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26 enero 2012

Conversación marital alrededor de Fresy cool: última parte.



[...]


LM: ¿Y el amor? ¿Cuánto amor hay en esta novela?

AJR: Se me ocurre que una de las líneas narrativas de la novela pasa por el trayecto que media entre que los protagonistas se conocen y el punto final de la ficción, donde naturalmente se encuentran en un lugar muy distinto. Veo ahí un desarrollo como de juego de arcade (otros dirán que el juego de la relación es más bien un rol), en donde, a mi juicio, todos los problemas o retos que se les plantean a los protagonistas tienen un origen sociocultural, así hablemos de celos, espacios compartidos, vacilaciones, infidelidades o hasta de paternidad. En ese sentido siempre me ha interesado desmontar la construcción de subjetividades en función de la cultura que uno consume, ya hablemos desde el discurso neorromántico o del liberal; y cómo ésta te enseña, las más de las veces mal, a relacionarte con el otro. 

LM: ¿Y el sexo? ¿Y la sexualidad?

AJR: Imagino que se trata de un subtema derivado del anterior. Todo es cultural. 

LM: Y… ya casi para terminar me gustaría que nos contaras un poco por qué eres tan gracioso. Yo me he reído muchísimo leyéndote. Siempre me río mucho contigo, en general, por eso TE AMO, entre otras cosas. Háhá. ¿Crees que hace falta más humor en nuestra literatura? ¿Por qué crees que los literatos son tan serios? ¿A quién le copias los chistes? ¿Con qué escritores te has reído últimamente?

AJR: En España hay una serie de autores con los que me he reído muchísimo: desde los cervantes, quevedos, mateosalemanes o poncelas a contemporáneos como Calvo, Fernández Porta o Mal-herido. Pero es verdad que, en líneas generales, y al menos en cuanto a literatura contemporánea se refiere, da la sensación de que no tenemos mucho que hacer con británicos o estadounidenses. Por lo que a mí respecta, imagino que debe ser una cuestión de tono, y que cada autor encuentra cierta predisposición a la comedia o la tragedia. Muchas veces intento decirme: “venga ya, vamos a ponernos serios”, pero al final acabo aburriéndome. Prefiero la sátira y la comedia. Y me gustan los escritores cachondos (imagino que aquí se encuentra parte de mi rechazo a la poesía como género: pues ellos parecen ser aún más serios que los novelistas). Y por ello, y siendo como es la risa un asunto especialmente delicado, siempre me pone de muy buen humor que alguien considere divertido algún texto mío. Casi me atrevería a decir que la capacidad de hacer reír al lector es uno de los éxitos que más valoro en un autor.  En cuanto al último libro con el que me carcajeé: una colección de ensayos de Kevin Smith.

LM: Después de todo esto –puedes ser sincero, llegados a este punto ya no nos está leyendo nadie- ¿estás contento con el resultado? ¿Te gusta tu novela? Y entonces, ahora… ¿qué?

