05 marzo 2016

Sobre la censura y el autoplacer.

Apollonia Saintclair

Queridos amigos,

como algunos ya sabréis, el pasado jueves por la mañana anuncié aquí en mi blog y en mis redes sociales la publicación de mi nuevo libro. Un pequeño recopilatorio de artículos, ficciones, fragmentos de diario y entrevistas a propósito del tema del autoplacer femenino.



Como distintos medios digitales y blogs se han hecho ya eco de la noticia, quizá también sepáis por El Confidencial, VerneEl Español, Ara, Telecinco, Estandarte, NegratintaElComercio (Perú) o ActuaLitté (Francia) que pocos minutos después de anunciar la publicación y explicar su contenido en Facebook, esta empresa me anunció que me habían denunciado por mal comportamiento, y que mi cuenta había sido desactivada por precaución.


De pronto, por hablar de masturbación, autoplacer u onanismo, me había convertido en alguien “peligroso”.

La propuesta de Facebook no es tan sorprendente: es cierto que está en sus estrictas normas el favorecer una comunicación “limpia” y “no obscena”. 

¿Pero de verdad es obscena la divulgación cultural sobre un tema tan humano como el autoplacer? 

¿Qué puede tener eso de dañino?

Lo que también me espantó es que alguien de entre mis contactos —personas que, entiendo, me siguen porque tenemos algo en común, o porque les gusta ver los artículos, poemas, fotos que comparto— pudiera denunciarme sabiendo que las consecuencias podrían ser esas: privarme de mi cuenta, una cuenta que mantengo desde hace casi 8 años, y en la que, entre otras cosas, guardaba fotos, links y otros recuerdos bonitos.

Pero bueno, así es como se desarrolló la mañana. 

Mi “Dedo” y la portada de Capitán Swing debieron molestar mucho a alguien, y los filtros de Facebook y sus alarmas saltaron. Sin embargo, yo tenía la esperanza de que en un tiempo determinado —que según tengo entendido podría ir de entre las 24 horas a las 2 semanas,  o incluso más—, el filtro humano de Facebook al que yo ya había apelado y reclamado, me diera la razón, ignorara al denunciante y me devolviera la cuenta.

Esto no ocurrió así.

El mismo viernes por la tarde, mientras terminaba de comer con mi marido, me llegó un mensaje que me dejó aún más desconcertada, y que copio aquí abajo. Ahora, según Facebook, yo no podría volver a reclamar, y lo peor de todo, las razones de su censura no me podían ser especificadas por motivos de “seguridad”.



En ese momento me reí: ¡soy una terrorista de la masturbación! ¡Pero venga, vamos, si sólo me toco un par de veces a la semana, y para liberarme del estrés que me producen el trabajo y el embarazo! ¡No me podéis castigar por hablar en 60 páginas de nada de un tema que tan bonito, y que yo creo haber abordado también de una manera tierna y sencilla! ¡Pero qué *************!

Sólo se me ocurren algunas razones por las que Facebook pueda haberme bloqueado para siempre —o para casi siempre, pues por fortuna y por seguridad, para poder mantener las páginas que gestiono, como mi página de autora o la página de mi editorial, mantenía vivas cuentas de usuario con nombres distintos al mío, que ahora me permitirán seguir entrando a Facebook poco a poco, hasta que todo se normalice—.

Por ejemplo, que la misma persona que me denunció el jueves por la mañana ya lo hubiera hecho antes. Es cierto que yo venía hablando de mi ensayo de la masturbación mucho tiempo, y quizá el censor ya se había sentido amenazado antes —pero claro, tío/a, un consejo: cuando a mí no me mola alguien lo borro o lo bloqueo y así me ahorro disgustos—.

Lo que más me inquieta, es que antes de que la pantalla de bloqueo apareciera y me dejara fuera de mi perfil para siempre, yo estaba preparando un post para mi página de autora con algunas de las imágenes que he copiado en el tuit de arriba. Esas imágenes, de hecho, las había recuperado de perfiles de Facebook, es decir, que Facebook ya las ha aceptado previamente en otras personas: chicas en bragas leyendo libros, flores con agujeros, manos mojadas, todo un universo tierno y erótico que ya campaba a sus anchas en la red social.


