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19 diciembre 2015

Mis libros preferidos de 2015.


Como cada año hago un balance de mis libros preferidos publicados en 2015, y me doy cuenta de que son muchos, y también de que la mayoría los he leído por trabajo. Pero cuando el trabajo es placer, poco importa que se llame trabajo. 

Poesía
1. The collected poems of Chika Sagawa, de Chika Sagawa (Canarium Books)
2. El libro de la danza, de Gonçalo M. Tavares (Kriller71 Ediciones)
3. Eso, de Inger Christensen (Sexto Piso)
4. Beat Attitude, las mujeres de la Generación Beat, ed. de Annalisa Marí (Bartleby)
5. La edad de merecer,de Berta García Faet (La Bella Varsovia)

Narrativa
1. Sumisión, de Michel Houellebecq (Anagrama)
2. La débil mental, de Ariana Harwicz (Mardulce)
3. El cielo oblicuo,de Belén García Abia (Errata Naturae)
4. The Motion, de Lucy K. Shaw (421 Atlanta)
5. Modelos animales,de Aixa de la Cruz (Salto de página)

No ficción
1. La mujer de pie,de Chantal Maillard (Galaxia Gutenberg)
2. Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés (Siruela)
3. De pronto mi cuerpo,de Eve Ensler (Capitán Swing)
4. Maternidadessubversivas, de María Llopis (Txalaparta)
5. La llamada perdida, de Gabriela Wiener (Malpaso)

Cómic e ilustrados
1. Cruzando el bosque, de Emily Carroll (Sapristi)
2. Buenas noches,Punpun, de Inio Asano (Norma)
3. El niño que dibujaba sirenas, de Javier Sobrino y Carole Hénaff (La Fragatina)
4. Rosalie Blum, de Camille Jourdy (La Cúpula)
5. El diario gatuno de Junji Ito, de Junji Ito (Tomodomo)

Mirando estos libros de 2015 me doy cuenta de dos cosas: de que la mayoría son mujeres, y de que este año he leído más ensayo, crónica y cómic que nunca, aunque también tengo algo abandonada la novela. 

Una cosa de la que no me quiero olvidar es de algunos libros de El Gaviero Ediciones que aprecio muchísimo y que si no hubiera tenido el placer de editar seguramente habría incluido en la lista: Post coño, de Gabby Bess y Siamesa, de María Ramos. 

Por último quiero agradecer a Milky Way Ediciones y a Ediciones de oriente y el mediterráneo su increíble trabajo (creo que me he dejado el sueldo en estas editoriales, definitivamente). Libros como La chica a la orilla del mar, de Inio Asano, o como Nuevo nacimiento, de Forugh Frarrojzad han sido mis lecturas más preciadas, aunque pertenezcan a catálogos de otros años. 

Gracias a todos por seguirme por aquí, o a diario en mis artículos de PlayGround o en otras redes sociales que lleno cada día con mis tontadas.

Qué ganas de 2016. Van a pasar cosas emocionantes. Estoy segura.



(Por cierto, hoy colaboro en Babelia haciendo una micro-reseña 
de La mujer de pie, de Chantal Maillard, para su lista de mejores libros del año.

04 marzo 2015

5 nombres para entender Los estómagos.


(Texto originalmente publicado en inglés en The Reader, la revista brutal y mensual de Luck K. Shaw que podéis adquirir por 3 euros. Lucy me pidió que explicara qué significa para mí la creación de este libro, y cómo la asumí. Gracias, querida Lucy.)



Uno. Delhi
El día en el que Delhi, una enorme gata tricolor, apareció en mi habitación de mi primera casa de Barcelona, toda mi vida cambió. Fue entonces cuando comencé a darle vueltas al tema de Los estómagos, mi quinto libro de poemas publicado recientemente en España. Y fue entonces cuando mi marido y yo nos planteamos la posibilidad de ser vegetarianos. La paz inmensa de Delhi, su manera de respirar y de moverse estaba causando efecto en nuestra vida. En nuestras entrañas. Entonces tuve que ponerme a escribir.

Dos. Ted Hughes
Cuando uno tiene una obsesión, todo se torna del color de ese sueño. Me empecé a obsesionar con el mundo animal y comencé a preguntar a amigos o conocidos por poetas que hubieran tratado lo animal o quizá el vegetarianismo entre sus palabras. Surgieron muchos nombres y descubrí que existían enormes autores como Nichita Stanescu, Brigitta Trotzig, Joyce Mansour e incluso Yanis Ritsos. Sin embargo, el poeta que más me conmovió fue Ted Hughes. Yo ya había leído a Sylvia Plath de adolescente, pero ni ella ni su historia familiar me habían interesado. Es curioso cómo a veces los mitos nos hace repudiar a los escritores, y es curioso, también, cómo al final los mismos escritos y la misma literatura nos vuelven a reconciliar con ellos. La familia Hughes-Plath está de lleno en estos poemas, aunque en algunos momentos no lo parezca. Sus perros, sus celos, sus cielos de sangre residen aquí, no ya como un homenaje, sino más bien como un ritual de invocación.

