(Y nace el 22 de diciembre)
16 diciembre 2012
13 diciembre 2012
Fábula de las ladronas de flores.
Alucinaciones,
rojo intenso/ El iris concede más espacio del merecido/ Se parece a una flor
con dientes/ Y sin morder logra arrebatarlo todo/ Y sin morder roba largas cucarachas/
Fábula de la langosta/ Fábula de la heroína/ Si las antenas punzan y el fin
azota al mundo/ Por qué culparte, rojo intenso/ El único dolor lo cultiva el
jardinero
10 diciembre 2012
Reordenando libros e ideas: algunos poetas jóvenes y sus nuevos poemarios.
Reordenando esta tarde mi biblioteca
me he dado cuenta de que en 2012 se han publicado algunos libros de
poesía escritos por gente muy joven e interesante. Más
allá de los geniales poemarios En este lugar, de Unai
Velasco y El libro de la crueldad de Layla Martínez, de los
que ya he hablado varias veces en este blog o por Facebook, tengo en
mis manos a otros siete autores que me confirman que los lectores de
poesía de este país tenemos que estar de enhorabuena. Por ejemplo:
-72 demonios
(Cangrejo Pistolero Ediciones) de Javier Gato (Sevilla, 1987), es el
segundo libro del autor. Más oscuro y contundente que el anterior.
Podríamos decir que es “el libro negro” de Javier Gato. Dentro de él leemos que ya “no queda corazón”. Y qué más da si lo que queda son sólo sombras: Gato es un genio moldeándolas.
-Mantener la cadena del
frío (Pre-Textos) está firmado por Ben Clark (Ibiza 1984) y
Andrés Catalán (Salamanca, 1983). Me gustó mucho “Basura” de
Ben. Y también me ha gustado este libro: por su humor y sobre todo
por su tema. En los últimos meses estuve obsesionada con encontrar
libros, especialmente de poesía, que trataran el tema de la comida,
et voilà: aquí llegaron ellos rompiendo ese vacío de la literatura. Llenando así
nuestro estómago.
-El extraño que come
en tu vajilla (Vitrubio) supone un cambio brusco en la poesía de
Paco Najarro (Badajoz, 1987). Conozco al autor desde hace años
-eramos adolescentes y hablábamos por Messenger- y me sorprendió
mucho leer estos nuevos poemas, mucho más lúcidos y divertidos que
los de su anterior poemario. Como en Mantener la cadena del frío,
aquí el humor tiene un peso importante. Y es que a veces muy pocos
poetas se atreven -y consiguen- hacernos reír. Eso es admirable.
-Horas de lobo
(Origami) de Jacob Iglesias (Carrión de los Condes, 1980) es un
libro muy íntimo e intenso. Está muy bien construido porque
consigue contarnos una historia: su historia. La historia de lo que
significa crecer, perder, llorar o incluso estar solo. Poemas como "Plegaria" me hicieron temblar.
-Primera noche en las
ciudades nuevas (Monosabio) de María M. Bautista (Madrid, 1990)
no es otra cosa que un diario de trabajo. O bueno, también puede ser
un diario de viaje. O un cuaderno de notas a pie a otros poemas que
la autora ha de tener -seguro- por ahí escondidos. O un blog puesto
en papel. O simplemente eso: una primera noche en esa vieja ciudad
que es la poesía. Lo que sí queda claro aquí es el amor infinito
de la autora por el arte. Su infinito respeto a la palabra.
-Setenta y cuatro días
sin mí (Colección Vincapervinca) es el segundo poemario de
Francisco Fuentes (Plasencia, 1985). Su libro es breve, sus poemas
son delgados, como gotas que se deslizan por un cristal y luego se
congelan y luego se incrustan en el cristal y luego... y luego todo
estalla porque suya es la capacidad de hacer chocar a las palabras.
-Por último quisiera
hablar del libro que ha hecho posible este post, el culpable de que
hoy haya tenido que reordenar mi estantería, pues, aunque es muy
chiquitito, casi no cabía en el hueco reservado a la poesía
española contemporánea. Me refiero a Mecánica del canto
(Amargord) de Cristian Piné (Móstoles, 1991), que ha llegado hoy a
mi buzón después de que muchísimos amigos me pusieran los dientes
largos al hablarme de lo fantástica que les parecía su poesía. Y
tenían razón. Mecánica del canto es un libro muy inteligente,
repleto de poemas detrás de los cuales se nota un gran trabajo y
reflexión. Mi lectura de Piné es aún demasiado reciente y no
consigo encontrar las palabras exactas para describir sus extrañas
descripciones, sus extrañas rimas, sus patadas punzantes al
silencio y a la luz, al adjetivo y al color, a todo lo que le
estorba para cantar la canción perfecta... y quizá es que no exista una "canción perfecta", pero sí hay algo perfecto en su poesía... eso es fascinante.
Lo dicho. Reordenemos nuestras estanterías y luego salgamos a celebrarlo. Hoy. Siempre. Estamos de enhorabuena.