Y digo que me inquieta, porque Facebook me bloqueó antes de que yo pudiera volver a compartirlas. Es como si me hubiera bloqueado la mente. Como si me la hubiera leído: Luna, sabemos que acabas de publicar un post sobre la masturbación, así que como te atrevas a subir algo más al respecto… bueno, venga, mejor no nos arriesgamos, te bloqueamos y listo, ¡mente sucia!

No sé qué más pensar.

Ni sé qué más decir.

En Facebook hay páginas que incitan al odio a otra razas, que incitan al maltrato de animales, que incitan al machismo, a la violencia, a la anorexia, que insultan a gordos y gordas, a refugiados, que publican cabezas cortadas de niñas o imágenes de esas que bien valen un pixelado o de esas que en los informativos nos suelen dar arcadas.

En Facebook hay personas que te insultan, que insultan a celebridades por estar gordas, o ser negras o ser simplemente mujeres.

En Facebook hay mucho odio, muchísimo odio, y me parece injusto que yo, que solo he compartido arte y literatura, me vea privada de utilizar un servicio que además es mi herramienta de trabajo.

Las reglas son las reglas, me dicen… Y mi  pequeño e inocente dedo las ha roto.

Estoy muy agradecida a todos los que habéis hablado de esto y a todos los que os habéis quejado.

Estoy muy agradecida a mi amiga Elena Medel, que se puso la portada del libro como foto de perfil, y a quien horas después también denunciaron por “obscena”.  

Estoy muy agradecida a todos los que me habéis propuesto hacer un Change.org —gracias, de verdad, aunque no sé ya si a estas alturas sea necesario— y a todos los que no conozco y desde Twitter, Instagram, Tumblr o el mismo Facebook estáis gritando.

Cuando publiqué la portada de El dedo y su sinopsis en este mismo blog, un anónimo se rió de mí y me dijo que “la masturbación femenina no era un tabú”.

Casualidades de la vida, lo que "no era un tabú" acabó convirtiéndose en mi expulsión del "paraíso de Facebook".

Hoy es sábado, la casa está calentita porque hace sol, y mi hijo no para de moverse en la tripa, como diciéndome que quiere salir ya.


Así que querido Facebook: esto que acabo de decir. Esta sensación de paz que no es virtual sino que puedo tocar porque está dentro de mí… es mi verdadero paraíso.

03 marzo 2016

El dedo.


«De noche, sola, desposo la cama./ Dedo a dedo, ahora es mía. Anne Sexton escribe estos versos en homenaje a su cama vacía, donde sola goza más que nadie. Betty Dodson da un cursillo avanzado de masturbación a mujeres de cincuenta años que jamás se han mirado la vulva en un espejo. Amarna Miller finge un orgasmo retorciéndose delante de una cámara. Un doctor del siglo XIX receta masajes pélvicos a su paciente enferma de una profunda histeria. Miles de mujeres embarazadas escriben en el buscador de Google si estimularse el clítoris podría ser peligroso para sus fetos. Y Luna Miguel, con apenas 8 años, descubre un dibujo pornográfico que cambiará su vida para siempre, y que mucho tiempo después le llevará a escribir una historia personal del autoplacer femenino.

Escrito en una intersección entre el periodismo, la divulgación, el género confesional y la ficción, y enunciado con una voz cálida, sosegada e hipnotizante, El dedo constituye una historia íntima de lo que durante demasiado tiempo ha constituido un auténtico tabú cultural: la masturbación de la mujer. O como dice la autora: «no se trata sólo de algo sexual; la masturbación es también una meditación sobre el amor en solitario. Una constelación de sensaciones. Un espacio propio en el que refugiarse.»

El dedo. Breves apuntes sobre la masturbación femenina, es mi nuevo libro, editado en la colección digital de Capitán Swing. A través de artículos, entrevistas, confesiones, ficciones y ensayos, abordo este tema con cariño. 
Muy pronto podréis encontrarlo en www.capitanswing.com

¡Ojalá os guste!

01 marzo 2016

Enero-Febrero 2016: mis 6 lecturas preferidas.


Dos novelas que son, en realidad, un homenaje a otros dos novelistas que me impresionan: así fueron mis lecturas —link a PlayGround va— de Oona y Salinger, de Frédéric Beigbeder (Anagrama) y Cada noche, cadanoche, de Lola López Mondéjar (Siruela). 