Tres. Aleksandra Waliszewska
Es mi ilustradora favorita desde que hace años comencé a seguirla gracias a una recomendación de una amiga también pintora. El mundo de Waliszewska es todo lo que sueño, todo lo que temo, todo lo que amo. Por eso cuando terminé el libro pedí a mi editora, Elena Medel, que me ayudara a contactar con ella. Muchas imágenes se las debo a sus imágenes, especialmente las de la cuarta parte de Los estómagos, en donde invento conversaciones violentas entre los humanos y los animales. El escenario sólo podría ser el de Waliszewska.

Cuatro. Barcelona
Madrid nunca fue una ciudad inspiradora, y sin embargo allí escribí mucho. En Barcelona siento que he escrito menos, pero todo lo he hecho con mucha más concisión y trabajo. Barcelona es un pueblo, una ciudad salvaje. En Barcelona puedes pasear entre gaviotas, loros, gorriones y palomas. Entre ratas y ratones. Entre cucarachas, gatos, perros, humanos borrachos. Barcelona es una selva, un estruendo, un lugar horrible y hermoso por partes iguales que, además, huele a mar. Yo no amo demasiado la playa, pero secretamente, todos los días, pienso en el horizonte y agradezco a destino haberme traído a esta ciudad cuyos límites son azules, mires por donde mires.

Cinco. Mi madre
Una de las cosas que más agradezco de este libro es que, antes de morir, mi madre lo leyó. Nunca me dijo si le había gustado o si no, pero sé que algunas cosas le hicieron llorar. Escribí Los estómagos en su segunda recaída, cuando el cáncer hizo metástasis. Algunos me han preguntado si es un libro sobre su muerte, y yo les he dicho que no, que es un libro sobre su vida. Más tarde, me decidí a introducir un solo poema más, a modo de anexo al libro. Ese es el primer poema que he escrito en mi vida que ella no podrá leer. Es extraña esta sensación. Pero hay que seguir adelante. Con fuerza. Con mar. Con cariño. Con estómago. 

16 diciembre 2014

Padre (o cuando Clearblue vuelve a dar negativo).

Jessica Rowe

Lucy me pidió un poema para Shabby Doll House, la revista que dirige junto a Sarah Jean Alexander y, en este numero, Stacey Teague. Yo acepté pero tardé mucho tiempo en enviarle un poema. Decidí escribir algo nuevo, algo rápido, algo que yo estaba escribiendo, o rumiando, o qué sé yo, pero que vio su nacimiento en un vuelo de Madrid México City el día 24 de noviembre de 2014, o ya casi el 25, en la madrugada del cambio de horario, un día en que mi madre debería haber cumplido 42 años y un día en el que yo me lamentaba, otra y otra vez por esas pruebas de embarazo que se acumulan en la papelera de nuestro cuarto de baño. El otro día dije en Facebook que he escrito más después de México que en todo 2014 y es verdad. Ya sólo la idea de cruzar el océano me dio este pequeño texto que en Shabby Doll House aparece en una versión anterior, y traducido al inglés por el magnífico Luis Silva. He escrito más, y seguiré escribiendo, y creo que algo va a cambiar. No sé. No sé. Me encanta decir que no sé. Ya lo habéis visto. 

PADRE (O CUANDO CLEARBLUE VUELVE A DAR NEGATIVO)

padre sale de casa con las ojeras
padre tiene asco y tiene náuseas
padre clava su polla en la vagina enferma
padre quiere un hijo con un nombre sencillo, convencional
padre no sabe que madre gasta dinero en pruebas de embarazo
que madre se mira al espejo y llora desconsolada
que madre tomaba drogas y teme la esterilidad
padre sabe que en ocasiones lo maternal es un capricho
un obvio remedio a la muerte o una venganza de vida
padre no sabe que madre escribe estas palabras mientras cruza el océano hacia méxico
madre no sabe que mientras tanto padre se hace pajas pensando en la vagina enferma
padre y madre se echan de menos y tienen ojeras y tienen náuseas
padre y madre gastan todo el dinero que ahorran en cócteles de penicilina
padre y madre no son padre y madre
padre y madre se aman hasta los huesos y te aman hasta los huesos
padre y madre quieren que vengas
padre y madre tendrán asco y tendrán luto hasta que no puedan nombrarte

24 abril 2014

Quién soy.