AJR: Rayos. Creo que ha llegado el momento del discurso laxo.
No recuerdo literalmente la cita, pero en alguno de sus ensayos Pamuk cuenta que todo autor fantasea con su primer libro, la edición, la portada, y todo lo demás. A mí en verdad no me ha ocurrido exactamente así. Nunca he sido bibliómano. Y si sigo interesado en hacer ficción es porque para mí, lo importante en la escritura de una novela no es Ítaca, diría el proverbio, sino el camino.
Naturalmente recibir los ejemplares está muy bien, pero se trata de una felicidad de una magnitud diferente al instante en que uno pone punto final al manuscrito, acontecimiento que en este caso ocurrió alguna calurosa madrugada durante el verano de 2010. Entonces estábamos en aquel piso de Puerta de Toledo, y  pasé por un interminable mes de esprint final quemándome las pestañas frente a la luz blanca del ordenador, yéndome a dormir a las nueve o diez de la mañana y levantándome pasado el mediodía. Como te digo, es en ese momento en que te encuentras tú solo con tu documento word cerrado, terminando de revisar la última versión, donde se acaba la aventura de la novela. Eso sí que es un subidón. Y no el speed.
Dado que el libro salió de imprenta hace unas semanas y algunos amigos míos ya lo tienen, en este tiempo me he dado cuenta de que, casi inconscientemente, a toda costa he intentado evitar hablar de él. Además de que me resulta un poco autohumillante tocar el hombro de la gente para decirle, con un gesto como de Buddy Christ: “¡Hey!, ¿te moló?”, la verdad es que no sé hasta qué punto me pueden interesar las críticas. Porque supongo que tanto si los lectores la detestan, les divierte, les parece bien o mal, detectan errores o aciertos, en realidad esa sensación, supongo, sólo puede ocurrir en una proporción menor a lo que yo he experimentado en ese trayecto. Fresy Cool es un libro que he detestado horriblemente y me ha parecido una genialidad en otras ocasiones. Todo el que ha escrito una novela sabe esta sensación. Semejantes delirios de grandeza y hundimientos de ánimo hacen que uno mismo conozca todo el abanico de posibles reacciones cutáneas a la lectura de su propio texto, y alguna sombra de semejante ciclotimia, imagino, es lo que al final llegará al lector. De ahí lo que te comentaba antes sobre ese cierto desinterés (al menos de momento; quién sabe si ahora que el libro está en librerías me volveré un paranoico ante las críticas) en cuanto a las reacciones de los lectores.
Seamos sinceros. Si alguien me dice: “Fresy Cool es la leche de buena, repámpanos.”; o si por el contrario creen: “Chico: vaya papilla mala”; o incluso si optan por algún moderado término medio, pulgares arriba o abajo; yo, en mi fuero interno, no podré evitar pensar: “Por ahí ya he pasado yo.”
Y todo eso, naturalmente, mientras me distraigo pensando en proyectos por venir.
Es lo que hay. 


[FIN]

Para saber más...

27 diciembre 2011

Mis 20 de 2011 y mi 1 de 2012: from disco to disco.

Con doble emoción escribo hoy. Primero porque Fresy cool ya está en mis manos y en las de Ibrah cual hijito palomeable y besable, y aunque no sale a la venta hasta el 26 de enero de 2012, queremos enseñaros al niño, que es hermoso, grueso y está muy sano. ¡Ayú! Y con doble emoción, decía, porque ya he configurado mi lista de mis mejores lecturas de libros publicados durante el año. He esperado tanto porque he querido acabar los libros que no había tenido tiempo de leer hasta Navidad y porque me apetecía echar un vistazo a las novedades de noviembre, que siempre pasan desapercibidas en las listas de los periodistas y los críticos. Este año la lista ha sido difícil. De hecho he tenido que configurar dos distintas, una de narrativa y otra de poesía, los géneros que más leo a lo largo del año. Las listas no quieren decir nada, sólo son una ordenación mental de lo que más me ha llamado la atención de entre las novedades y de lo que quiero recomendaros de lectora a lectores. Esto es:

Mis diez de narrativa:

1-Bélgica, de Chantal Maillard (Pre-Textos)
2-Ejército enemigo, de Alberto Olmos (Mondadori)
3-Crezco, de Ben Brooks (Blackie Books)
4-Una habitación impropia, de Natalia Carrero (Caballo de Troya)
5-El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq (Anagrama)
6-Richard Yates, de Tao Lin (Alpha Decay)
7-Libertad, de Jonathan Franzen (Salamandra)
8-Canción de tumba, de Julián Herbert (Mondadori)
9-El cuerpo en que nací, de Guadalupe Nettel (Anagrama)
10-El cielo de Pekín, de Miguel Espigado (Lengua de Trapo)

Mis diez de poesía:

