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01 marzo 2016

Enero-Febrero 2016: mis 6 lecturas preferidas.


Dos novelas que son, en realidad, un homenaje a otros dos novelistas que me impresionan: así fueron mis lecturas —link a PlayGround va— de Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder (Anagrama) y Cada noche, cadanoche, de Lola López Mondéjar (Siruela). 



En la primera, el guapo de Frédéric narra una historia de amor espinosa que, a su parecer, configuraría el corazón oscuro y dolorido del autor de El guardián entre el centeno. Creo que lo más bruto de este libro son sus reflexiones sobre la vejez, y sobre cómo el hombre —el macho, no el hombre como ser humano en general— necesita mantener relaciones sexuales con cuerpos más jóvenes que el suyo para sentir que sobrevive.



De relaciones sexuales entre hombres mayores y chicas jóvenes también va la novela de López Mondéjar, basada en Lolita, y con un punto de vista bastante polémico de la gran obra de Vladimir Nabokov. En estas páginas lo que encontramos es a la hija imaginaria de Dolores Haze, quien decide vengarse del pedófilo que acosó y maltrató a su madre cuando esta era una adolescente. ¿Puede un tema como la pedofilia ser bello? Esa es una de las preguntas que nos come la cabeza cuando leemos Cada noche, cada noche.



Plagado de referencias literarias, también, está el libro Apuntes sobre el suicidio (Alpha Decay), un brevísimo ensayo que nos pasea por la literatura, el arte y sus suicidas, desde David Foster Wallace hasta Edouard Levé, pasando por algunas voces clásicas como la de Sylvia Plath o Albert Camus. Para los seguidores de esos autores, y también para los que encuentran en el suicidio y en la enfermedad un tema más mágico que doloroso, este libro es imprescindible.



Y de la enfermedad de la literatura, pasamos a las enfermedades reales, o quizá a las enfermedades no reales, como es el caso de las que narra Suzanne O’Sullivan en Todo está en tu cabeza. Aquí la neuróloga explica algunos casos curiosísimos de enfermedades psicosomáticas, y cómo a veces el cuerpo reacciona de manera negativa a cosas que sólo están en nuestro recuerdo, en nuestro miedo, en nuestra manera de ser. Todo está en tu cabeza —ah, esto es lo que también escribí enPlayGround— es un libro para los que no tienen miedo de mirarse el cerebro, masajeárselo. Un libro para los que saben que por muy locos que parezcan, no lo están.



Quizá un tratamiento parecido a los que recomienda Sullivan le vendría bien al protagonista de Las flores del mal, vol 8. Este es uno de mis mangas preferidos, no sólo por la obvia referencia a Charles Baudelaire sino porque trata el tema del desasosiego adolescente de una manera bellísima, a través de la oscuridad, de la poesía, y del sexo. En este volumen, el mangaka Shuzo Oshimi nos vuelve a traer a un Kasuga enamoradizo y peligroso. Después de un volumen 7 un poco aburrido, aquí la literatura y el peligro vuelven a latir.



Y por último, sin salir de Japón, uno de los poemarios más especiales que he leído en lo que va de año: Poema a tres voces de Minase. Renga., de Socho, Sogi y Sohaku (Sexto Piso), un clásico de la poesía nipona, absolutamente delicado. Un libro que es casi un objeto o tesoro, en cuyas páginas la naturaleza, el recuerdo y la memoria brillan —perdonad la cursilería de lo que sigue— como insectos veraniegos.




Quienes seguís este blog sabéis que cada vez publico menos, y que en 2016 eliminé la sección de lecturas, porque me saturaba y porque muchas las olvidaba y otras que ponía al final las dejaba a la mitad. El trabajo y la maternidad, y algunos proyectos literarios no me dejan respirar mucho más, por eso he decidido que mensual o bimensualmente iré haciendo recuento de mis lecturas preferidas, para todos los que seguís buscando en esta página un pequeño refugio en el que descubrir cosas chulas.

(Emoji de una florecilla y emoji de un corazón)

22 febrero 2014

Las manías de David Foster Wallace, por Megan Boyle.



Ayer la poeta Megan Boyle publicó esta edición de una entrevista de David Foster Wallace.
Maravilloso. Lol. 

17 febrero 2014

Dos mil seiscientos sesenta y seis (un resumen de lo que escribí en mi diario durante aquellos cuatro días y medio en Nueva York, mundo, galaxia, universo).

if I am dead then it is like I'm already an adult. 
Trisha Low

Uno
Tatuarse no es necesario. Para qué grabar en la piel lo que ya está dentro de nosotros. Para qué grabar esas palabras si ya nos las sabemos de memoria. Tatuarse no es necesario cuando la piel ya es poderosa. Cuando las letras son sencillas. Cuando el amor por esos libros ya ha arañado nuestras vidas.

Dos
Besar todos los espejos. Escupir todos los edificios. La ciudad es grande y asusta. El frío presiona mis venas. Soy alguien y no soy nadie. Bebo y como a todas horas. Miro la lengua de Jacob. Miro las manos de Jordan sostener una cerveza. Miro los dedos de Gabby, sus finos cigarrillos. Miro el pelo larguísimo de Rachel. Los ojos cerrados de Stephen, ¿con qué estará soñando?
“Yo sueño con la muerte”, me dice. “Sueño con la muerte”.
Y entonces me lee este poema:
You know I listened to that song, “Human After All,” on the bus today.
Those life-affirming “robots.”
Human beings in costume, faces hidden. Standing on a pyramid. Crowds of thousands.
In order to establish a connection.
To create a memorable moment in time.
For no other reason.
In the summertime.

