer de probabilidades

-David Foster Wallace: muerto /cáncer económico

-Marcel Schwob: muerto /cáncer de sífilis

-Antonio J. Rodríguez: vivo /cáncer de Europa

(Por eso me duele, ¿sabes? Por eso me duele la sangre: porque está fuera. Y dentro no duele y fuera mata. Y dentro no daña y fuera asusta. Qué intensa la sangre. Qué peligrosa. Por eso me duele, ¿entiendes? ¿Lo entiendes?)

-Daniel Clowes: vivo /cáncer fantasma

-Clarice Lispector: muerta /cáncer de audacia

-Alejandra Pizarnik: muerta /cáncer de jaula

-Miguel Hernández: muerto /cáncer de luna

-Jorge Luis Borges: muerto /cáncer de viuda

-Michel Houellebecq: vivo/ cáncer de pene

(Por eso no existo. ¿Ya te marchas? Por eso al curarnos todos nos fugamos. ¿Quién se queda? O peor. ¿Dónde?)


-Antonin Artaud: muerto /cáncer de loco

-TS Eliot: muerto /cáncer fenicio

-Eduardo Cirlot: muerto / cáncer de Astarté

-Édmond Jabés: muerto /cáncer de Egipto

-Antonio Machado: muerto /cáncer de Leonor

-Vladimir Nabokov: muerto /cáncer de fuego de cáncer de entrañas

-Thomas Pynchon: vivo/ cáncer de rostro

-Sharon Olds: viva /cáncer de satanás

-Dorothea Lasky: viva /cáncer de leche

-Virgina Woolf: muerta / cáncer de agua

(Por eso me ahogo. Por eso no entiendo el amor. Por eso no caigo enferma. Por eso sólo enfermo. ¿Sabes? Sólo enfermo.)

-Charles Baudelaire: muerto /cáncer de feo

-Arthur Rimbaud: muerto /cáncer de elefante

-Paul Valéry: muerto /cáncer marino

-Joyce Mansour: muerta /cáncer de mujer

-Paul Élouard: muerto /cáncer azul

-Lysiane Rakotoson: viva /cáncer de nieve

(Por eso estas manchas. Y esta piel. Como una cicatriz eterna extendida y blanca, mi piel es cicatriz, mi piel es el cordón umbilical entre la lengua y las axilas. Por eso estas manchas rojas. Por eso estas manchas negras. Por eso el olor a fruta: la lengua, las axilas)

-Emily Dickinson: muerta /cáncer de coño

-Anne Sexton: muerta /cáncer de coño

-Anna Ajmátova: muerta /cáncer de coño

-Sylvia Plath: muerta /cáncer de coño

-Marina Tsvetáieva: muerta /cáncer de coño

-Javier Marías: vivo /cáncer pesado

-Enrique Vila-Matas: vivo /cáncer de Enrique Vila-Matas

-Gonzalo Torné: vivo /cáncer espía

-Rodrigo Fresán: vivo /cáncer inquietante

-Tao Lin vivo /cáncer MDMA

-Ben Brooks: vivo / cáncer ciervo

-Unai Velasco: vivo /cáncer 1990

(Por eso vomitaba, ¿lo entiendes? Por eso la bulimia de aquellos meses intentando adelgazar para dar pena, intentando enfermedades impregnadas de no sé qué. Intentando la literatura. Por eso vomitaba, ¿te acuerdas?)

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: está viva /

25 enero 2013

La que interroga.


Uno. La labor como poeta de Natalia Litvinova me recuerda a la de un periodista brillante, esto es, a la de un interrogador tenaz, aquel que siempre consigue la mejor declaración, la frase exacta del testigo exacto en el también exacto momento... Natalia Litvinova es la periodista-poeta, y perdón si suena un tanto extraño, pero es que no puedo imaginarlo de otro modo. Veamos:

Dos. Natalia está en un bosque.
Natalia está en un campo helado y lleno de caballos tristes.
Natalia está en el mar.