1-La adoración, de Juan Andrés García Román (DVD)
2-Leve sangre, de Jeannette L. Clariond (Pre-Textos)
3-Dime qué, de David Leo García (DVD)
4-Tierra inalcanzable, de Czeslaw Milosz (Galaxia Gütemberg)
5-Árboles con tronco pintado de blanco, de Juan Antonio Bernier (Pre-Textos)
6-Papel a punto de... de Estíbaliz Espinosa (El Gaviero Ediciones)
7-Introducción a todo, de Berta García Faet (La Bella Varsovia)
8-Codex de los poderes y los encantos, de Martín Rodríguez Gaona (Olifante)
9-Juegos de inteligencia, de Rosario Castellanos (Renacimiento)
10-El común de los mortales, de Jorge Riechmann (Tusquets)

Como veréis no escondo ninguna sorpresa. Algunos de los libros aquí citados han sido bastante tratados en este blog. Otros lo han sido menos, pero los considero imprescindibles en este 2011 y en mi biblioteca personal. No hace falta que hable de Tao Lin, ni de Maillard, ni de García Román, ni de Clariond, ni de David, ni de Olmos porque ya sabéis cuánto los he disfrutado. De hecho no voy a decir nada más a propósito. Nada más de nada más. Fuck fresy yeah. A leer. O mejor... Nos vemos en el Manchester. Hi-hi. 

11 marzo 2011

La legendaria rebelión de los fumadores, de Julio Fuertes, ese loco.


Primera foto: La legendaria rebelión de los fumadores (Papel de fumar, 2011) novelita de Julio Fuertes, ya está en su lugar, junto a la imagen de Richard Yates y el resto de mis libros de poesía, que en ocho meses han pasado de compartir estante con los libros de Mondadori de mi prometido a llenar dos estantes hermosísimos. (¿Cuánto dinero habré gastado en vosotros, infames libros caros, que ahora soy pobre y lloro con la nevera vacía, y ¡ah! há há, encima la tarjeta se me queda atrancadaenlcajeroysupuháhámadre? joder). Novelita de Julio Fuertes, decía, que es tan divertida y tan desesperante que os joderá la cabeza. Dato cotilla, muchachos, Gossip Girl al habla: ¿queréis saber los trapos sucios de un narrador, sus colegas, sus amantes, de los poetillas de Madrid y sus tontadas, de qué se cuece, qué cojones se cuece en Puerta de Toledo y en los corazones flácidos de los narradores emergentes? Pues tomen nota. Compren. Roben. Lean. Merece la pena. Y lo digo: a) porque realmente me entusiasma este relato/novela bien escrito ¡con sus fallos y todo! -pero eso se lo cuento al autor en un bar... o bueno, venga, vale: hay anécdotas y chistecillos que no entiendo, la de Nokia y todo eso, o demasiadas repeticiones, pensamientos de caca y penes que en un espacio tan reducido pueden saturar, qué sé yo, no me hagas caso, a mí me mola- b) porque es uno de mis mejores amigos, y ver nacer al hijo de un buen amigo es tan bonito como ver nacer al tuyo propio. Sábanas y sangre. Sangre nueva. Eres niño como yo.

