26 diciembre 2014

Sólo pido un momento de belleza (resumen en imágenes y palabras de mi 2014).

(No hace falta que lo leáis, sólo es mi vida)


Enero
Qué iba a pasar y quién podía saberlo. Después de dos años en Barcelona trabajando como becaria en Random House, decidí marcharme y comenzar como redactora en PlayGround Magazine. Un equipo, una nueva casa, un sitio en el que edificar, y por el que despertar. Las opciones eran una beca en París, dejar la Universidad, cambiar de vida. Yo dejé París, dejé la Universidad, cambié de vida, junto a Ibrah, Isaac, Josune, David, Franc, Natxo, Alba... Luego la visita de Tao Lin, luego también La Casa Encendida y el encuentro Literatura Alternativa o Alternativas a la Literatura con Carlos, María e Ibrah. Luego qué iba a pasar y quién podía saberlo. Una moneda oscura tanteaba la cara y la cruz del mundo, sin una posible verdad, pero con muchas esperanzas. 




Febrero
Un avión de 7 horas me hace cruzar el océano por primera vez en mi vida. Aquí estoy, esto es Nueva York y vengo para presentar VOMIT y para conocer aquello que desde hacía cuatro años venía amando: la Alt Lit, los escritores de allí, de ese lado del mundo que me habían hecho sentir libre con sus letras ahora me daban alcohol en Booklyn, me recitaban poemas (conocer a Dorothea Lasky, enamorarme de Sarah, de Jordan, de Rachel, de las botellas de agua pijísimas, de las cervezas y el vino blanco baratísimo, del olor del metro a las 5 de la mañana un San Valentín). Me quedé llena de vida y llena de brutalidad. Me prometí que con Jordan DeBor me tatuaría "Los perros románticos" en una pierna. Me repetí que volvería pronto. Que volvería pronto. Que volvería... Fin de semana en Niza. Al poco de regresar de NY le digo a Ibrah que le quiero llevar al sitio donde viví entre los 15 y los 16, el lugar donde empecé a escribir y donde me enamoré y desenamoré por primera vez. Comemos socca, hacemos el amor en un hotel junto a la playa, vemos a antiguos amigos (mi querido Victor que antes era pequeño y ahora es más grande que yo). Ese fin de semana mi madre me dice que vaya a Almería pronto. Yo le digo que claro, que iré muy pronto. Ninguna de las dos sabíamos, pero sabíamos. Iría pronto. El azur cruelísimo de la costa nos lo estaba señalando. 







Marzo
Me llamaron para la un programa de La 2, y dije que vale. La tele en directo no me dio miedo, porque lo que me dio miedo fue el día siguiente. Yo acababa de hablar con papá y mamá y ellos estaban algo extraños. De vuelta a Barcelona, el mismo día que Leopoldo María Panero fallecía y desolaba a medio planeta lector, mi padre me dijo que pronto iba a pasar. Que iba a pasar. Que iba a pasar y entonces estuve un mes entero intentando que el sol del sur nos diera toda la puta fuerza del mundo. Amé con todas mis fuerzas. Leí poemas de Reinaldo Arenas, de Cirlot, de César Vallejo, de Los Perros Románticos, porque no sé rezar. Leí y escribí, y trabajé y no dormí y agarré bien fuerte las manos de papá y mamá porque el mes de marzo se consumía tan lento y tan rápido como la vida. Como la vida. Como la vida. Y entonces llegó el día 31, y odié abril y odié al cielo, y amé con todas mis fuerzas a ese cuerpo que ya era ceniza y a ese corazón que a pesar del fuego yo llevo aquí, latiendo en mis recuerdos.Vino la tristeza. Vino la familia. Vino el mar. Vino el dolor. Todos nos despedimos de La Gaviera. 





Abril
Sonreír es una manera de recordar. Tatuarse es una obsesión por dejar huella. El amor es una manera de vencer a la muerte. La amistad es lo que nos mantiene sonrientes. Por eso me tatué una sirena, que en realidad es ella. Por eso Letizia nos llenó la piel de barcos. Por eso Ibrah fue mi salvación. Por eso Mai me dio tantos abrazos. Por eso entre trabajo y más trabajo las visitas de Johnny y Lucy, o las de Chus, Pepa y Antonio fueron tan importantes. 