Tres. Natalia está en un bosque e interroga a los árboles.
Natalia está en un campo helado y pregunta a las pezuñas de los tristes caballos.
Natalia, que investiga a cada pez, a cada ola, a cada rastro de espuma: está en el mar.

Cuatro. Así es Grieta, el último libro de Litvinova, una sucesión de preguntas con respuesta. Una sucesión de sugerentes y suaves imágenes. Limpias palabras con las que consigue retratar sensaciones terribles (el momento del amor, el momento de la pérdida, el momento del adiós, el momento del descubrimiento, el momento justo después de la angustia... y así).

Cinco. Ella dice: El amor roe prolijamente mi cuerpo./ Es rocío animal.

Seis. Su labor como poeta es única. Original. Suya. Y no lo digo yo, lo dicen todos. Y no lo digo yo. Lo dicen todos los pequeños poetas que, asustados, imitan cada uno de sus gestos.

Siete. Ha tenido suerte, Litvinova, porque su herencia Literaria es grande. Sus padres tienen acento de Pizarnik -por ejemplo-, sus abuelos tienen acento de Ajmátova -por ejemplo-. Pero esto es fácil decirlo porque salta a la vista. Litvinova es de esa estirpe de mujeres de corazón helado y caliente al mismo tiempo. De esa estirpe de hombres que viajan. E incluso de esa estirpe de pájaros ¿por qué no? ¿Qué podría impedirnos decir que Natalia Litvinova pertenece a la inmensa familia de las aves?

Ocho. Ha tenido suerte pero también ha trabajado. Y mucho: sus versos no son palabras al vuelo. No son ideas de aquí y de allá. Puede que sean breves, pero resisten. Breves como piedras que tanto han visto y tantas veces han sido pensadas. Natalia nunca habla en vano. Natalia no se regodea en su dolor. Natalia nos entrega una grieta porque antes ha sabido burlarse de ella.

Nueve. Ella anota: Todo sucede cuando no puedo verlo./ Dormí semanas bajo el limonero para recibir el nacimiento de su fruto./ Un día amanecí y allí estaba, carnoso y cerca, esperando desde siempre./ Como si la tierra me hubiera dado a luz.

Diez. La labor como poeta de Natalia Litvinova me recuerda a la de un vientre. Qué fértil es y cuánta esperanza alberga. Adoro a esta poeta, os digo, porque me hace sentir afortunada. De vivir el mismo mundo que ella vive. De vivir el mismo tiempo que ella vive. De leer el mismo aire que ella nos describe.  

10 enero 2013

El mito de Anna Ajmátova.


Se diría que Anna Ajmátova creó su propio mito
Olvido García Valdés 
en la introducción de El canto y la ceniza

Y se diría que Sylvia Plath creó su propio mito. Se diría que Marianne Moore creó su propio mito. Se diría que Virginia Woolf creó su propio mito. Se diría que Alejandra Pizarnik creó su propio mito. Se diría que Anne Sexton creó su propio mito. Se diría que Ingeborg Bachmman creó su propio mito. Se creyó que diría mito. Se dijo que Anna Ajmátova olvidó su propio, creo. Se mitó, se mutó, se puto dijo ceniza. Típicos nombres propios tópicos femeninos. Se diría que Anna Ajmátova. Digo. Escribo. Su prosa.
Recomiendo,
(desde el 21 de enero en todas sus librerías).

19 octubre 2012

Noches azules, voces que brillan.


Insepultos, a todos enterré
a todos lloré. ¿Y a mí, quién me llorará?
Anna Ajmátova

Qué lectura tan placentera Noches azules de Joan Didion (Literatura Mondadori, 2012), pero no “placentera” por su contendido, que es más bien amargo y desgarrador, sino por su forma, su narración exquisita, sus ideas brillantes, su manera de contar algo tan íntimo y difícil de un modo aparentemente sencillo, lejos de resultar exhibicionista, apesadumbrado o llorica.