Segunda foto: compro cuatro libros a Elisa Fuenzalida en la barra de La Tabacalera. Cada libro me cuesta cinco euros. Elisa es la editora. Me cae bien. Tiene algo que enamora mucho en su forma de hablar. Le digo que soy la agente de Julio Fuertes, aunque sólo por un finde. Nos vamos a Almería, a presentar el libro en Almería. Nos vamos Julio, Marina, Ibrah y yo. Uno de mis sueños es alquilar un coche y patear el desierto y las playas con mis amigos. Qué ganas tengo. La presentación de La legendaria rebelión de los fumadores es el día 18 a las 8 y cuidado con las rimas. Librería Picasso. Almerienses, os quiero allí. Así que compro los cuatro libros y me gasto los 20 euros que llevaba en la cartera. Un libro para mí, otro libro para Laura (me debes 5 euros), otro para Pron y otro para Olmos. Cuando Laura publicó También mis ojos (Cangrejo pistolero, 2010) tampoco compré un  ejemplar solo. Me gusta apoyar a mis amigos. Me gusta comprar los libros de mis amigos, aunque me lo regalen, suelo comprarlo. Sergio Gaspar siempre dice que hay que comprar libros. Que sí, que sí, que yo lo hago. Y entonces me quedo sin mis 20 euros en la cartera y trato de sacar dinero y el cajero retiene mi tarjeta y todo es un desastre en mi vida porque llevo todo el día llorando: la independencia es terrible, buscar trabajo es terrible, trabajar es terrible, ir a la universidad es terrible, que no te den una sola beca es terrible. Qué más da. Aguanto. Lo hago para estar en Madrid. Para estar con Ibrah. Para estar con Ibrah. Para estar con Ibrah porque aunque haga ruidos con los dientes mientras duerme... ya no sabría dormir sola. Dormir sola. Eso sí es terrible. Eso es lo peor que me podría pasar. Eso y morder una tela. Odio morder la tela porque me rechinan los dientes. Dormir sola y que te rechinen los dientes es lo peor. Lo peor. Pero el tema de la tarjeta solucionado, eso sí, me quedé sin batería en el móvil y la tarde fue mucho más complicada. Conseguí quedar con Laura, que me hizo fotos para la tapa y biografía de Pensamientos estériles. El libro estará listo en un par de semanas o tres. Qué nervios. Ya os contaré. Emoción. Intriga. Dolor de barriga. (Leo en Facebook mientras escribo esto). Después de la sesión de fotos Laura y yo intentamos ir al Delic, pero tenían "averías" y no nos dejaron pasar. Optamos por comprar los cigarros que fuma Julio para hacernos una foto-homenaje. (Lo que no os he contado es que a esas alturas Julio aún estaba en Valencia, posiblemente en el aeropuerto, después de una semana sin vernos y sin haber podido tocar aún su primer libro). La foto nos la tomó Chema Rubio, un poeta de Madrid que nos reconoció por la calle en pleno momento adolescente, sentadas en un banco (en un banco-cajero como el que se tragó mi tarjeta, no en un banco-aquí me siento) y se ofreció amablemente a tomar la instantánea. Qué majo, Chema. Me despedí de Laura con un abrazo de hermana y me fui a Chueca a visitar a David Villanueva (editor de Demipage), que me invitó a una cerveza y me presentó a su mujer y a su hija. Una familia muy chula y envidiable. Hablamos de libros y de que se van a Francia a un congreso de editores muy importante. Fue breve el encuentro. Antes de volver al metro compré fruta (fresas, un kilo cuya mitad me he comido mientras veía Torrente 3 en la tele) y espárragos de esos verdes que sí tolera my lover. Una vez en casa (ya eran casi las diez) Ibrah ya había cenado, Laura había salido y yo me calenté una crema de verduras y me comí ese medio kilo de fresas. La peli se estaba acabando cuando por fin, el homenajeado Julio Fuertes llamó a nuestra puerta. ¿Sí? Pregunto. YÍ-A. Responde. (No podría ser otro). Nos abrazamos, le doy su libro, abraza a Ibra, contamos cosas, nos reímos, se fuma unos cigarros, vemos el final de The Ring, comentamos su novela, la edición, la ilusión y esas cosas, se bebe un vaso de agua y se va. Y ahora estoy aquí. Releyendo La legendaria rebelión de los fumadores. Esperando más días así. Tristes al principio y muy bonitos al final. Ibrah duerme a mi lado. Está muy guapo. Julio creo que está conectado a Facebook. En cuanto le de a publicar le pasaré el enlace de este post por Gmail Chat. Las cosas parecen más emocionantes de lo que son, a las tres de la mañana. Me duelen los ojos. ¿Queda Dormidina? Y os preguntaréis por qué he pasado la tarde despendolada y no he ido a clase. ¿Eh? Maldita universidad. Esa ya es otra historia. XoXo. Gossip Girl. 

09 marzo 2011

Sobre la felicidad a ultranza.

