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15 noviembre 2014

Arrancaste estos dientes con un hilo.

Jessika Tarr
La semana pasada la fotógrafa Dara Scully estrenó el pequeño libro Dientes de leche, en el que un montón de poetas a las que admiro escribían sobre la infancia, lo salvaje de la mirada de los niños, y la animalidad de sus cuerpos crecientes. Daniela Camacho, Natalia Litvinova, Carmen Juan o Ruth Llana, entre otras tantas, ponían voz a esa infancia que tan atrás quedó, y a la que a veces queremos regresar, porque sólo significa refugio. Hace unos meses Scully me pidió un texto perteneciente al libro Pensamientos estériles, y yo le dije que sí. Sin embargo, un poco después, me di cuenta de que tenía que escribir algo nuevo. Últimamente he abandonado algo este blog (siento que si hablo sólo os contaré lo mismo, la misma pena, los mismos dolores, el mismo no saber), pero quiero compartir con vosotros este texto que me inspiró Dientes de leche, y que sin la oportunidad que la joven fotógrafa me brindó no habría podido ser escrito. La bonita antología digital la podéis leer aquí. Mi texto, os lo copio a continuación. 

ARRANCASTE ESTOS DIENTES CON UN HILO

no me gusta la leche
y eso no quiere decir que no sea buena
Letitia Ilea

Aprendo lo que significa sarro cuando aprendo lo que significa diente.
Mamá escondía mis incisivos entre sus tesoros,
quería que el recuerdo de la infancia mordiera al recuerdo del tiempo,
quería, quizá, que algún día yo los encontrara tan tiernos y tan brillantes
como al principio. Aprendo lo que significa basura cuando aprendo
lo que significa luto. Tiro entonces las muelas, los colmillos,
las ridículas gotas de sangre seca que aún huelen a empaste y a anestesia
en aquellas pequeñas cajas de madera que guardaba en su cajón.
Me deshago de mis dientes. Me deshago del recuerdo, lo tiro a la basura
porque lleva consigo palabras que no quiero. Aprendo que ahora el sarro
se parece demasiado a las cenizas. Mi boca. El sabor grisáceo de la
muerte. Mi boca. El sabor grisáceo de los dientes blancos. Mi boca.
Me atraganto impaciente con su leche. La bebo hasta que eructo o la bebo
hasta que lloro. Aprendo lo que significa lágrima cuando aprendo
que ella se ha marchado y que mis manos y mis ojos y mi infancia
fueron su mayor tesoro.  

25 mayo 2014

Micaela Moon.

Hace dos años el joven escritor uruguayo Miguel Avero me mandó un email para decirme que había escrito un cuento basado un poco en alguien parecido a mí. Una historia sobre una poeta española a la que el protagonista conoce por Facebook y cuyos poemas hablan de la lluvia en Barcelona y de la crisis económica. El protagonista también es poeta, y espera impaciente la llegada de Moon a un festival de poesía de su ciudad para concerla y para quizá atreverse a comentarle algo a propósito de sus confusos y extraños versos. ¿Pero llegará la catalana Micaela Moon al pequeño bar de Montevideo donde debía dar su recital? Una prosa la de Miguel Avero que a veces me recuerda a Los detectives salvajes, y también a algún cuento de Tao Lin. ¿Extraña mezcla, verdad? Os recomiendo seguir la pista al joven escritor. Sus versos también guardan lluvia y su ingenio es enorme. Millones de gracias, Miguel. 


(El libro puede encontrarse en Trópico Sur, editorial que ha publicado, 
entre otros, a Natalia Litvinova)

26 julio 2013

Seal of approval: mis libros preferidos del primer semestre de 2013 y por qué deberíais leerlos.



Se acaba julio y parece que los lectores, los adictos y los coleccionistas de libros ya tenemos todos nuestros sentidos puestos en lo que será la alocada y nerviosa rentrée. Los grandes títulos del horizonte me llevan entonces a acordarme y a querer ordenar aquellos más me han gustado hasta la fecha, publicados dentro y fuera de España, y que más abajo señalo (el orden es aleatorio), reivindico y recomiendo:

-La trama nupcial, de Jeffrey Eugenides (Anagrama), por ser un retrato fiel del amor post-universitario, de las relaciones complicadísimas y de la locura. La mejor novela del año hasta la fecha.
-Un cuarto propio, de Virginia Woolf (Lumen), por ser una edición tan cuidada de uno de esos libros que a todos nos "cambiaron la vida".
-Poesía completa, de Anne Sexton (Linteo), por ser la primera vez que podemos leer a Anne Sexton de principio a fin. Una batalla ganada. Un volumen esencial en toda biblioteca.
-Así es como la pierdes, de Junot Díaz (Literatura Mondadori), por ser tan divertida, cruda y real. Por ser tan masculina y al mismo tiempo tan crítica con la masculinidad más desagradable.
-Como el ciervo huiste, de Iago Fernández (Delirio), por ser Iago Fernández el único narrador interesante, potente y prometedor nacido a partir de 1990 en este país. 
-Taipei, de Tao Lin (Vintage), por ser la mejor novela de uno de los autores más importantes de mi generación a nivel internacional.
-Todo ajeno, de Natalia Litvinova (Vaso Roto), por ser la gota que colma el vaso de la belleza poética que genera la autora. Y porque la fuerza de su voz ya es un hecho más allá de sus fronteras. 
-Una rubia imponente, de Dorothy Parker (Nórdica), por ser el libro que nos enseñó a ser mujeres más fuertes y más listas. Y porque la edición de Nórdica es una pasada.
-Alone with other people, de Gabby Bess (CCM), por ser una de las autoras que más me interesan del panorama de la Alt Lit. Su poesía es diferente, madura, feminista, social. 
-Virus tropical, de Power Paola (Reservoir Books), por ser tan real, tan loca. Gracias a ella afiancé mi interés por el cómic.
-La materia oscura, de Florian Werner (Tusquets), por ser uno de los ensayos más divertidos e instructivos (sí, sobre la mierda) que he leído en mi vida. 
-Cómo debería ser una persona, de Sheila Heti (Alpha Decay), por ser una lección de amistad, un artefacto narrativo tan original y una confirmación de la autora como uno de los valores más atractivos de la narrativa en inglés. 

***

06 junio 2013

Los hombres me mordieron.

Me comporté como un animal.
Y los hombres me mordieron.
Natalia Litvinova

Encontrarás tu voz, dicen. ¿Pero para qué quiero una voz si lo que cuento es lo de todos y lo que ansío es tripa blanca, tripita llena, tripita fértil y tranquila? Repítelo otra vez. Pregúntate cómo se corta. Comer es un acontecimiento parecido a rezar. Pregúntate cómo se colma.  

04 junio 2013

Escribir para curar (1 de 3): Natalia Litvinova.

Jiro Taniguchi
Hoy comienza otro ciclo, esta vez titulado Escribir para curar en homenaje a esos fantásticos versos de Chantal Maillard (escribir/ con derecho al llanto/ escribir para curar/ escribir para guarecerse/ escribir como si cerrase los ojos/ para no cerrarlos). Los poetas, o mejor, las poetas que colaborarán en este ciclo también son tres: Natalia Litvinova, Daniela Camacho y Laura Rosal. Deslumbrantes y precisas, con una poesía contenida al tiempo que brutal. Eligen las palabras exactas porque eligen las palabras del cuerpo. La enfermedad puebla sus imaginarios. También la noche. El desierto. La salvación. Suya es mi salud y las leo como quien lee la carta de una amante o de una hermana lejana. Un Yo impúdico pero misterioso se nos descubre bajo sus versos... La primera de todas ellas en hacerme llegar un poema curativo fue Natalia. Posiblemente ya la conozcáis porque cada vez es más leída gracias a su blog o gracias a las ediciones de su poesía que se han publicado recientemente en España. El siguiente poema pertenece a su último libro, Todo ajeno (Vaso Roto, 2013) el cual no tardará en ser mío, pues en un rato iré a comprarlo a la Feria del Libro. Qué ganas tengo. Con ella os dejo. Así que leed. Sanad. Leed:

EL MILAGRO DE LA COMUNIDAD

Lavo el piso en cuclillas. Paso el trapo mojado.
Trazo mi camino humilde.
Afuere sucede el milagro de la comunidad:
un coro de niños canta, los hombres cortan trigo,
las mujeres se bañan en el río.
Me arqueo contra el espejo, la soledad excita.
Pronto se derrumbará esta casa y la alta hierba
cubrirá las ruinas.
Mi hombre huyó ante el peligro.
En la poesía encuentro la oración para soportar
cada corte abrupto.

(Natalia Litvinova)

01 junio 2013

Los 5 libros de poesía que te vas a comprar en la #FLM13 (y algo más).

Teniendo en cuenta el poco espacio que suelen dedicar los suplementos culturales en papel o las revistas online a la poesía, no me sorprende encontrarme con que en sus innumerables y largas listas de recomendaciones para la Feria del Libro de Madrid este género pase completamente desapercibido.

Por este motivo (y aunque hace un par de días escribí este post para Barcelonés), he decidido elaborar mi propia lista con 5 nombres/novedades editoriales que considero absolutamente necesarios. 

*Dos libracos IMPRESCINDIBLES:

1. Poesía completa, de Anne Sexton (Linteo)
2. Cartas de cumpleaños, de Ted Hughes (Lumen)

*Tres jóvenes carreras para seguir de cerca:

3. No sé por qué, de Andrés Neuman (Pre-Textos)
4. La orientación de las hormigas, de Cristian Alcaraz (Renacimiento)
5. Tras la luz, de José Ignacio Montoto (La Garúa)


*Y por último, mis tres cuentas pendientes:
-Zurita, de Raúl Zurita (Delirio)
-Todo ajeno, de Natalia Litvinova (Vaso Roto)
-En la avanzada juventud, de Gioconda Belli (Visor)


Nos vemos en la Feria.