D. B. Horowitz
poetic grandiosity
makes me nervous
Lucy K. Shaw

Mañana llegarán tus cosas. No puedo decir A, no puedo decir B, no puedo decir qué porque ahora todo el mundo entiende. O parece que entiende. Me entienden. ¿Me entendéis? Qué soy. O quién se supone que soy ahora. Me preparo para la vuelta al mundo. Quiero lo críptico. Quiero el silencio. Me preparo para el fin del desasosiego. Qué palabra. Cuántas connotaciones. Me preparo para abrir una cerveza. El gato pequeño ya duerme con nosotros. Eso sí quería que lo supierais.

27 diciembre 2013

La poesía de la 89plus.


Después de 89plus clubhouse y de las lecturas en el 89plus Marathon de Londres, llega este número de Chutzpah!, una importante revista de literatura publicada en China (tanto en chino como en inglés) y editada por Ou Ning. Me hace mucha ilusión poder colaborar en este número dedicado a lo que ellos llaman la "Generación Diamante", así como haber podido ayudar con la selección. 

Es gratificante ver que al lado de nombres de poetas que escriben en inglés, por fin este tipo de proyectos se animan a sumar a autores del resto de Europa o Latino América: Nanna Juul Lanng (Dinamarca), Miguel Rual (España), Vlad Pojoga (Rumanía), Lieke Marsman (Holanda), y sobre todo el genial David Meza (México) terminan de poner color a esta especie de antología tan interesante (con Harry Burke, Gabby Bess, Rachel Allen, Jacob Steinberg y Sophie Collins).

Tengo muchas ganas de leer, además, los poemas en inglés de Yu Youyou (China, 1990), joven autora con la que he intercambiado algunos emails con la esperanza de poder traducir sus textos al español para Tenían veinte años y estaban locos. Gracias a Ou Ning, y a Austin Woemer por su trabajo. Y mil gracias más a Jacob Steinberg, quien además de colaborar con poemas, ha traducido al inglés los extensos textos de Meza, y también mi tumba del marinero... Os animo a descubrir a cada uno de estos autores.

Seguimos.

23 octubre 2013

Estoy gritando.


we’re here/ quiet dancing in london still/ you are like a tulip when there are tulips behind you and i can’t decide what/ you’re like Crispin Best


En casa de Sylvia Plath
Estoy sentada con Gabby, Lucy y Johnny en una plaza silenciosa, justo al lado de una de las casas en las que Sylvia Plath vivió en Londres. Según dice la placa, lo hizo entre 1960 y 1961. No es la casa en la que se suicidó, pero el color morado de los muros y el jardín otoñal la convierten en un espacio irremediablemente suyo. Estoy sentada y suena Get Lucky en una especie de homenaje extraño, demasiado extraño: ninguno tenemos 3G en el móvil y no podemos buscar sus poemas para leer en voz alta. Así que optamos por Daft Punk, aunque nada tenga que ver. El sol se esconde, sale, se esconde, sale de nuevo. Es domingo en Camden Town y al otro lado de la calle nos esperan restaurantes, tiendas, las últimas horas de un fin de semana perfecto en la ciudad carísima. 

