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10 mayo 2016

Marzo-Abril 2016: mis 6 lecturas preferidas.


Un virus extraño que convierte nuestros sueños en paseos infinitos por los tejados de la ciudad —paseos que, en realidad, son un pretexto para el amor—. 
Un amor por el alcohol, un amor infinito por el alcohol: no os confundáis, no hablo de Bukowski sino de las dulces borracheras de Amélie Nothomb. 
Dulzura y cariño hacia los gatos. 
O gatos muertos en un riachuelo de una aldea japonesa, donde los huérfanos piden un poco de diversión. 
¿A quién le importa un gato muerto? ¿A quién le importa un cerdo, una vaca, un ratón? 
¿Y a quién le importa una adolescente que se tira desde lo alto de un edificio? 
¿Quizá habría sobrevivido si alguien la hubiera contagiado antes con el virus de los paseantes de sueños?
Ay,
no sé.
Marzo fue el mes del peso. El peso pesado y las patadas nocturnas.
Ay,
tampoco sé.
Abril fue el mes de Ulises. Mes suave. Mes increíble. Mes mi bebé nuestro bebé el bebé.
Ay,
hace 2 meses que apenas duermo, y las lecturas se me mezclan en la cabeza, como una sinopsis delirante, enorme.
Los niños locos de Taiyo Matsumoto en Sunny (ECC), el nuevo asesinato de Amélie Nothomb en Pétronille (Anagrama), la intriga y la ternura de Zidrou en El paseo de los sueños (Norma Cómics), el respeto a todas las especies de Franz-Oliver Giesbert en Un animal es una persona (Alfaguara), el duelo ebrio de Ben Brooks en Hurra (Blackie Books) o el amor por esos seres peludos que son los gatos de Charles Bukowski en Gatos (Visor).
Ay.
Perdonad que no diga más.
Llevo tres horas tratando de escribir estas líneas.
Me tengo que ir.
Bebé me reclama. 

05 febrero 2015

Los estómagos.



«Hay un ejercicio de meditación que consiste en mirar el dolor de frente, a los ojos, sin huir de él ni renunciar a él, hasta que se extinga o hasta que sea él quien nos esquive. Los estómagos es eso mismo. Los estómagos es el hogar que ha sobrevivido sereno a la tempestad, un templo donde las leyes de la naturaleza siguen su curso: aquí la gaviota picotea las cuencas de los ojos del cordero que yace, el padre come carne, la araña atrapa a la cucaracha y le hace un vestido de huesos blancos, el cáncer común destroza al cuerpo porque la enfermedad anida en nuestros espejos. Los estómagos también son mantras que suenan como un susurro porque las grandes verdades se hablan en voz baja. Buda llamaba brahmana a quien está despierto, conoce la destrucción y el retorno de los seres, cruza el camino fangoso y alcanza la otra orilla. Brahmana es también la persona que narra Los estómagos y cuenta su travesía a la otra orilla para ver la luz y atraparla. Por eso Los estómagos es claridad y por eso Los estómagos está, después de todo, lleno de vida. O como expresó Reinaldo Arenas: Voluntad de vivir manifestándose» 
Antonio J. Rodríguez

15 enero 2014

A propósito de Los estómagos.

Pablo Gallo
He visto cómo te embriagas con el rico olor de los mataderos
Joyce Mansour

En enero de 2012 empecé el primer borrador del proyecto poético que continuaría La tumba del marinero, titulándolo provisionalmente (y luego definitivamente) Los estómagos. Aquí habéis podido leer muchas citas, fragmentos o reflexiones a propósito de estos temas que tanto me obsesionaban: el hambre, la digestión, el vegetarianismo, la meditación, la recaída -metástasis, qué palabra-, el gato que detectaba enfermedades, etcétera. Desde entonces se han ido publicando algunos fragmentos en la red, y lo cierto es que me gustaría compartirlos con vosotros. Algunas son primerísimas versiones (queda corregir, pulir, reorganizar) y otras son sólo aproximaciones a lo que espero que sea el texto definitivo. Será un libro muy breve, creo, en comparación con La tumba. Espero terminarlo durante este 2014. Y bueno, aquí os dejo algunos de los fragmentos:

1. La jungla, en Revista Kokoro (España, febrero 2013)

2. Despertar en Rambla del Raval (España, blog de Rai Robledo, agosto 2012)

3. Pudrición del corazón, o corazón negro y Mi padre come cordero, en Revista Ombligo (Argentina, enero 2014 -también traducidos al inglés aquí: gokiburi)


5. Cerdo, Definición del vientre y Azor común en Escrituras Indie (Argentina, diciembre 2013)

6. Hilos de sangre, en El Cultural (España, marzo 2012)


Ah. Y antes de acabar me gustaría resaltar esta ilustración de Pablo Gallo. La encontré una mañana en su muro de Facebook. Me emocionó cuando leí que se titulaba "Meditación intestinal". Le escribí entonces y le pregunté si podría publicarla algún día en mi blog. Y aceptó. Es brutal, ¿verdad?

Gracias.
Buen día y buena digestión. 

29 diciembre 2013

Beyoncé no come carne.