Mayo
La literatura sirve para curarse, y por eso cuando Barcelona fue invadida por algunos de mis escritores preferidos salí a la calle para entrevistarlos en PlayGround. Conocí a Sheila Heti y a Gonçalo M. Tavares, y supe que ante mí había algo más que autores, eran personas, y eran medicinas, y eran pura vida. Intercambié un montón de mails con Sheila hasta que tuve que volver a viajar por la muerte. Mi abuela, que llevaba años enferma, no pudo soportar la pérdida de Ana, su hija, y entonces se dejó ir. Las dos se marchaban un día 31 y mayo tenía el color feo de las primaveras que no quieres que lleguen porque pican y porque dan náuseas. Sheila acababa de ver morir a su perro, y entonces me dijo que sabía en en alguna parte del mundo mi madre y mi abuela, mis dos sirenas, estarían bien cuidadas por su precioso perro. Los ladridos, los ladridos y los perros me mordían suave y yo sentía un poquitito de esperanza. 



Junio
Cosas hermosas se acercaban. Empecé a escribir El arrecife de las sirenas, un libro que no sé de qué va pero que algún día irá, porque crece y crece como mi ánimo tembloroso. Nos fuimos a Oporto y a Lisboa y allí decidí que quería ser mamá, y que lo intentaría y que lo haríamos, y que dejaríamos que ocurriera si nuestros cuerpos lo permitían. A finales de mes, otro evento alegre me puso una sonrisa en la cara: la boda de mi amiga Mai y de mi amigo Albert. Hacía tiempo que no reía tanto. Y hacía tiempo que no sentía que de verdad tenía unos buenos amigos en los que confiar y con los que crecer. Crecer. Crecer. Crecer. Como crecía El Gaviero, que daba a luz a este hijo precioso que se llamó Serial, y que es sólo el principio de todo el homenaje y toda la poesía que nos queda por hacer a papá y a mí. 





Julio
En julio todo fue extraño. Muchísimo trabajo en PlayGround, y algunos episodios divertidos como mi visita a un rodaje porno con Amarna Miller. Lo más emocionante de todo, sin embargo, fue una llamada por Google con Didier Andrés Castro y Kevin Castro. Con ellos, preparamos el primer encuentro de poetas jóvenes en lengua española en Hangout. Aún no tenía nombre, pero pronto yo recordaría a aquel animal que rondaba mi cabeza desde el viaje a Nueva York. ¿Los perros románticos? Un grupo de Facebook, un montón de autores deseosos de compartir, y la certeza de que iba a pasar algo grande. Kevin y Didier son de esas personas que aunque nunca hayas visto sabes que en cuanto te las encuentres el abrazo va a ser brutal. Kevin y Didier vinieron también para curarme. Para curarnos. Para demostrar que aquí estaba pasando algo. Y joder, joder si pasa...



Agosto
Igual que julio pasó rápido y sencillo, agosto estuvo lleno de eventos importantes. El Hangout de Los perros románticos. El viaje a Sibiu, Rumanía, para encontrarme con Vlad, Catalina, y otros amigos rumanos que ya había conocido en 2013. Y también la visita a David, Carol, Aitana y Bidane, mi familia de Munich, a la que llevaba unos años sin ver, y a quienes deseaba encontrarme desde hacía tiempo. De Rumanía regresé sabiendo que quedan proyectos por hacer, porque cuando viajas todo es un chute. De Alemania regresé sabiendo que quiero formar una familia, y que quiero que sea tan hermosa y divertida como la de los Santos-Petterino.





Septiembre
Después de muchos meses, después de muchas correcciones, después de muchos quebraderos de cabeza, y ahorro, e ilusión... El mes de septiembre había llegado con una única meta: la visita de David Meza a España. Cuando vi a David llegando a Sants y cuando pude abrazarlo por primera vez sentí que me mareaba. Ojalá mi madre hubiera podido vivir este momento, porque David es, y será siempre, uno más de esta familia gaviera. El mes que pasó en España fue muy intenso y demasiado loco. Publicar El sueño de Visnu, además, fue todo un reto, y Pedro y yo casi lloramos cuando lo vimos salir de imprenta. Sus 500 páginas brutales, su diseño de Diego, su ilustración de Solóviev, el cariño de todos los que lo reservaron para tenerlo en sus casas y adorarlo tanto como nosotros lo adoramos. David llegó y llenó de dibujos animados nuestro mundo. A su lado todo parecía épico, por no hablar de cuando caminando con él por Joaquín Costa nos encontramos a Ben Brooks y se produjo un pequeño duelo de titanes. 