Johnny Bryan, Gabby Bess y Lucy K. Shaw
El viernes 18 de octubre me levanto a las 3.15 de la mañana para llegar al bus N117 que me llevará al aeropuerto. Odio los aeropuertos, me ponen nerviosa. Los odio porque son caros y cansan. Sólo en el bus y en el desayuno ya me he gastado casi 7 euros. Mi estómago acaricia el donut que acabo de engullir, y desea no volver a pasar hambre hasta que al fin lleguemos a nuestro destino. En el avión me quedo dormida, con el cuello torcido, como si fuera de goma. Llego a Londres a las 8 de la mañana (de allí) y no podré entrar a mi habitación de hotel hasta las 3 de la tarde. Dejo la mochila. Oculto con crema mis ojeras y salgo a la calle sin rumbo alguno. Afortunadamente tengo buena orientación. Creo que el río está por allí. Creo que eso es el norte, y eso el sur, y gracias al cielo aún me queda algo de batería en el iPhone para tratar de robar algo de WiFi en las maravillosas cafeterías de la ciudad. Camino. Camino. Camino. Las calles aún están como desperezándose y a las 10 de la mañana ya me he comprado un vestido en Urban Oufitters y unos zapatos en Top Shop. Me niego a entrar a American Apparel y a otras tiendas que me vuelven loca y me llevarían a la total pobreza a tan solo unas pocas horas de haber pisado la ciudad cara. Entro a Pret à Manger y pido un bocata de aguacate. Me sorprende la cantidad de opciones vegetarianas que hay en sus menús. Bebo un zumo raro. Maldigo a los enchufes británicos. Al fin un poco de WiFi. Digo hola a Ibrah. Termino el bocata y me encamino al Big Ban. Cada vez hay más turistas y me siento incómoda. Prefería la tranquilidad de Warren St y el olor del aire vacío que azotaba al barrio a las 9 de la mañana. Camino. Camino. Camino. Una vez en Picadilly, después de haber visto plazas, monumentos y cientos de edificios que estoy acostumbrada a encontrarme en series y películas, me llega algo de WiFi y logro comunicarme con Lucy, Gabby y Johnny. Al fin y al cabo, lo más interesante de este viaje no era la ciudad cara (soy la peor turista del mundo, detesto mirar por mirar, sobre todo si no tengo con quién hacerlo), sino mi encuentro con los jóvenes poetas que venían como yo invitados al 89plus Marathon que se celebraría al día siguiente en la Serpentine Gallery de Hyde Park. ¿A qué hora nos vemos ? (Mi inglés es horrible). Pues estamos en el Tate. Qué lejos. ¿Cuándo vas al hotel? Ahora a las tres. Allí nos vemos. Sí. Allí nos vemos. Estoy nerviosa. Mi acento y mi nerviosismo me delatan. Pero quiero verles. Quiero ver a mis amigos. Todos ellos son poetas a los que he leído a través de Internet, gente de la Alt Lit. Gente que viene de Estados Unidos, Canadá o el mismo Reino Unido. Gente a la que he leído y releído. Gente como Gabby: una de mis musas. Trato de volver al hotel sin tomar el metro pero me pierdo. Son las tres. Me dan mi tarjeta. La habitación es una pijada, pero no tienen WiFi. ¿Y no se supone que venimos a un encuentro de la "generación de Internet"? ¿Qué hacen alojándonos en un hotel sin WiFi? Una ducha. Me cambio. Pago 7 euros por una hora de conexión. Me escribe Crispin Best que está en la habitación de arriba con Gabby y los demás. Respiro. Respiro. Respiro. Ensayo nerviosa un saludo que no quede muy ridículo con mi ridículo inglés. Subo. Me abre Lucy, más guapa aún que en las fotografías que desde hace un tiempo vengo viendo de ella en su tumblr. Nice to meet you. Nice to meet you. Nice to meet you. Aquí nadie da besos. Pero yo les abrazo a todos. Pronto quedaremos con Sophie Collins y Sam Riviere. Mientras tanto bebemos vino en vasos de Starbucks. Soy silenciosa. Me siento bien. 

El primer vino
Sophie Collins (1989) poeta de Reino Unido, con orígenes holandeses. Es autora de una plaquette que edita junto a un grupo de amigos. Editora de Tender Journal, feminista, tatuada, de una piel blanquísima y fina. Está casada con Sam Riviere y son la pareja más entrañable del mundo.

Sam Riviere (1981) posiblemente el poeta joven más importante de Reino Unido, tiene un libro en Faber & Faber que estoy deseando leer y que ha cosechado grandes reseñas en el mundo anglosajón. Parece inteligente. Es inteligente. Me sorprende su timidez y me encanta ver cómo baila con Sophie en la fiesta a la que iremos más tarde. 

Gabby Bess (1992) una de mis poetas jóvenes preferidas de la que ya os he hablado aquí y en algunos medios como Barcelonés. Es divertida, delgada, baila mucho y su libro Alone with other people debería estar ya traducido al español. 

Lucy K. Shaw (1987) editora de Shabby Doll House y autora de poemas y relatos que aparecen en numerosas antologías. Viene de Canadá, aunque yo no lo noto en su acento. Me invita a descargarme Snapchat y cuelga fotos en Are you screaming? Me cae fenomenal. Volvemos al hotel en taxi. Abrazadas. 

Johnny Bryan (1988) es profesor de inglés en París aunque viene de Seattle y prefiere Brooklyn por encima de todo. Hablamos en francés y es la única persona con la que comparto gustos musicales. También escribe. En la fiesta del sábado nos leería uno de sus poemas en el cuarto de baño. 

Crispin Best (1989) lo conozco desde hace tiempo porque es uno de los mejores amigos de Ben Brooks. No me extraña, es un tío genial. Durante su lectura de poemas lee un texto largo que hace reír a todo el mundo y que recuerda más a la literatura americana que a la inglesa. Nos lleva por la ciudad como a ovejitas. Nos enseña los pubs, las fiestas, las drogas. Siempre me voy antes que él de todas partes. Me pregunto cuándo dormirá Crispin Best. 

