01 noviembre 2012

Queridos Tao y Ellen (otra lectura de Hikikomori).





Queridos Tao y Ellen, queridos Ellen y Tao. 
He recibido Hikikomori traducido al español -o mejor dicho, traducido al argentino, esto es, publicado por la genial editorial de Buenos Aires, Triana- y he podido reencontrarme con vuestro pez feo. Me gusta vuestro pez feo. Me gusta esa sensación de angustia que provoca vuestra correspondencia.

Queridos Tao y Ellen,
se me hace extraño leeros un "vos", aquí no decimos "vos". Os leo en mi idioma y sin embargo no es mi idioma. 

Queridos Ellen y Tao,
dónde están ahora esos trescientos y pico hamsters que él dibujó para ti, pero que nunca nos enseñó: sólo trazó y contó, sólo trazó y contó. Dónde están ahora los animales que envolvieron vuestra tristeza. En qué rendijas se encuentran ahora que parece que todo vuelve a cantar.

Querido Tao y querida Ellen,
también miro la pared y me estremezco. Demasiadas grietas. Demasiada -y necesaria- sinceridad. 

30 octubre 2012

Chicas, chicas, chicas.

Ya está online el nuevo número de Illuminati Girl Gang, en donde colaboro con un poema que pertenece a Los estómagos (work in progress) y que forma parte, también, de mi Tríptico de Barcelona (de próxima publicación en Cityscapes). Gracias a Gabby Gabby por volver a contar conmigo para este proyecto de chicas chicas chicas. Un honor estar con todas ellas. 

28 octubre 2012

Siempre la claridad viene del cielo; y es un don... (¿Diario? de ¿Viaje?).


De manera que el sentido de tener un cuaderno de anotaciones nunca ha sido, ni siquiera ahora, llevar un registro factual precioso de lo que he estado haciendo o pensando. Eso respondería a un impulso completamente distinto, a un instinto de realidad que a veces envidio pero que no poseo. En ningún momento he sido capaz de escribir un diario; mi estrategia para la vida diaria vacila entre el abandono flagrante de mis obligaciones y la simple distracción, y en las pocas ocasiones en que he intentado registrar como Dios manda los acontecimientos de un día, me ha sobrevenido tal aburrimiento que los resultados son en el mejor de los casos misteriosos. ¿Qué demonios quiere decir “ir de compras, mecanografiar artículo, cena con E, deprimida”? ¿Compras de qué? ¿Mecanografiar qué artículo? ¿Quién es E? ¿Estaba deprimida la tal E o lo estaba yo? ¿Y a quién le importa?
Joan Didion


Barcelona-Madrid: aún me sabe la boca a vino blanco por culpa ¿o gracias a? Laura.

Barcelona-Madrid: leo a Joan Didion emocionada por la elasticidad gustosísima de sus frases alargadas, breves, alargada, breves, gustosísimas como un refresco dulce, como este sabor a vino que me borro de los labios con un poco de café caro y malo de ese que sólo hacen en los trenes, minúsculo, malo, pero leo a Joan Didion y todo es calma. Quiero viajar a California. Quiero vivir en playas desiertas. Quiero escribir un diario, pero, como ella confiesa, yo tampoco puedo.

Madrid-Atocha-Cercanías-Chamartín: Como en el Pans -lo más parecido a un menú vegetariano-, como junto a unas monjas que comen jamón. Valga la redundancia. Hago una foto. Todos ríen en Instagram. Quiero irme ya.

Madrid-Zamora: Leo a Antonio Cisneros. Nunca había leído a Cisneros. Mi colega Unai me había hablado de él. Leo Como higuera en un campo de golf, recientemente publicado por la nueva editorial de Barcelona Kriller71ediciones. Me gusta Cisneros. Siesta. Me despierta mi propio ronquido. Qué vergüenza. Ya he llegado a Zamora.

Zamora 1: Asun me está esperando. Asun es una especie de hermana mayor que desde aquella ciudad lejana lo ve todo, lo sabe todo, lo intuye todo y todo lo ha leído. Me trata bien. Me da vino. Me da conversación. Me da emoción. Me lleva a mi hotel -el Parador-. La habitación es tan grande. ¿Acaso me merezco yo esto? ¿Acaso merezco este baño, este vino, esta lluvia? Asun me recoge de nuevo y me presenta a sus amigos. Todo es agradable y cercano. Luego la cena sola. Luego el menú vegetariano muy a pesar de aquella carta llena de manjares con nombre de animalito. Luego otra vez el vino con Asun y el helado de queso, y acostarme muy pronto y dormir de un tirón. Echo de menos a Ibrah en una cama tan grande. Echo de menos mi casa pequeña en una habitación tan grande y tan fría. Me siento como una princesa al despertar. Una princesa en medias y sujetador, que huele a jabón de uva.