En la primera, el guapo de Frédéric narra una historia de amor espinosa que, a su parecer, configuraría el corazón oscuro y dolorido del autor de El guardián entre el centeno. Creo que lo más bruto de este libro son sus reflexiones sobre la vejez, y sobre cómo el hombre —el macho, no el hombre como ser humano en general— necesita mantener relaciones sexuales con cuerpos más jóvenes que el suyo para sentir que sobrevive.



De relaciones sexuales entre hombres mayores y chicas jóvenes también va la novela de López Mondéjar, basada en Lolita, y con un punto de vista bastante polémico de la gran obra de Vladimir Nabokov. En estas páginas lo que encontramos es a la hija imaginaria de Dolores Haze, quien decide vengarse del pedófilo que acosó y maltrató a su madre cuando esta era una adolescente. ¿Puede un tema como la pedofilia ser bello? Esa es una de las preguntas que nos come la cabeza cuando leemos Cada noche, cada noche.



Plagado de referencias literarias, también, está el libro Apuntes sobre el suicidio (Alpha Decay), un brevísimo ensayo que nos pasea por la literatura, el arte y sus suicidas, desde David Foster Wallace hasta Edouard Levé, pasando por algunas voces clásicas como la de Sylvia Plath o Albert Camus. Para los seguidores de esos autores, y también para los que encuentran en el suicidio y en la enfermedad un tema más mágico que doloroso, este libro es imprescindible.



Y de la enfermedad de la literatura, pasamos a las enfermedades reales, o quizá a las enfermedades no reales, como es el caso de las que narra Suzanne O’Sullivan en Todo está en tu cabeza. Aquí la neuróloga explica algunos casos curiosísimos de enfermedades psicosomáticas, y cómo a veces el cuerpo reacciona de manera negativa a cosas que sólo están en nuestro recuerdo, en nuestro miedo, en nuestra manera de ser. Todo está en tu cabeza —ah, esto es lo que también escribí enPlayGround— es un libro para los que no tienen miedo de mirarse el cerebro, masajeárselo. Un libro para los que saben que por muy locos que parezcan, no lo están.



Quizá un tratamiento parecido a los que recomienda Sullivan le vendría bien al protagonista de Las flores del mal, vol 8. Este es uno de mis mangas preferidos, no sólo por la obvia referencia a Charles Baudelaire sino porque trata el tema del desasosiego adolescente de una manera bellísima, a través de la oscuridad, de la poesía, y del sexo. En este volumen, el mangaka Shuzo Oshimi nos vuelve a traer a un Kasuga enamoradizo y peligroso. Después de un volumen 7 un poco aburrido, aquí la literatura y el peligro vuelven a latir.



Y por último, sin salir de Japón, uno de los poemarios más especiales que he leído en lo que va de año: Poema a tres voces de Minase. Renga., de Socho, Sogi y Sohaku (Sexto Piso), un clásico de la poesía nipona, absolutamente delicado. Un libro que es casi un objeto o tesoro, en cuyas páginas la naturaleza, el recuerdo y la memoria brillan —perdonad la cursilería de lo que sigue— como insectos veraniegos.




Quienes seguís este blog sabéis que cada vez publico menos, y que en 2016 eliminé la sección de lecturas, porque me saturaba y porque muchas las olvidaba y otras que ponía al final las dejaba a la mitad. El trabajo y la maternidad, y algunos proyectos literarios no me dejan respirar mucho más, por eso he decidido que mensual o bimensualmente iré haciendo recuento de mis lecturas preferidas, para todos los que seguís buscando en esta página un pequeño refugio en el que descubrir cosas chulas.

(Emoji de una florecilla y emoji de un corazón)

24 enero 2016

Calostro.


La leche ya está aquí
pero tú todavía no.
Ha llegado esta mañana como una quemazón
manchando la tela estrellada del pijama
ironía de vía láctea
espeso calostro.
Es de un blanco turbio.
Es una isla. 
Es una mancha de cal en el pezón izquierdo
y una gotita dulce en el derecho
que ahora lamo para entender
el aroma a intimidad
que significas.

16 enero 2016

¿Queréis saber si es niño o niña?


La mariposa Ulises mide 14 centímetros.

Si el lepidóptero es macho,
la cara dorsal de sus alas brilla azul eléctrico.
Su hembra, sin embargo, es de color grisáceo
parecido a una media luna 
que resiste todavía al amanecer.