Harry Burke (1989) ahí donde lo ves, sí, con esa sudadera grande y las deportivas. Ahí donde lo ves él es quien ha organizado todo esto. Cuando los organizadores de 89plus le llamaron para preguntarle por jóvenes poetas, él dio nuestros nombres. Ahí donde lo ves, editor, crítico, poeta, tan joven. Lo conozco en el chino. Le veo llorar porque toda la comida es tan picante. Le veo recitar con resaca. Le veo feliz porque todo esto es una locura y al final ha conseguido reunir a toda esta gente. 

Y luego Racher Allen, Natalie Chin, Alex McDonald, Livia Franchini, Katrice Dustin, Tom Dinsdale, Joe Mac, Dan Hogan, Stacey Teague, Kate Shaw... Todos absolutamente simpáticos conmigo, muy lectores, muy creativos, muy divertidos. Alucinantes. 

En casa de Natalie Chin
Gabby, Natalie, Stacey y Johnny leyendo poemas en el baño
Kate y Katrice
Lucy, Gabby, Stacey, Natalie, Joe y yo
No volveré a hablar del proyecto 89plus porque ya lo hice hace poco en SModa y en este mismo blog. Resumiré el evento diciendo que es increíble cómo curadores tan importantes se han interesado en una generación tan incipiente y aparentemente loca como esta. Mirando a los artistas seleccionados (no sólo los escritores), uno advierte una cantidad de selfies, de yoes y de autoparodias infinitas. Eso me gusta. Me gusta porque "con el yo de nuestra generación, todos podemos reconocernos, el yo es universal", dicen en una de las micro-conferencias. El maratón se sucede y escucho a artistas vestidos de punk, a informáticos, fotógrafos, cantantes... Me dicen que Nicolas Jaar está por ahí y creo verle al fondo, pero no estoy segura. Lamento haberme perdido tu concierto, Nicolas. Aquí tienes a una mala fan. A quien sí veo es a Douglas Coupland. Todo está muy bien organizado y entonces le toca el turno a los poetas. Yo leo Museo de cánceres en español, aunque piense que nadie va a entenderlo, creo al final lo comprenden, porque declamo y noto cómo me miran fijamente. Sam Riviere lee la versión en inglés que tradujo Kevin Cole hace unos meses y me dan escalofríos porque lo lee despacio y casi puedo reconocerme. Hay personas que ríen y otras que aplauden. Más tarde algunos compañeros me felicitan y Hans Ulrich Obrist me dice que se ha reído mucho con el "cáncer de Enrique Vila-Matas", y que es muy amigo suyo, y que le salude cuando lo vea en Barcelona (pero yo nunca veo a EVM). Escucho a mis compañeros. Todos son geniales. Rachel Allen me sorprende especialmente. Se me olvidó decírselo, pero estoy deseando leer sus poemas potentes. Recita con una voz dura. Con un acento del sur que hace que cada palabra explote. Ella, Sam, Sophie y Harry se van a otro recital. No volveré a verles. Ahora lamento no haber podido hablar más con ellos. Yo también me marcho, esta vez a dormir. En los últimos días habré dormido 4 horas en total. Tengo hambre y necesito una siesta. Me despido de todos hasta la noche. Me tomo una foto con ojeras con el jardín de fondo. Ducha. Ducha Ducha. Cansancio. Ducha. 

Gabby, Harry, Rachel  y Crispin en Serpentine Gallery
Selfie campestre
El primer día, decía, me comí un bocata vegetal, después una galleta de chocolate, por la noche fideos chinos, berenjenas y tofu (en un restaurante de un barrio alejado del centro, todo lleno de extranjeros, hipsters vagabundos y bares raros), después desayuné tostadas, tomé un poco de arroz, algo de sushi vegetal de un fast-food japonés que había al lado del hotel, y a las tantas de la mañana la ensalada de calabaza de Natalie y una manzana del manzano de su jardín, luego desayuné un capuccino, comí una hamburguesa en pan de pita vegetal y cené en el Pret a Manger del aeropuerto un wrap vegetariano envuelto en algas y un "vasito de proteína" hecho de huevo y espinacas. Es curioso, pero todos los poetas que conocí en Londres eran vegetarianos o veganos. ¿Será esta dieta, acaso, lo que realmente daesentido a la generación de la Alt Lit? ¿Nuevos escritores con estómagos verdes? 