Tres
“Enséñame a cerrar los ojos”, dije, pero ya estábamos todos muertos. En la sala, los cánceres se habían convertido en canciones. Las canciones se habían convertido en drogas. Las drogas en gatos: ¿jamás os volveré a ver?  Sarah bebiendo Blue Moon, Jonathan acariciando su propia barba, Cris bailando en una sala oscura, después de que dos o tres travestis se tiraran cava por encima, y entonces comieron alitas de pollo, y entonces me quemé la lengua con un puñado de patatas. ¿Jamás os volveré a ver? Elaine cantando Lana del Rey, Marisa triste por el paraguas roto, Berta hermosísima, leyendo un poema de Dorothea Lasky. Abrazo a Dorothea. Abrazo a Tao Lin. Abrazo a David Fishkind. Hemos sobrevivido a la nieve. ¡La poesía fue más fuerte que la nieve! Enseñadme todos a cerrar los ojos, dije, pero yo ya estaba marchándome en un taxi. El jet lag. Las pupilas rojísimas. El agua del váter. Y entonces, de pronto, me siento mejor persona.

Cuatro
Camino sola por Manhattan y veo un cine en el que ponen una película que ya he visto antes: David Foster Wallace Takes a Stroll Through The Desert of Roberto Bolaño, el autor es Jordan DeBor. La película nos muestra a dos tristísimos escritores buscando leche y Diet Coke en un extraño desierto. Roberto y David de la mano. Roberto y David como dos pequeños héroes. Roberto y David bailando en el desierto, con los pies descalzos, ardiendo. Pero todo es un sueño. Despierto sola en Manhattan y la calefacción me hace sudar. Hay una araña en la bañera. Afuera la tormenta.

Cinco
Paseo con Jacob y compramos ropa, compramos libros, compramos revistas, compramos comida, compramos Cocacola, compramos idiomas, compramos gossip y qué escritor folló con cuál o cuánta droga toma este y qué hacen, qué hacen, qué hacen con sus vidas estos niños locos. Jacob es como un hermano. Jacob es mi hermano. Conozco su silencio arrodillado tanto como él a mis marineros muertos.

Seis
Estamos bailando otra vez. Mira. Hay un gato atrapado debajo de esta silla.

Siete
Llevo vestidos de flores para ocultar algo oscuro que guardo aquí dentro. Bebo algo negro y echo de menos a mi familia. Llevo vestidos de flores para ocultar que no conozco el idioma. Cómo quisiera hablar ahora. Cómo quisiera un poco de Wifi que me permitiera hablar con él. Pero él ya estará acostado, abrazado a nuestras mascotas. No sé qué hora es.

Ocho
(Mirando la carta de Tutu’s y esperando a que sean las 6 para pedir una ensalada de coliflor): Escribo por escribir. En realidad… lo que tengo es hambre.

Nueve
Cosas que no he hecho y que nunca haré = comer fideos en China Town.
Cosas que he visto y que nunca más volveré a ver = mis zapatos de Topshop hundidos en un charco de nieve, y a Stephen intentando rescatarme.
Cosas que me hubiera gustado decir y que, por cuestiones de idioma, nunca dije = Gabby Bess es la escritora joven más talentosa que conozco y estoy profundamente enamorada de ella.
Cosas que he comido y que quisiera volver a probar = la ensalada de coliflor por la que esperé hasta las 6.
Cosas que me he imaginado y que hubiera querido vivir de verdad = hacer el amor con él en el San Carlos, mirando la nieve. Sudando con la potente calefacción.

Diez
Podría inventar un idioma ahora mismo. Un idioma para invocar a mis seres queridos. Un idioma para escribir todos los poemas. Un idioma con el que viajar gratis. Un idioma para poder decir lo que no sé. Un idioma nuevo, para pensar. Las manos. Los cigarros. La cerveza. El mal olor de las esquinas en Manhattan. El precio de los vinos. El ancla. El pelo largo. El ruido de nuestros pies en la nieve. El ruido de la Alt Lit latiendo. El ruido del metro. El ruido de Mellow Pages. El ruido de los aplausos. El ruido de los calefactores. Ese que ya se ha ido. Ese que tanto miedo me daba.

20 diciembre 2013

¿Los 10 post más leídos de 2013?

Aleksandra Waliszewska

Esto es lo que ocurre cuando hago un repaso a las estadísticas del blog:

1. Niñas desnudas. Niñas locas. Niñas rosas (marzo):

Es muy gracioso que este post sea el más leído del año. Posiblemente el tiempo pasará, y lo seguirá siendo, pues poco tiene que ver su "interés" con el contenido. Lo publiqué en marzo a raíz de la salida a la venta de la nueva edición de Poetry is not dead (2010, en la desaparecida DVD Ediciones, 2013 en La Bella Varsovia). Según Google Analytics son más de 7000 usuarios los que han entrado a mi blog desde aquel momento buscando a unas "niñas desnudad". Qué mundo loco. Cuánto pervertido. 

