Me pides un
poema feliz. Qué quieres que diga. Que creo en el amor. Que lo que más me
emociona en esta vida es comer pizza los domingos. Que adoro retener el esperma
entre mis piernas, hasta que cae líquido, gota a gota, al frío suelo de mi
sueño. Me pides un poema feliz y eso es algo casi imposible, porque cuando soy
feliz no sé decirlo. O porque cuando soy feliz deseo la euforia. O porque
cuando soy feliz estoy haciendo cosas más importantes como llorar. Leo un libro
en el que la protagonista mata a su gato y no siente nada. Escucho una canción
en la que dos amantes se separan y no sienten nada. Miro los mensajes de Whatsapp
y aprendo que un amigo quiere cortarse las venas para dejar de sentir. Qué
quieres que te diga yo entonces. A quién quieres que salve yo ahora. Me pides
un poema feliz y esto es todo lo que puedo decirte: No.
08 marzo 2015
04 marzo 2015
5 nombres para entender Los estómagos.
(Texto originalmente publicado en inglés en The Reader, la revista brutal y mensual de Luck K. Shaw que podéis adquirir por 3 euros. Lucy me pidió que explicara qué significa para mí la creación de este libro, y cómo la asumí. Gracias, querida Lucy.)
Uno. Delhi
El día en el que Delhi, una enorme gata
tricolor, apareció en mi habitación de mi primera casa de Barcelona, toda mi
vida cambió. Fue entonces cuando comencé a darle vueltas al tema de Los estómagos, mi quinto libro de poemas publicado recientemente en España. Y
fue entonces cuando mi marido y yo nos planteamos la posibilidad de ser
vegetarianos. La paz inmensa de Delhi, su manera de respirar y de moverse
estaba causando efecto en nuestra vida. En nuestras entrañas. Entonces tuve que
ponerme a escribir.
Dos. Ted Hughes
Cuando uno tiene una obsesión, todo se
torna del color de ese sueño. Me empecé a obsesionar con el mundo animal y
comencé a preguntar a amigos o conocidos por poetas que hubieran tratado lo
animal o quizá el vegetarianismo entre sus palabras. Surgieron muchos nombres y
descubrí que existían enormes autores como Nichita Stanescu, Brigitta Trotzig,
Joyce Mansour e incluso Yanis Ritsos. Sin embargo, el poeta que más me conmovió
fue Ted Hughes. Yo ya había leído a Sylvia Plath de adolescente, pero ni ella
ni su historia familiar me habían interesado. Es curioso cómo a veces los mitos
nos hace repudiar a los escritores, y es curioso, también, cómo al final los
mismos escritos y la misma literatura nos vuelven a reconciliar con ellos. La
familia Hughes-Plath está de lleno en estos poemas, aunque en algunos momentos
no lo parezca. Sus perros, sus celos, sus cielos de sangre residen aquí, no ya
como un homenaje, sino más bien como un ritual de invocación.
Tres. Aleksandra Waliszewska
Es mi ilustradora favorita desde que hace
años comencé a seguirla gracias a una recomendación de una amiga también
pintora. El mundo de Waliszewska es todo lo que sueño, todo lo que temo, todo
lo que amo. Por eso cuando terminé el libro pedí a mi editora, Elena Medel, que
me ayudara a contactar con ella. Muchas imágenes se las debo a sus imágenes,
especialmente las de la cuarta parte de Los estómagos, en donde invento
conversaciones violentas entre los humanos y los animales. El escenario sólo
podría ser el de Waliszewska.
Cuatro. Barcelona
Madrid nunca fue una ciudad inspiradora,
y sin embargo allí escribí mucho. En Barcelona siento que he escrito menos,
pero todo lo he hecho con mucha más concisión y trabajo. Barcelona es un
pueblo, una ciudad salvaje. En Barcelona puedes pasear entre gaviotas, loros,
gorriones y palomas. Entre ratas y ratones. Entre cucarachas, gatos, perros,
humanos borrachos. Barcelona es una selva, un estruendo, un lugar horrible y hermoso
por partes iguales que, además, huele a mar. Yo no amo demasiado la playa, pero
secretamente, todos los días, pienso en el horizonte y agradezco a destino
haberme traído a esta ciudad cuyos límites son azules, mires por donde mires.
Cinco. Mi madre
Una de las cosas que más agradezco de
este libro es que, antes de morir, mi madre lo leyó. Nunca me dijo si le había
gustado o si no, pero sé que algunas cosas le hicieron llorar. Escribí Los
estómagos en su segunda recaída, cuando el cáncer hizo metástasis. Algunos me
han preguntado si es un libro sobre su muerte, y yo les he dicho que no, que es
un libro sobre su vida. Más tarde, me decidí a introducir un solo poema más, a
modo de anexo al libro. Ese es el primer poema que he escrito en mi vida que
ella no podrá leer. Es extraña esta sensación. Pero hay que seguir adelante.