Octubre
Lo caótico, la felicidad, lo caótico otra vez. Bienvenidos a Mil novecientos violeta, un encuentro de jóvenes escritores, poetas nacidos en la década de los 90 que se encuentran en La Casa Encendida de Madrid con motivo de la visita de David Meza. Bienvenidos a la locura, a las peleas callejeras con personas que incluso intentaron insultar a David. Bienvenidos a la velocidad, a la droga, a la escritura dulce y violenta. Bienvenidos a la exploración de Madrid. Bienvenidos a una hamburguesa con Elena Medel, mi tío Óscar, David Meza y el centro del Universo. Bienvenidos a mi reencuentro con Moya. Bienvenidos a la publicación de Vuelo doméstico. Y a la creación del nuevo catálogo de El Gaviero. Bienvenidos a Arturo Sánchez, a María Ramos, a Gabby Bess. Bienvenidos a la posibilidad de una Alt Lit en español. Bienvenidos a la muerte de la Alt Lit angolsajona. Bienvenidos a las conversaciones interminables con papá. Y al sexo sin preservativo. Y al viaje a París lleno de queso y lleno de chocolate. Bienvenidos a los 27 años de Ibrah. Bienvenidos también a los éxitos en PlayGround, a los millones de visitas y al crecimiento del equipo. Bienvenidos a algo parecido a la felicidad, porque el año casi se acaba, y quiero que 2014 quede muy atrás. 






Noviembre
Hoy es 6 de noviembre de 2014. Cumplo 24 años y vamos en un tren a Girona. La vida no sonríe pero abrimos nuestras bocas con las manos hasta que la mueca sea amplia. Este noviembre he decidido ser fuerte. Este noviembre he decidido que mis 24 años serán luminosos y que mis 24 años serán los 24 años más tiernos de la vida. Estoy convencida de que algo bueno va a pasar, y aunque todas las pruebas de embarazo me dicen: no no no no y no, el horizonte me enseña algo hermoso. Es la segunda vez que cruzo el océano en un mismo año. Han pasado varios meses desde Nueva York, y esta vez pongo rumbo a Guadalajara. Voy para impartir un taller al que la preciosa Margarita me ha invitado. Conoceré la Feria, y conoceré la ciudad. Me quedo con la ciudad. No me gusta la Feria. Me quedo con la ciudad y con la gente, porque por tercera vez (después del Hangout y después de Mil novecientos violeta), Los perros románticos se vuelven más que tangibles. Aleida, César, Martín, Jesús, Augusto, Alex. Tengo un montón de nuevos amigos y el corazón me late demasiado rápido. ¿Sabéis cuando os miráis ese lugar de la piel donde habita una herida, y os dais cuenta de que ya ha cicatrizado? México curó mis heridas. Conocer a Jesús Carmona Robles y hablar con él de la muerte, curó mis heridas. Escuchar cantar a David Meza, y curarle la borrachera, curó mis heridas. Abrazar a Aleida, a Martín, a Margarita, a César, curó mis heridas. Descubrir tanta poesía desconocida, curó mis heridas. Porque hay cicatrices que nunca se curan del todo, sí, pero también hay voces que nos dan la fuerza suficiente para poder tocarlas, sin hacerse daño. Leo Tos, y lo declaro mi libro preferido de la vida porque sé que hay alguien al otro lado de este planeta tierra que ha escrito sobre la sangre con el mismo cariño, y que ha escrito sobre la madre con el mismo cariño, y que sabe, igual que yo, que estamos venciendo a la muerte. Ah. También es noviembre y me he comprado un pijama de lunas que brilla en la oscuridad. Esto me entusiasma muchísimo. Soy una niña. 





Diciembre
Qué iba a pasar y quién podía saberlo. Pasó de todo: me emborraché, me enamoré, me enfadé, me morí, me maté, me quise morir, me quise emborrachar, me quise llorar y me lloré durante días y durante larguísimas horas, me reí, me viajé, me escribí, me sangré tantísimo, me fecundé sin éxito, me reí tanto con los gatos y con mi padre y con Mai y con Kevin y con Didier y con Elena y con Alberto y con Arturo y con Chus y con Pepa y con Miguel y con Óscar y con Caterina y con Jesús y con María y con Vlad y con Catalina y con Josune y con Isaac y y con Valentina con Kika y con Letizia y con Lucy y con Los perros románticos y con los gatos y con mi amor. Mi amor que al fin se casa conmigo. 2015 nos traerá boda y nos traerá un libro nuevo (sí, en marzo salen Los estómagos y otras historias bonitas). Pero para cerrar el año, antes de casarnos en Almería, quisimos celebrar una pequeña reunión familiar a modo de despedida de lo que ha sido un 2014 difícil e intenso, dificilísimo y cruel. Me casé falsamente y me fui verdaderamente a Roma y allí comimos mucho y nos besamos mucho y conseguimos pensar en cosas buenas. Al fin te acabas 2014. Al fin te acabas y yo te digo adiós con esta mano que sólo desea una cosa...



