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19 diciembre 2015

Mis libros preferidos de 2015.


Como cada año hago un balance de mis libros preferidos publicados en 2015, y me doy cuenta de que son muchos, y también de que la mayoría los he leído por trabajo. Pero cuando el trabajo es placer, poco importa que se llame trabajo

Poesía
1. The collected poems of Chika Sagawa, de Chika Sagawa (Canarium Books)
2. El libro de la danza, de Gonçalo M. Tavares (Kriller71 Ediciones)
3. Eso, de Inger Christensen (Sexto Piso)
4. Beat Attitude, las mujeres de la Generación Beat, ed. de Annalisa Marí (Bartleby)
5. La edad de merecer,de Berta García Faet (La Bella Varsovia)

Narrativa
1. Sumisión, de Michel Houellebecq (Anagrama)
2. La débil mental, de Ariana Harwicz (Mardulce)
3. El cielo oblicuo,de Belén García Abia (Errata Naturae)
4. The Motion, de Lucy K. Shaw (421 Atlanta)
5. Modelos animales,de Aixa de la Cruz (Salto de página)

No ficción
1. La mujer de pie,de Chantal Maillard (Galaxia Gutenberg)
2. Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés (Siruela)
3. De pronto mi cuerpo,de Eve Ensler (Capitán Swing)
4. Maternidadessubversivas, de María Llopis (Txalaparta)
5. La llamada perdida, de Gabriela Wiener (Malpaso)

Cómic e ilustrados
1. Cruzando el bosque, de Emily Carroll (Sapristi)
2. Buenas noches,Punpun, de Inio Asano (Norma)
3. El niño que dibujaba sirenas, de Javier Sobrino y Carole Hénaff (La Fragatina)
4. Rosalie Blum, de Camille Jourdy (La Cúpula)
5. El diario gatuno de Junji Ito, de Junji Ito (Tomodomo)

Mirando estos libros de 2015 me doy cuenta de dos cosas: de que la mayoría son mujeres, y de que este año he leído más ensayo, crónica y cómic que nunca, aunque también tengo algo abandonada la novela. 

Una cosa de la que no me quiero olvidar es de algunos libros de El Gaviero Ediciones que aprecio muchísimo y que si no hubiera tenido el placer de editar seguramente habría incluido en la lista: Post coño, de Gabby Bess y Siamesa, de María Ramos. 

Por último quiero agradecer a Milky Way Ediciones y a Ediciones de oriente y el mediterráneo su increíble trabajo (creo que me he dejado el sueldo en estas editoriales, definitivamente). Libros como La chica a la orilla del mar, de Inio Asano, o como Nuevo nacimiento, de Forugh Frarrojzad han sido mis lecturas más preciadas, aunque pertenezcan a catálogos de otros años. 

Gracias a todos por seguirme por aquí, o a diario en mis artículos de PlayGround o en otras redes sociales que lleno cada día con mis tontadas.

Qué ganas de 2016. Van a pasar cosas emocionantes. Estoy segura.



(Por cierto, hoy colaboro en Babelia haciendo una micro-reseña 
de La mujer de pie, de Chantal Maillard, para su lista de mejores libros del año.

01 octubre 2015

La mujer de pie, de Chantal Maillard.

Ahora las recomendaciones de libros en PlayGround también llegan en forma de vídeo.
Hoy toca La mujer de pie, de Chantal Maillard, publicado por Galaxia Gutemberg este mes (si el vídeo se tarda en cargar, también puedes verlo directamente en Facebook).


La mujer de pie, de Chantal Maillard
Recomendaciones PlayGround: Chantal Maillard, la poeta del dolor, nos trae en este libro un desgarrador testimonio sobre la enfermedad, la vida y la muerte.
Posted by PlayGround on Miércoles, 30 de septiembre de 2015

06 septiembre 2015

Estas fueron mis mejores lecturas del verano.



