A la jovencita Jane Austen sólo le salva la presencia de James McAvoy. O así suspiramos. Como suspira Ibrah dormido en mi muslo soñando vete tú a saber qué sobre mi muslo sobre mi muslo sobre mi muslo caliente como las rojas puntas de unos Gauloises baratos. Laura sorbe el afrancesado pitillo como si de un batido se tratara. Mi muslo tiembla con la respiración de él y una Jane Austen rancia y fea, escritora por sorpresa nos dice desde la pantalla plana lo mucho que la literatura tiene de cierto. ¿Qué tiene de cierto? ¿Tiene algo de cierto? ¿Deglute Gauloises Laura? ¿Duerme sobre mi muslo Ibrah? ¿Tengo muslos, tengo piernas, tengo níveos glúteos y el mundo huele a flores? Pobre Jovencita Jane Austen vieja y triste frente al bueno de James McAvoy. Ay. James. Sí, tú. Inspírame una carta. Un movimiento de tinta. Un orgullo y un prejuicio aquí. Ay. Pobre Jane Austen. Y nosotras como dos locas maldiciendo toda la literatura femenina. Quemando los manuales. Esputando sobre la pobre Ajmátova, sobre la pobre Pizarnik. Sobre todos los malditos pájaros y todas las jodidas menstruaciones alcohólicas que los versos nos regalan. Pobre Jane Austen, digo, ¡rechazar un poco de sexo con James McAvoy por una simple novela! Detesto tu biopic. Detesto tu vestido rojo. E Ibrah sobre mi muslo con la boca mojada. E Ibrah que me espera mientras escribo. Porque puedo escribir y amar a la vez. Porque pobre Jane, pequeñita, y luego dicen que a Virginia Woolf la industria del cine le pasó factura. Prefiero Las Horas mil veces (pues adoro Las Horas y a Philip Glass). Y la literatura femenina, dónde se esconde. Y que todas ellas eran raras y estaban locas. Y salvémonos de la pedantería. Y que Hollywood les devuelva lo poco y triste que les quedaba.
15 septiembre 2010
13 septiembre 2010
Reformando la casa (nosotros no tenemos un frigorífico mágico).
There is a gigantic hole in the back of my fridge that leads to Narnia.
I would never go there. Narnia is for babies.
Chelsea Martin
Y qué es un piso de estudiantes sin un cartel de Pulp Fiction. Sin un cenicero lleno y caliente. Sin un mantel manchado de salsa azul. Sin un sonido de página de libro. De angina camuflada. De dolor de cabeza y exceso de café. Bienvenida, fertilidad, dije. Bienvenida, precariedad, dije. Bienvenida, droga dorada, creo que pensé.
12 septiembre 2010
11 septiembre 2010
06 septiembre 2010
Poetry will tear us apart, again.
Llevo todo el fin de semana tirada en la cama. No sé cuántos capítulos de Gossip Girl he podido ver, pero juro que conozco de memoria las extrañas facciones de Chuck Bass. También he leído Dinero Gratis, de Carlo Padial y me he reído mucho con algunas de sus manías y odios. Sobre todo con el capítulo dedicado al Starbucks, ¿quién no se ha sentido amenazado por sus inhumanos camareros? Una de mis mejores amigas, Nadia Leal, fue camarera allí, y os juro que no es humana. Nadia es de otro planeta, fantástica, fuerte, amable, de otro planeta. Más allá de la risa con Carlo Padial y mucho más allá de los momentos domingueros de Gossip Girl está la poesía. Quiero decir... Es septiembre y todo comienza de nuevo. Mejor aún que año nuevo septiembre se convertirá en mi mes de reencuentro. Un reencuentro con esos libros de poesía de los que muchos pasaron. De los que otros ni siquiera escucharon hablar (y es posible que yo me deje otros tantos, otros tantísimos que también olvido). Porque además de los grandes nombres y de las grandes editoriales hay cosas que merecen mucho la pena. Lo que ocurre es que estamos tan ciegos. Nos dejamos llevar tanto por nuestras vísceras, que a veces olvidamos que lo importante sería no hacer morir más a este género viciado, arcaico y pasado de moda. Estos pocos libros que apunto a continuación nos demuestran que todo es posible (desde 2006 hasta hoy). Que hay esperanza. Ojalá en nuestro país existiera una crítica de poesía más contundente y sincera. Ojalá la literatura dejara de ser un capítulo de los más malos de Gossip Girl: chismorreo y poca chicha.
1. Excepto yo, de Fatena Al-Gurra (El Gaviero Ediciones)
2. Algo de nadie, de Luis Darío (Pre-Textos)
3. La flor de la tortura, de Raúl Quinto (Renacimiento)
4. Extraña claridad, de Begoña Callejón (Devenir)
5. Habitación, de Diego Llorente (La Bella Varsovia)
6. Grisicitudes, de Saray Pavón (El Cangrejo Pistolero)
7. Infinitos corpúsculos, de Rebeca Yanke (Colección Puerta del Mar)
8. Si dios me pide un Bloody Mary, de Carlos Salem (Ya lo dijo Casimiro Parker)
9. El origen de la simetría, de María Salvador (Icaria)
10. Tiempo, de Vicente Luis Mora (Pre-Textos)
11. Soldados en el jardín, de Martín Espada (El Gaviero Ediciones)
12. Por qué sólo beso a las estatuas, de Camilo de Ory (Renacimiento)
13. Soldado que huye, de Laura Casielles (Hesperya)
14. Temperatura voz, de Mariano Peyrou (Pre-Textos)
15. Estaciones, de Javier García Rodríguez (KRK)
...
Porque según el título de Padial el dinero puede ser gratis. Pero los libros de poesía no lo son. Y hay veces en las que el futuro no sólo está en papel sino que también nos saltamos blogs alucinantes y voces que algún día tendremos, seguro, impresas y en nuestras manos. Hablo de Ruth Llana, María Simó, Enrique Morales, Natalia Litvinova, Jake Fournier, Antonio Alías y muchos otros más. Venga. Tirémonos en la cama. Abramos blogger.com o el libro que hay en la mesita de al lado, escribamos. Qué se yo. Aún queda tanto por hacer.
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03 septiembre 2010
01 septiembre 2010
Poesía es esto, poesía es lo otro.
et dans le ciel les étoiles n'avaient jamais été aussi sales
Christophe Claro
Intento decir algo. Lo que ocurre es que estamos ciegos. Intento: decir que su piel es perfecta. Y su torso. Lo que pasa es que no aparenta poesía. ¿Si no lo aparenta no lo es? ¿Si no lo aparenta es externo? ¿No es el exterior parte de lo que hay dentro? Intento decir algo: todas las estrellas están sucias.
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