Con fuerza. Con mar. Con cariño. Con estómago.
22 febrero 2015
Tecleé "triste" en el buscador de Google y entonces aparecieron un montón de bebés llorando.
(De la serie de cosas que anoto en mi móvil cuando me despierto a media noche)
Toco tu piel con mi piel y juntos creamos calor. Toco tu tripa con mi tripa y juntos creamos
la grasa. Toco tu sexo con mi sexo y el gato se interpone, el miedo se
despierta, no creamos nada.
20 febrero 2015
13 febrero 2015
¿Dónde están las mujeres de la Beat Generation?
Angela Dalinger
Cuando había un festival de literatura importante, sus
nombres no aparecían en los carteles. Cuando sus parejas decidían emprender
viajes por las montañas más peligrosas de los Estados Unidos, o quizá hacia
países exóticos, sus cuerpos se quedaban en casa, cuidando de los
hijos, manteniendo el hogar caliente. Cuando los críticos y lectores
de todo el mundo alabaron únicamente a dos o tres firmas del movimiento al que
pertenecieron, sus voces se escondieron y se enterraron bajo una arena dura y
áspera, aguardando a que alguien atreviera a desenterrar sus enormes libros,
sus impresionantes poemas, sus importantes historias, tantas veces ignoradas.
Eso es la Generación
Beat: un puñado de hombres magníficos haciendo sombra a un puñado de
mujeres magníficas. Una crítica literaria y una prensa cultural empeñada
en divinizar a tres o cuatro firmas, dejando a un lado la obra de quienes
trabajaron con seriedad y con ambición para promover uno de los movimientos
artísticos y vitales más importantes e influyentes del siglo XX. Detrás de Jack
Kerouac, Allen
Ginsberg o William Burroughs, siempre se mantuvieron las figuras de Lenore
Kandel, Diane Di Prima o Elise Cowen.
Sus nombres quizá sonarán solo a unos pocos afortunados que
hayan accedido a estudios o antologías en inglés, en donde sus poemas
sobre maternidad, menstruación, amor o drogas se exhiben desgarradores.Sin
embargo hoy, por fin, la traductora y poeta Annalisa Marí se ha atrevido a
reivindicarlas, así como a traducir y prologar una selección de las
desconocidas poetas. El resultado: Beat Attitude: Antología de
mujeres poetas de la generación beat, de próxima publicación en nuestro
país.
12 febrero 2015
05 febrero 2015
Los estómagos.
«Hay un ejercicio de meditación que consiste en mirar el
dolor de frente, a los ojos, sin huir de él ni renunciar a él, hasta que se
extinga o hasta que sea él quien nos esquive. Los estómagos es
eso mismo. Los estómagos es el hogar que ha sobrevivido sereno a la
tempestad, un templo donde las leyes de la naturaleza siguen su curso: aquí la
gaviota picotea las cuencas de los ojos del cordero que yace, el padre come
carne, la araña atrapa a la cucaracha y le hace un vestido de huesos blancos,
el cáncer común destroza al cuerpo porque la enfermedad anida en nuestros
espejos. Los estómagos también son mantras que suenan como un
susurro porque las grandes verdades se hablan en voz baja. Buda llamaba
brahmana a quien está despierto, conoce la destrucción y el retorno de los
seres, cruza el camino fangoso y alcanza la otra orilla. Brahmana es también la
persona que narra Los estómagos y cuenta su travesía a la otra
orilla para ver la luz y atraparla. Por eso Los estómagos es
claridad y por eso Los estómagos está, después de todo, lleno
de vida. O como expresó Reinaldo Arenas: Voluntad de vivir
manifestándose»
Antonio J. Rodríguez
03 febrero 2015
Quiero que Sarah Jean Alexander sea mi mejor amiga.
«Sólo he visto a Sarah Jean Alexander una
vez en mi vida, pero esa vez fue intensa y salvaje. Creo que así es como hay
que definir a Sarah, y creo que así es como hay que definir también la
literatura que encontramos entre estas páginas: absolutamente libre, brutal,
selvática, y, sí, salvaje. Leyendo a esta autora siento como que si la
conociera de verdad. Como si fuera mi mejor amiga. Como si sus miedos y sus
entrañas fueran exactamente iguales que los míos. Por estas cosas, da igual que
sólo haya visto a Sarah Jean Alexander una vez en mi vida: gracias a la fuerza
de este libro y de estas letras estoy convencida de que siempre estaremos
unidas.»
Este es el texto que escribí cuando Sarah me pidió un blurb para su libro.
Sale ahora, en febrero, y es una pasada. Dentro de nada se podrá encargar aquí,
así que muy muy muy atentos. Merece la pena. :)
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