17 abril 2013

Más allá de la quietud (un cuaderno que cruza el océano).

Queridos amigos,

hace poco lo anuncié en Facebook, pero también os lo cuento por aquí. Resulta que a mediados de mayo un cuaderno con mis poemas aparecerá en Melón Editora, una pequeña pero matona casa editorial de Buenos Aires, Argentina. El librito, de no más de 30 poemas seleccionados de entre todos mis libros, y algún inédito, se titula Más allá de la quietud (recordad de dónde viene este título, esta obsesión: aquí). Me hace mucha ilusión esta publicación al otro lado del océano. Me hace mucha ilusión compartir casa con autores como Natalia Litvinova y Felipe Herrero. Me hace mucha ilusión poder tenerlo pronto entre las manos.

Muchas gracias por el apoyo y las lecturas,

Luna.

06 marzo 2013

Sangre en las manos, y también poesía.






(Nota a esta edición)


No se trata de poesía femenina, ni de poesía feminista, ni de poesía afeminada, ni de poesía que nazca del asco, ni de poesía que nazca del dolor, ni de poesía sangrante, sangrada, manchada de sangre, no se trata de poemas coagulados, ni de úteros, vulvas, palabras malsonantes -lo de ahí abajo-, no se trata de destacar, ni de ser igual, ni de justicia poética a través del rojo tinte. No se trata de nada de eso pero se trata de todo lo enumerado, y sí, y no, al mismo tiempo, de todas las cosas.

Lo que el lector encontrará entre estas páginas es un catálogo de reflexiones desde la poesía a propósito de un tema tan vulgar como es la sangre (menstrual, imaginada, o el vientre, o la maternidad, o la enfermedad misma). No una antología de mujeres y para mujeres sino un repaso a este tema literario tantas veces tratado y en tantas ocasiones malinterpretado o despreciado, a través de las que he considerado las voces -de mujeres, ahora sí- más representativas de la literatura contemporánea, así como las más prometedoras de entre las jóvenes creadoras en lengua castellana.

Cuando me acerqué a ellas para hablarles de Sangrantes, algunas dudaron, otras supieron exactamente de qué querían hablar, otras temieron que la idea generara repulsión “sobre todo entre los hombres”, otras “sobre todo entre las mujeres”, pero todas aceptaron, pues entre su obra publicada o entre sus proyectos más cercanos, el tema siempre había estado latente. Para algunas, comprobaréis, el asunto de la sangre es un tema político, para otras roza el misticismo, la lucha por la vida, el dolor de la pérdida o incluso la celebración del ciclo.

De este modo he querido leer el resultado final del libro como un catálogo, sí, pero también como una perfecta representación de cuáles son las concepciones posibles de la sangre menstrual a partir de unas voces que guardan en común un aspecto: el momento de la purificación del cuerpo que siente y escribe. Del cuerpo que mancha y deja ese rastro inteligente que el lector, decía, encontrará entre estas páginas. 




****

25 enero 2013

La que interroga.


Uno. La labor como poeta de Natalia Litvinova me recuerda a la de un periodista brillante, esto es, a la de un interrogador tenaz, aquel que siempre consigue la mejor declaración, la frase exacta del testigo exacto en el también exacto momento... Natalia Litvinova es la periodista-poeta, y perdón si suena un tanto extraño, pero es que no puedo imaginarlo de otro modo. Veamos:

Dos. Natalia está en un bosque.
Natalia está en un campo helado y lleno de caballos tristes.
Natalia está en el mar.

Tres. Natalia está en un bosque e interroga a los árboles.
Natalia está en un campo helado y pregunta a las pezuñas de los tristes caballos.
Natalia, que investiga a cada pez, a cada ola, a cada rastro de espuma: está en el mar.

Cuatro. Así es Grieta, el último libro de Litvinova, una sucesión de preguntas con respuesta. Una sucesión de sugerentes y suaves imágenes. Limpias palabras con las que consigue retratar sensaciones terribles (el momento del amor, el momento de la pérdida, el momento del adiós, el momento del descubrimiento, el momento justo después de la angustia... y así).

Cinco. Ella dice: El amor roe prolijamente mi cuerpo./ Es rocío animal.

Seis. Su labor como poeta es única. Original. Suya. Y no lo digo yo, lo dicen todos. Y no lo digo yo. Lo dicen todos los pequeños poetas que, asustados, imitan cada uno de sus gestos.