Bebida molona
Crispin y Sam en el restaurante chino 
En una cafetería bonita cerca de la casa de Plath
Me gasté mucho dinero en la ciudad cara, comiendo, bebiendo, comprando, buscando Internet... Me gasté mucho dinero pero mereció la pena la experiencia porque como ya pasó hace un mes en Rumanía, vuelvo con un montón de nuevos amigos, de lecturas pendientes y de imágenes inolvidables en mi memoria. Las casas preciosas, la lluvia finísima, los partidos de fútbol en el parque, la música de Demarco mientras todos hablaban drogados, las autofotos que nos enviábamos por las mañana para saber dónde estábamos, las lágrimas con la comida picante, la música de la fiesta en casa de una desconocida, las medias de colores de las niñas modernas, la mezcla de acentos, el olor a comida por la calle, los cafés enormes, el vino dulcísimo, el poco tiempo del que disponíamos para conocernos, el cruce de caminos, el no saber si algún día volveremos a encontrarnos... Seguro que sí.

Suburb that friends come and leave
Suburb that friends come and leave
but that
that is enough.

No matter, suburb.

[Suburb fierceness at interviewer]

Suburb, happiness isn't based in properties.

Suburb I'm alone.
Suburb I'm bleak.
Sophie Collins

Screaming

30 septiembre 2013

No hay vampiros en Transilvania, sólo perros románticos.


Cuvinte pasari cu aripi de sânge / Palabras aves con alas de sangre
Max Blecher


I
Cuando anuncié en mis redes sociales que me iba a un festival de poesía en Transilvania, todo fueron bromas a propósito de vampiros, mordeduras, y demás. Pero lo cierto es que en Transilvania no hay ni un solo vampiro… todo lo contrario: cada una de las personas de Sibiu que tuve el placer de conocer en todo caso se comportó como una extraña donante de sangre, donante de alegría, donante de literatura. No colmillos. Sí esa fuerza con la que golpeaban unas palabras que a mí me sonaban tan lejanas. Perros románticos, en resumen, todos estos poetas a los que admiré durante mi estancia. Porque sin duda fue una experiencia bolañesca de principio a fin. Una experiencia verdosa e inolvidable.


II
Lo primero que veo de Sibiu es un trozo verde de tierra. El avión está a punto de aterrizar. Son las cuatro de la tarde y no he comido en todo el día. En el bolso guardo un par de libros, entre ellos Cuerpo transparente, de Max Blecher, aquel que Nerea me regaló meses atrás durante la presentación de La tumba del marinero en Pamplona. Agarro nerviosa el pequeño poemario y leo al azar algunas palabras en rumano: Mâinile tale pe capul meu ca doua pe un singur mormânt. (Tus manos en mi cabeza como dos piedras en una sola tumba), y entonces el avión cruza el cielo limpísimo de Sibiu, y el trozo verde de tierra se ve salpicado por ganado de muelas doloridas y tejados de ojos inquietantes. Vlad y Catalina me esperan en el aeropuerto. En aquel momento yo aún no sabía que cuatro días después me despediría de ellos casi llorando de tanta pena que me produciría pensar que quién sabe… quién sabe cuándo volveremos a vernos. Catalina (que nació en 1995 y me hace sentir una señora muy mayor a su lado) me prometerá entonces una visita en primavera. Salimos del aeropuerto y me llevan al hotel. El verde se sucede en la ventana y Blecher resuena en mi cabeza. Más tarde llegaría Radu. Más tarde conocería a Andrea (Italia). A Emilian (Moldavia) y su mujer. A Tara (EEUU). A Roland (Hungría). Etcétera.


III
Radu es probablemente una de las mejores personas de este planeta. No hay nadie más generoso que él. Desde que lo conocí el año pasado en otro festival de poesía en Bruselas no hemos parado de escribirnos o recomendarnos lecturas. Conmigo es extremadamente amable y por alguna razón que no llego a comprender del todo (y que no sé cómo agradecer) no ha dejado de apoyar mi poesía, dándola a conocer en varias revistas, antologías o recitales de Rumanía. Radu es una especie de hermano mayor. Un genio de la literatura. Un buen amigo.