Sólo pido una cosa, decía.
Sólo quiero un momento de belleza y un momento de silencio.
Sólo quiero que después de tanto y tanto la vida logre parecerse a este instante en el que la maternidad y el calor recorre las pieles amadas. Me da igual haber sido cursi. Me da igual haber sido mala. Me da igual que haya erratas. Me da igual haber dicho cosas que no debía decir porque sé que lo único que puedo hacer ahora es decirlas. 
Sólo pido una cosa mientras pongo una vela en una iglesia de Roma en donde los que rezan piensan en sus enfermos. 
Dadme belleza. 
Dadme silencio. 
Dadme sus manos.
Prometo responder con toda mi ternura.  

16 diciembre 2014

Padre (o cuando Clearblue vuelve a dar negativo).

Jessica Rowe

Lucy me pidió un poema para Shabby Doll House, la revista que dirige junto a Sarah Jean Alexander y, en este numero, Stacey Teague. Yo acepté pero tardé mucho tiempo en enviarle un poema. Decidí escribir algo nuevo, algo rápido, algo que yo estaba escribiendo, o rumiando, o qué sé yo, pero que vio su nacimiento en un vuelo de Madrid México City el día 24 de noviembre de 2014, o ya casi el 25, en la madrugada del cambio de horario, un día en que mi madre debería haber cumplido 42 años y un día en el que yo me lamentaba, otra y otra vez por esas pruebas de embarazo que se acumulan en la papelera de nuestro cuarto de baño. El otro día dije en Facebook que he escrito más después de México que en todo 2014 y es verdad. Ya sólo la idea de cruzar el océano me dio este pequeño texto que en Shabby Doll House aparece en una versión anterior, y traducido al inglés por el magnífico Luis Silva. He escrito más, y seguiré escribiendo, y creo que algo va a cambiar. No sé. No sé. Me encanta decir que no sé. Ya lo habéis visto. 

PADRE (O CUANDO CLEARBLUE VUELVE A DAR NEGATIVO)

padre sale de casa con las ojeras
padre tiene asco y tiene náuseas
padre clava su polla en la vagina enferma
padre quiere un hijo con un nombre sencillo, convencional
padre no sabe que madre gasta dinero en pruebas de embarazo
que madre se mira al espejo y llora desconsolada
que madre tomaba drogas y teme la esterilidad
padre sabe que en ocasiones lo maternal es un capricho
un obvio remedio a la muerte o una venganza de vida
padre no sabe que madre escribe estas palabras mientras cruza el océano hacia méxico
madre no sabe que mientras tanto padre se hace pajas pensando en la vagina enferma
padre y madre se echan de menos y tienen ojeras y tienen náuseas
padre y madre gastan todo el dinero que ahorran en cócteles de penicilina
padre y madre no son padre y madre
padre y madre se aman hasta los huesos y te aman hasta los huesos
padre y madre quieren que vengas
padre y madre tendrán asco y tendrán luto hasta que no puedan nombrarte

10 diciembre 2014

Escribo esto mientras recuerdo la mañana soleada en San Martín de las Flores.


Perdón al hombre por el hombre
Juan Carlos Mestre

creo que tengo hojas
creo que me florezco
estoy convencida de que los árboles son abuelos feos que nos piropean con sus ramitas
ay
deja de escribir diminutivos como si estuvieras enamorada
ya sé, ya sé, ya sé que has estado de viaje y que cuando uno regresa al hogar después de haber visto
otra tierra
los ojos duermen distintos
las pupilas arden aún
las interrogaciones son tantas
vámonos a vivir a ese lugar donde las cucarachas pasean con soltura
y donde los gatos no habitan los vertederos
porque la basura, ay, la basura
está llena de huesos

creo que tengo exclamaciones
creo que me entumezco
tener 24 años aquí es como ser viejo o como ser tuerto o como ser
carne para los asesinos
para los policías que se llevan descalzos a los muertos
cuántos huesos
cuántos huesecitos pequeños
cuánto redundar en lo redundado redundar en la muerte
ay ay
vámonos a vivir a ese lugar donde las palabras de amor no existen
porque todos los que lo habitan tienen hambre
y porque todos los que ahora lloran conocen nuestra historia