Siete. Ha tenido suerte, Litvinova, porque su herencia Literaria es grande. Sus padres tienen acento de Pizarnik -por ejemplo-, sus abuelos tienen acento de Ajmátova -por ejemplo-. Pero esto es fácil decirlo porque salta a la vista. Litvinova es de esa estirpe de mujeres de corazón helado y caliente al mismo tiempo. De esa estirpe de hombres que viajan. E incluso de esa estirpe de pájaros ¿por qué no? ¿Qué podría impedirnos decir que Natalia Litvinova pertenece a la inmensa familia de las aves?

Ocho. Ha tenido suerte pero también ha trabajado. Y mucho: sus versos no son palabras al vuelo. No son ideas de aquí y de allá. Puede que sean breves, pero resisten. Breves como piedras que tanto han visto y tantas veces han sido pensadas. Natalia nunca habla en vano. Natalia no se regodea en su dolor. Natalia nos entrega una grieta porque antes ha sabido burlarse de ella.

Nueve. Ella anota: Todo sucede cuando no puedo verlo./ Dormí semanas bajo el limonero para recibir el nacimiento de su fruto./ Un día amanecí y allí estaba, carnoso y cerca, esperando desde siempre./ Como si la tierra me hubiera dado a luz.

Diez. La labor como poeta de Natalia Litvinova me recuerda a la de un vientre. Qué fértil es y cuánta esperanza alberga. Adoro a esta poeta, os digo, porque me hace sentir afortunada. De vivir el mismo mundo que ella vive. De vivir el mismo tiempo que ella vive. De leer el mismo aire que ella nos describe.  

Teorías florales del dolor.

Aleksandra Waliszewska
Aquel día tropecé en el bosque.
Las flores me abrieron heridas.
Mis manos parecían tulipanes rojos.
Entonces comprendí.
No pertenezco al mundo sino a la caída.
Pero el mundo insiste.
Y escribo sonetos a cada flor.
Cuando las heridas cicatrizan
una sonrisa sin dolor
se acostumbra a mí.
Natalia Litvinova

01 diciembre 2012

Diamante que abruma, palabra que acerca (sobre la poesía de David Meza).


Uno. El libro de David Meza que El Gaviero Ediciones acaba de publicar no es otra cosa que un cofre repleto de joyas. Algunas menos pulidas, brillantes, o fascinantes que otras. Pero todas joyas, al fin y al cabo: un cofre repleto de demasiada belleza. No soy la primera lectora que se siente abrumada por este exceso de brillo. Sin embargo este “principal problema” en la poesía de Meza, es también su “principal virtud”. Lo hablaba con los editores. Hay en el autor una mezcla explosiva de ingenuidad y maravilla que convierte grandes versos en versos menores, y malos versos en diamantes brutos. Es extraño este efecto. Es  extraño y por eso nos aturde. Por eso nos deja sin aliento y así nos traga. Por eso queremos formar parte de él.

Dos. El libro de David Meza se titula El sueño de Visnu, y contiene las dos primeras partes de otras cinco que ya irán apareciendo en la misma editorial. Mi preferida hasta el momento es la primera, quizá por ese toque femenino, por esa narradora que el poeta elige para que nos cuente su vida. Su delirante y poética vida. Su vida que no es sino una crítica a un país (México), un reflejo de una tradición, y un dardo a una generación (aquella que celebra y a la que anima, aquel 1990 que tanto significado y color cobra en este texto).

Tres. Precisamente David Meza me recuerda a Roberto Bolaño. El sueño de Visnu podría ser una especie de nueva versión de Los perros románticos, o bien, el propio David Meza podría representar un retrato en carne y hueso de nuestro querido García Madero, protagonista de Los detectives salvajes. Pero esta comparación no es tanto de estilo como de espíritu. Estilísticamente hablando El sueño de Visnu guarda una voz con ecos de Juan Carlos Mestre, Leopoldo María Panero o incluso Pedro Casariego Córdoba. Su poema es el del gran aliento, con ese rasgo narrativo que ha caracterizado algunos de los grandes poemarios de nuestra quinta. Hablo de El fósforo astillado, de Juan Andrés García Román, o de Tara, de Elena Medel. Voces brutas que narran, cantan, pesan.

Cuatro. El libro de David Meza es un logro y una esperanza. Una piedra que nos llega desde el otro lado del charco -ese lado al que, a veces, poco miramos- y que empieza a llamarnos cargado de voces distintas y de juventud. Junto a la suya, me emocionan también otras poéticas. Las de Natalia Litvinova, Kevin Castro, Daniel Saldaña, Miguel Avero, Daniela Camacho, Agostina Ciccone, Lucas Ruppel, Carolina Quiñonez, Yaxkin Melchy, Karen Valladares... ¿Quizá El sueño de Visnu sea el comienzo de algo más grande? ¿Quizá no sólo la muerte de México será hermosa, sino también la muerte de América, la muerte de Europa, la muerte de toda palabra que imponga frontera? ¿Quizá es a este feliz flujo de palabras al que Meza canta en su fabuloso manifiesto? ¿Quizá...?

Cinco. Terminaré este post, entonces, con una cita. Con Esa cita. Juzgad ahora vosotros:

A las siguientes generaciones. Manifiesto.

