El espejo del cuarto de baño me hace triste. No gorda, ni fea, ni sucia: sólo triste. Esta es mi imagen. Miradme. Antes prefería que no lo hicierais. Pero venga, miradme. Os estoy regalando mi mejilla. Mi mejilla rosada. Como vino espumoso, dice Alvy. Como Heidi colorada, dice. Tengo la mejilla puesta para vosotros. Me gusta que me peguéis. Me gusta que me atéis y me maltratéis. Vosotros, días anodinos. Vosotros, poemas viejos, poemas cutres, poemas que aún recuerdo y cuesta olvidar. Mirad mi mandíbula. Cómo cruje cuando ladro. Cómo suena. Igual que una perra canija y enamorada. No me preocupa la vida tanto como la poesía. En la vida la gente especula. La gente cree lo que insinúas. La poesía es vida insinuada, es escena. La poesía evoca múltiples espacios físicos y anímicos, su mensaje es único, pero se siente de distintos modos. La poesía es un picotazo. Y aquí hay muchos mosquitos. Hay mosquitos porque el río pasa cerca. Hay demasiados mosquitos y demasiada humedad. Mi abuela me ha pedido que cierre la ventana. Si no quieres que te muerdan, dice, es preferible pasar calor. Vivo en un edificio de las afueras de un barrio de las afueras de una ciudad de las afueras de Madrid. Los ladrillos son blancos. Mi casa parece una torre de un castillo. Una torre sombría de princesita durmiente. Una torre ficticia. Pues vivo en el segundo piso y apenas toco el cielo. Mi habitación huele a hierba de río. A sangre digerida por mosquito. A baba de perro. Para viajar a Madrid cojo el autobús 229. Sale cada media hora de la rotonda de Caja Madrid. Tarda 38 minutos en dejarme en Avenida de América. Es de color verde, suena oxidado sin embargo. Me suelo sentar en la primera fila. No me pongo cinturón. A veces pienso en mi muerte. Pienso en un accidente de tráfico a la altura de San Fernando de Henares, justo por donde pasan los aviones de la T4. Me imagino el frenazo. Me imagino saliendo disparada hacia el cristal. Romperlo con la cabeza. Caer a la carretera y ser atropellada por mi propio transporte. Imagino la última escena de mi vida. Un avión de Easy Jet saludándome desde el aire. El avión es el transporte más seguro. Dicen. Me imagino muerta. Todos los días.
[No continuará]