1. Nuevo nacimiento, de Forugh Farrojzad (Ediciones del oriente y del mediterráneo)
Cuando empecé a leer al iraní Mohsen Emadi gracias a mi amigo Jesús Carmona-Robles, me di cuenta de la influencia que Clara Janés había tenido en su difusión en nuestro idioma. Por aquellos días, me compré también El lenguaje de los pájaros, bajo la recomendación de María Mercromina, un libro fabuloso y delicado, traducido y editado también por Janés. Fui a mi biblioteca, entonces, y empecé a caer en la cuenta de que muchas de mis lecturas predilectas y también más extrañas tenían la marca y el trabajo de esta poeta, traductora y editora (Holan, Stanescu, Orten, entre otros). Fue entonces cuando me decidí a comprar o a intentar hacerme con todo el catálogo de Ediciones del oriente y del mediterráneo, y cuando, entre esos libros maravillosos, leí a Forugh Farrojzad, una poeta iraní muy importante a la que durante muchos años censuraron, por hablar de su cuerpo, de su deseo, de su mundo, con total libertad. Lo primero que me llamó la atención fue el título, después de pasar un mes de mayo horrible, en junio el verbo "nacer" se había convertido en una obsesión. Es curioso como a veces una palabra sencilla, o una recomendación de un colega que vive a miles de kilómetros de distancia puede darnos tanto. Escribí algo sobre Farrojzad aquí

2. La chica a la orilla del mar (1 y 2), de Inio Asano (Milky Way Ediciones)
El pasado noviembre de 2014, cuando cumplí 24 años, la poeta Lola Nieto me regaló un libro extrañísimo. Se trataba de un manga bastante distinto a lo que yo había leído hasta el momento de ese género (la mayoría cómics sobre adolescentes enamoradas, niñas mágicas o animales con poderes). Nijigahara Holograph era el título de aquel manga que en su momento me pareció una verdadera maravilla, pero que no recuperé hasta este julio, cuando, con motivo de mis vacaciones en Japón, volví a leer algunos de mis mangas. A Ibrah también le apasionó la obra de Inio Asano, así que decidimos bajar a comprarnos algunos mangas más a la tienda de cómics de nuestra calle. Nos hicimos con La chica a la orilla del mar, y nos quedamos fascinados. No era sólo el dibujo, era la narración, la expresividad de su personajes, su manera tierna y violenta al mismo tiempo de retratar la adolescencia, el amor y el sexo. Después de eso, Ibrah y yo empezamos hacernos con todos los libros de Asano, y aunque Solanin no me gustó tanto, su obra se convirtió en el descubrimiento del año. En unos meses Norma va a publicar Buenas noches, Punpun, serie de la que pude leer el primer tomo gracias a la edición francesa. Y además Asano vendrá este año al Salón del Manga. Si queréis saber más sobre él, aquí le dediqué un artículo. (Ah, por cierto, no perdáis de vista Milky Way Ediciones, porque esa editorial es una pasada, tienen muy buen gusto en la selección de títulos, pero lo mejor son sus preciosas y delicadas ediciones). 

3. Deshielo, de Maria-Mercè Marçal (Igitur)
Cotilleando en La Central, me encontré con un ensayo en catalán sobre maternidad y enfermedad en la obra de Maria-Mercè Marçal. Hasta la fecha yo sabía poco de esta autora, aunque personas como mi madre y mi abuela se hubieran cansado de recomendármela durante años. Ese ensayo, sin embargo, hizo que me curiosidad creciera, y entonces me puse a buscar algún libro suyo en castellano, pero sin éxito. Un día, sin embargo, entré con Ibrah a una librería centrada en temática LGTB que hay cerca de la redacción de PlayGround, y en su pequeña sección de poesía me topé con Deshielo, una traducción de uno de sus libros más célebres publicada por Igitur hace unos años. Deshielo me pareció brillante y doloroso, y para quienes estéis enamorados de poesía como la de Sylvia Plath, Joyce Mansour, Olga Novo o Marina Tsvetava, este libro tiene que formar parte de vuestra biblioteca. 