Hasta hoy, las doctoras hablaban de ti
como si fueras ese astro diminuto
al que nosotros llamábamos nuestra niña.

En la semana veinte de gestación
cuando el peligro de perderte ya es mínimo,
decides abrir tus alas de par en par
luciendo el destello que guardabas,
presumiendo de un futuro azul eléctrico. 

07 enero 2016

Eres un mamífero.


En la sangre siempre es de noche
Cristina Rivera Garza

Eso es todo lo que sé del cuerpo.
Un concierto.
Una pared hecha de grasa.
Un cordón por donde fluye el azúcar
en exceso
fluye hasta otro cuerpo del que sé
tanto como de esa flor
que se apaga en la terraza
porque es invierno.
Los pechos tiemblan
bolitas de fuego duelen
bolitas de leche vibran
en el diente amarillo del padre.
Eso es todo lo que puedo tocar.
Una voltereta.
Un hipo.
Una contracción.
Una estría en el costado
buganvilla que concede
su voz al frío.

19 diciembre 2015

Mis libros preferidos de 2015.


Como cada año hago un balance de mis libros preferidos publicados en 2015, y me doy cuenta de que son muchos, y también de que la mayoría los he leído por trabajo. Pero cuando el trabajo es placer, poco importa que se llame trabajo

Poesía
1. The collected poems of Chika Sagawa, de Chika Sagawa (Canarium Books)
2. El libro de la danza, de Gonçalo M. Tavares (Kriller71 Ediciones)
3. Eso, de Inger Christensen (Sexto Piso)
4. Beat Attitude, las mujeres de la Generación Beat, ed. de Annalisa Marí (Bartleby)
5. La edad de merecer,de Berta García Faet (La Bella Varsovia)

Narrativa
1. Sumisión, de Michel Houellebecq (Anagrama)
2. La débil mental, de Ariana Harwicz (Mardulce)
3. El cielo oblicuo,de Belén García Abia (Errata Naturae)
4. The Motion, de Lucy K. Shaw (421 Atlanta)
5. Modelos animales,de Aixa de la Cruz (Salto de página)

No ficción
1. La mujer de pie,de Chantal Maillard (Galaxia Gutenberg)
2. Guardar la casa y cerrar la boca, de Clara Janés (Siruela)
3. De pronto mi cuerpo,de Eve Ensler (Capitán Swing)
4. Maternidadessubversivas, de María Llopis (Txalaparta)
5. La llamada perdida, de Gabriela Wiener (Malpaso)

Cómic e ilustrados
1. Cruzando el bosque, de Emily Carroll (Sapristi)
2. Buenas noches,Punpun, de Inio Asano (Norma)
3. El niño que dibujaba sirenas, de Javier Sobrino y Carole Hénaff (La Fragatina)
4. Rosalie Blum, de Camille Jourdy (La Cúpula)
5. El diario gatuno de Junji Ito, de Junji Ito (Tomodomo)

Mirando estos libros de 2015 me doy cuenta de dos cosas: de que la mayoría son mujeres, y de que este año he leído más ensayo, crónica y cómic que nunca, aunque también tengo algo abandonada la novela. 

Una cosa de la que no me quiero olvidar es de algunos libros de El Gaviero Ediciones que aprecio muchísimo y que si no hubiera tenido el placer de editar seguramente habría incluido en la lista: Post coño, de Gabby Bess y Siamesa, de María Ramos. 

Por último quiero agradecer a Milky Way Ediciones y a Ediciones de oriente y el mediterráneo su increíble trabajo (creo que me he dejado el sueldo en estas editoriales, definitivamente). Libros como La chica a la orilla del mar, de Inio Asano, o como Nuevo nacimiento, de Forugh Frarrojzad han sido mis lecturas más preciadas, aunque pertenezcan a catálogos de otros años. 

Gracias a todos por seguirme por aquí, o a diario en mis artículos de PlayGround o en otras redes sociales que lleno cada día con mis tontadas.

Qué ganas de 2016. Van a pasar cosas emocionantes. Estoy segura.



(Por cierto, hoy colaboro en Babelia haciendo una micro-reseña 
de La mujer de pie, de Chantal Maillard, para su lista de mejores libros del año.