2. La jungla, un poema (febrero):

Aquí anuncio la publicación de mi poema La jungla (perteneciente al libro que desde hace dos años vengo escribiendo, titulado Los estómagos) en la genial revista Kokoro. También me sorprende que tenga tantas visitas y, sin duda, os lo agradezco. El título, como podéis imaginar, viene de uno de los libros más brutales que he leído en los últimos tiempos: La Jungla, de Upton Sinclair.

3. La siempre polémica Marie Calloway (enero):

Los impresores de Tryant Books se negaron a sacar este libro, por lo obsceno de sus páginas. Eso me impresionó. Pensé que seguramente si Calloway fuera un hombre no hubiera causado tantos problemas. Me compré el libro por Amazon y lo leí divertida. Al final no resultó ser nada del otro mundo, pero sí se trata de un fenómeno gracioso y considerable dentro de la Alt Lit estadounidense. Se lo recomiendo a las blogueras locas que quieren leer a otras blogueras locas.

4. Mis diez libros favoritos de 2013 (diciembre):

Este post lo publiqué hace unos días, y poco más puedo decir. Desde 2010 me he sumado a la moda de elegir mis libros preferidos del año. Desde entonces, cada enero abro un documento word en mi ordenador y voy anotando una lista de mis lecturas favoritas. Si os soy sincera, esta año me he cansado bastante de las novedades. Cosas del trabajo y de la rutina. Sin embargo, desde 2014 seguiré ahí para poder contaros cuáles son mis libros preferidos, y cuáles creo que más podrán gustaros.

5. La tumba del marinero, un libro (marzo):

Marzo fue uno de los mejores meses de este año. Una vez terminadas varias traducciones que me tuvieron enero y febrero encerrada, me mudé de piso, dejé de fumar, dejé de salir tanto para procurar tener una vida sana, empecé a cocinar, a interesarme por la meditación, a trabajar desde casa y además publiqué La tumba del marinero en La Bella Varsovia. Como sabréis, este es mi cuarto libro de poemas, aunque a mí me gusta pensar que es el segundo, ya que creo que los tres primeros pertenecen a una misma etapa que La tumba sin duda cierra. El trabajo de Elena, Alejandra y Alberto es inigualable. Y el cariño que muchos de vosotros habéis mostrado desde que salió a la luz es una pasada. Millones de gracias.

6. ¿Por qué cuando Vice, PlayGround o Disorder hablan de libros lo hacen mejor que muchas webs de literatura? (agosto):

Desencantados con los suplementos culturales y con la mayoría de webs dedicadas a la literatura que conocemos, a veces da la impresión de que los lugares en los que encontraremos artículos verdaderamente interesantes sobre libros serán revistas de moda o de tendencias. Este año PlayGround ha sido muy importante para mí, y más importante lo será a partir de 2014. Pero eso ya es otra historia.


Este ha sido el año de los viajes mágicos. Rumanía en septiembre y Reino Unido en noviembre. Se quedó atrás Nueva York, pero hasta nuevo aviso, porque ya estamos organizando nuevas lecturas con Jacob Steinberg, o para presentar Vomit, espero que a lo largo de febrero. 2014 también estará, espero, lleno de viajes. Hoy mismo he tenido que rechazar uno de los proyectos que más ilusión me hacía de toda mi vida, algo relacionado con París y con la escritura. Sin embargo ahí están Estados Unidos y China en el horizonte. Sé que el trabajo merecerá la pena. Sé que los cambios merecerán la pena. Sé que los proyectos que me ilusionan saldrán adelante de una u otra manera. Este post es un reflejo de uno de esos viajes mágicos. La lectura de Museo de Cánceres (poema perteneciente a La tumba del marinero) en el 89plus Marathon de Londres, junto a Sam Riviere. Gracias por los comentarios. Y gracias por la polémica: eso siempre anima la sección de comentarios de esta casa.


Me autorregalé este libro en Sant Jordi y mereció la pena. Una historia cultural de la mierda, divertidísima y muy bien escrita. De hecho, este libro de Florian Werner es uno de mis preferidos del año. La cita, por lo que veo, causó sensación. A veces la gente llega a mi blog buscando "niñas desnudas", pero también buscando "pensar la caca". Por favor, leed a Werner.


Otra vez Marie Calloway en esta lista. Pero aquí junto a Sheila Heti (BUENAS NOTICIAS: viene en mayo al Primera Persona) y Gillian Flynn. Esta es una columna que publiqué en S Moda a propósito de la nueva "concepción del amor" en los libros de las tres autoras citadas. Colaboro en S Moda desde septiembre de 2012 y casi nunca suben las columnas a la red. Cuando tengo ocasión, las comparto aquí con vosotros. Me lo paso muy bien escribiendo para este medio, sobre todo porque llego a unos lectores completamente distintos a los que normalmente leéis este blog. A veces recibo emails de lectores de la revista que me comentan cosas en las que yo nunca me había detenido, y eso es maravilloso.

10. La escoba del sistema (enero):

Este ha sido el año de David Foster Wallace, también el de Plath y el de otros muchos autores que cumplían centenarios de tal o de cual, pero sobre todo el de David Foster Wallace. Su maravillosa biografía, su libro de ensayos inéditos, y la publicación de La escoba del sistema en Pálido Fuego han hecho que sus lectores y fans estuviéramos más que contentos. Este post no es otra cosa que un chiste. Me puse a limpiar la casa (la anterior, la de Rambla del Raval), vi el libro, y no pude evitar pedirle a Ibrah que me hiciera una foto... Y bueno. Esa es toda la gracia. 


