15 septiembre 2009

Macdonald’s de mierda.


Heriste mi corazón con tu palabra y yo te amé. Heriste mi corazón con tu lengua y yo te amé. Heriste mi corazón con tu prosa y yo te amé. Heriste mi corazón con Corcobado y yo te amé. El cielo del domingo era más gris de lo esperado. Después de maldecir al hombre del tiempo comimos vísceras de vaca trituradas. Confundimos la fecha de nuestra muerte. Anotamos las erratas de las cabinas telefónicas. (El transporte público sonaba como la banda sonora de Death Proof). Es el sonido de la muerte. La carne es el sonido de la muerte. La grasa es el sonido de la muerte. Comer Qué Después Del Hermeneuta. Heriste mi estómago. Heriste mi páncreas. Heriste mi garganta y yo te amé.

14 septiembre 2009

Sobre la incertidumbre. Las horas. El otoño.

—Combien de semaines avez-vous l’intention de vivre ainsi?

—Éternellement.

—Qu’allons-nous devenir?

—Nous verrons.

Amélie Nothomb

11 septiembre 2009

El spleen de Madriz.


El protagonista de la novela no es un personaje,
sino una ciudad: Madrid.
VLM

Leer Circular en el metro y preguntarse por lo metaferroviario del hecho. Comer Cheetos en la cama. Quitarse el esmalte rojo con los dientes. Pedir un deseo con una pestaña nunca había oído semejante chorrada me lo dijeron de pequeña y desde entonces lo hago y qué pides pues no sé, casi siempre lo mismo ¿me lo vas a decir? rezo por mi buena caligrafía ¿eso pides? eso pido. Pedir un Agua de Jamaica en El Rincón y escuchar la conversación de los camareros acerca del próximo recital de Javier Corcobado en Arrebato. ‘Hay coches de choque en las lágrimas’, pienso. ‘Soy el vertedero de la poesía’, pienso. ‘El esfínter virgen del espíritu santo’, pienso. La camarera asegura que Corcobado es un macho. Calle del Espíritu Santo. La posibilidad de encontrarse con Dillinger es casi nula. Estará observando a ese viejo de la esquina, que bien podría ser Panero. Pero Panero es más feo. Pero Panero no está tan loco. Pero Panero no da tanto asco. El Espíritu Santo. Ajustarse la diadema marrón. Guardar Circular en el bolso. Preguntarse por lo metamadrileño del acto. Recordar la cita subrayada. Aguantarse las ganas de escribir.

10 septiembre 2009

No dejes que los niños lean a Bukowski.





Porque les va a salir sarpullido y barba. Y granos por toda la cara. Y botellas de vino por la boca. Y pájaros azules por el sexo. Y libros quemados en las manos. Y máquinas de escribir en el corazón.

09 septiembre 2009

Despedida de soltera (o mis otros amores de adolescencia).


Viajábamos sentadas en el gallinero. La noche se despedía de soltera: ya tengo compañía, ya tengo protector, ya huelo a su tedio pulcro y a sus violentas sábanas. La noche se despedía. Viajábamos con el alcohol del verbo: la Sexton, la Duhamel, la Pizarnik, la Mréjen y otras tantas con el pelo cardado. Coronitas con forma de pene rosa en la cabeza, corazones tatuados, envidia. A ti te quieren, noche. A nosotras nos detestan, noche. A nosotras. La Sexton, la Duhamel, la Mréjen. Tiene náuseas Tsvetaieva, tiene panza y las piernas hinchadas. Tacones con forma de pene rosa. Collares con forma de pene rosa. Ríe Tara, ríe Rosalía. La noche se marcha con el tedio dejándonos muy solas. El conductor pide silencio. Los neones florecen. La risa acaba.