Poco a poco me quedé estancando así, permaneciendo hasta los veintisiete años al socaire de las tristezas. También mis estructuras cerebrales y musculares se han ido formando poco a poco y he crecido pensando con la cabeza de alguien que por ignorancia del mundo se hacía el inmortal lejos de las tristezas.
Ugo Cornia

Estoy obsesionada los autores que hablan de ellos mismos. Autobiografías. Literatura confesional. Diarios. Sobre la felicidad a ultranza de Ugo Cornia (Periférica, 2011) no es  Diario de duelo de Barthes, ni mucho menos, ni tampoco es Diario del hombre pálido de Juan Gracia Armendáriz -del que recientemente habla Lector Mal-herido en su blog, me alegra que le haya molado-... pero tiene algo que me engancha. Dos de mis libros preferidos en este mundo son Los hermosos años del castigo de Fleur Jaeggy y el ensayo Elogio de la infelicidad de Emilio Lledó quizá porque en ambos libros se debate sobre qué es ser feliz, cómo conseguimos estar felices, etc. Me gusta cuando un autor que además escribe bien se obsesiona también por desarrollar este tema. Fleur Jaeggy introduce en Los hermosos años de castigo un término genial: la malafelicidad, o el malestar de la felicidad. La búsqueda del bienestar es uno de los temas más recurridos en los autores que he mencionado. Desde Virginia Woolf hasta Ugo Cornia, pasando por Amélie Nothomb, Lionel Tran, André Gorz o Peio H. Riaño: todos acaban representando a una pandilla de "amargados" cuando deciden retratar sus sentimientos más íntimos. Una vez escuché a alguien decir que "amargado se escribe mejor". No sé. Será que somos unos cotillas. Que nos gusta la víscera. Que nos gusta veros sufrir, cabrones. ¡Sufrid, sufrid, para darnos más libros así! 

08 marzo 2011

Lo que me gusta y lo que no me gusta de Agustín Fernández Mallo.

Agustín Fernández Mallo me gusta cuando deslumbra: cuando es capaz de tomar una imagen como la de la manzana mordida de Apple y spokenworizar durante largos minutos sobre quién mordió, sobre por qué mordió, sobre el color y el sabor de esa manzana de millones y millones de dólares, golden flavor, maravilla tecnológica en el estómago.

Agustín Fernández Mallo no me gusta en la universalización de su poética, post-poética. No le veo un verdadero sentido en nuestro panorama. Parece como si no conociera esa poesía realmente innovadora o arriesgada (o simplemente interesante) en su escenificación como la de María Eloy García, Maite Dono, Estíbaliz Espinosa, Javier Gato, María Salgado, Gonzalo Escarpa, y toda esa peña.

Me gusta en Remake (Alfaguara, 2011), y en Carne de píxel. 

No me gusta en Nocilla Experience, ni en Postpoesía. 

Me gusta cuando retoma a los clásicos y los reconvierte en píldoras cargadas de algo muy presente. Remake es un ejemplo de ello, y El hacedor (su cuento de apertura) un destello que me entusiasma.

No me gusta cuando se repite. No hace falta intentar innovar continuamente cuando, lo sabemos, un texto como Mutaciones (en Remake) sabe defenderse por sí solo.

Me gusta su humor: el cuento casi extraterrestre del agujero y el pan. 

No me gustan algunos de sus chistes más débiles. Como los de los últimos poemas en Remake: quizá funcionen en una conversación, en un tweet o en un blog, pero a mí, personalmente, no me pegan en la genial dinámica libro.

Me gusta cuando da su opinión. Cuando se emociona igual que yo me emociono con las cosas que pueden ser interesantes: los nuevos poemarios de alguien joven, los libros de sus cercanos, la música de Eels. 

No me gusta cuando no dice lo que piensa. Cuando no se arriesga a decir: no he leído esto, o bien, no me ha gustado esto, o bien, creo que esto podría ser mejor.

Me gusta cuando no se preocupa por las críticas feroces de Patricio Pron, Martín Lopez Vega y otros escritores.

Me gusta cuando Alberto Olmos o Javier Moreno celebran su poesía.

Me gusta su poesía.

No me gusta tanto su narrativa.

Me gusta su poesía el 90% de las veces.

