31 julio 2009

30 julio 2009

Jugando al Piglia Piglia conmigo misma.

Cerdaka

Me ha parecido que la escritura debería tender a eso, a esta impresión que provoca la escena del acto sexual, a esta angustia y este estupor, a una suspensión del juicio moral.

Annie Ernaux

29 julio 2009

Mi vestido se parece a los Libros del Asteroide.


Hablar de la tripa de Roberto Bolaño en la cama. Hacer el amor con cicatrices tontas y heridas de guerra: hoy me peleé con las mil palabras, hoy me enfrenté a las doscientas páginas, hoy Susan Sontag y Jane Kayne me llamaron puta (a ti lo que te gusta es que te den fuerte en la cara, que te den tortazos, y te saquen los puños). Confundir Kawasaki con Iwasaki (háztelo mirar, dice AJM). Jugar sola al Piglia Piglia. Hacer chistes malos con nombres de poetas que no me gustan, de novelistas que me enamoran, de poetas y poetas que no me gustan. Leer a Sarah Kane en Stalker City. Llegué al final de este relato terrible y repugnante contando por un sentido aprisionado en un cadáver ajeno y abultado por el espíritu maligno de una mayoría moral. Ya hace mucho tiempo que estoy muerta. Y escribir, nerviosa, los artículos que Él me pidió. Nerviosa. Nerviosa. Nerviosa. Porque o Ladro o Muero. Y de tanto hablar de la Tripa de Bolaño en tu cama, me quedé sin voz. Y de tanto gritar. Me quedé sin tripa. Y de tanta muerte. Me mordí la lengua.

28 julio 2009

27 julio 2009

Tospu neslu.



The day the sun
burns hot and brigth
making you more desolate.
Jane Kenyon


Se escribe con Z, como cicatriZ.




Yo voy por mi camino, tú tienes tu destino. Suena. Otra vez Madrid y el olor a pintura. En casa todos esperan con las manos abiertas mientras una sólo imagina cuáles serán sus diez mil palabras. Cuáles sus diez mil horas de tráfico. Cuándo sus manos cerradas.

25 julio 2009

Las Salinas (2).


Si pudiera me comería todas las algas de la playa. La sal no importa. La sal me gusta. Si pudiera tragaría toda la sal de la playa hasta ahogarme hondo, hasta que alguien trazara mi sombra de Ofelia Marítima y abrazara mi estómago lleno de algas. Tengo las vísceras amables. Tengo las vísceras entrañables. Y mientras tanto sigo escribiendo Ladridos porque el poema es Ladrido, porque el texto es Expresivo (comme il dit Christophe Tarkos). Si pudiera guardaría todas las algas de Las Salinas en mi maleta verde y me las llevaría a Madrid para cocinártelas, para metértelas por la boca lentamente hasta que no pudieras más y me besaras. Se las regalaría a los chinos de Plaza de España para que hicieran un postre venenoso que nos devuelva a la alcantarilla, que nos devuelva al río, que nos devuelva a esta playa sucia y oscura. Si pudiera y puedo: desconectar el teléfono, silbar Take Five, decir Te Quiero, comprender la marea, estornudar. Si pudiera me comería todas las algas. Nunca más volvería a pasar tanta hambre.


Las Salinas.


Mi
tristeza es demasiado
larga
para gemir
sin tus
ladridos.