18 mayo 2010

Poeta y no poetisa: entrevista a Laura Rosal.

Ya lo dije. Ya lo dije todo sobre ella. Por eso ahora sólo puedo limitarme a hacerle preguntas. Pequeñas preguntas para esta entrevista en Koult. Algo de luz al panorama: en ese país en el que los poetas sólo desean llegar a reunir 500 versos para poder ser publicados. En ese país en el que el trabajo de uno siempre está puesto en interrogación. Siempre y sólo por la falta de ambición de los otros. De los que más critican. A Laura le da igual todo eso. Ella es poeta por casualidad. Por la única casualidad por la que se puede llegar a ser poeta. Con veintidós años nos deja un libro amargo y a su vez esperanzador. Laura, lo reconozco, hace que me sienta vieja. Que todos nos sintamos viejos. Hay quien dice que se siente así cuando sus amigos se comienzan a casar. En mi caso mi angustia temporal surge cuando mis amigos y amigas comienzan a publicar libros. Con ella he credido en la blogosfera. Con ella creceré en el papel. No. Ya no somos esas niñas. Ya no eres poetisa, Laura. Sólo poeta.

17 mayo 2010

Carne de rata.

Homme de constitution ordinaire, la chair n'était-elle pas un fruit pendu dans le verger?
Arthur Rimbaud

A veces siento las Iluminaciones y vuelvo a leer el infierno de Rimbaud. Una vez me gustó Rimbaud, recuerdo. Otra vez: odié sus manos retorcidas sobre el papel. Gallimard, 1960. Amarillento. Sucio. Pero esto es 2010 y engullo un trozo de carne de rata mientras debatimos, poco hambrientos, sobre el futuro de la literatura. Alejémonos de los que nos hacen daño. Pienso. Alejémonos de todos ellos.

15 mayo 2010

Dios nos odia a todos.

Desde que estoy enganchada a la serie Californication, gracias a la recomendación de J.S., sólo pienso en Hank Moody. O en Charles Bukowski. O en Fante. O en Bret Easton Ellis. Sobre todo en él. Bret Ellis. Y al fin he comenzado a leer Lunar Park, ese libro que compré en La Central cuando aún hacía frío. (Pero es que aún hace frío, pienso). Hace meses. Cualquier tarde de café y cigarrillo en Atocha. De Californication aprendo que los tarados no están sólo aquí. Están en todas partes, y que ante ellos, como hace Hank Moody, sólo dan ganas de sacarse la chorra. Una historia irónica sobre los círculos literarios y editoriales. Pornografía. Rock. Drama. Tetas por todas partes. ¿Qué es la literatura al fin y al cabo? Y cito a Ellis: pero un miembro del consejo editorial arguyó: si hay un público para una novela de zombis chupapollas y cocainómanos, pues se publica como sea y punto. Una excusa, de algunos, para vivir del cuento.

12 mayo 2010

Suicidio de libélulas.


O Extraña claridad. Qué importa: esos son los títulos de los libros de Begoña Callejón. Los libros que hoy me han salvado de mi propia desaparición cuando me disponía a vestirme de luto para bajar al chino, para comprar un cigarrillo de los que saben a muerte y deshacerme de este encierro azul con el que sólo compruebo mis errores académicos. Conocí a Begoña Callejón hace unas semanas durante el encuentro Para qué + poetas que celebramos en Almería. Un encuentro entre cuatro autores que hemos desarrollado parte de nuestra vida poética en esa ciudad. Pero no. Miento. A Begoña la conocí mucho antes. La conocí la primera vez que escribí un poema. Y la primera vez que hice el amor. Y la primera vez que leí a Pizarnik. Y, claro, cuando sostuve entre mis manos la Cenicienta en sangre que mis padres publicaron en El Gaviero. De hecho aquel día fue muy gaviero. Como podéis ver en la foto ahí están Juanma Gil, Ana Tapia, Raúl Quinto y Begoña. Autores de la casa. Hijos de papel. Junto a mí. Luna de ojos cerrados. Hija carnal. La foto de grupo la hizo mi padre. La foto de pareja la hizo Ana Tapia. Recuerdo aquellos cuatro días desérticos como algo hermoso. Como un descanso inmerecido. O esa Extraña claridad que lo caracterizó. Hoy veo estas fotos. Hoy recibo estos libros. Hace tiempo publiqué un poema de Begoña que tuvo mucha polémica. Un comentarista sentenció "todas las mujeres escribís igual". ¿Igual a qué?, pienso. Hace menos tiempo escribí el texto "jodido día del libro" en el que denunciaba las críticas que en una rueda de prensa algún periodista inculto vertió sobre la autora. "Inmoral", dijo. "Suicida". Y dio en el clavo, sin embargo, este personaje. Pues esas son dos de las palabras con las que yo describiría a Begoña Callejón. Pero las palabras pueden ser expulsadas con distintas intenciones, y lo que para ese periodista era malo para mí es magia. "Mi historia es inmoral" dice Zaratustra. Inmoral. Suicida. Lúcida. Directa. Begoña es un cuchillo dulce deslizándose por mi garganta. Y desde aquí la leo y la releo, aun sabiendo que en el escritorio me esperan los símbolos de la Justicia (los de otro examen que tampoco aprobaré). La poesía de Begoña sí es Justicia. Justicia con ella misma y con quienes la leemos. Esta absurda manera de vivir. Estoy sola. Tejeré la tormenta que se avecina. La vida rueda y yo la empujo. Así nos mece ella.

Un dessein si funeste, s'il n'est digne d'Atrée, est digne de Thyeste?

El mundo acaba allí.
Dicen.