Mi caballo detenido bajo el árbol lleno de tórtolas, silbo un silbido tan puro, que no hay promesas en sus riberas que cumplan todos estos ríos. (Hojas vivas en la mañana son la imagen de la gloria)...
Saint-John Perse

20 diciembre 2013

¿Los 10 post más leídos de 2013?

Aleksandra Waliszewska

Esto es lo que ocurre cuando hago un repaso a las estadísticas del blog:

1. Niñas desnudas. Niñas locas. Niñas rosas (marzo):

Es muy gracioso que este post sea el más leído del año. Posiblemente el tiempo pasará, y lo seguirá siendo, pues poco tiene que ver su "interés" con el contenido. Lo publiqué en marzo a raíz de la salida a la venta de la nueva edición de Poetry is not dead (2010, en la desaparecida DVD Ediciones, 2013 en La Bella Varsovia). Según Google Analytics son más de 7000 usuarios los que han entrado a mi blog desde aquel momento buscando a unas "niñas desnudad". Qué mundo loco. Cuánto pervertido. 

2. La jungla, un poema (febrero):

Aquí anuncio la publicación de mi poema La jungla (perteneciente al libro que desde hace dos años vengo escribiendo, titulado Los estómagos) en la genial revista Kokoro. También me sorprende que tenga tantas visitas y, sin duda, os lo agradezco. El título, como podéis imaginar, viene de uno de los libros más brutales que he leído en los últimos tiempos: La Jungla, de Upton Sinclair.

3. La siempre polémica Marie Calloway (enero):

Los impresores de Tryant Books se negaron a sacar este libro, por lo obsceno de sus páginas. Eso me impresionó. Pensé que seguramente si Calloway fuera un hombre no hubiera causado tantos problemas. Me compré el libro por Amazon y lo leí divertida. Al final no resultó ser nada del otro mundo, pero sí se trata de un fenómeno gracioso y considerable dentro de la Alt Lit estadounidense. Se lo recomiendo a las blogueras locas que quieren leer a otras blogueras locas.

4. Mis diez libros favoritos de 2013 (diciembre):

Este post lo publiqué hace unos días, y poco más puedo decir. Desde 2010 me he sumado a la moda de elegir mis libros preferidos del año. Desde entonces, cada enero abro un documento word en mi ordenador y voy anotando una lista de mis lecturas favoritas. Si os soy sincera, esta año me he cansado bastante de las novedades. Cosas del trabajo y de la rutina. Sin embargo, desde 2014 seguiré ahí para poder contaros cuáles son mis libros preferidos, y cuáles creo que más podrán gustaros.

5. La tumba del marinero, un libro (marzo):

Marzo fue uno de los mejores meses de este año. Una vez terminadas varias traducciones que me tuvieron enero y febrero encerrada, me mudé de piso, dejé de fumar, dejé de salir tanto para procurar tener una vida sana, empecé a cocinar, a interesarme por la meditación, a trabajar desde casa y además publiqué La tumba del marinero en La Bella Varsovia. Como sabréis, este es mi cuarto libro de poemas, aunque a mí me gusta pensar que es el segundo, ya que creo que los tres primeros pertenecen a una misma etapa que La tumba sin duda cierra. El trabajo de Elena, Alejandra y Alberto es inigualable. Y el cariño que muchos de vosotros habéis mostrado desde que salió a la luz es una pasada. Millones de gracias.

6. ¿Por qué cuando Vice, PlayGround o Disorder hablan de libros lo hacen mejor que muchas webs de literatura? (agosto):

Desencantados con los suplementos culturales y con la mayoría de webs dedicadas a la literatura que conocemos, a veces da la impresión de que los lugares en los que encontraremos artículos verdaderamente interesantes sobre libros serán revistas de moda o de tendencias. Este año PlayGround ha sido muy importante para mí, y más importante lo será a partir de 2014. Pero eso ya es otra historia.


Este ha sido el año de los viajes mágicos. Rumanía en septiembre y Reino Unido en noviembre. Se quedó atrás Nueva York, pero hasta nuevo aviso, porque ya estamos organizando nuevas lecturas con Jacob Steinberg, o para presentar Vomit, espero que a lo largo de febrero. 2014 también estará, espero, lleno de viajes. Hoy mismo he tenido que rechazar uno de los proyectos que más ilusión me hacía de toda mi vida, algo relacionado con París y con la escritura. Sin embargo ahí están Estados Unidos y China en el horizonte. Sé que el trabajo merecerá la pena. Sé que los cambios merecerán la pena. Sé que los proyectos que me ilusionan saldrán adelante de una u otra manera. Este post es un reflejo de uno de esos viajes mágicos. La lectura de Museo de Cánceres (poema perteneciente a La tumba del marinero) en el 89plus Marathon de Londres, junto a Sam Riviere. Gracias por los comentarios. Y gracias por la polémica: eso siempre anima la sección de comentarios de esta casa.


Me autorregalé este libro en Sant Jordi y mereció la pena. Una historia cultural de la mierda, divertidísima y muy bien escrita. De hecho, este libro de Florian Werner es uno de mis preferidos del año. La cita, por lo que veo, causó sensación. A veces la gente llega a mi blog buscando "niñas desnudas", pero también buscando "pensar la caca". Por favor, leed a Werner.