4. Las flores del mal (1, 2, 3, 4, 5, y 6), de Shuzo Oshimi (Norma Cómics)
De este regreso al mundo manga, una de mis mejores lecturas ha sido la serie Las flores del mal, aún incompleta en español, pero para ir descubriendo poco a poco. La clara referencia a Charles Baudelaire fue lo que me hizo comprar el primer número en Continuará (mi nueva librería preferida en Barcelona). La historia desde luego era prometedora: un chaval de instituto se obsesiona con Las flores del mal, y desde entonces su vida empieza a oscilar entre dos chicas de su clase. Una de ellas es una flor, y la otra es el puro mal. Desde entonces, lo que podía parecer una sencilla historia de colegiales con las hormonas locas, acaba convirtiéndose en una verdadera locura llena de crueldad, perversión y mucho humor. Me leí los 6 números del tirón, y evidentemente me quedé un poco pobre, pero por fortuna a Ibrah también le gustó la serie, y entonces hemos decidido compartir gastos en compras de manga. Hacía tiempo que algo no nos apasionaba tanto como ir a la librería y llevarnos un par de mangas para leer durante el fin de semana. Hace unos días me compré Cibercafé a la deriva, otra historia de Shuzo Oshimi publicada por MilkyWay Ediciones, que es otra locura enorme, pero que leeré con calma porque aún me queda mucho manga por tantear. Si tenéis curiosidad, por favor, empezad por Inio Asano y por Shuzo Oshimi. Son unos genios y están llenos de poesía. Os gustarán. 

5. En un principio era el hambre, de Chantal Maillard (Fondo de Cultura Económica)
No sé qué decir de Maillard que no sepáis vosotros o que no os haya dicho en otras ocasiones. En un principio era el hambre es una fantástica selección de su poesía y de sus diarios en donde el lector que no hay tenido la suerte de acceder a toda su obra podrá darse cuenta de los tesoros que Maillard escondía por ahí. Sus diarios, mucho menos conocidos que su poesía, son lo que más me ha gustado siempre de ella, porque son muy brutos y muy inteligentes, y a menudo me parecen más puros y completos que sus poemarios. Con Chantal Maillard me pasa algo curioso, y es que hace algunos años no me gustaba nada o casi nada, creo que, entre otras cosas, porque no la entendía. Cuando conocí sus diarios empecé a comprenderla, y fue precisamente la lectura de esos libros lo que me llevó a terminar apreciando su poesía. Por eso os recomiendo En un principio era el hambre, porque os ayudará a ver a Maillard desde todos sus ángulos, que son muchos, y complejos, y perfectos. Este mes también saldrá a la luz en Galaxia Gutemberg su diario La mujer de pie. Cuando lo tenga en mis manos, se convertirá en el libro número 20 que tendré de ella en mi biblioteca. ¿Y os podéis creer que por unas cosas u otras nunca la he visto recitar en directo? Espero de verdad que mi suerte cambie pronto...

25 abril 2014

El gato avergonzado.

Ningún sentimiento perdura en mí. Tan sólo la sensación de un hueco. Una ausencia como agua negra a la que me asomo y en la que veo reflejado lo que soy: mi propia ausencia, mi vacío.
Chantal Maillard


Así es. La nevera está vacía y los libros dan miedo. Deberíamos aprender a comer papel. Deberíamos aprender a lavar los platos después de cada lectura. Si leo un poema en voz alta, el gato me mira. Si estornudo, el gato se asusta. Si lloro, el gato se va. Avergonzado, nada desea de mí.

04 junio 2013

Escribir para curar (1 de 3): Natalia Litvinova.

Jiro Taniguchi
Hoy comienza otro ciclo, esta vez titulado Escribir para curar en homenaje a esos fantásticos versos de Chantal Maillard (escribir/ con derecho al llanto/ escribir para curar/ escribir para guarecerse/ escribir como si cerrase los ojos/ para no cerrarlos). Los poetas, o mejor, las poetas que colaborarán en este ciclo también son tres: Natalia Litvinova, Daniela Camacho y Laura Rosal. Deslumbrantes y precisas, con una poesía contenida al tiempo que brutal. Eligen las palabras exactas porque eligen las palabras del cuerpo. La enfermedad puebla sus imaginarios. También la noche. El desierto. La salvación. Suya es mi salud y las leo como quien lee la carta de una amante o de una hermana lejana. Un Yo impúdico pero misterioso se nos descubre bajo sus versos... La primera de todas ellas en hacerme llegar un poema curativo fue Natalia. Posiblemente ya la conozcáis porque cada vez es más leída gracias a su blog o gracias a las ediciones de su poesía que se han publicado recientemente en España. El siguiente poema pertenece a su último libro, Todo ajeno (Vaso Roto, 2013) el cual no tardará en ser mío, pues en un rato iré a comprarlo a la Feria del Libro. Qué ganas tengo. Con ella os dejo. Así que leed. Sanad. Leed:

EL MILAGRO DE LA COMUNIDAD

Lavo el piso en cuclillas. Paso el trapo mojado.
Trazo mi camino humilde.
Afuere sucede el milagro de la comunidad:
un coro de niños canta, los hombres cortan trigo,
las mujeres se bañan en el río.
Me arqueo contra el espejo, la soledad excita.
Pronto se derrumbará esta casa y la alta hierba
cubrirá las ruinas.
Mi hombre huyó ante el peligro.
En la poesía encuentro la oración para soportar
cada corte abrupto.

(Natalia Litvinova)

06 marzo 2013

Sangre en las manos, y también poesía.






(Nota a esta edición)


No se trata de poesía femenina, ni de poesía feminista, ni de poesía afeminada, ni de poesía que nazca del asco, ni de poesía que nazca del dolor, ni de poesía sangrante, sangrada, manchada de sangre, no se trata de poemas coagulados, ni de úteros, vulvas, palabras malsonantes -lo de ahí abajo-, no se trata de destacar, ni de ser igual, ni de justicia poética a través del rojo tinte. No se trata de nada de eso pero se trata de todo lo enumerado, y sí, y no, al mismo tiempo, de todas las cosas.

Lo que el lector encontrará entre estas páginas es un catálogo de reflexiones desde la poesía a propósito de un tema tan vulgar como es la sangre (menstrual, imaginada, o el vientre, o la maternidad, o la enfermedad misma). No una antología de mujeres y para mujeres sino un repaso a este tema literario tantas veces tratado y en tantas ocasiones malinterpretado o despreciado, a través de las que he considerado las voces -de mujeres, ahora sí- más representativas de la literatura contemporánea, así como las más prometedoras de entre las jóvenes creadoras en lengua castellana.

Cuando me acerqué a ellas para hablarles de Sangrantes, algunas dudaron, otras supieron exactamente de qué querían hablar, otras temieron que la idea generara repulsión “sobre todo entre los hombres”, otras “sobre todo entre las mujeres”, pero todas aceptaron, pues entre su obra publicada o entre sus proyectos más cercanos, el tema siempre había estado latente. Para algunas, comprobaréis, el asunto de la sangre es un tema político, para otras roza el misticismo, la lucha por la vida, el dolor de la pérdida o incluso la celebración del ciclo.

De este modo he querido leer el resultado final del libro como un catálogo, sí, pero también como una perfecta representación de cuáles son las concepciones posibles de la sangre menstrual a partir de unas voces que guardan en común un aspecto: el momento de la purificación del cuerpo que siente y escribe. Del cuerpo que mancha y deja ese rastro inteligente que el lector, decía, encontrará entre estas páginas. 




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17 agosto 2012

El cáncer y sus metáforas.


Esta semana he terminado dos lecturas que me han llevado mucho tiempo (muchos dolores de cabeza, muchas alucinaciones, mucha hipocondría) y de las que ya he ido poniendo algo en este blog. Se trata de El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer, de Siddharta Mukherjee, por un lado, y de La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag, por otro. Realmente la segunda lectura es un complemento de la primera para poder comprender ciertos detalles del tema. El ensayo de Sontag es una suerte de mapa literario a propósito, sobre todo, de la tuberculosis y el cáncer, y de cómo las enfermedades han acompañado a la creación a lo largo de la historia. Así pues, la vida de una enfermedad no podría entenderse sin la vida literaria que hay detrás de ella. Una tesis que también ratifica Mukherjee, pues, según sus palabras hasta un monstruo antiguo necesita un nombre. Bautizar una enfermedad es describir cierto estado de sufrimiento: un acto literario antes de ser un acto médico. El autor de El emperador de todos los males trata la obra de Susan Sontag como un verdadero manual de medicina, aun estando muy lejos de serlo, no hay capítulo en que no cite a la ensayista norteamericana aunque sea, incluso, para contradecir algunas de sus sentencias más arriesgadas. Ambos libros deberían ser bibliografía obligatoria para todos los que han sufrido, sufren o tienen cerca de ellos algún caso de esta enfermedad.