Quiero que la muerte de México sea hermosa

Quiero que su muerte sea un acto bello e inexplicable como los pájaros

Quiero que el pasado sea un hecho maravilloso que se forja en el futuro

Quiero que mi nombre sea la vida

Quiero que América se desdoble y se muestre como un acantilado de ovnis

Quiero que mi sexo sea la vida

Quiero que la tradición literaria de las personas sea el movimiento de las cometas

Quiero que mi patria sea la vida

Quiero que los literatos suban de nuevo a los árboles y renombren cada noche las constelaciones del abecedario

Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos

Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no una postura frente a los años

Quiero que la poesía se confunda con la narrativa y la narrativa con un tratado científico y este con un nuevo sistema planetario

Quiero que mi clase social sea la vida

Quiero que los poetas tengan miedo a la inmortalidad y a la permanencia

Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso

Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque

Quiero que mi nacionalidad sea la vida

Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso

Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio

Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos

Quiero que mi edad sea la vida

Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura

Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro
(David Meza)

29 septiembre 2012

Balbuceo de la noche y otros gatos.


Hubo un tiempo en el que yo me pintaba las uñas de azul. Acababa de comenzar el curso escolar 2010-2011 y vivíamos cerca del metro Puerta de Toledo en Madrid. En ese tiempo, decía, yo me pintaba las uñas de azul y acababa de descubrir gracias a Ernesto (lo cuento primero aquí y luego aquí) la poesía de Natalia Litvinova, una de las voces poéticas actuales más interesantes en lengua española, y... qué digo, en todas las lenguas, pues me acaba de llegar a casa su segunda publicación en papel, titulada Balbuceo de la noche (Melón Editora, 2012), que viene presentada en edición bilingüe francés-español, y que suena maravillosamente en ambos idiomas (la traducción al francés es de Stéphane Chaumet). Al fin y al cabo, la poesía de Litvinova es una poesía sin idioma. Una poesía ¿desidiomada???? que llega al lector con una suerte de telepatía poética, o bien, como si se comunicara con nosotros mientras dormimos: y en la imaginación no cabe la palabra sino el gesto, el aliento, esto es:

creí que debía acumular voces
para componer el grito exacto
y rozar con él todo lo que existe
pero bastó con respirar.

Natalia Litvinova respira aquí y nos entrega un aire-asistido para que viajemos con ella en el sueño. Balbuceo de la noche es ese sueño. Un libro o cuaderno que evidentemente sólo puede ser leído durante la noche. Cuando el ojo de la tiniebla se abre y entonces no sabemos qué nos queda: los ángeles, el sexo, la fertilidad, su sangre, como un pájaro roto, como un gato elástico. La noche vuelve fértil a Natalia, pero lo fértil aquí no es otra cosa que lo literario. La noche es su musa y ella consigue distinguir los objetos que le rodean aun a pesar de la gran oscuridad impuesta. Gato elástico, decía. Sí. Gato elástico:

sola no puedo comprender la noche
no tengo la visión del animal.

Porque los ojos del gato guardan la luz y su vista nocturna lo alcanza todo. Así ha de ser el poeta. Así es, entonces, Natalia Litvinova: ella copula con la noche porque sabe crear en ella, porque tiene luz propia, porque su lengua ilumina y nos ilumina como un pequeño faro de papel repleto de luciérnagas.

Balbuceo de la noche es un libro breve, pero en él se confirma la voz de la poeta. Si Esteparia (2010), su primera publicación, ya era grandioso, este es un escalón más hacia la maravilla que nos espera.

Hoy llevo las uñas pintadas de dorado y sigo leyendo a Litvinova. No sé cómo las llevaré mañana. No sé ni siquiera si tendré uñas. Ni dedos. Ni manos. Pero una cosa si sé y es que siempre quedará el lúcido balbuceo de Natalia.

22 julio 2012

Amapola es la palabra más dicha por los poetas (un simple apunte para un simple domingo).


Y afuera, tras la ventana,
Amapolas finas, frágiles y arrugadas
Como la piel en carne viva
Ted Hughes

Se ha ido la luz después de la erección.Y entonces me levanto pegajosa. Me ducho pegajosa. El calor del Raval nos envuelve pegajosos a cada hora. Se ha ido la luz. La cucaracha ha entrado en la trampa. Ya van cinco en una sola tarde. Se ha ido la luz. Natalia Litvinova me ha mandado un poema de una autora que desconozco "la erección de la rosa", dice la poeta. Pero se ha ido la luz después del semen. Todo depende de la luz. ¿Has visto? A ti que te inyectan vida. A ti que sangras por los dedos. Se ha ido la luz después del mordisco. Comemos tartaleta de albaricoque y gemimos. Un domingo. Sólo un domingo. Se ha ido porque no tiene nada bueno que ofrecernos. 

24 julio 2011

Tenían veinte años y estaban locos (III): la portada de Betty Blue y los locos definitivos.