IV
In front of krokodil we raise our right arm
Our touch the
Place where our heart used to be
Vlad Pojoga


V
La primera mañana desayuno muchas cosas con chocolate. Son las nueve y consulto el correo, atiendo algunos asuntos del trabajo y me doy la ducha más larga del mundo. Roland se acerca a mi habitación para pedirme pasta de dientes. Al principio no le entiendo, mi inglés es horrible. Escribo un mensaje a Catalina para ver si Vlad y ella pueden recogerme en el hotel y mostrarme la ciudad. Cuando bajo, me encuentro con Andrea, el poeta italiano que vive en París y que resulta ser amigo de algunos autores que he leído bien, como Giorgio Vasta. La noche anterior, durante la cena, estuvimos hablando mucho de las diferencias entre la cultura española, francesa e italiana, y convenimos en que la repercusión de la poesía en esos países es bien pobre. Nada nuevo, vaya. Compartimos algunas referencias: a los dos nos encantan Bukowski y Cristophe Tarkos. Más tarde en el hotel pasaríamos un rato viendo el blog en el que colabora, uno de los más importantes de Italia: Nazione Indiana, y otras páginas de poetas cuyos nombres apunté por algún lado y ahora no encuentro. Pero la primera mañana, decía, la pasé caminando por Sibiu con Vlad Pojoga, hablando de su amor por Max Blecher y de todo el panorama actual de la poesía rumana. Vlad nació en 1993 (otro que me hace sentir más que vieja…), trabaja en una editorial (Casa Editora de Max Blecher), organiza lecturas, traduce a Palahniuk, traduce del rumano al inglés a sus propios compañeros de generación y habla un inglés perfecto. Él y Catalina son pareja desde hace tiempo, están todo el rato juntos y entre los dos publicaron la antología We fall asleep faster than we used to, en donde recopilan a varios autores de edades parecidas a las que podemos encontrar en Tenían veinte años y estaban locos. Vlad y yo tenemos sueños parecidos. Nos gusta buscar y buscar y buscar nuevos autores. Nos gusta la edición. Nos gusta ayudar a nuevas voces a darse a conocer. Nos gusta pasear en silencio, mirando las paredes y a los perros.


VI
Descanso un rato en el hotel y a eso de las dos me reencuentro con Catalina en la librería Humanitas (un lugar estupendo con una buena selección de literatura extranjera). Ella me lleva hasta una torre en la que Vlad, Andrea, Roland y Nicolae nos esperan. En la torre vemos una exposición 3D y contemplamos el “skyline” de Sibiu. De nuevo el verde asoma en el horizonte. Hay alguna nube. Abajo suena la música choni de la Octoberfest. Lo verde: tan de Sibiu. Lo choni: tan universal.

VII
Como polenta, queso y sopa de verduras. Cada vez se nos suman más poetas. Todos beben alcohol como cabrones. Especialmente el moldavo, con su cerveza negra. El moldavo de ojos azulísimos y risa de ruso.


VIII
They called me to sing for the dead
While they were playing cards
Drinking vodka and telling
Stories
Nicolae Avram


IX
Primeros recitales: Florin Irau, Andrea Anglese, Teodora Coman, Vlad Dragoi, Rita Chirian, Ioana Vintila, Tara Skurtu y Cristina Jidveianu. Las palabras en italiano, en inglés, en rumano. Ioana tiene quince años y una fuerza increíble. Dragoi presenta su primer libro del que puedo leer algunos versos en inglés e intuyo a un genial poeta que bien podría pertenecer a la Alt Lit. Tara lee un poema alucinante sobre un pájaro muerto (me encantan los poemas sobre pájaros, me encanta su poema sobre pájaros, me encantan los poetas que matan pájaros con sus palabras). Andrea me regala su libro. En la antología común leo esto y lo subrayo inmediatamente: I cannot not tell my story. I call this: autobiographical calamity. Cuando Rita sale a leer me emociono demasiado. Su poesía sobre la enfermedad, sobre los desórdenes mentales. Su manera de leer. Llevaba tanto tiempo deseando conocerla. Es tan guapa. Tan entrañable… Más tarde las cenas. Las risas. El pub (cuando llegamos suena Ramnstein “te quiero puta” y reímos). Luego la discoteca: Daniel, Nelu, Krista, Andrea, Dragoi y yo. Cantamos canciones rumanas como si realmente las conociéramos de memoria (ellos probablemente sí, Andrea y yo lo hacíamos gracias al tequila). Allí la noche es muy barata. Invito a cerveza a esos jóvenes poetas, porque ya (y para siempre) son mis amigos. A las seis de la mañana llego al hotel. Puedo hablar un poco con Ibrah por Internet. Me manda fotos de los gatos. Me echa de menos. Yo también a él.