El emperador de todos los males es un libro duro y complicado aunque a la vez vierte un poco de luz ante la oscuridad de su temática. Puede que en el terreno profesional Siddhartha Mujkherjee sea seguramente un buen médico, pero es que en el terreno literario también es un gran contador de historias. Hay un respeto y una pulcritud deslumbrantes en su manera de decir las cosas y posiblemente ese respeto y pulcritud sean lo que convierte a la enfermedad relatada en un dolor mucho más leve y en un mundo mucho más accesible. El emperador de todos los males es, como bien dice el título, una biografía del cáncer, pero también una historia de su existencia, de sus metáforas, de sus víctimas y de las obsesiones de aquellos que durante años han querido combatirlo. Hay grandes nombres, inolvidables, mencionados a lo largo de libro. Hay ensayos fracasados, hay frustración, hay imágenes desgarradoras y terrible información. El emperador de todos los males, finalmente, podría resumirse como una pesada, astuta y firme declaración de guerra. Mukjerhee conoce al enemigo, y sabe que el enemigo es difícil, pero no quiere rendirse y por ello tiene que documentarlo: lo que se ha hecho, lo que queda por hacer.

Supongo que en otras circunstancias quizá no me hubiera interesado por un ensayo médico, sin embargo, como ya indiqué al principio, este libro no es sólo una historia detallada del cáncer. En él, Siddhartha Mukjerhee acerca un tema que ya hemos tratado mucho, el de la enfermedad (o la medicina) y la literatura, pero lo hace desde otro lado, lo hace no como poeta o narrador o ser sufriente, sino desde la propia enfermedad, desde ese punto intermedio en el que el médico se encuentra. Él es un espectador: mira al paciente -al escritor- y mira a la célula maligna -su obsesión-, (pues el uno no existe sin el otro y viceversa), y entonces trata de comprenderlos.

Es en este punto en donde quisiera contradecir a Susan Sontag como ya lo hace Mukjerhee en su libro. Los que seguís este blog habréis visto que unas entradas más abajo he anotado una cita con la que no estoy de acuerdo. En La enfermedad y sus metáforas Susan Sontag explica enfermedades como la tuberculosis como verdaderos acontecimientos esperados por quienes la albergaban. La tuberculosis, cuenta, era la enfermedad de los escritores, de los artistas, de los literatos. Estaba asociada a la creación, al amor, a la idea de plenitud y libertad, y, quien no la tuviera o muriera de ella, quien lo la ansiara... no era nadie. Añade Sontag que ante la tuberculosis, el cáncer no es una enfermedad literaria, esto es: el cáncer sigue siendo un tema raro y escandaloso en la poesía; y es inimaginable estetizar esta enfermedad. Mentira, Sontag, mentira. Tú misma la has estetizado y difundido dándonos este pensamiento. Y detrás de ti otros tantos. Hay tanta poesía en el cáncer como en el cielo, incluso más, diría yo, pues el cáncer lo conocemos, lo tenemos dentro, podríamos tocarlo si quisiéramos, abrazarlo, si nos atreviéramos. Siddhartha Mukjerhee es otra prueba de ello. Buena parte de la literatura contemporánea es otra prueba de de ello. Sin ir más lejos, Matar a platón, de Chantal Maillard, donde la poeta escribe para rebelarse sin provecho a pesar de la derrota ya prevista porque no hay rebeldía que no esté justificada, ni violencia que no sea, en el fondo, inocente; o bien, aquella novela que aún no he leído y de la que no paran de llegarme referencias -me llama, me está llamando- de Fritz Zorn, Bajo el signo de marte, cuyo narrador asegura, según puedo ver en una cita que Diego Zaitegui ha subido a Facebook: el cáncer es una enfermedad del alma. Y no le falta razón, ya hace siglos que el médico Claudio Galeno asociara la depresión al cáncer, siendo ambas, para él, las dos enfermedades provenientes de la bilis negra, intrínsecamente enlazadas. Así pues, el cáncer es melancolía. Un estado oscuro del alma. Bilis lírica, cosa que Siddhartha, Chantal y Fritz ya sabían. Cosa que Sontag negó y que sólo con su negación ya contradijo.