te explico: en san martín de las flores, aquí en tlaquepaque,
los autóctonos no fueron conquistados
se nota en sus facciones
lo reivindican en sus costumbres y comen rana,
me cuentan que comen ancas para ahuyentar a los demonios
yo he llegado a san martín de las flores y hay una voz que me susurra
detesto a los españoles de antes
detesto a los conquistadores
llegaron con enfermedades y con muerte
llegaron a machacar nuestros huesecitos
con su muerte

creo que tengo angustia
creo que me florezco
hace cientos de años de esas historias
y yo llego a san martín de las flores con todas mis enfermedades
la diabetes mellitus el cáncer de ana
la cándida que me hace estéril
la miopía desmesurada
ay
qué país
qué desierto
he venido a comérmelo todo
y creo que me amo
y creo que nos entiendo
perdón al sol por el sol
perdón al hombre por el recuerdo 

07 diciembre 2014

Escribo esto mientras me arranco la costra de una herida y pienso en mi padre.

¿Para qué sirven las cicatrices?
Jesús Carmona Robles 

Me gustaría comenzar todas mis frases con un ¡mira!, o quizá con un oye tío fíjate en esto.
La poesía es fijarse en esto y en aquello,
tal vez,
detenerse en lo que nadie se detuvo porque mira: aquí tengo una cicatriz pequeña y una herida que me hice en México y que todavía sangra. Mira, mira lo que te estoy contando, mira lo que te estoy señalando, mira lo que me estoy mirando, adoro nuestra voz, adoro esta voz que nos anuncia a todos, esta repetición que nos vuelve niños, este bla bla bla bla güei.

Sí,
está sangrando.
La herida oceánica está sangrando hasta el punto de envenenar lo purísimo de mi pijama blanco. Me gustaría comenzar todas mis frases hablando de un pijama, o de una manta, o de una leche que se calienta entre mis manos arrugaditas por el agua. ¿Para que sirven las cicatrices?, pregunta un loco. Y para qué sirvo yo en este lugar y a esta hora exacta si aún tengo sueño, si aún estoy sangrando en homenaje a aquel mosquito furioso que se bebió mis miedos en cualquier noche contaminada de Guadalajara. 

Las cicatrices sirven para recordar.
No.

Las cicatrices sirven para decir lo he superado.
No.

Las cicatrices sirven para escribir un poema.
No.

Las cicatrices sirven para saber que estamos vivos.
Ni de coña.

Las cicatrices son tan bonitas como los labios de mamá.
Es probable.

Las cicatrices son una muralla.
Sí.

Las cicatrices son un órgano sexual.
No.

Las cicatrices son eso que no quiero enseñar porque me da vergüenza.
Como un órgano sexual.

Las cicatrices no sirven para nada.
Sí.

Me gustaría comenzar todas mis frases con un tengo vergüenza, o bien con un estoy sangrando.
La poesía es sangrar sobre esto y sobre aquello,
tal vez,
derramarse en lo que nadie se derrama porque mira: el mundo sigue abierto. El mundo se está abriendo en cada una de nuestras sonrisas. Me gustaría sentirme libre incluso si lloro. Los labios rosados de mamá me recuerdan cuánta depresión, aunque luego también me acuerdo de que la vida en realidad es como un especial de Navidad de una sitcom gringa. Al principio empieza tristísimo, pero hacia la mitad ocurre algo maravilloso y heroico que nos vuelve a reunir a todos.

La cicatriz es celebración. 

Porque oye, tío, fíjate en esto:
ahora estamos cantando. 

06 diciembre 2014

Escribo esto mientras cruzo el océano de vuelta al hogar en Aeroméxico 1148.


Aleksandra Waliszewska

No tengo a nadie a quien rezar, pero sí tengo a quien decir ‘te necesito’.
Pensaba esto en el camino de regreso: varias horas cruzando el océano,
varias horas comiendo galletas de fresa en París, varias horas mirándote
mientras duermes, dan para mucho. Dan para demasiados sentimientos
como hormigas subiendo y bajando por los párpados de mi jet lag. Así,
así me imagino la palabra amor, y la palabra sueño, y el verbo envejecer.
Así, así me entretengo repasando tus afiladas cejas mientras la noche
de Barcelona es diamante, y en su cielo no hay nada salvo una luna gris
a la que no sé rezar.