—pero está en japonés y no lo vas a
entender
el dependiente de la librería
habla un inglés aún peor que el mío
le he pedido libros de poetas de su país
no importa la época el sexo o el estilo
—recomiéndame algo que te guste a ti
le digo y se pone muy nervioso
como si nunca le hubieran pedido algo tan
difícil
mientras se lo piensa miro a nuestro
alrededor
y veo libros que toco con curiosidad
porque son los únicos cuyo contenido
occidental todavía puedo descubrir
traducciones de rimbaud con dibujos manga
en los márgenes una versión escuálida de
la tierra baldía que cuesta 5.000 yenes
un poemario en inglés dedicado a tanikawa
—este es uno de los poetas más famosos
susurra el dependiente
—¿a ti te gusta?
insisto y él se rasca la oreja como
diciendo que no
sin querer decir que no porque es muy
educado
—preferiría que te llevaras otro libro
y entonces se marcha un momento de una
sección
de libros de poesía tan pequeña y
recogida
como las que mi país dedica a este género
hay portadas azules hay portadas con
fotografías
de hombres casi ancianos con moños
recogidos
y kimonos que les protegen del frío
primaveral
atrás algunos cerezos florecidos mientras
espero
me pregunto si los poetas japoneses
viejos
llevarían ropa interior bajo esas prendas
o si para ellos la inspiración venía
desnuda
—este es uno de mis libros preferidos
anuncia el librero
—y además es muy barato
dice señalando el precio que apenas suma
300 yenes
—habla de la antigua Grecia y de las
costumbres niponas
y del arte y del modernismo y de la vida
y de la muerte
me gusta mucho porque no lo entiendo
el dependiente se sonroja y me da un
ejemplar
blanco donde leo ambarvalia de nishiwaki
junzaburo
—no te preocupes yo tampoco lo voy a
entender
nos reímos le doy las gracias el
dependiente desaparece
entonces yo le digo a mi marido que
vayamos a comer
nos queda menos de un día para dejar
tokio
en las próximas horas engulliremos una
sopa
parecida a unos mocos un pan de melón
del family mart unos cuantos kilos de
sushi
en la pequeña taberna del metro de
akihabara
compraremos regalos y juguetes de sailor
moon
nos daremos el último baño frío haremos
las maletas guardaremos ambarvalia en la
mochila
nos miraremos las quemaduras de sol sobre
los hombros
con la nostalgia que produce darse cuenta
de que todas las heridas desaparecen
y de que la herida de japón también se
extinguirá
Jimbocho,
Tokio
3
de agosto de 2015