No me gusta su poesía en Remake. Eso ya lo he dicho.

Me gusta ver qué reacciones causan sus textos, sus ventas, sus camisetas divertidas, sus converses, sus entrevistas, su fama, en definitiva, en la gente, en los anónimos, en todos aquellos que parecen odiarle. Me gusta, decía, porque siento que él hace lo que quiere, lo que le gusta, sin altas pretensiones, sin creerse el mejor, sólo por diversión, y eso es admirable.

No me gusta en qué se ha convertido porque al leer Remake, aunque me mole, siento que escriba lo que escriba nunca va a ir más allá.

A veces me gusta esa idea de "no ir más allá" porque la tomo en su buen sentido: cualquier cosa escrita por Agustín Fernández Mallo ya llevará inevitablemente su marca. Conseguir una voz y una marca propia es muy, muy difícil. Él lo ha hecho. Pase lo que pase con su literatura: ahí tendremos uno de sus grandes logros. Su voz.

A veces no me gusta que la gente se ría de él. Que lo desprecien. ¿Por qué? Cuánta envidia.

Me gusta porque sabe aceptar críticas. Porque es uno de los escritores más educados y buenagente que conozco.

No me gusta que en ocasiones pase por alto cierta poesía más conservadora, clásica o de la experiencia cuando lo que él hace, si no tenemos en cuenta la forma y sí el contenido, también podría ser clásico, conservador o de la experiencia.

Me gusta, siguiendo con el punto anterior, su manera de reformular lo clásico: Agustín Fernández Mallo no habla de otra cosa más allá del amor, de las obsesiones del escritor y de la extrañeza ante este mundo raro en el que vivimos. 

No me gusta su fuerte obsesión por las nuevas tecnologías cuando estas, hace unos años, podrían resultar radicales y novedosas en la literatura. Hoy no. Ya no. Hoy resulta cansino.

Me gusta que muchas de las veces sepa superarlo, como en ese poema de la manzana de Apple. Tan hermoso. Tan acertado.

No me gusta lo estático de sus spoken.

Me gustan sus spoken: la música, su modo de leer.

En definitiva, Agustín Fernández Mallo me gusta. Es un tío legal, como dirían en la tele, en alguna serie de Antena 3. Me gusta porque me entretiene. Porque aunque tenga cosas más flojas: no está mal. Porque se nota que escribe desde el cariño. Desde las ganas de ser  buen Hacedor. Y de, además, Hacerlo bien. 

06 diciembre 2010

A quién quieres más, ¿a mamá o a papá?