Aquí se acaba el post. 

11 diciembre 2013

Mis diez libros favoritos de 2013, y algo más.

Aún quedan días para que acabe el año, pero yo estoy deseando cambiar de fecha desde hace mucho tiempo. 2013 ha estado lleno de buenas noticias (los viajes a Londres y Sibiu, la mejor salud de mi madre, el nacimiento de Grétel, las cenas en casa de Mai, la llegada de Yummy a casa, la publicación  y segunda edición de La tumba del marinero, el nuevo trabajo de Ibrah, el éxito de VOMIT, la participación en la nueva edición de Cartas de cumpleaños, haber dejado de fumar, lo que aprendí junto a Silvia Querini, las cervezas con Sylvia & Ted, el trabajo junto a Jacob, Jesús y Marisa, la meditación, mis libros nuevos de cocina, la publicación en China, la publicación en Argentina, Orange is the new black, la colección de botellas de vino bonitas anunciado un año lleno de noches especiales con Ibrah, con quien pronto cumpliré cinco años de relación, el nuevo tatuaje hecho por Leticia, el Oddland, etcétera). Pero también de cosas malas (la hospitalización eterna de mi abuela, la muerte de Drac, la enfermedad de Delhi, mi desencanto intermitente con el mundillo literario, la cancelación del viaje a Nueva York -hasta nuevo aviso, quizá febrero-, la confirmación de que mis manchas en la piel seguirán creciendo, y creciendo, y creciendo, haberme cortado el pelo -echo de menos la melena-, no haber pisado Madrid en seis meses, el robo en la calle Elisabeths, la falta de dinero en momentos terribles, el agobio a la hora de no poder llevar a cabo proyectos bonitos, el no haber podido casarnos todavía, el anónimo a quien tuve que denunciar a la Policía, etcétera).

Aún quedan días para que se acabe el año, decía, pero me apetece compartir ya con todos vosotros las que creo que han sido mis lecturas preferidas de entre lo publicado en 2013, no sólo en España, sino también de entre las novedades editoriales que he podido leer del extranjero. Y bien:

1. La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides (Anagrama): 
2. Poesía completa, de Anne Sexton (Linteo)
4. Taipei, de Tao Lin (Vintage)
5. Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné (Literatura Mondadori)
6. ¿Cómo debería ser una persona?, de Sheila Heti (Alpha Decay)
7. [Imperia], de Daniela Camacho (El perro y la rana)
8. La materia oscura, de Florian Werner (Tusquets)
9. La colmena, de Charles Burns (Reservoir Books)
10. Alone with other people, de Gabby Bess (CCM)

Libros, todos, repletos de amor, de dudas, de enfermedad, de vísceras, de sexo, de juventud, de lucha por la vida, de drogas, de mucho futuro. Libros que han destacado un lugar importante en mi corazón y en mi imaginario, y que me han ayudado a escribir, a tener ideas y a compartir. Aunque esos son los diez más importantes para mí, me dejo otros tantos en el tintero que no quisiera dejar de mencionar: Comí, de Martín Caparrós, Mi vida sin Julio Verne, de Sonia Fides, Virus tropical, de Power Paola, Ebrio de enfermedad, de Anatole Broyard, Así es como la pierdes, de Junot Díaz, o Mi vida querida, de Alice Munro. 

Y más allá, mucho más allá de las novedades, sé que este año no hubiera sido lo mismo sin tres libros, o más bien, tres figuras de la poesía que me han acompañado y arañado prácticamente cada día: Max Blecher (desde que Nerea me lo regalara hasta que Vlad, Catalina y Rita me lo recitaran en Sibiu), Joyce Mansour (la madre de mis estómagos) y por supuesto el gran Gary Snyder (maestro, en todos los sentidos, él me ayuda a liberar mi mente, a vaciar mi mente, a limpiar mi mente hasta que ya no queda mente, sólo aire).

Eso es todo por el momento. Gracias, Max. Gracias, Instagram. Gracias, restaurantes veganos. Gracias, Miley Cirus. Gracias, Sylvia. Gracias, lectores. Gracias, Kölch. Gracias, Walter White. 

Seguimos por aquí. 

15 septiembre 2013

Tres cosas que quiero deciros y una cita.

Si todo lo que tenemos como mundo y como dios son las palabras, debemos tratarlas con cuidado y con rigor: debemos adorarlas.
David Foster Wallace a Jonathan Franzen
entre su correspondencia de junio de 1992


Uno. Cuántas veces tocaría Cortázar su propio labio para describir con precisión aquel famoso borde del capítulo siete. Tocando. Dibujando hasta encontrar la palabra exacta. Adorando. O cuántas veces Nabokov chascaría la lengua intentando saber en qué diente o a qué altura del paladar las sílabas de Lolita emprendían su viaje entre saliva. Tocando. Chascando. Adorando.

Dos. ¿Sabías que Ted Hughes comenzó a versionar El libro tibetano de los muertos mientras miraba intensamente la luz al final de un prado, pero que nunca terminó el manuscrito? ¿Sabías que los gatos minúsculos no tienen miedo al agua, y eructan pompas de leche, y adoran demasiado al gato enorme que les araña? ¿Sabías, también, que la enfermedad (roga) es consecuencia del desequilibrio de los tres humores: aire (vata), bilis (pitta) y flema (kapha)?