X
Along the spine
Slips the blade of scissors
The black curves
The ligaments snap
Never the skull
Andrei C. Serban


XI
El sábado por la mañana consigo reunir los trozos de mi cerebro que perdí la noche anterior. Desayuno. Me ducho. Segunda tanda de recitales a las 11 de la mañana: Andrei Bodiu, Roland Orcsik, Daniel Coman, Stefan Manasia, Martin Woodside, Sinzania Sipos, Andrei C. Serban, Krista Szocs. Después pausa para la comida. Visita al museo. Tocar a los gatos gordos que viven en el museo. Comer queso (más queso, sólo queso). Paseo con Catalina (me casaría con ella). Conversación sobre vampiros (sí, que no hay vampiros en Transilvania, joder). Sus ojos son intensos. Me habla de sus proyectos de novela. Vuelta a la librería. Aurel Pantea. Luna Miguel. Catalina Stanislav. Nicolae Avram. Romulus Bucur. Vlad Pojoga. Ioan Serbu. Emilian Galaicu-Paun. Rita lee mis poemas en rumano y lo hace mejor que yo en español. El festival termina y todos estamos absolutamente satisfechos. Felices. Compro muchos libros. Muchos libros. Muchos libros. Vuelta al hotel a recoger los trozos de mi alma que el cansancio me quitó. Otra ducha. Tiritas. Me pongo guapa. Es hora de cenar.


XII
If i die i’ll let you eat
Me if you die you’ll
Let me eat you yes
Vlad Dragoi


XIII
Para un vegetariano es un poco difícil salir del país. Esto lo sabe Ibrah, que hace un mes estuvo en Kosovo y le fue tan difícil encontrar algo sin carne. Como cosas con queso por cuarta vez consecutiva. Bebo mucho vino blanco. He hecho bien al sentarme junto a Radu porque la noche, a pesar del cansancio, promete demasiado. Demasiado perra y demasiado romántica. Hablamos de libros. Hablamos de Bolaño. Hablamos de belleza… y de pronto… hablamos de pollas. ¿Qué? Roland y Tara empiezan a escribir insultos en húngaro y a traducirlos al inglés. La libreta de Tara, cuyo título es “Romania. Book”, se acaba convirtiendo en una especie de “Biblia para hacer amigos en el extranjero”. Curiosamente son los insultos croatas los que ganan por encima de todas las cosas. Florin dibuja una polla. El cuaderno florece de sexos. Pienso entonces en García Madero, y en Los detectives salvajes. Pienso en lo salvajes que estamos siendo esta noche entre vodka, vino y cava. Somos salvajes y reímos como salvajes. Qué amistad tan extraña nos une esta noche. Y jugamos al mejor juego del mundo jamás imaginado. (Un juego, me cuentan, que ya es tradición entre los literatos rumanos). Radu dice: “tenéis que imaginar un cuadro, ¿sí?. Un cuadro en el que aparecen dos hombres dándose por culo. Ahora tenéis que pensar en vuestros libros favoritos. ¿Vale? Cualquiera de los títulos que elijáis le irá como anillo al dedo –lol-, a ese hipotético cuadro. Veréis”. Efectivamente: Furor y misterio ¡hahaha!, Música de cañerías ¡hahaha!, Indignaos, ¡hahaha!, Cien años de soledad ¡hahaha!, Una temporada en el infierno ¡hahaha! Salvajes como perros terminamos la noche bailando de nuevo. Me quedan pocas horas para abandonar la ciudad verde de ojos en los tejados. El tequila termina de destrozarme. En la habitación, de madrugada, me doy la tercera ducha del día. Soy una perra romántica aullando en soledad.


XIV
Maybe solitude
Has eventually distended
The empty romos among synapses
“We must examine our pain”
Rita Chirian



XV
Radu Vancu: hermano, amigo
Catalina Stanislav: ojos azulísimos, cándidos
Vlad Pojoga: inteligencia, juventud
Rita Chirian: la admiro tanto
Andrea Inglese: elegancia
Roland Orcsik: alegría
Emilian Galaicu-Paun: literatura europea
Nicolae Avram: jazz
Stefan Manasia: canibalismo
Vlad Dragoi: Depeche Mode
Tara Skurtu: corazón
Martin Woodside: belleza californiana
Florin Iaru: alcohol
Ioana Vintila: el futuro
…


XVI
Con una resaca infinita me encuentro en medio del campo. No sé cómo he llegado allí. Quizá en el coche de Rita. Martin, Vlad, Catalina y yo miramos los ponis y los perros vagabundos. Aquello era un palacio. Mi men te es tá en o tro la do to do es muy muy muy muy verde. En el coche suena Radiohead como un himno. Un gran himno al bosque verde que nos rodea.
Mi men te.
Mi es tó ma go.
Mi do lor.
Mi ver de.
Medicina.
Comida china.
Me llevan al aeropuerto y siento que me mareo.
Abajo lo verde.
El ganado ya no nos salpica.
Las turbulencias me envenenan de miedo.
Abajo mis amigos. Los perros románticos.
Jamás vampiros.
Yo los vi bajo la luz del día y todos resplandecían.
Por un momento, por un solo momento la existencia del mundo se detiene.