07 septiembre 2009

Bartlebyna.

Betty Blue y su nuevo Fanzine

debería aceptar esta

sequía.

diablos, tengo suerte de estar vivo,

tengo suerte de no tener

cáncer.

tengo suerte en

mil cosas.

a veces por la noche

a la una o las dos de la madrugada

pienso en la suerte que tengo

y eso no me deja

dormir

Charles Bukowski


06 septiembre 2009

Poliandria. O mis amores de adolescencia.


Quería casarme con ellos. Tener hijos con ellos. Llevar todos sus apellidos de casada. Cocinar para ellos. Cortarles las uñas de los pies después de la ducha. Prepararles las camisas. Regalarles los cuadernos. Apretarles los granitos de la espalda. Hacerles el amor en el escritorio. Soportar que se marcharan con otras. Soportarles borrachos. Soportar sus manos sudorosas después de la pelea. Quería ser Luna Caulfield. Luna Chinaski. Luna García Madero. Luna Berg. Luna Incandenza. Luna Bandini. Mis pequeños maridos adolescentes. Les lavaría la boca con jabón –en tantas ocasiones-. Les prohibiría beber Cocacola más tarde de las diez. Les diría Eso no se hace. Dame la mano. No seas malo. Quería casarme con todos ellos. Quería ser poeta, como todos ellos. Quería pene y pecas. Pelo sucio y moratones. Tirantes. Uñas negras. Los quería tanto. Apenas los añoro.

Sobre la caligrafía del alma.



Ayer pude advertir que los días en que la letra se me desarregla coinciden con un notable incremento de la cantidad de cigarrillos que fumo; conclusión, la mala letra se debe a la ansiedad.

Mario Levrero


+ Escuchando

04 septiembre 2009

Ficción Primera. O cómo pensar que estás escribiendo mentira. O cómo saber que lo que dices se parece demasiado a la realidad. Pero es mentira.


El espejo del cuarto de baño me hace triste. No gorda, ni fea, ni sucia: sólo triste. Esta es mi imagen. Miradme. Antes prefería que no lo hicierais. Pero venga, miradme. Os estoy regalando mi mejilla. Mi mejilla rosada. Como vino espumoso, dice Alvy. Como Heidi colorada, dice. Tengo la mejilla puesta para vosotros. Me gusta que me peguéis. Me gusta que me atéis y me maltratéis. Vosotros, días anodinos. Vosotros, poemas viejos, poemas cutres, poemas que aún recuerdo y cuesta olvidar. Mirad mi mandíbula. Cómo cruje cuando ladro. Cómo suena. Igual que una perra canija y enamorada. No me preocupa la vida tanto como la poesía. En la vida la gente especula. La gente cree lo que insinúas. La poesía es vida insinuada, es escena. La poesía evoca múltiples espacios físicos y anímicos, su mensaje es único, pero se siente de distintos modos. La poesía es un picotazo. Y aquí hay muchos mosquitos. Hay mosquitos porque el río pasa cerca. Hay demasiados mosquitos y demasiada humedad. Mi abuela me ha pedido que cierre la ventana. Si no quieres que te muerdan, dice, es preferible pasar calor. Vivo en un edificio de las afueras de un barrio de las afueras de una ciudad de las afueras de Madrid. Los ladrillos son blancos. Mi casa parece una torre de un castillo. Una torre sombría de princesita durmiente. Una torre ficticia. Pues vivo en el segundo piso y apenas toco el cielo. Mi habitación huele a hierba de río. A sangre digerida por mosquito. A baba de perro. Para viajar a Madrid cojo el autobús 229. Sale cada media hora de la rotonda de Caja Madrid. Tarda 38 minutos en dejarme en Avenida de América. Es de color verde, suena oxidado sin embargo. Me suelo sentar en la primera fila. No me pongo cinturón. A veces pienso en mi muerte. Pienso en un accidente de tráfico a la altura de San Fernando de Henares, justo por donde pasan los aviones de la T4. Me imagino el frenazo. Me imagino saliendo disparada hacia el cristal. Romperlo con la cabeza. Caer a la carretera y ser atropellada por mi propio transporte. Imagino la última escena de mi vida. Un avión de Easy Jet saludándome desde el aire. El avión es el transporte más seguro. Dicen. Me imagino muerta. Todos los días.
[No continuará]

¿Por qué estoy tan triste teniéndolo todo?





03 septiembre 2009

Killing for love.

Hay un fluir, un ritmo, una forma aparentemente vacía; el discurso podría tratar cualquier tema, cualquier imagen, cualquier pensamiento. Esta indiferencia es sospechosa; presiento que tras la apariencia de vacío hay muchas, demasiadas cosas. El vacío nunca me asustó demasiado; en ocasiones llegó a ser un refugio. Por eso me pongo a escribir, desde la forma, desde el propio fluir, introduciendo el problema del vacío como asunto de esta forma, con la esperanza de ir descubriendo el asunto real, enmascarado de vacío.

Mario Levrero