Tres. Tengo que escribir sobre maternidad y no soy madre. Tengo que escribir sobre comida y no soy cuenco. Tengo que enamorar a Alicia: y no sé cómo.  

14 septiembre 2013

Cinco cosas que quiero deciros y una cita.

Aleksandra Waliszewska
Alicia no puede estar en el poema, dice ella, porque
Es sólo una metáfora de la infancia
Y un poema ya es una metáfora
Así que tendríamos sólo una metáfora
Dentro de una metáfora. ¿Lo ven?
Mary Jo Bang

Uno. Los gatos. Los gatos tienen cicatrices. Los gatos tienen cicatrices y voz de niña: por eso me asustan. Hay un gato en cada uno de nosotros. A mí me caben tres en el estómago, y giran, y giran, con esas uñas crueles. Los gatos. Los gatos beben leche antigua. Comen proteínas. Me dejan dormir.

Dos. Después de tantos libros (Siddhartha Mukherjee, David Foster Wallace, Anatole Broyard) compartidos -casi leídos al mismo tiempo-. De tantos espacios comunes (eh, acabo de estar en el C3Bar, eh, acabo de pasar por esa misma calle, eh, acabo de ver a tu hermano I, que es con quien trabaja mi novio I, eh, eh, cuándo una mañana o una noche). De tantos sí, me gusta, el gato, la cámara, la foto de aquella casa. De tanto, por fin conozco a M. Y tomo cerveza con I, M y M. Y me quemo la piel porque el sol de septiembre es tan tonto. Y hablo feliz. Y siento la esperanza.

Tres. Acompaño a otra Miau a la tienda de tatuajes. En noviembre hará tres años desde mi última tinta/piel. De verdad que lo echo de menos. De verdad que lo necesito.

Cuatro. Jacob perfila los poemas mientras Jesús ultima la portada. Todo preparado para laedición estadounidense de La tumba del marinero. Todo preparado y perfecto para que las vísceras retumben en otro idioma. Sibiu en el horizonte. Londres en el horizonte. Nueva York en el horizonte. La poesía es una especie de agencia de viajes. Me sorprendo al imaginar tantos aviones.

Cinco. Salir corriendo. Salir corriendo. Te han robado un bien ¿preciado? Salir corriendo.  

30 agosto 2013

Hace cinco años se suicidó nuestro escritor favorito (o una aproximación a nuestra historia a través de David Foster Wallace).


Hace cinco septiembres se suicidó nuestro escritor favorito, aunque aún yo no sabía que aquel hombre robusto, difícil y colgado sería nuestro escritor favorito, de hecho, ni siquiera lo es, pero desde septiembre de 2008 hasta la fecha su nombre estuvo (y perdón por lo cursi de la frase) tan presente en nuestras vidas como la misma palabra amor.

Nuestra primera cita (documentada, más o menos, entre las páginas 115 y 122 de Fresy cool) tuvo lugar justo veinte días después de que David Foster Wallace decidiera ahorcarse. Así, cuando al fin nos encontramos (y después de haber cruzado unos cuantos emails y llamadas formales de Alcalá de Henares a Puerta de Toledo) una de las primeras cosas que me dijiste fue: ¡Qué pena lo de Wallace!, y yo: ¿qué pena lo de quién? Por aquel entonces mi altar literario estaba conformado por una lista de poetas que probablemente tú detestabas: José Ángel Valente, Charles Bukowski, Catulo, etc. Cuando mencionaste el nombre de David Foster Wallace yo jamás lo había escuchado, y cuando continuaste hablando de su fantástica prosa, de sus magníficas y ideas y de su gran importancia, yo no hice otra cosa que aburrirme (y avergonzarme), pues apenas me interesaba todo aquello que me contabas durante nuestro primer y extraño encuentro en el centro de Madriz.

Era octubre de 2008, yo aún tenía 17 años y muchos pájaros en la cabeza, y sin embargo la curiosidad me picó. La curiosidad por ti, y la curiosidad por David Foster Wallace. Comenzamos entonces a quedar cada semana. Comenzamos a enamorarnos (un poquito) el uno del el otro. Comenzamos a leer lo que el otro leía. Y comenzó a apasionarme lo que a ti te apasionaba... pero tuvimos que esperar a febrero o marzo de 2009 hasta que yo me atreviera a leer a aquel autor. DFW me daba mucho miedo porque sabía que comprender su prosa me resultaría complicado. Tú hablabas y hablabas y hablabas de él (e incluso tu narrativa, con la que más o menos por aquel entonces empezaste a jugar, se parecía muchísimo a todo lo que de DFW me contabas) y yo no quería ser menos. Me atreví primero con La niña del pelo raro y Extinción (me fliparon porque eran distintos a todo lo que había leído hasta la fecha). Con el tiempo lo demás. Lo que ya sabes. Lo que he ido contando en este blog a través de unos 64 post que ahora selecciono, te recuerdo y celebro:

  1. La primera vez que hablé de él y dije que me abrumaba. Leer a DFW era como tener una hiperglucemia, de ahí la referencia a sus Delitos! (Aquí)
  2. Cuando estaba triste, me hacía fotos en el baño y recuperaba sus citas más tremendas. (Aquí)
  3. Me obsesioné con el “rostro expresivo”, marca que luego aparecería tantas veces en el blog, en mis poemas e incluso en Exhumación (Aquí)
  4. El verano en Retamar, durante el cual casi termino La broma infinita de una sentada. Era horrible llevarse ese libro a la playa. (Aquí)
  5. Te compré Oblivion en Munich. (Aquí)
  6. Cuando te agradecí todas las nuevas lecturas que me habías enseñado (Aquí)
  7. “Toda mi vida he sido un fraude”, esa frase de DFW que te tatuaste en aquella tarde maravillosa de tinta y sangre (Aquí)
  8. Una montaña entera con sus libros, si los juntásemos a los que ahora guardamos, sería el doble de alta. ¡Tenemos hasta tres ejemplares de La broma infinita! (Aquí)
  9. Empecé a trabajar en Random House Mondadori también durante un septiembre (hace ya dos años de eso) y me traje este librazo de la oficina. Tú ya lo habías leído en inglés. (Aquí)
  10. También te hice una entrevista, y charlamos sobre él (Aquí)
  11. Hice un chiste con “La escoba” de su sistema (Aquí)
  12. Su nombre apareció en La tumba del marinero. Y le otorgué un cáncer. (Aquí)
Por todas estas cosas me da mucha rabia cuando dices que ya no te gusta David Foster Wallace, o que ya estás cansado de él. Porque sin sus libros no seríamos lo que somos. Porque sin él la historia sería distinta... no sé. Es posible que exagere. De hecho ayer me reí mucho cuando por la noche, en la cama, yo leía la biografía de DFW que Debate acaba de editar (Todas las historias de amor son historias de fantasmas, de DT Max) y tú apareciste en la habitación con tres poemarios de Lorca, Rilke y Catulo. Hace cinco años habrías sido tú el pesado de la biografía y yo la pesada de los poetas clásicos. Hace cinco años, cuando a él le quedaban pocos días para acabar con su vida, y a nosotros un mes para conocernos. Casualidades así me hacen muy feliz y hasta me dan miedo. Pero qué te voy a contar si todas las historias de amor son...

En fin.

Qué cosas. 

28 agosto 2013

Perfecta noche de luna estropeada.

Besando al amante en la boca del pan:
labio con labio.
Gary Snyder

Y el sabor de los gusanos
Es suave y salado
Como el mar
O lágrimas
Jack Kerouac

Vino tinto, sí. Viajes, sí, sí. Hace cinco años murió nuestro escritor preferido, sí. Gary Snyder libre en la biblioteca, sí. Comer arroz, sí. Volver con ganas, sí. Lavarte los dientes, sí. Hacer fotos, sí. Adelgazar, jaja no... Artículos, sí. Dinero, sí. Ordenador estropeado, sí. La lavadora, sí. Los calcetines sucios, sí. Lista de cosas por hacer, sí. Lista de cosas por comer, sí. El pan, sí, Embarazada, no. Querías, _

31 mayo 2013

Tai/pei/Tao/Lin.

La droga que mató a David Foster Wallace es la droga que da la vida a la generación de escritores que ahora le sucede. Estoy hablando de la monotonía. De la depresión. Del Xanax. Estoy hablando de esa clase de medicación que fatalmente recetada le empujó a acabar con sus días; y a esa medicación, la misma, que los poetas y narradores veinteañeros de Estados Unidos guardan en sus bolsillos como si fueran golosinas. Yo nunca había probado el Xanax hasta que Tao Lin y Megan Boyle vinieron a España hace dos años. Estábamos en la piscina del edificio de los padres de mi novio, sufriendo una gran resaca y casi sin haber dormido cuando Megan abrió una cajita, sacó un trozo verdoso de pastilla y me invitó: chupa. Lo cierto es que sentí poco. O apenas nada. Quizá el relax de la tarde, del sol, un masaje en el cerebro y aquel sabor asqueroso de la pastilla. Así que esto es el Xanax, pensé. Este es el “no sentir” del que tantos escritores a los que adoro hablan. Fue esa tarde en la piscina, después de saltar un par de veces, salpicar otras tantas y quemarnos las piernas y la espalda, cuando Tao Lin se levantó de la hierba con el MacBook en la mano y anunció que acababa de recibir una gran oferta para publicar su próxima novela en Random House. 50.000 dólares, nada más y nada menos: un wow surgió de nosotros a modo de celebración; colocados entonces por la droga que mató a nuestro novelista preferido, y también por la joven brisa veraniega que en aquella piscina de Pacífico se respiraba.

14 marzo 2013

Museum of Cancers.

Evan Bender
Posiblemente La tumba del marinero esté saliendo de imprenta en estos momentos. O quizá aún se estén pegando los pliegos. O quizá, quién sabe, ese libro en realidad no exista. Lo que sí sé es que uno de los textos que lo componen, Museo de cánceres, ha sido publicado en la revista canadiense Shabby Doll House, gracias a la generosidad de su directora Lucy K. Shaw, así como de Evan Bender, ilustrador, y Kevin Cole, quien tradujo el poema para esta ocasión. Es un placer estar en este número de primavera con textos tan chulos como los de Sophie Collins, Jacob Steimberg, Heiko Julien, Michael Inscoe o Sarah Jean Alexander, entre otros. Museo de cánceres lo escribí hace un poco más de un año. Quizá sea uno de los últimos textos que añadí al libro. Y bueno. Aquí os copio la versión en español... 


***
Museo de Cánceres


(Por eso amputarán tus pies. Por eso sellarán tus ojos con trozos de mapas antiguos. Por eso pronunciarán tu nombre en celebración del páncreas. ¿Comprendes? Por eso el útero es más oscuro -intestino y córnea-. Por eso amputarán el rezo. ¿Comprendes?)