09 diciembre 2012
No hay nada después de este poema (bueno, sí: Ted Hughes, o quizá un Cuervo).
Aleksandra W.
Interrogatorio ante la puerta del útero
¿A quién pertenecen estas patitas
esmirriadas? A la Muerte.
¿A quién pertenece esta cara hirsuta
y como chamuscada? A la Muerte.
¿A quién pertenecen estos pulmones
que trabajan sin descanso? A la Muerte.
¿A quién pertenece ese servicial
abrigo de músculos? A la Muerte.
¿A quién pertenecen esas tripas
indescriptibles? A la Muerte.
¿A quién pertenecen esos supuestos
sesos? A la Muerte.
¿Toda esta sangre revuelta? A la
Muerte.
¿Esos ojos tan poco eficientes? A la
Muerte.
¿Esa pequeña lengua viperina? A la
Muerte.
¿Ese desvelo ocasional? A la Muerte.
¿Dado, robado o pendiente de juicio?
Pendiente.
¿A quién pertenece toda la tierra
lluviosa y pedregosa? A la Muerte.
¿A quién todo el espacio? A la
Muerte.
¿Quién es más fuerte que la
esperanza? La Muerte.
¿Quién es más fuerte que la
voluntad? La Muerte.
¿Más fuerte que el amor? La Muerte.
¿Más fuerte que la vida? La Muerte.
Pero, ¿quién es más fuerte que la
Muerte? Yo, obviamente.
Pasa, Cuervo.
(Ted Hughes)
06 diciembre 2012
Die young, stay... los jóvenes Sylvia y Ted.
(Aproximaciones a la belleza del marido III)
[...]
Había otra mujer. Es una situación en la que se encuentran muchas parejas de casados jóvenes -en las que quizá se encuentran más parejas de las que no-, pero es una situación que habitualmente no dura: la pareja o bien vuelve a conectar o se deshace. La vida sigue. El dolor, la amargura y la espantosa inquietud y la culpabilidad por cuestiones sexuales disminuye y desaparece. Las personas se hacen mayores. Se perdonan a sí mismas y se perdonan una a la otra, e incluso pueden llegar a comprender y se perdonan a sí mismas y perdonan a la otra debido a que se trató de una cuestión de jóvenes.
Pero una persona que muere a los treinta años en pleno desconcierto de una separación, permanece fija para siempre en ese desconcierto. Para los lectores de su poesía y de su biografía, Sylvia Plath siempre será joven y estará enfurecida debido a la infidelidad de Hughes. Nunca alcanzará la edad en que los tumultos de la juventud puedan ser vistos con una cierta comprensión, triste, sí, pero sin ira ni ansias de venganza. Ted Hughes ha alcanzado esa edad -la alcanzó hace algún tiempo-, pero la fama póstuma de Plath y la fascinación pública con la historia de su vida le han arrebatado la paz que trae consigo la edad. Dado que él formaba parte de esa vida -es la figura más interesante de ella durante sus seis años finales-, también permanece fijo en el caos y la cofusión de su último periodo. Como Prometeo, cuyo hígado devorado se reconstruía diariamente para que diariamente se lo pudieran volver a devorar, Hughes ha tenido que contemplar cómo se cebaban sobre su yo de juventud biógrafos, estudiosos, críticos, autores de artículos y periodistas de diarios. Extraños, que según Hughes no saben nada de su matrimonio con Plath, escriben con autoridad de propietarios.
[...]
Janet Malcolm
03 diciembre 2012
Musa ammalata (ya en mis manos).
Es la primera vez que me publican un libro en otro país, a la espera también de que salga Bluebird and other tattoos en USA (el otro día corregí las últimas pruebas del libro, por cierto, lo que significa que quizá lo tenga en casa después de navidad). Pero esta es la primera vez: los italianos se adelantaron, y qué bonito ha quedado. Damocle Edizioni es una editorial preciosa y lo demuestra con la elección del papel, de su textura, de su precisión. Gracias a Pierpaolo (editor), de nuevo, a Sunshine (traductora e ideóloga de todo esto), de nuevo, a Ernesto (portada), de nuevo y a Viola (prólogo), de nuevo.
(Y si os apetece haceros con el libro -es bilingüe-,
o ver más cosas a propósito, pinchad aquí).
02 diciembre 2012
Domingo que acaba y diciembre que enfría.
Aleksandra W.
when i am dead, ten thousand sailors will read my poetry
Steve Roggenbuck
Hace tanto que no leo un poema sobre las piedras. Hace tanto que no leo un poema sobre el mar. Hace tanto que no leo un poema sobre los cuerpos que chocan contra las piedras, llevados por el mar, llevados por la ola chocante, ola que choca, ola que cuerpo sobre el poema... ola que... Aquí está la voz, ¿has visto? Y viene en otro idioma como una instrucción mal dada: el principio se parece al final. El paisaje a la imaginación. El vino al pis. El gato al hijo. Hace tanto que no leo un poema sobre las piedras. Sobre los cuervos que reposan en ellas. Sobre las águilas que traicionan. Sobre el tiempo que tengo: el tiempo del poema.