Otra de las cosas que me ha provocado la lectura de El emperador de todos los males es una profunda tristeza asociada no a la enfermedad sino a mis ganas de saber más: desespera. Es realmente desesperante introducirse en un ensayo divulgativo sobre un tema médico y darse cuenta de que una no sabe nada. No conozco nada sobre la medicina. No sé biología, ni anatomía. No conozco mi cuerpo por dentro e incluso lo desconozco por fuera. Por eso me emociona y me sorprende aún más que una persona como Siddharta Mukherjee sea capaz de dedicar su vida tanto a sus pacientes, como a la investigación y a la literatura. El emperador de todos los males está cargado de citas literarias y de referencias a grandísimos autores y deja en evidencia a cualquiera de los que entramos allí, sin saber exactamente a qué nos enfrentábamos.

Es curiosa, pues, esta relación entre la oncología y la poesía. Si Mukherjee es lector de Willam Carlos Williams, el oncólogo que actualmente está llevando a mi madre es seguidor, lector y comprador compulsivo de poesía. Literatura y enfermedad ad infinitum, dije al principio. Los oncólogos como espectadores y críticos de otro género que tan a menudo trata el dolor. Y es que al final algunas pasiones siempre acaban por parecerse. Quién nos iba a decir a aquel oncólogo almeriense y a mí hace un tiempo que nuestras obsesiones terminarían por cruzarse. Que, quizá, entre todos nuestros deberes, tareas y trabajo habría una cosa común en nuestros fines. Con la poesía o la medicina como arma, da igual, pues en este preciso instante los dos lucharíamos por una misma cosa: curar la a ella.  

27 julio 2012

Los temas de siempre, sus casualidades y su comprensión.



Qué casualidad. Ayer recibí dos libros que no tienen nada que ver y sí lo tienen al mismo tiempo. Uno es Matar a Platón, de Chantal Maillard, quizá el libro de poesía que menos me gusta de ella, o quizá el que menos comprendo… por eso, entre otras cosas,  me reconforta leer a Òscar Solsona en la presentación de plaquette Decir el hambre que me regaló Stalker, cuando a propósito de  la autora dice “No entender sus lecturas. Atenderlas. Atender(se)”. El segundo libro que me llegó a casa (gracias a la generosidad de Paloma Castro) es un ensayo que Taurus publicó el año pasado, El emperador de todos los males. Una biografía del cáncer, de Siddartha Mukherjee, quien, según he leído por ahí, es uno de los mejores oncólogos del mundo. Este libro es una historia del cáncer fantásticamente contada. Sólo he podido leer unas pocas páginas (¡es un tocho considerable!) pero su lectura es fácil y muy poética en ciertos puntos. Al igual que muchos de los pacientes citados por Mukherjee, Chantal Maillard también pasó un difícil cáncer. Al igual que la esperanza y la ambición de Mukherjee, Chantal Maillard no se toma la enfermedad a la ligera. En Matar a Platón, y especialmente en Escribir, lo que predomina es la voluntad de quedarse. En la vida o en el papel, pero quedarse. Y es por esto precisamente que considero que los dos libros que ayer me llegaron a casa no se diferencian tanto el uno del otro. El primero será mi relectura. Y trataré de comprenderlo de una vez por todas. El segundo será mi estudio. Una herramienta de indagación más en este tema que nos rodea y que me obsesiona: literatura + enfermedad = enfermedad. Así sea. 

20 julio 2012

Dos citas como dos patadas (porque el dolor es una alerta y la alegría un producto) en el estómago.




Y yo soy la carga

De un ataúd escoltado por golondrinas.

Y yo soy el agua
Llevando ese ataúd que no se callará.

Las nubes están llenas de cirugía y colisión,
Pero el ataúd huye, -negro diamante,

Rubí rebosante de sangre,
Esmeralda rompiente en sus costas

Ted Hughes


escribir
hacia la extenuación

para que se derrame el dolor contenido
desde el inicio del mundo

escribir

para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista
porque no hay rebeldía que no esté justificada

ni violencia que no sea, en el fondo,
inocente,
escribir

con derecho al llanto
Chantal Maillard

13 julio 2012

"La muerte es fea...", descubriendo a Birgitta Trotzig.