-Luna Miguel Santos: viva / cáncer de azúcar

-Ana Santos Payán: viva / cáncer de mamá

-Pedro Miguel Tomás: vivo /cáncer de salud

-Chus Tomás: viva /cáncer de paciencia

-Pedro Miguel: muerto / cáncer de abuelo

-Mercedes Payán: viva / cáncer de soledad

-Manolo Santos: vivo /cáncer de familia

-José Ángel Valente: muerto / cáncer de luz

-Roberto Bolaño: muerto /cáncer de probabilidades

-David Foster Wallace: muerto /cáncer económico

-Marcel Schwob: muerto /cáncer de sífilis

-Antonio J. Rodríguez: vivo /cáncer de Europa

(Por eso me duele, ¿sabes? Por eso me duele la sangre: porque está fuera. Y dentro no duele y fuera mata. Y dentro no daña y fuera asusta. Qué intensa la sangre. Qué peligrosa. Por eso me duele, ¿entiendes? ¿Lo entiendes?)

-Daniel Clowes: vivo /cáncer fantasma

-Clarice Lispector: muerta /cáncer de audacia

-Alejandra Pizarnik: muerta /cáncer de jaula

-Miguel Hernández: muerto /cáncer de luna

-Jorge Luis Borges: muerto /cáncer de viuda

-Michel Houellebecq: vivo/ cáncer de pene

(Por eso no existo. ¿Ya te marchas? Por eso al curarnos todos nos fugamos. ¿Quién se queda? O peor. ¿Dónde?)


-Antonin Artaud: muerto /cáncer de loco

-TS Eliot: muerto /cáncer fenicio

-Eduardo Cirlot: muerto / cáncer de Astarté

-Édmond Jabés: muerto /cáncer de Egipto

-Antonio Machado: muerto /cáncer de Leonor

-Vladimir Nabokov: muerto /cáncer de fuego de cáncer de entrañas

-Thomas Pynchon: vivo/ cáncer de rostro

-Sharon Olds: viva /cáncer de satanás

-Dorothea Lasky: viva /cáncer de leche

-Virgina Woolf: muerta / cáncer de agua

(Por eso me ahogo. Por eso no entiendo el amor. Por eso no caigo enferma. Por eso sólo enfermo. ¿Sabes? Sólo enfermo.)

-Charles Baudelaire: muerto /cáncer de feo

-Arthur Rimbaud: muerto /cáncer de elefante

-Paul Valéry: muerto /cáncer marino

-Joyce Mansour: muerta /cáncer de mujer

-Paul Élouard: muerto /cáncer azul

-Lysiane Rakotoson: viva /cáncer de nieve

(Por eso estas manchas. Y esta piel. Como una cicatriz eterna extendida y blanca, mi piel es cicatriz, mi piel es el cordón umbilical entre la lengua y las axilas. Por eso estas manchas rojas. Por eso estas manchas negras. Por eso el olor a fruta: la lengua, las axilas)

-Emily Dickinson: muerta /cáncer de coño

-Anne Sexton: muerta /cáncer de coño

-Anna Ajmátova: muerta /cáncer de coño

-Sylvia Plath: muerta /cáncer de coño

-Marina Tsvetáieva: muerta /cáncer de coño

-Javier Marías: vivo /cáncer pesado

-Enrique Vila-Matas: vivo /cáncer de Enrique Vila-Matas

-Gonzalo Torné: vivo /cáncer espía

-Rodrigo Fresán: vivo /cáncer inquietante

-Tao Lin vivo /cáncer MDMA

-Ben Brooks: vivo / cáncer ciervo

-Unai Velasco: vivo /cáncer 1990

(Por eso vomitaba, ¿lo entiendes? Por eso la bulimia de aquellos meses intentando adelgazar para dar pena, intentando enfermedades impregnadas de no sé qué. Intentando la literatura. Por eso vomitaba, ¿te acuerdas?)

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: viva /

-Ana Santos Payán: está viva /

09 enero 2013

Los estómagos de David Foster Wallace.

Además de hacerme fotos en pijama sosteniendo La escoba del sistema (Pálido fuego, 2013) de David Foster Wallace, también estoy leyendo la novela, y tengo que decir que, hasta la fecha, es uno de los textos del autor que más me está divirtiendo. Tiene razón Ibrah cuando asegura que los artistas conocidos por ser "depresivos" son los que mejor se manejan en el terreno del humor. La escoba del sistema me está recordando bastante a La niña del pelo raro, mi obra preferida de DFW. Algunos capítulos son excelentes, como este que El País se encarga de reproducir hoy en Papeles perdidos: aquí. Hace unos días leí la primera parte del capítulo y tuve ganas de subrayarla entera. Carne. Estómagos. Risa. Miedo. Delirio y DFW en estado puro. Resumiendo: todo lo que me gusta. 