Zamora 2: Desayuno con diamantes, no los míos, sino los de las alemanas gordas que me observan desde la mesa de al lado. Desayuno con piña. Con una piscina helada. Creo que he engordado en los últimos días, como ese momento en donde la falda aprieta demasiado, es lo que tiene la diabetes: estiro, aflojo, crezco, suave. Me he roto una bota en los adoquines. Natalia me entrevista: digo tonterías a pesar de estar relajada. Camino hacia la biblioteca y conozco a los bibliotecarios más simpáticos del mundo. No sé qué ocurre. Aquí todo es blancura y paz. Después vienen los chicos de los institutos. Hablo durante una hora a propósito de cosas inconexas y ridículas: que sí la depilación láser, que si los tatuadores chonis, que si quiero ser adolescente, siempre, siempre, siempre adolescente -y en poco más de una semana cumplo 22 años, madremíanopueser cómo pasa el tiempo- y entonces les leo unos poemas que escribí a los 16 y que aparecen en mi primer libro, les leo poemas sobre sexo, les hablo de Bukowski, de cosas un poco más ¿conexas?, me hacen preguntas, nos hacemos fotos, me caen muy bien y les envidio. El chico de la gorra, la chica rubia de la segunda fila, Ana, Carmen, Miguel Ángel, los que no se atreven a hablar pero me agregan a Twitter y me alegran la noche (más tarde cuando llego a Barcelona). Termina el acto y termina Zamora con el vino blanco -y los roscos, y el queso- que la hermana mayor, Asun, me regala, con la lectura pendiente de Nacho Gallego, con el breve saludo a David, con el autobús y el bocadillo de ángeles. Todo sabe bien. Todo es blanco.

Zamora-Madrid: Duermo durante aproximadamente dos horas y media de las tres que ocupa el trayecto. Al fondo veo Madrid e intuyo mi antiguo barrio entre palacios y demás. Mira, pienso, allí te enamoraste.

Madrid: Quedo con Ibrah en la cafetería cara del Museo Reina Sofía y nos tomamos otro vino -ya he perdido la cuenta, creo que es el... no sé... la... y sólo estamos a jueves-. Hablamos de sus proyectos de trabajo, de mi experiencia con los chicos, brindamos, ahora él va vestido como un ejecutivo extraño, se me hace extraño ese atuendo pero no está mal, tengo ganas de que sea sábado. De que él también llegue a casa. Me acompaña al AVE. Hasta pasado mañana. Dice.

Madrid-Barcelona: Aquí estamos de nuevo pero a estas hora siempre hay más señores trajeados, veo una película realmente horrible, una de esas nuevas sobre Blancanieves, que no tiene ni pies ni cabeza. Leo a Didion, ya me queda menos, me da pereza acabar su libro porque quiero que ciertas cosas no terminen nunca. Pienso en mi lista de “lo que más me ha gustado de este 2012” y posiblemente Didion esté ahí, a la cabeza, junto a Tavares y Sinclair, no sé, ya veré, sigo leyendo pero son las diez y media y tengo que llegar a casa, el metro huele a basura. Esto es Barcelona.

Barcelona: Abro el vino. Me sabe la boca a. Tengo que acostarme pronto pero ya es tarde. Tengo que escribir un post pero mi diario sólo guarda notas ¿inconexas?, como aquellas que Didion anunciaba, notas que no importan a nadie. ¿Otro vaso? El vino más delicioso del mundo. ¿Inconexas? Eso creo. Y sin embargo -así de tonta soy- escribo.

23 octubre 2012

Un arte imperfecto / una medicina perfecta:



 Pongo la palabra diagnóstico entre comillas porque todavía no he visto ni un solo caso en que el diagnostico lleve a una cura, ni de hecho a ningún otro resultado que no sea una debilidad confirmada y por tanto impuesta.
Una demostración más de que la medicina es un arte imperfecto.
Joan Didion

22 octubre 2012

Una muerte bonica y entrañable.