Y hablo de Intimidad Difícil porque lo que Noches azules nos presenta es la historia de una vida, o mejor, de dos vidas: la de Joan Didion y la de Quintana, su hija adoptiva, a quien la propia Didion nos presenta como un ser enigmático, pleno, hermoso… un ser que dejó el mundo antes de lo previsto ¿pero qué es “lo previsto”, o qué es “lo justo”, o qué es “dejar la vida antes de”, en estos casos, qué es ver morir a una hija y por qué la vida tiene que ponernos a prueba de esta manera, sin respetar su ciclo, sin respetar la belleza, sin respetar el profundo cariño de Didion a su hija…?

Noches azules es un relato basado en preguntas que a menudo no necesitan respuesta (la salud, la vejez, la identidad, el paso del tiempo, el trabajo, la amistad, la pérdida), puesto que en ellas ya se encuentra lo preciso para comprender el mundo: noches azules, noches de desvelo, noches iluminadas, a medias, donde la intuición es la única guía.

Así, Joan Didion nos lleva de la mano entre la oscuridad. Agarradla fuerte vosotros. Y leedla. Su voz es una verdadera joya. 

14 agosto 2011

Sometimes my heart pushes my ribs too.





Esta semana, aún no sé qué día: me voy, me voy. Al diablo voy. Pendientes: Pombo, Kennedy, Ajmátova. Dentro: mi columpio asesinándote. Fuera: las gafas redondas. Las ojeras. Aquí se duerme bien porque no hay coches, solo hay flores: recordad que estoy en el parque de los yonkis. Otra vez. Aquí nací: otra vez. Esta semana me voy a Barcelona. Me acuerdo de Almería y de Niza. Me acuerdo de la Puerta de Toledo Crew. No estoy sufriendo. No soy tan triste. Últimamente la poesía y la blogosfera me recuerda a algún tipo de competición: a ver quién está más triste. A ver a quién le duele más la menstruación. A ver quién da más pena. A ver quién se parece más a Plath o a Pizarnik. No me quejo. Yo me incluyo. Hace unos días terminé de escribir Sailor's Grave, mi cuarto poemario, sobre el cáncer y las drogas, sobre la independencia y el adiós a los padres. Sobre la familia enferma: fatuum y genética están aquí. Y luego leo Sometimes my heart pushes my ribs de Ellen Kennedy y sé que todo es una tontería. Porque la literatura, en general, se convierte en un A ver quién es más... En la estantería todos mis autores sufren. Desde Foster Wallace a Paul Celan. ¿Sabéis una cosa? Que os den. No pienso llevarme más de dos o tres libros a mi nueva casa. No pienso llevarme nada a mi nueva casa. Pienso llegar desnuda. Enseñaros el culo. Mi abuela me ha comprado un poncho para cuando haga frío. Pero pienso pasar frío. Enseñaros el vientre. Enseñaros los mocos. Vosotros: libros pesados. Vosotros: poemas sobre el maldito dolor. Que os den. Me voy, me voy, diablearé. Un santo soy.

19 julio 2011

Solvite corde metum.

Dame años amargos de afección, de ahogo, 
dame desvelo, fervor,
prívame del hijo, del amado
y del misterioso don del canto.
Anna Ajmátova

16 julio 2011

La Musa del Llanto.

Seguramente soportaré la despedida
pero un encuentro contigo, lo dudo.
Anna Ajmátova