01 diciembre 2012
Diamante que abruma, palabra que acerca (sobre la poesía de David Meza).
Uno.
El libro de David Meza que El Gaviero Ediciones acaba de publicar no
es otra cosa que un cofre repleto de joyas. Algunas menos pulidas,
brillantes, o fascinantes que otras. Pero todas joyas, al fin y al
cabo: un cofre repleto de demasiada belleza. No soy la primera
lectora que se siente abrumada por este exceso de brillo. Sin embargo
este “principal problema” en la poesía de Meza, es también su
“principal virtud”. Lo hablaba con los editores. Hay en el autor
una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes
versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es
extraño este efecto. Es extraño y por eso nos aturde. Por eso
nos deja sin aliento y así nos traga. Por eso queremos formar parte
de él.
Dos.
El libro de David Meza se titula El sueño de Visnu, y
contiene las dos primeras partes de otras cinco que ya irán
apareciendo en la misma editorial. Mi preferida hasta el momento es
la primera, quizá por ese toque femenino, por esa narradora que el
poeta elige para que nos cuente su vida. Su delirante y poética
vida. Su vida que no es sino una crítica a un país (México), un
reflejo de una tradición, y un dardo a una generación (aquella que
celebra y a la que anima, aquel 1990 que tanto significado y
color cobra en este texto).
Tres.
Precisamente David Meza me recuerda a Roberto Bolaño. El
sueño de Visnu podría ser una especie de nueva versión de Los
perros románticos, o bien, el propio David Meza podría
representar un retrato en carne y hueso de nuestro querido García
Madero, protagonista de Los detectives salvajes. Pero esta
comparación no es tanto de estilo como de espíritu.
Estilísticamente hablando El sueño de Visnu guarda una voz
con ecos de Juan Carlos Mestre, Leopoldo María Panero o incluso
Pedro Casariego Córdoba. Su poema es el del gran aliento, con ese
rasgo narrativo que ha caracterizado algunos de los grandes poemarios
de nuestra quinta. Hablo de El fósforo astillado, de Juan
Andrés García Román, o de Tara, de Elena Medel. Voces
brutas que narran, cantan, pesan.
Cuatro.
El libro de David Meza es un logro y una esperanza. Una piedra que
nos llega desde el otro lado del charco -ese lado al que, a veces,
poco miramos- y que empieza a llamarnos cargado de voces distintas y
de juventud. Junto a la suya, me emocionan también otras poéticas.
Las de Natalia Litvinova, Kevin Castro, Daniel Saldaña, Miguel
Avero, Daniela Camacho, Agostina Ciccone, Lucas Ruppel, Carolina
Quiñonez, Yaxkin Melchy, Karen Valladares... ¿Quizá El sueño de Visnu sea
el comienzo de algo más grande? ¿Quizá no sólo la muerte de
México será hermosa, sino también la muerte de América, la
muerte de Europa, la muerte de toda palabra que imponga frontera?
¿Quizá es a este feliz flujo de palabras al que Meza canta en su
fabuloso manifiesto? ¿Quizá...?
Cinco.
Terminaré este post, entonces,
con una cita. Con Esa cita. Juzgad ahora vosotros:
A
las siguientes generaciones. Manifiesto.
Quiero
que la muerte de México sea hermosa
Quiero
que su muerte sea un acto bello e inexplicable como los pájaros
Quiero
que el pasado sea un hecho maravilloso que se forja en el futuro
Quiero
que mi nombre sea la vida
Quiero
que América se desdoble y se muestre como un acantilado de ovnis
Quiero
que mi sexo sea la vida
Quiero
que la tradición literaria de las personas sea el movimiento de las
cometas
Quiero
que mi patria sea la vida
Quiero
que los literatos suban de nuevo a los árboles y renombren cada
noche las constelaciones del abecedario
Quiero
que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños
y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o
arroyos o triciclos
Quiero
que la juventud sea una postura frente al mundo y no una postura
frente a los años
Quiero
que la poesía se confunda con la narrativa y la narrativa con un
tratado científico y este con un nuevo sistema planetario
Quiero
que mi clase social sea la vida
Quiero
que los poetas tengan miedo a la inmortalidad y a la permanencia
Quiero
ser llamado universitario no por estar en la universidad sino
por estar en el uni-verso
Quiero
que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado
político o un venado herido en la mitad del bosque
Quiero
que mi nacionalidad sea la vida
Quiero
que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya
otro más auténtico y hermoso
Quiero
que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus
integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del
espacio
Quiero
que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a
escribir sobre sus cuerpos
Quiero
que mi edad sea la vida
Quiero
que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia
de la preliteratura
Y
quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean
escritos en las paredes del metro
(David
Meza)
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