Como sabéis, en diciembre de 2010 abrí el blog Tenían veinte años y estaban locos en donde más de cien poetas de todo el mundo han ido publicando sus poemas. Poetas nacidos entre 1983 y 1998. Poetas extranjeros como Tao Lin, Marco Aragno, Lysiane Rakotoson, Karen Valledares, Amanda Jayne, Steve Roggenbuck, David Meza, Ellen Kennedy, Natalia Litvinova, David Teles Pereira, James Duncan, Cassandra Troyan, Lucas Ruppel, Kat Dixon, Richard Chiem, Agostina Ciccone, Annie Katchinska, Ana Carolina Quiñonez, Maria Borio, Yax-Kin Melchy, Antonina Semenets... Y poetas españoles. Antes de abrir el blog, llamé a Elena Medel, editora de La Bella Varsovia, para proponer un libro que, bien hecho, podría ser genial. El libro también se llamaría Tenían veinte años y estaban locos y consistiría en una antología de 27 poetas españoles menores de 27 años. La lista varió mucho desde la primera propuesta que apenas contaba con diez nombres. El blog me sirvió para conocer a muchos autores muy desconocidos en aquel entonces, pero muy buenos, que merecían sin duda ser leídos y publicados. En primavera escribimos a estos autores y les propusimos aparecer en el libro-analógico de La Bella Varsovia. Llamamos a Betty Blue para la portada y terminé un prólogo del que a continuación os colgaré un pequeño fragmento que aparece en la contraportada del libro. La elección de los nombres la tuvimos clara casi desde el primer momento aunque ha sido difícil dejar algunos nombres fuera, sin embargo creemos que estos 27 autores suponen una buena representación de lo que están haciendo los poetas más jóvenes de nuestro país. Hay voces muy distintas, inquietudes muy distintas y trayectorias muy distintas en esta lista. El libro saldrá con la rentrée, hacia finales de septiembre/principios de octubre. De momento aquí os mostramos un pequeño adelanto con el nombre de los autores, la portada definitiva de Betty Blue y toda nuestra ilusión. Fuck Yeah.

Autores:
Alberto Acerete (1987, Zaragoza)
Cristian Alcaraz (1990, Málaga)
Bárbara Butragueño (1985, Madrid)
Laura Casielles (1986, Pola de Siero)
Ernesto Castro (1990, Madrid)
Cristina Fernández Recasens (1984, Blanes)
David Leo García (1988, Málaga)
Berta García Faet (1988, Valencia)
Javier Gato (1987, Sevilla)
Álvaro Guijarro (1990, Madrid)
Alberto Guirao (1989, Madrid)
Ruth Llana (1990, Pola de Siero)
Odile L'Autremonde (1992, Madrid)
María M. Bautista (1990, Madrid)
Constantino Molina (1985, Albacete)
Enrique Morales (1991, Almería)
Raúl E. Narbón (1987, Valencia)
Sara R. Gallardo (1989, Ponferrada)
Judit del Río. (1991, Segovia)
Marina Ramón-Borja (1989, Roquetas de Mar)
Eba Reiro (1990, Ourense)
Emily Roberts (1991, Ávila)
Laura Rosal (1988, Jerez de la Frontera)
Miguel Rual (1992, Oviedo)
María Salvador (1986, Granada)
Ángel de la Torre (1991, Lucena)
Unai Velasco (1986, Barcelona)


Algo sobre Tenían veinte años y estaban locos:

En aquel tiempo ellos tenían veinte años y estaban locos. Los había brutos, salvajes: Marina Ramón-Borja y Judit del Río, con sangre entre las piernas y los sesos dulces... Los había surrealistas: Enrique Morales, que hablaba desde el desierto, o Álvaro Guijarro, que saltaba y reía, y saltaba... Los había infantilmente crueles: Emily Roberts, Sara R. Gallardo u Odile L'Autremonde, que tenían la sonrisa de las lolitas diabólicas hablando de sus sentimientos y de sus cuerpos puros... Los había que jugaban con las palabras: Cristina Fernández Recasens y Eba Reiro, saltando juntas su particular rayuela... También había quien prefería la experiencia, la descripción exacta del momento: Alberto Acerete, Miguel Rual o Cristian Alcaraz... Quien prefería la concisión, la suavidad, el canto: Laura Rosal, Raúl E. Narbón, Bárbara Butragueño... Quien prefería el cerebro, el hablábláblá fluido y deslumbrante: David Leo García, Ernesto Castro, Ángel de la Torre... Había quien reivindicaba: Alberto Guirao... Había quien, por la palabra, se hacía superhéroe: Unai Velasco... Había quien conocía la música y, a su manera, reconstruyó lo clásico: María M. Bautista, Javier Gato... Los había, sí, que rerían: Constantino Molina.... Los había, sí, que volaban: Laura Casielles, María Salvador... Los había, en este libro, que sabían construir: Ruth Llana... Y los había (en este libro, sí, sí, en este manicomio joven, lúcido y lírico) que nunca rezaban: Berta García Faet... Eran veintisiete poetas menores de veintisiete años que irrumpieron en la poesía regenerando con sus versos e invocando tiempos nuevos. Porque en este tiempo difícil para la juventud, minado por el desconcierto y la indignación, sólo la Literatura y Su Literatura pudo traer un poco de esperanza. Eran poetas. Eran hermosos. Estaban locos.
L.M

26 septiembre 2010

La literatura es una enfermedad, otra vez.