Después del trabajo como traductora de El libro de Monelle, del que aún queda alguna revisión pero que, joder, lo fuerte ya está hecho, me he quedado varios kilos más delgada, con los pulmones desinflados y con las encías enrojecidas y sangrantes, tan sangrantes como un corazón, tan inflamadas como unos ojos después de la disputa, tan tristes como cualquier cosa triste, no sé, no sé más. Después de Monelle, decía, comienza mi trabajo de investigación sobre Anna Ajmátova, y el estudio de sus diarios, y el análisis de sus poemas, de su vida plagada de despedidas ante la muerte (como este fragmento que os copio), de su frío, ella: La Musa del Llanto. Reino Blanco/Musa Blanca/Reino Llanto/Blanco Manto de Verano. Todo es una rueda que gira pesada en mi mente derretida por el calor. Añoro el desierto. Si me derrito: que así sea. Que sea, todo, seso y sangre. Sexo y encía. El canto y la ceniza. Después de Monelle viene Anna, pero las dos forman parte de un todo. De un mismo malestar y de una misma pobreza. En enero yo pesaba 60. Hoy peso 56. Tus nervios me hacen adelgazar. Los nervios de ti me hacen comer y comer y adelgazar. No me compadezco, sólo os cuento porque no tengo nada que contar. Si me quedo en casa: paso el día desnuda. Si salgo de aquí: paso el día ebria. Si me quedo en casa paso el día ebria y desnuda. Como una pequeña bestia. Y mi canción vuela hacia la noche desierta... dice Anna. Y aquel corazón ya no responde a mi voz... dice Anna. Y en el universo enmudecido para siempre sólo hay dos voces: la tuya y la mía... dice Anna. Después del hambre. Carne picada. Flotamos. Y el mar: todo lo que hay aquí arde. 

25 septiembre 2010

Mis pertenencias.

Soy una mujer perforada
no hagan fila
nadie
es
culpable
Natalia Litvinova

Ernesto Castro me trajo de Buenos Aires el libro firmado de Natalia Litvinova (no me olvido de ti, esteparia, tengo un sobre preparado, lo puedes ver en la mesa, que pronto llegará a ti). Esteparia (Ediciones del Dock, 2010) no es el libro que yo esperaba. Para nada. Esteparia no es el libro finísimo que yo esperaba. Ni el libro primerizo. Ni el libro Pizarnik. Ni el libro Ajmátova. Esteparia es el libro de Natalia Litvinova. Esteparia es Natalia Litvinova. Sólo. Ella. Su voz es única. Su voz es el nacimiento que ella misma anuncia: mi padre me prestó su mano para que yo no supiera qué hacer con ella. Natalia es el padre femenino, el padre celeste. El padre celest-ial de una poesía aún sin escribir. Hay esperanza, pienso cuando la leo. Hay esperanza allá en el mar inmenso. Esteparia es un bien muy deseado. Uno de mis nuevos tesoros. Mi codiciada pertenencia.

15 septiembre 2010

Las jovencitas Laura Rosal y Luna Miguel.

A la jovencita Jane Austen sólo le salva la presencia de James McAvoy. O así suspiramos. Como suspira Ibrah dormido en mi muslo soñando vete tú a saber qué sobre mi muslo sobre mi muslo sobre mi muslo caliente como las rojas puntas de unos Gauloises baratos. Laura sorbe el afrancesado pitillo como si de un batido se tratara. Mi muslo tiembla con la respiración de él y una Jane Austen rancia y fea, escritora por sorpresa nos dice desde la pantalla plana lo mucho que la literatura tiene de cierto. ¿Qué tiene de cierto? ¿Tiene algo de cierto? ¿Deglute Gauloises Laura? ¿Duerme sobre mi muslo Ibrah? ¿Tengo muslos, tengo piernas, tengo níveos glúteos y el mundo huele a flores? Pobre Jovencita Jane Austen vieja y triste frente al bueno de James McAvoy. Ay. James. Sí, tú. Inspírame una carta. Un movimiento de tinta. Un orgullo y un prejuicio aquí. Ay. Pobre Jane Austen. Y nosotras como dos locas maldiciendo toda la literatura femenina. Quemando los manuales. Esputando sobre la pobre Ajmátova, sobre la pobre Pizarnik. Sobre todos los malditos pájaros y todas las jodidas menstruaciones alcohólicas que los versos nos regalan. Pobre Jane Austen, digo, ¡rechazar un poco de sexo con James McAvoy por una simple novela! Detesto tu biopic. Detesto tu vestido rojo. E Ibrah sobre mi muslo con la boca mojada. E Ibrah que me espera mientras escribo. Porque puedo escribir y amar a la vez. Porque pobre Jane, pequeñita, y luego dicen que a Virginia Woolf la industria del cine le pasó factura. Prefiero Las Horas mil veces (pues adoro Las Horas y a Philip Glass). Y la literatura femenina, dónde se esconde. Y que todas ellas eran raras y estaban locas. Y salvémonos de la pedantería. Y que Hollywood les devuelva lo poco y triste que les quedaba.