Ahora que están de moda las elecciones difíciles y siguiendo con el modelo de Ibrahím Berlín y sus Mis 10 de 2010 me he decidido a escoger diez libros publicados este año. Los diez que más me han gustado o que más me han emocionado, o los que elijo porque sí, y punto. Esto es:
  1. Diario del hombre pálido, Juan Gracia Armendáriz (Demipage)
  2. Verano, J.M. Coetzee (Mondadori)
  3. Excepto yo, Fatena Al-Gurra (El Gaviero Ediciones)
  4. Me incitó el espejo, David Rosenmann (DVD Ediciones)
  5. Dublinesca, Enrique Vila-Matas (Seix Barral)
  6. Antología poética, Félix Francisco Casanova (Demipage)
  7. Los muertos, Jordi Carrión (Mondadori)
  8. Eros, Eloy Fernández Porta (Anagrama)
  9. Corona de flores, Javier Calvo (Mondadori)
  10. También mis ojos, Laura Rosal (El Cangrejo Pistolero)
Me ha costado mucho redactar esta lista porque la mayor parte de las lecturas que he hecho este año no han sido novedades, y si lo han sido, pertenecen a las hornadas de 2008 o 2009. B de Alberto Santamaría o Diario de duelo de Roland Barthes, por ejemplo, se han quedado fuera por escasos meses de diferencia. He tenido otras complicaciones a la hora de elaborarla: Javier Calvo, por ejemplo. Este año he leído Risas enlatadas y Corona de flores y prefiero mil veces Risas enlatadas. Me encanta. Me parece muy divertido y no creo que ese libro deba caer en el olvido. ¿Qué pasa con Vicente Luis Mora? Tiene duros competidores y sigo pensando que es mejor poeta que narrador. ¿Qué pasa con Patricio Pron? Aunque lo aprecio mucho como autor no pienso que El mundo sin las personas... esté a la altura de su anterior novela El comienzo de la primavera, de la cual no me puedo olvidar. Ojalá su próximo libro en Mondadori (creo que es una novela autobiográfica que se publicará a mediados de 2011) me guste tanto como El comienzo de la primavera: entonces Pron sí que será doblemente adorable. ¿Por qué tanta poesía? Porque es mi género preferido. ¿Por qué Laura Rosal? Porque También mis ojos es la ópera prima poética más fuerte del año. ¿Y por qué no está El don de Vorace? Lean los poemas de FFC y lo entenderán. ¿Qué pasa con el ensayo? Pasa que el último de Beatriz Preciado no me pareció tan bueno y que lo mejor de Melusina este año viene de la mano de Lector Mal-herido cuyo librito aún no he terminado de leer. ¿Jordi Carrión? Sí, Jordi Carrión. Mola. ¿Vila-Matas? Soy fan. ¿Y a Eloy, lo entiendes? Máh o menoh. Es duro de digerir, pero me gusta. ¿Coetzee? Buenísimo. ¿Tanta poesía? Sí, extranjera. ¿Diario del hombre pálido? La literatura de la confesión es la que más me gusta. Y es la que Armendáriz practica en este libro. Además habla de la enfermedad, de la literatura de la enfermedad, cita a Bolaño, se mete con el mundo editorial, utiliza la metáfora de una manera excelente y repugna cuando quiere ser repugnante. ¿Y ahora qué? Eso digo yo. Ahora qué. 

17 noviembre 2010

No voy a salir de aquí (o breve resumen de Todo Lo Que Pasó).

Ayer estuvimos en casa de Julio Fuertes viendo vídeos de Youtube hasta las tantas. Perros que hablan. Tropezones en las escaleras mecánicas. Hostias como panes. Me gusta ver esos vídeos, es muy relajante. Me gusta ver esos vídeos tomando cerveza porque me recuerda a mis quince años. Prométeme que a los cuarenta seguiremos haciendo esto, Ibrah.Prométeme que nunca envejeceremos. Llevaba una semana terrible. La resaca de Gijón, las 24 horas con Micah P. Hinson, la Universidad Desierta. No voy a contar nada sobre Gijón. Para eso ya están algunos de nuestros bloggers que lo han hecho con mucho cariño. Alberto Olmos, Popy Blasco, Raúl Minchinela, Dadanoias, María Llopis, Reinohueco, Laura Pérez... o las fotos de Laura Rosal. También hay un hilo en el Focoforo y alguna nota de prensa macabra. No voy a contar nada, decía, porque creo que ya está todo contado y porque ahora toca hablar de otras cosas. El libro de Micah sobre el escritorio. Las botas militares que me compré. La presentación de Poetry is not dead, mañana, a las 8 en Arrebato Libros (con unas palabras de Patricio Pron y música de Julio). El tatuaje del pájaro azul. Etc.
Además, hoy, en la web de DVD han colgado el texto de presentación de Poetry en Almería escrito por Raúl Quinto y acompañado de un par de magníficas imágenes de Betty Blue. Estoy en la biblioteca. Con Ibrah. Esperando que pase la tarde (con miles de textos por escribir). Estoy en la biblioteca. Con ganas de fumar. De escribir. De comerme una palmerita. De hacer cualquier otra cosa. Estoy cansada. No voy a salir de aquí.

22 octubre 2010

17 octubre 2010

Primer encuentro Interestelar de Bloggers.