Otra vez Marie Calloway en esta lista. Pero aquí junto a Sheila Heti (BUENAS NOTICIAS: viene en mayo al Primera Persona) y Gillian Flynn. Esta es una columna que publiqué en S Moda a propósito de la nueva "concepción del amor" en los libros de las tres autoras citadas. Colaboro en S Moda desde septiembre de 2012 y casi nunca suben las columnas a la red. Cuando tengo ocasión, las comparto aquí con vosotros. Me lo paso muy bien escribiendo para este medio, sobre todo porque llego a unos lectores completamente distintos a los que normalmente leéis este blog. A veces recibo emails de lectores de la revista que me comentan cosas en las que yo nunca me había detenido, y eso es maravilloso.

10. La escoba del sistema (enero):

Este ha sido el año de David Foster Wallace, también el de Plath y el de otros muchos autores que cumplían centenarios de tal o de cual, pero sobre todo el de David Foster Wallace. Su maravillosa biografía, su libro de ensayos inéditos, y la publicación de La escoba del sistema en Pálido Fuego han hecho que sus lectores y fans estuviéramos más que contentos. Este post no es otra cosa que un chiste. Me puse a limpiar la casa (la anterior, la de Rambla del Raval), vi el libro, y no pude evitar pedirle a Ibrah que me hiciera una foto... Y bueno. Esa es toda la gracia. 


Aquí se acaba el post. 

13 noviembre 2013

Comer (2): ñom es el nuevo yummy, y otras historias.

Hace un tiempo me propuse comenzar un "diario de comida" en este blog, pero entre unas cosas y otras no pasé del primer post (pido disculpas, ay). La crítica gastronómica es un género que me queda grande por todo lo que desde aquel momento fui descubriendo, de ahí que aún no me haya animado a seguir, a pesar de que en mi Instagram o en mi cuenta de Foodspotting las imágenes y los comentarios sigan surgiendo; o incluso de que algunos de vosotros me comentarais que después de Comer (1): el tamaño satisface, descubristeis una nueva y genial hamburguesería.¿Sabéis que no he vuelto a ese sitio desde entonces?

En las últimas semanas, sin embargo, he vuelto a escribir bastante a propósito de la comida que como, de la que no como, de la que me gusta o no me gusta comer y de la que os recomiendo. También he leído mucho. Y he cocinado mucho. Y he hablado con verdaderos profesionales del tema, que me han ayudado a entender mejor la verdadera dimensión de los alimentos y sus sabores. Libros como Saber comer, de Michael Pollan (Debate), o Gastropoesía, editado por La Bella Varsovia. Libros de Martín Caparrós, de Mónica Escudero, de Mikel López Iturriaga... Con todo, hace dos sábados publiqué en S Moda una columna (puede leerse aquí) a propósito de las "sectas de la comida", un texto sobre aquellas veces en las que nos volvemos un poco locos al elegir nuestras dietas; y hoy, en PlayGround, firmo un artículo bastante largo en el que trato este tema y muchos más. Aquí os dejo los primeros párrafos, y os invito, si os apetece, a leerlo:

***
Regla uno: 
Comer comida
Michael Pollan

Comer mola
Todo comienza en 2006. Cory Kennedy, la entonces musa adolescente de Cobra Snake, pulsa el play de su discman y el tema “Keep Your Hands of my Girl” de Good Charlote aparece en el YouTube mal grabado de Nylon Mag. Cory mueve la cabeza, el pelo, los hombros y la mandíbula. Cory mola mucho porque baila mientras come; come mientras baila; se retuerce de placer mientras arrastra algo que parece salsa, o hummus, o qué se yo, con un trozo de pita tostada. A decir por el aspecto del plato, cualquiera lo consideraría asqueroso, pero su esfuerzo por regalarnos hipnóticos movimientos punk con la boca llena acaba por hacernos desear cualquiera de los productos que pudiera haber en su bandeja.

Todo empieza en esa época, porque nosotros, como Kennedy, tenemos quince o veinte años, y aprendemos entonces que la comida es una cosa guay, divertida y puramente estética que definirá nuestra manera de ver el mundo. O lo que es más importante, la manera en que el mundo nos verá a nosotros: mucho cuidado a partir de ahora con qué elegimos en el comedor. Mucha atención a cómo mordemos la manzana, el plátano, el pico del pan… Practicamos con nuestras pequeñas cámaras digitales tan de Carrefour 2005 la manera en que dentro de seis años subiremos a Instagram las fotos de nuestros menús. La comida, intuimos, lo es todo. Nos da la vida. Nos construye.

27 octubre 2013

Para saber comer hay que saber cocinar (y otras cosas que nunca aprendo de esta vida).

El gato que huele a mojado también huele a carne. El gato de las encías rojas, rojísimas, llenas de azúcar. Aprendo a combinar los sabores: el higo aquí, el queso aquí, la pera, la manzana, el tiempo de su cocción. Aprendo porque no tengo nada salvo este espacio: la manta aquí, el teclado aquí, los libros, mi cuerpo, los dientes rojos de los gatos. 

El suelo que huele a mojado también huele a café. Me empeño en esconder las baldosas. Que nadie las vea. Que nadie las huela. Me empeño en no tener secretos: no aguanto los problemas de los otros. No aguanto que me pese o que me duela el jodido secreto de los otros. 