15 diciembre 2009

I might go crazy when you talk like that*


Pero les advierto
que vivo por última vez.
Anna Ajmátova

Todo rasurado: hasta la última pestaña de esta pesadilla monótona (y no hablo de ti sino del día a día a solas). Todo rasurado. Todo falso. Imitación punk de una poeta muerta. Si Pizarnik resucitó, ¿lo harás tú, vieja fría, vieja canosa, suicida idiota que me miras desde la página? Todo rasurado, coño o corazón: eso qué importa, si ambos huelen a vida, y sangran, y tiñen de amor. Todo rasurado para sentir mejor el hielo. Para decir ‘ey Pierre Hadot, ¿sabes cuánto te odio?, ey Freud, ¿te vas a la mierda?, ey Thoreau, y todo ese primer estante pesado de libros robados, ¿dejáis de removeros entre mis sábanas de una vez?' Todo seco. Todo muy seco y hermoso. Ajmátova estúpida: te advierto de que hoy te leo por última vez.

21 febrero 2009

La noche se hizo para llorar.

Han llegado las cajas nuevas: abro: veo: un león: una niña: han llegado las nuevas cajas de cartón. Abro y veo. Circus girl de Maite Dono. Maite es punki y es poeta. Es punki como todas las poetas, como todas las mujeres que escriben Madre, Ausencia y Polla sin hacerse daño. Maite lo dice:
No te alejes
Debes estar a mi lado
Para poder estar tranquila un tiempo por pequeño
Que sea
Cerca de mí
Te necesito
Explicarte mi amor
Difícil
Difícil
Un arpa una voz quebrada
Maite es de esa raza extraña. Extrañas Ajmátovas Punks. Tsvetaievas y Plaths con el pelo suelto. Con el amor al aire. Con el culo limpio y luminoso.
Desde siempre me importa más el amor
Que ser la perra de los sueños de cualquiera
El amor es el amor
El amor es una soga
Un maldito látigo que fustiga casi todos los sueños
Que vienen
Ven
No digas que no sientes celos de mi boca
Besando el aire
No digas algo así
Abro el envío: Circus girl de Maite Dono. Recuerdo haberla visto Una Vez, aquella Vez que no recuerdo. Recuerdo y resiento al leer. Me recuerdo releyendo sus poemas. Con los pies fríos. Con mentiras:
Ya no mientas más
Ya no mientas más
Ya no ya no ya!
Ojos que todo lo ven
Corazón que todo lo siente
Ha llegado un libro naranja desde el desierto. Papá y Mamá lo enviaron. Me quieren porque también deseo ser una Circus Girl. El desierto de Pablo. Me quiere porque también mordí al león.
Circo de Sangre y Ceniza. Circense coeur. Enciérrenlo en una caja de cartón.

10 diciembre 2008

.Valse triste op. 44 (Sibelius).

John Millais


Me impides cantar y sonreír,
hace mucho me prohibiste rezar.
Sólo me importa que no estemos lejos,
nada me importa todo lo demás.
Anna Ajmátova

15 noviembre 2008

El Val.


He encontrado un nuevo refugio tras la ermita. Botellas, colillas, otoño seco y un banco. Nuevo refugio oscuro. Y aunque anochezca, la luz de la Virgen del Valle me ilumina como si del corazón encendido de Ajmátova se tratara.
Esta negra separación inacabable la sobrellevo igual que tú.
¿Por qué lloras? Mejor dame la mano,

prométeme venir a visitarme en un sueño.
Somos, tú y yo, como dos montañas…

Nos encontraremos, tú y yo, en este mundo.

Si sólo me enviaras, al filo de la media noche,

un saludo como una estrella.

Anna Ajmátova