La literatura es una enfermedad, eso ya lo hemos dicho. Pero la literatura también es una terapia. Un modo para extender la epidemia. Un motivo para curarnos, sanarnos, enfermarnos y volvernos a curar. Ayer coincidí con David Leo García, nuevo vecino en Madrizentro. Me gusta leer a David. Llevo leyendo a David desde los 15 años y cada nueva noticia o poema que recibo de sus manos es una sorpresa. Ayer, como digo, coincidí con él y me entregó el último cuaderno que el Ateneo de Málaga le ha publicado. No he dejado de leer desde entonces el primer poema de Terapia. Me pareció fabuloso. Me pareció fantástico. Y después de que los Mormones nos despertaran esta mañana en House of Valparaíso para intentar vendernos de nuevo no sé qué cosa de Dios lo primero que he hecho ha sido releerlo. El primero, sin duda, me parece el mejor poema de la plaquette. El primero, sin duda, me parece el más hermoso conjunto de versos que he leído del poeta malagueño. ¿Nos persigue la enfermedad? Pienso. ¿Nos persigue? Si Lasky habla del coma diabético como muerte más hermosa y Litvinova asegura que nuestro siglo es el peor siglo para morir. ¿Nos persigue la enfermedad? ¿Por qué es tema fetiche? ¿Nos persigue el suicidio? ¿Por qué nadie se suicida? ¿Por qué? El otro día Ibrah y yo vimos Contra la pared de Fatih Akin, película donde los personajes decidían suicidarse no suicidándose porque esa era la mejor manera de ayudarles a seguir viviendo. ¿Estamos locos? ¿Somos jóvenes o estamos locos? ¿De nuevo el die young stay pretty...? ¿De nuevo eres el mejor momento para morirme? Aquí copio el poema. Aquí, amigos, la única medicina:

Dígame un color. El verde. Otro. El verde.
Una parte de la casa. El aire.
Una pregunta. La pregunta. Un escritor.
El misterio. ¿Qué asocia con un pájaro?

El misterio. ¿Y con un pájaro?
La infancia. ¿Y con qué césped?
La infancia. Dígame un color.
No lo sé. Un país. Casi todos.

Una enfermedad. Todas salvo la mía.
A qué ha venido aquí. Las… ya sabe,
las… qué le voy a decir, ya sabe,
lo de siempre.

Un instrumento de cuerda. El pentagrama.
Una parte del cuerpo. Los pulmones.
Una parte de la casa. El deterioro.
¿Un motivo para vivir? Alguno, el deseo.

¿Una enfermedad? La enfermedad.
¿Una cita célebre? “Claro que sí”.
¿Un motivo? Para morir. ¿Un motivo
para morir? Ninguno,
tal vez. El deseo.
David Leo García

25 septiembre 2010

Mis pertenencias.

Soy una mujer perforada
no hagan fila
nadie
es
culpable
Natalia Litvinova

Ernesto Castro me trajo de Buenos Aires el libro firmado de Natalia Litvinova (no me olvido de ti, esteparia, tengo un sobre preparado, lo puedes ver en la mesa, que pronto llegará a ti). Esteparia (Ediciones del Dock, 2010) no es el libro que yo esperaba. Para nada. Esteparia no es el libro finísimo que yo esperaba. Ni el libro primerizo. Ni el libro Pizarnik. Ni el libro Ajmátova. Esteparia es el libro de Natalia Litvinova. Esteparia es Natalia Litvinova. Sólo. Ella. Su voz es única. Su voz es el nacimiento que ella misma anuncia: mi padre me prestó su mano para que yo no supiera qué hacer con ella. Natalia es el padre femenino, el padre celeste. El padre celest-ial de una poesía aún sin escribir. Hay esperanza, pienso cuando la leo. Hay esperanza allá en el mar inmenso. Esteparia es un bien muy deseado. Uno de mis nuevos tesoros. Mi codiciada pertenencia.

06 septiembre 2010

Poetry will tear us apart, again.