Así trabajo y así cocino. Así solo trabajo y así solo cocino. Hay alcohol en los dientes de los gatos. El cachorro que me muerde parece un ciervo. La amistad que me conmueve contiene frases sencillas: hablamos de monedas, de pelajes, de maternidades tiernas. 

Ya no sé qué más decir. Ya no sé qué más lamer. Ya no sé qué más mezclar.

Combino con gran acierto los sabores de mi pereza.  

23 octubre 2013

Estoy gritando.


we’re here/ quiet dancing in london still/ you are like a tulip when there are tulips behind you and i can’t decide what/ you’re like Crispin Best


En casa de Sylvia Plath
Estoy sentada con Gabby, Lucy y Johnny en una plaza silenciosa, justo al lado de una de las casas en las que Sylvia Plath vivió en Londres. Según dice la placa, lo hizo entre 1960 y 1961. No es la casa en la que se suicidó, pero el color morado de los muros y el jardín otoñal la convierten en un espacio irremediablemente suyo. Estoy sentada y suena Get Lucky en una especie de homenaje extraño, demasiado extraño: ninguno tenemos 3G en el móvil y no podemos buscar sus poemas para leer en voz alta. Así que optamos por Daft Punk, aunque nada tenga que ver. El sol se esconde, sale, se esconde, sale de nuevo. Es domingo en Camden Town y al otro lado de la calle nos esperan restaurantes, tiendas, las últimas horas de un fin de semana perfecto en la ciudad carísima. 

Johnny Bryan, Gabby Bess y Lucy K. Shaw
El viernes 18 de octubre me levanto a las 3.15 de la mañana para llegar al bus N117 que me llevará al aeropuerto. Odio los aeropuertos, me ponen nerviosa. Los odio porque son caros y cansan. Sólo en el bus y en el desayuno ya me he gastado casi 7 euros. Mi estómago acaricia el donut que acabo de engullir, y desea no volver a pasar hambre hasta que al fin lleguemos a nuestro destino. En el avión me quedo dormida, con el cuello torcido, como si fuera de goma. Llego a Londres a las 8 de la mañana (de allí) y no podré entrar a mi habitación de hotel hasta las 3 de la tarde. Dejo la mochila. Oculto con crema mis ojeras y salgo a la calle sin rumbo alguno. Afortunadamente tengo buena orientación. Creo que el río está por allí. Creo que eso es el norte, y eso el sur, y gracias al cielo aún me queda algo de batería en el iPhone para tratar de robar algo de WiFi en las maravillosas cafeterías de la ciudad. Camino. Camino. Camino. Las calles aún están como desperezándose y a las 10 de la mañana ya me he comprado un vestido en Urban Oufitters y unos zapatos en Top Shop. Me niego a entrar a American Apparel y a otras tiendas que me vuelven loca y me llevarían a la total pobreza a tan solo unas pocas horas de haber pisado la ciudad cara. Entro a Pret à Manger y pido un bocata de aguacate. Me sorprende la cantidad de opciones vegetarianas que hay en sus menús. Bebo un zumo raro. Maldigo a los enchufes británicos. Al fin un poco de WiFi. Digo hola a Ibrah. Termino el bocata y me encamino al Big Ban. Cada vez hay más turistas y me siento incómoda. Prefería la tranquilidad de Warren St y el olor del aire vacío que azotaba al barrio a las 9 de la mañana. Camino. Camino. Camino. Una vez en Picadilly, después de haber visto plazas, monumentos y cientos de edificios que estoy acostumbrada a encontrarme en series y películas, me llega algo de WiFi y logro comunicarme con Lucy, Gabby y Johnny. Al fin y al cabo, lo más interesante de este viaje no era la ciudad cara (soy la peor turista del mundo, detesto mirar por mirar, sobre todo si no tengo con quién hacerlo), sino mi encuentro con los jóvenes poetas que venían como yo invitados al 89plus Marathon que se celebraría al día siguiente en la Serpentine Gallery de Hyde Park. ¿A qué hora nos vemos ? (Mi inglés es horrible). Pues estamos en el Tate. Qué lejos. ¿Cuándo vas al hotel? Ahora a las tres. Allí nos vemos. Sí. Allí nos vemos. Estoy nerviosa. Mi acento y mi nerviosismo me delatan. Pero quiero verles. Quiero ver a mis amigos. Todos ellos son poetas a los que he leído a través de Internet, gente de la Alt Lit. Gente que viene de Estados Unidos, Canadá o el mismo Reino Unido. Gente a la que he leído y releído. Gente como Gabby: una de mis musas. Trato de volver al hotel sin tomar el metro pero me pierdo. Son las tres. Me dan mi tarjeta. La habitación es una pijada, pero no tienen WiFi. ¿Y no se supone que venimos a un encuentro de la "generación de Internet"? ¿Qué hacen alojándonos en un hotel sin WiFi? Una ducha. Me cambio. Pago 7 euros por una hora de conexión. Me escribe Crispin Best que está en la habitación de arriba con Gabby y los demás. Respiro. Respiro. Respiro. Ensayo nerviosa un saludo que no quede muy ridículo con mi ridículo inglés. Subo. Me abre Lucy, más guapa aún que en las fotografías que desde hace un tiempo vengo viendo de ella en su tumblr. Nice to meet you. Nice to meet you. Nice to meet you. Aquí nadie da besos. Pero yo les abrazo a todos. Pronto quedaremos con Sophie Collins y Sam Riviere. Mientras tanto bebemos vino en vasos de Starbucks. Soy silenciosa. Me siento bien. 

