Betty Blue
y estás solo con Arthur
y sólo te entiendes con los muertos
Berta García Faet
Leo a Berta García Faet. Tiene dos años más que yo. Dos libros publicados y otros dos por publicar. Mi buen amigo Dani, de Almería, ya me había hablado de ella pero hasta hoy nunca tuve ocasión de comprar alguno de sus poemarios. Lo tenían en La Casa del Libro de Goya. El autobús de la Universidad me deja en Goya. Siempre me bajo en esa parada para ver la librería. En las estanterías de poesía tienen casi todo DVD y casi todo El Cangrejo Pistolero, excepto
Poetry is not dead y
También mis ojos. Será cosa de barrios, me digo, La Latina no es Goya. Allí no nos quieren. Tampoco tienen a David Leo y eso que en La Casa del Libro abunda Hiperión. A Berta sí la he encontrado. He comprado su libro. Se lo he dicho en un mensaje de Facebook mandado gracias al wifi de la EMT. "Ya tengo tu libro". Y me ha gustado. El poemario,
Nigth club para alumnas aplicadas, ganó un premio en la editorial Vitruvio. La poesía de Berta García Faet es muy distinta a la que hacen mis colegas poetas. No tiene la brevedad de Laura Rosal (y sin embargo las dos hablan de sexo), no tiene el ritmo calculado ni la formalidad brillante de David Leo (y sin embargo sus maestros coinciden), no se parece al observador Álvaro Guijarro, ni al oscuro Javier Gato, ni a la sangrante Marina Ramón-Borja, ni a la sensual y virginal y delicada Odile L'Autremonde. Tampoco se parece a mí, y sin embargo, digo, compartimos sentimientos, obsesiones por la cita, la poesía del personaje: la escritura como un diario de lecturas y gestos. La poesía de Berta es una escena. Y eso me gusta. Las escenas me gustan. Las escenas me entusiasman porque cuentan una historia, detrás, y más allá, y muy dentro de lo críptico de cualquier verso. Espero ansiosa los dos próximos libros de Berta García Faet.
Fresa y herida, y, por supuesto,
Introducción a todo. Este último ha ganado el Premio de Poesía Joven "Pablo García Baena" junto con
El futuro es un bosque que ya ardió en alguna parte, de Juan Bello. Conozco a Juan desde hace años. Nos hemos escrito. Nos hemos posteado. Nos hemos leído y recomendado lecturas. Todo gracias al blog, que es para todos nuestra segunda casa. Todos los escritores que he mencionado tienen blogs. Muchos no tienen libro, pero tienen blog, y para mí son poetas tan válidos y necesarios como los que ya han pasado sus versos al papel. Conozco a otros: Enrique Morales, Cristian Alcaraz, Ernesto Castro, Sara R. Gallardo, Fran Montoro, Marta Echaves, Alex Reig, Emily Roberts, Ángel de la Torre, Ruth Llana, Bárbara Butragueño, Evohé, Lola Font... de algunos he hablado muchísimo en este blog. De otros he ido descubriendo tesoros, poco a poco. No tendrán más de veinticinco años (pero qué importa la edad, dicen), y sí, la edad importa cuando descubres a alguien que es como tú. Cuando sabes que puedes dialogar con un texto escrito el mismo día, a la misma hora, con los mismos días contados que tú. Cuando sientes que hay muchos más humanos perdiendo el tiempo en pulir ese texto primerizo, mimado e importante. Quizá esté demasiado emocionada, pero encuentro fabuloso alternar la lectura de un TS Eliot o un Quevedo con la de una Berta García Faet, por ejemplo. La poesía, al principio, es una película de Larry Clark. La poesía nace en la juventud, digan lo que digan. Y eso no es un valor añadido, es sólo un hecho.
Estimados Eliot y Baudelaire/ (voy a ser muy explícita), he pecado. Escribe García Faet. ¿No os recuerda un poco a
Las moras agraces... y a ese
mire usted, señor Baudelaire? Esa es otra de las cosas que me gustan de Berta y de la poesía y de la blogosfera... que el tiempo ha dejado huella y ya quedaron muy atrás los primeros libros de Carlos Pardo, Carmen Jodra, Miriam Reyes o Elena Medel. Precisamente,
Mi primer bikini cumplirá dentro de poco diez años. ¡Diez años! ¡Hace diez años yo estaba peinando a mis cinco maravillosas muñecas Bratz! Pero de
Mi primer bikini ya hablaré otro día, uno de estos, muy pronto, sí. Tanta poesía y ya es diciembre. Y ahora vuelvo a la cama. Me vuelvo a la escena. Mi escena. Vuelvo al hermoso narrador.