*

—¿Cómo están vuestros filetes esta noche?
—Nuestros filetes están, señor, si puedo decirlo, sencillamente
magníficos. Sólo los cortes de ternera más selectos, cuidadosamente seleccionados e incluso más cuidadosamente madurados, cocinados a la perfección si definimos perfección según sus preferencias, servidos con las patatas y verduras de su elección más un postre francamente delicioso.
—Suena como para chuparse los dedos.
—Sí.
—Tomaré nueve.
—¿Perdone?
—Tráeme nueve filetes, por favor.
—¿Quiere nueve filetes para cenar?
—Por favor.
—¿Y quién, señor, si puedo preguntarlo, va a comérselos?
—¿Ves a alguien más aquí sentado? Voy a comérmelos yo.
—¿Y cómo diantres va a hacer eso, señor?
—Bueno, mira, veamos, creo que esta noche usaré mi mano
derecha para cortarlos. Me meteré los trozos en la boca, los masticaré, los elementos ácidos de mi saliva comenzarán a descomponer la fibra muscular. Me los tragaré. Etcétera. ¡Haz que me los traigan!
—Señor, nueve filetes pondrían enfermo a cualquiera.
—Mírame. Mira este estómago. ¿Crees que me pondré enfermo? De ningún modo. Ven aquí. No, en serio, acércate y mira este estómago. Deja que me levante la camisa… aquí. ¿Ves cuánto puedo agarrar con la mano? Casi no puedo acercarme a la mesa.  ¿Habías visto antes algo tan tremendamente repugnante en toda tu vida?
—He visto estómagos más grandes.
—Sólo estás siendo educado, lo único que quieres es una propina. Tendrás tu propina, después de que me hayas traído nueve filetes para cenar, con una definición de perfección de en su punto, lo que quiere decir que todavía se vea rosada. Y no olvides los panecillos.
—Señor, eso está simplemente más allá del ámbito de mi experiencia. Nunca le he servido a una sola persona nueve menús simultáneos bajo mi responsabilidad. Podría meterme en un problema horrible. ¿Qué pasa si, por ejemplo, tuviera usted una embolia, Dios no lo permita? Sus órganos podrían reventar.
—¿No te dije que me miraras? ¿No te he dicho lo que soy? Escúchame con mucha atención. Soy obeso, grotesco, despilfarrador, glotón, devorador compulsivo, un puerco insaciable. ¿No está eso claro? Soy más porcino que humano. Hay espacio suficiente, espacio físico, para ti en mi estómago. ¿Lo oyes? Tienes ante ti a un cerdo. A un fanático de la comida de capacidad ilimitada. Tráeme la comida.
—¿No ha comido en mucho tiempo? ¿Se trata de eso?
—Mira, estás empezando a fastidiarme. Podría aporrearte con mi barriga. También soy, permíteme que te lo diga, una persona algo más que acomodada. ¿Ves ese Edificio de allí, el que tiene luz en las ventanas, el que está en la sombra? Ese Edificio es mío. Podría comprar este restaurante y acabar contigo. Podría y quizá lo haga comprar la manzana entera, incluido ese establecimiento de Los Vigilantes del Peso simbólicamente minúsculo que hay cruzando la calle. ¿Lo ves? ¿El de la puerta y las ventanas situadas como para formar una cara sonriente, lasciva y de mejillas hundidas? Mi capacidad financiera me permite comprar ese sitio y llenarlo de filetes, llenarlo de filetes rojos que me comería. En un escenario así la puerta estaría decorada con un hueso roído; a ningún enano petulante cantor de salmos y con bolsas en la piel, apóstata de la causa de la adiposidad, se le permitiría la entrada. Aporrearían la puerta, sí. Pero el hueso los mantendría a raya. Carecerían de la fibra necesaria para romperlo. Sus bocas y ojos se ensancharían al presionarlos contra el cristal. Demolería, aplastaría físicamente la enorme balanza que hay al final del local brillantemente iluminado en la parte trasera con el peso de un montón de comida. Se le saldrían los muelles. Qué serie más deliciosa de pensamientos. ¿Puedo ver la carta de vinos?
—¿Los Vigilantes del Peso?
—Garçon, lo que tienes delante es una cosa peligrosa, te lo advierto. Los seres humanos actúan en su propio interés. Los cerdos enormes y locos no. Mi esposa me informó hace cierto período de tiempo de que si no perdía peso, me dejaría. No he perdido peso, en realidad he ganado peso, y por tanto ella se ha ido. D.E.P. Y de primera, no olvides que sea de primera calidad.
—Pero, señor, seguramente con más tiempo…
—Ya no hay tiempo. El tiempo no existe. Me lo comí. Está aquí, ¿ves? ¿Ves cómo se menea? Eso es el tiempo, meneándose. ¡Corre, huye, tráeme mi fuente de grasa, mis nueve vacas, o te
pegaré un gancho en la barbilla que te estamparé contra la pared!
—¿Puedo traer al maître, señor? ¿Para consultarle?
—Venga, tráelo. Pero avísale de que no se acerque demasiado. O me lo tragaré en el acto, antes de que tenga tiempo de chillar. Esta noche voy a comer. Brutalmente y solo. Porque ahora estoy brutalmente solo. Voy a comer y el jugo bien podría saltar a chorros a mi alrededor, y si alguien se acerca demasiado le soltaré un gruñido y le pincharé con el tenedor, así, ¿ves?
—¡Señor, por favor!
—Corre como si te fuera la vida en ello. Trae algo para que me apacigüe. Voy a crecer y crecer y a llenar el vacío que me rodea con el horror de mi propia presencia gelatinosa. El Yin y el Yang. Siempre creciendo, camarero. ¡Corre!
—¡Ahora mismo, señor!
—Algunos grisines vendrían bien, ¿me oyes? Pero bueno, ¿qué clase de sitio es este?
David Foster Wallace