El primer vino
Sophie Collins (1989) poeta de Reino Unido, con orígenes holandeses. Es autora de una plaquette que edita junto a un grupo de amigos. Editora de Tender Journal, feminista, tatuada, de una piel blanquísima y fina. Está casada con Sam Riviere y son la pareja más entrañable del mundo.

Sam Riviere (1981) posiblemente el poeta joven más importante de Reino Unido, tiene un libro en Faber & Faber que estoy deseando leer y que ha cosechado grandes reseñas en el mundo anglosajón. Parece inteligente. Es inteligente. Me sorprende su timidez y me encanta ver cómo baila con Sophie en la fiesta a la que iremos más tarde. 

Gabby Bess (1992) una de mis poetas jóvenes preferidas de la que ya os he hablado aquí y en algunos medios como Barcelonés. Es divertida, delgada, baila mucho y su libro Alone with other people debería estar ya traducido al español. 

Lucy K. Shaw (1987) editora de Shabby Doll House y autora de poemas y relatos que aparecen en numerosas antologías. Viene de Canadá, aunque yo no lo noto en su acento. Me invita a descargarme Snapchat y cuelga fotos en Are you screaming? Me cae fenomenal. Volvemos al hotel en taxi. Abrazadas. 

Johnny Bryan (1988) es profesor de inglés en París aunque viene de Seattle y prefiere Brooklyn por encima de todo. Hablamos en francés y es la única persona con la que comparto gustos musicales. También escribe. En la fiesta del sábado nos leería uno de sus poemas en el cuarto de baño. 

Crispin Best (1989) lo conozco desde hace tiempo porque es uno de los mejores amigos de Ben Brooks. No me extraña, es un tío genial. Durante su lectura de poemas lee un texto largo que hace reír a todo el mundo y que recuerda más a la literatura americana que a la inglesa. Nos lleva por la ciudad como a ovejitas. Nos enseña los pubs, las fiestas, las drogas. Siempre me voy antes que él de todas partes. Me pregunto cuándo dormirá Crispin Best. 

Harry Burke (1989) ahí donde lo ves, sí, con esa sudadera grande y las deportivas. Ahí donde lo ves él es quien ha organizado todo esto. Cuando los organizadores de 89plus le llamaron para preguntarle por jóvenes poetas, él dio nuestros nombres. Ahí donde lo ves, editor, crítico, poeta, tan joven. Lo conozco en el chino. Le veo llorar porque toda la comida es tan picante. Le veo recitar con resaca. Le veo feliz porque todo esto es una locura y al final ha conseguido reunir a toda esta gente. 

Y luego Racher Allen, Natalie Chin, Alex McDonald, Livia Franchini, Katrice Dustin, Tom Dinsdale, Joe Mac, Dan Hogan, Stacey Teague, Kate Shaw... Todos absolutamente simpáticos conmigo, muy lectores, muy creativos, muy divertidos. Alucinantes. 

En casa de Natalie Chin
Gabby, Natalie, Stacey y Johnny leyendo poemas en el baño
Kate y Katrice
Lucy, Gabby, Stacey, Natalie, Joe y yo
No volveré a hablar del proyecto 89plus porque ya lo hice hace poco en SModa y en este mismo blog. Resumiré el evento diciendo que es increíble cómo curadores tan importantes se han interesado en una generación tan incipiente y aparentemente loca como esta. Mirando a los artistas seleccionados (no sólo los escritores), uno advierte una cantidad de selfies, de yoes y de autoparodias infinitas. Eso me gusta. Me gusta porque "con el yo de nuestra generación, todos podemos reconocernos, el yo es universal", dicen en una de las micro-conferencias. El maratón se sucede y escucho a artistas vestidos de punk, a informáticos, fotógrafos, cantantes... Me dicen que Nicolas Jaar está por ahí y creo verle al fondo, pero no estoy segura. Lamento haberme perdido tu concierto, Nicolas. Aquí tienes a una mala fan. A quien sí veo es a Douglas Coupland. Todo está muy bien organizado y entonces le toca el turno a los poetas. Yo leo Museo de cánceres en español, aunque piense que nadie va a entenderlo, creo al final lo comprenden, porque declamo y noto cómo me miran fijamente. Sam Riviere lee la versión en inglés que tradujo Kevin Cole hace unos meses y me dan escalofríos porque lo lee despacio y casi puedo reconocerme. Hay personas que ríen y otras que aplauden. Más tarde algunos compañeros me felicitan y Hans Ulrich Obrist me dice que se ha reído mucho con el "cáncer de Enrique Vila-Matas", y que es muy amigo suyo, y que le salude cuando lo vea en Barcelona (pero yo nunca veo a EVM). Escucho a mis compañeros. Todos son geniales. Rachel Allen me sorprende especialmente. Se me olvidó decírselo, pero estoy deseando leer sus poemas potentes. Recita con una voz dura. Con un acento del sur que hace que cada palabra explote. Ella, Sam, Sophie y Harry se van a otro recital. No volveré a verles. Ahora lamento no haber podido hablar más con ellos. Yo también me marcho, esta vez a dormir. En los últimos días habré dormido 4 horas en total. Tengo hambre y necesito una siesta. Me despido de todos hasta la noche. Me tomo una foto con ojeras con el jardín de fondo. Ducha. Ducha Ducha. Cansancio. Ducha. 