Y el listado completo de bloggers invitados: Nacho Vigalondo, Lector Mal-herido, María Llopis, John Tones (Focoblog), Ibrahím Berlín, Alvy Singer, Elisa McCausland (Reinohueco), Laura Rosal, Popy Blasco, Betty Blue, Laia Arqueros, Raúl Minchinela, Daniel Dillinger, Cristóbal Fortúnez (Fauna mongola), Marta Peirano (La Petite Claudine), María Simó, Camilo de Ory, Diego Barrera, Antoni Rojas (Glory Holes), Sofía Castañón, Laura Pérez (No me toques las helvéticas), Jorge Riera (Putokrío), Ignacio Escolar, Alberto Olmos, César Segarra, Marta Castro (Dadanoias), Jon Ander Sande (Iraklia), Frederique Muscinési,, Ruth Llana (Portinari),  Eduard Fortunni (Humor tonto para gente inteligente)y Fruela Fernández. 

Además contaremos con las actuaciones de Eloy Fernández Porta, CasiCasiotone + Adrián Cuervo, Plataforma + Fuss! y la presentación de Konbini.

Ye ye ye.

10 junio 2010

Contra los poetas.


No voy a hablar de Gombrowicz porque su discurso Contra los poetas me parece un perfecto retrato del tipo de poeta que no me gusta. Del tipo, de los tipos, de los poetas, tantos, que no me gustan... De lo que quiero hablar aquí es del narrador, no contra el narrador, sí, contra lo que el narrador piensa del otro género. Como una lucha de sexos interminable en la que los narradores se esconden en sus trincheras para que ni un solo verso se filtre en sus camisas. No entiendo. No entiendo esa postura de los escritores a los que sin embargo leo con admiración, los que sin embargo ocultan en su prosa un magnífico lirismo, los que sin embargo son poetas aunque no lo quieran. Aunque lo detesten. Leo a menudo los blogs de algunos contemporáneos, Alberto Olmos o Juan Francisco Ferré, en cuyas entradas siempre aparecen pequeñas sentencias terribles: [...] la poesía, medio quizá inadecuado para afrontar la complejidad del mundo contemporáneo (Ferré dixit). ¿Pero terribles por qué? Terribles por el desprecio que desprenden, pero sobre todo, por lo veraces que son, pues resumen lo que Gombrowicz ya dijo. Lo que ya dijo bien de los malos poetas y mal de los buenos. A raíz de la revisión de Poetry is not dead he estado recopilando algunas citas de mis escritores predilectos, encuentro a Fante y a Foster Wallace haciendo hablar a sus personajes de poesía en estos términos de rechazo o inferioridad. —Estabas hablando de poesía. —Julie sonríe y le toca la mejilla a Faye. —Nunca me ha gustado. Da demasiadas vueltas. Inclusocuando me gusta no es más que una manera retorcida de decir algo obvio, creo yo. Julie sonríe. Hay una separación entre sus incisivos. —Bravo —dice—. Pero piensa que hay realmente poquísima gente que tenga el instrumental necesario para tratar con lo obvio (David Foster Wallace); o Incluso leí un libro de poesía. Aquel libro me puso enfermo, y dije que nunca volvería a leer otro. Aquella poetisa me cayó fatal. Me habría gustado verla una semanas trabajando en una fábrica de conservas. Seguro que la experiencia le cambia el estilo. (John Fante). Me hace gracia. Me parece un tema interesante que no se queda reflejado sólo en estos autores. Lo que más me sorprende de todos es que tienen una gran formación y son buenos lectores de poesía. Los admiro por ello, aunque no lo entiendo, qué más da. Mucho peor era aquel poeta de Almería, publicado en Visor que aseguraba que no leía novelas porque le parecían una pérdida de tiempo, que su inspiración era la poesía, género más elevado, divino donde los haya, ¡ay, coquetas palabras! Con declaraciones como esa sí puedo explicar los fragmentos más duros de Contra los poetas. Con discursos estériles como ese sí puedo comprender que los que nos dedicamos a la lírica parezcamos los pederastas de la literatura (Olmos dixit). Que nuestro género no mola nada. Que nuestra palabra es cursi y obvia. Que la poesía sí ha muerto y todo lo que leo o escribo no es más que una sucia mentira.