Laura Rosal
hacer que el poema no nazca siempre de la piedra,
poder tallar la última cruz en su canto más oculto
Álvaro Guijarro
Menage à trois o los días lentos sobre Madriz: reconozco la poesía en esta copa de vino, en esta línea eléctrica que nos separa, la calle Pez, y
Marta Echaves y
Álvaro Guijarro como los dos poetas que confirmaron mi viaje,
estar aquí. Sí.
Tengo que estar aquí. Con ellos he bailado. Con ellos y con un pintalabios sabor líquido: lo sabe
Laura Rosal que retrata y hace versos y vigila desde su pequeño cuerpo rojo y bohemio;
sevillana sin serlo, hermana sin saberlo de mi también hermano
Enrique Morales,
el de la muerte, sí, el del circo de la muerte y el odio, en esa playa nudista y en el rumor de las olas, o el vértigo a nivel del mar. Quizá
Ruth Llana tenga la respuesta a ese enigma del silencio: no suena.
No suena. No suena y está aquí, sin embargo, de puntillas
Marina Ramón-Borja. ¡Y dice que no es poeta! Já. ¿Entonces quién es aquí poeta?¿Quién es aquí asesino? ¿Dónde te reflejas tú,
Javier Montoro? ¿En qué cuerpo delicioso te refugias? ¿Qué viaje? ¿Qué destino? Turista de interiores,
Cristian Alcaraz y nuestras manos temblando dentro de los sexos. Las manos de todos ellos. Las manos de los que todavía no conozco u olvido. Las manos
jóvenes en su letal mordisco.