Gabby, Harry, Rachel  y Crispin en Serpentine Gallery
Selfie campestre
El primer día, decía, me comí un bocata vegetal, después una galleta de chocolate, por la noche fideos chinos, berenjenas y tofu (en un restaurante de un barrio alejado del centro, todo lleno de extranjeros, hipsters vagabundos y bares raros), después desayuné tostadas, tomé un poco de arroz, algo de sushi vegetal de un fast-food japonés que había al lado del hotel, y a las tantas de la mañana la ensalada de calabaza de Natalie y una manzana del manzano de su jardín, luego desayuné un capuccino, comí una hamburguesa en pan de pita vegetal y cené en el Pret a Manger del aeropuerto un wrap vegetariano envuelto en algas y un "vasito de proteína" hecho de huevo y espinacas. Es curioso, pero todos los poetas que conocí en Londres eran vegetarianos o veganos. ¿Será esta dieta, acaso, lo que realmente daesentido a la generación de la Alt Lit? ¿Nuevos escritores con estómagos verdes? 

Bebida molona
Crispin y Sam en el restaurante chino 
En una cafetería bonita cerca de la casa de Plath
Me gasté mucho dinero en la ciudad cara, comiendo, bebiendo, comprando, buscando Internet... Me gasté mucho dinero pero mereció la pena la experiencia porque como ya pasó hace un mes en Rumanía, vuelvo con un montón de nuevos amigos, de lecturas pendientes y de imágenes inolvidables en mi memoria. Las casas preciosas, la lluvia finísima, los partidos de fútbol en el parque, la música de Demarco mientras todos hablaban drogados, las autofotos que nos enviábamos por las mañana para saber dónde estábamos, las lágrimas con la comida picante, la música de la fiesta en casa de una desconocida, las medias de colores de las niñas modernas, la mezcla de acentos, el olor a comida por la calle, los cafés enormes, el vino dulcísimo, el poco tiempo del que disponíamos para conocernos, el cruce de caminos, el no saber si algún día volveremos a encontrarnos... Seguro que sí.

Suburb that friends come and leave
Suburb that friends come and leave
but that
that is enough.

No matter, suburb.

[Suburb fierceness at interviewer]

Suburb, happiness isn't based in properties.

Suburb I'm alone.
Suburb I'm bleak.
Sophie Collins

Screaming

30 septiembre 2013

No hay vampiros en Transilvania, sólo perros románticos.


Cuvinte pasari cu aripi de sânge / Palabras aves con alas de sangre
Max Blecher


I
Cuando anuncié en mis redes sociales que me iba a un festival de poesía en Transilvania, todo fueron bromas a propósito de vampiros, mordeduras, y demás. Pero lo cierto es que en Transilvania no hay ni un solo vampiro… todo lo contrario: cada una de las personas de Sibiu que tuve el placer de conocer en todo caso se comportó como una extraña donante de sangre, donante de alegría, donante de literatura. No colmillos. Sí esa fuerza con la que golpeaban unas palabras que a mí me sonaban tan lejanas. Perros románticos, en resumen, todos estos poetas a los que admiré durante mi estancia. Porque sin duda fue una experiencia bolañesca de principio a fin. Una experiencia verdosa e inolvidable.


II
Lo primero que veo de Sibiu es un trozo verde de tierra. El avión está a punto de aterrizar. Son las cuatro de la tarde y no he comido en todo el día. En el bolso guardo un par de libros, entre ellos Cuerpo transparente, de Max Blecher, aquel que Nerea me regaló meses atrás durante la presentación de La tumba del marinero en Pamplona. Agarro nerviosa el pequeño poemario y leo al azar algunas palabras en rumano: Mâinile tale pe capul meu ca doua pe un singur mormânt. (Tus manos en mi cabeza como dos piedras en una sola tumba), y entonces el avión cruza el cielo limpísimo de Sibiu, y el trozo verde de tierra se ve salpicado por ganado de muelas doloridas y tejados de ojos inquietantes. Vlad y Catalina me esperan en el aeropuerto. En aquel momento yo aún no sabía que cuatro días después me despediría de ellos casi llorando de tanta pena que me produciría pensar que quién sabe… quién sabe cuándo volveremos a vernos. Catalina (que nació en 1995 y me hace sentir una señora muy mayor a su lado) me prometerá entonces una visita en primavera. Salimos del aeropuerto y me llevan al hotel. El verde se sucede en la ventana y Blecher resuena en mi cabeza. Más tarde llegaría Radu. Más tarde conocería a Andrea (Italia). A Emilian (Moldavia) y su mujer. A Tara (EEUU). A Roland (Hungría). Etcétera.