Llevo todo el fin de semana tirada en la cama. No sé cuántos capítulos de Gossip Girl he podido ver, pero juro que conozco de memoria las extrañas facciones de Chuck Bass. También he leído Dinero Gratis, de Carlo Padial y me he reído mucho con algunas de sus manías y odios. Sobre todo con el capítulo dedicado al Starbucks, ¿quién no se ha sentido amenazado por sus inhumanos camareros? Una de mis mejores amigas, Nadia Leal, fue camarera allí, y os juro que no es humana. Nadia es de otro planeta, fantástica, fuerte, amable, de otro planeta. Más allá de la risa con Carlo Padial y mucho más allá de los momentos domingueros de Gossip Girl está la poesía. Quiero decir... Es septiembre y todo comienza de nuevo. Mejor aún que año nuevo septiembre se convertirá en mi mes de reencuentro. Un reencuentro con esos libros de poesía de los que muchos pasaron. De los que otros ni siquiera escucharon hablar (y es posible que yo me deje otros tantos, otros tantísimos que también olvido). Porque además de los grandes nombres y de las grandes editoriales hay cosas que merecen mucho la pena. Lo que ocurre es que estamos tan ciegos. Nos dejamos llevar tanto por nuestras vísceras, que a veces olvidamos que lo importante sería no hacer morir más a este género viciado, arcaico y pasado de moda. Estos pocos libros que apunto a continuación nos demuestran que todo es posible (desde 2006 hasta hoy). Que hay esperanza. Ojalá en nuestro país existiera una crítica de poesía más contundente y sincera. Ojalá la literatura dejara de ser un capítulo de los más malos de Gossip Girl: chismorreo y poca chicha.

1. Excepto yo, de Fatena Al-Gurra (El Gaviero Ediciones)
2. Algo de nadie, de Luis Darío (Pre-Textos)
3. La flor de la tortura, de Raúl Quinto (Renacimiento)
4. Extraña claridad, de Begoña Callejón (Devenir)
5. Habitación, de Diego Llorente (La Bella Varsovia)
6. Grisicitudes, de Saray Pavón (El Cangrejo Pistolero)
7. Infinitos corpúsculos, de Rebeca Yanke (Colección Puerta del Mar)
8. Si dios me pide un Bloody Mary, de Carlos Salem (Ya lo dijo Casimiro Parker)
9. El origen de la simetría, de María Salvador (Icaria)
10. Tiempo, de Vicente Luis Mora (Pre-Textos)
11. Soldados en el jardín, de Martín Espada (El Gaviero Ediciones)
12. Por qué sólo beso a las estatuas, de Camilo de Ory (Renacimiento)
13. Soldado que huye, de Laura Casielles (Hesperya)
14. Temperatura voz, de Mariano Peyrou (Pre-Textos)
15. Estaciones, de Javier García Rodríguez (KRK)
...

Porque según el título de Padial el dinero puede ser gratis. Pero los libros de poesía no lo son. Y hay veces en las que el futuro no sólo está en papel sino que también nos saltamos blogs alucinantes y voces que algún día tendremos, seguro, impresas y en nuestras manos. Hablo de Ruth Llana, María Simó, Enrique Morales, Natalia Litvinova, Jake Fournier, Antonio Alías y muchos otros más. Venga. Tirémonos en la cama. Abramos blogger.com o el libro que hay en la mesita de al lado, escribamos. Qué se yo. Aún queda tanto por hacer.

27 agosto 2010

De cómo Luna Miguel encontró a Natalia Litvinova, su (desde ahora) poeta argentina preferida, y se enamoró de ella.


Y cómo encontré a Natalia Litvinova en una conversación con mi viejo amigo y vecino Ernesto Castro. Yo dije: poesía. Él dijo: ya no me gusta. Yo dije: poesía. Él dijo: casi no leo. Yo dije: poesía. Él dijo: blogosfera. Yo dije: qué has encontrado. Él dijo: Argentina. Yo dije: palabra. Él dijo: Natalia Litvinova. Yo dije: Valente. Él dijo: Pizarnik. Yo dije: quiero. Y él dijo: toma. Y de un sencillo link ciclópeo nació el blog de Natalia Litvinova, magnífica joven poeta con un cuadro difuso dibujado en la espalda y unos prometedores versos ya prometidos ya escritos ya hechos y por hacer. Natalia Litvinova mi poeta argentina preferida desde ahora o quién sabe si desde siempre. Natalia Litvinova mi poeta bielorrusa preferida desde siempre o quién sabe si nunca más o qué o cuánto. Y cómo supe que estaba enamorada. Y como la encontré. Hermosa. Con una marca de vida en la espalda y otra de muerte en el verso.

Nunca vi una muerte

tan transparente
como la que amanecía
al lado de mi ventana
trenzada con las ramas
de los abedules blancos.
Nunca vi una muerte
tan desamparada,
robándole el cobijo
a los niños gitanos
ante la caída
del cuchillo de la nieve.
Nunca vi una muerte
que sin pronunciar nombre alguno
abrazaba cualquier cuerpo
con suavidad minuciosa.
Nunca más volví a ver
una muerte tan clara
como aquel septiembre
del año invisible
cuando la patria se extinguía
como un animal preciado.
Natalia Litvinova