28 diciembre 2019

Relectura del poema "A mi amante regresando junto a su esposa".




Lorraine Sorlet

en un poema muy bonito de anne sexton
la poeta se llama a sí misma “acuarela” porque
su condición de “otra” la convierte en algo
“prescindible” en eso que se olvida algo “lavable”
en otro poema muy bonito de amalia bautista
la poeta denomina “carcelero” a “su otro”
o lo que es lo mismo se asume como presa
de una cárcel en la que mientras su esposo
da de comer a otras mujeres ella sólo puede
agarrarse al “celador” en un acto de “desespero”
son poemas muy bonitos como decía poemas
verdaderamente hermosos los de esas mujeres
a las que luna y yo leemos durante las vacaciones
de navidad en almería después de hacer el amor
con las luces encendidas aunque preocupados
cada uno por encontrar palabras mejores para
esos nuestros otros que no son lavables ni
prescindibles que no son trabajadores precarios
de ninguna prisión sino tal vez y sobre todo
los sujetos que iluminan este espejo frente
al que nos besamos deseándonos tanto
como los deseamos a ellos queriéndonos tanto
como queremos lo mejor para ellos ensayando
palabras tan tiernas como ternura precisamos
para nombrarlos “amigos” “confidentes”
“compañeros durante la excarcelación”

12 octubre 2019

Mamá te ha comprado una bañera de Ikea.


Magali Cazo


el niño ya es demasiado grande
para esa bañerita de bebé
por la que asoman sus pies y dice
que son cangrejos
su ruido de animales de plástico
contra el azulejo
es la única paz que conoces
qué rubio es
qué hermoso que su cabeza
no se parezca a la tuya
ni la mía qué hermoso que su
cabeza pueda existir
más allá de nosotros
y de esta vergüenza larga
que se te enreda y quiebra
de la raíz a las puntas del amor
a la extrañeza

05 septiembre 2019

Lo que aprendí de los ojos de las mujeres leyendo a Duras, Wittig, Galea y Benameur.


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cuando el tren nos deja en la estación de sants
ella agarra la mochila violeta que contiene la mitad
de los trece kilos de novela francesa que ha adquirido
haciendo pesca de arrastre en las librerías feministas
de parís y la toca con más suavidad de la que ha tocado
nunca la cabeza rubia de nuestro hijo como si dentro
de aquel tejido las novelas de señoras enamoradas
fueran la fontanela de una niña recién nacida
o un tesoro incalculable adquirido con más dinero
del que mi esposa había tenido jamás
a ella no le brillan los ojos por el dinero
sino más bien por la cantidad  de espacio que su nuevo
salario puede ceder en esa grieta que ahora escupe
un mundo de papel y de metáforas sobre la pasión
y la autonomía y la trascendencia de unas mujeres
a las que sin duda le gustaría parecerse
al llegar a casa después de un mes de retiro
me fijo en cómo coloca la mochila junto a su estantería
favorita en cómo expone sus nudillos ante el hocico
de la gata melancólica para que se los olisquee
y también en cómo exclama con sorpresa lo extraña
que resulta esa sensación de regresar al hogar 
después de mucho tiempo y de que todas las habitaciones
parezcan más grandes de lo que eran
aunque en verdad en sus ojos nuestra casa
se refleje más pequeña que nunca