III
Radu es probablemente una de las mejores personas de este planeta. No hay nadie más generoso que él. Desde que lo conocí el año pasado en otro festival de poesía en Bruselas no hemos parado de escribirnos o recomendarnos lecturas. Conmigo es extremadamente amable y por alguna razón que no llego a comprender del todo (y que no sé cómo agradecer) no ha dejado de apoyar mi poesía, dándola a conocer en varias revistas, antologías o recitales de Rumanía. Radu es una especie de hermano mayor. Un genio de la literatura. Un buen amigo.


IV
In front of krokodil we raise our right arm
Our touch the
Place where our heart used to be
Vlad Pojoga


V
La primera mañana desayuno muchas cosas con chocolate. Son las nueve y consulto el correo, atiendo algunos asuntos del trabajo y me doy la ducha más larga del mundo. Roland se acerca a mi habitación para pedirme pasta de dientes. Al principio no le entiendo, mi inglés es horrible. Escribo un mensaje a Catalina para ver si Vlad y ella pueden recogerme en el hotel y mostrarme la ciudad. Cuando bajo, me encuentro con Andrea, el poeta italiano que vive en París y que resulta ser amigo de algunos autores que he leído bien, como Giorgio Vasta. La noche anterior, durante la cena, estuvimos hablando mucho de las diferencias entre la cultura española, francesa e italiana, y convenimos en que la repercusión de la poesía en esos países es bien pobre. Nada nuevo, vaya. Compartimos algunas referencias: a los dos nos encantan Bukowski y Cristophe Tarkos. Más tarde en el hotel pasaríamos un rato viendo el blog en el que colabora, uno de los más importantes de Italia: Nazione Indiana, y otras páginas de poetas cuyos nombres apunté por algún lado y ahora no encuentro. Pero la primera mañana, decía, la pasé caminando por Sibiu con Vlad Pojoga, hablando de su amor por Max Blecher y de todo el panorama actual de la poesía rumana. Vlad nació en 1993 (otro que me hace sentir más que vieja…), trabaja en una editorial (Casa Editora de Max Blecher), organiza lecturas, traduce a Palahniuk, traduce del rumano al inglés a sus propios compañeros de generación y habla un inglés perfecto. Él y Catalina son pareja desde hace tiempo, están todo el rato juntos y entre los dos publicaron la antología We fall asleep faster than we used to, en donde recopilan a varios autores de edades parecidas a las que podemos encontrar en Tenían veinte años y estaban locos. Vlad y yo tenemos sueños parecidos. Nos gusta buscar y buscar y buscar nuevos autores. Nos gusta la edición. Nos gusta ayudar a nuevas voces a darse a conocer. Nos gusta pasear en silencio, mirando las paredes y a los perros.


VI
Descanso un rato en el hotel y a eso de las dos me reencuentro con Catalina en la librería Humanitas (un lugar estupendo con una buena selección de literatura extranjera). Ella me lleva hasta una torre en la que Vlad, Andrea, Roland y Nicolae nos esperan. En la torre vemos una exposición 3D y contemplamos el “skyline” de Sibiu. De nuevo el verde asoma en el horizonte. Hay alguna nube. Abajo suena la música choni de la Octoberfest. Lo verde: tan de Sibiu. Lo choni: tan universal.

VII
Como polenta, queso y sopa de verduras. Cada vez se nos suman más poetas. Todos beben alcohol como cabrones. Especialmente el moldavo, con su cerveza negra. El moldavo de ojos azulísimos y risa de ruso.


VIII
They called me to sing for the dead
While they were playing cards
Drinking vodka and telling
Stories
Nicolae Avram


IX
Primeros recitales: Florin Irau, Andrea Anglese, Teodora Coman, Vlad Dragoi, Rita Chirian, Ioana Vintila, Tara Skurtu y Cristina Jidveianu. Las palabras en italiano, en inglés, en rumano. Ioana tiene quince años y una fuerza increíble. Dragoi presenta su primer libro del que puedo leer algunos versos en inglés e intuyo a un genial poeta que bien podría pertenecer a la Alt Lit. Tara lee un poema alucinante sobre un pájaro muerto (me encantan los poemas sobre pájaros, me encanta su poema sobre pájaros, me encantan los poetas que matan pájaros con sus palabras). Andrea me regala su libro. En la antología común leo esto y lo subrayo inmediatamente: I cannot not tell my story. I call this: autobiographical calamity. Cuando Rita sale a leer me emociono demasiado. Su poesía sobre la enfermedad, sobre los desórdenes mentales. Su manera de leer. Llevaba tanto tiempo deseando conocerla. Es tan guapa. Tan entrañable… Más tarde las cenas. Las risas. El pub (cuando llegamos suena Ramnstein “te quiero puta” y reímos). Luego la discoteca: Daniel, Nelu, Krista, Andrea, Dragoi y yo. Cantamos canciones rumanas como si realmente las conociéramos de memoria (ellos probablemente sí, Andrea y yo lo hacíamos gracias al tequila). Allí la noche es muy barata. Invito a cerveza a esos jóvenes poetas, porque ya (y para siempre) son mis amigos. A las seis de la mañana llego al hotel. Puedo hablar un poco con Ibrah por Internet. Me manda fotos de los gatos. Me echa de menos. Yo también a él.