Poesía que es un Yo y que es una Sociedad. Poesía que es una crítica a ese Yo, a esa Sociedad. Descubrí esta poesía, la de Birgitta Trotzig gracias a la recomendación de mis amigos Ruth Llana y Enrique Morales hace unos meses en Baeza. Acababa de leer algunos de mis textos de Los estómagos a propósito de los animales y el vegetarianismo y entonces Enrique me dijo mira este poema. Había en ese poema un Yo y una Sociedad. Un Yo y un Mundo... pues ese Mundo que la poeta Trotzig retrata es el que cruelmente habitamos y nos habita. Trotzig es brutal sin ser desagradable. Política, poesía, sangre, luz... todo envuelto de una tensión que en ocasiones me recuerda al Valente más desgarrador e incluso -y perdonad si me equivoco, pero podría dar resultado para describirla- a un cruce entre Ingeborg Bachmann, Chantal Maillard  (en sus diarios) y Gotfried Benn... algo así. Tengo que continuar leyéndola y sé que seguiré sacando cosas buenas de su lectura. Gracias,  Enrique, Ruth, y muchas. 

27 diciembre 2011

Mis 20 de 2011 y mi 1 de 2012: from disco to disco.

Con doble emoción escribo hoy. Primero porque Fresy cool ya está en mis manos y en las de Ibrah cual hijito palomeable y besable, y aunque no sale a la venta hasta el 26 de enero de 2012, queremos enseñaros al niño, que es hermoso, grueso y está muy sano. ¡Ayú! Y con doble emoción, decía, porque ya he configurado mi lista de mis mejores lecturas de libros publicados durante el año. He esperado tanto porque he querido acabar los libros que no había tenido tiempo de leer hasta Navidad y porque me apetecía echar un vistazo a las novedades de noviembre, que siempre pasan desapercibidas en las listas de los periodistas y los críticos. Este año la lista ha sido difícil. De hecho he tenido que configurar dos distintas, una de narrativa y otra de poesía, los géneros que más leo a lo largo del año. Las listas no quieren decir nada, sólo son una ordenación mental de lo que más me ha llamado la atención de entre las novedades y de lo que quiero recomendaros de lectora a lectores. Esto es:

Mis diez de narrativa:

1-Bélgica, de Chantal Maillard (Pre-Textos)
2-Ejército enemigo, de Alberto Olmos (Mondadori)
3-Crezco, de Ben Brooks (Blackie Books)
4-Una habitación impropia, de Natalia Carrero (Caballo de Troya)
5-El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq (Anagrama)
6-Richard Yates, de Tao Lin (Alpha Decay)
7-Libertad, de Jonathan Franzen (Salamandra)
8-Canción de tumba, de Julián Herbert (Mondadori)
9-El cuerpo en que nací, de Guadalupe Nettel (Anagrama)
10-El cielo de Pekín, de Miguel Espigado (Lengua de Trapo)

Mis diez de poesía:

1-La adoración, de Juan Andrés García Román (DVD)
2-Leve sangre, de Jeannette L. Clariond (Pre-Textos)
3-Dime qué, de David Leo García (DVD)
4-Tierra inalcanzable, de Czeslaw Milosz (Galaxia Gütemberg)
5-Árboles con tronco pintado de blanco, de Juan Antonio Bernier (Pre-Textos)
6-Papel a punto de... de Estíbaliz Espinosa (El Gaviero Ediciones)
7-Introducción a todo, de Berta García Faet (La Bella Varsovia)
8-Codex de los poderes y los encantos, de Martín Rodríguez Gaona (Olifante)
9-Juegos de inteligencia, de Rosario Castellanos (Renacimiento)
10-El común de los mortales, de Jorge Riechmann (Tusquets)

Como veréis no escondo ninguna sorpresa. Algunos de los libros aquí citados han sido bastante tratados en este blog. Otros lo han sido menos, pero los considero imprescindibles en este 2011 y en mi biblioteca personal. No hace falta que hable de Tao Lin, ni de Maillard, ni de García Román, ni de Clariond, ni de David, ni de Olmos porque ya sabéis cuánto los he disfrutado. De hecho no voy a decir nada más a propósito. Nada más de nada más. Fuck fresy yeah. A leer. O mejor... Nos vemos en el Manchester. Hi-hi.