La muerte puede ser bonica y entrañable sólo en los sueños, y especialmente en los de Maco, una joven dibujante uruguaya (Montevideo, 1987) a la que acaba de publicar Periférica. Y digo esto porque el libro de Maco, titulado Aloha -simpático saludo de animalito inexpresivo- es un sueño plácido y perfecto en donde el tiempo no corre, la muerte no mata -de ahí su hermosura, su guadaña cortar para flores-, los fantasmas y los gatos corretean libres y alocados por el mundo, los ratones hablan ¡aloha!, el futuro aburre a las ranas y las mujeres estornudan educadamente.

La protagonista de Aloha es una suerte de Alicia que no persigue a un conejo blanco, por una vez, sino a su propio corazón, allá donde le guíe, allá, donde se puede ser pequeño y enorme a la vez, un niño y un animal a la vez, un pájaro y una hormiga a la vez, volando o saltando, rompiendo las baldosas o deshaciendo todas las cama de una mansión encantada...

Mi parte preferida es ese momento en donde la protagonista se encuentra con que alguien parecido a la muerte (calavera que viste de negro y sostiene una guadaña) está intentando suicidarse y ella, para evitarlo, sólo le ofrece un café y una conversación pausada... descubrimos entonces que que la muerte es bonica y entrañable porque ama el silencio y ama las flores. Descubrimos que la muerte es bonica y entrañable porque canta en el sueño de la nueva Alicia, porque canta en el sueño de Maco: esa loca dibujante uruguaya a la que todos deberíais mirar con cariño: su trazo y su poesía son fantásticos.

19 octubre 2012

Noches azules, voces que brillan.


Insepultos, a todos enterré
a todos lloré. ¿Y a mí, quién me llorará?
Anna Ajmátova

Qué lectura tan placentera Noches azules de Joan Didion (Literatura Mondadori, 2012), pero no “placentera” por su contendido, que es más bien amargo y desgarrador, sino por su forma, su narración exquisita, sus ideas brillantes, su manera de contar algo tan íntimo y difícil de un modo aparentemente sencillo, lejos de resultar exhibicionista, apesadumbrado o llorica.

Y hablo de Intimidad Difícil porque lo que Noches azules nos presenta es la historia de una vida, o mejor, de dos vidas: la de Joan Didion y la de Quintana, su hija adoptiva, a quien la propia Didion nos presenta como un ser enigmático, pleno, hermoso… un ser que dejó el mundo antes de lo previsto ¿pero qué es “lo previsto”, o qué es “lo justo”, o qué es “dejar la vida antes de”, en estos casos, qué es ver morir a una hija y por qué la vida tiene que ponernos a prueba de esta manera, sin respetar su ciclo, sin respetar la belleza, sin respetar el profundo cariño de Didion a su hija…?

Noches azules es un relato basado en preguntas que a menudo no necesitan respuesta (la salud, la vejez, la identidad, el paso del tiempo, el trabajo, la amistad, la pérdida), puesto que en ellas ya se encuentra lo preciso para comprender el mundo: noches azules, noches de desvelo, noches iluminadas, a medias, donde la intuición es la única guía.

Así, Joan Didion nos lleva de la mano entre la oscuridad. Agarradla fuerte vosotros. Y leedla. Su voz es una verdadera joya. 

18 octubre 2012

Musa ammalata y una flor en el cerebro.

Nota informativa: Ya está aquí la portada de Musa ammalata (Damocle Edizioni, 2012). Pronto entrará a imprenta y pronto lo tendré en mis manos. No puedo dejar de agradecer a Pierpaolo, Ernesto, Sunshine y Viola todo el apoyo que han mostrado en este proceso. 

Ojalá os guste esta portada, se supone que es mi cerebro lleno de flores extrañas. José Manuel Poveda me dice en Facebook que esa flor podría ser una rosa de China, o marpacífico, y que tiene propiedades curativas. ¿Será así? ¿De verdad? ¿Y curará por fin los males de mi musa?

Sea como sea, podéis encontrar más información aquí, y aquí.

Miles de gracias. 

17 octubre 2012

"Emociónese así, sea poeta asao..."

Breve apunte mental: Eloy Fernández Porta está cada vez más loco. O es cada vez más -extrañamente- lúcido. O escribe cada vez más... mmm... con un acento tan extraño... pero dice #verdadescomopuños, al menos a propósito de los poetos. Bueno. Venga. Sigo. Buenas noches.