X
Along the spine
Slips the blade of scissors
The black curves
The ligaments snap
Never the skull
Andrei C. Serban


XI
El sábado por la mañana consigo reunir los trozos de mi cerebro que perdí la noche anterior. Desayuno. Me ducho. Segunda tanda de recitales a las 11 de la mañana: Andrei Bodiu, Roland Orcsik, Daniel Coman, Stefan Manasia, Martin Woodside, Sinzania Sipos, Andrei C. Serban, Krista Szocs. Después pausa para la comida. Visita al museo. Tocar a los gatos gordos que viven en el museo. Comer queso (más queso, sólo queso). Paseo con Catalina (me casaría con ella). Conversación sobre vampiros (sí, que no hay vampiros en Transilvania, joder). Sus ojos son intensos. Me habla de sus proyectos de novela. Vuelta a la librería. Aurel Pantea. Luna Miguel. Catalina Stanislav. Nicolae Avram. Romulus Bucur. Vlad Pojoga. Ioan Serbu. Emilian Galaicu-Paun. Rita lee mis poemas en rumano y lo hace mejor que yo en español. El festival termina y todos estamos absolutamente satisfechos. Felices. Compro muchos libros. Muchos libros. Muchos libros. Vuelta al hotel a recoger los trozos de mi alma que el cansancio me quitó. Otra ducha. Tiritas. Me pongo guapa. Es hora de cenar.


XII
If i die i’ll let you eat
Me if you die you’ll
Let me eat you yes
Vlad Dragoi


XIII
Para un vegetariano es un poco difícil salir del país. Esto lo sabe Ibrah, que hace un mes estuvo en Kosovo y le fue tan difícil encontrar algo sin carne. Como cosas con queso por cuarta vez consecutiva. Bebo mucho vino blanco. He hecho bien al sentarme junto a Radu porque la noche, a pesar del cansancio, promete demasiado. Demasiado perra y demasiado romántica. Hablamos de libros. Hablamos de Bolaño. Hablamos de belleza… y de pronto… hablamos de pollas. ¿Qué? Roland y Tara empiezan a escribir insultos en húngaro y a traducirlos al inglés. La libreta de Tara, cuyo título es “Romania. Book”, se acaba convirtiendo en una especie de “Biblia para hacer amigos en el extranjero”. Curiosamente son los insultos croatas los que ganan por encima de todas las cosas. Florin dibuja una polla. El cuaderno florece de sexos. Pienso entonces en García Madero, y en Los detectives salvajes. Pienso en lo salvajes que estamos siendo esta noche entre vodka, vino y cava. Somos salvajes y reímos como salvajes. Qué amistad tan extraña nos une esta noche. Y jugamos al mejor juego del mundo jamás imaginado. (Un juego, me cuentan, que ya es tradición entre los literatos rumanos). Radu dice: “tenéis que imaginar un cuadro, ¿sí?. Un cuadro en el que aparecen dos hombres dándose por culo. Ahora tenéis que pensar en vuestros libros favoritos. ¿Vale? Cualquiera de los títulos que elijáis le irá como anillo al dedo –lol-, a ese hipotético cuadro. Veréis”. Efectivamente: Furor y misterio ¡hahaha!, Música de cañerías ¡hahaha!, Indignaos, ¡hahaha!, Cien años de soledad ¡hahaha!, Una temporada en el infierno ¡hahaha! Salvajes como perros terminamos la noche bailando de nuevo. Me quedan pocas horas para abandonar la ciudad verde de ojos en los tejados. El tequila termina de destrozarme. En la habitación, de madrugada, me doy la tercera ducha del día. Soy una perra romántica aullando en soledad.


XIV
Maybe solitude
Has eventually distended
The empty romos among synapses
“We must examine our pain”
Rita Chirian



XV
Radu Vancu: hermano, amigo
Catalina Stanislav: ojos azulísimos, cándidos
Vlad Pojoga: inteligencia, juventud
Rita Chirian: la admiro tanto
Andrea Inglese: elegancia
Roland Orcsik: alegría
Emilian Galaicu-Paun: literatura europea
Nicolae Avram: jazz
Stefan Manasia: canibalismo
Vlad Dragoi: Depeche Mode
Tara Skurtu: corazón
Martin Woodside: belleza californiana
Florin Iaru: alcohol
Ioana Vintila: el futuro
…


XVI
Con una resaca infinita me encuentro en medio del campo. No sé cómo he llegado allí. Quizá en el coche de Rita. Martin, Vlad, Catalina y yo miramos los ponis y los perros vagabundos. Aquello era un palacio. Mi men te es tá en o tro la do to do es muy muy muy muy verde. En el coche suena Radiohead como un himno. Un gran himno al bosque verde que nos rodea.
Mi men te.
Mi es tó ma go.
Mi do lor.
Mi ver de.
Medicina.
Comida china.
Me llevan al aeropuerto y siento que me mareo.
Abajo lo verde.
El ganado ya no nos salpica.
Las turbulencias me envenenan de miedo.
Abajo mis amigos. Los perros románticos.
Jamás vampiros.
Yo los vi bajo la luz del día y todos resplandecían.
Por un momento, por un solo momento la existencia del mundo se detiene.